Regreso a la laguna azul 15

Fic Twc de novaficacci. Temporada II

Cap 15: Promesa rota

Después de haber descansado un rato Tom se había visto obligado a regresar a casa y cuidar de los niños. Al caer la noche Bill había invitado a Vanessa a la cabaña, ella había aceptado gustosa. Tom había dormido a David. Gordon no había aceptado dormir y el moreno lo llevó en brazos.

Mientras tanto, Vanessa y Bill entraron a la cabaña. Ella soltó la mano del rubio (así iban) y fue hasta el espejo del «tocador».

– Bill, ¿crees que me he puesto demasiado colorete? – se volvió y le sonrió, mirándolo a los ojos.

– No, creo que estás hermosa – le respondió con una sonrisa ladeada, mientras su mirada estaba perdida en la de ella.

– Gracias, amable caballero – su sonrisa resplandeció una vez más mientras se acomodaba el cabello detrás del oído. Apoyó una mano sobre el pecho de este y comenzó a acercarse. Bill se quedó quiero y borró la sonrisa. Ella iba a besarlo… y él no haría nada.

– ¡Gordon no quería dormir! – Entró Tom y se detuvo al verlos a ambos, separándose rápidamente – ¡Oh! … No pensé que aun estuvieras aquí.

– Sí… estaba diciéndole a Bill que se ve… que ambos se ven muy guapos con su nueva ropa – explicó antes de que el rubio pudiera decir algo. – Ahora estás aquí, sin nada que hacer, como de costumbre – añadió confiadamente.

– ¿Nada? – Le respondió el moreno, torciendo los labios por un segundo – Hacer dormir a mi hijo es algo que tengo que hacer. Además, siempre hay algo que hacer… ¡Podemos salir a contar las estrellas! – le dijo a Bill, lanzándole la indirecta para que ella se fuera.

– ¿¡Eso es lo que hacen aquí de noche!? – preguntó ella, mirándolo como a un bicho raro.

– A veces toco mi silbato y cantamos – añadió Bill. – O a veces simplemente… – se mordió el labio, no sabía si debía decirlo – A veces simplemente lo hacemos.

– ¡Lo hacen! – gritó ella, realmente sorprendida por algo que era más que obvio. Cuando se dio cuenta de ello, aclaró su garganta y sonrió – Claro… ¿lo hacen muy seguido?

– Cada vez que lo deseamos – el menor miró a su amante y sonrió. El mayor se la devolvió, cómplice.

Vanessa rio flojamente, sin saber qué decir.

– ¡A veces bailamos! – comentó Tom, percatándose de la incomodidad de ella. – Adoro bailar. ¡Ven Bill, mostrémosle! – sentó al niño en su cuna y tomó las manos de su hermano.

– ¡Rueda de las rosas, flores tan hermosas! ¡Pétalos, pétalos y todos se caen! – canturrearon al unísono y cayeron al terminar, riéndose.

– ¡Eso no es un baile! – les dijo, enojada mientras ellos se levantaban. – Eso no hacen los niños. La gente grande baila de una manera muy distinta. Podría enseñarles.

– ¡Claro! – Tom extendió las manos. Amaba bailar y si cabía la posibilidad de aprender uno nuevo, el estaría dispuesto.

Vanessa le ignoró totalmente y fue hasta Bill.

– Es así – pasó los brazos por el cuello del mayor y se acercó hasta que estuvieron pecho con pecho. El rubio puso las manos en su cadera por inercia. Una vez más sus ojos cambiaron y se centraron sólo en los de ella. – El espíritu lo desea. La carne lo añora. Bésame, cariño. Bésame ahora – cantó suavemente y luego sonrió, comenzando a balancearse de un lado a otro lentamente.

Tom los miraba estupefacto. Algo dentro de sí estaba rompiéndose poco a poco. Sentía un nudo en la garganta y un vacío en el estómago. Su corazón latía rápidamente y en cambio u respiración… no había. Había dejado de hacerlo. Su mirada se había perdido en cómo su amante y Vanessa se miraban uno a otro; en cómo se habían detenido y ninguno había abandonado su posición.

Parpadeó, regresando a la realidad, respirando de nuevo. Si no se iba, lloraría frente a ambos de manera humillante. Tomó a Gordon, le abrazó y salió corriendo, chocando intencionalmente con Bill, que trastabilló y le miró como si estuviera loco, pero no dijo nada ni tampoco soltó a la chica.

– ¡Tiene que controlar sus modales! – Gritó, haciéndose la mártir – ¡Lo siento, pero debe esperar a que le toque a él! – reafirmó el agarre y volvió a bailar.

Bill miró hacia la puerta, preocupado por la actitud del mayor, aunque por el momento no iría a verle, tenía que concluir su clase de baile.

&

Tom dejó a Gordon sobre su lecho. El pequeño se había dormido hacía media hora, poco antes de que Vanessa abandonara la casa y se fuera, todavía riendo de su maravillosa velada. Bill le esperaba arriba en el lecho y por mucho que no quisiera verle, debía hacerlo. Subió las escaleras y comenzó a desnudarse, arrojando lejos aquellas prendas nuevas. Cuando tuvo solo su ropa usual, se sentó y abrazó sus piernas, esperando que su amante le dijera algo.

– Va a enseñarme otros bailes – fue lo primero que dijo, con voz calmada, tanteando el terreno, pero sin dejar de estar emocionado. – En cuanto aprenda a hacerlo bien te enseñaré – añadió mientras también se desnudaba.

– Me mentiste… rompiste tu promesa – le dijo Tom después de unos segundos en silencio.

