N/A: Capítulo corto, enfocado en Bill en su última vez con Tom. Va entre el cap 6 y 7 de este tomo.

«Híbrido» Parte III (Monnyca16)

Capítulo Especial

La sangre de Bill hervía en el interior de sus venas, corriendo veloz y dejándolo sin respiración. Sobre sus labios se hallaba una delgada capa de sudor que escurrió desde su frente y se escapó hacia las comisuras de su boca. Tras lamerse los labios, el sabor salado se convertía en dulce, y dicha sensación contrastaba con el perfume que desprendía Tom. Su aliento denso golpeaba furiosamente su boca y se mezclaba con el suyo, convirtiéndolo en una esencia sexual debido al celo.

El deseo se extendía, logrando que sus besos supieran a miel, húmedos y suaves; besos que con cada roce y profundidad se volvían densos y perezosos, pero que no concluían. La boca de Bill dolía, su lengua ya resbalaba con más facilidad dentro de la boca de Tom para rozar con la suya, inclusive comenzaba un cosquilleo irresistible a consecuencia de la sensibilidad.

El cuerpo de Bill ya estaba condicionado, sabía que, a cada profunda embestida, la lengua de Tom lamería sus labios entrecerrados y avanzaría hasta el resquicio para enlazarla con la suya, consiguiendo así que su empuje fuese como el de su pene en su palpitante entrada, la cual se contraía del mismo modo que el pecho de Bill al respirar con dificultad.

Sus extremidades se estremecían y, pese al poco espacio que había para moverse con libertad, encajó sus filosas uñas en el cuello de Tom, sintiendo las gotas de sudor mojar sus dedos. Dejó marcas. El calor de la piel que asía traspasó las yemas de sus dedos, regalándole calidez en conjunto con la tibieza de los fluidos de Tom llenando su interior, una tibia eyaculación que se asentó en sus entrañas y que no se deslizó hacia afuera hasta que el falo de Tom dejó de palpitar contra sus paredes y abandonó cautelosamente su orificio.

Apenas el pene salió por completo, envuelto en un tórrido sonido húmedo, empapado y todavía erecto, Bill abrió aún más sus piernas, que yacían a los costados de la cadera de Tom, y alzó su pelvis, comprimiendo el abdomen. Su pene se impactó contra la musculatura de su compañero y tras comprimir su orificio anal, dejó salir su propio semen en un chorro de alivio.

Apretó sus piernas alrededor de la cadera ajena y exclamó un gemido de satisfacción, uno tan dulce como su sabor. Tom lamió por sobre sus costillas, retirando las partículas de exudación, y Bill sólo pudo contorsionarse ante ese caliente tacto. Posterior a su estremecimiento, suprimió la tensión de su pelvis y dejó descansar sus piernas ya en el suelo que le servía como superficie, permitiendo relajar su entrada y dejar salir de ella el espeso semen que recién se había almacenado.

El líquido transparente con apenas tono blanquecino evacuó poco a poco, a cada contracción de su ano, y cuando por fin dejó de percibir el río entre su trasero, dejó caer, exhausto, la cabeza por completo en el piso. Su cabello estaba despeinado, desparramado hacia todas direcciones, brillante, húmedo y con la raíz tibia.

Tom le vio con atención, sin apartarse de su cuerpo. Contempló su largo cuello sudoroso al igual que sus sienes y frente, las mejillas sonrosadas haciendo juego con la tonalidad de sus pezones y su pecho. Divisó la forma de su mandíbula, tan fina y distinguida, el largo perfecto de su nariz y olfateó su esencia más intensificada.

No tardó para buscarle de nuevo, posó un brazo a un costado de su cabeza y con su nariz trazó un caminó desde su mandíbula hasta su pómulo derecho, con sus labios palpando su sensible piel, tatuándola. Bill dio un respingo antes de que sus labios fueran atacados por otros, tan suavemente que le invadieron los escalofríos.

Fue un beso duradero y lento, tan apasionado como otros y tan posesivo como el mismísimo Tom. Bill acarició sus mejillas con sus nudillos, acunando su rostro y, aún con los ojos cerrados, sintió que Tom se separaba para tomar aire.

