Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 34
By Naia
Mi padre me abrazó para consolarme, la verdad es que no entendía porque mi hermano Tom se comportaba así de esa manera conmigo. Bueno si… lamentablemente ya estaba empezando a conocer sus razones, pero, en el fondo muy fondo de mí, ansiaba que eso no ocurriera realmente. Me costaba bastante asimilar los motivos de que porque mi hermano se comportaba así conmigo. Anhelaba mucho los días en los que me trataba con mucho cariño y mucha dulzura. Pero esos días se habían esfumado, como el agua a convertirse en vapor. Últimamente se había vuelto muy posesivo, muy celoso… Me senté de nuevo otra vez en el sofá, a la vez que mi hermano Bill miraba atónito en forma de reclamo a nuestro hermano. Al poco rato, nuestra madre salió de la cocina alarmada por los gritos, que segundos antes se habían producido.
—¿Qué ha pasado? —preguntó nuestra madre alarmada— Naia hija, ¿Qué te ha pasado? —preguntó al verme. Mis ojos aún estaban enrojecidos y mis mejillas sonrojadas.
—Nada mamá —susurré. No quería empeorar más las cosas, y que ahora mi madre se pusiera a discutir con Tom.
—Tom le ha gritado, y casi la golpea a Naia —respondió Gordon a mi madre, sin importarle las miradas asesinas que en ese momento le estaba echando mi hermano Tom.
—¿Es cierto, Tom? —dijo mi madre incrédula a mi hermano. Lo miraba con asombro por su actitud— Porque diablos tratas así a tu hermana, me gustaría que fuerais como antes tan unidos, siempre la cuidabas y la protegías.
—Las cosas no son como antes —respondió mi hermano clavando su mirada de odio en mí. Me congelé ante su mirada.
—La cena ya está lista —dijo mi madre con enfado, finalizando la conversación— Si queréis podéis pasar a la cocina.
Mi padre apagó la televisión, el partido ya había acabado, así que nos levantamos del sofá para irnos directamente a la cocina. Cuando llegamos a ella, mamá ya había puesto la mesa sola. Nos sentamos en silencio, y comenzó a servir la cena. Durante la cena no pronunciamos ninguna palabra. Se notaba demasiada tensión en el ambiente, y sobre todo yo, no podía de dejar de seguir sintiendo las miradas recriminatorias y de odio de mi hermano. Hacía que me pusiera bastante nerviosa y agobiada.
—La verdad es que no entiendo tu actitud, Tom —dijo mi madre disgustada, viendo a mi hermano Tom con ojos severos— Vas a cumplir veintitrés años, y te estás comportando como un niño de cinco años.
—Mamá no empieces —respondió mi hermano con cierto tono de cansancio.
—Me dices que no empiece, y eres tú el que estás constantemente molestando a tu hermana —volvió a decir nuestra madre, mostrando su enfado— ¿Dónde ha quedado el amor que os profesabais de buenos hermanos? De verdad, hijo te desconozco completamente.
—Mis razones tendré —contestó mi hermano, para luego dedicarme una miradita asesina.
—¿Y cuáles son? —me preguntó nuestra madre intrigada. Mi hermano se quedó callado, sin pronunciar ninguna palabra.
—No insistas mamá, Tom es un tonto —dije entrando en la conversación— Sabes porque se pone así, con cambios tan bruscos de humor, yo te lo voy a decir… —una sonrisa con malicia se formó en mis labios finos y delicados, iba a hacer desquiciar un poco a mi hermanito, seguro que en ese momento estaría pensando que le iba a contar a nuestra madre en plena cena, que él había estado besándome en su habitación y metiéndome mano— Tomi tiene la pitopausia —dije finalmente, riendo más todavía— Se siente muy frustrado porque no puede tener sexo completo con las chicas.
—Serás imbécil —insultó mi hermano, a la vez que me pegaba ligeramente en el hombro, ya que él estaba sentado al lado mía, en la otra silla.
—¡Mamá dile a Tom que deje de pegarme! —me quejé. Tenía que explotar al máximo mi estatus de hermana pequeña consentida por mis padres.
