
Fic Twc de novaficacci. Temporada I
Cap 21: Enfermo
Todo siguió su curso por dos meses más, pero al pasar ese tiempo, Tom comenzó a sentirse, no enfermo… solo mal. Algunas veces amanecía con mucha hambre, otras veces no quería ni ver la comida, y eso era algo que cada vez se notó más, y empeoró.
El mayor, una tarde, a mediados de febrero, esperaba a Bill en el primer piso de la choza. Estaba comiendo de un cuenco formado por la mitad de un coco. Era una combinación de pescado con crema de coco (que hacían moliendo la piel de la fruta). Y la comía de forma casi desesperada. No había terminado de llevar la cuchara a su boca, cuando ya había vuelto a tomar comida con ella.
El menor bajo las escaleras a sus espaldas y lo abrazó sensualmente, para comenzar a besar su cuello, pero simplemente su hermano lo ignoro.
– Ya deja de comer, estás engordando – le reprimió y le quitó el plato de las manos, para dejarla en uno de los escalones – ¿Vienes a darme calor? – preguntó con una sonrisa. El de rastas lo miró y asintió, aun masticando.
En cuanto su gemelo desapareció, Tom tomó de nuevo el plato y volvió a llevarse la cuchara rebosante a la boca.
Unos minutos más tarde, apenas hubo terminado, subió y se dedicó a mimar un rato a su hermano, antes de dormir. La noche pasó sin contratiempos. Los problemas llegaron por la mañana.
El sol tenía ya un rato de haber despuntado, y el chillido de un ave despertó a Bill. Se talló los ojos y miró a su lado, donde debería de estar su gemelo, pero el espacio se encontraba vacío. Eso era demasiado extraño. Se levantó, repentinamente alarmado y se asomó por la ventana. Lo encontró allá en la roca, de rodillas, vomitando.
– ¡Tom! – gritó preocupado, y bajo lo más rápido que pudo hasta donde estaba el mayor.
– No… no vengas – le pidió, pero el menor lo ignoró y lo ayudó a ponerse en pie.
– Eso te pasa por comer hasta atragantarte – lo regañó.
– No, Bill… sigo volviendo aún si no como nada en todo el día – explicó con expresión atemorizada.
– ¿Te sientes… enfermo? – le preguntó frunciendo el ceño.
– No lo sé – exclamó con fuerza y se tomó las rastas con ambas manos, en un gesto de ansiedad – No me siento enfermo, pero me siento… raro.
– ¿En qué sentido?
– Pues… ah… mira mi cuerpo ¿notas algo raro?
– ¿Estás más gordo? – adivinó riendo.
– Eres un imbécil – respondió de manera seria y brusca, pero sacudió la cabeza y se adelantó unos pasos para tomar las manos de su gemelo – Mira – señaló y llevó sus manos hasta sus pectorales – ¿Sientes algo raro?
– Estas… hinchado…
– ¡Sí! – Vaya… pues… no sé, ¿qué más sientes?
– Por las mañanas siempre tengo nauseas. A veces me da un hambre brutal, y otras veces no quiero nada de comer.
– Eso ya lo he visto.
– También a veces, no sé, siento que me voy a caer de un momento a otro – dijo con incertidumbre.
– ¿Te mareas?
– Sí, eso.
Ambos se quedaron en silencio por unos minutos, hasta que Bill rompió ese silencio.
– Me rindo, no sé qué tengas.
– Como sea – se rindió torciendo la boca – Vámonos, tengo hambre y me he cansado de solo estar aquí de pie hablando contigo – dijo en tono grosero.
Bill puso expresión de no enterarse de nada de lo que le pasaba. Tenía hambre, se sentía cansado ¿y ahora era grosero con él? Iba a decirle algo al respecto pero Tom fue más rápido.
– Vámonos – repitió, pero esta vez con una sonrisa – Y por cierto – añadió con tono seductor – No te he saludado hoy – regresó, con la clara intención de besarle, pero apenas estuvo frente a él, sus ojos se cerraron, y hubiera dado contra el suelo rocoso si Bill no lo hubiera sostenido a tiempo.
– ¡Por Dios, Tom! – Exclamó con algo de esfuerzo por tener que cargarlo en brazos – Estas muy enfermo – dedujo con preocupación.
Lo llevó cargando hasta la cabaña, y ahí lo recostó en un lecho improvisado en la primera planta. No pasaron más de unos minutos antes de que el rastudo despertara. Comenzó a abrir los ojos poco a poco, todo le daba vueltas.
– ¿Bill? – le preguntó al aire mientras se sentaba.
– ¡Tom! – casi gritó con la ansiedad en su voz. Y se acercó apurado, al punto de resbalar un poco.
– ¿Qué me pasó, por qué estoy aquí?
