La laguna azul 20

Fic Twc de novaficacci. Temporada I

Cap 20: Una vida simple

Una semana después de su primera, Bill dormía de espaldas de Tom y este viceversa. El mayor soñaba con su primera vez, pero era algo… diferente. En su sueño, era él quien estaba entre las piernas de su hermano, y solo podía pensar en que se sentía en el cielo.

Despertó sobresaltado, sudaba. Miró su entrepierna, se había venido accidentalmente. Suspiró y miró a su gemelo ¿le dejaría ser el de arriba esta vez? Lo dudaba.

Se levantó y corrió al mar, quería lavarse, no era nada agradable tener aquello corriéndole por las piernas. Se quitó toda prenda y se adentró en el agua de un clavado. Sorpresa se llevó cuando, unos minutos después se hundió otra figura a su lado mientras nadaba. Su virilidad despertó en cuanto vio la piel desnuda de Bill, pues aún tenía el remanente de su sueño.

Bill se acercó con la intención de besarlo, pero el mayor le puso las manos en el pecho.

– Espera… quiero preguntarte algo.

– ¿Qué pasa?

– Bill… ¿qué sientes cuando me penetras?

El menor abrió mucho los ojos, realmente sorprendido.

– Es… como estar en el cielo – dijo.

– ¿No te has preguntado… qué es lo que siento yo? – Bill calló, afirmando su pregunta. – La pregunta es… ¿te gustaría sentirlo?

– Te… refieres a… ¿que yo vaya abajo?

–… Sí

El menor trago y miró al horizonte, bastante confundido.

– Pues… ¿eh? Emm… sí, claro ¿cuándo? – tal vez podría prepararse mentalmente con algunos días.

– Ahora – respondió confiadamente.

– ¿¡Eh!?

– Vamos, Bill, te he dejado que seas tú quien vaya arriba ¿¡no vas a dejarme a mí ni siquiera una vez!?

El menor quedó en silencio, reflexionando.

– Está bien.

Tom sonrió y se acercó, decidido.

– ¡Espera, espera! Primero déjame… que me prepare. Te pido, por favor, que sea rápido.

– Mientras me dejes hacerlo – se encogió de hombros.

Bill suspiró y bajo su mano para introducir un dedo en su entrada. Se quejó, aquello era incomodísimo, pero tenía que hacerlo, aquello tenía que terminar de una manera rápida. Prontamente metió otro dígito y comenzó a acariciarse. Aunque no lo quisiera eso comenzaba a sentirse bien; con la otra mano tomó su miembro y movió ligeramente su mano. Minutos después, y cuando creyó estar completamente listo, miró a su hermano, quien lo miraba con una expresión perdida. Miró hacia abajo y se sorprendió.

– Aún no hago nada y ya estás así – señaló.

– Eres tú el que quería que fuera rápido – se excusó.

– Pero tú eres un impaciente – se quejó. – Vamos, házmelo… rápido.

Ahora lo quería, realmente lo quería. El recordar los gemidos que salían de la garganta de su hermano cuando lo penetraba, le hacían querer probar qué era lo que lo enloquecía tanto. Aunque no sabía bien porqué lo quería, solo lo hacía.

Finalmente Tom se acercó (ya estaban en la orilla) y lo cargó, de modo que sus piernas le rodearan la cintura.

– Deshazte de mi ropa – le dijo, y Bill bajó las manos hasta su cintura, solo para soltarle la prenda escasa, que segundos después lanzó hacia la arena.

Inmediatamente después, Tom colocó su miembro en la entrada y empujó…

– ¡Ah! – Bill gritó y se aferró a la espalda de su gemelo, el dolor le recorrió todo el cuerpo y el agua salada se colaba, haciendo que ardiera. Era tan doloroso que dejó de respirar por un momento ¿Por qué diablos aquello le gustaba a Tom?

