Fic de Carla Moonlight. Temporada 2
Amnesia. Capítulo 11
Las horas fueron pasando, y ambos amigos tenían el estómago a reventar tras haberse comido una pizza mediana cada uno, así que decidieron apagar la televisión e irse ya a dormir, mañana era lunes, todo y que Bill mañana no tenia que ir a modelar, le esperaba un día largo.
Andreas no estaba del todo decepcionado, su amigo al fin y al cabo había aceptado bien su orientación sexual, aunque ahora se mantenga un poco distante, es normal, tendría que acostumbrarse a no poder comentar lo que pensaba sobre las chicas, o ver como Andreas estaba con chicos. Era cuestión de tiempo.
Apartamento de Gustav y Georg
Al llegar los chicos al apartamento cada uno fue a su cuarto para ponerse una ropa más cómoda, Gustav su pijama de camiseta de manga corta azul y unas bermudas de chándal, Georg sus bermudas también deportivas dejando su pecho maculado al aire, luego recogió su pelo en una coleta como tenia de costumbre.
Cuando se cambiaron Gustav se espatarró en su lado del sofá, mientras que Georg, preparaba la película.
—¿No vas a cenar nada?— Preguntó Georg, mientras ponía en pausa la publicidad de otras películas.
—Más tarde me haré una ensalada o algo, solo son las ocho, y acabamos de tomar un helado, no tengo hambre.— Georg se levanto de estar acuclillado en el suelo, y tomó el control remoto del reproductor de DVD y se fue a sentar junto con Gustav.
—Como quieras, yo no tengo intención de cenar.— Normalmente quien hacia las comidas en casa era Gustav, se le daba mejor, Georg se dedicaba de otras tareas, como fregar la loza o tender la ropa.
—Vale.— Contestó secamente.
Georg le dio a Play y empezó a reproducirse los anuncios, más tarde lo hizo la primera película de la saga de Piratas del Caribe.
—¿Por qué no apagas la luz?— Le sugirió Gustav.— Hay que darle ambiente de emoción a la peli, si no, no tiene gracia.
—Marchando.— Georg no se levantó, ni mucho menos, tiró el cojín que impacto en el interruptor y la luz se apagó.
Vieron la película completamente a oscuras. Gustav tenia las piernas sobre la mesita de madera y estaba abrazado a un cojín del sofá, completamente concentrado en la película.
Georg estaba con una pierna sobre el apoya brazos dejándola colgando y la otra sobre la mesa, mientras que tenia un brazo apoyado en una pila de tres cojines aguantándose la cabeza medio recostándose sobre Gustav. De vez en cuando lo miraba de reojo y recordaba lo de la noche anterior. Si, ya lo había recordado todo, pero prefirió no decir nada para que la cosa no estuviera tensa.
Todas las imágenes de la noche anterior vinieron a su mente cuando Gustav se fue a la empresa y el fue a su cuarto para hacerse la cama, y allí en las sabanas vio una mancha de sangre algo grande.
Al verla le vinieron algunos flashbacks de la noche anterior a la mente haciéndole sentir un poco confuso y desorientado, manejando la posibilidad de que solo haya sido un sueño, pero no, todo había sido real, incluso sintió las mismas sensaciones en el cuerpo al recordarlo.
Georg ahora reposó su cabeza sobre la torre de cojines porque se le durmió el brazo. Gustav lo miró y le habló.
—¿Te aburres?— Preguntó encontrándose con la mirada verde de su acompañante.
—No, solo se me durmió el brazo.— Volvió a mirar la tele. Ya le quedaba poco para terminar la primera parte.
—Georg…— Llamo Gus.
—¿Mmm?—Murmuró.
—Nada, da igual.— Georg se levantó un poco y cogió de la muñeca a Gustav.
—¿Dime?— Le miró duramente para que le respondiera.
—Geo…— Miró el fuerte agarre que le tenia sujeto.
—Lo siento.— Le soltó.— ¿Qué querías decirme?
—Nada, una tontería sin importancia. Ya esta que me pierdo el final.— Zanjó Gustav.
—Una tontería, pues muy bien.— Se levanto molesto Georg.— ¡Estas insoportable desde anoche!
—Y tu actúas como una novia paranoica.— Contraatacó.