Con el cuerpo libre, Bill se tocó el rostro con ambas manos y suspiró. Era palpable la tensión entre ambos, esa entrega no era usual y Bill lo presentía. La delicia de los besos de Tom y sus caricias parecían una despedida, quizá una que se estaba alargando demasiado.

Embonaban perfecto durante el coito, sin embargo, luego de la práctica que más que sexual era amorosa, había ese distanciamiento que no podía evitarse. Y eso era dañino para Bill y su celo. Su cuerpo resentía la evasiva y un cúmulo de sensaciones de negativismo. Los estados en celo no podían ser interrumpidos de esa manera, mucho menos para híbridos como Bill, quien era demasiado vehemente con sus sentimientos y emociones.

Se sentía como si Tom estuviese utilizándolo y a Bill le dolía, más todavía cuando habían fusionado sus esencias a causa del celo. Había un desfase, el comportamiento de Tom interrumpía el proceso natural del celo de Bill. Quizá el error estaba en que Bill le estaba entregando a Tom su celo estando deseoso de que fuera él quien le hiciera el amor.

Había distintas parejas que manejaban su celo. Existían las parejas sedientas de placer carnal, a las que no se les removían sentimientos ni antes, durante y mucho menos después de copular. No obstante, había otras, las cuales podían entregarse con la misma intensidad, con amor, haciendo más placentera la copulación. Y por último y menos frecuente, estaba otro tipo de relación, donde uno se entregaba demasiado y el otro simplemente permanecía dudoso, sólo otorgando sentimientos de inseguridad a su pareja.

Bill se sentía como la última opción y su estado emocional estaba decayendo; sus hormonas yacían alborotadas, atestándolo de pensamientos y sensaciones que no deseaba tener justo en esos momentos. Lo sabía, Tom no le había garantizado un coito del todo satisfactorio –con amor y placer carnal- , y aquello lo volvía una entrega unilateral de cierto modo.

Se sentía traicionado por Tom y un ingenuo por creer que había ganado al último momento, cuando lo que hizo fue terminar por destruirse.

—Piensas alejarme, ¿verdad? —Bill inquirió luego de la tercera vez copulando en el suelo. Apenas habían transcurrido unos minutos desde el largo beso húmedo cuando Tom, luego de sentirse más estable a lo que correspondía a respiración, se había recargado en la pared más cercana, con Bill a su lado. Éste se hallaba pensante, con las piernas juntas, sus rodillas pegadas a su mentón y los brazos abrazando sus piernas.

—El trato era ese —dijo sin mirarle. Bill tampoco le dedicó una mirada. No era capaz de hacerlo cuando por dentro todo se derrumbaba —. Serás libre.

Se lo esperaba. Ya conocía a Tom, sabía lo que podía llegar a hacer y las consecuencias de sus actos.

¿Entonces por qué le dolía como si fuese la primera vez que le hacía algo así? Sus esperanzas, fomentadas también por su celo, lo hicieron volar alto y estrellarse. Su cabeza aún daba vueltas por eso. Ilusionarse se había vuelto cotidiano en él y no podía seguir de esa forma.

Luego de decirle aquello, ambos se quedaron callados. El silencio fue tormentoso, acompañado de sus respiraciones y los quejidos que Bill, de vez en vez, quiso manifestar con libertad, aunque al final fueron reprimidos, tanto como lo que realmente Tom sentía. Esa era su barrera, su orgullo, su dignidad.

Se dio cuenta, supo que a pesar de hacer el amor y hablar como gente civilizada, Tom no cambiaría su forma de ver las cosas. Tom, verdaderamente, no estaba dispuesto a darlo todo por él como en sus sueños. Y si Tom no estaba dispuesto, Bill no lo iba a soportar más. Sus esperanzas eran falsas, sin sustento y aunque se lo repitió muchas veces, había confiado en Tom, en que podía quebrantar su coraza y anclarse en su corazón tal y como Simone le había animado.

