Fic Twc de novaficacci. Temporada II
Cap 9: Del crepúsculo al amanecer
Ahora, unos minutos más tarde, los gemelos caminaban de regreso a casa tomados de la mano, mientras David iba algo más adelante con Gordon a cuestas sobre su espalda, sonreía.
– Te tengo otra sorpresa – dijo Bill de pronto, rompiendo la quietud.
– ¿Qué podría ser, además de casarnos?
– Bueno, es algo que no hacemos hace… mucho. Pienso que te gustaría – a Tom le brillaron los ojos ¿podría ser lo que pensaba?
– ¿Y dónde está esa dichosa sorpresa?
El rubio no dijo nada, hasta que estuvieron en el portal de la casa.
– David, quiero que lleves a tu habitación a tu hermano y ya se duerman ¿sí?
– ¿Por qué? – preguntó, con sus inquisitivos ojos. Las ondas de su cabello se movieron con el viento.
– Bueno, tu padre y yo iremos a otra parte de la isla, y nos quedaremos ahí toda la noche, así que quiero que se porten bien ¿de acuerdo? – Tom arqueó las cejas con sorpresa.
El niño asintió enérgicamente y salió corriendo hacia su habitación.
– Así que… la sorpresa no está aquí.
– La primera sí. Te dije que era algo que no hacíamos hace mucho tiempo, y amor mío, nosotros follamos tres veces a la semana – se burló y el mayor bufó.
Bill entró en la casa y muy a su pesar, el otro lo siguió.
– ¿Qué haces? – preguntó Tom cuando encontró a su hermano inclinado y removiendo las cosas que guardaban.
– Busco… esto – dijo irguiéndose. Llevaba algo en las manos – Esto es algo que no veías desde hace mucho, te lo aseguro – dijo y le mostró lo que llevaba. Era la caja de música que Tom había descubierto cuando llegaron a la isla.
De inmediato el moreno la tomó con una expresión de nostalgia y sonrió.
– No veo esto desde que David nació – dijo con tono añorante y le dio cuerda. Del aparato comenzó a salir una hermosa música. Una melodía que les recordaba a ambos tiempos más tranquilos, pero no menos felices. – ¿Esto era la sorpresa? – dijo alzando una ceja.
– Más o menos – dijo en voz baja y se adelantó un paso para tomar la caja de música y dejarla por ahí al lado. Luego miró a Tom y lentamente colocó una mano en su cintura, vacilando todavía, pidiendo permiso con la mirada. Sintiéndose temeroso por primera vez en mucho tiempo. Tratando de recordar aquel día en que comenzó a sentir aquello por Tom. Luego tomó la misma mano del mayor y la hizo colocar en su hombro.
El moreno apoyó la frente sobre el hombro izquierdo del otro mientras lo abrazaba por el cuello. Bill del mismo modo colocó su mejilla sobre el cabello del otro y lo abrazó fuertemente. Comenzaron a balancearse de un lado a otro, como antes lo hacían. Permanecieron así por un tiempo, no supieron cuánto. Así, en silencio.
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– Vaya sorpresa – dijo Tom riendo. – Te amo – se separó un poco y le dio un beso.
– Yo también te amo – dijo el rubio y le respondió el beso cariñosamente – Ahora ¿vamos a nuestra luna de miel?
Tom se carcajeó, separándose.
– Bill, hemos estado teniendo lunas de miel continuas desde que teníamos 17 – se burló por unos segundos, pero luego tomó la mano del mayor y lo miró con intensidad – Vamos, muéstrame qué hiciste – dijo, sonriendo pícaramente.
El rubio lo miró, embobado y lo siguió dócilmente afuera de la cabaña.
Caminaron durante un tiempo, aún tomados de la mano, como era su costumbre. Tom estaba ansioso, pero un tanto preocupado por los niños. David era muy pequeño para cuidar él solo del bebe… pero, pensándolo bien, Gordon ya no era muy pequeño con sus casi tres años cumplidos.
– ¿Por qué hiciste esto, Bill? – preguntó de pronto. – La boda.
– Bueno… me di cuenta de que no estábamos haciendo las cosas de modo correcto.
– Hermano, estamos solos en esta isla ¿No crees que tenemos un derecho de no hacer las cosas bien?
– Ay, Tom…
– Solo bromeo, niña. Se a lo que te refieres – dijo comparando a su gemelo con una chica por lo dramático que podía ser a veces.
– Sí… y esta niña te ha dado lo que quieres siempre que lo quieres – sonrió malévolamente.
Tom le miró con el ceño fruncido y le dio un fuerte golpe en un hombro.
– Ya, tu empezaste, lo siento – dijo el rubio. – Por cierto, hay algo que no te dije… fui de nuevo al norte de la isla…
– ¿¡Qué tú qué!?
– Mira quién es la niña… Sí, fui y me encontré con uno cara a cara.
Para ese momento ambos se habían detenido y el mayor miraba con cara de incredulidad y enojo al otro.
– ¡Genial, Bill! ¡Ahora vendrán a buscarnos! – empujó con hostilidad.
– ¡Que no! ¡Ellos saben de nosotros!
– ¿Cómo?
