Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 7
Mientras tanto Tom y Georg habían quedado esa misma mañana, para hacer su sesión diaria de entrenamiento y ponerse en forma. Así que fueron a correr por los diversos lugares cercanos, que había por donde vivían. Siguieron corriendo y llegaron a un punto, donde vieron a unas chicas en la acera, una de ellas estaba sentada en la misma acera y la otra estaba de pie. Sin pararse mucho continuaron corriendo, hasta que pasaron cerca de ellas, sin fijarse en quienes eran. Solo el nombre de una de las chicas les hizo girarse para mirar de quienes realmente se trataban.
—¿Qué ha pasado, chicas? —habló Tom a Kayla y a Laia.
—Hola Tom… —susurró Kayla, ya que pensaba que después de lo ocurrido dos días antes en la discoteca pues que no les iba a hablar— Laia se ha torcido un tobillo, y no es capaz de levantarse.
—Vaya… —dijo Tom preocupado— ¿Te duele mucho?.
—¡Ay! No me toques coño, que me duele —se quejó Laia mientras que por sus ojos azules comenzaban a caer unas lágrimas cristalinas.
—Está bien —dijo Tom haciendo algo que nadie se esperaba.
Tom cogió en brazos a Laia, haciendo que la chica se pusiera un poco nerviosa y un poco roja. A Tom esa situación le hacía mucha gracia, ya que desde hacía dos días quería saber porque diablos Laia sabía lo de la viagra, y se estaba pensando que Laia y Kayla fueran fans del grupo. Así que ese día aprovecharía para intentar quitarle información.
—Tom bájame —ordenó Laia.
—No… —dijo rotundamente Tom— No ves que no puedes caminar, mujer.
—Quería intentarlo —susurró Laia mientras se agarraba bien a la camiseta de Tom, pudiendo aspirar su aroma, mientras sentía el latir del corazón de Tom, ya que había apoyado su cabeza en el pecho de este.
—Me voy adelantando con Laia a mi casa —dijo Tom comenzando a apurar el paso.
Poco a poco Tom fue desapareciendo de la vista de Kayla y de Georg, quedándose ellos solos en medio de la calle, sin decir ninguna palabra. Hacía dos noches, se habían visto pero no habían tenido la oportunidad de saludarse como es debido, ya que Kayla no había estado en condiciones.
—Soy Georg —habló Georg tendiéndole la mano a Kayla.
—Kayla… —susurró con una sonrisa.
Después ambos comenzaron a caminar de camino a la casa de Tom, mientras tanto por el camino iban hablando de cosas sin importancia, pero que haría que se conocieran un poco más. Por otro lado, Tom y Laia ya habían llegado a la casa de este, que en esos momentos no había nadie más en casa, que ellos dos. Tom deposito a Laia sobre el sillón, y luego subió las escaleras hacia su habitación más tarde venía con una venda en la mano, y un tubo de pomada.
—Vamos a ver… —dijo Tom mientras le quitaba el tenis, y el calcetín del pie de Laia— Esto no tiene muy buena pinta.
—Auch… —se quejó Laia a sentir el contacto de los dedos de Tom, sobre su tobillo.
—Te voy a echar un poco de esta crema, es un antiinflamatorio. Después te vendaré el pie —dijo Tom mientras le echaba un poco de crema en el pie, y comenzaba a esparcírsela.
—¿Estás seguro de que sabes hacer esto? —preguntó Laia con cierta inquietud y desconfianza.
—Por supuesto que estoy seguro, al entrenar para mantener mi estado físico algunas veces tengo lesiones y me tengo que vendar. Así que mi preparador físico me ha enseñado a poder arreglar los pequeños esguinces de mis pies o mis manos —explicó Tom.
—No me fio —dijo Laia de nuevo con desconfianza.
—Tienes razón… No sé, me lo he inventado y no tengo preparador físico —añadió Tom al instante.
—Eres un imbécil —dijo Laia enfadada e intentándose levantar para irse— Auch…
—Te lo dije. No vas a ser capaz de andar ni dos pasos —volvió a decir Tom mientras se reía de Laia.
—No te rías —se volvió a sentar Laia.
—Yo no me río lo que pasa que eres un poco lloricas —respondió Tom— No has hecho más que quejarte desde que hemos llegado a aquí.
