«Ich Brech Aus» Temporada III
CAPITULO 36
Narrador Omnisciente
Al poco rato, escuchó como la puerta de la habitación se abría, seguramente Tom había ido al servicio, dando paso a su compañero de cama, pronto sintió como el colchón se hundía por la presión del cuerpo de Tom sobre este. En ningún momento, se quejó de nuevo no quería parecer una débil ante él, que por cualquier cosa se quejará. Estuvo durante más de media hora intentando controlar sus quejidos pero los dolores se volvían cada vez más intensos y más persistentes que antes.
—Auch… —volvió a quejarse Daniela, mientras que por sus ojos empezaban a caer un par de lágrimas a causa del dolor que estaba sintiendo, haciendo que Tom se despertará y se acercará a ella.
—Cariño, ¿Te encuentras bien? –preguntó abrazándole a Dani por la cintura.
—Solo me duele un poco el estomago, ya se me pasa –dijo Daniela esperanzada de que el dolor se fuera.
—Si te sigue doliendo avísame –le dijo Tom a su esposa.
—Vale… —susurró mientras fruncía el ceño por el dolor que estaba sintiendo.
—Dani no estás bien –dijo Tom acercándose a ella, a ver su cara de dolor— ¡Cielos Santos!
Tom observó como por las piernas de Dani, recorría un líquido rojizo, que empezaba a empapar las sábanas blancas de la cama, que eran iluminadas por la luz que entraba de la luna en la habitación. Sin pararse mucho, cogió lo primero que vio y se lo puse y después envolvía a Daniela en una sábana limpia, aunque antes de eso le puso una toalla entre las piernas para evitar la hemorragia. Luego cogió en brazos a Dani, y bajó rápidamente las escaleras lo más rápido que le dieron las piernas. Cogió las llaves del coche, para irse al hospital más cercano.
—Tom, ¿Adónde vamos? ¿Han encontrado a Sarah y a Alex? –preguntó Daniela en su delirio, haciendo que a Tom se le partiera el alma.
—No aún no han aparecido. Vamos al hospital –explicó Tom metiendo a Dani en el asiento trasero del coche– Necesitas ayuda.
—¿Por qué? Si me encuentro bien, solo es un dolor de barriga –replicó Daniela a Tom– Solo quiero que aparezcan Alex y Sarah.
—Dani tienes una hemorragia muy grande, puede que tu vida esté en peligro, así que nos vamos al hospital –dijo Tom autoritariamente a su mujer, sabía que Dani siempre había sido muy cabezona.
Sin ningún miramiento Tom arrancó el coche rumbo al hospital, cuando llegó al recinto hospitalario aparcó el coche enfrente de la puerta de urgencias, y salió escopetado hacia el interior para buscar una silla de ruedas para poder llevar a Daniela al interior. A los pocos minutos, Tom salía con una silla y con celador que le había preguntado que pasaba, y se ofreció a ayudar a Tom a colocar a Daniela en la silla. Cuando la tuvieron puesta en la silla, el celador empezó a mover la silla hacia el interior del complejo hospitalario área de urgencias, Tom lo seguía ágilmente y muy preocupado por lo que le podría pasar a Daniela.
Una vez dentro, rápidamente una doctora salió al encuentro de Tom y Daniela. Tom explicó lo sucedido, y se llevaron a Daniela a unos box para poder examinarla mejor, mientras que Tom se quedaba esperando afuera. A los pocos minutos, llegó de nuevo la doctora con cara de preocupación por lo que le iba a decir a Tom.
—Señor Kaulitz lamentó informarle que a su esposa vamos a tener que intervenirla de urgencia –dijo la doctora apenada.
—¿Por qué? ¿Qué sucede? –preguntó Tom preocupado.
—¿Ha tenido recientemente algún disgusto su mujer? –preguntó la doctora para saber la causa del estado de Daniela.
—Bueno… sí –respondió amargamente Tom– Tenemos dos hijos de siete años, que llevan desaparecidos dos días.