– Me vio y me mostró que sabía de nosotros, de todos. Tú, yo y los niños. Me sonrió ¡y se fue! ¿No crees que, sabiendo de nosotros ya nos habrían hecho algo? Ellos supieron que estábamos aquí desde que llegamos.
– Entonces… no nos harán nada- dijo, más para sí mismo.
– No.
– Bueno… eso es un alivio – lo miró, tranquilo – ¿Vas a enseñarme eso? – dijo, seductor de nuevo.
– Calla, Tom. Si sigues mirándome así juro que te tomo aquí mismo – el mayor sacó la lengua y sonrió.
– Entonces apurémonos – dijo riendo. Se dio la vuelta y salió corriendo, como le gustaba a veces seducir al otro.
– ¡Oye, no sabes dónde está! – Le gritó sin recibir respuesta – Maldita sea, Tom – corrió tras el mayor.
No corrieron por mucho tiempo. Bill salió de los helechos y observó a un Tom mirando sorprendido lo que él había construido: una muy pequeña palapa donde entraban ambos si se sentaban. Había sábanas por suelo y estaba iluminado simplemente por una lámpara de aceite.
– Vaya, sí que pensaste en todo – dijo Tom encarando al otro.
– Como lo ves, Tom – Bill se acercó y acarició los huesos de la cadera del moreno. – Dime otra vez que me amas – pidió, con un fuego creciente en sus ojos y en sus entrañas.
Un sentimiento cálido le subió a Tom desde el vientre y hasta la garganta. Hacía mucho tiempo que el estar de manera íntima con el rubio no le provocaba tal sentimiento.
– Te amo, Bill – le dijo, mirándolo directamente a los ojos.
El menor suspiró profundamente y una de las manos que mantenía en la cadera del otro, subió hasta su espalda y lo acercó con ímpetu hacía sí mismo, provocando que sus pechos se juntaran y sus narices casi se tocaran. Ambos se miraban con intensidad.
– Yo también te amo – dijo, sonriendo mientras se inclinaba y besaba su hombro desnudo. – Tom – dijo con la voz rasposa – deseo tanto hacerte el amor.
Al moreno un escalofrío le subió por la espalda y enganchó los pulgares en la prenda del otro.
– Sí – susurró sintiendo su pulso acelerarse.
Se miraron por unos segundos, luego Bill se inclinó para que sus labios se encontraran como la primera vez hacía años. Tom subió las manos para posarlas acariciar la espalda entera de su hermano, deseando mostrarle ya lo dificultoso de su respiración y su pulso acelerado. El rubio por su parte dejó de lado los labios del otro para comenzar a besar su cuello y bajó las manos hacía su trasero, anclándose en sus muslos para alzarlo un segundo después. El mayor se sujetó de inmediato con ambas piernas y rodeó el cuello de Bill de nuevo con los brazos, hundiendo los dedos en el rubio cabello del menor, disfrutando del sexy acto que comete su gemelo contra su cuello y lóbulo. Mientras cierra los ojos con fuerza, concentrándose sólo en las caricias que recibe, apenas se da cuenta de que Bill se había hincado para entrar al lecho. Solo se percató del hecho cuando sintió la suave tela contra su espalda.
– Oye, es-espera – dijo Tom de pronto.
– ¿Qué pasa? – el rubio le miró con sorpresa.
– Déjame hacerlo – anunció realmente sonrojado.
– ¿A qué te refieres? – respondió un poco cortado.
– Siempre… eres tú el que me provoca… Déjame provocarte yo a ti.
Bill abrió mucho los ojos por las palabras de su hermano, pero sonrió, sabiendo a qué se refería. Se tumbó a un lado mientras el moreno se sentaba.
– Vale – dijo mirándolo – a ver qué puedes hacer.
– Ya verás – le respondió, sintiéndose retado.
Tom se colocó encima del rubio, con ambas piernas rodeando su cadera. Lo miró desde esa posición, sonriendo pícaramente. Lentamente bajó su rostro para besar su cuello mientras su mano iba hacia abajo, acariciando su abdomen. Bill se sacudió.
– Hah…
Con esa pequeña reacción antes sus actos, todo el cuerpo del mayor se tensó y le dio más confianza, después de todo él era el mayor. Lamió desde el hueco entre sus clavículas hasta su barbilla y de regreso hacia su pecho. Su corazón latía muy rápido, jamás se había hallado en tal posición con Bill. Se encontraba nervioso, más nervioso que si el menor le hubiera estado haciendo aquello a él. No sabía bien cómo hacerlo y sin embargo quería ayudarle a Bill todo lo que pudiera para que su cuerpo reaccionara rápido. Volvió a besar su pecho y poso su mano sobre su creciente erección, Bill se tensó con las caricias.
En cuanto a Tom se la pasó la idea de hacerle una felación, el rubio tuvo otros planes. En un instante las manos tomaron al mayor por los brazos y lo volvió hacia abajo rápidamente, cambiando los papeles en un segundo.
–Lo siento… – dijo – pero me ganó el impulso. – Miró por debajo de su ombligo y chifló – Está totalmente despierto – dijo a modo de cumplido.
