Fic Twc/Toll de Ginger-Ale11
Recording. Track 15
Tom y Bill pasaron el fin de semana juntos en Lübeck, en la pequeña casa ahora casi olvidada de Tom. El lugar que el castaño había aprendido a casi despreciar porque era un recuerdo de todas sus frustraciones, de repente se había convertido en su pequeño paraíso. Todo ahí dentro cobró un color diferente. Su vida había dado el giro que nunca creyó posible y por un momento se cuestionó si realmente estaba soñando. Lo tenía todo, y este solo sería el inicio de lo que creía, sería el resto de su vida, incluso si estaba equivocado.
El regreso a Hamburgo parecía como una despedida a algo que no quería dejar, pero que él llevaba consigo y se sintió agradecido con el universo de haberlo vivido. Volver a sus obligaciones con la disquera, solo eran parte de lo que tanto había deseado y por eso también agradeció internamente.
Pero de lo que más estaba agradecido, era de finalmente haberle dado paz mental a sus dudas e inseguridades. Quería regresar y gritarle al mundo que estaba feliz por quien era y con quien estaba. No le importaba lo que pensaran los demás, y finalmente declararse… ¿Bisexual? ¿O quizás era «Billsexual»? Realmente no le importaban los títulos, solo quería poder disfrutar de esa euforia que dominaba cada una de sus células.
También había perdido la noción del tiempo, y fue gracias al mensaje de David informándole que el lanzamiento de su álbum sería el 1ero de Septiembre, que recordó que también era su cumpleaños. De igual manera, ese detalle había pasado a segundo plano, no necesitaba más de lo que tenía. La vida ya le había regalado lo que más deseaba, se sentía pleno. Su mejor regalo era todo lo que estaba viviendo y la persona sentada en el asiento de copiloto arreglándose el cabello.
-Espera Tom, detente aquí.- Dijo Bill sacándolo de sus pensamientos.
-¿Qué pasa?
-Nada, solo detén el auto aquí.- No se lo pensó mucho, en pocos segundos Tom había estacionado cerca de una pastelería donde Bill se bajó con rapidez.
-Ya vuelvo, será rápido.- Dijo antes de cerrar la puerta y verlo desaparecer dentro del local. Se preguntó qué requería de su atención con tanta urgencia, pero simplemente lo dejó ser. Esperó pacientemente mientras veía a las personas caminando con tranquilidad y pensó que él era uno más de ellos, o quizás nunca más lo sería. Nadie era tan afortunado como él lo era en ese momento. Unos minutos después vio a Bill regresar con una pequeña cajita celeste en manos.
-¿Qué es eso?
-Uhmmm… Unos cupcakes.
-No te hacía el tipo de persona obsesionada con los dulces.- Y de hecho, no lo era. Su dieta se basaba en diferentes tipos de platillos, especialmente acompañados de alcohol, el que nunca podía faltar, pero los excesos de azúcar no eran de su especial atención.
-No lo soy. Es solo que hoy es mi…- Lo vio dudar unos segundos en su respuesta mordiéndose el labio y sacudir la cabeza antes de continuar. Luego agregó. -Hoy es un día especial para ti. Lo lograste, Trümper. Tu álbum verá la luz del sol. ¡Felicidades!- Le pasó uno de los dos cupcakes que había en la cajita. El suyo estaba decorado de un merengue de color azul, violeta y rosa, con chispas doradas. El de Bill era multicolores con chispas de diamantina.
-Gracias, pero… ¿Por qué el tuyo es más bonito que el mío?
-Porque a pesar de lo que pasó este fin de semana, sigo siendo más especial que tú.- Bill le sacó la lengua y le guiñó un ojo, a lo que Tom no pudo evitar y poner en blanco los suyos propios. Estaba de buen humor, y era contagioso. Se sentía como un niño en ese momento. -¡Salud!
-No tenemos copas.
-Ya lo sé, no las necesitamos. ¡Salud!- Repitió el rubio subiendo el brazo en un brindis con el cupcake en la mano, a lo que Tom respondió chocándolo con el suyo antes de darle una mordida y compartir un pegajoso beso.