—Se acabó —escuchamos a nuestra madre alzar la voz. Nos quedamos en silencio. Sus ojos mostraban mucho enfado, nunca había visto a mamá tan enfada desde hacía años, desde que estaba en trámites de divorcio con nuestro padre— Que sea la última vez que ambos os peleáis —nos advirtió— Ya me habéis hartado… —la expresión de su cara, ahora mostraba cansancio— Será mejor que paséis unos días separados, a ver si así con el paso de los días os relajáis un poco.
—¡Qué se vaya él, yo no tengo porque irme! —dije molesta. Él había venido a interrumpir en mi vida, después de cuatro años ignorándonos completamente. Él ganaba suficiente dinero, para irse a vivir un tiempo a un hotel o comprar algún apartamento.
—Mañana te irás a casa de tu padre —dijo mamá, mirándome seriamente— En vez de irte el sábado, adelantarás el viaje para mañana jueves. Estarás en casa de tu padre hasta el domingo…
—Pero mamá… —intenté quejarme. Había recordado que ese fin de semana justo, Dereck me había invitado a una fiesta que organizaba. Yo quería ir a esa fiesta, era la primera vez que un chico guapo y popular como Dereck me hacía caso— Tenía pensado salir con Amy el viernes por la noche…
—Tendrás que salir con ella otro día —contestó mamá.
—Me habían invitado a una fiesta… —dije con pena, intentando ablandar a mi madre, y así que me dejará ir a la fiesta y no viajar a Hannover, y el que se tuviera que ir de casa por esos días fuera mi hermano Tom— Siempre consigues cagar todo —le dije con rabia, con frustración— Te odio Tom… —me levanté de mi silla y abandoné la cocina.
—¡Naia hija, vuelve aquí! —me llamó mamá. No hice caso a sus llamados, y subí rápidamente a mi habitación no quería ver el resto de la noche a nadie. Me sentía muy frustrada…
Cerré la puerta de un golpe, poniendo el pestillo para que nadie de mi familia pudiera molestarme. Ahora quería estar sola, toda la alegría que había sentido por la tarde cuando Dereck me dio ese beso en mi mejilla, se esfumó cuando Tom me gritó de esa manera y trató de golpearme. ¿Por qué me trataba así? ¿Qué le he hecho? Aún añoro los días en que era más pequeña, y siempre me sacaba una sonrisa. Me tumbé en mi cama, mientras lloraba sin censar. Mis ojos se fueron cerrando a causa del agotamiento que tenía. Los brazos de Morfeo me acogieron en su seno, quedándome dormida al instante. Abrí los ojos despertándome completamente, no sé qué hora era de la madrugada, pero mi estómago empezaba a hacer ruidos raros, síntomas que tenía por no haber cenado mucho. Odiaba a mi hermano con toda mi alma, por culpa de él no podría acudir a la fiesta de Dereck, ahora tendría que pasarme cuatro días en casa de mi padre, para mantener las distancias con mi querido hermano.
De nuevo el rugir de mis tripas, inundó mi habitación. Me levanté de mi cama, y me puse las zapatillas y salí de la habitación, para luego caminar por el largo pasillo hasta llegar a las escaleras, para bajar a la cocina. Una vez abajo, entré en la cocina, y abrí la nevera para ver que, era lo que podía comer. Mamá había hecho un pastel de chocolate que tenía muy buena pinta, cogí plato pequeño y me serví una porción del pastel que empecé a comer con un poco de desesperación. Las manecillas del reloj marcaban las horas y los minutos, haciendo que su ruido fuera mi compañero en la cocina, ya estaba la casa completamente en silencio. Mis padres dormían y mis hermanos también, salvo yo.
Estaba ensimismada comiéndome el trozo de pastel, mientras pensaba en cómo sería la fiesta del viernes si fuera a ella, ya que claramente no podría ir. En cierto modo, me moría de ganas de ir a esa fiesta de poder experimentar cosas nuevas, sobre todo poder disfrutar viendo a Dereck. Era tan perfecto, que cada vez que lo miraba sentía cosquillas en mi estómago. Seguí comiéndome el pastel, saboreando cada bocado que metía en mi boca, cuando un ruido proveniente de la entrada de la cocina me hizo sobresaltarme. A los pocos segundos, mi hermano Tom aparecía por la puerta solo con los calzoncillos puestos, me tensé al verlo. Se paró en medio de la puerta cuando me vio en la cocina, para después continuar con lo que venía hacer. Se dirigió a la nevera, y sacó un cartón de leche y después se dirigió hacia un mueble y cogió un vaso, para luego echarse un poco de leche en él. Yo en todo momento, no dije nada ni siquiera le miré a los ojos, seguí a lo mío comiendo mi trozo de pastel. Cuando acabé de comer, fui a dejar el plato en el fregadero, para luego dirigirme a mi habitación, pero mi hermano Tom me impidió que me fuera.
