«Ich Brech Aus» Temporada II
CAPITULO 46
Narra Daniela
Estuvimos durante bastante rato en el agua nadando, e incluso buceando y haciendo tonterías en el agua, como aguadillas, peleas entre nosotros pero en broma. Pude sentir el cuerpo desnudo de mi primo cerca del mío haciendo que se me pusiera la carne de gallina. Lentamente sus brazos rodearon mi cintura, para luego darme la vuelta y quedar en frente de él. Nuestros labios se fueron acercando haciendo un beso deseado y desesperado.
Sentí como sus manos grandes y perfectas recorrían mi cuerpo desnudo, hasta que llegaron a mis nalgas e hizo que elevara mis piernas, poniéndolas alrededor de su cintura. Poco a poco fue dando pasos torpes hasta llegar a junto de unas rocas, que en el centro tenían formado una pequeña balsa. Lentamente fue tumbándome en medio de esa balsa, y él se quedo encima mía, sintiendo como el agua envolvía nuestros cuerpos solo quedando nuestras cabezas fuera de ella. Me beso con más intensidad hasta que posó sus labios en mi cuello, y empezó a darme besos pequeños, y succionándome también el cuello. Luego con una de sus manos cogió una de mis pechos, y lo empezó a masajear hasta que noté como poco a poco la excitación iba apareciendo en mi cuerpo, y como mis pechos se iban endureciendo más y más, y como mi temperatura corporal iba en aumento.
Volvió a concentrarse en mis labios mientras que sus manos se habían posado al cada de lado de mis caderas, para luego bajar por mis muslos, y flexionarme una de mis piernas. Lentamente sentí como su miembro asomaba por la entrada de mi sexo, mientras el agua invadía nuestros cuerpos. Placer, dolor… es lo sentía cada vez que mi primo me embestía, quizás es porque en el agua las mujeres no lubricamos tanto, pero esa vez me dolió mucho tanto como si se tratará de mi primera vez. Inconscientemente clave mis uñas en la espalda de mi primo, mientras gemíamos de places, y nuestras respiraciones se volvían más rápidas y entrecortadas.
Mis ojos verdes se volvieron brillosos, y nuestros cuerpos se volvieron plateados a la luz de la luna. Mi primo intensificó sus movimientos de cadera, mientras clavaba su mirada en la mía. Era nuestra última noche juntos, sin nadie que nos prohibiera lo que tenían que hacer. Dio unas embestidas más rápidas hasta que noté que mi primo se había corrido dentro de mí. Lentamente fue sacando su miembro de dentro de mi sexo, y se quitó de encima mía, sentándose al lado mía. Me quedé respirando profundamente intentando recuperar el aire, y luego me incorporé a su lado, pero acabé sentada encima de sus piernas, sintiendo su pecho desnudo rozar mi espalda.
—¿Te encuentras bien? –me preguntó mi primo al sentir que me acurrucaba más a su cuerpo.
—No, es que ha dado un escalofrío –dije a mi primo– Como si algo malo fuera a pasar.
—No pasara nada, Dani –dijo mi primo abrazándome más fuertemente.
—No lo sé, solo ha sido un presentimiento –dije en susurros– Un presentimiento muy negro.
—Mi amor no pasará nada, ya lo verás –dijo mi primo intentándome tranquilizar.
—Ojala que sea verdad –dije dándole un pequeño beso en los labios.
—¿Sabes una cosa? –dijo mi primo.
—No… —dije en susurros.
—Lo que hemos vivido hace unos minutos, lo he soñado hace tiempo –dijo mi primo mirándome a los ojos.
—¿Enserio? –pregunté a mi primo extrañada.
—Sí, hace cuatro años –dijo mi primo.
—Hace cuatro años, pero yo en ese entonces tenía solo 11 años y tú tenías 15 años –dije a mi primo mirándole a los ojos.
—Sí, una noche soñé con una chica muy bonita que estábamos en una playa en la orilla haciendo el amor, bajo la luz de las estrellas y de la luna –dijo mi primo haciéndome que arqueara un poco las cejas.
—La verdad, Tom. Siempre estás pensando en lo mismo –dije a mi primo un poquito cabreada.
—Déjame acabar de hablar, mire los ojos de la chica y eran de un verde intenso –dijo mi primo mirándome fijamente– Esa chica eras tú, pero con la edad que tienes ahora, lo supe por el color de sus ojos, eran idénticos a los tuyos… Y después me desperté y te encontré sentada encima de mi cama, mirándome extrañada.
—Espera, fue la noche que hiciste ruidos raros y me despertaste –dije a mi primo recordando y echando a reírme.