El mayor empujó todo lo que podía, y comenzó a moverse. Mientras éste le penetraba, él se hundía en el dolor. Desesperadamente el mayor se sujetó, rasguño su espalda y gritó. Finalmente Tom pareció comprender el mensaje y comenzó a moverse más suavemente. Eso lo mejoró considerablemente, haciéndolo al menos placentero hasta que la relación se terminó y el semen voló de su virilidad.

– Hah… – Tom estaba por correrse, así que salió un momento antes, como lo hacía su hermano y eyaculó afuera.

Bill se separó del cuerpo del otro y se puso de pie. Miró a su hermano, le contempló por un instante y se desplomó sobre el agua. Afortunadamente el mayor logró levantarlo a tiempo de que no respirara nada de agua.

&

Bill abrió los ojos y miró a su alrededor, estaba en la cabaña ¿cómo había llegado ahí? Miró a su lado, Tom se inclinó sobre él, con expresión angustiada.

– ¡Despertaste! ¿Estás bien?

– Tom – le interrumpió – no quiero que volvamos a hacerlo de esta forma… jamás.

Sabía por qué se había desmayado, el dolor le había hecho desmayarse.

– ¿Lo… hice mal?

– ¡No! … pero solo al principio – admitió – Quiero que no volvamos a hacerlo así.

– Está bien, tampoco fue la gran cosa – se encogió de hombros.

– ¿De… verdad? ¿Te gusta más de la otra manera? – no podía dar crédito a lo que escuchaba.

– Sí.

– Pero… ¡duele! ¿Cómo puede gustarte?

El mayor se acercó.

– A mí no me duele, si eres tú quien lo hace – le susurró.

Con esta respuesta Bill sonrió y fue él quien tomó a su hermano por la cintura.

– ¿Quieres hacerlo a mi manera?

No tuvo que esperar respuesta, ambos se echaron sobre el lecho y fue Bill quien llevó las riendas. Concluyendo que dejarían las cosas así como estaban.

&

Dos semanas más pasaron, sin prisas y tranquilamente. Los gemelos llevaban una rutina, aunque no una cansada y aburrida. Siempre, al levantarse, salían a buscar comida, cuando regresaban encontraban una actividad para hacer, nadar, recorrer la isla, bañarse, etc. Después, por la tarde, comían lo que fuera de nuevo, entonces se quedaban en casa, leyendo, o cantando. Ya cuando bajaba el sol era hora de amarse hasta que se quedaran dormidos. Pero claro, a veces, muchas veces, esa rutina era rota por alguno de los dos, que buscaba la compañía del otro. Por ejemplo: si Tom dormía plácidamente sobre la hamaca de hojas de palmera y lianas que habían fabricado hacía algún tiempo, era Bill quien se acercaba sigilosamente, y comenzaba a acariciar con suavidad su piel, desde la pierna, lentamente, hasta llegar a su cuello, donde el mayor despertaba, pero no sobresaltado, ya no, ahora era tan común que cuando por fin abría los ojos, se enfocaba en los de su gemelo, que aunque calmados, sí contaban con una chispa de fuego dentro de ellos, pidiendo intimar.

Otras veces, se quedaban en su «bañera» y lo que empezaba con un «Bañémonos» terminaba en un «Hagámoslo».

Por las noches, cuando ambos leían, cada uno en la esquina de una habitación, se miraban varias veces, con esas sonrisas pícaras, traviesas, enamoradas en sus rostros.

Algunas tardes, iban a jugar a la primera cascada que encontraron. Subían a lo alto, y en trenecito se lanzaban. La cascada hacía de resbaladilla. Esas tardes terminaban, casi siempre, con Tom galopando encima de Bill, en la cuevilla que había detrás de la caída del agua.

La mayoría de veces, era Bill quien pedía la compañía del otro, pero en algún tiempo, fue Tom quien, nadando, se acercaba a su hermano dormido y se hacía presente.

