Wenn ich gehe aus 4

Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 4

By Tom

Bajé a mi hermana de mis brazos, y la posé en el suelo. Ahora Bill se acercaba a ella para despedirse de nuestra pequeña. Sus llantos eran más intensos. Bill la abrazó para intentarla reconfortar, pero no sirvió de mucho porque ella seguía llorando. Quería que todo acabase de una vez, quería subir a ese avión y olvidarme de todo, pero ver a mi hermana en ese estado me estaba rompiendo lentamente y dolorosamente mi corazón. Cuando Naia acabó de despedirse de Bill, nos separamos de ellos.

—Bueno… —susurré— Es hora de que subamos al avión —informé a mis padres.

—Tener buen viaje, hijos —nos deseó nuestra madre— En cuanto piséis tierra enviarme un mensaje o llamarme, da igual la hora que sea aquí.

Está bien, mamá —asentí. Alcé mi mano para decirles adiós, para luego girarnos y caminar hacía el avión.

Mis padres y mi hermana, que seguía llorando intensamente, se quedaron de pie esperando a que subiéramos al avión. Fuimos caminando lentamente, como si ambos quisiéramos retrasar ese momento doloroso. Finalmente, llegamos a las pequeñas escaleras que daban acceso al interior del avión. Comenzamos a subirlas, cuando ya estábamos por entrar en el interior del avión escuchamos a nuestra madre.

—¡No Naia vuelve aquí! —gritó nuestra madre a nuestra hermanita. Nos giramos, y la vimos correr hacía nosotros. Hasta que finalmente subió las pocas escaleras que nos separaba, para abrazarse nuevamente a mí.

—No te vayas, Tomi —volvió a insistir llorando más intensamente. Sus pequeños brazos se habían aferrado a mí para evitar que me moviera.

—Naia… —susurré a la vez que comenzaba a jugar con un mechón de su pelo dorado juguetonamente.

—No… no te puedes ir, no puedes dejarme —me dijo con rabia y gritándome— Me lo prometiste…

Escucha princesa… —intenté hacerle entrar en razón, pero mi hermana es igual de cabezota que mi gemelo y yo, y no conseguiría convencerla.

—No me abandones… —me suplicó nuevamente. Suspiré mostrando cansancio toda esta situación me estaba superando psicológicamente y físicamente.

Pasada media hora mi hermana seguía abrazada tan fuertemente a mí, que no había podido moverme en ningún momento a pesar de decirle, que me tenía que ir, que regresará junto a mamá y a Gordon.

Lo siento, pero debemos irnos —nos dijo el comandante del avión con preocupación. Ya íbamos con media hora de retraso.

Lo sé… —susurré. Tenía que hacer tripas corazón, y separarme de mi hermana, aunque eso significará su dolor. Gordon se había acercado para venir a buscar a Naia, pero ella no se quería ir, quería quedarse conmigo— Gordon llévatela, por favor —ordené a mi padrastro que se acercó para coger a mi hermana, agarrándola por la cintura para separarla de mí.

¡No! ¡No! —se movió violentamente entre los brazos de Gordon para poder escabullirse, pero nuestro padrastro la había agarrado bien para evitar que se volviera a escapar. Se fueron alejando mientras que mi hermana no dejaba de gritar y de revolverse entre sus brazos— ¡TOOOM…! —escuché llamarme con un grito desesperado.

Adiós, mi princesa —susurré para luego entrar en el interior del avión, y ocupar mi asiento junto con mi hermano. Él ya había entrado hacía bastante rato. Todavía podía escuchar los gritos de nuestra hermana, cuando la puerta del avión se cerró.

Suspiré hondamente, para luego taparme la cara con mis dos manos. Tenía unas ganas inmensas de llorar. Me sentía sobrepasado, agotado… Sin poder evitarlo las lágrimas salieron como si fuera un torbellino de agua.

—¡Oh Tomi…! —susurró mi gemelo al verme llorar— Todo estará bien, vamos tranquilízate. Naia tendrá que aprender a vivir sin nosotros, es un simple berrinche. No te preocupes —me dijo abrazándome.

—Lo sé… —susurré a la vez que intentaba ahogar mis sollozos— Pero verla así me ha dado mucha tristeza.

—Se le pasará, Tom —me sonrió a la vez que con sus manos limpiaba mis lágrimas— Mañana ni se acordará de nosotros.

—Supongo que será así —musité.