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En la disquera el día había sido caótico. Andreas se había encargado de todos los preparativos necesarios para que todo fuera lo más perfecto posible, pero nada estaba saliendo como esperaba: Los proveedores de servicios estaban demorados, la decoración no encajaba con la temática, el audio y video estaban fallando, la iluminación, consideraba, era una porquería. La comida estaba incompleta y lo único que parecía estar en orden eran las bebidas, que consideró vaciarlas enteras en sus sistema para ver si así lograba relajarse.
-Cami, por favor, dime que ya pudiste comunicarte con el equipo de marketing.
-Sí, vienen en camino.
-¿Tan rápido?- Respondió exasperado mientras tragaba fuerte.
-¿No era eso lo que querías?- La joven pelinegra se veía igual o más estresada que él, miraba a los lados en confusión, buscando la respuesta indicada.
-Sí, pero no justo ahora que nada está listo.
-¿Qué les digo entonces? ¿Qué no vengan aún? Acabo de cortar la llamada con Angus.
-No, no. No sé. Bueno sí… Afff.- Creía que quizás él no era exactamente la persona con esa respuesta, aunque sin duda sí debía serlo. Él se había ofrecido voluntariamente a planificar el evento. Después de todo, era un experto en ello, pero la presión que sentía en ese momento se estaba llevando lo mejor de él.
-Está bien. Yo me encargo de eso y de la prensa.- David, quien se había acercado a paso acelerado escuchando por encima la conversación, los interrumpió pasándole un brazo por los hombros a Andy. -¿Ya confirmaron la lista de invitados?
-¿Seguro?- El rubio suspiró momentáneamente de alivio alejando los pequeños mechones de cabello que empezaban a pegarse sobre su frente. Cualquier ayuda que tuviera en ese momento le hacía recobrar un poco más la esperanza en el éxito del día. -Y sí, ya confirmaron. Deberían llegar todos antes que Bill y Tom, ese es el plan.
-Sí, chicos, no hay problema. Respiren hondo, que todo va a salir bien.
-Gracias.- Andy asintió con la cabeza e hizo una señal de agradecimiento mientras el mayor se alejó de ellos guiñándoles el ojo y alzando ambos pulgares en afirmación.
-Bien, ahora. ¿Qué ha pasado con el catering?
-Ya están reemplazando los platos por unos nuevos, en cocina están organizando todo.
-Bien bien. Gracias, Cami. Ve a chequear que todo vaya en orden. Sé que este no es tu deber, pero tu ayuda me está salvando el día.
-No hay de qué.- La chica empezó a revisar el planificador mientras movía sus tintados labios rojizos y también se alejó concentrándose en lo que tenía en manos.
«Está bien Andy, ya te lo dijo David. Todo va a salir bien, es solo organizar un par de cosas, pero todo va a salir bien, todo va a salir bien, todo va a salir bien» Se repitió a sí mismo una y otra vez, como si se tratara de un mantra de meditación. El equipo de marketing encargado de hacer promoción del lanzamiento era sumamente importante en un día como ese, así como un par de personas de la prensa alemana e internacional que colaboraban con la disquera, quienes asistirían para hacer voz del evento. Solo faltaban los invitados que no tardarían mucho en empezar a llegar.
A pesar de todo lo que suponía sus obligaciones, realmente estaba emocionado por hacer ese día especial para todos, especialmente para Tom y Bill. Estaba orgulloso de Tom y pensaba que realmente se merecía el reconocimiento por todo lo que había logrado en tan corto tiempo, además de hacerlo una fecha especial y memorable para él, así como para Bill, quien a pesar de no estar en los mejores términos últimamente, aún seguía queriendo con una fuerza demencial. Al contrario de este último, él era capaz de dejar de lado su orgullo, lo había hecho incontables veces. Quería que ambos se sintieran orgullosos de él a pesar de todo lo ocurrido y el tumulto de emociones por las que habían pasado.
-¡Hey!- Una voz y mano en su espalda le hizo pegar un brinco que lo sorprendió.
-¡Guapo! ¿Qué hacen aquí? Es muy temprano aún.- Respondió Andy confuso observando varios pares de ojos que se encontraban con la mirada fija en él.