En algunos otros momentos, simplemente el acto surgía. Podían estar en la playa, y la idea venía a sus mentes. Después de hacerlo, simplemente se quedaban ahí, bajo el sol, acariciándose, besándose, o simplemente admirándose, sin ninguna prisa.

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Acababan de bañarse y estaban secándose sobre las rocas, pero las ganas provocadas al ver su piel desnuda pudieron más. Ahora se encontraban hincados, uno frente al otro, besándose, y acariciando el miembro del otro a la vez. Tom se separó y se hundió en el agua hasta la cadera. Bill se sentó sobre las rocas, y sus pies alcanzaron a sumergirse. El mayor se inclinó y comenzó a besar su pecho, y fue bajando poco a poco, hasta que el ya despierto miembro del otro toco su mejilla, entonces se mordió los labios y se lo llevó a la boca. Primero lamió la punta y luego lo tragó por completo.

– Ah… – gimió el menor y colocó la mano sobre la cabeza del otro, enredando los dedos en sus rastas.

El sexo oral era algo que habían descubierto recientemente y que Tom disfrutaba hacer. Estuvo lamiendo la virilidad de su gemelo, hasta hacerlo crecer dentro y hasta que este, por supuesto, le detuvo. Entonces se levantó de su lugar y rodeó la cintura del rastudo, para atraerlo hacía sí, y besarlo.

Sus corazones latían rápidamente, y sus respiraciones se agitaban más con cada segundo que pasaba. Tom jadeo cuando fue puesto de espaldas y tuvo que sostenerse de las rocas donde hacía unos minutos, se encontraba Bill sentado. Dócilmente, abrió las piernas, ansioso.

El menor colocó su miembro en la entrada de su gemelo y empujó. Un escalofrío le recorrió la columna al otro cuando su hermano se deslizó dentro. Bill le tomó de las caderas, y comenzó a moverse. Primero lentamente, luego la velocidad fue aumentando. Tom gimió y llevó una mano a su miembro, para empezar a acariciare.

– Sí…. Ah… – cerró los ojos y se concentró en lo que sentía su cuerpo.

A los diez minutos éste ya no aguantaba el peso con sus manos, y decidió recostarse en las rocas, dándole así mejor acomodo a Bill, quien no desaprovecho la posición y lo penetró con más fuerza. Tom jadeó y se aferró a las piedras, con el ceño fruncido y la boca abierta.

El menor dejó de tomarlo por la cadera, se inclinó y colocó sus manos sobre las del otro. Su pecho rozo con la espalda del rastudo. Así comenzó a moverse de nuevo, con movimientos rápidos y precisos.

– ¡Ah! – Llevó de nuevo su mano a su miembro y comenzó a masturbarse – Ohh… ¡dios! – su respiración se aceleró, al igual que su pulso. – Bill… no puedo… voy a…

Su cuerpo se adelantó a sus deseos y su interior se comprimió, provocando que el menor no pudiera moverse siquiera. Este jadeo y su miembro bombeo semen dentro de su gemelo. Aquel líquido espeso fue placentero para ambos. Para Bill, era mejor porque disfrutaba hasta el último momento. Para Tom lo era porque… ¿Por qué? Ni siquiera él lo sabía, pero algo dentro de sí le decía que así era como debía haber sido siempre.

– Lo- lo hice dentro, lo siento. – exclamó el menor asustado.

– Esta bien… es mejor así – dijo el rastudo sonriendo en cuanto pudo erguirse.

– ¿No es malo? – preguntó.

– No, al menos por ahora, ya veremos después – Tom tomó su mano y lo invito a bañarse, de nuevo – Hay que seguir haciéndolo así, en verdad creo que se siente mejor – apuntó con su excitante voz grave. 

Algo curioso fue que, algún tiempo después de empezar esa nueva manera de intimar, Tom enfermó.

Continúa…

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por novaficacci

Escritora del Fandom

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