Tom se sonrojó más de lo que ya estaba y dejó que Bill le quitara aquella prenda superior mientras lo besaba. Luego comenzó a desatar el taparrabos, impaciente como siempre. Sin dejar de besarlo, el rubio internó las manos dentro de la prenda inferior, acariciando sus muslos y lo que no eran sus muslos.
– ¿Bill? – preguntó cuando por fin su taparrabos fue a parar hasta sus tobillos y el rubio besaba su abdomen, bajando cada vez más. – ¡Bill…!
No pudo hacer nada, por mucho que aquello le pareciera raro. El menor metió la punta de su miembro en su boca y comenzó a lamerlo. Tom se deshizo entre espasmos y gemidos que por una vez en mucho tiempo no tenía que contener.
Lo lamió ligeramente pero luego lo recibió entero. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal cuando la punta tocó la garganta del otro, que reprimió las ganas de volver. De repente le pareció que no podía respirar, aunque en realidad lo hacía entrecortadamente.
– ¡Aah! – jamás había sentido aquello, e inconscientemente sus caderas comenzaron a temblar y a sacudirse, buscando más espacio en la boca de Bill, que acariciaba la base del miembro de Tom y un poco más abajo, llegando a aquellos redondos. – ¡Dios! – gimió.
Aquello era jodidamente bueno. Podía escuchar los sonidos húmedos que hacía el menor al sacar y meter su miembro repetidas veces.
– Bill – el rubio paró y lo miró fijamente.
– Eso es lo que siento yo cuando me lo haces a mí – dijo y continuó con su trabajo.
– Re-retrae un poco más los dientes – le recomendó el mayor y el otro obedeció de inmediato, lamiendo la saliva y el pre-semen. – ¡Aaah!
En medio de los espasmos de su cadera, Bill tomó las piernas de Tom y las colocó sobre sus hombros, sin dejar de lamer y utilizar la saliva y el pre corrimiento como lubricante. Dos de sus dedos, empapados por la viscosa sustancia se internaron sin mucho esfuerzo en el cuerpo del mayor, que jadeo y sacudió las caderas en busca de más contacto.
– ¡Hah!… Aaahh
Mientras succionaba fuertemente, Bill metía y sacaba sus dedos suavemente, tocando algo dentro de su cuerpo cuando los curveaba un poco. Lentamente el placer comenzó a crecer para Tom, que jadeaba y gemía quedamente mientras se sujetaba con fuerza de las sábanas sobre las que yacía. No estaba lejos de alcanzar el orgasmo.
– Bill… estoy ce-cerca.
El rubio sólo lo miro y movió su cabeza y dedos más rápido que antes. No le importaba mucho venirse en la boca del otro, pues Bill se había corrido más de una vez en su boca.
– ¡¡Aahh!! – gritó cuando alcanzó el éxtasis, jalando el cabello rubio de su amante, que se alejó en cuando Tom dejó de correrse y bajó las piernas de sus hombros.
El moreno miró a su gemelo, su semen le escurría por las comisuras de los labios y bajaban por su barbilla. Bill tragó aquello ante la mirada de susto de su hermano mientras con sus dedos tomaba los restos y los lamía también.
– ¡No hagas eso!
– Por favor, Tom. No es como si tú no lo hubieras hecho antes también… Sabes bien – dijo como si nada.
– ¡Eres un estúpido! – dijo Tom, agarrando al otro del rostro con ambas manos, intentando parecer enojado. Pero súbitamente uso ese agarre para atraerlo hacía sí y estampar sus labios con deseo y una vez más, atrapar su cuello entre sus brazos.
Bill, sorprendido, siguió el beso y aceptó la invitación del otro a acostarse sobre su cuerpo. En un instante se vio bien recibido entre las piernas del mayor y este pudo ver que lo acontecido había excitado mucho al rubio, que se alejó en ese momento unos segundos para quitarse la prenda que aún llevaba y que le estorbaba de sobre manera.
– Ya quiero estar dentro de ti – le susurró y otro escalofrío placentero le corrió por la espina al mayor. La voz del rubio estaba cargada de pasión, deseo y lujuria.
Tom no dijo nada, pero se dejó mover fácilmente cuando Bill lo indujo a darle la espalda y quedar a cuatro patas viendo hacia el mar. Mordió sus labios y separó las piernas, ansioso también.
– Tom… – jadeó y el moreno puede sentir la caliente punta del miembro del rubio en su entrada, rozándola.
Mientras besaba su espalda, Bill fue entrando sin dificultad, el mayor arqueó la espalda, hasta que entró hasta la base. Después se estiró para unir sus manos con las de su gemelo y su barba recortada le hizo cosquillas al moreno en su hombro.
– Hazlo… – dijo el mayor en un jadeo ahogado, tratando de respirar de nuevo, pero Bill notó que Tom no estaba duro a causa del anterior orgasmo, y antes de mover sus caderas decidió primero acariciar el miembro de su amante. – ¡Ngh! – suspiro mientras sintió más besos por sobre su espalda y la piel desnuda del rubio contra la suya.
Las piernas de Tom temblaban, expectantes y en pocos minutos estuvo duro de nuevo, duro y deseoso.