Nos quedamos en silencio. Ambos estábamos tan cansados, y el viaje sería tan largo, que una vez que el avión despegó, nos pusimos a dormir. Serían doce horas de vuelo intenso, y al ser un avión pequeño no había demasiado espacio para que uno se pudiera estirar y poder caminar un poco. Apenas fui capaz de dormir cinco horas seguidas. Nuestros perros estaban durmiendo tranquilamente. Sí… también nos los llevábamos a Los Ángeles, a pesar de que nuestra madre quería que se quedaran con ella en Alemania. Nosotros no podríamos estar separados de nuestros perros así que viajaban con nosotros. Sobre las ocho de la mañana, una azafata que viajaba con nosotros en el avión nos sirvió nuestro desayuno. La verdad es que no era mucho comparado con lo que estaba acostumbrado a desayunar normalmente, pero con el hambre que tenía todo se agradecía en ese momento.

Las horas fueron pasando rápidamente, y al mediodía el avión privado ya estaba realizando las maniobras de aterrizaje en el aeropuerto de Los Ángeles. No sabíamos muy bien donde quedaba nuestra casa, pero Bill había contratado a una furgoneta que se encargaría de llevarnos a nuestra nueva casa. Aparte de que David había contactado con un amigo que vivía allí en Los Ángeles, Shiro que se encargaría de ayudarnos en todo durante los primeros días. Salimos del avión con nuestros perros. El equipaje lo llevaba uno de los trabajadores del aeropuerto en un carrito de llevar maletas. Entramos en el interior del edificio. Había mucho ruido, el bullicio de gente que iba caminando por un lado y para otro lado mientras esperaban su vuelo o esperaba algún familiar que todavía no había llegado. Por un momento, entre tanta confusión mezclados entre la gente, me sentí libre. Nadie nos había reconocido, y eso era un gran alivio para nosotros. No tener que ir con guardaespaldas, era un gran privilegio en esos momentos. Si estuviéramos en Alemania ya tendríamos a diez gorilas detrás de nosotros. Presentía que una nueva vida para nosotros comenzaría muy pronto. Una nueva vida en la seríamos libres, y podríamos hacer cualquier cosa sin estar pendientes de que nos acosaran. Ya el mismo aire de Los Ángeles había cambiado mi estado de ánimo, que en las últimas semanas había estado muy decaído. Seguimos caminando entre la gente, hasta que mi hermano Bill vio a un hombre que tenía un cartel con nuestros nombres, debía de ser la persona que contrató mi gemelo para que nos llevase a nuestra casa.

—Buenas tardes, señores Kaulitz —nos saludó el hombre muy respetuosamente— Soy Christopher y seré el encargado de llevarlos a vuestra casa.

Muchas gracias, Christopher —dijo mi gemelo— Mire, esta es la dirección donde se encuentra nuestra casa —explicó Bill al hombre enseñándole un papelito donde tenía escrita la dirección.

No hay ningún problema —dijo el hombre— Sé perfectamente cómo llegar allí.

Bill cogió el carrito donde estaban nuestras maletas, que muy amablemente nos había ayudado a traer un trabajador del aeropuerto, y comenzamos a andar. Agarré por las correas a Madly y a Boy para luego comenzar a caminar con ellos. Salimos del edificio, y nos dirigimos hacia la furgoneta. Christopher nos ayudó a meter las maletas en el maletero de la gran furgoneta, después nos sentamos en los asientos traseros con nuestros perros. Luego Christopher ocupó el asiento del conductor y arrancó la furgoneta en dirección a nuestra nueva casa.

Media hora después ingresábamos en una urbanización bastante lujosa. Christopher aparcó la furgoneta enfrente de una casa bastante grande. Afuera nos estaba esperando el agente inmobiliario que había hablado con mi hermano para darle las llaves de nuestra nueva residencia.

—Bill… —saludó el hombre dándole un buen apretón de manos a mi gemelo— Mucho gusto de conocerte. Soy Samuel.

—Hola Samuel —respondió al saludó mi gemelo— Este es mi hermano Tom —me presentó a ese hombre.

—Hola Tom —me dijo el hombre estrechándome la mano en un buen apretón.

—Hola —asentí.

—Estas son las llaves —dijo Samuel a mi hermano entregándolas.

—Gracias —mi hermano cogió las llaves.

—Bueno, cualquier cosa que necesitéis puedes llamarme —volvió a decir el hombre a mi hermano— Ahora debo de irme, tengo que enseñar una cosa a un posible comprador. Hasta luego.

—Hasta luego —respondí viendo alejarse al hombre. Era un hombre bastante cómico la verdad.

—Si lo desean puedo dejarles las maletas en el interior de la casa —dijo Christopher sacándonos de nuestros pensamientos.

—Sí, por favor —dijo mi hermano.

Entramos en el interior del gran jardín que rodeaba la casa. Bill abrió la puerta, para luego entrar en el interior de esta. Christopher fue poniendo las maletas en el hall, mientras que nosotros observábamos nuestro nuevo hogar. Era una casa muy amplía. Unas grandes escaleras daban al piso superior, donde supongo que se encontraban las habitaciones donde dormiríamos, los baños…

—Ya están todas las maletas dentro —nos informó Christopher.

