Fic de Carla Moonlight. Temporada 3
Nuestra Historia. Capítulo 23
Habían pasado varios días y Bill tenia visita con su médico para hacer otra revisión ya que estaba entrando en el quinto mes de embarazo. Su estómago ya estaba abultado, imposible de ocultar, pero para los ojos ignorantes solo eran quilos de más. Pero para Bill eso era motivó por el cual salía poco a la calle y dejó de ver a Erik. Las últimas veces que le vio llevaba siempre varias capas de ropa y abrigos y siempre estaba con los brazos encima del estómago, para disimularlo, pero hora ya no podía aguantarlo más.
En la revisión que le hizo el medico todo estaba en el orden, en los análisis de sangre ponía que tanto los glóbulos, el hierro y el calcio estaban bien. Y ahora era el momento que estaban esperando, hoy ya por fin sabrían el sexo de su bebé, bueno si se dejaba ver.
Bill acomodó sus ropas y el medico puso sobre su vientre el gel frío para proceder a ver ese bebé en el equipo.
—Bien, datos que os puedan interesar. Vuestro bebé ya puede oír, aunque lo hace de manera distorsionada. Sentirás algunas molestias, más bien los movimientos del bebé, aun son reflejos, pero bueno.—Explicó mientras observaba la pantallita.—La forma de este pequeño ya es humana completamente. Ahora vuestro bebé está en la fase de desarrollar sus sentidos en especial tacto y gusto. Si sientes molestias será posible el bebé ya ha formado su sistema límbico lo que hará que el feto pueda tener cambios de humor, que mayoritariamente van ligados a la madre.
—Como saque el genio de Bill me tirare por un rascacielos.—Bromeó Tom.
—Muy gracioso.—Rio el medico.— El bebé incluso tiene cejas y parpados pero aún le faltan las pestañitas, es toda una personita ya.—Bill sonrió.—Bueno, el bebé empezará a recibir estímulos del exterior. Esta etapa es clave porque tu bebé empieza a interpretar el mundo, a interactuar, explorar y aprender.
—¿Puede ver?—Preguntó Tom.
—Puede percibir algún brillo de una luz fuerte como la del sol, pero el útero tiene las paredes muy gruesas y es muy oscuro. Aun así, los bebés abren y cierran los ojos en esta etapa.—Informó.
—Cuantos cambios en tan poco tiempo…—Susurró Bill sorprendido.
—Exactamente en veinticuatro semanas.—Dijo el Doctor.—Cinco meses.
—¿Y el sexo? Las veces anteriores no se ha podido ver nada.—Dijo Tom.
—Sí, se puede apreciar esta vez.—Sonrió.—¿Qué os gustaría que fuera?—Preguntó para poner tensión al esperado momento.
—Niño.—Dijo Tom.
—Niña.—Le llevó la contraria su hermano.
—Os veo muy de acuerdo.—Rio el Doctor quitando el gel del estómago de Bill.— Me parece a mí que este asalto lo gana Tom.
—¡Sí! ¡Toma!—Gritó el gemelo mayor.
—Es un niño.—Dijo el médico.
—Oh… vamos a tener un mini Tom.— Dijo el gemelo mayor todo emocionado.— Cuando sea grande lo vestiré como yo.
—Ni se te ocurra…— Dijo amenazante mientras miraba mal a su hermano.
Minutos después ambos gemelos, salían de la consulta del médico en dirección a su casa. Cuando llegaron metieron el coche el garaje, para luego acceder a la casa por la puerta interior que esta tenía, ambos gemelos estaban muy sonrientes y llenos de felicidad.
Se dirigieron a la cocina, donde estaba su madre preparando algo para comer, en ese tiempo de estancia en la casa Kaulitz, la madre de los gemelos se había consagrado en cuerpo y alma a su hijo menor que necesitaba cuidados, y buenas comidas para así estar bien alimentado y con lo cual, también su nieto o nieta.
Gordon se encontraba sentado, junto a la mesa de la cocina leyendo un periódico, pero dejó de leer y prestarle atención, en cuanto vio a los gemelos entrar por la puerta.
—Y bien… ¿Qué os ha dicho el médico?— Preguntó Gordon a sus hijos intrigado.
