Regreso a la laguna azul 16

Fic Twc de novaficacci. Temporada II

Cap 16: Sin Dios

Las lágrimas caían por su rostro mientras corría hacia la selva. Tomó la orilla de su playera y se despojó de ella. Lo mismo hizo con sus zapatillas, que salieron volando cuando se las quitó al vuelo. Lo más difícil fue el pantalón, que no quitó hasta que se halló en su destino. Frente a él caía el agua de la cascada, salpicando contra la superficie del lago.

Se limpió los ojos con los antebrazos para poder ver lo que hacía. Tomó el botón que abrochaba su prenda inferior y lo abrió rápidamente. Bajándolo bruscamente segundos después. Agarró entonces la cinta que amarraba su cabello y la arrancó, rompiéndola y tirándola al suelo mientras sollozaba.

Finalmente entró de un salto en el agua y cuando salió comenzó a limpiarse el rostro. Jamás había llorado tanto y le escocían los ojos, además de que no podía respirar adecuadamente. Se abrazó. Más lágrimas cayeron por sus mejillas. No quería llorar más. No debía llorar más. Debía ser fuerte, por sus hijos y por él mismo. Bill se iría con ella… y él tendría que cuidar de ellos. No debía llorar, pero mientras tanto, su cuerpo dejaba salir el enojo, la frustración, el dolor, la tristeza y la impotencia, y no había nada que pudiera hacer por el momento.

&

En la costa, Bill se había doblado los pantalones hasta las rodillas para pescar adecuadamente. Vanessa estaba sentada en el mismo bote que él, con una enorme sonrisa en su rostro.

– Así que aquí estamos. Juntos en medio de un hermoso estanque lleno de pececillos, a plena vista de todos – sonrió de lado. Ese detalle no se le había pasado cuando ambos abordaron. Tampoco ignoraba que el rubio estaba preocupado por el otro. Ella había escuchado la «pelea» y nada la había hecho más feliz. – Escucha esto, Bill – añadió, alzando una ceja. – Lo único que tenemos que hacer es recostarnos, – extendió las piernas y bajó la cabeza, acostándose – y nadie podrá vernos – extendió una mano, pidiéndole que la acompañara. Bill dudó un poco, pero dejó la lanza a un lado y yació junto a ella. – Podemos hacer lo que nos plazca – susurró en su oído para luego pasarle el brazo por los hombros y sonreír. Ella ganaba, siempre ganaba y el que el moreno corriera por la selva solo desencadenaba su plan. Alguien ya esperaba a Tom por ahí, escondido.

&

El mayor de los gemelos ya solo se mantenía quieto en el agua, analizando las cosas. Había dejado de llorar, pero no por eso había dejado de doler. Suspiró, resignándose y se dio la vuelta para nadar hacia su ropa. En lo alto del acantilado una figura dejó su lugar, tomó su rifle y descendió, cual cazador que ha visualizado a su presa.

Tom tomó su playera del suelo confiadamente.

– ¡Lindo! – le gritó una voz.

Levantó la mirada, en guardia. Ahí a pocos metros estaba Queensland, riéndose cruelmente. En sus pantalones se observaba una notoria erección.

– ¿¡Qué hace aquí!? – Le respondió el moreno airadamente, al notar sus intenciones – ¡Lárguese!

– ¡No! – Contestó el mayor, burlándose – El rubio no está para protegerte. ¿Él es quien lleva las riendas, cierto? – Con cada palabra iba avanzando un paso más, un paso que Tom retrocedía. – Ahora que no está pasaremos un muy buen rato tú y yo ¿¡Eh!? – bramó, mostrando los dientes.

– ¡¡Bill!! – llamó con todo el aire de sus pulmones. No sabía pelear ¿cómo se supone que habría de defenderse?

– ¡BILL! – Gritó más fuerte el otro, parodiando su inútil señal de auxilio. – No te escuchará – hizo un puchero y alzó los hombros. – Ahora mismo debe estarse divirtiendo con la señorita Vanessa – sonrió.

Los ojos de Tom se nublaron de nuevo por esa afirmación, que no estaba seguro de poder negar más. Iba a llorar también por lo que estaba por pasarle… pero no si podía ser más rápido.

Dio la vuelta y echó a correr, abandonando su prenda por algún lado. No iba a rendirse, no así. Torció a la derecha, seguro ya de que el hombre no le seguía.

Un pinchazo de dolor en el cuero cabelludo le hizo detenerse mientras lanzaba un grito agudo. Sus piernas se dolaron ligeramente y la mano que sostenía violentamente su cabello le obligó a mirarlo.

– ¡Creíste que podías huir, pedazo de puta! – le gritó Robert, muy cerca del rostro, dejando entrever su aliento alcohólico. – Pobrecilla – subió una mano y le acaricio la mejilla con la parte posterior del anular e ignoró la sacudida y la mirada rabiosa del chico al hacerlo. – No sabe lo que le espera – añadió dulcemente, para luego sonreír cruel, vil y despiadadamente.