—Si –dijo mi primo ruborizándose.
—Ese día estabas muy empalmado, ahora que recuerdo. Me extraño mucho el bulto que tenías debajo de tus bóxers –dije a mi primo riéndome.
—Sí, ya de pequeña fuiste una niña muy curiosa –dijo mi primo revolviendo el pelo– Siempre me has gustado así…
—Bueno… gracias a mi curiosidad he aprendido muchas cosas –dije a mi primo riéndome, y después le di un beso en los labios.
Nos quedamos sentados entre las rocas, durante un par de horas más contemplado el cielo estrellado que había sido testigo de nuestro amor, y de nuestra noche de pasión. Cuando el cielo empezó a dejar de ser negro, y tonos rosáceos y azulados avisaron que el amanecer estaba llegando, y unos rayos de sol aparecieron por el horizonte, mi primo y yo nos levantamos para irnos a nuestra cabaña, no queríamos que nos encontraran completamente desnudos, así que con paso un poco apurado, cogimos nuestra ropas, mi primo se puso los bóxers y yo me puse el camisón por encima, sin pararme a ponerme mis braguitas. Cuando llegamos al interior de la cabaña comenzamos a reírnos como locos, por la locura que habíamos hecho, y esperemos que no tenga consecuencias, no quiero salir en el periódico.
—No estuvo mal –dijo mi primo sonriéndome.
—Para nada… —dije acercándome otra vez a él, para besarle de nuevo– Lo malo será que mañana salgamos en los periódicos, me parece que a David le dará un chungo…
—Jejejejeje –se rió mi primo al escuchar mi comentario.
Me abrazó fuertemente a él, y me besó con más intensidad, al poco rato me encontraba sentada en la mesa del salón de la cabaña, con mi primo entre mis piernas. Sus manos habían empezado a subirme mi camisón, hasta dejarme completamente desnuda otra vez.
—Toom… para –dije mientras me besaba el cuello.
—No quiero parar –dijo mi primo entre jadeos y susurros.
—Tom estoy cansada –dije a mi primo separándome bruscamente de él.
—Pensaba… que te gustaría hacer el amor otra vez –dijo mi primo moviendo su piercing del labio.
—Tom, una relación no se basa solo en el sexo –dije a mi primo con tristeza– En las últimas horas, hemos follado más que unos conejos.
—Eso es lo que piensas –dijo mi primo con enfado– Pero nunca te negaste a ello…
—¡¡Dios mío Tom!! No te enfades –dije a mi primo, que me miraba con el ceño fruncido.
—Te amo Daniela, y quiero estar todo el tiempo contigo. Sentir tu cuerpo –dijo mi primo mirándome fijamente.
—Siempre buscar alguna forma para acostarte conmigo –dije a mi primo– Yo te quiero, pero también no quiero estar todo el día abierta de piernas.
—No quieres tener sexo conmigo –dijo mi primo recriminándome.
—No estoy diciendo eso Tom, no saques las cosas del contexto –dije a mi primo levantando un poco la voz– A veces me gustas más cuando eres más cariñoso conmigo, haciéndome sentir protegida.
Después de esa pequeña discusión, me bajé de la mesa y me fui a la habitación dejando a mi primo con la boca abierta en medio del salón. En lo que llevamos de semana, hemos tenido relaciones sexuales, dos veces al día y todas ellas eran por la noche. Mi primo es una máquina sexual, siempre estaba dispuesto para otra vez. A veces me cuestionó sino tomará algo para incrementar su potencia sexual, porque esto no es normal.
Cogí mi ropa limpia y me fui a dar una ducha rápida, necesitaba quitarme toda la arena y salitre del mar, que tenía pegada en mi cuerpo. Después de haber estado sumergidos, en el agua durante más de dos horas. Me duché y me sequé y fui a la habitación donde acabé de vestirme y cerré mi maleta. Al poco rato, entró mi primo en la habitación pero no me dijo nada, solo cogió su ropa limpia y se fue a dar también una ducha.
Después de unos 15 minutos, Tom también salió de la ducha con su ropa puesta. La habitación estaba en un silencio tenso, que casi cortaba la respiración. Me hacía sentir incómoda, pero yo no iba a dar el primer paso, el culpable había sido mi primo no yo. Estuve organizando un poco mejor mi maleta, para no sentirme tan incómoda por el silencio ocasionado entre mi primo y yo.
—Lo siento… —escuché decir a mi primo rompiendo el silencio que había en la habitación –No debí comportarme así. Sé que a veces me comporto como un idiota. Pero… es que te quiero tanto, que la única forma de sentirte cerca mía es teniendo sexo contigo.