-No. Nos dijiste que estuviéramos aquí a las 9 en punto.- Andreas revisó la hora en incredibilidad y palideció momentáneamente.
-¡¿Ya son las nueve?!- Entre todo el estrés había perdido la noción del tiempo y contaba con menos del que creía para terminar de organizar lo que faltaba. En efecto había citado a la familia de Tom con un poco de anticipación, pero no esperaba verlos tan pronto.
-Sí. Puntualidad alemana a la orden.
-Sí, sí. Disculpa, es que estado… Ya sabes, tengo la cabeza en todas partes. ¡Bienvenidos!- Sonrió amigablemente a todos y le tendió la mano en saludo a Georg. Pensó que sería más formal en esa situación, que darle un abrazo. Luego dirigió la mirada hacia Gustav, quien se encontraba parado a su lado y repitió el gesto hacia él.
-Gracias.- Asintió el de lentes amigablemente y dijo antes de voltearse a señalar a su costado. -Este es mi padre, Doug, y mi tía Simone.
-¡Un placer conocerlos finalmente!- Andreas dirigió su mirada hacia cada uno de ellos, tomando ahora cada una de sus manos en un saludo.
-Igualmente. Un placer.- Respondió el hombre mayor de espeso bigote con una gran sonrisa en los labios. -Soy Doug.- Andy le sonrió y asintió en respeto antes de observar a la mujer a su lado.
-Usted debe ser Simone.
-Sí.- Le respondió y la mujer de corto cabello solo le brindó una sonrisa forzada. Fue lo único que dijo antes de analizar con la mirada todo el sitio. Se veía incómoda.
-Qué honor finalmente conocer a la mujer que le dio la vida a Tom. Debe estar muy orgullosa de él.- Comentó al platinado intentando hacerla sentir mejor, sin ningún éxito. Por lo poco que había escuchado de ella, sabía que no era una persona fácil de tratar, pero no se imaginó que incluso en un día así se vería tan fría y distante, pero aún así no dejaría que aquello arruinara el momento. Nadie podría resistirse a sus encantos y carisma. Con un poco de entusiasmo de su parte y quizás algo de alcohol conseguiría hacerla sentir más a gusto.
-Sí, lo estoy.- Pero sus palabras no sonaban convincentes. Se pasó una mano sobre el brazo antes de cruzarlos con el ceño fruncido. -¿Cuándo va a llegar mi hijo?
-No lo sé, señora Trümper. Tom dijo que no demoraría. Esto no es solo una fiesta de lanzamiento para su álbum, sino también por su cumpleaños.
-Ya lo sé. Tú lo dijiste, yo le di la vida.- Simone respondió con cierta indiferencia en su voz alejándose levente del grupo, siendo seguida por el platinado. Sin duda debería conseguirle una copa de vino para que empezara a entrar en ambiente. Con aquella actitud podía entender ahora por qué Tom no tuviera mucho contacto con ella desde que inició con el proyecto. No parecía interesarle nada de ello.
-Por aquí por favor.- Indicó Andreas al grupo señalando una de las mesas vacías con pequeñas tarjetitas con pequeños nombres sobre ellas. -La fiesta aún no empieza, son los primeros en llegar, pero por favor no duden en pedirle al personal lo que necesiten.- Cada uno tomó sus lugares y levantó la mano hacia uno de los mesoneros indicándole que trajera bebidas para cada uno. Finalmente se acercó al par de amigos en un susurro. -Espero que hayan mantenido en secreto la fiesta de cumpleaños. Ya tengo el regalo perfecto para cada uno.
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-¿Cuánto más vas a tardar?- Preguntó Tom mientras se secaba el cabello frente al espejo dándose los últimos retoques. Habían hecho una parada rápida en el pent-house de Bill antes de ir al evento para alistarse, sobre todo el rubio, que insistió en que debía elegir el outfit perfecto para la ocasión, y por supuesto, no podía negarse. Tomaron una ducha juntos que terminó siendo más larga de lo que esperaban. El agua caliente y la poca distancia entre ambos los llevó a devorarse sin pensarlo. Mantenerse alejados era cada vez más difícil y esos minutos extra donde se convirtieron en uno, supuso el inevitable retraso que llevaban.
