Administración: OMG, no puedo creer que estemos aquí. La verdad es que yo había guardado este fic para leerlo, sin embargo lo guardé mal y sólo tenía el prefacio y el cap 1. Gracias a Chikparole, quien tenía un respaldo en su poder, podemos compartir esta obra. Aclaro que Monnyca16 sí quería compartir su fic con nosotros, pero actualmente no le es posible, ella está trabajando en el fic Barrabás, que también está en nuestra base de datos, para que miren el perfil de la autora. Y ahora, disfruten de la lectura.
«Híbrido» Parte I (Monnyca16)
Capítulo 2: A menos de una pulgada
Bill tragó saliva erróneamente, tosiendo estrepitosamente. En su cuerpo comenzaba a nacer pánico, y habían pasado muchos años desde que no se sentía de esa forma.
—¿Qué tipo de persona es Tom Trümper? —Husmeó, cerrando los ojos para tranquilizarse un poco a sí mismo.
Gustav postró ambas manos sobre la mesa y se acercó para bisbisear:
—Nadie sabe realmente, es raro, pero exigente. Es muy inteligente y reservado, pero es un loco. Ama tener sexo y es líder. ¡Es demasiado fuerte, Bill! —Dijo eso último con énfasis, incluso temeroso al remembrar cuán chocante era Tom.
—¿Y tiene novia?
Ante su propia pregunta, Bill se sonrojó hasta las orejas sin darse cuenta.
—¿Novia? —Gustav cuestionó cargado de ahínco—. ¡Por supuesto que sí! Su novia es una pantera y está en su misma generación, es demasiado…
—¿B-bonita? —Balbuceó.
Gustav abrió la boca enormemente, haciendo sus ojos brillar, enardecidos.
—¡Tiene un culo fenomenal, Bill! —Espetó con fuerza, importándole una mierda el resto—. Todos quieren tomarla porque dicen que Tom tiene buena mano para embellecer los cuerpos que toca. Yo no sé, pero ella resalta del resto.
—¿Entonces por qué le interesa mi virginidad?
—A él le interesa la virginidad de todos los híbridos, hombres o mujeres, no le interesa otra cosa, sólo le gusta ser el primero.
—¿El único para alguien no? —Curioseó, rascándose la barbilla, en estado de shock aún.
—Pues jamás se le ha visto celoso…
Bill guardó silencio, pasmado. Podía seguir experimentando la mirada de Tom en la nuca y le incomodaba mucho.
Terminando con sus papas fritas, Bill salió de la mesa, tirando los residuos que le quedaban a su plato desechable. Quería eludir a su enemigo, apartarse lo antes posible, sin embargo debía pasar frente a él para salir de la cafetería, por lo que jaló a Gustav y caminó rápido hasta la puerta de salida. Estaba muerto de nervios y se veía estúpido, lo sabía, pero no importaba. Ya nada le interesaba.
Ya estando afuera de la cafetería dio dos vueltas en su mismo lugar, en círculo. Gustav resopló, demasiado tenso y angustiado por Bill. Conocía a Tom y sabía que no era buena idea resistirse, era mejor cooperar con él, pero para Bill no era fácil porque su especie daba a conocer los resultados de una vida sexual activa. Quizá si Bill no fuera conejo no estaría tan alarmado.
—Estás todo hecho bolas —dijo Gustav, sintiéndose demasiado nervioso repentinamente.
Bill asintió.
—Gustav, ¿cómo le hago para que no le interese mi virginidad?
—Pero ya está interesado, Bill. —Miró el horror en la mirada de Bill y se encogió de hombros. Nadie podía con Tom y aunque Gustav quisiera ayudar no haría gran cosa si no es que nada.
—Para que deje de estarlo, por favor…No quiero que él sea el primero, no quiero tener mi primera vez con alguien como él.
—Conozco a Tom y a él no le interesa eso. Él sólo te quiere para una noche, y no puedes hacerlo cambiar de opinión —comunicó, sincerándose y tratando de calmarlo. Bill era nuevo, no conocía a Tom, pero el resto sí. Tom podía llegar a ser muy peligroso para Bill.
—Tiene que haber alguna forma…
—No hay muchas…hace un mes un chico nuevo llegó, Tom pudo oler su virginidad y acabó muy mal por no dejarse.
