Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 64
By Tom
La mañana había sido demasiado tranquila. Me había levantado temprano, como lo llevaba haciendo habitualmente desde hacía varias semanas. Había bajado a desayunar, había hablado con mi madre, con mi padre, con mi hermano, y con mi hermana pequeña. Y luego, cada quien nos fuimos hacer nuestros quehaceres. Bill y yo al estudio de grabación, Gordon a la escuela de música que tenía, nuestra hermana pequeña a la escuela…
Pasaban cerca de las seis de la tarde, y yo permanecía plantado como un idiota, con mi coche afuera de la escuela de mi hermana. Con mis dedos comencé a tamborilear sobre el volante de este, impaciente. Mi hermana tendría que salir a las cinco de la tarde, todos sus compañeros de la escuela, ya se habían ido y mi hermana no aparecía por ningún lado. ¿Dónde cojones se había metido? Encendí un cigarrillo y comencé a fumármelo compulsivamente, esperando a que el tiempo pasara…
“Enana, ¿Dónde coño estás metida?”
Le escribí un whatsapp, pero tras varios minutos no recibí ninguna contestación.
Resoplé bastante frustrado, cabreado… El día anterior mi hermana también había pasado de contestarme a los whatsapp que le había enviado. ¿Qué estaba pasando? Durante la cena, en la noche pasada, había estado muy extraña y rara. Había estado toda la cena, callada y con cabeza agachada, mientras se dedicaba a jugar con su comida, la cual después no probó ningún bocado. Y lo más sorprendente de todo, fue cuando mamá le preguntó de que había hecho el trabajo, que había estado haciendo en la biblioteca. Mi hermana se quedó unos instantes callada, sin saber realmente que decirle… Mi hermana estaba ocultando algo, y creo que tiene que ver con la escuela.
Abrí la puerta de mi coche, para salir de este. Tiré la colilla de mi cigarrillo al suelo, para luego cerrar el coche con la llave automática. Me dirigí con paso ligero hacia el interior de la escuela de mi hermana. Entre en el edificio central, subiendo unas pequeñas escaleras, que daban a la entrada principal. El pasillo estaba silencioso, y solo unas cuantas luces estaban encendidas, y algunas parpadeaban encendiendo y apagándose. Seguí caminando por el pasillo, hasta que me encontré con un profesor que iba caminando tranquilamente con su maletín en la mano. Ya iba de retirada…
—Disculpe… —le dije al hombre, quitándole de sus pensamientos— Estoy buscando a una alumna… Se llama Naia Kaulitz…
—Oh… se encuentra en el aula de castigos —me respondió el hombre— Está girando este pasillo a la derecha…
—Muchas gracias —le dije educadamente. El hombre continuó con su camino, hasta que finalmente desapareció saliendo de la escuela.
¿Qué cojones habrá hecho esta mocosa, para estar en el aula de castigo? Me pregunté mentalmente mientras que caminaba hacia dicha aula. Y ahí estaba… de pie al lado de una mesa, guardando sus cosas dentro de su mochila, tranquilamente inmutándose de cualquier cosa que pasaba a su alrededor. Cerré la puerta con cuidado, procurando no hacer ningún ruido, para luego apagar las luces del aula, quedándonos por completo a oscuras.
—¿Quién está ahí? —preguntó mi hermana con la respiración agitada.
La verdad es que esta situación, me estaba poniendo demasiado cachondo. En mis años de instituto, siempre había querido montármelo en el aula de castigo. Me parecía literalmente morboso. Ver a mi hermana sola en la oscuridad e indefensa, hizo que la excitación llegará a tal extremo, que sentía demasiado dura mi entrepierna.
—Oiga… —volví a escuchar a mi hermana otra vez decir. Me mantuve en silencio, a la vez que poco a poco me iba acercando más a ella.
Posé mis manos inmediatamente sobre sus caderas y la coloqué de espaldas a mí apretando fuertemente su trasero sobre mi creciente erección. Enseguida intentó revolverse, para separarse de mí, pero yo seguí haciendo presión con mis manos sobre su cintura, acercándola más contra mí. La tumbé con brusquedad apoyándola plenamente encima de la mesa. Comencé a restregarme contra su culo, creando una deliciosa pero frustrante fricción sobre mi entrepierna. Me recree un rato en este acto ya que sentía que mi dulce hermanita comenzaba a excitarse.
—Te voy a enseñar, como se castigan a las niñas malas como tú… —susurré con mi voz ronca en su oído.
Le subí la falda hasta la espalda dejando libre y disponible, para mí, sus piernas y su firme trasero. Con mi mano libre agarré sus bragas, y comencé a deslizarlas, pero mi desesperación fue tanta que terminé arrancándolas con fuerza. Le separé bien las piernas con mi rodilla dejándome libre y abierta su zona vaginal. Coloqué dos dedos sobre su vagina y comencé a acariciarla con un poco de brusquedad sintiendo como sus fluidos vaginales comenzaban a fluir calientes sobre ellos. Cada vez estaba más húmeda y sentía su vagina algo hinchada. Esto me daba señal de que estaba más que ansiosa y lista para mí. Metí dos de mis dedos en el interior de su vagina, moviéndolos rápidamente y de forma grotesca, acariciaba a su vez su clítoris la necesitaba más que lista y dispuesta para lo que se le venía.