-Ya estoy casi listo, pero tú no.- Respondió Bill mientras entraba al baño terminando de alistarse y acomodaba los collares que decoraban su cuello.
-¿Cómo no? Ya estoy.
-No, ven acá.- Bill le arrebató de las manos el secador y lo dejó sobre la encimera. Tomó el cepillo y empezó a peinar a Tom. -Vas a ver qué guapo vas a quedar.- Llevó todo su castaño cabello hacia atrás con delicadeza, asegurándose de que cada pelo estuviera en su lugar antes de atarlo en la parte de atrás de su cabeza en un moño y luego tomar unas tijeras.
-¿Qué vas a hacer con eso?- Preguntó Tom con los ojos abiertos mientras se acercaba peligrosamente a su cara.
-Ya, ven. Quédate quieto.- Empezó a mover su cabeza de lado a lado esquivando las tijeras, pero Bill lo aprisionó entre sus manos y dio el primer corte cerca de su barbilla. -Tenemos que hacer algo con esta barba.
-No tiene nada de malo mi barba.
-Sí lo tiene, ya pareces mendigo y hoy es un día especial. Tienes que estar presentable.- No había nada que pudiera hacer. Se resignó y dejó salir un suspiro mientras Bill cuidadosamente empezaba a perfilar su barba poco a poco. La sensación del frío filo cerca de su piel le causaba un poco de cosquillas, pero tranquilamente se dejó hacer mientras continuaba con su trabajo. Una vez terminó, sacudió los escurridizos pelitos que quedaron sobre su ropa y lo tomó de los hombros girándolo en dirección al espejo. Pues sí que tenía razón. Se veía mucho más arreglado y con la barba más corta podía apreciar mucho más la forma de su mandíbula. Sonrió ante su reflejó y Bill lo imitó. -¿Ves que bien te ves así?
-Sí, gracias.- Tom se mordió el labio y miró a Bill antes de darle un beso en los labios. Este lo rodeó con los brazos alrededor de la nuca antes de separarse y mirarlo a los ojos.
-Gracias a ti por… soportarme.- Hizo una pausa tomando a Tom de la mano y este lo miró con confusión.
-Ya, no me agradezcas más. Ya pasó y no me importa. Todo valió la pena. Hoy llegaremos a ese lanzamiento y le gritaré a todos que lo mejor que me ha pasado no ha sido tener una segunda oportunidad en mi carrera, sino haberte conocido y que sin ti nada de esto hubiera sido posible. Eres tú, solo tú, y no hay nadie más con quien quisiera compartir este día que no sea contigo. Eres todo lo que necesito.
Sintió cómo su estómago se encogió y pudo jurar que a Bill le ocurrió lo mismo. El brillo en su mirada iluminaba la habitación.
-¿Estás seguro que quieres que todos se enteren hoy? ¿No te importa qué pensarán los demás? ¿Tus amigos? ¿Tu familia?
-No, no me importa. Este es un nuevo capítulo en mi vida y al fin lo tengo todo. Tengo un futuro brillante y quiero que sepan que quiero compartirlo contigo… Como mi novio.
-¿Como tu novio?
-Sí.- Bill esquivó su mirada, pero Tom lo detuvo tomándolo de la barbilla.- Eres mi mejor regalo.
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El tiempo pasó más rápido de lo que Andreas pensaba. Sus nervios seguían intactos, pero al menos la fiesta ya estaba saliendo como esperaba. El resto de los invitados habían llegado al igual que la prensa. Todo parecía ir en orden y todo lo que faltaba en ese momento era que los invitados de honor aparecieran. Su impaciencia se hacía cada vez más evidente.
-Hombre, ya cálmate. No es para tanto.
-Lo sé, lo sé, es solo que… No sé cómo explicarlo. El corazón se me va a salir, tengo ansiedad, me sudan las manos. Solo quiero que todo salga bien hoy.- Respondió Andy al ojo verde sin dejar de mover una pierna nerviosa.