A punto de desmoronarse, Bill se recargó en la pared más cercana. — ¿Acabó mal? ¿Tom lo golpeó?
Gus se acercó todo lo que pudo para poder hablarle con sensatez:
—Tom suele ponerse agresivo la mayoría del tiempo. Nosotros podemos sanar rápido, pero la fuerza de Tom es más que física. Él puede atacar y destrozar sin ningún problema, dejando a híbridos marcados de por vida. Por eso,…lo que yo te recomiendo es que te dejes hacer. Él sólo folla una noche con la gente, sólo lo hará una vez contigo y luego te dejará libre.
Sonaba cruel, pero era lo único que Bill podía hacer para quitárselo de encima.
—Sí, libre, pero… —Jadeó, lleno de cólera —, pero nadie me va a querer, todos van a pensar lo peor de mí. No podré casarme ni tener hijos ¡¿entiendes eso?!
Sí, Gustav lo comprendía, pero francamente no podían hacer nada, y si trataban, lo más seguro era que fuese cruelmente difícil.
—Odio a Tom, de verdad lo odio —Gus sacó frustrado, situando su mano derecha en la cabeza de Bill, acariciándolo —. Veré qué puedo hacer por ti, Bill. Te lo prometo. Este debería ser un día feliz porque es tu primer día de clases, pero ahora todo está arruinado.
—¿Y no hay forma de que le pida ayuda a alguien para que deje de estar interesado en mí y no me moleste?
—Nadie se atrevería, Bill. Nadie se mete con Tom. Nadie. Y el que lo hace paga las consecuencias. Hay muchas historias tristes y nadie puede hacer algo para detenerlo. Además tienes que recordar que es un león blanco, es único entre todos nosotros y puede poseer a quien quiera. Es superior de cualquier forma y aunque parece injusto, así son las cosas.
Bill empuñó su mano dolorosamente.
—Odio ser conejo, lo odio…porque si Él me toca yo…me quedaré así —espetó, señalando su delgaducho cuerpo—. No creceré, no maduraré. Sólo tengo 15. Esto tiene que ser una broma, ni siquiera me ha crecido el vello púbico —protestó desesperado, sintiendo la ira subir hasta su garganta, atragantándolo casi por completo.
—Tranquilo, Bill. Quizá si ambos le explicamos…Si hablamos con él quizá pueda quitar los ojos de ti. Le diré a Georg que nos ayude. Nosotros…
—Odio ser un estúpido conejo. Odio todo esto —interrumpió Bill, auto abrazándose entre lamentos.
Gustav lo miró bien, comprensivo, agarrándolo del brazo y yendo con él al salón de clases. Era mejor dejar ese tema fuera de la estadía académica.
&
—Abuela, ¿sabes? Hay un león blanco en el colegio…
Sus palabras temblaron un poco al sacarlas, pero se contuvo, esperando no alborotarla. Había estado reflexionando si confesarle la verdad o no, tardando alrededor de media hora, y el conflicto ahora era que su decisión ya parecía claudicar.
—¿De verdad? —Abrió mucho los ojos, proyectando una mezcolanza de alegría y estupefacción—. ¡Eso es imposible, realmente increíble! Hace años anunciaron que ya no quedaba ninguno.
—Abue…, oye.
Fue entonces que calló.
La abuela era su única familia, era la persona que lo había librado de uno de los vertederos que adornaban los suburbios en víspera de navidad cuando tenía apenas cinco años. Rememoraba que nadie lo quería por ser conejo y que sólo ella –un canario- lo había adorado como si fuese de la familia.
La abuela Bettina era la única que lo quería, la única que lo cuidaba. No podía preocuparla, no ahora.
—¿Qué pasa, cariño?
—No, no es nada. ¿Sabes? El colegio es gigantesco y lindo. —Curveó los labios, enmascarando la aflicción que hacía latir su garganta.
—¿De verdad? —Levantó ambas manos para acariciar la cabeza de Bill muy lentamente—. Lo conseguí especialmente para ti, porque te mereces lo mejor, cielo.
Sí. No podía asustar a su abuela.
Debía soportarlo, guardárselo hasta culminar con todo.