—Es que me duele, imbécil —empezó a llorar un poco Laia.
—¡Ey! No me insultes que yo no estoy insultando —dijo Tom un poco mosqueado— Ahora siéntate que te voy a poner la venda.
—Pero si no sabes… —dijo Laia apartándose de Tom.
—Vale. Está bien no te muevas —dijo Tom levantándose del sillón— Voy a hacer una llamada.
Laia se quedó sola en el gran salón de la casa, mientras que Tom fue hacer esa llamada importante. No podía creerse que estuviera en la casa de su ídolo, aunque este no lo supiera. La casa era mucho más grande de lo que se veía desde fuera. A los pocos minutos, llegó Tom de hacer esa llamada y se sentó al lado de Laia, para luego hablar.
—Ya he llamado a la persona que te vendrá a curar el pie, ya que no te fías de mí —dijo recriminatoriamente Tom.
—Vale… —susurró Laia para luego quedarse en silencio ambos.
—Una pregunta —dijo Tom quitándole la importancia— ¿De dónde has sacado la información de lo que me paso con la viagra? ¿No serás fan de grupo?.
—¡Que va! —dijo Laia nerviosamente— Yo no conozco ninguna canción de tu grupo, es más ni siquiera sabía que tenías un grupo.
—Que raro —susurró Tom— En España somos muy famosos. ¿Seguro que no te suena de nada mi grupo? Igual si que has escuchado alguna canción, la más conocida Monsoon.
—Que no tío —dijo Laia exasperando— No conozco ninguna canción de vosotros, y si lo dices por el comentario del otro día de la viagra es porque lo escuché por ahí nada más.
—Vale tranquila no te sulfures no te vaya a dar un ataque —dijo Tom acabando la conversación.
A los pocos minutos sonó el timbre y Tom se dirigió hacia la puerta para abrir, dando paso a una chica bastante bonita, aunque parecía que sus tetas eran de silicona. Venía con un maletín de médico, y se fueron a acercando a Laia.
—Laia, está es Susan —dijo Tom mirando a la chica— Es muy buena amiga mía, y es fisioterapeuta así que podrá arreglarte tu tobillo.
—Hola… —Laia susurró tímidamente.
—No sabías que estabas en tan buena compañía Tom —comentó Susan mientras se sentaba al lado de Laia, y comenzaba a sacar la crema para poder llevar al sitio el tendón salido del sitio, y una venda que ponerle y el esparadrapo para sujetar la venda.
—No seas mal pensada, Susie —dijo Tom a la chica— Es la prima pequeña de Samuel.
—No sabía que tenía Sam una prima —dijo Susan mirando a Tom.
—Llegó hace dos días de España con una amiga, pero me la acabo de encontrar con su amiga en la calle mientras se retorcía de dolor por el tobillo —explicó Tom.
—Ah… Vamos a ver como tienes ese tobillo —dijo Susan impregnando un poco sus dedos con la crema para empezar a trabajar sobre el tobillo.
—Aaaaauuuuch… —se quejó Laia mientras Susan hacía su trabajo.
—Ya está. No hace falta que te quejes más —habló Susan— Ahora te voy a poner la venda.
La chica comenzó a rodear el pie de Laia con la venda, hasta que poco a poco cubrió por completo el tobillo, para luego finalmente poner el esparadrapo. Luego comenzó a recoger sus cosas y las metió dentro del maletín.
—Conviene que estés unos días en reposo —dijo Susan a Laia— Así se bajará el hinchazón más rápidamente.
—Gracias… —susurró Laia.
—Gracias por venir, Susie —dijo Tom— No sé que haríamos sin ti.
—Quizás me lo puedas agradecer bien esta noche. Hace tiempo que no quedamos —dijo Susan— Con todo esto que pasas más tiempo en Los Ángeles no hemos vuelto a tener una de nuestras noches…
—Está bien. Te llamo más tarde para confirmarte la hora —aceptó Tom.