-Sí va a salir todo bien.- Georg lo tomó por los hombros y lo sacudió juguetonamente, haciendo evidente lo cansado que estaba de escuchar ese repetitivo mantra.
-Sí, ya ya. Ya me calmé.- Suspiró y se arregló el cabello mientras posaba en seguridad. -¿Tienes los regalos no?
-Sí. Se los di a David como me pediste.
-¿Y no sabes dónde los guardó?- Georg puso los ojos en blanco y rio.
-No. ¿Cómo se supone que sabría eso? Yo no trabajo aquí.- Andreas sacudió la cabeza y suspiró sacando el teléfono que ruidosamente vibró en su bolsillo leyendo el mensaje que había recibido.
-¡Ya están aquí!- Exclamó casi en un grito.- Busca a David y tráemelos.
Por fin, Bill y Tom habían llegado. En cuestión de un par de minutos aparecerían por las puertas y quería ser el primero en recibirlos. Corrió en todas las direcciones dando las indicaciones necesarias para preparar lo último que hiciera falta. Se aseguró que cada uno estuviera en su lugar, que la iluminación fuera la correcta, que la música empezara a sonar en el momento adecuado y que cada quien estuviera haciendo su trabajo. Georg regresó con Gustav con un par de paquetes en las manos y se los entregó a Andreas.
-Listo. Aquí tienes. ¿No piensas decirnos qué hay dentro?- Preguntó girando la mirada cómplice hacia Gustav. Claramente ambos tenían intriga sobre el contenido de los presentes.
-Ya bueno. A Tom le mandé a confeccionar una nueva chaqueta de cuero. La que siempre lleva está muy desgastada y pedí que le bordaran en la manga una corona con su inicial, ya que ha agarrado la costumbre de hacerse llamar «rey Tom».- Andreas rio y sus acompañantes lo imitaron.
-Eso suena bien. ¿Y a Bill que le vas a regalar?
-Eso es secreto por ahora, es más personal.- Se mordió el labio mientras observaba el envoltorio plateado adornado de un gran lazo rojo.
-¿Qué tan personal puede ser que no nos puedas decir?- Preguntó Gustav curioso.
-Es una bobería, en verdad. No hay nada que Bill necesite, así que esto es algo que representa nuestra amistad.- Hizo silencio por unos segundos recordando todos aquellos momentos vividos con él. A pesar de todo lo ocurrido, lo bueno y lo malo, que no era poco, siempre lo había querido y quería mostrarle lo mucho que le importaba. Los tropiezos de las últimas semanas no serían razón suficiente para hacer que todo ese amor se desvaneciera, aún si ahora eso significaba que ese amor tendría un nuevo significado.
-Bueno, creo que es momento de que se lo des entonces.- Georg señaló hacia la derecha y Andreas se giró. Bill había entrado al gran salón, impecable como siempre. Sintió un nudo en medio del estómago que quizás en otro momento hubiera confundido con mariposas, pero no ahora. Era auténtica emoción. Se acercó a él a paso acelerado con ansias, sorprendiéndolo cuando se detuvo frente a él, no sin antes mirar a su alrededor buscando con la mirada a su ausente acompañante.
-¿Dónde está Tom?- Fue lo primero que preguntó y Bill arqueó una ceja mientras sonreía.
-¿Acabo de llegar y eso es lo primero que tienes que decir?
-Es verdad, lo siento, es solo que pensé que venían juntos.- Sacudió la cabeza mientras veía a Gustav y Georg caminando en su dirección.
-Sí vinimos juntos, pero olvidó su teléfono en el auto.
-Bueno ya llegará.- Respondió y no pudo esperar en mostrar su entusiasmo.- Entonces te felicitaré a ti primero. ¡FELIZ CUMPLEAÑOS!- El platinado se abalanzó sobre Bill rodeando su cuerpo con ambos brazos dejándolo casi sin respirar.
-Gracias Andy.- Respondió Bill a duras penas subiendo sus brazos aprisionados para devolverle el abrazo. Se sorprendió ante el roce de sus labios sobre su mejilla en un beso amigable y cariñoso. Hace mucho que no lo veía así de alegre. Aquella expresión de cariño no fue de sorpresa solo para él. Gustav y Georg quienes ahora se encontraban a un par de pasos de distancia también miraban la situación con extrañeza. La pequeña interacción que habían tenido con él un par de meses atrás no había dejado la mejor impresión en ellos.