—Muchas gracias por tus servicios —agradeció mi gemelo a la vez que tendía un par de dólares como de propina.

—Bueno… yo ya me voy —dijo el hombre despidiéndose— Ha sido un gusto ofrecerles mis servicios. Hasta luego —dijo el hombre a la vez que salía de la casa dejándonos solos.

Nos quedamos en silencio, mirando el interior de nuestra casa. La verdad es que Bill había tenido un buen gusto al escogerla. Era bastante espaciosa, y estaba muy bien iluminada. Los grandes ventanales dejaban pasar la luz a través de los cristales.

—Será mejor que subamos nuestras maletas a nuestras habitaciones —informé a mi hermano.

La casa ya estaba completamente amueblada, aunque después hiciéramos algunos pequeños cambios. Los jardines eran muy amplios, no podría calcular la extensión, pero creo que casi serían de una hectárea. Subimos las escaleras lentamente, mientras íbamos cargando nuestras maletas. Al llegar al segundo piso, descubrimos que la casa tenía como unas siete habitaciones y aparte seis baños bastantes amplios. Entramos cada uno en las habitaciones, para poder elegir la que nos gustará más. Una vez que elegí mi propia habitación entré en el interior de esta, y apoyé mis maletas sobre la cama. Quizás hiciera alguna pequeña modificación en la decoración de mi habitación poniéndola a mi gusto. El armario era bastante amplio, y estaba empotrado en la pared. Abrí mi maleta y comencé a quitar mi ropa del interior de esta, para luego ir poniendo la ropa dentro de este. Media hora después ya tenía todo colocado, y era hora de investigar el resto de la casa.

Salí de mi habitación y bajé de nuevo las escaleras, llegando otra vez a la entrada principal, que tenía impresionantes techos altos. A la derecha había un salón abierto con una especie de pequeño bar, que llevaba a la sala de estar, la cual poseía una gran chimenea. Seguí caminando por la casa, hasta que llegué a la zona donde se encontraba la cocina. Era también muy amplía. Poseía grandes muebles para poder almacenar un montón de cosas dentro y en el centro había una mesa para poder apoyar cosas en ellas. Abrí la nevera dándome cuenta que no había alimentos en ella, así que después mi hermano y yo tendríamos que hacer una pequeña escapada al supermercado para proveernos de comida. Menos mal que habían mandado nuestros coches unos días antes para que estuvieran en el garaje, en cual cabían prácticamente tres coches, antes de que llegásemos nosotros a Los Ángeles.

Abandoné la cocina, y seguí investigando el resto de la casa. En mi investigación en el piso de abajo, me encontré con una impresionante sala de cine independiente, un hermoso comedor formal con un gran ventanal corredizo que podías abrir y salir a la zona exterior de la parte trasera de la casa, que poseía un gran patio exterior y una zona de piscina rodeado también de una exuberante vegetación.

Salí del salón para luego encontrarme con una pequeña puerta. La abrí y dio paso a unas escaleras. Las bajé para luego encontrarme con otras habitaciones que estaban abajo, pero no eran simples habitaciones, sino que una era un gimnasio con todas las máquinas de cualquier tipo para que nos pudiéramos ejercitar, y en otra puerta que estaba cerrada había un pequeño estudio de grabación, con paredes insonorizadas. Sonreí satisfecho, nuestra nueva casa era perfecta, y así podría trabajar sin salir de casa. Presentía que pasaría muchas horas en ese estudio, cuando regresásemos otra vez al trabajo. Por ahora tenía pensado tomarme un año sabático y disfrutar de la vida un poco.

Subí de nuevo las escaleras para buscar a mi hermano en su habitación, para informarle que deberíamos de comprar comida urgentemente o nos moriríamos de hambre ese día. Cuando entré en ella todavía seguía colocando su ropa en el armario.

¿Sabías que esta casa en el sótano tiene un gimnasio y un estudio de grabación pequeño? —pregunté a mi hermano impresionado.

—Sí —me sonrió— Así no tendremos que salir de casa para ir al gimnasio y bueno… lo del estudio de grabación es por si se nos ocurre alguna idea que queramos grabar.

—Siempre pensando en todo hermanito —le respondí sonriendo— Por cierto, no hay comida en la nevera. Deberíamos de ir a algún supermercado a comprar.

—Sí —asintió mi hermano— Solo me falta colocar un par de prendas.

Mi hermano siguió colocando su ropa, cuando su teléfono móvil comenzó a sonar. Mi gemelo dejó de hacer lo que estaba haciendo y cogió su móvil que lo tenía en el bolsillo de su pantalón.

¿Diga? —respondió. Se quedó unos segundos en silencio escuchando a la persona que le hablaba por el otro lado de la línea— Hola Shiro… —dijo mi hermano— Sí, David ya nos había hablado de ti, de hecho, que tenía pensado en llamarte —le dijo— O perfecto… —segundos después descolgó el teléfono.