—Todo está perfecto, el bebé crece muy rápido.— Explicó Tom a su padre.
—También nos dijo que ahora ya puede escuchar voces e incluso ver un poco la luz del sol, aunque ahí dentro está un poco oscuro porque las paredes del útero son gruesas.— Explicó Bill emocionado.
—Oh eso es genial,— Dijo Simone acercándose a abrazar a su hijo, y apoyar su mano sobre el vientre abultado de este.— Estoy deseando que nazca ya.
—¿Aún no se sabe qué será?— Preguntó Gordon impaciente, haciendo que Tom y Bill se mirarán a los ojos, la verdad es que querían dar ya la noticia pero querían hacerles sufrir un poquito.
—Bueno… dijo que aún no se podía ver porque el bebé no se dejaba observar.— Explicó Bill a sus padres.— Es muy tímido ¿sabes?
—Ya lo veo.— Dijo Simone a su hijo menor.— Yo recuerdo que cuando estuve embarazada de vosotros dos, aun tardó un tiempo en verse lo que erais, porque siempre estabais girados.
—Ya…— Asintió Tom.— Lo que es verdad es que tendremos un pequeño Tom junior correteando por la casa. Será un niño… y será igual de guapo que su padre, ósea yo.
—Pero no habías dicho que no lo sabías.— Dijo Simone frunciendo el ceño.
—Solo quería haceros desesperar un poco.— Sonrió Tom.
—Serás…— Se mordió la lengua y le pegó una colleja su hijo.
—¡Mamá! no me pegues.—Se quejó Tom.
—Estoy muy contento de que vayamos a tener un nieto.— Dijo Gordon a sus hijos quitando un poco de tensión.— ¿Qué tal si por la noche hacemos una pequeña cena e invitamos a Georg y a Gustav?
—Por mí no estaría mal.— Respondió Bill sonriendo.
—Así podéis darles la noticia.— Dijo Gordon a sus hijos.
La comida ya estaba lista y los cuatro se pusieron a comer mientras hablaban de cómo se imaginaban el futuro. ¿Qué pasaría en unos días en el juzgado? ¿Qué sería de la noticia cuando salga a la luz? ¿Cómo sería la vida de su hijo? ¿Y la de ellos? ¿Su familia aceptaría el saber lo que le había pasado? Todas esas preguntas y más solo se responderían con el paso de los días. Solo entonces se sabrá.
Por la tarde Gordon y Simone decidieron ir a sacar a pasear a los perros y conocer la zona mientras que dejaban a sus hijos un poco de intimidad. A la madre no le gustaba la idea de dejarlos solos se le ocurrían demasiadas barbaridades que podían hacer estando solos, pero su esposo logro sacarla casi a rastras de la casa. Sin duda su padrastro era mucho más comprensivo y estaba asimilando todo mucho más rápido que su esposa.
Bill y Tom se encontraban en el salón cuando sus padres salieron con sus perros. El mayor cambiaba de canales viendo a ver si tal vez encontraba al interesante que pudieran ver. Pero al parecer Bill no estaba muy interesado en ver la televisión, se pasaba horas y horas allí ya que no salía para nada de casa, solo al jardín y ya se aburría de todo, estaba estresado.
—Tom…—Le llamo y este le miro.
—Dime. ¿Tienes hambre?— Preguntó dándolo por supuesto.
—No… ¿Todavía me quieres?—Preguntó en susurros.
—Por supuesto. ¿Por qué piensas eso?—Se preocupó.
—Pues… porque hace tiempo que no me tocas…—Dijo lo que pensaba.— ¿Es por qué estoy gordo?
—Por supuesto que no.—Se acercó a él mirándolo fijamente.—Claro que te quiero y te deseo, pero pensé que tú no querías y nunca te dije nada.
—Yo siempre quiero…—Se avergonzó y Tom rio.
Se miraron y se besaron con pasión.
Enseguida Bill acaricio el miembro dormido de Tom por encima de los pantalones, sorprendiéndole por la iniciativa tan rápida que estaba teniendo.
—¡Hey!—Se quejó Tom.—Espera Bill…— Cogió la muñeca de Bill y la retiro de encima de su pene.— Nuestros padres van a venir pronto, no podemos ahora…
—Pero…—Se fue a quejar.
