Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 51
By Naia
Me dolía la cabeza a horrores. Sentía mi cuerpo completamente dolorido, como si me hubiera atropellado un camión. Abrí los ojos, la claridad de la habitación hizo que los volviera a cerrar otra vez. Sentía mucha molestia en ellos. Me apoyé la mano en mi frente, intentando aliviar el dolor que sentía, pero este se había vuelto más intenso. Volví a abrir los ojos para fijarme en mi habitación… o lo que creía que era mi habitación, ya que en ese momento no la reconocía por ningún lado. La decoración no correspondía con esta. ¿Dónde diablo estaba entonces? Me incorporé un poco más para visualizar mejor el sitio, y una punzada de dolor sentí en mi vientre. ¿Qué diablos me pasa? Me pregunté asustada, porque estoy en una cama que no es la mía. Abrí los ojos desmesuradamente al comprobar mi desnudez debajo de las sábanas. Esto estaba siendo una broma de muy mal gusto. Los ojos se me aguaron. No tenía pensado perder mi virginidad, en una noche de descontrol… no me acuerdo de nada… Solo estaba en la fiesta de cumpleaños de mis hermanos… Bebí unas copas, pero ya no consigo recordar nada más… Me desesperé. Escuché un ruido, me tensé. Una puerta que había en la habitación se abrió, dando paso a otra persona. Lo miré, no me lo podía creer…
—¿Ya estás despierta? —me preguntó mi hermano desde la puerta del baño. Estaba completamente desnudo…
—¿Qué hacemos aquí? —pregunté con temor, frunciendo el ceño. Mis ojos comenzaron a aguarse de nuevo— ¿Por qué estoy desnuda en la cama? ¿Y por qué tú también lo estás? —le pregunté exigiéndole una respuesta.
—¿Qué crees tú? —me respondió mordazmente. Unos recuerdos muy leves, comenzaron a pasarse por mi mente. El coche de mi hermano, sus labios sobre mis labios… Comencé a negar con la cabeza no me podía creer lo que me había hecho, eso no era verdad. Él y yo nunca pudimos haber sido solo una persona, es mi hermano…
—No… —susurré. Comencé a llorar— ¡Eres un hijo de puta! —le grité a la vez que me levantaba de la cama. Estaba muy furiosa— Eres un cabrón… —le dije mientras comenzaba a llorar con más intensidad. Se intentó acercar a mí, pero enseguida retrocedí en mis pasos para evitar su contacto— ¡No me toques, hijo de puta! —me alejé lo más posible de él, y busqué mi ropa interior. Me la puse para luego coger mi vestido, que estaba tirado en el suelo, y salí de la habitación con este en la mano.
—¿A dónde vas? —me preguntó persiguiéndome. Estaba acabando de ponerme mi vestido.
—Déjame en paz, Tom —le dije llena de rabia e ira— Ni te atrevas a tocarme… Estás muerto para mi… —le espeté. Estaba muy dolida con él, no entendía como había sido capaz de hacerme eso. Me dirigí hacia la puerta para abrirla, pero tenía el cerrojo echado— Abre la puerta… —le exigí con enfado. Mi hermano no hizo nada, solo se limitó a mirarme callado y quieto. Lo miré con furia, y comprendí que no me iba a abrir la puerta, me dirigí hacia una de las ventanas que había en esa habitación, concretamente era el salón. La abrí, saqué mi cabeza por ella— ¡Socorro! ¡Me han secuestrado y me han violado! —grité por la ventana intentando que alguien captará mi llamado.
—¿Qué estás haciendo loca? —me agarró fuertemente de mi brazo, para apartarme de la ventana. Sus ojos me miraban furiosos— ¡Calla la boca! —me ordenó.
—Abre la puerta —le exigí nuevamente.