—¿Quién es Shiro? —le pregunté curioso.

Es un amigo de David, es productor musical aquí en Los Ángeles —me comenzó a explicar mi hermano— Dijo que si queríamos que se pasaba por nuestra casa para venirnos a buscar y enseñarnos un poco la zona.

—Oh genial… —asentí— Podría decirnos donde queda el supermercado más cerca.

—Sí —sonrió mi hermano a la vez que acababa de meter la última prenda en su armario— Bueno, esto ya está listo.

Salimos de la habitación de mi hermano, y me dirigí hacia mi habitación para coger mi cartera y mi móvil. Después bajamos las escaleras y nos sentamos en el gran sofá del salón y encendimos la televisión mientras esperábamos a que llegara ese tal Shiro. Minutos después el timbre de nuestra casa sonaba. Apagué la televisión y nos dirigimos hacia la puerta para salir. Abrimos la puerta, y estaba un hombre no muy viejo acompañado de una mujer tampoco muy vieja, debían tener cerca de treinta y tantos años.

—¿Shiro? —preguntó mi hermano dudoso.

—El mismo —asintió— ¿Tú eres? —preguntó titubeando.

—Bill Kaulitz —respondió mi gemelo— Hablaste conmigo antes…

Lo sé, pero por teléfono cambia un poco la voz —sonrió.

—Yo soy Tom Kaulitz —me presenté estrechándole la mano fuertemente— Soy el gemelo de Bill.

Algo de parecido tenéis, aunque vuestro estilo sea muy diferente —se atrevió a hablar por primera vez la mujer— Soy Shay Todd, soy la esposa de Shiro.

—Mucho gusto, Shay —la saludé cortésmente.

—Bueno chicos, ¿Adónde queréis ir? —preguntó Shiro después de haber hecho las presentaciones.

Agradeceríamos que nos llevases a un supermercado —respondí al instante— No tenemos comida en la nevera y no sabemos dónde se encuentra el establecimiento más cercano.

—No hay problema, vamos —dijo el hombre comenzando a caminar.

Mi gemelo y yo lo seguimos al igual que su esposa. Tenía aparcado el coche afuera de nuestra casa. Nos montamos en el interior del coche, para luego ir a hacer una visita turística a la vez que buscamos el supermercado. Media hora después, mi hermano Bill y yo nos encontrábamos metiendo en un carrito de compra lo que necesitábamos para llenar nuestra nevera y aparte algún que otro producto esencial de limpieza para la casa y de higiene básica. Cuando acabamos de hacer la compra y de pagar todo, salimos del supermercado y nos dirigimos al coche de Shiro y Shay, los cuales se habían quedado en el coche para dejarnos hacer la compra tranquilamente. Cuando Shiro nos vio llegar con las bolsas, salió del coche, y nos abrió el maletero para que metiéramos las bolsas de las compras. Luego volvimos a montar en el coche, y seguimos con nuestra ruta turística.

La tarde se pasó rápido, la verdad es que había sitios muy bonitos que ver, y gracias a Shiro y Shay nos enseñaron bastantes sitios donde comprar cosas, donde pasear con nuestros perros. No nos perderíamos cuando fuéramos solos. Después tuvieron la amabilidad de invitarnos a cenar. Fuimos a un restaurante que ellos solían frecuentar mucho, la verdad es que la cena estaba muy rica y muy apetitosa. Después nos llevaron otra vez a nuestra casa.

—Muchas gracias por todo —dijimos mi gemelo y yo al mismo tiempo.

—Ha sido un placer, chicos —sonrió Shay.

—Cualquier cosa que necesitéis llamarnos —dijo Shiro.

—Vale —asintió mi hermano.

—Hasta mañana, y descansar bien —se despidió Shiro.

—Hasta mañana —dijo mi hermano.

Arrancó el coche y se fue. Nuestro hermano y yo nos quedamos de pie mirando como el coche desaparecía, mientras sujetábamos las bolsas de la compra. Entramos en el interior de nuestra casa, y nos dirigimos a la cocina para colocar todo en la nevera y en los muebles. Boy vino caminando hacia la cocina, y nos observaba atentamente lo que hacíamos. Segundos después apareció Madly que se puso al lado de mi perro. Cuando acabamos de colocar todo, cogí el saco de pienso que habíamos comprado para echarle en su comedero a cada uno de los perros. También eché un poco de agua para que pudieran beber. Enseguida los perros se acercaron a comer y a beber.

Tenías hambre… —le dije a Boy mientras le acariciaba cariñosamente la cabecita— Pobrecito mi niño, que te tengo hoy descuidado —dije con culpabilidad.

Continúa…

Gracias por la visita y te invitamos a dejar un comentario.

por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!