– Bi… ¿¡…!? – justo cuando iba a pedirle que se moviera, Bill rodeó su cintura con un brazo y lo atrajo hacía sí mismo, dando la primera estocada – ¡Ahh! ¡B-Bill! – luego de eso comenzó a salir y entrar rítmicamente.
– Haah… Tom – jadeó y mordió levemente uno de sus hombros antes de que su lengua comenzara a jugar con su oreja.
Los músculos de Tom en la zona de los hombros se tensaron por la fuerte sensación placentera de las cosquillas. Su miembro y su interior reaccionaron en respuesta.
Bill se irguió y comenzó a penetrarlo de esa forma, hincado mientras su mano iba hasta el cabello aún atado del mayor, aunque despeinado. Sin decir nada tomó fuertemente el pedazo de tela que mantenía el cabello del moreno en un chongo y de bruscamente dio un tirón hacia un lado, logrando que su cabello revoloteara por un instante y luego cayera, lacio, por sus hombros para que se meciera ahí por las fuertes embestidas. El rubio sonrió con malicia y con la misma mano tomó el castaño cabello entre sus dedos, dándoles unas vueltas para afirmar el agarre y tiró de él, moviéndose con más fuerza, profundizando en el cuerpo de Tom.
– ¡¡Aahh!! ¡¡Bill!! – gritó por el brusco agarre que le provocó pequeños espasmos de placer. Sus dedos se hundieron en la arena. Sus pulmones buscaron aire desesperadamente durante los minutos eternos que aquello duró. – ¡Espera! – pidió tiempo y el otro deshizo el agarre que mantenía. Las estocadas también se detuvieron.
– ¿¡Te lastime!? ¡Lo siento! No quería…
– No es eso… – dijo con la voz agotada por la rudeza que Bill nunca antes había demostrado a la vez que se dio la vuelta – Túmbate.
– ¿Qué?
Tom no dijo más, pero le propinó un fuerte empujón que lo mandó de espaldas. Luego, ignorando la expresión confundida de su gemelo se subió encima y sin más explicación que sus mismos actos, tomó con una mano el pene de Bill y se alzó sobre sus rodillas para hacer espacio. El otro, comprendiendo lo que intenta hacer, lo tomó por la cintura para darle apoyo mientras se deleitó viendo al otro auto-penetrarse.
– ¡Ah-ahh…! – gimió el mayor cuando esta todo dentro. Luego se apoyó con ambas manos en el pecho de Bill y con una sonrisa traviesa comenzó a subir y a bajar sin más ayuda que sus rodillas y manos.
Mientras tanto Bill comenzó a sacudir el miembro del mayor con una mano, la otra la colocó en su pectoral y jugueteó con uno de sus duros pezones. Tom cerró los ojos y se concentró en la increíblemente placentera sensación del miembro duro y caliente de Bill contra su próstata y sus paredes interiores.
El moreno lo sintió de sobre manera, aunque estuviera penetrándose el mismo, tuvo ese extraño sentimiento de no poder respirar en respuesta a sus jadeos continuos. Su visión se empañó con lágrimas de placer.
– ¡Hah! ¡Haah!
Después de un tiempo en esa posición, y con sus cuerpos sudados Tom se detuvo y miró a Bill, rogando con la mirada que fuera él quien continuara. Ambos jadearon, sus hombros se movían arriba y abajo. El rubio sujetó al moreno por la cintura de nuevo y rodó hacia un lado, colocándolo debajo de sí, sin romper la penetración.
– Bill… – murmulló suavemente y acarició su rasposa barbilla antes de sujetarlo por el cuello otra vez.
Mientras tanto el rubio lo rodeó con fuerza con ambos brazos y a la vez que lamía el hueco de su cuello, empezó a moverse con rapidez. Las miradas de sus ojos color chocolate y miel se encontraron, así como sus labios, en una danza desesperada. Bill se concentró solamente en golpear ahí donde Tom explota y este le mordió el labio inferior en respuesta.
Más lágrimas de placer inundaron los ojos del mayor. Las sensaciones que lo embargaban eran muy intensas y extraordinarias: el pene de Bill llenándolo profundamente, su próstata siendo presionada constantemente, la punta de su miembro estimulada por el abdomen del rubio y sus pezones rozándose con los del otro al igual que toda su desnuda piel.
– Hahh… ¡Aahh! – Las penetraciones de Bill de repente se tornaron aún más profundas y enérgicas – ¡Joder! ¡M-más…! – gritó con la zurda rasguñando la espalda del menor y la diestra enredándose en su cabello.
– ¡Ah! Hah… ¡Tom!
Ambos estaban casi en su límite. Bill hundió el rostro en el cuello del mayor para besarlo y morderlo mientras Tom jadeaba y gemía con ímpetu.
– ¡Bill! ¡Ah!… Voy a… ¡Aahh! Voy-voy a…
Con un fuerte escalofrío recorriéndoles la columna, ambos gritaron fuertemente y alcanzaron el clímax. Bill luchó por salir del cuerpo del mayor, pero las contracciones del orgasmo de Tom habían estrechado sus entrañas, haciendo casi imposible salir sin correrse… pero el rubio, aguantando a lo burro logró salir y eyacular entre sus muslos y por todo su pecho. Las gotitas blancas se esparcieron por el cuerpo de Tom, y se mesclaron con su propio semen. Luego, Bill se tumbó de lado, tratando de recuperar la respiración al igual que su gemelo.