– Te… desmayaste – le dijo.
A la mente de Tom llegó la imagen de él y su gemelo hablando en las rocas, luego nada.
– Ah, sí – respondió distraídamente.
– Dime Tom, y contesta con la verdad – le dijo, serio – ¿Cómo te sientes?
El mayor lo miró a los ojos y de repente la lujuria ardió en ellos.
– ¿Quieres saber cómo me siento? – preguntó tumbando a Bill de espaldas y subiéndose a cuatro patas sobre él – Me siento con ganas de – por un momento, el menor estuvo dispuesto a olvidarse por un momento del asunto, y dejarse llevar, pero el cambio de expresión de su hermano, de uno con el fuego en él, a uno ansioso le quitó las ganas – ¡Tengo que orinar, perdón! – dijo avergonzado, se levantó y salió de la cabaña corriendo.
William se levantó y se llevó las manos al cabello ¡aquello lo iba a volver loco!
&
Toda la semana la pasaron ambos así. Aunque varios de los síntomas fueron desapareciendo, y otros se hicieron presentes. Por ejemplo, aumentó de peso, no fue algo notable, para nada, pero sí lo hizo. Ya casi no tenía nauseas, pero esto solo le produjo más hambre de la que usualmente tenía. La cabeza le dolía mucho algunas veces. Iba a orinar cada media hora. También era frecuente que le ardiera el estómago. Se cansaba muy fácilmente, no era ya extraño que fuera Bill el que saliera por la comida, porque Tom solo quería dormir una tercera parte del día; otra tercera parte la gastaba comiendo y la otra… bueno, esa la pasaba debajo de su hermano casi todas las veces y gimiendo. Pero aun esa tercera parte fue quedándose corta, hasta que el mayor simplemente ya no quería hacer absolutamente nada. Eso pasó la noche en que se cumplían 10 semanas desde que habían comenzado su nueva forma de intimar.
Estaban por irse a dormir, y Tom acariciaba sus rastas de forma ausente. Bill se acercó lentamente y le rodeo con los brazos, mientras empezaba a besar su hombro, pero el mayor lo ignoro e hizo un movimiento para quitarlo de encima. El menor puso los ojos en blanco y negó, para moverse hacia una esquina.
– Lo siento, Bill – dijo sinceramente.
– Es que no permites que me acerque – explicó en tono lastimoso – ¿Qué te pasa Tom, es que ya no me quieres?
– No pienses eso siquiera.
– ¿Entonces por qué no quieres hacerlo? – preguntó con desconfianza.
– Es que ahora me duele, es todo – se encogió de hombros – Cuando pase el dolor volveremos a hacerlo.
– ¿Y cuando va a ser eso? – dijo fastidiado. Aquello de la «enfermedad» de su gemelo, francamente ya le tenía harto. El otro lo miró con enojo y decepción – ¡Es que no entiendo! – Trató de arreglar sus palabras – ¿Por qué te duele? Primero todo aquello y ahora esto.
– ¡No sé! Ya no entiendo nada – se quejó y quedo en silencio. Más luego de unos segundos su rostro se iluminó – ¡Pero si tocas mi estómago lo sentirás!
Bill frunció el ceño y se acercó. Extendió la mano, dudoso, y por fin la poso sobre el vientre de su gemelo, quien se quedó muy quieto. De repente, algo golpeó la palma del menor, desde adentro ¡Su estómago se movía!
– ¿¡Cómo haces eso!? – gritó asustado.
– Yo no hago nada – le explicó y posó sus manos sobre las de su gemelo, en su barriga.
– ¡Ahí está de nuevo! ¿Qué hace que se mueva? – en un momento su rostro rebosaba de desconcierto, y al segundo siguiente la sorpresa lo llenaba.
– ¿Qué sucede?
– ¡Ya sé qué es, Tom! – gritó, pero con una sonrisa en su cara.
– ¿¡Qué!?
– ¡Cómo no me di cuenta antes! – seguía gritando, jubiloso. Se levantó y se paseó por la habitación entera. Tom le miraba en silencio, confundido.
– ¿Recuerdas cuando éramos niños? – preguntó ansioso, y no esperó a que su gemelo contestara – Una de nuestras tías, no recuerdo su nombre en este momento, sufría las mismas cosas que tú – explicó apresuradamente sin dejar de caminar de aquí para allá – Le creció la barriga ¿lo recuerdas? – Tom asintió rápidamente – Y luego nos dejó tocarla ¡Y se movía!
– Sí, pero…
– ¡Entonces es muy fácil saber qué es lo que tienes! – exclamó totalmente sonriente mientras se inclinaba hacia el mayor.
– ¿Y qué es, según tu deducción?
– Tom – sonrió, parecía no caber en sí mismo – es un bebé.
Continúa…
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