—¿¡Como cojones quieres que actúe desde que anoche follamos!?— Gustav se atraganto con su propia saliva y se levanto del sofá prácticamente de un salto.— ¿Pensabas que no lo recordaría?
—¿Y eso que importa?, estábamos borrachos como una cuba.— Empezaron a discutir y a echarse en cara cosas dolorosas, en especial Gustav era el que más salía perjudicado.— ¡Ya basta Georg! ¡No quiero saber nada, no me dirijas la palabra!— Le cerró la puerta de su cuarto en las narices.
—¡Gustav abre la puerta o la tiro abajo!— Amenazó.
—Déjame en paz Georg…— Se tumbó en su cama y empezó a sollozar de impotencia. Gustav solía llorar, pero no por cualquier cosa, solo cuando discutía con su padre, no por otra cosa.
—Gus… lo siento… No tendría que haber dicho todo eso… perdóname.— Se disculpo Georg al otro lado de la puerta.
Gustav no decía, ni abría la puerta así que Georg no le quedaba de otra que usar su ingenio de gamberro de cuando era joven y hacia trastadas.
Fue a su cuarto encontrando una tarjeta de crédito, luego bajo a la cocina en busca de un cuchillo fino. Buscando en los cajones lo encontró, ya tenia todo lo que necesitaba para abrir la puerta cerrada del cuarto de su acompañante de piso.
Volvió a subir y empezó su tarea con forzar la puerta.
Con la tarjeta fue moviendo la parte interna de la cerradura ayudándose con la punta del cuchillo por la rendija de la puerta.
No tardo mucho en abrirla, casi en silencio, la puerta se abrió lentamente y se fue viendo la cama con Gustav en ella tumbado.
—Sé que has abierto la puerta, vete.— Dijo sin tan solo girarse.
—No…—Se sentó en la cama.— Perdóname, no quería hacerte daño.— Se recostó a su lado abrazándole. Gustav no contesto, se quedó en silencio sin tan solo moverse.— Gus… esto no es una broma… es importante, debería de serlo.— Susurró.
—No lo es…— Contestó.
—Has perdido tu virginidad conmigo. Creo que es importante.— Le estrecho entre sus fuertes brazos.— Lo que haya pasado no importa, puede ser nuestro secreto, Gus.— Le dijo.
—¿No me odias? ¿Ni sientes asco? ¿Ni tan siquiera te arrepientes?— Gustav se giro quedando cara a cara.
Cuando se miraron ambos sintieron algo indescriptible que no podían explicar, no sabían como actuar. Fueron los segundos más largos y extraños que habían vivido en sus años de vida.
Solo se miraban a los ojos observándose, intentado descifrar lo que sentía el contrario y pensaba, aunque Gustav esperaba una respuesta por parte de Georg a sus preguntas. Y como si le leyera la mente te animo a contestar.
—No, no te odio, ni siento ningún tipo de asco y tampoco me arrepiento, Gustav.— Confesó seriamente.— Si a pasado es por algo.— Toco su mejilla con el dedo pulgar, haciendo estremecer al rubio.
—Georg no sigas… nos gustan las chicas.— Gustav tomo la mano de su amigo y la apartó de su rostro.
—No.— Sonrió de lado.— Yo no lo sé llegados a este punto.— Se alzó un poco y se acercó a Gustav para besarlo.
—Georg…— Se asustó.
—Soy completamente consciente de lo que estoy haciendo.— Susurró sobre sus labios, seguidamente le besó.
el menor temblaba bajo el cuerpo de Georg por los nervios, pero la dulzura con que le besaba le tranquilizó y él hipnotizado por sus encantos le siguió el beso, pero sin lenguas de por medio.
Estuvieron durante unos minutos más besándose castamente, hasta que Georg separó sus labios de los de Gustav, y le dio un beso muy tierno en la frente, para luego darle otro en la mejilla y finalmente abrazar a Gustav en un abrazo muy cariñoso, haciendo que su amigo se sintiera mejor y sin ninguna culpa.
Tras besarse y abrazarse volvieron a mirarse y resintieron a gusto, ya era tarde así que ambos se quedaron en la cama de Gustav con intención de dormir juntos.
—Gus… en la cama vi sangre… ¿Cómo estas?—Preguntó entre susurros.
—Ahora bien.— Contestó.
—Lo siento.— Le susurró Georg acercándose y dándole un beso en la frente lentamente.