– Joder, te amo… – dijo Tom mordiéndose un labio cuando recuperó el aliento. – Rico – dijo y Bill soltó una risilla por esa expresión de su hermano. Luego estiró sus brazos y lo abrazó fuertemente.
– Te amo… Jamás me habías montado con tanto ímpetu – se burló y el mayor lo miró.
– Tonto… ¿Por qué nunca antes había visto ese lado realmente dominante de ti? – dijo vacilando un poco, recordando que el fuerte y doloroso agarre no le había desagradado del todo…
– No pensé que te gustara – movió los hombros con indiferencia.
– Bueno, ahora que sabes que me gusta deseo verlo más seguido – le dijo sin verlo. Bill sonrió y no dijo nada más.
Cerraron los ojos buscando dormir un poco y recargar energía. Después de todo era su luna de miel.
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Bill despertó y se percató de que Tom no estaba ahí a su lado. Un ruido lo alertó de la presencia del otro más adelante, fuera del lecho. En cuanto lo miró la sorpresa lo invadió y se quedó embobado.
Tom estaba dándole la espalda, estaba desnudo y estaba hasta los muslos dentro del mar. La luna brillaba y daba luz suficiente como para que el menor pudiera observar fácilmente la figura ahí de pie.
Bill mordió su labio inferior, hinchado todavía por una mordida del mayor. Viendo a su amante ahí en esa pose tan sexy, con las manos lavando su cabello… le entraban ganas de hacerlo de nuevo. Se levantó y camino lo más en silencio que pudo; ya no con la pasión quemando sus venas, sino con el puro sentimiento de querer intimar con su pareja; se internó con suavidad en el agua hasta que llegó a donde estaba Tom, a quien rodeó con los brazos y de inmediato comenzó a estimular sus pezones mientras besaba su cuello, que ya de por si estaba cubierto de marcas rojas que tardarían días en desaparecer.
– Así que despertaste – dijo Tom sonriendo y colocando las manos sobre las del otro.
– No, soy un fantasma – dijo con sarcasmo viendo como el mayor se volvía y lo encaraba, solo para rodear su cuello como ya era costumbre y dejar que Bill lo alzara en vilo de nuevo. Tom pudo sentir detrás de sí como la erección del otro crecía poco a poco. – Hoy has estado demasiado dócil ¿no te parece?
– Por ahora… Es mi regalo de bodas y quiero el mío a cambio… – amenazó. – ¿Vas a… hacérmelo de nuevo?
– Sí, y será mi regalo de bodas – dijo y atrapó sus labios, comenzando el juego entre sus lenguas.
Después de un rato ambos se hallaban de nuevo en el lecho, Bill sobre Tom, riendo, tomándose las cosas con calma, pero interrumpiendo aquella risa suave por gemidos y jadeos cuando Bill se movía. Esta vez sólo se mantuvieron en esa posición y no buscaron más aquel lado demasiado sumiso de Tom ni el lado demasiado dominante de Bill. Simplemente lo hicieron, disfrutaron del cuerpo y la compañía del otro, de volverse uno solo otra vez.
– Bill… ¡Aaahh!
– ¡Joder, Tom…!
Jadearon, corriéndose sobre el otro. Bill apoyó la frente en el pecho del mayor, quien rodeo su cabeza y comenzó a acariciar su cabello.
– Tom… recuérdame que salga de tu cuerpo un tanto antes de corrernos. Si no te preñé con eso de la luna llena, un día de estos no voy a poder salir de tu cuerpo y entonces sí que tendremos un problema – el mayor solo rio y asintió, saliendo de debajo de Bill.
– Pesas y además tengo hambre. A ver qué encuentro – hizo amago de levantarse.
– Tengo comida ahí – señaló el fondo del lugar.
– Pero puedes ir a lavarte de nuevo.
– Vaya, ahí te he visto inteligente – le dijo sonriendo. – Y no. Probablemente lo hagamos otra vez, y ambos sabemos que de los dos soy yo el que queda cubierto no solo de sudor, sino del semen de ambos, así que paso de lavarme ya – Bill comenzó a carcajearse por lo dicho.
– Bueno, en eso tienes razón, a menos que estés tú arriba montándome – Tom torció los labios.
– De todas maneras debo orinar – se hincó y se puso en pie.
Bill dejó de mirarlo y se estiró para alcanzar alguna fruta que pudiera pelarse, pero de inmediato escuchó un golpe seco y volvió la vista rápidamente. Tom se hallaba ahí a dos metros de rodillas con expresión sorprendida e incrédula.
– Tom ¿¡qué…!?
– Nada – dijo ipsofacto y se puso en pie de nuevo, dio dos pasos y volvió a caer de nuevo, esta vez de frente y se hubiera dado un gran golpe si no hubiera metido las manos. Miró sus piernas con expresión enojada y con impotencia.