—Esta noche. Te lo prometo. Cuando se hayan dormido.—Le dio un gran beso de consolación y se abrazaron.
Los dos chicos se sentaron bien en el sofá, y estuvieron un poco viendo la televisión, hasta que volvieron sus padres.
Simone se fue a hacer la cena, mientras que los gemelos y Gordon continuaban viendo la televisión. Al poco rato, entró en el salón para avisarles de que la cena ya estaba preparada, así que los tres juntos se fueron a la cocina y se pusieron a cenar la familia.
Cuando acabaron, ayudaron a su madre a recoger la mesa y poner los platos en el lavavajillas, para luego irse a la habitación a dormir, seguido de sus padres que también se fueron a dormir, ya que había sido un día un poco agitado. Sus amigos no pudieron ir a cenar ya que ya tenían sus propios planes.
Una vez en el interior de la habitación, sin que sus padres pudieran verles, Tom abrazó a su gemelo por la cintura para luego comenzar a darle pequeños besos por el cuello, haciendo que Bill respondiera por las estimulaciones que estaba recibiendo.
El gemelo menor se dio la vuelta, y comenzó a besar a su hermano mayor, profundizando el beso con desesperación y deseo, ya que llevaba tiempo sin tener contacto íntimo con él.
Poco a poco entre caricias, y besos se fueron acomodando en la cama a medida que sus ropas también iban despareciendo de sus cuerpos. Bill presentaba una barriga bien formada para su estado en meses, así que Tom se quedó pensativo un momento para pensar en que postura sería más cómoda para practicar el coito.
Tom hizo que su gemelo se sentará encima de él, y así abrazando por la cintura comenzó a auto penetrarse haciendo que se quedara sin aire hasta que estaba completamente dentro.
Había deseado durante varios meses poder estar con su hermano, y ahora por fin volvían a estar unidos en cuerpo y alma, como aquellas veces que habían acabado creando a Kiwi, su pequeño bultito, que poco a poco estaba más grande.
Tom guiaba los movimientos de Bill con cuidado para evitar lastimarlo y al hijo de ambos. Sus cuerpos comenzaban a estar sudorosos, por el esfuerzo físico que estaba ejerciendo.
Pronto los espasmos del orgasmo se hicieron más latentes en el miembro del gemelo mayor.
Tom le hizo moverse con más rapidez, mientras que el pequeño gemía ahogadamente su nombre, para evitar que los padres de ambos se enteren, aunque fuera difícil ya que estaba en el otro lado de la casa y muchas puertas y paredes les separaban.
Finalmente, Tom marcó con su esencia el cuerpo de su gemelo, que ahora reposaba su cabeza agotado sobre el hombro desnudo y sudoroso de su hermano mayor mientras intentaban acompasar sus agitadas respiraciones y su alocado corazón.
—Estoy… muerto…—Susurro Bill.
—Como había extrañado esta sensación… Hacerse pajas no es lo mismo.—Rio.
—Bueno ahora ya hemos quitado la tensión de dentro.—Dijo Bill.
—Sí, creo que ha sido lo mejor, mañana es el día…—Recordó Tom.
—No me lo recuerdes…—Bill bostezó tenia sueño después del momento íntimo, ahora se cansaba rápido por todo.
—Buenas noches…—Susurró Tom dándole un piquito en los labios y acariciando su vientre desnudo y abultado.
La noche se les hizo muy corta a todos, ya que tuvieron que levantarse pronto para alistarse e irse a los juzgados.
Bill fue el primero en ducharse ya que siempre era el que tardaba más. Luego le siguió Tom y seguidamente ambos empezaban a vestirse.
Una vez arreglados, tomaron algo ligero de desayuno ya que los nervios le habían cerrado el estomagó a todos.
En menos de media hora llegaron al edificio judicial, que era piedra blanca, con una gran escalinata.
Tom aparcó el coche en un lado de la acera, para que luego minutos después bajar sus padres y su hermano del coche, y dirigirse hacia la gran escalinata, para acceder a los juzgados.
