Fic TOLL de Space_witch_111
Capítulo 13
<< Bueno, ¿y qué quieres que haga? Derek se ha vuelto un amigo excelente y Georg es una persona grandiosa. A Gus lo conozco porque trabaja en el laboratorio de fotografía y es un chico sensacional. Así estoy bien, no ocupo tener tantas personas en una vida que pronto dejaré. No voy a quedarme a vivir en Venecia por siempre. >> Dije.
<< Ya lo sé, Bibi . Lo que trato de decir es que disfruta el tiempo que estés aquí.
<< Eso lo hago, créeme.
<< Pero…
<< ¡Tu pizza está lista! >> Canté al oír el sonido del microondas. <<Me voy a dormir, te quiero, buenas noches. >> Me fui a paso apresurado a mi habitación.
Me sentía culpable, porque la verdad era que no me entusiasmaba tanto la idea de pasar el día con Andreas, al menos no si es que lo veía de la perspectiva de que no vería a Tom, o mejor dicho, de que no estaría yo solo con él.
Me revolqué entre las sábanas de mi cama hasta que la apenas cálida luz del sol me llegó a los ojos.
<< ¡Bill! >> Los golpes en la puerta no fueron tan intensos, pero sí molestos.
<< ¡Ya estoy despierto! >> Dije.
Salí de mi habitación y miré a Andreas sonreírme. Me sentí mal de nuevo.
<<¿Cuáles son los planes de hoy? >> Pregunté, totalmente desganado.
<< Conseguir un atuendo elegante.
<< ¿Elegante? ¿Qué celebramos? >> Inquirí, confundido.
<< El próximo domingo es el cumpleaños del señor Vittore y, ya sabes cómo son todas esas personas. >> Puso los ojos en blanco.<< Gastan hasta el último centavo para darle lujo al ambiente.
<< ¿El señor Vittore? >> Traté de pronunciar el apellido con el acento que Andreas había utilizado.
<< Sí, el dueño del hospital.
<< Oh… ¿Y…?
<< Estamos invitados. >> Sonrió ampliamente.
<< ¿Invitados? >> Quería saber a quiénes se refería.
<<Sí, tú, Tom y yo. Quien por cierto ya debería estar aquí. >> Divagó, mirando el reloj de su muñeca.
<< ¿Tom? ¿Nos acompañará? >> Hice un mohín.
<< Claro, ¿y luego quién me dirá que me veo lindo? >> Bromeó.
<< Pero Tom… sabes que no le gusta eso. >> Intenté encontrar una excusa creíble para que Tom no fuera, yo no debía siquiera estar cerca de él.
<< Pero es mi Tom. >> Dijo y me dolió. << Él está dispuesto a acompañarnos.
Entonces el timbre sonó. El corazón me latió ansioso, presuroso y… angustiado. Andreas corrió emocionado hasta la puerta, mientras que yo me quedé parado allí, con ganas de correr en dirección opuesta. Después de la pequeña discusión que tuvimos ayer no sabía qué sentir. Pero entonces Andreas abrió la puerta y la luz apareció en mis ojos, allí estaba él, tan deslumbrante como siempre, usando una camiseta color azul, un paliacate a juego en la cabeza , y un jeans de color negro Hizo que el mundo se me volteara en un segundo cuando me miró.
<< ¡Amor! >> Dijo Andreas, sin duda feliz. Pero esta vez en darle un beso en los labios, se lo dio en la mejilla. Agradecí aquello, aunque la fierecilla igual se sintió celosa.
<< Hola. >> Musitó Tom. Lo saludé con la mano.
<< Ve a cambiarte, Bill. >> Me instó Andreas y sólo entonces caí en la cuenta de que estaba en pijama, de nuevo. << Nos espera un largo día.
Sonreí y sin decir nada me fui a mi habitación, haciendo un mohín mental por el adjetivo que Andreas acababa de usar para calificar al día… largo.
Me puse una camiseta roja con detalles negros , unos skinny jeans de cuero y mis botas negras. acomodé un poco mi desordenado cabello, luego salí al encuentro con ambos.
<< ¿Listo? >> Preguntó Andreas. Asentí. Era raro, como si me hubieran quitado la voz, pero lo cierto es que me sentía realmente incómodo al recordar la discusión de ayer.
Y al parecer no era el único, Tom tampoco hablaba mucho.