– ¿¡Cuándo te he mentido!? – le respondió, con expresión de fastidio, quitándose los pantalones.

– Una vez me prometiste que jamás me lastimarías – sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas inconscientemente.

– ¿Cuándo te he lastimado? – su expresión cambió por una confundida y preocupada.

– Cuando la miras… me haces daño – se mordió el labio inferior, luchando con todo su ser por no romper en llanto.

– Lo siento – dijo rápidamente por instinto, sin llegar a sentirlo realmente. – Es que… ella es tan diferente. Para empezar es una mujer… Me gusta la manera en la que se viste – desvió la mirada.

– Dijiste que esa ropa era ridícula – Tom frunció el ceño.

– ¡Es lo que digo! Pero en ella se ve bien y… quisiera verla sin toda esa ropa.

Tom abrió los ojos, seguro de que su corazón se había roto. Por fin, una lágrima cayó por su mejilla y se acostó, dándole la espalda para que Bill no la viera.

– Me refiero a que deseo verla… porque no puedo. Como cuando fui al lado norte – trató de explicarse y se echó a su lado. Lo miró y le acarició un hombro, esperando a que volteara.

– ¡Y en ese caso… recuerdo lo que pudo haberte pasado al ir! – fue lo último que logró decir, antes de su voz se quebrara y más lágrimas salieran de sus ojos. Sollozaba en silencio. Mirando a todos lados y sin ver nada en realidad.

Bill abrió la boca para decir algo, pero la cerró y se volvió, dándole la espalda. Así durmió, ignorando que Tom jamás pudo hacerlo.

&

Temprano por la mañana, Tom se levantó. Se sentía cansado y dolido por la confesión de la noche anterior… pero no iba a dejarse vencer tan rápido. Bajó las escaleras y seleccionó un conjunto completo de ropa nueva. Pantalones, una playera, zapatillas e incluso cogió un par de cadenas y gafas de sol del pequeño baúl de Vanessa.

Algo le llamó la atención. Metió una mano y sacó uno de aquellos sobres azules. Algunos contenían argollas de metal y otros una especie rara de aguja. Dedujo que era para perforar alguna parte de la piel y luego meter la argolla. Bill había dicho que estaría bien hacerse alguna… así que por qué no seguirle la corriente.

Sacó un sobre de aquellas agujas y un sobre de argolla. Fue hasta una esquina de la habitación y rebuscó entre las cajas hasta encontrar la maleta del alcohol. Sacó la botella del líquido y la destapó. Bañó sus manos, jugueteó un sorbo en su boca, que luego escupió y luego de sacar ambas cosas de sus respectivos sobres, empapó cada una, no sin antes haber separado una bolita de la pieza.

Suspiró mientras tomaba el objeto punzante. Había soportado más dolor que eso, se convenció. Entonces tiró de su labio inferior y sin pensárselo dos veces siquiera, lo atravesó de una del lado izquierdo. El dolor le atacó por momentos, nublándole la vista solo un poco. Sacó la aguja y una gota de sangre bajó por su barbilla. Tomó la argolla y la metió. El dolor volvió a hacerse presente cuando el metal entró. Tomó la bolita de metal y la cerró sobre el acero. Su mano alcanzó la botella de cristal y la empinó sobre sí, tomando un trago. Cuando el líquido alcanzó la carne viva, entonces sí que su vista se tornó negra por dos segundos pero luego comenzó a respirar lentamente y el dolor fue huyendo de su cuerpo.

Después de unos minutos todo había acabado. Todo estaba guardado y él sostenía un pañuelo contra su labio, limpiando la sangre que había quedado.

Escuchó a Bill caminar por arriba y segundos después lo vio bajar la escalera, completamente vestido, pero descalzo. Dejó el pañuelo sobre la mesa súbitamente y sonrió, esperando que su amante le viera.

El rubio tomó un mango de la mesa (siempre había fruta presente) y lo mordió, volviéndose hacia Tom. Entonces abrió los ojos, arqueó las cejas y tragó con dificultad.

– ¿¡Qué te hiciste!? – exclamó horrorizado.

– ¿No te gusta? – Tom se acercó, sonriendo, buscando todavía su aprobación. Su labio aún dolía.

– ¡No! – Se rio – Te ves fatal – se burló. – Quítate todo eso – borró la sonrisa y quedo brutalmente serio.

El moreno ya tenía la mirada envuelta en agua. Sujetaba su playera en un intento por no llorar. No podía morderse el labio, debía buscar otra manera de contenerse.

– En mí no te gusta… ¡Pero en ella te encanta!

– Por favor, Tom – el rubio se acercó. – No quiero que peleemos, prometimos no hacerlo nunca – comentó, restándole a importancia a uno celos infundados, según él. Le tendió el mango, que salió volando a causa de un manotazo del mayor – ¡Oye! ¿Qué es lo que te sucede? – Frunció el ceño – Últimamente has estado muy raro. No desayunaste ayer ni tampoco lo hiciste hoy. ¿Está enfermo? – levantó la mano para acariciarle una mejilla…

– ¡Bill! – fue interrumpido por la usual voz de Vanessa, proveniente desde fuera de la casa. El rubio suspiró y bajó la mano. – ¡Estoy lista para mi lección!

Tom miró la puerta, enojado y luego miró a Bill.

– Prometí que le enseñaría a pescar – se encogió de hombros.

Una lágrima rebelde rodó por el rostro del moreno y ante la mirada sorprendida de su amante, quien no pensaba que de verdad fuera a llorar, Tom salió corriendo.

Continúa…

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por novaficacci

Escritora del Fandom

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