«Híbrido» Parte I (Monnyca16)

Capítulo 11: Días

«No puedo creerlo, sus piernas son preciosas. Maldita belleza andante»

«Follarlo hasta hacerlo llorar, eso es lo que quiero»

Aullidos y pensamientos iban y venían, invadiendo a su paso los oídos de Vid, saturándolo, tal y como ocurría con Tom. Los híbridos, desde el inicio, prestaron toda su atención a Bill, guardado interés en su delicado y flexible cuerpo, en sus curvas, en las piernas que se extendían al compás de los ejercicios y en sus pequeños shorts elásticos, que se le subían hasta desnudarle aún más la parte trasera y, que envolvía en arrobamiento al público en general, más a Tom, que se frotaba el puente de la nariz cada segundo, exacerbado, intentando con ello desvanecer el exquisito aroma de Bill.

Vid Inspiró hondo por décima vez, tratando de acertar el aroma que Tom se empeñaba en evitar, mas no lo hallaba. Todos los híbridos de alguna manera poseían un perfume propio, uno íntimo y estilizado que se convertía en una mixtura de olor de especie en conjunto con uno muy personal que embellecía individualmente.

Vid sólo olía a conejo, pero suponía que ese no era el perfume que alteraba los sentidos de Tom.

Ansioso, durante el juego, respiró esta vez más profundo, tan insondable que Tom lo miró fijamente, amenazador. Rió bajito, disfrutando de la endeblez de su primo, que orgulloso, no había abandonado el partido pese a que Bill lo distraía por completo.

Vid se lamió los labios, corriendo hacia a Tom con deseos de arrebatarle el balón. Éste se apartó inteligentemente, repleto de fuerza y descontento. Algunos movimientos de Tom eran más toscos, lesivos, como si estuviera a punto de estallar, pero se contenía. Y Vid lo sabía, lo veía a la perfección.

Las venas de las sólidas manos de Tom se sobresaltaron y su pecho se coloreó de rojo al igual que su cuello. Estaba eufórico, sofocado, implacable, totalmente absorto en Bill; en su espalda, sus piernas, en lo llamativo que era. Y lo detestaba, lo volvía loco y estólido, incapaz de gobernarse como siempre solía hacer.

Bill en varios momentos tuvo que bajarse el uniforme de gimnasia, buscando que ningún otro centímetro de su piel quedara expuesta, tentativa a los ojos de quienes lo miraban. Y Tom, que con el rabillo del ojo lo escudriñaba, soportaba el picor de su nariz y la fuga de sudor que brotaba de los poros de su cuerpo. Jamás había sudado tanto como ese día, pero el inmenso esfuerzo por mantener la mitad de su interés en el partido lo desgastaba. Sus ojos, aquellos pozos negros tal espectro, hervían, furibundos, y su acerbo gesto lo volvía cada vez más pesado, desorbitante.

Su abdomen permanecía apretado, contenido y duro, regalándole resistencia a sus músculos. Sus pies golpeteaban el suelo, tan firmes que propinaban ruidos imposibles de silenciar debido a la fuerza depositada y sus manos, que no se mantenían quietas, apretaban con más potencia el balón, amenazando con hacerlo detonar.

Su entrepierna estaba erecta, tan dura que dolía y para colmo notoria, inclusive algunos comentarios lo reiteraban. Sus rodillas, exhaustas, lo llevaron a alentar su destreza y, tentativamente, casi por instinto, su cabeza se balanceaba hacia Bill. La celeridad de su pecho lo llevó a resoplar. Sacudió la cabeza, deshaciéndose del sudor que empapaba su rostro y se llevó el antebrazo para limpiarse.

Bill giró la cabeza hacia Tom apenas percibió que lo miraba. Conectó sus brillantes ojos con los de él y respiró ruidosamente, casi suspirando. Tom volteó la cara al captarlo, expresando su oscuridad representativa y desdeñosa, y encestó rápido, casi torpe. Sus compañeros de juego lo contemplaron y bajaron la cabeza, apresurados, cuando Tom pasó entre ellos.

Vid sujetó esta vez la pelota y victorioso, encestó, regalándole puntos a su equipo. Se tronó el cuello con un ladeamiento de testa y agudizó su oído para recibir los nuevos comentarios de los ahí presentes, tanto

pensamientos como sus vocecillas estresantes.