Nos fuimos en el auto de Tom, Andreas en el asiento del copiloto, claro, y yo acurrucado atrás, mirando a través de la ventana polarizada. Recordé cuando íbamos solos los dos, yo en lugar de Andreas, y deseé fervientemente que ahora, Andreas se borrara de la escena y al instante me sentí mal, traicionero. Suspiré, empañando el cristal negro.
<< Bill, ¿tienes alguna idea para tu traje? >> Me preguntó Andreas.
<< ¿Ah? >> Musité, encerrando mis pensamientos en algún cajón de mi mente.
<< Sí, algún color que tengas ya en mente. >> Me miró.
<< Oh, bueno… no, en realidad. >> Me encogí de hombros.
<<¡Yo sí! >> Anunció. << Creo que escogeré uno en tono gris. >> Me dijo, pero luego miró a Tom. << ¿Te gustaría? >> Le preguntó.
<< Te verías hermoso con ese color. >> Respondió.
Algo me picó cerca del pecho, como si una aguja se me enterrara en el corazón: me giré de nuevo a mirar hacía la ventana, tratando de ignorar la situación. Tom condujo hasta una calle que estaba repleta de tiendas de ropa de gala, como si fuera alguna calle de Nueva York, así me pareció. Al bajar, Andreas me tomó de la mano y me hizo apresurar el paso, emocionado; mientras que Tom nos seguía detrás. Entramos a una tienda que en sus vitrinas exhibía unos trajes preciosos en maniquís blancos y sin cabeza. Al instante, la calefacción del lugar me abrigó el cuerpo, ya que afuera estaba frío.
<<¡Mira esos trajes, Bill! >> Andreas señaló hacia su derecha, mostrándome tres trajes en tono negro.
<<¿Puedo ayudarles? >> Preguntó una señora amable, que tenía el cabello color caoba acomodado en un peinado de estética, con un acento italiano marcado.
<< Sí, estamos buscando dos trajes para una fiesta elegante. >> Dijo Andreas y luego le sonrió.
<< ¿De noche?
<< Sí.
<<Síganme. >> Dijo ella y caminó más al fondo de la tienda. Andreas me hizo seña de que lo siguiera y luego volvió a girarse para seguir a la señora. Apenas iba a dar el primer paso, su mano me ató del antebrazo, con fuerza pero sin causarme daño alguno, no hizo falta que me girara para comprobar que era Tom, conocía sus manos muy bien. Pero el sólo contacto de su mano con mi brazo, hizo arder mi piel. Me giré a mirarlo, esperando algo parecido al extraño comportamiento de ayer, pero su mirada era distinta, era como siempre había sido, tierna, inspiradora, brillante.
<< ¿Podemos hablar un minuto? >> Pidió y su voz de terciopelo acarició mis oídos.
Asentí y me soltó.
<< Creo que… >> Comenzó y al instante bajó la mirada. << Que te debo una disculpa. >>
Musitó, pero yo me quedé en silencio, porque en realidad no sabía qué decir.
Entonces él levantó su mirada y capturó mi rostro, como no dije nada, continuó hablando. << Por lo de ayer, la… extraña discusión que tuvimos, yo… eh… debí agradecerte, aunque no le veo nada de malo darle una simple flor a un amigo; pero tienes razón.
<< ¿En qué tengo razón? >> Pregunté, hablando por primera vez desde que inició el día.
<< En que a quien debo de darle ese tipo de cosas es a Andreas, él es mi novio. >> Esbozó una tenue sonrisita. Me quise morder la lengua. Retractarme de las palabras que había dicho ayer, pero ya no podía, además de que era verdad, yo tenía razón, y me dolía tenerla.
<< Claro, sí. >> Sonreí también. Aunque fingidamente.
<<Entonces… >> Vaciló. << ¿Estamos bien? Digo, somos amigos, ¿verdad?
Amigos. La palabra rebotó en mi mente como pelota de ping pong. Me dolió.
<< Claro, amigos.>> Esbocé una tenue, apenas visible sonrisa.
<< ¡Bill, Tom! ¿Por qué se quedaron allí? >> Andreas salió de nuevo a la vista y nos tomó de la mano a cada uno, llevándonos con él. << Bill, vi unos trajes preciosos, te encantarán. >> Me dijo, animado. Le sonreí, fingiendo entusiasmo.
Nos llevó hasta el fondo de la tienda, en donde él ya había hecho selección de tres trajes.