-Feliz cumpleaños, Bill.- Dijeron al unísono mientras compartían una sonrisa ladeada.
-Gracias chicos.- Respondió en su dirección y luego centró la mirada en Andy apartándose un poco y señalando al objeto en sus manos. -¿Eso es para mí?
Andreas extendió sus brazos y se lo entregó mientras asentía. -Claro, obvio es para ti. Vamos ábrelo.- Insistió el platinado mientras Bill lo tomaba y con calma lo abría poco a poco. Esperaba impacientemente que de deshiciera del envoltorio y las miradas curiosas de Gustav y Georg también vigilaban sus movimientos. Cuando terminó de abrirlo, en su interior encontró un gran álbum de fotos que tenía grabado en la cubierta «Für immer». Sintió su corazón encogerse cuando los ojos de Bill se iluminaron al empezar a detallar cada una de las imágenes ahí plasmadas. Andreas se acercó más a él para admirarlas junto a él.
-Awww. Somos nosotros en nuestro primer día de secundaria.- Dijo mientras pasaba el dedo por una de las fotografías. -Y esta es del día que me acompañaste a perforarme la lengua.- Ambos sonrieron y Gustav y Georg indiscretamente se acercaron para ver el contenido.
-Sí, mira y esta es de cuando te caíste el día que intenté enseñarte a montar bici.
-¡No! ¿Por qué pusiste esa?- Dijo entre risas mientras seguía pasando las páginas. Se veía muy ilusionado. -Esta fue en nuestra graduación, y esta mucho antes, cuando aún éramos unos adictos a los videojuegos.- Gustav y Georg aguantaban la risa mientras seguían viendo una tras otra a su lado. Cada nueva fotografía era un recuerdo de todo lo vivido y la melancolía se hizo presente, hasta que Bill hizo una pausa en una de las fotografías y frunció el ceño en confusión observándola detalladamente. -Este… Parezco yo, pero ¿No soy yo? ¿De dónde sacaste esta Andy?
-¿Qué te pasa Bill? Claro que eres tú. La encontré en el loft hace unos meses.
-No Andy, yo jamás me he disfrazado de Peter Pan.- Repitió Bill todavía con confusión y Gustav se acercó más hacia la fotografía afilando la mirada.
-Tiene razón, ese es Tom. Mira, este que sale aquí atrás soy yo vestido de pirata.- Andreas no estaba entendiendo nada y el corazón le dio un brinco cuando una voz a sus espaldas los hizo voltearse.
-¿Yo qué?- Preguntó Tom quién había aparecido y todos lo observaron mientras él se acercaba más a ellos.
-¡Feliz cumpleaños!- Gritaron Andreas, Gustav y Georg instintivamente al verlo, pero la cara de Bill no expresaba más que auténtico desconcierto.
-¿Es tu cumpleaños?- Preguntó el rubio y Tom asintió. ¿Por qué no me habías dicho?
-No lo sé, el lanzamiento es más importante. No le quise dar importancia.
-Es igual de importante, por eso organicé la fiesta para celebrar tu cumpleaños junto con el de Bill al mismo tiempo que tu álbum.- Añadió Andreas y Tom abrió ligeramente la boca en asombro sin dejar de mirar a Bill.
-¿También es tu cumpleaños? ¿Por qué no me habías dicho?- Preguntó Tom imitando la entonación que había usado Bill segundos antes. Andreas solo estaba de pie estupefacto viendo aquella confusión en el rostro de todos.
-No lo sé, «el lanzamiento es más importante. No le quise dar importancia».- Ahora fue el turno de Bill de imitar la respuesta de Tom, pero el momento fue interrumpido cuando Doug y Simone se unieron a ellos al notar la llegada del castaño, después de todo era el invitado más esperado por ellos.
-¡Hijo, por fin apareces! Te estuvimos esperando.- La mujer abrazó a Tom por el costado junto con Doug, quienes tampoco duraron en darle una cálida felicitación. Hacía meses que no se veían y tenían poca comunicación. -¿Qué hacen todos aquí?