– ¿Qué pasa? – repitió Bill y fue hasta su lado. Tom logró apoyarse y sentarse. – ¡No me digas que te duele!
– No es eso… es… – miró a otro lado – Bueno, sí me duele, pero… no me responden. Es como si el orgasmo aún estuviera presente, las siento débiles.
Bill lo miró preocupado, pero su expresión comenzó a cambiar por una que trataba de contener una sonrisa, y cuando vio la cara de enfado de su hermano comenzó a carcajearse vivamente. Tom no dijo nada, pero supo qué quería de regalo de bodas.
– Perdón Tom, perdón. Es que se me hace súper extraño que haya sucedido esto. Jamás te había pasado eso, ni siquiera en nuestros inicios.
– ¡Ya cállate y ayúdame!
Bill se rio unos segundos más y lo tomó en brazos para acercarlo de nuevo al lecho. Ahí Tom le dio la espalda y el rubio, sonriendo por esa reacción se acercó y lo abrazó. Al principio el mayor lo ignoro, pero unos minutos después tomó las manos del menor, entrelazando sus dedos y acortó la poca distancia que los separaba. Bill pudo olfatear el agradable olor que despedía el cabello del otro y esnifó con profundidad, antes de inclinarse y dejar un tierno beso en uno de sus hombros.
– Tom, te amo – dijo y procuró dormirse.
–…También te amo, Bill – recibió una respuesta que no esperaba. Sonrió y enterrando el rostro en el cabello del mayor, se durmió. Tom le siguió unos momentos después, no antes de que planeara su venganza para el día siguiente.
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– Tom, es hora de despertar, – dijo Bill acariciándole la frente al acomodar un mechón suelto tras su oreja – casi amanece y debemos volver a vigilar a los niños.
El mayor balbuceó algunas cosas ininteligibles y se sentó, frotándose los ojos, bostezó y miró a los lados buscando.
– ¿Qué quieres?
– Tengo hambre – ya que lo recordaba, la noche anterior no había comido nada.
Bill le señaló una esquina y cuando el moreno se hizo con algunos plátanos, el rubio lo acompañó en su desayuno. Luego se pusieron en pie y, después de buscar sin éxito sus prendas de vestir, salieron rumbo a la casa, con la noche aún reinando.
El menor iba algo adelante, tan solo unos pasos, buscando el camino de regreso.
– ¿Cómo están tus piernas? – preguntó de repente sin dejar de caminar.
– Pues obviamente mejor – dijo con sarcasmo y escuchó una risilla.
No dijo nada más, pero unos segundos después extendió una mano con rapidez, tomando de un hombro a Bill para volverlo y plantarle un beso que denotaba urgencia. El rubio lo miró sorprendido, pero continuó el gesto, acariciando la piel desnuda de su gemelo.
Sus cuerpos comenzaron a reaccionar por tercera vez en algunas horas. Ambos chocaban sus labios ansiosamente y sus lenguas peleaban dentro. Bill le abrazó con fuerza por la espalda y Tom aprovechó aquella distracción para tomarlo por la cintura y pegarlo más a él, dominando la situación por unos minutos. El rubio lució confundido, pero se dejó hacer, dejó que fuera el moreno quien dominara el beso y acariciara su piel, después de todo no llegaría a más que eso, ¿verdad? Le sorprendió la fuerza que Tom implicó en el agarre cuando quiso cambiar los papeles.
– ¿¡Tom, qué…!?
La espalda del rubio fue a dar contra la corteza suave de un retoño de palmera producto de la fuerza del mayor. Sus ojos se cerraron un segundo por el impacto, luego miró la expresión de su gemelo, encendida y decidida a hacer algo… Su mirada era más intensa de lo habitual, más seria, como queriendo ganar fuerzas para algo. Bill jadeó por el sentimiento que le trasmitía esa mirada y por la intención que veía clara en los ojos del otro.
– Mierda – fue lo único que alcanzó a decir antes de que sus labios se encontraran de nuevo y una parte de su razón se fuera al objetivo de su última palabra.
Después de besarse por un rato, Tom separó sus labios y mordió la barbilla del menor, antes de que sus manos comenzaran a pasearse por el cuerpo de este.
– Esta es mi venganza – le susurró con la voz ronca. Bill abrió con pánico los ojos y antes de que pudiera resistirse, el moreno le dio la vuelta y lo pegó a su pecho de modo que no pudiera escapar.
– ¡Tom! – exclamó enojado y se debatió sin éxito.
El mayor ignoro su burdo intento de alejarse y comenzó a acariciar su pecho desde atrás, mientras besaba sensualmente su cuello.
– ¡Ah! – gimió el menor. Aquello no le agradaba del todo, en cuanto a su mente y orgullo se referían. Pero su cuerpo reaccionó solo a las caricias. Su corazón comenzó a latir rápido y su respiración se aceleró. – ¡Tom! – volvió a replicar.
– Prometo que esta vez no te dolerá – dijo sin interrumpir sus movimientos.
Bill trató de empujar sus brazos lejos cuando los dedos del moreno subieron a sus pezones y comenzaron a jugar con ellos. Un largo escalofrío le subió por la columna aunque no quisiera admitirlo, y soltó un profundo suspiro. Su erección, ya de por si hinchada se alzó vigorosamente con ese gesto. Tom comenzó a lamer su lóbulo mientras una de sus manos viajaba de inmediato al sur para atender aquella cuestión.