<< Ve y escoge algún traje que te guste, Bill. >> Me instó y me señaló un apartado con varios trajes.
Me giré a ellos y comencé a pasar la mano sobre cada uno, distraídamente. Rojo, negro, blanco. Los colores pasaban por mi mente, pero nada más; porque en realidad no le estaba prestando atención alguna al diseño del satín.
Amigos. Aquella conclusión de él me decía que ese era nuestro destino, nada más. Si yo tenía sueños, esperanzas o cualquier tipo de especulación acerca de una posible relación futura, tenía que echarlas a la basura. Nada iba a pasar, nunca, sencillamente porque él era el novio de mi mejor amigo.
<< Creo que el azul se te vería estupendo. >> Dijo a mi lado, haciéndome volver a la realidad, pero aún manteniéndome perdido en las capas de terciopelo de su voz.
<< ¿Cómo? >> Pregunté, atontado.
<< El azul. >> Señaló un maniquí portando un precioso traje, en tono azul oscuro. Me acerqué a el, sumamente atraído y Tom me siguió. << Se te vería estupendo, además, es mi color favorito. >> Añadió.
El traje era realmente precioso, así que me lo probé mientras que Tom esperaba sentado afuera.
<< Se te ve hermoso. >> Dijo Tom, cuando Andreas le preguntó qué tal, mientras que yo me esforzaba por meterme en el pantalón del traje, torpemente.
Corrí la cortina y salí del vestidor cuando por fin logré acomodarme el elegante traje.
Andreas y Tom me miraron, asombrados.
<< ¿Me veo tan mal? >> Pregunté, un poco cohibido ante ambas miradas de alucinación.
<<¿Mal? Dios, Bill, el traje es hermoso, te ves genial. >> Me dijo Andreas acercándose a mí.
<< Te queda perfecto. >> Musitó Tom, como un escultor admirado de su propia obra.
<<¿Dónde encontraste el traje? >> Me preguntó, maravillado.
<< Pues, Tom… me ayudó a encontrarlo. >> Admití, aunque debería haber dicho, «Tom lo eligió»
<< ¿En serio? >> Se sorprendió Andreas. << No tienes malos gustos, Tom. >> Dijo y rió.
Me sentí muy observado así que decidí hacerle fiesta al traje que Andreas usaba.
<< Tu traje es… precioso. >> Dije.
<< ¿Te gusta? >> Preguntó Andreas.
<< Claro, se te ve estupendo. >> Reconocí. A decir verdad, el traje era bastante sencillo, sí, pero Andreas tenía ese no sé qué que hacía lucir cualquier cosa que se pusiera, aún así fuera la prenda más horrible del mundo.
<< Entonces, creo que tenemos ya los atuendos. >> Dijo, satisfecho. Le sonreí, tímido.
<< Andreas, no tengo con qué pagarlo. >> Dije, el precio del traje no era para nada barato. Andreas explotó en risitas tiernas.
<< No seas tonto, Bill, yo los voy a pagar. >> Me dijo.
<< ¿Qué? No, no, no. >> Negué con la cabeza.
<< Claro que sí, y no quiero protestas. Anda, cámbiate para ir a pagarlos. >> Me empujó hacia el vestidor y él cerró la cortina, corriéndola de un tirón.
Me miré al espejo, ahora me sentía peor; Andreas era un excelente amigo, ¿y cómo le pagaba yo? Enamorándome de su novio. Suspiré y decidí no pensar en ello, ¿para qué me hacía más daño? Me despojé del traje y lo doblé sobre mi brazo, para salir cuando ya estaba vestido con mi ropa. Andreas pagó ambos atuendos y aproveché para agradecerle a Tom la ayuda.
<< Gracias, por elegirme el traje. >> Dije y le sonreí de una forma desconocida para mí. << Por nada, me alegra haberte ayudado.
Me le quedé mirando, justo como él a mí. Su mirada era como una canción romántica en mi alma, de esas canciones que te hacen desear bailar bajo la luz de la luna. <<Tom, Bill. >>Nos llamó Andreas y nos hizo apartar la mirada del otro. << Vámonos. >> Sonrió. Me dio la caja del traje y Tom tomó la suya para llevarla él, luego se giró a mí.
<< ¿Te ayudo? >> Se ofreció.
<<Claro. >> Dije y le di la caja.