«Ría, Tom y el transformado conejo en el mismo sitio. ¿Qué no es irónico? »

«Y suda, está sudando demasiado, como nunca antes»

«También tiene una erección. ¿Le gustará mucho el conejo? »

«Trümper por primera vez está en problemas. ¿Cuánto apuestas a que terminará yéndose de la cancha para huir de Bill? ¿Quién diría que alguien tan insignificante como Bill lo manipulara de esa forma sin siquiera dirigirle la palabra? »

«Apuesto a que Bill ocasionará que Tom vaya hasta él y entonces terminará por engatusarlo»

«¿Quién no se engatusaría con ese bonito cuerpo y esa angelical carita? Es su mes de atractivo. ¡Qué buena suerte tiene! »

«Entre sus nalgas, ese agujero debe apretar delicioso»

Las manos de Tom se esgrimieron, renovándolas en puños menos violentos que se destensaron luego. Se levantó la camiseta de tirantes y la ondeó, necesitado de aire. Frotó nuevamente su nariz con los dedos y aspiró oxígeno hasta saciarse, recargando sus miembros de energía. Se agachó hasta tronar su espalda y se irguió, quedándose unos segundos sin moverse.

Bill lo mareaba, su aroma lo desviaba y no lo permitiría. No ahora. No. Entrecerró los ojos y consiguió poner en blanco su cabeza sólo por ese momento, sacudió una mano y se tronó el cuello repetidas veces, incluyéndose de nuevo en el juego.

«Un apretado agujero»

«Y una boquita que se vería bien chupándomela»

Vid se quedó estático al presenciar que con una embocada, Tom había quebrado la canasta de acero justo en el acierto. Si ese tipo de pensamientos sexuales, provenientes de algún chico de las gradas, seguían, entonces Tom terminaría destruyendo todo el lugar y posiblemente a los que se atrevían a fantasear con Bill.

Con desdén, Tom anduvo hasta las gradas por su botella de agua. Bebió un tragó largo y, cegado por un magnetismo vehemente, puso los ojos en Bill. Firme, escrutó sus movimientos, calculando la elasticidad y describiendo mentalmente su vestimenta; esa playera interior que dejaba ver sus rosados pezones y que se le subía, dejando sus caderas al aire, la curvatura de su espalda, el inicio de su redondo trasero; y ese pequeño short que demandaba atención al hacer visible la abundante finura de sus nalgas y piernas.

Lo vio acostado boca abajo, con las piernas estiradas y sus hombros en alto gracias a sus brazos extendidos, para después seguirlo con la mirada y beber otro trago de líquido, pasándoselo por la garganta apenas Bill se puso de pie, relajado, con las piernas juntas e inclinándose, sin doblar las rodillas, pero dejando a la vista el trasero, una parte de sus provocativas nalgas que victoriosamente habían quedado desnudas por la inclinación.

Su uniforme pequeño se alzaba, dejando su carne expuesta. Y Bill, al darse cuenta, volvía a su postura original y se lo acomodaba, bajándolo un poco más.

Los labios de Tom se tensaron y su quijada se apretó.

«No ha dejado de verlo, y Bill parece ignorarlo. Ría está más enfadada que nunca. Sólo mira y verás»

«¡Tiene una estrella! Tom debió habérsela puesto ¡Una jodida estrella!»

Se oían muchas voces, se descifraban muchos pensamientos, pero por más que Tom quería leer los de Bill, no podía. Bill tarareaba un sinfín de canciones mentalmente, y pensó que eso había sido a propósito para que no lo leyera.

Tom torció la boca, molesto, todavía sin quitarle los ojos de encima.

—Te lo vas a comer con los ojos —arremetió Vid, parándose a su lado, con los brazos en jarras—. Tus gustos han cambiado, pensé que seguirías buscándote falsedades como Ría, pero ahora se nota que quieres verdaderas preciosidades. —Le arrebató la botella de agua de la mano y bebió de ella, pacífico.

Tom estiró el cuello y, al tronarlo por milésima vez, se sacó la camiseta de tirantes y se limpió la cara con ella.

Bill esta vez lo miró, tarareando, pero con la mirada fija en el cuerpo atlético de Tom, que fulguraba por el sudor. Olía a hombre, a virilidad. Bill aspiró desde su sitio y sonrió dulcemente, complacido. Tom despedía excitación, el mismo perfume que liberó su cuerpo cuando hicieron el amor. Gustav lo hizo voltear esta vez, sacándolo de su concentración. Tom volteó al escuchar la voz de Gustav susurrar en el oído de Bill:

«Ría no tiene la misma estrella que tú, le acabo de ver las caderas»

Entonces Gustav volteó hasta Tom y esa simple mirada desglosó algunas conversaciones de esa mañana, pláticas privadas que razonaban sobre la dichosa estrella y todo lo sucedido, incluso los miedos de Bill. Gustav apartó sus ojos, dejándolo sin la lectura completa. Vaya que había sido fácil darse cuenta de algunas cosas con ayuda de la dócil mirada de Gustav.

