It’s just a dream 4

Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 4

Los gemelos siguieron a su madre, y se fueron a la cocina para preparar la cena de esa noche. Mientras Simone lavaba la lechuga, Tom y Bill picaban las demás cosas para echar a la ensalada. Después su madre empezó a hacer otro plato para acompañar la ensalada. Cuando estuvo casi preparada la cena, Bill y Tom fueron a poner la mesa, mientras que su madre acaba con los últimos detalles de la cena. Una vez que ya estuvo lista, todos se sentaron a la mesa, y comenzaron a cenar mientras que mantenían una conversación.

—Contarnos, ¿Qué tal en Los Ángeles? —preguntó Gordon mientras masticaba un cacho de tomate de su ensalada.

—Bien, aunque algunas veces me he desesperado un poco —dijo Bill mientras que contemplaba su plato sin comer.

—Es que eres un desesperado —dijo Tom riéndose de su hermano— Un día tuvimos que ir a comprar unas nuevas planchas de pelo, y otras cosas para Bill, porque resulta que se puso histérico al darse cuenta que no enchufaban bien en los enchufes de la casa.

—No soy tan desesperado ni tan histérico. Tú eres un llorica —dijo Bill de repente— O no te acuerdas como lloraste como un niño pequeño la vez que Scotty te tiro por las escaleras.

—Para no llorar, me di con el borde de las escaleras y todo el hueso palomo del culo, como para no llorar con lo que duele —dijo Tom mirando de mala gana a su hermano— Ya me gustaría a mí que te pasara lo mismo.

—Vaya… —dijo Simone al escuchar a su hijo— Pero… ¿Ya estás bien?.

—Sí, estuve unos días sin poder sentarme adecuadamente en una silla, porque cuando me sentaba veía las estrellas del firmamento —explicó Tom— Pero ahora ya no me duele, ya estoy para otra.

—Lo más guay de Los Ángeles es el ambiente que hay por las noches, hicimos algunos buenos amigos durante nuestra estancia —dijo Bill a su madre.

—Y lo mejor de todo, las chicas… —dijo Tom de nuevo— Había cada diosa, que me gustaría irme al edén con ellas…

—Tú y las chicas… —dijo Simone con resignación— Le voy a poner una velita a un santo, para que aparezca la chica que te haga sentar la cabeza.

—Lo vas a tener muy difícil —dijo Tom riendo a su madre.

Durante la noche siguieron hablando de sus cosas, y de los planes que tendrían durante su estancia en Hamburgo. Ya que este viaje, era pasar algún tiempo con sus amigos que no veían desde hacía meses, antes de ponerse de lleno en la grabación de su nuevo disco, que tendría que estar para el año que viene a la venta en todo el mundo. A la mañana siguiente los gemelos se levantaron temprano, bajaron a la cocina y tomaron su desayuno para luego dirigirse a casa de su amigo Andreas que ese mes estaba solo en su casa, y querían darle una sorpresa, ya que ninguno de sus amigos sabía que los gemelos volvían a Hamburgo por unas semanas.

Salieron de su casa, y se dirigieron al coche de Tom, su preciado Cadillac Escalade aunque últimamente conducía otros coches, pero el Cadillac Escalade seguía siendo su favorito. Tras conducir durante varias manzanas, por fin llegaron a lo que era la casa de Andreas. Tom aparcó el coche para después bajarse de este, ambos hermanos y dirigirse hacia la puerta de la casa de Andreas. Tocaron al timbre, y después de diez minutos, por fin apareció Andreas para abrir la puerta pero con cara de sobado.

—Buenos días, capullo —dijo Tom mientras le daba una colleja a su amigo— Despierta…

—Pe-Pero… ¿Qué coño hacéis aquí? —dijo Andreas confuso— ¿No deberíais estar en Los Ángeles?.

—No quieres que te vengamos hacer una visita, pues tranquilo que nos vamos —dijo Tom haciendo el amago de darse la vuelta para marcharse otra vez hacia su coche.

—Un momento, trencitas —dijo Andreas parándolo— ¿Cuándo habéis llegado?.

—Ayer —respondió Bill— Pasaremos unas semanas aquí en Hamburgo. ¿Nos vas a dejar aquí plantados en tu puerta o nos vas a dejar entrar?.

—Claro, pasar —dijo Andreas dejando paso a sus amigos.

—¿Qué planes tienes para hoy? —preguntó Tom a su amigo.

—Pues me iba a pasar el día tumbado en la hamaca, tomando sol y bañándome en la piscina climatizada —respondió Andreas.

—Buena idea —dijo Tom— Podemos llamar a los demás, y tomarnos un par de cervezas mientras hablamos de chicas, y nos bronceamos al sol.

—Sí, hace tiempo que no estamos todos juntos —dijo Andreas— Echo de menos las noches locas, de nosotros seis.

—Sí… Lo pasábamos realmente genial, sobre todo cuando Sam intentaba ligarse a una chica bonita y yo siempre se la conseguía quitar —recordó Tom esos viejos tiempos— ¿Qué tal está Sam?.