—Yo también te quiero… —dije susurrando– Pero a veces me hacer sentir un poco incómoda. Pareces un desesperado sexual.
—Perdóname mi vida, a partir de ahora voy a intentar controlar mis instintos sexuales –dijo mi primo abrazándome de nuevo, me sentía también entre sus brazos.
—Más te vale –dije a mi primo dándole una palmada en el pecho– Porque cuando lleguemos a Alemania, ya no podremos estar tanto tiempo juntos. Tengo que ir al instituto, hacer deberes y estudiar para los exámenes y por si fuera poco tu madre estará controlándome todos los movimientos que haga, y será muy sospechoso que tú y yo quedemos mucho…
—Ya buscaremos la forma de estar juntos –dijo mi primo sonriéndome– Mamá tendrá que dejarte respirar un poco, así que a los fines de semana podremos estar juntos.
—Ya pero date cuenta, que vais a empezar con la grabación del nuevo disco –dije a mi primo– Y eso hará que muchos fines de semana tengáis que ir al estudio de grabación. Además yo tendré que estudiar en el fin de semana, y hacer los deberes que siempre nos suelen poner muchos.
—El disco… se me había olvidado –dijo mi primo rascándose la cabeza.
—Así que irremediablemente pasaremos poco tiempo juntos –dije a mi primo con una sonrisa– Pero te quiero advertir una cosita, como vuelvas a las andadas otra vez, te juro que te corto los huevos, y te dejo sin descendencia.
—Dani no quiero que dudes de mí, yo te quiero a ti solamente –dijo mi primo besándome el cuello.
—Está bien… te creo pero estás advertido –dije a mi primo en modo de advertencia.
Pasada una hora nos fuimos de la cabaña, dejando en recepción del gran hotel que alquilaba las cabañas, las llaves de esta. Después mi primo pidió un taxi, y al cabo de unos minutos el taxista estaba metiendo nuestras maletas en el maletero del taxi. Media hora más tarde, estábamos ya en el aeropuerto, mi primo pagó el taxi mientras yo iba a buscar un carrito para poder meter nuestras maletas y llevarlas a facturar. A nuestro vuelo le quedaba aún para salir, pero nosotros habíamos tenido que ir dos horas antes para facturar y por si había algún cambio de última hora, como que se adelantaba el vuelo.
Nos fuimos a una salita, que había cerca de la puerta de embarque. La espera se hizo un poco pesada, ya que no había mucho que ver. Cuando los altavoces comunicaron que el vuelo 008945 con destino a Alemania, ya estaba preparado para que los pasajeros embarcaran, nos fuimos a la puerta de embarque donde tuvimos que hacer cola. Cuando fue nuestro turno, una azafata cogió nuestros billetes y el pasaporte y los comprobó, después nos los devolvió aunque se quedo con una parte del billete.
Luego tuvimos que coger un autobús que nos llevó hasta donde estaba el avión, que estaba en una zona un poco alejada del aeropuerto. Observé como un hombre subido en el montacargas llevaba las maletas, y como otro hombre después las metía dentro de la bodega del avión. Ahora sí que nos íbamos de este fantástico lugar, del lugar donde había recupera a mi primer gran amor. Una vez dentro del avión, una azafata nos llevó hacia los asientos que nos correspondía. Un rato más tarde el comandante del avión, nos saludó a todos y nos deseó que tuviéramos un buen vuelo. Cuando el avión iba a despegar, una de las azafatas habló por el altavoz del avión pidiéndonos que nos abrocháramos los cinturones, que se iba a proceder al despegue del avión.
El viaje iba a ser largo, así que me puse a ver por las ventanas circulares del avión. Estábamos sobrevolando por encima de unas nubes tenía miedo de que también hubiera turbulencias. Mi primo se había puesto a escuchar música, tal cual como lo había hecho el día que habíamos viajado. A mi primo no le gustaba mucho volar, pero desde que había empezado con el grupo a dar conciertos en otros países, no le quedó más remedio que acostumbrarse a volar. Por eso cuando viaja en un avión, se pone a escuchar música, para relajarse y calmarse.
Como tardaríamos lo nuestro en llegar a Alemania, decidí echarme a dormir un poco, y así se me pasaría el viaje más rápido. Noté como alguien me movía en mi asiento, abrí los ojos lentamente y miré los ojos color miel, de mi primo que me miraba y me dedicaba una de sus sonrisas tan perfectas, y deseé poder despertarme siempre con una de sus sonrisas.
Continúa…