
Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 40
By Tom
Me acerqué al mueble de la entrada, para coger las llaves de mi apartamento y de mi coche. Después metí mi cartera y mi móvil en el interior del bolsillo de mi pantalón y nos dispusimos a salir. Cerré la puerta con llave, y nos fuimos a la zona de los ascensores. Llamé al ascensor, y esperamos unos minutos hasta que finalmente la puerta de este se abrió ante nuestros ojos. Accedimos al interior de este, y marqué el número de la planta del garaje donde tenía mi coche aparcado. Minutos después salíamos del ascensor rumbo hacía mi coche.
—¿Dónde te apetece ir a comer? —pregunté a Danielle.
—No sé… —respondió— Impresióname —sonrió. Me quedé observando su preciosa sonrisa.
—Vamos sube al coche —le dije una vez que había desbloqueado el seguro de las puertas. Ocupé mi asiento de conductor, a la vez que Danielle me hacía caso y ocupaba el asiento de copiloto.
Arranqué el motor de mi coche, y salimos del garaje. Comencé a conducir el coche, entre las calles de Hamburgo, pensando mientras un sitio donde llevar a Danielle a comer. Tenía que ser un sitio privado donde poca gente me conociera, no quería que después la prensa amarillista estuviera tocándome las narices a mí y a Danielle, por el simple hecho de salir a comer juntos, y que pensarán que era mi nueva conquista. Después de dar varias vueltas, sin un rumbo determinado, decidí ir a un restaurante que había a las afueras de Hamburgo, el cual era bastante privado, y no tendríamos problemas. En la época en que vivíamos en Hamburgo, solíamos ir a comer a ese restaurante, junto con nuestros productores y equipo de management. Aparqué el coche afuera en la zona del parking privado, para luego bajar del coche. Nos dirigimos hacia la entrada del restaurante, para luego hablar con el encargado de organizar las mesas. Enseguida un camarero nos acompañó a una mesa, que estaba bastante alejada de la vista de todos, y sobre todo de las ventanas. Había que evitar las miradas de curiosos, y posibles paparazzis. Siempre estaban a la caza de exclusivas.
Nos sentamos en la mesa, y el camarero nos acercó dos cartas de menú para que fuéramos eligiendo el plato que íbamos a comer. Anotó las bebidas, mientras se iba a buscarlas, nos dejó mirando la carta. Minutos después, cuando regresó trayendo consigo lo que íbamos a beber, tomó la orden de lo íbamos a comer. Nos quedamos en silencio, una vez que se fue.
—Y bueno Tomi… —dijo mi prima sonriéndome— ¿Tienes pensado algo para el día de tu cumpleaños?
—La verdad… es que no sé —confesé— Tengo que hablarlo con Bill, seguramente querrá que celebremos nuestro cumpleaños aprovechando que estamos en Hamburgo con Gustav y Georg.
—Haréis una fiesta a lo grande, ¿no? —cuestionó mi prima— No se cumple veintitrés años todos los días.
—Ya… —susurré.
El camarero regresó con nuestros pedidos, interrumpiendo nuestra conversación. Nos puso a cada uno nuestro plato correspondiente, y se marchó. Comenzamos a comer en silencio. El resto de la comida, hablamos apenas muy poco. La celebración de mi cumpleaños me había hecho recordar que sería un año más viejo, y eso me estaba comenzando a deprimir. Cuando acabamos de comer, enseguida el camarero nos vino a tomar nota del postre. Yo me pedí un café, no tenía gana de comer dulce, pero Danielle se pidió una copa de helado de cinco bolas, esta chica no cambia siente pasión por los helados. Después de tomarme mi café y Danielle su helado, pedí la cuenta. Pagué y nos fuimos.
—Bueno princesa, es hora de separarnos —le dije a mi prima parando mi coche enfrente de la casa donde vivía ella— ¿Tus padres no se preocuparán por ti al no haber dormido en tu casa esta noche?
—No te preocupes Tom —dijo mi prima— Mis padres saben que de vez en cuando desaparezco hasta el día siguiente. Bueno… te veré otro día.
—Por supuesto —susurré. Aprovechando que no había nadie rondando los alrededores, la besé— No veremos más pronto de lo que piensas…
—Entonces hasta que nos veamos —Danielle salió del coche, para luego dirigirse hacia la puerta de su casa.