&
Al día siguiente, al entrar por el portón principal y recién cacheado, Bill anduvo rápido hasta su salón, cuidando cada uno de sus pasos, escabulléndose inteligentemente para no encontrarse con su ahora enemigo. Luego de cruzar la segunda fuente, se detuvo, escuchando que algunos estudiantes comenzaban a murmurar sobre Tom y su nueva presa, él.
—Es el nuevo, el conejo —dijo uno de ellos, señalando sin pena a Bill—, Ría simplemente se burló de la presa de Tom, ella dijo ayer que el conejo es insípido y débil.
—Sí, escuché eso por los salones de duodécimo. ¿Se llama Bill, cierto?
—Sí y si lo miramos bien… Ese tal Bill se ve ridículo, definitivamente es todo lo contrario a los gustos de Tom. Ría es mil veces mejor.
Al oírlo, Bill avanzó vertiginoso, llevándose los pulgares a los oídos para dejar de escuchar las críticas. No podía creer que fuera el blanco de la mayoría de los estudiantes. Bill odiaba los chismes. Apresuradamente se escudó en el baño de noveno grado, deteniéndose justo frente al enorme espejo. Se llevó las yemas de los dedos hasta las mejillas y se acarició ahí, inspeccionando todo su rostro, cada pequeño espacio, viéndose y tratando de encontrar algo mal en él.
¿Estaba realmente feo? ¿Insípido? Apartó las manos de su cara y prefirió verse detenidamente. No era tan guapo, pero tampoco tan feo. ¿Tal vez debería ponerse maquillaje o peinarse diferente?
Suspirando, se preguntó cuál era el gusto de Tom Trümper. ¿Qué persona era el tipo ideal de Tom? ¿Ría realmente tenía todo lo que Tom buscaba en alguien? Bill pensaba que no. Con lo acontecido todo daba a indicar que la novia de Tom sólo era una habladora que criticaba a otros sin conocerlos, y esa no era la primera mejor impresión para Bill.
—Oh, estás aquí. —Gus palmeó el hombro de Bill, dándole ánimos —. ¡Vamos, que la clase ya va a comenzar y el guía es muy enojón!
—¿Es el de Biología?
—Así es, pero corre, Bill…porque él llega 10 minutos antes de que la clase comience y pasa lista rápido.
Tropezándose con cada gran zancada energética que daba, Bill logró llegar al salón de clases, deteniéndose en la puerta para tomar aire. Odiaba correr y había subido los peldaños como loco para llegar a su piso, justamente a la clase que todos odiaban. En la puerta se encontraba el maestro, revisando las matriculas de sus alumnos y dejándolos pasar a cada uno.
—Schäfer, Gustav —Cristo, el maestro, se atrevió a levantarle la mano matriculada para cachear su número de procedencia —, tiene su primer retardo —declaró serio, haciéndolo pasar a su clase.
Bill dio un paso al frente, levantando la mano para que el maestro registrara sus dígitos también, la diferencia fue que el regordete vejestorio le apartó la mano con un suave golpe.
—¿Kaulitz, Bill?
—Sí, sí…señor —de entre sus labios salió un tartamudeo bastante notorio. Algunos de sus compañeros del salón de rieron al ver que el maestro Cristo lo exploraba detenidamente, pues a pesar de que Bill fuese nuevo ya sabía su nombre, y seguramente su especie también.
—Llegas tarde —anunció seco, Bill asintió, consciente de aquello—. Los folletos electrónicos de exámenes finales están en biblioteca. Busca el de terceras oportunidades, porque conmigo acabas de reprobar.
La quijada de Bill se desencajó. Estaba al tanto de que era nuevo y que sus compañeros ya llevaban como dos meses en clases, pero el profesor lo había reprobado antes de escuchar la clase. Y no lo había mandado a segundas oportunidades, sino a terceras. Desorientado, Bill movió las manos, escuchando que todos sus compañeros se reían bajito, de él.
—¿Sólo por llegar tarde? Mire…—agarró su reloj y se lo mostró, señalando la hora, mostrándole que faltaban 3 minutos para que la clase oficial comenzara—, todavía faltan algunos minutos para…
—Me desagradan los conejos —interrumpió con severidad, preso de un odio impreciso que iba en aumento—. Eres una molestia.
