
«Ich Brech Aus» Temporada II
CAPITULO 40
Narrador Omnisciente
—¿A dónde vas? –dijo Tom con voz grave, mientras no levantaba la vista de la televisión.
—He quedado –dijo Daniela toda borde– No me esperes para comer, porque no vendré.
—Un momento, señorita –dijo Tom enfadado– Te quiero aquí a las dos de la tarde, e iremos a comer junto como buenos primos que somos.
—No me toques los cojones Tom, eso te lo crees tú porque no voy a ir a comer contigo –dijo Daniela bordemente.
—Mira mocosa, a mi no me hables así porque soy mucho más mayor que tú y merezco un respeto –dijo Tom autoritariamente.
—Tú no eres nadie en mi vida –dijo Daniela nuevamente– Y no me vas a imponer reglas, porque tus reglas me las pasó por el forro.
—¡Qué pena! Porque da la casualidad que eres menor de edad, y en esta isla estás bajo mi tutela –dijo Tom acercándose furiosamente a Daniela– Así que métetelo dentro de tu cabecita, a los dos de la tare aquí, ni un segundo más tarde, porque sino te atienes a las consecuencias.
—Te odio… —dijo Daniela susurrando con rabia, y saliendo por la puerta dando un portazo.
Daniela salió de la cabaña toda cabreada, primero su primo la ignoraba completamente diciéndole que cada uno iría por su lado, y ahora Tom le venía a imponer sus reglas como si fuera una niña pequeña. Odiaba que la controlaran por cada cosa que hacía, teniendo que decir porque y cuando las hacía. Daniela quería mostrarse más independiente, pero siempre le fastidiaban sus planes.
—Hola Maxi –dijo Daniela estirando su toalla al lado de él.
—Hola Dani –dijo Maxi sonriente— ¿Y esa cara?
—Nada… —dijo Daniela cabreada– Es que mi primo está dispuesto a amargarme las vacaciones.
—¿Qué te ha hecho? –preguntó Maxi intrigado.
—Pues me controla mucho, me ha dicho que a las dos de la tarde, este en la cabaña para ir a comer con él –dijo Daniela con rabia– Y yo tenía planeado ir a comer contigo, y me ha estropeado los planes, además sino voy mi primo me dijo que me atendría a las consecuencias.
—No pasa nada Dani –dijo Maxi intentando tranquilizar a Daniela– Podemos comer mañana.
—Ya… pero me da rabia porque quería que fuera hoy –dijo Daniela apenada– Además dentro de unos días te irás…
—Bueno, eso no importa –dijo Maxi quitando importancia– Lo importante es disfrutar los días que nos quedan juntos.
—Ya… —dijo Daniela con resignación.
Daniela se quitó el short y la camiseta que tenía puesta, quedándose solo con el bikini. Se tumbó en la toalla, para tomar un poco el sol, pero se dio cuenta de que le faltaba una cosa muy importante, la crema protectora solar.
—Maxi… —dijo Daniela a su amigo que estaba boca abajo tomando el sol.
—Si… —dijo Maxi sin levantar la cabeza de la toalla.
—Me dejas tú crema protectora solar –dijo Daniela a su amigo– Es que me la he olvidado en la cabaña.
—Claro, ten –dijo Maxi dándole el bote de crema a Daniela.
Daniela se echó la crema por los brazos, por las piernas, por el escote, por la cara y por la barriga, pero ahora tenía que dársela por la espalda y no llegaba con las manos a la espalda.
—Maxi… siento molestarte de nuevo –dijo Daniela apenada– Pero necesito que me eches la crema por la espalda.
—No es ninguna molestia Dani –dijo Maxi incorporándose de la toalla– Venga, túmbate boca abajo que te echo la crema.
—De acuerdo –dijo Daniela tumbándose de la forma que le había dicho Maxi.
Maxi se sentó encima del culo de Daniela para así poder echarle mejor la crema. Primero, apartó la coleta de Daniela, hacia un sitio donde no se manchará con la crema. Después con sus dedos, desabrochó la parte de arriba del bikini de Dani, para así poder echarle mejor la crema por la espalda. Cogió el bote de crema protectora y se echó un poco en las manos, para luego posarlas en la espalda de Daniela, notando como la piel de Daniela era suave y tersa al tacto.
Poco a poco con sus dedos fue haciendo pequeños círculos, haciendo que Daniela se empezará a sentir relajada y a la vez le daba masajes para así poder esparcir mejor la crema en la espalada de Daniela. Cuando acabó de echarle la crema, Maxi salió de encima de Daniela y le abrochó de nuevo la parte de arriba del bikini, tumbándose a los pocos segundos de nuevo sobre su toalla.