Arranqué el coche, para comenzar a conducir. Llevaba prácticamente dos días enteros sin aparecer por la casa de mi madre, pero tampoco tenía ganas de volver, así que simplemente volví otra vez a mi apartamento. Necesitaba estar en soledad, tener tranquilidad, y en casa de mi madre no la tendría. Aparqué mi coche en mi plaza de garaje, y me dirigí de nuevo hacia el ascensor. Subí a la planta donde tenía mi apartamento, y me metí en interior de este. Me senté en mi butaca, a la vez que encendía un cigarrillo mientras saboreaba una copa de whisky Jack Daniels.
El sonido de mi móvil, me hizo despertarme. Restregué mis manos sobre mis ojos, y los abrí lentamente. La luz del sol penetraba considerablemente en el interior de mi habitación. Cogí el móvil para ver la hora que era, su reloj digital marcaba las tres y media de la tarde. Tenía una llamada perdida de mi madre, bueno… una más bien tenía varias y varios mensajes de texto. Los abrí, para ver que me decía.
”¿Dónde diablos te has metido Tom? Llevas dos días sin aparecer por casa.”
”Tom, hijo, estoy preocupada por ti… ¿Por qué no me contestas al teléfono ni a los mensajes?”
Dejé mi móvil sobre la mesilla, y me volví a tumbar. Cerré los ojos respirando hondamente. Cuando regresará a casa, mi madre me daría una buena charla. Me desperté sobresaltándome. Observé mi móvil y marcaba las siete y media de la tarde. Mi madre me había hecho otra llamada perdida. Me levanté con pereza. Me dirigí al baño, tenía ganas de vaciar mi vejiga. Me miré al espejo que había en este, mi cara estaba ojerosa. Hice lo que tenía que hacer, para luego lavarme las manos, y aprovechar para mojarme la cara, pero mi aspecto no había mejorado en nada. Me sequé con la toalla, para luego salir del baño, coger mi móvil que estaba encima de la mesilla y dirigirme hacia el salón de mi apartamento. Me puse mi cazadora, y por último cogí las llaves de mi coche.
—¿Dónde diablos has estado todo el fin de semana? —escuché decir a mi madre gritándome, nada más abrir la puerta de mi casa— Hemos estado muy preocupados, pensando que te había sucedido algo. ¿Por qué no has contestado a mis llamadas? —seguí caminando hacia las escaleras, para subir a mi habitación. No tenía ganas de seguir aguantando a mi madre, además que me dolía bastante la cabeza— ¡Tom! ¿Me has escuchado?
—Soy suficiente mayor para hacer lo que me da la gana, y no tener que estar diciéndote cada dos por tres donde estoy —respondí a mi madre con aire borde.
Seguí subiendo las escaleras, sin mostrar ni siquiera una simple disculpa a mi madre. Caminé por el pasillo hasta que llegué a la altura de mi habitación. Cuando iba a entrar en esta, la puerta de la habitación de mi hermana, que era la contigua se abrió. Me encontré con sus ojos azules mirándome inquisitivamente.
—¿Dónde has estado? —me preguntó nada más verme— Has preocupado mucho a mamá —me miró con seriedad— Ha estado inquieta durante toda la tarde.
—Es mi problema… —respondí furioso a mi hermana— No tengo porque deciros por donde estoy, ya tengo suficiente edad para desaparecer unos días sin dar señales de vida.
Acto seguido entre en mi habitación dando un ligero portazo, dejando a mi hermana con la boca abierta por la contestación que le había dado. Me descalcé para luego tumbarme en mi cama, no me apetecía hacer nada. La puerta se abrió de nuevo de mi habitación, para luego ser cerrada otra vez.
—Eres un mal hijo —me dijo mi hermana completamente furiosa— Mamá solo se preocupa por ti.
—No hace falta que se preocupe por mí —dije alzando un poco la voz— Ya soy suficiente mayor, para no dar explicaciones de lo que hago —mi hermana me vio con el ceño fruncido— ¡Lárgate de mi habitación! —le grité— No quiero verte delante…
—Está bien, tú mismo —dijo mi hermana para luego cerrar la puerta de un gran portazo.
Me volví a tumbar en mi cama, me dolía a horrores la cabeza. Los gritos de mi madre y de mi hermana habían conseguido levantarme una jaqueca tremenda. Cerré los ojos a ver si así, el dolor se aliviaba, pero parecía que, en esa casa, todos se habían unido en un complot, porque la puerta de mi habitación se volvió a abrir de repente.
—¿Dónde diablos has estado? —escuché preguntarle a mi gemelo.