—¿A dónde crees que vas? —me preguntó mi hermano de manera recriminatoria, a la vez que seguía sujetándome mi brazo con fuerza.
—Suéltame imbécil… —le respondí con odio, frunciendo el ceño— No tengo porque darte explicaciones de nada, es más no me vuelvas a hablar en tu vida.
—Creo que has pasado por alto algunos detalles —respondió a la vez que tensaba su mandíbula— Tenemos que hablar de mucho, ¿no crees? —me sonrió autosuficiente.
—No tengo nada que hablar contigo —le volví a decir, mirándole con desprecio, con odio.
—Yo creo que sí… —volvió a decir— ¿Quién era ese chico con el que estabas hablando por la tarde? —le miré abriendo los ojos desmesuradamente.
—¿Desde cuándo te dedicas a espiarme? —le reclamé con rabia— No tienes ningún derecho…
—Sí que lo tengo, cuando se trata de velar por mi persona —lo miré confundida— ¿Qué le has dicho a Amy? —me preguntó muy enfadado notando como me agarraba más fuerte de mi brazo.
—No le he dicho nada… —respondí susurrante. El miedo recorrió mi cuerpo— Suéltame me estás haciendo daño…
—No me mientas Naia, porque tarde o temprano sabré la verdad —me dijo fuera de si— ¿Qué le has contado? —volvió a repetir.
—Nada… no le he contado nada… —susurré cerrando los ojos fuertemente.
—No te quiero ver cerca de ese chico, con el que te viste hoy por la tarde —me dijo autoritariamente— ¿Era ese tal Dereck? —preguntó de nuevo mostrándose muy molesto. Muy celoso.
—No tengo porque darte explicaciones de mi vida… —le respondí, a la vez que intentando separarse de él.
—Dijiste que eras invisible para él, que no le interesabas —me dijo envuelto en ira. Claramente mi hermano está muy celoso, y no sé cómo afrontar esta situación. Me da mucho miedo todo esto.
—Pues fíjate que al parecer si le intereso —le respondí con rabia, quería hacerlo sufrir, como venganza por haber hecho que no pudiera ir a la fiesta del viernes, por culpa de él— Me tienes harta, Tom. Estoy harta de tu comportamiento tonto, que me controles todo lo que hago, y que por encima siempre me hagas sentir mal por no saber lo que realmente te he hecho. ¡¡Me tienes harta!! —exploté— Ahora te pido que te vayas. ¡He dicho que te vayas, Tom! ¿Es que no lo entiendes? —le dije muy molesta. Mi hermano solo se limitó a mirarme en silencio intensamente— ¿Por qué coño lo haces Tom? ¿Por qué me tratas como una niñita? ¿Quién eres tú para decirme lo que tengo y no tengo que hacer? ¿Quién eres para elegir mi ropa? ¡NADIE! Eres… — iba a seguir gritándole, pero ante la impresión de Tom haciéndome retroceder rápidamente, hasta que me quedé acorralada entre uno de los muebles de la cocina y él.
—No escúchame bien —respondió muy seriamente mi hermano.
—No quiero escucharte solo quiero que te vayas y me dejes tranquila —grité— Siempre me haces sufrir… —susurré. Por mis ojos se empezaron a escurrir unas cuantas lágrimas.
—¿Y tú no crees que sufro más yo en esto? —me dijo con rabia.
—Eso da igual ahora. No me interesa tu sufrimiento, sino el mío —susurré a la vez que fijaba mis ojos en los suyos.
—¡¡Dios!! —suspiró, mientras bajaba su cabeza. Sentí su aliento sobre mis labios, un aliento que se volvía embriagador.