«Oh» Gimió Bill, tan suave que los oídos de Tom lo procesaron como una dulce melodía. Su erección palpitó dentro de su bóxer, ruda, cada vez más empapada por el esperma que salía a mayúsculas gotas de su uretra. Sus testículos mandaron descargas placenteras a su cuerpo en ese preciso intente y, luego de que los hilos resbaladizos de líquido pre seminal se escurrieran y mojaran sus oscuros y rizados vellos púbicos, su respiración volvió a la normalidad.

El timbre sonó y apenas el maestro de Bill dio la orden, todos los de noveno grado salieron de la cancha.

Bill fue el último, demostrando así que jamás huiría de Tom ni de todos los demás.

&

—No, no la tiene —dijo por tercera ocasión, sonriente, animado en demasía. Sus ojos brillaron tanto como los de Bill y una risa triunfal salió al final.

—¿De verdad? —Bill no dudaba, pero quería escucharlo una vez más —. Es que no sé qué pensar.

—Simplemente es eso. Tom no le puso la estrella a Ría, pero a ti sí. No sabemos el significado de eso, pero lo descubriremos pronto, tenlo por seguro —afirmó, sacudiendo las manos de un lado a otro, desesperado e inmensamente feliz por Bill.

Un notable arrebol cubrió los pómulos de Bill al mismo tiempo que asentía. La sangre corría rápido por sus venas, siendo bombeada por su corazón. Escuchar cosas así le ponía muy emocionado.

—Oye, Bill, pero creo que Tom me ha leído hace un momento. Yo lo miré y tardé para responder y voltearme —confesó, sintiéndose avergonzado de repente.

Bill sonrió despreocupado, tendiéndole la mano.

—No te preocupes. Si tarareas una canción mentalmente cuando te vea, él no podrá leerte. Lo intenté y funcionó, su rostro me lo dijo todo. —Ensanchó su sonrisa, mostrando lo linda que era estando completa.

Gustav entornó los parpados y asintió doble, muy seguro de haber comprendido.

—Le diré a Georg que haga lo mismo si busca leerlo a él. ¡Ese Tom tiene que sufrir de curiosidad! Te tiene que buscar, si está interesado en ti, te buscará. Y lo hará, sólo espera y verás.

&

Las estrellas radiaban esa gélida noche. La luna lívida alumbraba a su vez, formando un nuevo espectáculo para Bill, que las veía desde la ventana. Los días pasados observaba el cielo, por las noches, cuando el azul combinado con el negro lo tintaban, y nunca lograba ver la belleza de lo que parecía un edén. En esos momentos fue lo opuesto.

Suspiró, acomodándose un mechón de cabello detrás de la oreja izquierda. Su sedoso cabello ya estaba seco y bien peinado, su rostro libre de maquillaje y su estómago relajado por la cena. Era hora de dormir, pero no tenía sueño. No podía dormir.

Había pasado una semana y media desde su regreso a la escuela, mejor dicho, el día de mañana se cumplían dos semanas exactamente. Casi dos semanas evitando a Tom y siendo evitado por él. Sentía que era algo tonto, pero no pensaba hablarle. No le rogaría, no lo buscaría. Esperaba que Tom diera ese paso.

La incertidumbre lo invadía, quería saber muchas cosas: sobre la estrella, sobre un posible embarazo, sobre probables sentimientos…Y ahora, esa noche, más incógnitas rondaban por su cabeza.

Minutos antes, acobijado en su cama y a punto de conciliar el sueño, se levantó, medio decepcionado. Por primera vez desde lo acontecido en la cancha de basquetbol, soñó con Tom. Le impactó. No esperaba volver a soñar con él, la diferencia ahora fue que cuando Tom pretendía penetrarlo, impaciente por el excitante preludio, Bill decidió despertar, impidiéndole ir más allá.

Ese sueño fue distinto a los primeros, esta vez no discutieron y terminaron haciendo el amor. De hecho, en el sueño actual ni siquiera habían peleado por algo, sólo recordaba besos, caricias, gemidos y deseo. De alguna manera necesitaba algo de Tom, pero no sólo sexualmente y mucho menos en sueños.

Tomó una bocanada de aire, estirándose en su totalidad. Todavía se preguntaba si Tom soñaba lo mismo o si él era el que provocaba los sueños húmedos.

De todos modos no lo permitió y se sintió bien con ello.

Se acarició el pecho y suspiró, gozando la vista de su diminuta ventana. Esperaba que al menos le diera sueño en unas horas más.

.