—Vaya lo siento mucho… —dijo la doctora apenada– Su mujer ha sufrido un aborto, por eso la tenemos que operar de urgencia para cortarle la hemorragia, le ha bajado muchísimo el hierro.
—¡Dios mío! ¿De cuánto estaba? –preguntó Tom con tristeza.
—Calculó que estaría de un mes más o menos, por eso los síntomas aún no los notó en su cuerpo –explicó la doctora– Lo siento mucho de verdad. Ahora bajamos al quirófano con su esposa, mientras tanto si quiere avise a algún familiar.
—Gracias… —susurró Tom inaudiblemente.
Tom se quedó solo en la sala de espera, sentándose en uno de los asientos, con cara de tristeza y de preocupación. Primero habían desaparecido los niños, ahora su mujer estaría ingresada en el hospital por un aborto, sentía que no podría con todo. Estar con Dani en el hospital y seguir la investigación de la desaparición de sus hijos de cerca. Se levantó del asiento y fue a llamar a su madre y a Bill, tenían que saber lo que le había sucedido a Daniela, ya que Simone quería a Daniela como una hija, aunque cariñosamente Daniela la llamará tía, porque había crecido conociéndola como tía.
Después de una hora de Tom hubiera hablado primero con su madre, y luego con su hermano. Ambos llegaron acompañados por sus respectivas parejas. Buscaron con la mirada en la sala de espera a Tom, y cuando lo encontraron se acercaron apuradamente a él. Para luego abrazarlo en modo de apoyo.
—Tom hijo, me has dejado helada. ¿Cómo es que Dani ha tenido un aborto? –preguntó desconcertada Simone.
—Mamá… ella no sabía que estaba embarazada aún –dijo Tom con pena– La desaparición de los niños ha tenido la culpa, he perdido a un futuro hijo y dos hijos más. Soy un mal padre.
—No, cariño. Eres un padre excelente los niños se desviven por ti –intentó Simone levantarle los ánimos a su hijo– Ahora lo importante es que Daniela se recupere y salga bien de esa intervención, ya pronto podréis intentarlo de nuevo.
—Ya… pero no me lo puedo quitar de la cabeza que sino hubiera pasado esto todo, Daniela dentro de dos meses estaría con su barriguita de tres meses, y yo acompañándola al médico para poder ver a nuestro hijo en ecografías –dijo Tom con una tristeza tremenda.
Al cabo de media hora, la doctora que operó a Daniela salió de cirugía para darles la noticia a Tom, de que todo había salido bien, pero tendría que estar una hora más en la unidad de REA, para que despertara Daniela de la anestesia más tarde ya la subirían a la habitación en la correspondiente planta. Todos se quedaron con Tom esperando a que a Daniela la subieran a la habitación, mientras establecían quienes se quedarían con ella, ya que algunos se tendrían que quedar en casa para tener noticias por si Sarah y Alex aparecían o la policía tenía que dar alguna mala noticia, poniéndose de acuerdo que no le dirían nada a Daniela hasta que no saliera del hospital.
La primera noche del hospital, la pasó Tom con Dani estuvo toda la noche pendiente de que no se moviera, ya que le habían puesto varios calmantes para amortiguarle un poco el dolor. A la mañana siguiente iría Patri y Adri a darle la comida Daniela y a estar con ella hasta la tarde, mientras Tom descansaba y se informaba de como iba la investigación. Ya de mañana Tom contemplaba como su dulce joven mujer, dormía plácidamente en la cama del hospital, ajena a todo lo que había sucedido aquella noche. Lentamente, Daniela fue abriendo los ojos encontrándose en una habitación que no era la suya.
—¿Dónde estoy? –preguntó Daniela desorientada.
—Buenos días cariño –se acercó Tom hacia su mujer, para acariciarle el pelo con mucha ternura.
—¿Qué hago aquí, Tom? ¿Por qué no estamos en casa? –preguntó insistentemente Daniela a Tom.
—Ayer por la noche tuve que traerte al hospital, tuviste un percance y tuvieron que operarte de urgencia, tenías una hemorragia muy grande –explicó Tom por encima.