Sus labios empezaron a rozar los míos, a la vez que yo intentaba separarse de él. Su cuerpo se apoyó sobre el mío, mientras sus manos acariciaban mis piernas largas, sentí un cosquilleo por todo mi cuerpo. He de admitir que mi hermano Tom sabía muy bien por donde tocar, mi cuerpo comenzó a temblar, por el inmenso placer que me propinaban sus caricias. Sentí miedo, por esas sensaciones, estaba mal sentir eso cuando mi hermano me toca, además a mí me gusta Dereck y quería sentir todas esas sensaciones con él, no con mi propio hermano. Sus labios comenzaron a besarme con brusquedad, con desesperación hacían que mis labios inexpertos se movieran torpemente sobre los suyos. Noté en sus besos furia, rabia… Pero a la vez inexplicablemente eran adictivos. Se separó de mí, y yo solo lo pude mirar con miedo, confusión, y decepción… no podía creer que mi hermano estuviera sintiendo eso por mí, por un momento pensé que estaba borracho como la noche anterior, pero sabía perfectamente que estaba en sus cabales, que era consciente de todo.
—No vuelvas a hacer eso… —susurré frunciendo mi ceño, a la vez que mi mano impactaba contra su mejilla— Soy tu hermana pequeña, no una de las putas con las que te acuestas cada noche, respétame.
Acto seguido salí de la cocina, con paso rápido, dejando solo a mi hermano. Subí las escaleras, perdiéndome en la oscuridad de la casa, para luego ingresar de nuevo en mi habitación, cerrando la puerta tras de mí. Me tumbé en la cama, me sentía muy confundida, aún sentía el calor de sus labios sobre los míos como si quisiera tatuar su esencia en los míos. Lentamente fui cerrando los ojos hasta que me quedé profundamente dormida.
El ruido del despertador me hizo ver que ya era hora de levantarme. Me hice un poco la remolona en la cama, pero al final decidí levantarme sino quería que mis hermanos ocuparan el baño antes que yo. Me dirigí hacia mi armario para coger una muda limpia, y la ropa que me pondría hoy. Elegí unos shorts vaqueros y una camisa de manga corta básica. Después salí de mi habitación y me dirigí al baño, sonreí para mí misma cuando comprobé que por suerte no estaba ocupado, así que cerré la puerta y me comencé a desnudar para meterme en la ducha. Ya estaba completamente desnuda para meterme cuando la puerta se abrió de repente.
—¡Bill! —dije completamente avergonzada, y cubriéndome mi cuerpo como pude— No me mires.
—Lo siento, Nai —dijo mi hermano cerrando la puerta rápidamente. Pude notar como mi hermano Bill se sonrojaba avergonzado.
Cuando conseguí tranquilizarme, me metí en la ducha. Me lavé a conciencia, primero mis cabellos después mi cuerpo. Después salí de la ducha y me sequé con una toalla mi pelo y después mi cuerpo para luego ponerla alrededor de mi cuerpo. Salí del baño, y me encontré con mi hermano Bill que estaba de pie en el pasillo, esperando a que yo saliera del baño. Luego me perdí en el interior de mi habitación.
Una vez que acabé de vestirme por completo, bajé a desayunar, en la cocina solo se encontraba mi madre. Me senté en mi asiento, minutos después ingresó en la cocina mi hermano Bill y ocupó su asiento. Mamá comenzó a servirnos el desayuno, mientras ambos estábamos en silencio.
—Mamá… —susurré.
—Dime… —me dijo mirándome fijamente.
—¿Es necesario que vaya a casa de papá ya hoy? —le volví a preguntar. Pasar cuatro días en casa de mi padre sería muy agobiante porque realmente, me aburría muchísimo allí.
—Sí —dijo de manera tajante.
—Es que me voy a aburrir… —me quejé de nuevo.
—Lo siento, hija —respondió mi madre.
—¿Quién me llevará a casa de papá? —le pregunté curiosa. Sabía que mamá no quería ver a mi padre ni en pintura, y si Gordon me llevaba se montaría la guerra del siglo— Sino cogeré un bus para ir a casa de papá —concluí finalmente.
—¿Si quieres te puedo llevar yo? —dijo mi hermano Bill mirándome con sus ojos castaños.
—Enserio, seria genial —sonreí emocionada.
—¿Cuándo quieres marchar? —preguntó mi hermano interesado.
—Tengo que acabar de hacer mi maleta… —susurré— ¿Y si nos marchamos después de comer? ¿Tienes algún compromiso por la tarde? —me aventuré a preguntar.
—No, hoy lo tengo libre —me sonrió.
—Genial, pues nos iremos después de comer —asentí.
Continúa…
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