El labio inferior de Tom tembló mientras su corazón se llenaba de miedo. No tenía escapatoria. Lo que el extranjero quisiera hacerle se lo haría, él no podría impedirlo.

– ¿Dónde está tu perla? – El moreno volvió a sacudirse – ¡Contesta!

– ¡En la casa! – exclamó, furioso.

– Bien, será mejor lugar para tomarte que aquí entre la maleza – comentó como si nada y empezó a arrastrarlo por el cabello en dirección a la cabaña entre gemidos de dolor por parte del menor.

&

– Tom – dijo el rubio distraídamente. Desde que se había acostado a un lado de Vanessa, no hacía más que pensar en él.

– ¡No es hora de pensar en él! – Vociferó airadamente para luego calmarse, como usualmente hacía. – Estas aquí conmigo – dejó que su labio inferior sobresaliera y acarició el de él con el pulgar.

– Le dije que no lo lastimaría – negó y se sentó.

– ¡Oh, vamos! – Descansó su peso sobre los hombros para igualarlo. – No debes sentir pena por él. Te ha tenido para él solo todos estos años, pero no es tu dueño. No están casados – alzó lo hombros y sonrió.

– Sí lo estamos – respondió, frunciendo el ceño.

– ¡Pero no en realidad! – Se rio – Palabras inventadas en medio de la nada no valen para nada – se inclinó con la intención de besarlo.

– Para mí sí cuentan – dijo Bill secamente y se sentó en una de las bancadas.

– ¡Oye! – Gritó con una sonrisa, tratando de salvar la situación. – Hagamos algo – se hincó y puso los brazos en el regazo del mayor, pasando la mano por una de sus rodillas sugerentemente. – ¿Qué tal si dejas que tu corazón decida? – dijo suavemente, mostrando sus blancos dientes.

Bill se inclinó, totalmente serio, como si fuera a besarla… Pero se detuvo a pocos centímetros y en una voz totalmente calculadora se expresó.

– Él… es mi corazón – remarcó cada una de las palabras. Ahora podía ver a la verdadera Vanessa y lo único que veía era una asquerosa víbora.

La expresión en el rostro de ella cambió a uno de rabia total. Frunció los labios y atizó al rubio con su mano abierta en una mejilla, dejándole una dolorosa marca roja. Él la miró incrédulo.

&

Tom lloraba una vez más. Queensland no le soltaba ni buscando la perla. Tiró todo lo que encontró sobre la mesa. Luego fue por el «tocador». La avaricia le recorría la sangre.

&

Bill saltó del bote y caminó tranquilamente por el agua que le llegaba debajo de las rodillas.

– ¡No puedes hacerme esto! ¡Vuelve aquí! – Gritaba Vanessa a su espalda – ¡¡William!! – Bramó cuando éste la ignoró totalmente y corrió hacia la playa.

&

Debajo de unas gafas de sol, Robert encontró el anillo. Aplastó la carcasa y se llevó la perla suelta a los labios. La rozó con los dientes para comprobar su autenticidad y sonrió cuando supo que era totalmente verdadera. La guardó en su bolsillo y procedió a tirar al moreno a la cama.

Tom aterrizó de bruces y comenzó a arrastrarse para escapar, pero una mano en su tobillo lo obligó a volver. Trató de voltearse para defenderse, pero una mano del mayor inmovilizó las suyas. Sintió como el mayor le abría las piernas con las rodillas.

– ¡¡No!! ¡¡¡No lo hffgssss!! – sus berridos eran escondidos por la sábana que inundaba su boca al estar hacia abajo.

– ¡Calla, zorra! Vamos a pasarla bien – dijo Robert, inclinándose y lamiendo su cuello.

Un escalofrío de asco y repulsión recorrió la columna de Tom, pero no fue nada en comparación a lo que sintió cuando el mayor le hizo saber lo duro que estaba restregándose contra él repetidamente sobre la ropa. Comenzó a sollozar. Las lágrimas inundaban su rostro, no podía ver bien. Y eso solo empeoró cuando sintió como una de las manos del mayor tomaban su ropa interior y comenzaban a bajarla. Su corazón se llenó de pánico. Si aquel tipo lo tomaba a la fuerza, no solo iba a lastimarlo, sino que no había pasado ni una semana desde la última luna llena y si no estaba preñado de nuevo y él se corría dentro… Hizo acopio de toda su fuerza restante y gritó.

– ¡¡BILL!!

Un golpe en la nuca le impidió vociferar de nuevo. Las orillas de su visión fueron desvaneciéndose hasta quedar totalmente a oscuras.

Robert le había dado un puñetazo que había logrado dejarlo inconsciente. Ahora sí que iba a divertirse.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.

por novaficacci

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!