—Pues ya ha acabado el tercero año de carrera, y ahora en verano se ha buscado un trabajillo por horas, así ahorra algunas pelas —explicó a Andreas.

—Ah, o sea que si lo llamamos ahora estará trabajando —dijo Tom de nuevo.

—Pues sí, pero al salir de trabajar se puede pasar por aquí ya que tiene las tardes libres —explicó de nuevo Andreas.

—Genial… Bill llamas a los G’s mientras que yo llamo a Sam —ordenó Tom a su hermano.

Bill cogió su móvil y marcó primero el número de Gustav, después cuando acabara de hablar con Gustav hablaría con Georg. Espero que a que el móvil de Gustav diera señal, para luego escuchar la voz de Gustav a través del teléfono.

—¿Bill…? —preguntó Gustav extrañado.

—Hola Gustav, ¿Qué tal? —preguntó Bill a su amigo.

—Bien… ¿Y esta llamada? —contestó extrañado el batería.

—Es para avisarte que estamos en la casa de Andreas por si te quieres acercar y pasar el día con nosotros —respondió Bill.

—Genial… ¿Cuándo habéis llegado? —preguntó Gustav a su amigo.

—Ayer… Ahora voy a avisar a Georg —informó Bill.

—Puedes ahorrarte la llamada porque va a venir por mi casa a buscarme, porque íbamos a comprar unas cosas y si eso después de hacer esas compras nos vamos para la casa de Andreas —explicó Gustav.

—Perfecto… Os esperamos —dijo Bill despidiéndose de uno de sus amigos, para luego colgar el móvil.

Después de que Bill colgara el móvil e informará que los G’s si que vendrían después de hacer unas compras, Tom se dispuso a llamar a Sam a su móvil aunque este estuviera trabajando. Para decirle que se pasará por la casa de Andreas para pasar la tarde juntos, y quien sabe igual se irían por la noche de juerga.

—Capullo —dijo Tom a Sam que había acabado de coger el móvil.

—Tom estoy trabajando, ahora no puedo hablar —dijo Samuel un poco molesto— Espera… un momento.

—¡Sorpresa! —dijo Tom desde su móvil— Pásate por la casa de Andreas, estamos todos esperándote

—Pero no salgo de trabajar hasta la una y media —explicó Samuel.

—Bueno, pero te puedes pasar después de currar. Y así te tomas unas birras con nosotros mientras estamos en la piscina climatizada de Andreas —intentó convencer Tom a Sam.

—Está bien… —dijo Sam a su amigo— Nos vemos más tarde.

—Ok. Te esperamos no te pierdas por el camino capullo —dijo Tom para finalmente colgar el móvil— Sam viene desde el trabajo.

Pasaron las horas y llegaron los G’s a casa de Andreas, para más tarde llegar Sam también. Pasaron al jardín enorme donde tenían Andreas la piscina climatizada, y las hamacas, mientras que llevaban un cubo lleno de hielo, con varios botellines de cerveza. Los seis amigos se pusieron a hablar ya que hacían meses que no se veían y tenían que ponerse al día, de todos los cotilleos.

Mientras tanto Laia y Kayla se habían pasado la mañana en casa de su tía, se aburrían muchísimo pero como no conocían mucho la zona no querían arriesgarse a perderse. Así que Laia y Kayla decidieron esperar a que viniera Sam, y así les llevará a algún sitio como había hecho el día anterior. Como era de costumbre, Rose sirvió la comida a las dos en punto, pero Sam no había llegado aún de trabajar, así que Kayla y Laia empezaron a comer las dos solas, sin la compañía de Sam. Las horas de la tarde fueron pasando y Sam no aparecía, Laia se empezó a preocupar un poco ya que su primo le había prometido que ese día las llevaría a algún sitio bonito de Hamburgo.

—Voy a llamar a mi primo al móvil —informó Laia a su amiga— No es normal que tarde tanto, cuando nos prometió que nos llevaría por la tarde a hacer un poco de turismo. Estoy harta de estar encerrada en la casa, para eso me quedaba en España.

—Lai no te alteres, igual no pudo venir —dijo Kayla a su amiga para intentar tranquilizarla.

—¡Por dios! Kayla son las seis de la tarde, y mi primo sale de trabajar a la una y media —dijo Laia un poco enfadada— Nos pudo llamar por lo menos.

Laia sacó su móvil del bolsillo del pantalón que tenía puesto, y se decidió a llamar a su primo aunque a su amiga no le hiciera mucha gracia, ya que era partidaria de que sino había llamado era porque tenía alguna cosa importante que hacer. Espero que el teléfono sonara varias veces, pero no obtuvo ninguna respuesta.

—No me coge —se quejó Laia a su amiga.

—Te lo dije… —contestó Kayla a su amiga.

Mientras tanto en la casa de Andreas, se había formado una reunión de amigos un poco loca. Todos estaban bebiendo cerveza, y hablando de chicas sin mucha ropa, mientras que disfrutaban tirando de cabeza a la piscina, y jugaban al voleibol en el agua. Andreas estaba sentado en una tumbona, al lado de la que era la tumbona de Samuel, donde había dejado sus cosas. Escuchó sonar el móvil una vez, para luego escucharlo repetidas veces.