—Ok. Espero que me llames —dijo Susan caminando hacia la puerta de la casa— Adiós niña…
Laia frunció el ceño cuando escuchó decir a Susan “niña” odiaba que la trataran como una niña, porque ya tenía 18 años. Pero ahora su corazón, parecía que se había roto en pedacitos, cuando escuchó la conversación entre Tom y Susan. Todo apuntaba a que estos dos andaban liados, y todas las esperanzas de Laia de que pudiera tener algo con Tom en ese verano, se habían esfumado haciendo que cada vez más su corazoncito se fuera rompiendo más y más. El timbre de la casa de Tom hizo que Laia saliera de sus pensamientos, Tom ya estaba abriendo la puerta para dar paso a Kayla y a Georg. Laia en cuanto vio a su amiga, decidió que era hora de marcharse, aunque le doliera un poco aún el pie.
—Por fin llegasteis —dijo Tom cuando abrió la puerta— Pensé que os habías perdido.
—Nos entretuvimos hablando —contestó Georg.
—Laia cariño, ¿Cómo estás? —corrió Kayla hacia su amiga.
—Bien, ahora ya me duele tanto —contestó Laia a su amiga— Nos podemos ir…
—Deberías de esperar a un poquito más —se metió en la conversación Tom— Aún tienes un poco resentido el pie, Susan no hace milagros.
—¿Llamaste a Susan? —preguntó Georg a su amigo— ¿Qué tal está?.
—Bien… Hemos quedado en vernos por la noche —explicó Tom.
—Y como siempre acabaréis en mismo sitio —añadió Georg.
—Kay vámonos —volvió a decir Laia— Quiero irme a casa.
—Está bien —respondió Kayla— Chicos, nosotras nos vamos.
—Vale. Está bien, dado que Laia no se quiere quedar —dijo Tom— Os íbamos a invitar a desayunar.
—Gracias pero ya hemos desayunado bien, en casa de mi primo —contestó Laia cortante— Kay nos vamos.
Las chicas salieron de la casa de los Kaulitz, y comenzaron a andar en dirección a la casa de los tíos de Laia, pero tuvieron que ir despacio ya que está iba aún cojeando un poco. Cuando llegaron a la casa, una vez dentro, Laia subió con mucho cuidado las escaleras dejando a Kayla en medio del salón, aunque minutos después Kayla subió también para mirar que le pasaba a su amiga. Cuando entró en la habitación se encontró a su amiga Laia tumbada bocabajo, enterrando su cabeza en la almohada mientras sollozaba y soltaba insultos al aire.
—Laia… ¿Qué te pasa? —preguntó Kayla a su amiga preocupada.
—Lo odio, es un imbécil, es un tonto… —soltó de carrerilla Laia mientras ahogaba su llanto en la almohada.
—Laia… —susurró Kayla a su amiga.
—Tom… tiene novia —susurró Laia mientras que por sus mejillas caían un par de lágrimas cristalinas.
—Cariño… —dijo Kayla abrazando a su amiga para darle su apoyo, ya que sabía como se sentía— Pero tienes que tratar de reponerte, quizás Tom no valga la pena.
—Ya… pero siento que algo me oprime en el pecho —volvió a decir Laia— ¿Qué hago Kayla? Seguramente tendremos que verlos en todas las vacaciones, y no quiero aguantar a Susan es un pija operada de tetas.
—Jejejejeje —se rió Kayla por la expresión que había dicho Laia— ¿Enserio?.
—Si… seguro que no puede subir a un avión por miedo a que le exploten —volvió a decir Laia.
—Jajajajaja —se rió Kayla— Siempre pensando en maldades.
—Oye… —susurró Laia.
—¿Qué? —preguntó Kayla a su amiga.
—Que tal si te corto el pelo, aún hay una apuesta que me debes —sonrió Laia a su amiga.
—Ay dios mío mi pelo —dijo Kayla agarrándose este, ya que tenía miedo a perder gran parte de su cabellera.
—No corto tan mal el pelo, Kayla —dijo con convicción Laia— De hecho que no me dejo el pelo tan mal, cuando me lo cortó yo
—Prefiero ir a la peluquería —contestó Kayla a su amiga.
—Vale, pero después no me vengas a decir que te arreglé el flequillo —dijo Laia toda enfurruñada.
—Lo tendré en cuenta —se tumbó en la cama boca arriba Kayla— Lai… ¿Bill se habrá fijado en mi? —la miró con ojos brillosos.