—Georg… creo que esto no esta bien, somos amigos y… ¿A que lleva todo esto? ¿En que nos convierte?— Preguntó.
—Aunque sea precipitado y poco creíble me gustas. Me gustas porque me escuchas y comprendes todo aquello que te digo, me gusta que hagamos juntos la comida en la cocina, me gusta recordar y hablar de viejos tiempos, me gustan tus más y tus menos… etcétera. Me siento a gusto contigo. Si tu quisieras podríamos intentarlo, ir poco a poco e ir viendo como se dan las cosas.— Sugirió Georg.
—Esto es confuso…— Gustav no sabia que pensar, que decir y como actuar, toda esta situación le a sorprendido mucho, a sido un cambio muy brusco. No le gustaba que su vida, desde la muerte de Tom, estuviera cambiando con tanta velocidad, no era fácil de acostumbrarse a esos cambios.
—Mejor durmamos…— Georg se separó de su compañero y se dio la vuelta.
No quería estar muy sobre Gustav y que se sintiera forzado, quería darle su espacio y que pudiera tener las ideas claras y tal vez, pronto, tener una relación de pareja.
Finalmente cada uno se durmió en un extremo de la cama, ambos tenían que pensar en muchas cosas y las consecuencias de lo que podría conllevar para sus familias y amigos mantener una relación gay, no era una decisión fácil de tomar y dar el paso.
Los padres de Georg eran buenas personas y bastante liberales, tal vez por la influencia de Gordon y Simone que siempre fueron buenos amigos de su padres y le abrieron horizontes. Con lo cual aceptaría y respetaría la decisión que su único hijo tomara respecto a su felicidad.
En cambio lo padres de Gustav eran más estrictos en especial su padre que era muy tradicional. La madre era buena y dulce, su defecto es que se dejaba influenciar por su marido. La hermana menor de Gustav era adorable, idolatraba todo lo que hacia su hermano mayor y siempre le apoyaría. El problema siempre fue y será su padre y eso le daba miedo, con cada paso que el daba ya estaba su padre juzgándolo.
Un nuevo día amaneció en Los Ángeles y sorprendentemente Andreas había madrugado, se desvelo y no pudo volver a dormirse, así que empezó a preparar un buen desayuno casero, como los que hacían sus madres en Alemania.
Tortitas azucaradas, leche sola y fruta, como cuando eran niños.
Dejo dormir a Bill hasta las once de la mañana, una hora razonable, si lo hacia antes le pegaría con una silla hasta romperle los huesos.
—Bill despierta. He preparado el desayuno y quiero hacer turismo de una vez por todas, mueve el culo.— Le quito las sabanas.
—No me hables de culos después de lo de anoche…— Bill soñoliento se levantó y se tapó con las sabanas dejándose caer de nuevo a la cama.
—Vamos Bill…— Fingió tristeza.
—Dame mi tiempo para despertarme…— Se tapó completamente y se hizo un ovillo bajo las sabanas naranjas.— Aun no soy persona…
—Tu nunca eres persona, Bill, no nos engañemos, eres un Alien dentro del cuerpo de mi Bill.— Le arrancó las sabanas de nuevo. El timbre sonó haciendo que se quedara todo en silencio.
—Anda Piolin ves a abrir mientras me despierto.— Así le llamaba Bill cuando era Rubio, aunque ahora fuera moreno.
—Esta bien.— Andreas salió y fue hacia la puerta, el timbre volvió a sonar.
El amigo abrió la puerta y vio a la ultima persona que quería ver, al fantasma de Tom.
—¿Esta Bill?— Preguntó Tom frunciendo el ceño y mirando a Andreas desafiante.
—No, esta durmiendo.— Mintió descaradamente.— Y no te acerques a él.— Dijo amenazante.
—¿Qué?— Rió con sorna Tom.
—No te acerque…— Le cortó.
—Te he escuchado la primera vez. No pienso hacerlo, no eres nadie. Puede tener otros amigos aparte de ti.— Suspiro cogiendo aire.—Dile que…
—¿¡Andreas quien es!?— Tom arqueó las cejas sorprendido, dejando quedar mal al moreno de pelo corto.
—Nad…— Tom le cortó de nuevo.
—Soy Tom.— Dijo entrando al salón y Bill apareció enseguida.