Se quedó callado, frunció el ceño para luego desaparecer. Minutos después volvía con las llaves en las manos. Me abrió la puerta, y salí corriendo de ese lugar. No esperé a que mi hermano se disculpara. No quería sus sucias disculpas, no quería saber los motivos que le habían llevado a hacerme eso. Llamé con urgencia al ascensor, deseaba con toda mi alma que llegará antes de que a mi hermano se le ocurriera venirme a buscar. Sentía mi corazón dolorido, roto en pedazos. El difícil asumir que te han ultrajado, y más difícil enterarte que fue tu propio hermano. Sangre de mi sangre. Entré en el ascensor, y marqué el piso número cero. No tarde ni cinco minutos en salir del ascensor, caminé por el portal hasta que me dirigí a la puerta de este. Salí al exterior. Miré confundida a mí alrededor. No conocía ese parte de Hamburgo, y no sabía cómo regresar a casa caminando, ya que me había acabado de dar cuenta, que me había dejado mi bolso en el apartamento de mi hermano. No tenía ganas de encararlo de nuevo, además que no sabía el piso en donde vivía. Caminé por la calle, que en ese momento estaba bastante vacía. Algunos coches pasaban por la carretera. Caminaba sin ningún rumbo fijo, mientras que las lágrimas comenzaban a caer por mis mejillas nuevamente. Me crucé con varias personas, que me miraron curiosos, pero yo no hice caso de sus miradas y seguí caminando. Me sentía muy confundida, me sentía vendida… Solo era una basura…
Miré a mí alrededor, y me encontré en medio de un puente, que cruzaba el río de mi ciudad. Hamburgo estaba dividido por un río, y poseía varios puentes para poder ir a la otra zona. Yo vivía en la otra zona. Me apoyé a la barandilla, mientras pensaba. Mientras pensaba que mi vida ya no tenía sentido, y seguramente se mi quitaba del medio dejaría de ser un estorbo para mi madre, para mi hermano Bill… Lo tenía muy fácil, ese puente era mi única solución, pero solo pensar ver a mi madre sufrir y a mi hermano Bill, a mi amiga Amy hizo que mi corazón diera un vuelco. No podía fallarles a ellos… Desistí en la idea, y comencé a caminar. Los pies me dolían, así que me descalcé llevando mis zapatos en las manos. A ese paso llegaría casi al atardecer a mi casa, pero no me importaba. Necesitaba pensar en lo sucedido, en como poder enfrentar el día a día con mi hermano Tom, sabiendo que él me había violado. Toda la confianza y el cariño de hermana que había sentido por él, se había roto. Él estaba muerto para mí…
Abrí la puerta de casa. Me encontré con mi madre, y mis hermanos, que estaban hablando entre ellos. Mi madre me miró.
—¡Naia, hija! —se acercó a mí, y me abrazó. Clavé los ojos en mi hermano Tom, lo odiaba a muerte — ¿Dónde has estado? —me reclamó mamá con enfado, a la vez que me pegaba una bofetada. Sentí un calor en la zona golpeada, y me dolía.
—Por ahí… —respondí con indiferencia— También tengo derecho a divertirme de vez en cuando… —comencé a caminar hacia las escaleras.
—Estás castigada hasta nuevo aviso —me informó mi madre.
—Como tú quieras… —respondí de manera borde.
—Nada de salidas entre semana, cuando empieces el colegio te quiero en casa tan pronto como salgas de clase —me dijo mamá. Se notaba enfadada.
—¿Has acabado? —pregunté retándola— Ahora me voy a mi habitación… —informé para luego desaparecer por las escaleras arriba.
Entré en el interior de mi habitación. Corrí hacia mi cama, para tumbarme y echarme a llorar. Me sentía muy sucia. Me quité mi vestido, y busqué una ropa cómoda que ponerme. Salí de mi habitación, necesitaba darme una ducha, para quitarme toda la suciedad que sentía por mi cuerpo. Entré en el baño, asegurándome cerrar bien la puerta de este. No quería que mi hermano Tom entrara de nuevo al baño, como lo había hecho el día anterior. No sé cómo no pude darme cuenta de lo que me iba a hacer, si por la forma de mirarme se le veía venir. Entré en el interior de la ducha, y comencé a mojarme mi piel desnuda, y frotándomela tenía que limpiar cualquier rastro que tuviera en mi piel de él. Cuando acabé de limpiarme tenía toda mi piel roja, porque me había frotado enérgicamente para conseguir quitar todo su aroma sobre mi piel. Me vestí y salí del baño, para encerrarme de nuevo en mi habitación, donde nadie podría hacerme daño nuevamente.
Los días fueron pasando, y traté de evitar a mi hermano Tom a toda costa. No lo quería ver ni en pintura ni siquiera. Él varias veces intentó hablar conmigo para disculparse, pero siempre me iba dejándolo con la palabra en la boca. Me encerraba en mi habitación, ya que no podía salir de casa, porque mi madre me había castigado. Bill se había dado cuenta de mi cambio de actitud. Con mucha frecuencia, me sumía en mis pensamientos, y todos ellos eran a revivir día tras a día lo sucedido aquella noche.