Pasaron una hora tomando el sol, y después se fueron a darse un chapuzón en el agua cristalina del mar. Entre aguadillas y carreras para ver quien nadaba más rápido se les pasó el tiempo volando. Al final, Maxi y Dani habían decidido dejar para otro día el paseo sobre las motos acuáticas, ya que esos días estaban muy solicitadas, y como Dani tenía que irse pronto no les daría tiempo de dar una vuelta.
Volvieron a sus toallas, y estuvieron esperando a que sus cuerpos mojados, se secarán con el calor del sol. Después de media hora, Daniela miró la hora de su reloj, que tenía metido en el bolsillo de sus shorts, y comprobó horrorizada que ya eran las dos y cuarto del mediodía, y su primo le echaría una buena bronca por llegar tan tarde.
—Maxi, me tengo que ir ya… —dijo Daniela desesperada– Son las dos y cuarto del mediodía, y mi primo me mata. Tendría que haber estado, hace un cuarto de hora ya…
—Tranquilízate, tu primo lo comprenderá –dijo Maxi intentando calmar a Daniela.
—Noooo… él nunca lo entenderá –dijo Daniela angustiada– Él es muy estricto respecto al horario…
—Bueno cálmate –dijo Maxi tratando de calmar a Daniela— ¿Nos vemos por la tarde?
—No lo sé… —dijo Daniela dudosa– Igual me castiga.
—No creo –dijo Maxi para darle alguna esperanza a Daniela.
—Bueno, hasta luego… —dijo Daniela dándole un beso en la mejilla.
Daniela nisiquiera se vistió, se anudó la toalla a la cintura, y se fue corriendo hacia la cabaña donde ella y su primo residía. Abrió la puerta con cuidado, evitando en todo momento hacer el menor ruido posible, para no llamar la atención de su primo. Pero por mucho que entró silenciosamente, Tom estaba de pie de brazos cruzados mirándola inquisitivamente y con cara de muy mala leche.
—A las dos y cuarto… —dijo Tom susurrando con su voz grave pero con rabia– Te dije que te quería aquí a los dos…
—Lo siento… no me di cuenta de la hora –dijo Daniela temerosa.
—Es que ya no sé que voy hacer contigo –explotó Tom, agarrando a Daniela por el brazo haciéndola entrar en el salón de la cabaña.
—Tom… suéltame, me haces daño –dijo Daniela al sentir como los dedos largos de la mano de Tom rodeaban con fuerza el brazo de ella.
—No… no te voy a soltar hasta que no aprendas a obedecerme –dijo Tom gritándole a Daniela.
—Suéltame, tú no eres mi padre ni mi hermano ni nadie para darme órdenes –dijo Daniela encarando a Tom con mucha rabia.
—Algún día, Daniela vendrás arrastrándote a mí, para pedirme perdón –dijo Tom con cabreo– Ahora vístete, no quiero que vayas por ahí dando un espectáculo.
Daniela se fue a su habitación, y se tumbó en la cama respirando profundamente, intentando tranquilizarse. Cada vez le costaba más estar, en un mismo sitio con Tom, no entendía como su primo podía ser tan… imbécil y tampoco podía entender como cambiaba de humor tan fácilmente. Semanas atrás había descubierto a un Tom compresivo, cariñoso y amable que se preocupaba por ella, pero ahora era un Tom sin sentimientos, déspota y cascarrabias.
Daniela se quitó su bikini, y enrolló una toalla sobre su cuerpo desnudo y se fue corriendo al baño para darse una ducha, y así quitar todo el salitre del mar, que estaba en su cuerpo. Después de esa ducha fue de nuevo a su habitación y se puso una ropa cómoda y fresca. Cuando volvió al salón, Tom estaba fumando con desesperación un cigarro, mientras esperaba a que Daniela volviera para ir a comer. Salieron de la cabaña, hacia un restaurante para probar algo de comida típica de la isla. Tom ya hacía un año que iba a las Maldivas, y conocía muy bien los sitios donde ponían bien de comer, y que la comida estaba rica. Caminaron durante unos veinte minutos, en completamente silencio, cuando llegaron al restaurante Tom dio su nombre, ya que había llamado mientras Daniela estaba en la playa, para reservar mesa.
—Señor Kaulitz –dijo el petrel– Pueden seguirme, si es muy amable, y le muestro su mesa.