—Sam… —dijo Andreas a su amigo que se encontraba en la piscina— Tu móvil lleva diez minutos sonando insistentemente.

—Ahora voy —dijo Sam saliendo de la piscina, para acercarse a su tumbona. Cogió su móvil y miró de quien eran las llamadas, justo en ese mismo momento el móvil comenzó otra vez a sonar— Si…

Inicio conversación telefónica

—Sam… ¿Dónde diablos estás? —dijo Laia a su primo— Dijiste que vendrías a comer, y nos llevarías a conocer Hamburgo.

—Lo siento, Laia. Me ha surgido un problema en el trabajo —dijo Sam como excusa.

—Pudiste haber llamado, para avisar —dijo Laia molesta.

—[i]Vamos Sam cuélgale el teléfono, y metete de nuevo en la piscina[/i] —se escuchó una voz hablar—

—No me lo puedo creer, no estás trabajando. Te has ido por ahí a pasártelo bien —dijo Laia con enfado— Nos habías prometido a mí y a Kayla que nos llevaría a conocer a Hamburgo.

—Lo siento primita, pero tengo mi vida. Mañana sin falta te llevo por ahí —dijo Sam para luego colgarle el teléfono.

Fin conversación telefónica

Los chicos habían salido de la piscina, mientras que Sam hablaba con su prima, y ahora estaban todos sentados en dos tumbonas, mirando a Sam.

—¿Quién era tu novia? —preguntó Tom intrigante.

—No, es mi prima pequeña. Le tengo mogollón de cariño, pero a veces es una pesada —dijo Sam a su amigo Tom— Es solo una mocosa. Llegó ayer con su mejor amiga de España.

—Ah… ¿Está buena? —preguntó Tom interesado.

—Ándate con cuidado, Tom —dijo Sam con enfado— A mi prima no te atrevas a tocarla, porque solo es una niña.

—Bueno entonces, ¿La amiga está buena? —dijo Tom de nuevo— Ya que no puedo estar con tu prima, me puedo ligar a su amiga.

—Tom… un consejo —dijo Sam— Son demasiadas niñas para ti, a no ser que quieras ir de asalta cunas.

—Sabes que me gusta mucho jugar con lo prohibido —dijo Tom mirando fijamente a su amigo.

—Lo sé, y un día te quemaras —dijo Sam a Tom mirándolo a los ojos.

Estuvieron durante más tiempo en la piscina de Andreas, para luego cuando empezó a caer la noche decidieron empezar a hacer planes para esa noche. Al final decidieron salir un par de horas por la noche, e ir a alguna discoteca ya que hacía tiempo que no salían juntos en pandilla. Cada uno se despidieron para irse a preparar a su casa, los G’s se fueron por un lado, para después marcharse Sam con los gemelos por otro, ya que Sam vivía muy cerca de la casa de gemelos, así que pasaron primero por casa de los gemelos para que estos se arreglaran y después acompañarían a Sam a su casa. Después de una hora, que tardó Bill en prepararse, por fin se dirigieron en el coche de Tom hacia la casa de Sam para que este también se pudiera preparar.

—De paso, así conocéis a prima y a su amiga —dijo Sam sacando las llaves de su bolsillo— Nos os preocupéis no son fans locas de vuestro grupo, así que no temáis. Son muy inofensivas.

—Ya… —dijo Tom a su amigo.

Mientras tanto Laia y Kayla se encontraban en su habitación, por la tarde noche les habían llamado del aeropuerto para confirmarle a Laia que su maleta había sido devuelta, así que al no poder contar con su primo Sam, el padre de Sam se ofreció a ir al aeropuerto con ella y con Kayla a buscar la maleta. Ahora ambas amigas se encontraban vaciando la maleta de Laia, y distribuyendo la ropa en el gran armario que ocupaba la habitación. Cuando acabaron a Laia le entró una sed tremenda, así que decidió ir a beber un vaso de agua a la cocina.

—Kay voy a ir un momento a la cocina a beber un vaso de agua —explicó Laia a su mejor amiga— Es que me ha entrado una sed tremenda.

—De acuerdo… Te espero aquí —dijo Kayla tumbándose en la cama, mientras ojeaba una revista que había comprado esa misma tarde en un quiosco del aeropuerto.

Laia salió de la habitación que compartía con Kayla desde que habían llegado el día anterior, y fue caminando por el largo pasillo, hasta que llegó al principio de la escalera y empezó a bajarla para ir a la cocina para beber. Cuando llevaba la mitad de las escaleras bajadas, escuchó el sonido de la cerradura de la puerta, girarse para luego abrirse la puerta dando paso a su primo que en ese momento venía acompañado por dos personas. Laia se quedó quieta en el centro de las escaleras, sin poder moverse, y observando a los acompañantes de su primo.

—Hola primita —dijo Sam al ver a su prima parada en medio de la escalera— ¿Dónde está Kayla? Te quiero presentar a unos amigos míos. Laia…

Continúa…

Gracias por la visita.

por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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