—Seguro que sí, quien no se iba a fijar en ti con lo guapa que eres. Ojala fuera como tú…—Laia empezó a jugar con sus dedos sobre sus piernas cruzadas.
—¡Si tú eres preciosa! Ya me gustaría a mi ser la mitad de buena persona que eres tu —le dijo.
—Tal vez Bill también tenga novia, también —soltó de repente Laia.
—Claro que sí. Soy yo, aunque él aun no lo sepa —Laia rió por su comentario tonto.
—Eso no lo dudo. Pues veras cuando te vea con tu nuevo look, hay entonces sí que se dará cuenta que eres su novia —dijo Laia de nuevo.
—Laia no quiero cortarme mi bonita, sedosa, brillante y perfecta melena… —se piropeó.
—Se siente, una apuesta es una apuesta. Mañana mismo buscamos una peluquería —Kayla se escondió bajo las sabanas tapándose la cabeza con la almohada, fingiendo esconderse para que no tuviera que cortarse el pelo.
—Noooooooooo —dijo Kayla pataleando bajo las sábanas.
—Oh si, baby… —Laia saltó sobre Kayla intentando quitar las sábanas y la almohada que aferraba fuertemente a ella.
—¡Ah mañana es domingo no hay peluquerías abiertas! —se destapó quitando a la vez a su amiga de encima de ella haciéndola caer a su lado.
—Pues el lunes monina —volvió a tirarse encima de ella, empezando a pelear en broma sobre la cama.
—¡Fiesta de pijamas me apunto! —escucharon en la puerta y se detuvieron a la vez. En la puerta estaba Sam y Andreas, que fue quien hizo el comentario.
—Pero si es de día inútil —saltó Sam a Andreas pegándole una colleja.
—Bueno pues da igual —dijo Andreas tirándose encima de las chicas.
—Auch mi pie —se quejó Laia.
—¿Qué te ha pasado en el pie? —preguntó curioso Sam.
—Me lesioné hoy por la mañana cuando fuimos a correr Kay y yo —explicó Laia.
—Vaya… entonces no podrás caminar mucho hoy —dijo Sam a su prima.
—¿Porqué? ¿Tienes pensado llevarnos a algún sitio? —preguntó Laia a su primo— Te juró que si hace falta voy a la pata coja o puedes llevarme en brazos primito —le sonrió.
—Pues me da a mí que va a ser que no —dijo serio.
—¿Sigues enfadado por lo de anteayer? —preguntó Laia a su primo.
—No, solo estoy un poco molesto nada más —dijo Sam a su prima.
—Bah, no le hagáis caso se le pasara rápido, es un poco corto —dijo Andreas quitándole hierro al asunto.
—Cállate picha corta —le picó Sam— Síi, tenía pensado llevaros a algunos lugares pero viendo como está tu pie…
—No, no, ya no me duele. Puedo correr hasta los cien metros lisos si quieres —Kayla rió al imaginársela corriendo a la pata coja.
—No te rías —dijo Laia a su amiga.
—Vale no me rio —dijo Kayla levantando los brazos para quitarse la culpa.
—Pues vestiros adecuadamente —dijo Sam a su prima y a su amiga— Que os vamos a llevar a algunos lugares.
—Ok —asintieron las chicas.
—¿Y a donde vamos a ir? —preguntó Laia.
—Iremos al puerto de Hamburgo —contestó Sam— Hemos quedado allí con los demás, y así tomamos algo.
Andreas y Sam salieron de la habitación de las chicas, para que ellas se pusieran adecentar un poco más. Al cabo de media hora, Kayla y Laia bajaban por las escaleras hacia el salón, donde las esperaba Sam y Andreas, ambas iba con una faldita cortita y una camiseta básica de diferente color. Laia se apoyó en su primo Sam para poder caminar un poco más rápido, porque se iban a dirigir hacia una parada de autobuses, para coger un bus que los llevará cerca, ya que los gemelos y los G’s les saldrían al encuentro más tarde. Cuando cogieron el autobús de línea que los llevaría hacia la zona portuaria de Hamburgo, se sentaron en los asientos traseros, las chicas juntas mientras que Sam y Andreas se sentaron en otros asientos juntos.
Continúa…
Gracias por la visita.