Había pasado toda la tarde en mi habitación, y ahora me encontraba prepararon mi mochila, en la cual metí una pequeña libreta y mi estuche, para poder tomar notas del material que tendría que llevar en casa asignatura, ya que mañana no sería día de clase normal, sería más bien una presentación. Finalmente, cogí mi uniforme que estaba perfectamente colgado en mi armario. Coloqué en una silla de mi habitación, perfectamente estirado para que no se arrugara, mi camisa color blanco, mi falda, las medias color azul marino y unos zapatos negros, que los puse debajo de la silla. Al día siguiente comenzaría las clases, me sentía emocionada por salir de esa jaula en la que estaba metida, y por lo menos durante unas horas no ver a mi hermano Tom. Su presencia me molestaba considerablemente. Cuando acabé de colocar todo, salí de mi habitación en dirección a la cocina. Mamá estaría preparando ya la cena, y al día siguiente tendría que madrugar para ir a la escuela.
—Hija, acaba de poner los platos en la mesa —me ordenó mi madre tan pronto que me vio aparecer por la puerta de la cocina. Fruncí el ceño. Por qué siempre tenía que ser yo quien la ayudará, también estaban mis hermanos que en ese momento estaban en el salón viendo la televisión tranquilamente.
—También están Bill y Tom para ayudarte —le respondí molesta. Ella me miró frunciendo el ceño. Sabía que mi actitud de niña respetuosa y buena, había cambiado considerablemente desde la fiesta de cumpleaños de mis hermanos.
—Hazlo y punto —me dijo sin ponerse a discutir conmigo. Resoplé para luego comenzar a poner los platos sobre la mesa de mala gana.
Minutos después llegaron mis hermanos acompañados por nuestro padre. Nos sentamos en la mesa y mamá sirvió la cena en cada uno de nuestros platos. Comenzamos a cenar, pero yo no tenía hambre me dediqué a juguetear con la comida que había en mi plato.
—Hija quieres comer de una vez —me reprendió.
—No tengo apetito —respondí apartando el plato de mi vista.
—No sé qué diablos te pasa, pero llevas unos días que estás insoportable —dijo mi madre mirándome con seriedad.
—Seguro que será porque le va a venir la regla —respondió mi hermano Tom haciéndose el gracioso. Yo lo fulminé con mi mirada.
—Eres un imbécil, lo sabes… —le dije a la vez que le sacaba la lengua.
—Yo también te quiero hermanita —me respondió mirándome fijamente. Sentí escalofríos por todo mi cuerpo, y más al recordar como habíamos estado semanas atrás.
—Me voy a dormir… —anuncié— Estoy cansada, y mañana tengo que levantarme temprano para ir a clases —dije levantándome de la mesa.
—Buenas noches, hija —me dijo mi madre a la vez que salía de la cocina, para luego dirigirme hacia las escaleras.
Subí las escaleras, y me encaminé a mi habitación. Cerré la puerta, y me desnudé para poner el pijama. Después abrí la cama, y me metí en el interior de esta. Finalmente, apagué la luz de la habitación para quedarme a oscuras. Solo la tenue luz de la luna entraba furtivamente por la ventana. Estuve durante bastante tiempo dando vueltas en la cama, pero no era capaz de dormir. Las noches de veranos de desvelo hasta las tantas de la madrugada, en el ordenador o leyendo algún libro romántico estaban pasando factura en esa noche. A parte de que por mi cabeza rondaba mis quebraderos de cabeza adicionales, y eso significaba que estaba centrada pensando en lo que me había hecho mi hermano Tom. Después de dar varias vueltas, decidí levantarme de la cama. Salí de mi habitación, todo estaba en silencio, mis padres y mis hermanos ya estarían durmiendo. El reloj del salón marcaba que era la una de la mañana, me dirigí hacia la cocina para beber un poco de leche. Cuando acabé de beber, dejé el vaso en el fregadero y me dirigí de nuevo para mi habitación. No tenía ganas de volverme a acostar, no era capaz de dormir. Abría la puerta de mi habitación para entrar, pero me percaté que la puerta de la habitación de mi hermana Bill, que dormía enfrente de la habitación de Tom y de la mía, dejaba pasar una leve y tenue luz. Mi hermano Bill estaba despierto. Me acerqué un poco dudosa, y toqué levemente la puerta sin hacer mucho ruido.
—Naia, ¿Qué haces levantada a estas horas? —susurró mi hermano abriéndome la puerta de su habitación.