—¿Qué haces aquí?— Le preguntó mirándole a los ojos, mientras Tom lo observaba sin maquillaje.
—Venia a hablar contigo. ¿Podemos?— Miró a Andreas.
—¿Hablar de que?— Se cruzó de brazos.
—Prefiero hablarlo a solas.— Dijo tajante.
—Vamos a mi cuarto.— Miró a Andreas diciéndole con la mirada que no se preocupara, que todo estaba bajo control.
Tom camino delante de Bill, ya se sabia el camino. Entró y observo la cama desecha.
—¿Jugaste anoche mucho con tu amigo?—Preguntó con tono bromista.
—Entra en el vestidor, no quiero que nos escuche.—Le empujó Bill hasta la salita que había dentro de su cuarto donde estaba toda su ropa, zapatos, bolsos y complementos. Cerro la puerta para asegurarse que Andreas no escuchaba nada.—¿Qué querías Tom?—Preguntó con cansancio.
—Nada. sabia que estarías con él, y es obvio que le gustas.— Bill frunció el ceño, eso no era cierto, si, a Andreas era gay pero Bill no le gustaba, o eso pensaba él.— Solo venia para empezar el juego. ¿Sabe algo de nosotros?— Se acercó al modelo.
—No hay un nosotros, para empezar. Y si es lo del beso, si, lo sabe, es mi mejor amigo, así que mal empiezas el juego, me será muy fácil ganarte.— Bill lamió sus labios con la punta de la lengua, gesto que no paso por desapercibido Tom.
—Tendremos que poner algunas reglas ¿no?— Se acercó más a Bill, pero no se movió, si lo hacia eso le indicaría a Tom que le teme y no era así.
—En este juego no hay reglas, novato.— Sonrió.
Tom rápidamente giró el cuerpo de Bill haciéndole gemir por la impresión y al sentir su cuerpo entre las estanterías a las que se sujeto, el pecho de Tom tocaba su espalda completamente por la cercanía.
Las manos del chico rapero estaban junto las de Bill, pero una de ellas enseguida voló al torso del menor deslizándose hacia a abajo lentamente, hasta la cadera, donde hizo presión y acerco su trasero hasta la pelvis de él.
Bill torció un poco su cabeza y miró a Tom a los ojos sonriendo con picardía, el mayor alternaba la mirada de Bill con sus irresistibles labios que le llamaban con insistente lujuria, mientras se acercaba más a su cuerpo rozándose.
—Como no hay reglas…— Susurró provocando con su aliento cálido chocar contra los labios de él.— Puedo jugar sucio.— La mano que tenia sobre la cadera de Bill se deslizo muslo adentro tocando sensualmente el miembro de Bill sobre la tela del pantalón de pijama con rallas azules y blancas.— Muy sucio…— Ahora lamió los labios de Bill y luego sonrió.
Bill froto su trasero con el miembro de Tom haciéndole soltar un suspiro de satisfacción. Luego una de sus manos fue hacia atrás y acarició las bajas abdominales del novato levantándole la camiseta un poco para luego delinear con sus dedos la tira de los calzoncillo del chico de trenzas.
—Yo también se jugar sucio.— Susurró de igual manera.— Muy sucio.— Se giró quedando frente a Tom. Se le acercó y delineó el contorno de los labios y el piercing de Tom con la punta de su lengua, mientras lentamente torturándolo un poco, iba desabrochando el cinturón del pantalón.
—No sabes como me estas poniendo… tú, un chico, buff.— Bill con la cabeza gacha sonrió maléficamente, observando la erección que ocultaban esos anchos pantalones.
Tom alzo la cara de Bill y le besó en los labios con fuerza, siendo muy rudo, apegándose aun más al chico si se podía.
El beso era voraz, necesitado y húmedo, muy húmedo. Se tocaban y frotaban el uno al otro con mucho deseo, los dos estaban muy excitados, necesitaban más, pero esto era un juego, y los juegos interesantes no acababan tan rápido.
Tom estrecho entre sus grandes manos el trasero de Bill, haciéndole gemir en el beso, mientras se frotaban con necesidad de contacto. Coló la mano por dentro del pantalón y boxers, dejándolo sorprendido, pero enseguida se excitó más al sentir su contacto sobre su palpitante miembro.