—Entrometerse en el pasado de los demás es imperdonable. Las pesadumbres se incrementan cuando alguien dilecto exterioriza lo que por años ha dolido y lo que ahora sigue quemando —continuó Tom luego de varios minutos en absoluto y tortuoso silencio. Bill lo miró esta vez, sin recibir una mínima atención visual. Le miraba para inspeccionar, para darse cuenta de que no había vuelta atrás. Sus ojos se llenaron de lágrimas al verle tan serio y decidido. —. ¿Cómo se siente vengarse?

Entonces Tom recordó, en ese preciso momento, las veces en las cuales desnudó la vida privada de Bill. Aquellas veces que lo hizo llorar, que lo hirió. No entendía cómo Bill podía perdonarle algo como eso. Tom jamás le perdonaría que se hubiese metido en su intimidad con ayuda de su madre y primo. Y Bill lo supo, estaba al tanto de que ese tipo de pensamientos se acumulaban en Tom hasta colmarlo.

Bill conocía el error y quería afrontar las consecuencias pese a no estar absolutamente preparado.

—Yo no me he vengado.

—Ahora estamos a mano. —Ladeó su cabeza, viéndolo. Bill se estremeció con esa simple mirada vacía

—. Voy a desterrarte.

Como una bala perforando la poca esperanza que le quedaba, Bill sintió su pecho hundirse y la garganta arder hasta terminar por sofocarlo. Tuvo que abrir la boca un tanto, dolido e impresionado. Sabía lo que esa simple palabra significaba al igual que Tom; a Bill ya lo habían exiliado antes. No importaba cuál fuese su justificación, Tom lo abandonaría como los padres de Bill lo hicieron alguna vez, como todos aquellos que lo hicieron menos. Sería rechazado como años atrás.

—Vid va a dejarte en la frontera. El país vecino va a recibirte. —Bill se cubrió los oídos. No deseaba escuchar nada más, no podría soportarlo—. Allá podrás comenzar de nuevo.

No pensó lo suficiente en el estado en celo de Bill. Fue egoísta. Sólo había tomado esa decisión y se la anunciaba, haciéndose responsable de ella de alguna manera. Bill reprimió las lágrimas y asintió para sí mismo, enfrentándolo; se equivocó y lo que menos quería era continuar cerca de Tom luego de esas palabras, sentía que lo odiaba con todas sus fuerzas. Aunque…

—¿Por qué desterrarme? —Exigió una explicación más convincente—. No volveré a ir al trabajo si no quieres verme, tampoco trataré de buscarte, ¿entonces por qué? ¿Para qué alejarme de mis amigos, de todo lo que ya he conseguido aquí?

Tom no pudo responder directamente a eso, Bill se percató de eso. No recibió una respuesta más sincera, simplemente escuchó la mitad de lo que pasaba por la cabeza del contrario, y aun así notó que la respuesta era demasiado fácil de deducir:

—Tu sola presencia me impide llevar a cabo mi labor. Traerte aquí ha sido, nuevamente, una imprudencia de mi parte, un error que no puede volver a repetirse —contó firme, siendo absolutamente sincero en ese aspecto—. Me haces cometer demasiadas insensateces, y no puedo seguirlo permitiendo.

«Un error» La etiqueta que Tom le proporcionó segundos atrás se repitió como disco rayado en su cabeza. Sus oídos fueron víctimas de zumbidos e incomodidad. Había escuchado demasiado.

Para Tom seguía siendo un error.

«Un error que no puede volver a repetirse»

«Un error»

Quizá las palabras sólo eran cubiertas de la realidad, pero dolían. No importaba si Tom la sentía reales, seguían doliendo, clavándose como espinas y permanecían enterradas. Desde que conoció a Tom, éste siempre se refirió a él como un error, y que cambiara esa descripción estaba lejos de suceder.

Posterior a ello, incontables minutos cursaron, siendo incómodos. El cielo continuaba ennegrecido, a punto de romperse en miles de pedazos, la lluvia probablemente caería en cualquier momento, quizá esas también serían las lágrimas que Bill derramaría al poco tiempo.

Encogido en su sitio, con la mirada perdida en algún lugar y su atención en otro lado, Bill sintió el cuerpo de Tom acercándose al suyo con parsimonia, dudoso de hacerlo o no, y aunque hubiese duda en sus actos, ahí estaba, aproximándose, con fuerza de voluntad quizá.