—No puedo dormir —contesté a mi hermano— ¿Puedo pasar?
—Está bien —susurró para luego hacerse a un lado y dejarme pasar Entré en el interior de su habitación, y me senté en su cama.
—¿Qué haces a estas horas despierto? —le pregunté extrañada. Mi hermano solía quedarse temprano dormido.
—Estaba echando una hojeada a una revista, que le pasó Georg a Tom —me explicó.
—Oh genial… —le sonreí— ¿Puedo verla?
—Mejor no… —me dijo cogiéndola para esconderla.
—¿Por qué? —le pregunté arqueando las cejas— A caso me estás ocultando algo —se la cogí de las manos en un descuido de él— Vaya… no me esperaba que estuvieras viendo esto. Lo veo más propio de Tom, que de ti.
—Ya… —dijo mi hermano intentando quitármela de las manos.
—No sé qué le veis a estar revistas, de verdad —dije ojeando la revista por encima— Solo salen chicas medio desnudas, y con tetas de silicona.
—Bueno, recrea mucho la vista —dijo mi hermano mirándome.
—Te creía más inteligente que Tom, ahora me vendrás a decir que te haces pajas viendo la revista —dije a mi hermano en modo gracioso.
—Bueno… —dijo mi hermano sin saber que decirme.
—Por favor, no me des más detalles —le dije poniendo mala cara, ya tenía suficiente con haber visto a Tom masturbarse hacia unas semanas, con ahora saber que mi hermano Bill también se lo hacía.
—Perdona has sido tú la que lo has insinuado —me dijo mi hermano quitándome la revista de las manos.
—No lo he insinuado, solo era un pensamiento gracioso —respondí.
—Está bien —susurró para luego sentarse en la cama, y mirarme penetrantemente— ¿Tienes algo que contarme?
—No… —titubeé.
—¿Segura? —volvió a insistir mirándome otra vez intensamente, como queriendo descifrar mis pensamientos.
—Sí… —susurré.
—En estos días has cambiado mucho… —susurró Bill mirándome— Antes no eras así…
—Las personas cambiamos, ¿no? —le miré con una mueca torcida.
—Mira… Te voy a ser sincero —me dijo mi hermano— No me creo lo que le dijiste a nuestra madre de que te habías ido por ahí, que también tenías derecho a divertirte.
—Le dije la verdad —le respondí de nuevo.
—No sé… Naia —me miró a los ojos— Llevas unos días que tu mirada es completamente triste.
—Será mejor que me vaya a dormir —le dije cortando la conversación— Sino mañana no habrá quien me levante —sonreí— Buenas noches…
—Buenas noches, princesa —me dijo cariñosamente para luego depositar un beso en mi frente— Descansa…
—Hasta mañana —susurré.
Salí de la habitación de mi hermano Bill. Me dirigí hacia mi habitación, y una vez adentro me volví a meter en el interior de mi cama. Después de un par de vueltas, finalmente conseguí quedarme dormida. Esperaba dormir ahora toda la noche de un tirón, antes de que amaneciera sino en clase me quedaría dormida. La alarma de mi despertador hizo que abriera los ojos lentamente, la luz del sol que entraba tenue por la ventana, me hizo cerrar los ojos al sentir el contacto de la luz sobre ellos. Me levanté con dificultad de la cama, y me dirigí hacia mi armario para coger una muda limpia de ropa interior, para irme a tomar una ducha rápida, y así poder despertarme por completo, antes de que mis hermanos ocuparan el baño.
Salí de mi habitación, y me dirigí hacia el baño. Cerré la puerta. Me desnudé y me metí en el interior de la ducha. El agua mojó todo mi cuerpo, y mi cabello. Me eché champú en mi pelo, y gel en mi cuerpo, para luego frotarme con la esponja. Me aclaré el pelo y el cuerpo. Después salí de la ducha, y me sequé el cuerpo con una toalla, para luego irme a mi habitación de nuevo, para acabarme de vestir. Después volví al baño para secar un poco el pelo con el secador, y peinarme. En menos de media hora, ya estaba en la cocina preparada con mi mochila para ir a la escuela. Mi madre ya estaba preparando el desayuno cuando entré en la cocina.
—Buenos días, cielo —dijo mi madre con ternura, aunque en los últimos días no le había tratado muy bien, mientras acababa de hacer unas tortitas, ya que solo le quedaba por hacer eso, la mesa estaba ya puesta con las tostadas, huevos con bacon y una gran jarra de zumo natural recién exprimido.
Continúa…
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