—Siempre supe que no estabas mal dotado.— Rozó con la yema de sus dedos la punta del pene de Bill haciéndole temblar de puro placer.
—No te equivocaste. Yo no tengo complejos con mi amigo, ni ninguna chica se a quejado…— Gimió. Para no ser él, el único que recibía placer masajeó el miembro de Tom.— Y tu no serás el primero, lo disfrutaras… suciamente. Como te gusta.— Dijo entre suspiros mientras masturbaba a Tom, que poco a poco se iba dejando caer al suelo con Bill, hasta quedar tumbados en el duro suelo, pero más cómodos que de pie.
—Eres un jodido pervertido.— Tom lo hizo girar, quedando el al mando, no quería ser el sumió en ningún momento. Entonces le devoro el cuello dejando pequeñas manchas rojizas.— Pero me encanta. Y te voy a follar.— Bill rió y separo un poco a Tom.
—No perdona, no te voy a poner las cosas así de simples…— Tom gimió.— Tendremos que discutir o luchar por ver quien es el que da y quien recibe…— Ahora gimió él.
—¿Cuándo termina este juego?— Cambió de tema Tom gimiendo a punto de correrse.
—Cuando nos cansemos o tu pierdas.— Ambos estaban a punto de terminar.
—Bill… voy a correrme… por primera vez con un tío…— Cerró los ojos sintiendo plenamente todas las sensaciones.
—Mmmm, me gusta.— Bill alzó las caderas.
—Oh… OH dios si… Bill.— Gimió y en su mente escucho un eco que le resulto muy familiar como si hubiese pasado antes, una especie de deja vú pero solo con sonido.
Bill siguió masturbando a Tom, sabia que ya estaba a punto de terminar, al igual que él, ya le quedaba muy poco para sentir esa adrenalina.
—Shh, sé silencioso.— Pidió Bill.— Ah…
—Yo ya voy…— Se corrió. El semen de Tom baño la mano de Bill, eso le excito demasiado, tanto que el siguiente fue el.
Se quedaron tumbados mirando al techo y recuperando las respiraciones. En veinte minutos habían tenido un buen orgasmo, y se habían cansados incluso más que teniendo una relación sexual plena.
—Hemos empezado bien la mañana.— Murmuró Tom.
—Y el juego.— Le recordó Bill sentándose a horcajadas sobre él, con el pantalón ya correctamente colocado tapando su hombría.— Me lo he pasado bien.— Tom posó las manos en su cadera.
—Tendremos que repetirlo para que el principito esté de buen humor, como ahora.— Tiró a Bill al suelo y se coloco entre las piernas de él.
—No, Andreas mal pensará. Tienes que irte ya.— Dijo seriamente.
—Pero si sabe que nos hemos liado, que más da.— Tom simuló una embestida rozándose con Bill, robándole el aire.
—Si, pero… da igual, no te importa y es largo. Simplemente no hagas nada delante de él, o te arrepentirás, novato.— Le advirtió Bill.
—Me interesa saberlo. A parte de jugar, quiero ser tu amigo, ya te lo dije. Se me da bien escuchar.— Insistió.
—Te enviare un mensaje para quedar. Ahora vete.— Se removió Bill bajo el cuerpo de Tom.
—Vale.— Tom aceptó y se levantó.
Se arreglaron la ropa, se miraron, Tom le sonrió pero Bill no.
Abrieron la puerta del vestidor y salieron al cuarto de Bill, luego le advirtió en silenció y salieron al salón como si no hubiera pasado nada, como si realmente hubieran hablado y nada mas.
Andreas estaba en la cocina acabando unos últimos detalles del desayuno que preparo para su amigo.
—Ya esta Andy, Tom ya se va.— Dijo Bill desde el umbral de la puerta.
—Vale, adiós.— Se despidió fulminándolo con la mirada.
Bill acompaño a Tom a la puerta para despedirse de él hasta otro dia.
Le dijo a Tom que le llamaría para hablar pero no tenia intención alguna de hacerlo, el juego era así, Tom seria quien perdería, y para que eso pasara, él era el que tenia que seguir a Bill, comer de la palma de su mano y enamorarse de el, rompiendo esa actitud de machote y orgullo heterosexual que se iba desmoronando poco a poco. Cuando eso sucediera Bill se proclamaría el ganador del juego.
Continúa…