—¡Dios… qué pesados estáis! —dije levantándome de la cama, y mirando a mi hermano— La verdad es que, si sé que vais a estar tocándome los huevos todo el rato, no vuelvo a casa —le dije a mi hermano molesto.
—Has estado preocupando a mamá —dijo Bill mirándome con preocupación— Llevas desde el jueves sin aparecer por casa, es lógico que nos preocupemos por ti.
—No os importa lo que estuve haciendo —respondí molesto.
—Pero Tom… —dijo mi hermano mirándome con los ojos abiertos— ¿Qué demonios te pasa? —me preguntó— Llevas unos días arisco y de mal humor.
—Me duelen los huevos, coño —respondí mosqueado— Ahora vete de mi habitación y déjame de tocarme las narices —le dije cogiéndole del brazo y arrastrándolo hasta la puerta de mi habitación.
—¡Oye me haces daño! —se quejó mi gemelo.
—Más daño te haré si te parto la nariz —le amenacé— No querrás salir con la nariz torcida en los futuros shoots de nuestro disco —le dije acercándome a él mientras levantaba mi mano— ¡Fuera! —dije empujándole fuertemente.
—Está bien… no me empujes, imbécil —dijo mi hermano molesto saliendo de mi habitación.
Mi hermano salió de la habitación, y me quedé de nuevo solo en esta. Me tumbé de nuevo en mi cama, ni siquiera me iba a molestar en bajar a cenar. No quería verla, no quería desear follármela hasta reventarla, no quería pensar en mi hermana…
Tardé altas horas de la madrugada en quedarme dormido. Sentía todo mi cuerpo dolorido, entumecido y muy cansado. Si fuera por mí, me quedaría todo el día durmiendo. Abrí los ojos rápidamente cuando sentí, como algo frío caiga sobre mi cuerpo mojándome completamente.
—¡Naia! —grité con voz ronca, al descubrir a mi hermana pequeña con un vaso vacío de agua.
—Despierta dormilón, ya es muy tarde —dijo mi hermana riéndose.
—Imbécil… —le dije con enfado. Mi hermana seguía riéndose al verme— ¿De qué te ríes estúpida? —pregunté molesto.
—Estás muy gracioso… —susurró a la vez que se doblaba riéndose más fuerte.
Me miré al espejo, que había en mi armario de tres puertas, y vi que tenía toda la cara de color blanco. Miré furioso a mi hermana.
—Me cago en la puta que te parió —le dije con enfado, yendo directamente hacía ella, mientras que en mi camino cogía un pañuelo de papel y me limpiaba la cara.
—Tranquilo, Tom… —dijo mi hermana retrocediendo sus pasos al ver mi cara de mala leche— Solo ha sido una broma… —dejó de sonreír— Bueno, ya te dejo tranquilo… —me dijo para luego dirigirse hacia la puerta.
—¿A dónde vas? —le dije a mi hermana agarrándola de su cabellera larga— Por lo menos pide disculpas, imbécil.
—Suéltame… —se quejó mi hermana a la vez que se llevaba las manos a la cabeza— Me estás haciendo daño…
—No hasta que te quedé claro, que no debes de meterte conmigo niñata —le dije con enfado, mientras la arrastraba hacia mí.
—Suéltame estúpido… —volvió a decir, notando como su cabello estaba demasiado tirante.
—Al final, te pareces a las putas baratas, siempre suplicando —le dije con rabia.
—Eres subnormal, Tom —dijo mi hermana con ojos llorosos.
—Me tienes harto —le dije agarrándole fuertemente por la cara— No quiero que te vuelvas a meter en mi puta vida, déjame tranquilo…
—Solo he cumplido las ordenes de mamá —susurró mientras que unas lágrimas corrían por sus ojos azules.
—Me da igual que hayas cumplido ordenes de mamá —le dije con rabia— Me molestas de todas formas…
—Eres un jodido subnormal —dijo mi hermana, pero esta vez estaba rabiosa. Sus puños se posaron sobre mi pecho desnudo, y comenzó a golpearme— Te odio…
—Cuidado con lo que haces —le advertí.
—Eres un amargado —me dijo mi hermana alzando la voz— Desde que te dejaste con Kelly estás insoportable, como ya no puedes follar con ella.
—No tengo ningún problema, ya sabes que yo siempre encuentro a alguien con quien echar un polvo —le repliqué.
—Genial, pues entonces haz tu vida y deja de tocarme las narices —respondió mi hermana envuelta en ira— Estoy harta de ser siempre quien paga tu malestar.