—¿Lo perdí? –preguntó Daniela.
—Si… ¿Pero como sabías que estabas embarazada? –preguntó intrigado Tom.
—No lo sabía pero tenía mis ligeras sospechas, pero no estaba segura. Iba a esperar a tener otro retraso –dijo Daniela con tristeza— ¿Se sabe algo de Sarah y de Alex?
—Dani ahora lo importante es que te mejores y recuperes pronto para volver a casa. Mi madre y todos están pendientes por si hay alguna novedad sobre los niños –explicó Tom a Daniela.
—¿Por qué la desgracia se tiene que cebar en mí? –dijo Daniela con tristeza— ¿Por qué no me dejan ser feliz?
—No pienses en eso Dani. Estoy seguro que con las muestras de ADN sabremos quien fue el que hizo la nota esa –dijo Tom con seguridad– Y así podremos buscar más a fondo a ese desgraciado.
A las dos horas, Patri llegó acompañada por Adri para darle la comida, ya que Tom se tenía que ir a descansar. Tom se fue a casa dejando a su mujer en buenas manos, y cuando llegó se tumbó a dormir un poco, más tarde se daría una ducha para luego marcharse otra vez al hospital para pasar la noche con Dani. El sonido insistente del teléfono yo hizo despertarse de golpe, miró el reloj de su muñeca y vio que eran las ocho de la noche. ¿Quién sería a esas horas? Se levantó de la cama y fue a coger el teléfono.
—Kaulitz tenemos noticias –escuchó decir al inspector de policía que estaba en la otra línea.
—¿Qué tipos de noticias? –preguntó Tom con un nudo en la garganta— ¿Buenas o malas?
—Buenas… los resultados de ADN han revelado quien es el autor de esa carta, por lo cual podemos empezar con el seguimiento, pero hay que ser cautelosos no vaya ya ser que se de cuenta que la estamos persiguiendo, y se lleve a los niños a otro lado
—¿Has hablado en femenino? –preguntó Tom dándose cuenta de ese detalle.
—Si… es una mujer quien hizo esa carta. Pero, ¿A que no adivinas quien ha sido? –preguntó el inspector.
—No… —dijo Tom confundido.
—Que te revele el nombre no tiene como justificación que te tomes la justicia por tu cuenta, Tom –dijo el inspector a Tom advirtiéndole para que les dejará hacer el trabajo limpiamente.
—Tranquilo, confió plenamente en el trabajo que están realizando ustedes –pronunció Tom con un nudo en el estómago— ¿Quién es?
—Fue una ex novia suya, por lo que leía en revistas –informó el inspector sutilmente sin darle aún el nombre.
—Chantelle… —susurró Tom con rabia– Esa perra…
—Kaulitz le advierto que nos deje hacer el trabajo, la vida de sus hijos está pendiente de un hilo y si hacemos que Chantelle se dé cuenta de todo el operativo que vamos a montar detrás de ella, no volveréis a ver a vuestros hijos –explicó el inspector— ¿Su mujer como lo lleva?
—Daniela se encuentra ingresada en el hospital, ha sufrido un aborto a causa de la angustia vivida –explicó Tom– Pero tranquilo que no le vamos a decir nada, para que se recupere pronto. Estará unos días ingresada, para ese tiempo espero que mis hijos ya estén sanos y salvos en casa.
—De acuerdo –dijo el inspector– Bueno le dejo señor Kaulitz tengo que ir a ordenar el seguimiento de Chantelle, ya que acabó de recibir los resultados ahora mismo.
—Ok –dijo Tom para luego colgar el teléfono.
Tom se sentó en el sillón, pensando en que se había convertido Chantelle, nunca se hubiera imaginado que fuera capaz de hacer tanto mal, sobre todo haber secuestrado a sus hijos, y desearle tanto mal a Daniela. Verdaderamente, Chantelle estaba como una cabra, y debería de meterla en un psiquiátrico el poco respeto que le tenía se había esfumado.