Los abogados de los gemelos, esperaban a sus clientes en el gran hall que había antes de entrar en la sala donde se celebraría el juicio. Hablaron unos minutos con los gemelos, para luego entrar en el interior de la sala, con ellos e irse a sentar delante de todo en una gran mesa, donde estaba la parte de la acusación, al otro lado se encontraba la defensa, los abogados de la doctora Heather y Kendo que esperaban a que sus clientes llegarán a la sala, ya que la policía tenían que desplazarlos desde la cárcel donde estaban hasta allí.
Durante varios minutos, estuvieron esperando a que llegaran los reclusos. El juicio se celebraría en puerta cerrada, es decir, no sería público impidiendo así el acceso a personas públicas, ya que querían preservar la imagen pública del Bill Kaulitz y de su hermano.
Cuando Tom y Bill vieron a los reos llegar a la sala con las manos esposadas, una sensación mezclada de pena y odio inundó el corazón de los gemelos. Tom no se podía crear que a la persona que había fingido ser su amigo durante dos años, en realidad era la persona más ruin que había conocido al igual que la madre.
Cuando ya estuvieron todos en la sala, unos policías cerraron las puertas para impedir el acceso a público no deseado.
Entonces fue cuando el juez entró en la sala, ocupando su lugar en el estrado, dando comienzo posteriormente a la sesión del juicio.
Los primeros en hablar fueron los abogados de los gemelos, que expusieron la causa imputada mostrando documento fehacientes de que eso realmente había ocurrido aportando documentos con la firma del hospital donde habían estado internados los gemelos y videos de la cámara de seguridad del hospital, donde se podía ver claramente como la imputada hacía cosas ilegales.
Por su parte los abogados defensores de los detenidos sostenían la versión que sus clientes eran inocentes y no tenían nada que ver con lo ocurrido con los gemelos, y sobre todo con Bill, y que los videos presentados por la parte acusadora no eran del todo legibles para poder determinar la culpabilidad de sus clientes.
A media mañana el juez decidió hacer un parón, para poder revisar con más tranquilidad las pruebas aportadas por los abogados de los Kaulitz, así que los gemelos salieron de la sala junto a sus padres, para irse a tomar un café con sus abogados y comentar algunas cosas sobre el juicio.
A los acusados los llevaron a un cuarto anexo que había en la sala, donde se celebra el juicio.
Pasada una hora, se volvió a reiniciar el juicio donde declararía ahora el médico que llevaba el caso de Bill, quien presentó informes detallados de todo lo que le habían hecho a Bill. El juez tomaba anotaciones en sus hojas, para luego estudiar con más detenimiento el caso y poder llegar a dictar sentencia. Por lo que dictaminó que los presos deberían permanecer en la cárcel hasta que se volviera a realizar otra sesión de juicio ya que había muchas pruebas incriminatorias que los acusaban directamente. El juez cerró la sesión, quedando pospuesto para próxima sesión del juicio que se celebraría al mes siguiente.
Los fotógrafos comenzaron a sacar fotos y los cámaras videos de los gemelos saliendo de los juzgados mientras que varios periodistas los rodeaban y comenzaban a hacerles preguntas, para saber el motivo de la causa que les había llevado allí. Algo debió de filtrarse o alguien dio la voz de alarma al verlos y acudieron allí inmediatamente.
—¿A qué se debe a que estéis aquí?—Preguntó un periodista que caminaba apurado, bajando las escaleras persiguiendo los gemelos.
—¿Es cierto que estos meses has engordado de peso y no te van a llamar más para que desfiles? —Preguntó otro periodista intentando buscar la exclusiva.
Los gemelos y sus padres continuaron caminando con un gran mutismo, hasta que entraron con rapidez en el coche, aunque algunos periodistas y cámaras los seguían grabando hasta que Tom arrancó el coche y salieron del sitio.
—Pronto empezaran rumores de todo tipo…—Dijo Bill dentro del coche.
—Tarde o temprano sabrán lo que te sucede, no sé por qué quieres permanecer encerrado en casa.—Dijo Tom.
—Tienes razón, de todos modos seré un bicho raro…—Susurró.
—Todo irá bien cariño.—Le dijo su madre para darle ánimos.
—Creo que voy a vomitar…—Bill se llevó una mano al estomagó y la otra a la boca.
Continúa…