—Lo mismo digo —le dije con rabia— Pero parece ser que tu deporte favorito es hacerme la vida imposible.
—Yo no te hago la vida imposible, imbécil —dijo mi hermana mirándome enfadada— Eres tú quien me la hace, parece que tienes un complejo sexual conmigo…
—No vuelvas a decir eso —me acerqué a ella nuevamente, agarrándola de los brazos fuertemente mientras la balanceaba.
—Suéltame… —me exigió.
—Ni se te ocurra en ningún momento, volver a decir eso —le amenacé de nuevo— Sino tendrás que sufrir las consecuencias… —le advertí— Me has entendido.
—¿Qué pasaría si lo llegará a decir? —preguntó retándome— A mamá no creo que le hiciera mucha gracia.
—Te estás comportando como una puta —le dije mirándole con rabia.
—No vuelvas a repetir eso… —me dijo mi hermana pegándome una bofetada en mi mejilla. Después se giró para irse.
—No vuelvas a pegarme… —le dije agarrándola, de tal manera que ambos caímos en mi cama.
—Suéltame, bestia —se revolvió entre mis brazos para poder escaparse de nuevo, a la vez que me golpeaba salvajemente. Le pegué una bofetada, haciendo que su mejilla se volviera colorada. Se movió otra vez, para irse, pero la volví agarrar por su camisa, haciendo que los botones de esta saltaran por los aires, mostrándome su sostén— ¡Me has roto la blusa, bruto! —se quejó— Me tienes hasta las narices… —se tiró encima de mí haciendo que yo cayera sobre el colchón, mientras que comenzaba a pegarme en el pecho, en los brazos, en cualquier lugar que le viniera en gana.
—¡Párate ya! —le dije tumbándola de nuevo sobre la cama, quedándome encima de ella. Se veía tan hermosa, y tan jodidamente cachonda… Observé sus pechos pequeños, subir y bajarse. Le faltaba la respiración.
—Déjame en paz… —dijo de nuevo mi hermana, implorando clemencia. Enredé mis piernas con las de ella, sintiendo la calidez de su piel sobre mis piernas desnudas. Sentía una excitación latente en mi interior. Me acerqué lentamente a mi hermana, mientras que respiraba agitadamente, para luego apoyar mis labios sobre su cuello. Atrapé su piel con mis dientes, dándole una mordida— Me estás haciendo daño, cabrón —me golpeó en mi hombro intentando separarme de ella, pero yo me junté más a su cuerpo, haciendo que mi pelvis se acercará más a su sexo— Suéltame…
—¡Estúpida! —grité al sentir los dientes de mi hermana sobre mi cuello.
—Te dije que me soltaras —me recordó mi hermana— Imbécil… quítate de encima de mí.
—¿Qué ha pasado aquí? —escuché a la voz de nuestra madre, que entraba en la habitación en ese momento— ¡Por dios, Tom! —dijo con cara de pánico— ¿Qué diablos le estás haciendo a tu hermana?
—Quítate de encima de ella —escuché decir a Gordon, mientras que sus brazos me arrastran fuera de la cama.
—¿Estás bien? —preguntó nuestra madre a mi hermana.
—Sí, estoy bien… —respondió llorosa.
—No te ha hecho nada, ¿verdad? —preguntó de nuevo nuestra madre temerosa.
—No… —susurró mientras que comenzaba a llorar más intensamente.
—¿Se puede saber en coño estás pensando? —preguntó nuestra madre furiosa— Estuviste a punto de violar a tu hermana.
—Yo no le iba a hacer tal cosa —me defendí— Solo estaba peleándome con ella —aclaré— Estoy harto de que controléis mi vida a cada momento, si lo sé no vuelvo de Los Ángeles, y me quedo a vivir allí, que se está más tranquilo.
Cogí unos pantalones, que tenía encima de una silla y una camiseta, y me vestí con enfado. Luego salí de mi habitación sin decir nada, estaba harto de todo y de todos. Bajé las escaleras corriendo, para luego abrir la puerta de la calle y salir de casa. Me monté en mi Cadillac Escalade, y me fui de la casa de mi madre. Comencé a conducir por las calles de Hamburgo, hasta que finalmente llegué a mi apartamento, allí podría asearme en condiciones y quitarme toda la excitación que tenía encima. Lo único que necesitaba era tranquilidad, para relajarme, y en casa de mi madre no la podía hallar.
Continúa…
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