La nariz de Tom le rozó el hombro desnudo, inspirando el perfume que seguía expeliéndose de sus poros. El estado emocional de Bill había intensificado su conformación hormonal, consiguiendo que su olor fuese más anhelante, más embriagador y persistente. Intentó cortejarle, deseando tenerle como las veces anteriores.

Su acto fue egoísta y pese a que Bill lo veía de ese modo, no lo alejó. Se tornó rígido y herido, más que tiempo atrás. La humillación podía palparse. Era sencillo: Tom lo desterraría, pero antes le tocaría sin controlar sus deseos carnales. No pensaba acceder, ni siquiera quería tenerlo cerca, por lo que volteó la cara, enfadado, con la humillación a flor de piel.

Tom, al contrario, se aproximó un poco más y buscó su boca. Bill volteó a verlo, lo miró a los ojos y Tom tragó saliva. La mirada de Bill era vacía, brillante y proyectaba una mezcolanza de rabia y tristeza. No vio nada más; había demasiados sentimientos en su interior y su mirada se había vuelto cruda y hueca.

—¿De despedida? —Murmuró descaradamente Bill contra su boca, escaneando su perpleja reacción. Su voz fue dura e irónica, incluso sus labios se torcieron en una sonrisa fingida, repleta de coraje.

Tom no respondió con palabras, simplemente se acercó para cerrar distancia y le besó castamente, sin aquel fuego que conocían. Fue sólo un beso, uno dulce, labios contra labios, apenas sintiéndose. Bill se alejó, rompiendo el contacto y entornó los ojos, con las lágrimas a punto de derramarse.

Sus ojos estaban atiborrados de llanto, tan brillantes que sus pestañas se mojaron de inmediato. Tom quiso tocarlo, sentir el agua mojar sus dedos, sin embargo, Bill no se lo permitió. La mano de Tom fue echada a un lado e insistió pese a ello, sosteniendo una de las manos de Bill.

Entonces lo besó de nueva cuenta, sin dejar de verlo. Bill cerró los ojos, no para fundirse en el beso, sino para no contemplarle. Si esa sería su última vez juntos, le correspondería sin mirarlo, no deseaba recordar su rostro luego de haber sido exiliado. Y, a diferencia de él, Tom abrió más sus ojos, captando cada rincón de su rostro.

Ya lo conocía, pero era inevitable no hacerlo. Le tocaba una mejilla con la mano sobrante, con miedo a hacerle daño, aún inseguro pero sin frenarse. Bill sintió sus labios moverse sobre los suyos y aunque no abrió la boca, se mantuvo estático. Tom lamió sus labios, pidiendo entrar lentamente y para su sorpresa, Bill la entreabrió.

Sus alientos se mezclaron antes de iniciar un beso torpe que fue tornándose demandante. Bill cerró con fuerzas los párpados, iracundo, y correspondió hambriento, tentado a tocarlo, a envolver sus brazos en su cuello y no separarse. Tom gruñó apenas Bill se separó abruptamente, acompañado de un sonido húmedo y brusco. Persiguió su boca, atolondrado y Bill no pudo siquiera abrir los ojos ante ese acto. .

Seguía empeñado en no verle, aunque sentirle era mucho más dañino. Tom soltó su mano y, sofocado, sostuvo su cara con ambas palmas, sembrándole un beso profundo en la boca. Bill correspondió al poco tiempo, al principio conmocionado, golpeando con los puños su pecho, y al final besándolo con vehemencia, aferrándose a su piel.

No fue capaz de detenerse. Esa sería su última vez con Tom. Su última oportunidad para besarlo, para tenerlo completamente para él. Luchó contra su orgullo, contra su humillación, pero el que sólo fuera esa noche, la auténtica para despedirse, lo animó en demasía.

De nuevo sus besos sabrían a miel, endulzarían sus bocas, y sus cuerpos serían uno solo para luego ir por rumbos diferentes, como en un principio.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario. 

por Monnyca16

Escritora del fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!