-Nada, solo estamos…- Pero la atención fue robada momentáneamente por las incandescentes luces que iluminaron el escenario y la fuerte música que daba la bienvenida a David, quien subió saludando a los invitados entre aplausos. Los clicks de las cámaras y los gritos de las personas que empezaban a ponerse de pie los ensordeció y David tomó el micrófono en sus manos para dar inicio al evento.
-Buenas noches damas y caballeros. Primero, quiero agradecer la presencia de cada uno de ustedes en este día tan importante. Hoy estamos aquí para celebrar el que, sin duda, creemos que será el álbum del año: ‘Unknown World’ de nuestra estrella, Tom Trümper, con su regreso a la música.- Las pantallas proyectaron el título y portada. Las personas empezaron a aplaudir nuevamente antes de dejar a David continuar. -Sabemos que muchos han estado esperando para escuchar los nuevos temas y estamos encantados de poder compartirlos con ustedes. Todos los involucrados en el proceso estamos muy orgullosos de este proyecto, es por eso que hoy tenemos un invitado especial que ha vuelto a nuestro equipo y quiere decir unas palabras. ¡Demos la bienvenida a Jörg Kaulitz!- Los aplausos esta vez se hicieron más fuertes y los fotógrafos se acercaron con rapidez al escenario mientras un hombre alto y delgado, con una expresión fuerte en el rostro subía y estrechaba la mano de David. Se acomodó el traje y sonrió al público tomando el micrófono con una mano mientras con la otra saludaba al aire.
La expresión de Simone palideció cubriéndose la boca con sorpresa y Andreas apenas pudo escuchar en un susurro cómo repetía «no puede ser» por lo bajo. Parecía que estaba viendo alguna clase de espanto sacado de una película de terror. Sus ojos se cristalizaron y le estaba faltando el aire.
-Bueno, muchas gracias por esa bienvenida David. La verdad es que yo tampoco esperaba estar aquí. Después de mi retiro de la industria creí que merecía un descanso de tantos años de trabajo, pero heme aquí.- Hizo una expresión jocosa y todos los presentes rieron, a excepción de ninguno de ellos quienes no tenían idea de qué estaba pasando, en especial Bill quien empezó a respirar aceleradamente con furia en su mirada.
-¿Qué mierda es esta Andy?- Preguntó dirigiéndose hacia él y no pudo hacer más que negar con la cabeza. Andreas tampoco tenía idea de qué se trataba todo eso.
-Ya David dio una introducción fenomenal, pero quiero agregar algo.- Continuó el maduro hombre sobre el escenario. -En especial quiero felicitar a mi hijo, por tener un increíble ojo que no se equivoca y haberle dado una oportunidad a un talento joven tan impresionante como lo es Tom. Sin él nada de esto hubiera sido posible. Por favor, ¡Démosle un fuerte aplauso a Bill, quien hoy además cumple 25 años!- Una de las luces se proyectó frente a Bill haciéndolo el foco de las miradas y que todos se giraran hacia él y volvieran a aplaudir.
Simone lo miró estupefacta alejándose un poco en completa incertidumbre. Doug la tomó por los hombros pues parecía que en cualquier momento se desmayaría. Sus ojos se llenaron de lágrimas y las manos empezaron a temblarle incontrolablemente. -Tú… ¿Tú eres el hijo de ese hombre?- Preguntó con la voz cortada y Bill se giró hacia ella con el ceño tan fruncido que casi parecía doler.
-Sí, lamentablemente.
-¡NO! ¡NO! ¡NO!- La mujer gritó y dio un par pasos intentando ir en dirección hacia el escenario, pero fue detenida con fuerza por su hermano. Sus rodillas se doblaron y casi cae al suelo. Sus lágrimas se hicieron mucho más fuertes. Aquello solo mostraba muchísimo dolor. Las personas alrededor no dejaban de susurrar palabras intangibles mientras que la juzgaban con la mirada.
-¡Mamá!- Gritó Tom. Pero esta no escuchó. Solo dejó soltar un sollozo aún más fuerte.
Continúa…