—De acuerdo –dijo Tom muy amable al hombre– Vamos Dani.
Daniela y Tom siguieron al petrel en silencio, hasta que llegaron a la mesa donde comerían. Era una mesa bastante más apartada de las otras, ya que Tom había solicitado una apartada, para tener más intimidad, ya que las mesas que estaban más cerca de la puerta siempre eran susceptibles de ser vistas por fotógrafos y así podrían sacarle fotos. Y Tom lo que quería era paz, tranquilidad e intimidad, no quería salir en las portadas de los periódicos al día siguiente del todo el mundo, como noticia de que estaba viviendo un romance con una chica, y tampoco quería que sacaran fotos de Daniela, porque quería proteger la intimidad de su prima, y que ningún periodista la molestaría intentado sacar alguna información jugosa sobre ellos, que su prima solo supiera.
Se sentaron en la mesa y el petrel les dio a ambos la carta de los menús, anotando antes de irse lo que bebería. Daniela se pidió una botella de agua y Tom se pidió una botella del mejor vino que tuvieran en el restaurante. Estuvieron durante varios minutos eligiendo lo que tomarían, aunque Daniela no le convencía mucho lo que había, ya que nunca había probado esa comida, y no sabía si le gustaría, así que se decidió por una ensalada que tenía varias cosas que le gustaban. Tom pidió la especialidad de la casa, que ya la había probado en la anterior vez que había ido a las Maldivas con su hermano Bill.
Al cabo de veinte minutos, un camarero trajo los respectivos platos, y ambos primos comenzaron a comérselo en silencio, sin mediar ninguna palabra, haciendo que fuera la comida más incómoda de toda la vida, porque si una de las dos personas no quiere estar con la otra persona, porque una de ellas se empeña en atar a esa persona cerca de ella, y obligarla a estar con ella sin que la otra quiera. Por mucho que se odiarán mutuamente, había una llama interior que los unía fuertemente, aunque una de ellas lo ignorará completamente, pero muy pronto esa llama volvería a surgir, sembrando la semilla del amor que se procesaban en silencio.
—Parece que la comida está muy rica –dijo Tom metiendo un bocado del plato que había pedido.
—… —Dani no dijo nada solo siguió comiendo su ensalada.
—¿Como está la tuya? –dijo Tom intentando que su prima dijera algo.
—Bien —contestó secamente Dani.
—Mira Dani —dijo Tom mientras apoyaba su tenedor en el plato con cuidado— Me gustaría tener una comida tranquila, así que por favor, no contestes de esa manera ¿vale?
—Te contesto como me da la maldita gana Tom, no sé como puedes hablar tan tranquilamente, cuando antes estabas hecho una furia —dijo Dani de sopetón y gritando un poco, cosa que hizo que Tom mirara alrededor para cerciorarse de que nadie había estado escuchando lo que su prima estaba diciendo— Me parece que te estás pasando un poco conmigo y no me gusta que lo hagas…
—Me importa muy poco lo que te guste o no. Yo no te invité a venir de vacaciones conmigo, estás de paquete, así que como yo soy el mayor, harás lo que yo te diga y no me darás más problemas, suficiente tengo que cuidar de que no te pase nada –dijo Tom alzando un poco la voz.
—A mi, tus cuidados me dan exactamente igual Tom, soy lo suficientemente mayor como para poder cuidarme sola, no te necesito como niñera –le replicó Daniela.
—¡¡Diooos Daniela!! Me sacas de quicio… me parece imposible hablar contigo… –dijo Tom poniendo los ojos en blanco.
—Aquí el único imposible eres tú, que estás insoportable –contraatacó Daniela otra vez.
—¿Insoportable? ¿Yo? Já, no me hagas reír por favor… tú te estás comportando como una niña mimada que siempre consigue lo que quiere, siempre te has comportado así, desde que te mudaste con nosotros –le echó en cara Tom a Daniela.
Dani le miró, por primera vez en todo el rato que llevaban discutiendo en susurros, sin que nadie se diera cuenta de lo que se decían. Él la miraba a ella también y en ese momento Dani, al ver lo cabreado que estaba y al recordar sus últimas palabras, intentó que las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos, no escaparan. El recordar como era ella de pequeña, le vino a la cabeza la imagen de sus padres. Una lágrima logró salir rodando por su mejilla, pero la quitó de un manotazo y se levantó de la mesa, tirando la silla.
Continúa…
Recuerden que este fic está siendo rescatado gracias a la propia autora, así que los invito a dejar su aprecio en los comentarios. Besos y gracias por la visita.