Pasaron dos días, y todos sabían quien había sido el secuestrador de los niños, pero la policía quiso hacer su trabajo bien. Pusieron dispositivos de vigilancia intensiva, en el edificio del apartamento donde ahora vivía Chantelle, y unos oficiales de paisanos estaban día y noche vigilándola en casa paso que hacía, incluso llegaron a ir al sitio donde se suponía que tenía Chantelle a los niños, ya que se le vio salir con unas bolsas de comida rápida, del McDonald’s.
El día que habían elegido para ir a buscar a los niños, avisaron a Tom de que si podía ir con ellos para cuando los niños salieran de su encarcelamiento, pudieran ver a alguien conocido y quien no si más que su propio padre, ya que Daniela se encontraba ingresada en el hospital ajena a todo el operativo que se había formado. Ese día Simone se fue a hacer cargo de su sobrina, mientras que los demás iban a trabajar y hacer su vida normal para no levantar sospechas en Daniela.
Sobre las cinco en punto de la tarde, un coche camuflado de la policía fue a buscar a Tom a su casa. En todo momento le dijeron que no hiciera nada durante, el operativo que se quedará al margen de todo, pero eso le sería muy difícil eran sus hijos a los que iban a rescatar y estaban en peligro, en las manos de Chantelle que estaba completamente loca. Esperaron a que Chantelle saliera de nuevo de su apartamento, y muy lentamente la fueron siguiente sin levantar ningún tipo de sospechas. Chantelle los había llevado sin saberlo a una pequeña casa abandonada a las afueras de Hamburgo, que era donde tenía a los pequeños escondidos, tenía pensado matarlos pero no se veía capacitada para ellos así que contrato a un asesino profesional para que hiciera el trabajo pero, aún no había podido ir para hacer el trabajo.
La policía incógnita fue cercando poco a poco los alrededores de esa casa abandonada, y cuando la tuvieron completamente cercada, el inspector jefe habló por el megáfono para que Chantelle dejara libre a los niños, y que se entregara a la policía. Chantelle muerta de pánico decidió coger a los niños y amenazar a la policía de que sino la dejaban irse, mataría a los niños. Agarró a Sarah y Alex por los dos brazos, pero Alex consiguió salvarse del agarre mordiéndole la mano a Chantelle, y empezó a correr hacia donde estaba la policía. Sarah tuvo peor suerte Chantelle la amarró bien por el brazo, ya había perdido a uno pero ahora se encargaría de la niña al fin y al cabo sabía perfectamente que la niña era la predilecta de Tom y de Daniela. Volvió a amenazar a la policía mientras ponía el filo de una navaja, que había sacado del bolsillo, por el pequeño cuello de Sarah. La niña se veía muy asustada, y por sus ojos verdes empezaban a caer pequeños ríos de lágrimas.
—¡CHANTELLE! Suéltala –salió Tom del coche, preso por el miedo de ver a su hija en esa situación.
—¡Papi! Tengo miedo –dijo la pequeña llorando más intensamente.
—Cállate mocosa –ordenó histérica Chantelle– Como no te calles te cortaré la lengua y luego te rajare el cuello.
—Papi… Papito… —siguió llorando Sarah sin escuchar las advertencias de Chantelle.
—Sarah… Cálmate princesita –dijo Tom acercándose con mucho cuidado hacia donde estaba Chantelle con la niña.
—Me va hacer daño… —dijo llorando más la niña.
—Y más que te voy hacer como no te calles –dijo Chantelle fuera de sí— ¿Qué te parece si te saco las tripas por el ombligo?
—Nooo… —gritó la pequeña aterrorizada– Ya me calló pero quiero irme con mi papá.
—No, eres mi trofeo y con cual quiero tu cabeza –dijo Chantelle haciendo presión con la navaja en el pequeño cuello de la niña, mientras pequeñas marcas rojas empezaban a aparecer sobre este, seguidas con un pequeño hilo de sangre.
—¡NOOOOOOOOOOOOOOOO! –gritó Tom con el corazón en el puño a observar como a su preciado tesoro la estaba haciendo daño.
Continúa…