Salimos de la tienda, y Andreas tomó la mano de Tom para caminar hasta su auto. La fierecilla se enfureció por ver el entrelazado de dedos entre ambos. De pronto, deseaba al menos confundirlo, que alguna parte de su cerebro formulara mi nombre junto a una remota posibilidad… al menos. Pero al instante de que me percaté de aquello, me retracté velozmente. Esto no debería de estarme pasando. Sacudí la cabeza como queriendo deshacer esos pensamientos y decidí ignorar a todo aquello que la fierecilla me gritaba, aún así yo estuviera de acuerdo.
El sonido del tocino tronaba en mis oídos y el aroma que éste desprendía hacía que mis estómago se quejara de hambre. Apenas había conseguido sobrevivir ayer, tenía que admitir que me dolía bastante el corazón verlos reír y abrazarse, y ni hablar de cómo se me partía el corazón cuando se besaban. Serví el tocino sobre el plato blanco en donde ya estaban un par de huevos revueltos, me senté a comerlos, tratando de no traer a mi mente los recuerdos de ayer, porque dolía, de verdad dolía.
Cuando terminé de comer, lavé mi plato y salí del departamento; hoy tenía que ir con Gustav a contarle todo.
Lo saludé en cuanto lo vi, su camiseta blanca fue lo primero que capté en la oscuridad del laboratorio antiguo.
<< Me tienes abandonado. >> Me dijo bromeando.
<<Lo sé, lo siento.
<< ¿Trajiste material nuevo? >> Me sonrió, entusiasmado.
<< No, en realidad no traigo fotos ahora. La verdad tengo algo que contarte.
<< ¿Georg preguntó por mí? >> Sus ojos destellaron encanto. Reí.
<< No la última vez, pero sí lo hace.
<< Oh… >> Musitó.
<< Vayamos a tomar un café, ¿quieres?
<< Seguro. >> Aceptó.
Salimos y recorrimos algunas calles, hasta que nos sentamos en un café cercano. << Bueno, dime, que me estoy muriendo de la curiosidad. >> Me instó. Sonreí nervioso y la expresión me cambió al instante. << ¿Por qué esa cara? >> Me preguntó, preocupado. Pensé qué decirlo así, sin tantos rodeos, era la mejor opción, así que hablé rápido y sin tropiezos.
<< Me gusta el novio de mi mejor amigo. >> Dije, atropellando las palabras. << ¡¿En serio?! Vamos, cuéntamelo todo, tengo bastante tiempo. >> Me le quedé mirando, sorprendido y divertido por su reacción. Él interpretó perfectamente mi silencio. << Oh, lo siento. >> Dijo, tranquilizándose. <<Cuéntame. >> Y volvió a recargarse en el respaldo de la silla.
Le conté la historia desde el principio, el tiempo nos sobraba a ambos y, desahogarme con Gustav me resultó más sencillo de lo que esperaba. Él me entendía y comprendía más que Derek o Georg. En el transcurso de la charla, lo veía hacer expresiones de sorpresa y otras de que estaba sumamente atento; todo eso me recordó a Georg, ambos tenían un rostro expresivo, pero de ángel.
Cuando terminé de contarle, el silencio que guardó me hizo sentir nervioso y comencé a enrollar mis dedos entre el blanco mantel de la pequeña mesa redonda.
<< Es el chico de las fotos, ¿no? >> Preguntó.
<< Sí. ¿Cómo sabías? >> Pregunté, confundido.
<< Bill, los ojos se te veían brillar cuando hablabas de él, y vaya que es apuesto el chico, ¿eh? >> Soltó una risa.
<< ¿En serio? >> Dije, afligido. Si él lo había notado, ¿Tom se habrá dado cuenta de cómo es que late mi corazón cuando está cerca?
<< Lo amas. >> Puntualizó.
<< ¿Amarlo? ¿Estás loco? ¡Claro que no! >> Chillé, escandalizado. No había llegado hasta ese punto, aún.
<< Claro que sí, Bill, se te nota. Amar y enamorarse no es lo mismo; enamorarse es disfrutar de todas aquellas sensaciones que se sienten al ver a la persona… «especial» >> Hizo las comillas con los dedos. << Pero cuando amas, ya empiezan a doler. Me quedé en silencio, sobre pensando sus palabras y al comprender, se me cayó el mundo encima. Él tenía razón. Yo… lo amaba. Dejé salir un leve gemido.
Continúa…
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