Gustav, desde su asiento, levantó las manos para calmar la indignación de Bill. Era injusto, todos lo sabían, pero las cosas empeorarían más si la discusión no terminaba ahí.
Cerrando los ojos con fuerza, Bill sonrió irónico, esgrimiendo las manos y dándose la media vuelta para irse de ahí antes de decir una mala palabra o hacer una locura.
Caminó hasta la escalera e hizo un alto para aclararse la cabeza. Apenas llevaba dos días en la escuela y todo era un completo caos; en su primer día había sido la burla de todos por ser el único conejo, además de ganarse, por su virginidad, ser el blanco perfecto para el idiota y chocante de Tom Trümper; y en el segundo no simplemente había sido el juguete de todos al recibir críticas injustas y ser comparado, sino que también había sido reprobado por ser un conejo.
No quería saber qué más podría pasarle ese mismo día o tal vez al siguiente. No quería saberlo. Incluso sus ganas de estudiar se habían extinguido por un segundo. No tenía razones para visitar la escuela. Tenía miedo de Tom, de los maestros, de sus compañeros, y temor a que su abuela enfermara más.
Si su abuela estuviera libre de enfermedad estaba seguro que dejaría la escuela, que buscaría un empleo y se volvería un hombre de bien aunque no pudiese continuar con sus estudios. Pero no podía hacer eso, no podía defraudar a su abuela, porque deseaba que ella lo viera convertido en un ser importante, con estudios, logros y dinero. Eso era lo mínimo que podía hacer para agradecerle por haberlo recogido, por haberlo querido y mimado como nadie hacía por el simple hecho de ser conejo.
Agitó la cabeza más de dos veces, apartando los pensamientos negativos y centrándose en los positivos. Sí, si no era positivo nada saldría bien. Por eso estaba decidido a darlo todo y luchar contra cualquiera que pretendiera hacerle daño. No sería impeditivo aunque tuviera un cuerpo lánguido y pavor en sus entrañas.
Bill se demostraría a sí mismo que podía incluso contra Tom.
Impaciente, bajó los escalones, yendo al primer piso para adentrarse a la biblioteca y resignarse. Buscaría las fechas de exámenes de tercera oportunidad, eso era lo que quedaba por hacer para matar las dos horas libres de Biología.
Se sentía relajado, ya menos desilusionado. Ahora, una de sus metas era no dejar que nadie lo pisoteara. Todo tenía solución y la buscaría, lo haría y se libraría de su mala suerte, o eso creyó al brincar los últimos dos peldaños y chocar con lo que parecía ser una enorme roca.
Mareado, Bill se separó de aquello que había sido más duro que una pared, alzando la frente para ver de quién se trataba. Posterior al choque meneó la cabeza por sin ningún lado, tratando de enfocar su visión en lo que seguía frente a su extensión. Al lograrlo pudo divisar de quien se trataba, pero no fue precisamente la mejor opción al darse cuenta que Tom Trümper había sido la fortaleza con la que se había estampado.
El pánico entró nuevamente en Bill, dejándole las piernas flojas y las manos temblorosas. Tenía miedo, mucho. Había sido terrorífico tener a Tom a unos metros de distancia, no obstante, la mortificación aumentaba debido a que esta vez estaban a menos de una pulgada. Tom era mucho más alto de cerca que de lejos, lo corroboró al sentir un tremendo dolor en el cuello luego de que permaneciera viéndolo atentamente. Su corazón martilló en su pecho duramente, llenándolo de ideas cobardes, pero no saldría corriendo. Estaba dispuesto a enfrentarse a Tom aunque fuese complicado.
Todo lo contrario ocurrió con Tom, que enfocó directo a sus pupilas, dándose el privilegio de olerlo de cerca, llenándose de la ingenuidad y pureza que lo conformaba. Tom no sonreía, su gesto era frívolo e imponente, gélido y agraciado en demasía.
Bill estaba bastante seguro que ser violado ahí mismo por ese canalla era lo único que faltaba para que su día fuera el peor de todos. Sin embargo, sacaría la fuerza que no tenía físicamente para aislarlo y defenderse de todo lo que tratara de afectarlo.
Continúa…
Gracias por la visita.
Pobre bb, lo menosprecian por ser un conejo… a mi me gustan porque son adorables y soporten 🤭🤭