A la mañana siguiente recibió a Georg y a Gustav en su casa, desayunaron juntos y se apresuraron para ir a la escuela. Las últimas semanas fueron monótonas, pero incrementando la intensidad de vez en cuando, por algún detalle divertido que les alegraba el día considerablemente.

Gustav estaba embarazado y ya se sabía un poco más sobre el tema. Su embarazo tenía sólo un producto debido a que la fecundación no llegó a embarazo múltiple, pero aun así sería un lindo y recio Puma, como Georg. Su barriga estaba más crecida y se agitaba en demasía, pero todo iba bien.

Con Bill no había ningún avance, sobre nada, pero tampoco estaba desesperado por ello. Inclusive estaba más activo académicamente, sin importar los comentarios de los demás y las horribles miradas de Ría. A Tom no lo miraba, pero el que días antes se acercó a saludarle había sido Vid.

El chico de cabello castaño resultó muy amable y lindo, alguien muy distinto a Tom, e incluso servicial. Vid lo hacía reír con sus comentarios, era amigable, pero también sabía el límite. Sin embargo, a pesar de que platicaban poco, en ningún momento mencionaron a Tom. Vid parecía reservado al hablar de sus familiares, pero a manera de apoyo, le ofreció su presencia y platicas interesantes.

—Cuando duermes, ¿sientes reales tus sueños? —Le había preguntado Vid el último día que lo vio. Bill alcanzó a negarse, nunca entendió ese cuestionamiento, pero ahora que recordaba, lo analizó —. Despierta cuando quieras el cambio, cuando sueñes con algo que deseas, despierta y vendrá directo hacia ti.

La voz de Vid apareció en su cabeza tras remembrar, la agitó de un lado a otro, entró a la escuela y fue directo a su salón junto a Gus. Pensaría mucho en esas palabras, relacionándolas con lo sucedido anoche que no pudo dormir.

&

Pensó una vez más aquello que razonó por horas:

«Yo quería hacer el amor con Tom, pero lo impedí. No tomé en cuenta lo que dijo Vid, pero hice justo eso, o al menos una parte sin darme cuenta. Ahora ¿es posible que Tom me busque y terminemos haciéndolo? ¿Él vendrá a mí? ¿Significa que Tom sueña lo mismo y que tal vez se molestó por no permitirle…entrar en mí»

Todo se asemejaba a un juego de palabras, pero si era verdad lo que Vid le había recomendado, entonces posiblemente en poco tiempo Tom estaría muy cerca. Ese análisis lo estremeció y sus nervios crecieron en cuestión de centisegundos.

¿Y si todo eso coincidía, qué iba a hacer? ¿Cómo reaccionaría? ¿Qué diría? Necesitaba pensar en eso. Se prepararía para lo que viniera y se lo guardaría para no emocionar a Gustav si es que no llegaba a suceder dicha deducción.

La cafetería de la escuela estaba medio vacía. Era la hora de la salida, pero Gustav moría de hambre y prefirieron quedarse. Georg tenía entrenamiento y salía en diez minutos. Hacía frío esta vez y Bill no había cargado doble suéter. Se preguntaba si su abuela se había arropado bien, si estaba dormida o si había ido por las compras.

—¿Estás preocupado por algo?

La voz de su amigo lo sacó de su estado abstraído.

—Estaba pensando en mi abuela. Pero no es nada, ¿la comida está buena? —Gustav asintió, abriendo mucho los ojos, esta vez con semblante ansioso. Manoteó la mano derecha de Bill y para llamar más su atención la apretó con todas las fuerzas que tenía —. ¿Estás bien? ¿Necesitas agua? ¿Te sientes mal?

Gustav negó varias veces y a como pudo se inclinó, murmurando:

—Aquí, él…él está…

—¿Qué? —Los labios de Bill se doblaron en una mueca —. ¿Qué quieres decir? —Los inmensos ojos de Gustav se abrieron más y entonces Bill captó —. No… ¿Él está aquí? —apenas sacó, moviendo los labios.

Gustavasintióehizounaseñaextraña,peroquesólosignificabaalgo:Tomcaminabadirectoasumesa.

El sensible corazón de Bill palpitó veloz, impresionado. Cerró los ojos, percibiendo que su mano era apretada por Gustav, que le decía que Tom estaba a punto de llegar. Apreció sus pasos firmes y entreabrió los ojos. No sabía qué diría si Tom llegara a hablarle, pero buscaría mantener la calma e impedir que Tom leyera sus vivencias y pensamientos.

Presintió que ese día sería el más largo de todos. Faltaba descubrirlo.

Continúa…

Gracias por la visita.

por Monnyca16

Escritora del fandom

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