– ¡Para, Tom! – suplicó, < ¡Realmente está pasando esto! > pensó con emociones encontradas. Jadeó.
– No – recibió secamente como respuesta a la vez que la mano del otro sacudía con fuerza su hombría.
– ¡Estúpido! – exclamó, tratando de bajar su voz lo más que podía.
– Yo no te digo eso cuando me penetras, Bill. Yo solo deseo hacerte el amor. No voy a parar por mucho que me ofendas – dijo y rio bajito antes de morder su oído y bajar dando húmedos besos por todo su hombro, y restregándose contra su cuerpo, haciéndole notar su dura erección.
– ¡Eso… eso hace cosquillas! – gritó, enojado.
– ¿Eso es todo lo que hace? – se burló de nuevo y chupó con rapidez dos de sus dedos.
– ¡No! – Trató de escabullirse en vano ya, pero un movimiento suave y firme contra su pene lo hizo detenerse – ¡Aah! ¡Es-pe…ra! – Su respiración se tornó incontrolable mientras su cadera temblaba.
Sintió como perdía de todas, todas ante el mayor. Era muy vergonzoso. Mordió sus labios, tratando de calmarse, pero no podía mentirse más. Su cuerpo reaccionaba a las caricias de Tom y su mente poco a poco perdía la cordura.
En un último intento por recuperar el control, Bill tomó aire y preparó un ágil movimiento para cambiar las posiciones.
– ¿¡Eh!? – gritó justo antes de volverse con fuerza.
Los dedos ensalivados de Tom habían bajado con rapidez hasta su trasero y ahora uno se hallaba internándose en su interior.
– ¡Tom, NO! ¡Espera! – Los dedos del mayor presionaron la punta del miembro de Bill, «acallándolo» al instante – ¡Aa-ahh! – gimió entrecortadamente al sentir aquel único dedo rozar algo dentro de su cuerpo que provocaba que un poco de pre-semen saliera de la punta de su pene.
– Te ves demasiado sexy así, Bill – le susurró el otro con confianza e internó otro dedo.
– ¡Idio…ta! ¡Au! – tener esos dos dedos dentro de sí era de alguna manera doloroso y placentero a la vez, aunque el placer aún no lograba ganarle a su rival.
– Si te relajas no te dolerá… experiencia propia – le dijo suavemente, tratando de calmarlo.
Bill apretó los dientes con rabia, aquello le había enojado tanto que hubiera sido capaz de darle un puñetazo bien fuerte… pero otro roce en aquella zona lo desarmó por completo.
– Aquí… – susurró Tom para sí mismo y se dispuso a acariciar solamente esa parte.
Bill comenzó a jadear arrítmicamente mientras cerraba los ojos con fuerza. Jamás pensó que ser el pasivo fuera tan placentero. No se comparaba en nada con aquella primera vez. Calambrazos de placer de recorrían la espina continuamente cuando los invasores dedos de Tom lo acariciaban ahí. Finalmente, y con un prologado gemido llevó las manos hacia atrás, enrollándolas como pudo en el cuello del otro y dejándose llevar por las sensaciones nuevas.
El moreno se toma su tiempo en preparar adecuadamente a Bill, tanto, que cuando por fin saca sus dedos y abandona su erección, las rodillas del rubio temblaban mientras presiona sus labios juntos tragándose violentas respiraciones.
– Voltéate – dijo Tom y lo volvió contra la palmera. El rubio se sujetó con fuerza, preparándose mentalmente.
Bill sintió una serie de vagos besos sobre su espalda que le provocaban cosquillas debido a la crecida barba del mayor. Su cuerpo se sacudió por la sensación y de inmediato notó algo duro y caliente rozándole el trasero.
– Arquea la espalda… – le dijo con la voz reprimida. El rubio hizo caso e inhaló profundamente. Tom tomó su cintura con la zurda y apoyó la diestra en su espalda mientras colocaba la punta sobre la entrada del menor. De un momento a otro, su duro pene comenzó a entrar…
– ¡Mgh! ¡Au, au! – se quejó. Sí que seguía doliendo, pero ya no tanto como recordaba. Comenzó a meterlo suavemente, más cuando estuvo por la mitad, de un solo movimiento acelerado terminó por internarse – ¡¡Aahh!! – gritó con fuerza. Sus uñas se hundieron en la suave y verde corteza. Su respiración se aceleró a tal punto que no llenaba si siquiera los pulmones.
– Bill, relájate… Lo siento. Iba a dolerte más si lo hacía lento.
– ¡Joder, sí, claro que sí! – gritó exasperado en tono sarcástico, apretando los dientes, tratando de relajarse a pesar del enfado ¿cuándo había entrado él así en el cuerpo de su gemelo?
Tom miró aquel gesto del rubio y rodeó su erección con su palma de nuevo, subiendo y bajando.
– ¡Ahh! – el cuerpo de Bill se tensó por un momento debido a la sorpresa, pero luego se relajó considerablemente, dejando que el moreno lo masturbara sin mover la cadera. No tomó más que unos minutos antes de que Tom se moviera y el cuerpo del menor lo aceptara totalmente.
– ¡Eres… muy estre-cho! – anunció el mayor pegando su sudorosa frente a la piel del otro entre los omóplatos. Jadeo – ¿Mejor?
Bill solo asintió y arqueó más la espalda. Entonces Tom se irguió y colocando las manos firmemente sobre la cintura del menor, comenzó a moverse, observando cómo el cuerpo ajeno lo recibía con alegría cuando profundizaba y luego lo dejaba salir.
La respiración del rubio se tornó rasposa al principio, pero luego se llenó con algunos gemidos altos y agudos, y suspiros graves y reprimidos.
– Hah… hah ¡Ahh! – el placer subió desde la cadera del menor hasta su cuello, incitándole a más. Sensación que se intensificaba cuando al entrar Tom rozaba algo que le hacía ver las estrellas. Ahora entendía perfectamente porque el otro gritaba como animal herido la noche anterior, y porque le costaba tanto contener sus gemidos cuando lo hacían cerca de la casa.
Escuchando los gemidos roncos de su gemelo, Tom aumentó el ritmo de sus embestidas al mismo tiempo que su pene reaccionaba creciendo otro poco más dentro, y calentándose si es que era posible.
– ¡Ugh… Bill!
– ¡T-Tom! – exclamó con fuerza.
– ¿Duele? – preguntó, preocupado.
– ¡No! Adentro… – fue lo único que dijo.
De repente, Tom comenzó a internarse aún más fuerte en el cuerpo del rubio y más rápidamente también. Bill comenzó a hiperventilar y a gemir incontrolablemente.
– ¡Joder! Sí… no lo hagas tan… ¡Mgh! – las palabras quedaron atascadas en su garganta.
Y el moreno no paró, sólo aumento la velocidad con la que masturbaba al otro. Dejó de tomarlo de la cadera y agarró su barbilla, volviéndola bruscamente para besar sus labios, para devorarlos, para morderlos casi con violencia, y para que sus lenguas hicieran contacto dentro y fuera de sus bocas. Ambos gimieron contra los labios del otro, acallándose mutuamente. No faltaba mucho…
Tom dejó de besar a Bill y se concentró en besar toda piel desnuda de la espalda, que encontró, mientras extendía una mano, como el rubio había hecho con él, y entrelazó sus dedos.
Eso enterneció el corazón del rubio. Realmente no le molestaría más cambiar los roles en un futuro. Lo amaba, y Tom lo amaba a él. Tenían dos niños encantadores ¿qué más se podía?
Sus miradas conectaron en un momento dado y se perdieron en los ojos idénticos del otro, transmitiendo todo lo que sentían en esa mirada. De pronto el mayor sonrió ligeramente.
– Tanto negarte…
Bill sonrió también y negó casi sin fuerza ya.
– Te amo… – le dijo.
– Te amo… – recibió por respuesta.
Tom continuó penetrándole de nuevo y el rubio se hundió en el placer que estar de esa forma con su amante le provocaba.
– ¡Hah! ¡Aaahh! – con un fuerte grito, Bill se corre, olvidándose de que el otro aún sigue en su interior. Cierra los ojos y visita el cielo.
– ¡Maldita sea! – alcanzó a escuchar, como entre sueños.
Un segundo después abrió los ojos. Su frente estaba apoyada contra la palmera. Estaba de rodillas y no sentía más el miembro de Tom dentro de su cuerpo.
– Lo… ¿lo hiciste fuera? – preguntó, embobado aún por el orgasmo.
– No…
De inmediato se irguió con pánico al escuchar esa respuesta y mira hacia su espalda. Antes de percatarse de las blancas perlas que adornan su espalda oyó la carcajada de Tom, que le miraba sentado con las manos apoyadas tras su espalda.
– Eres un imbécil – le dijo y se dio la vuelta. – Esperaré un poco cariño, porque ahora te toca a ti y ¿adivina qué? Deseo un hijo más – amenazó seriamente y la expresión del mayor le dijo que sí que se lo había creído. Se carcajeó y Tom frunció el ceño. – Eres un buen activo, Tom – le dijo sonriéndole traviesamente. El mayor le regresó su sonrisa seductora, olvidando la farsa de Bill.
– Aprendí del mejor.
El rubio se rio y gateó hasta su lado, donde lo tomó de la barbilla y lo beso sin prisa.
– Vamos a llegar tarde con los niños – dijo Tom suspirando y con los ojos cerrados aún. Bill miró el cielo, que ciertamente ya clareaba.
– Tienes razón. Vámonos – se puso en pie y le ofreció una mano al otro, que la aceptó y se levantó también.
– Me dejarás… ya sabes… ¿Me dejarás volverlo a repetir? – preguntó mirando hacia otro lado.
– Claro, claro. Siempre y cuando no me tomes por sorpresa – le reprochó.
Ambos rieron y se apresuraron a llegar a la playa con sus hijos. Jamás podrían haberse imaginado que el siguiente día sucedería algo que ninguno de los dos esperaba…
Continúa…
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