—Ummm… —gimió mi hermana al sentir mis dedos en su interior. Inmediatamente sentí como la vagina de mi hermana succionaba mis dedos hacia dentro. Jamás pensé que a mi dulce hermanita le fuera el sexo duro y sucio, pero esto me excitó más y, al parecer, a ella también al descubrir lo que su vagina podía hacer. Escuchaba los gemidos grotescos de Naia. Esta situación nos estaba poniendo demasiado a los dos, yo ya no podía aguantar más necesitaba sentir su vagina cubriendo mi dura entrepierna.
—Creo que no necesitas más preparación hermanita —susurré a su oído a la vez que daba una última estocada para luego retirar mis calientes y húmedos dedos impregnados con su esencia de su interior.
Bajé la cremallera de mi pantalón, para luego liberar mi dura erección, que estaba pidiendo a gritos ser liberado del castigo al cual estaba siendo sometido. Lo agarré fuerte y lo acaricié un poco para luego penetrar a mi hermana, sin ningún tipo de miramiento, sin ningún tipo de cuidado.
—Hummm… —se quejó mi hermana al sentirme en su interior. Sus brazos se tensaron agarrando con fuerza el borde de la mesa.
Me empecé a mover bruscamente dentro de ella, de una manera rápida y dura. Dando estocadas secas y certeras. La mesa se empezó a mover compulsivamente haciendo bastante ruido, hasta que finalmente por la fuerza de mis embestidas quedo apoyada contra otra mesa que había al lado, que estaba apoyada en la pared.
—Tom… —musitó con la respiración agitada— Aminora un poco… Me haces un poco de daño… Sed más gentil…
—No hay tiempo para gentilezas, muñeca —le respondí con voz seca y ronca entre gemidos— Te estoy follando —aminoré un poco la velocidad para tomar un respiro y aprovechar para darle un par de nalgadas acto que la excitó ya que escuché sus gemidos— No haciéndote el amor… —respondí a la vez que aumentaba mis embestidas.
Incorporé un poco a mi hermana de la mesa, para tener un poco de acceso a sus pechos. Metí mis manos por debajo de su camiseta para arrancarle su molesto sostén como hice con sus bragas, no se para que crearon artefactos tan fuera de lugar. Sin quitarle su camiseta, comencé a estrujarles los pechos para estimularla más, necesitaba que esto acabara rápido; al parecer esto le gusto ya que comenzó a gemir más fuerte y a moverse más rápido hacia mi entrepierna. Finalmente, con mis dedos comencé a tirarle y pellizcarle de los pezones, notando como poco a poco se iban poniendo más duros al contacto de mis dedos. Seguí embistiéndola fuertemente acelerando mis estocadas ya que sentía mi liberación venir. Jamás había querido terminar tan rápido en mi vida. Mi hermana sacaba lo bestia y primitivo de mí, y esto me encantaba. Continúe embistiéndola con rapidez hasta que finalmente con una fuerte estocada me corrí en su interior.
—Oohhh… —gemí en su oído una vez que descargué mi semilla en su interior, en ese momento me percate que no use protección debería de hablar con Naia sobre el tema más tarde. A los pocos segundos, Naia me siguió y derramó sus fluidos sobre mi entrepierna. Estuve en su interior un rato más mientras tranquilizaba mi respiración y luego retiré mi pene de ella.
Luego de unos momentos de silencios mientras ambos nos arreglábamos mi hermana rompió el silencio.
—¿Por qué has hecho eso? Has sido algo bestia, ¿sabes? —me dijo de manera recriminatoria— Pudo haber entrado cualquier persona y cacharnos anormal —me enoje un poco.
—¿De qué te quejas, niñata? —le increpé— Al final te ha gustado, de una manera u otra tenía que castigarte por tantas rabietas y desplantes ¿no? —le contesté.
—Imbécil… —me insultó— Me has roto las bragas subnormal… —me dijo una vez que cogía sus bragas del suelo— ¿Ahora cómo voy a ir a casa? No ves que llevo falda…
—Iremos en coche, no creo que tengas demasiados problemas —le respondí mirándola intensamente.
—Joder… —susurró mientras que miraba su braga rota— Es que ni siquiera se va a sujetar…
—Guárdalas en tu mochila —le dije intentando apurarla— Vámonos… —le dije antes de que siguiera hablando— O pretendes que nos dejen encerrados en tu colegio…
—No, imbécil —me respondió.
—Entonces andando —le dije.
Cogió su mochila, que había caído al suelo, y metió los libros que estaban esparcidos por el suelo. Luego se la colocó a la espalda, y comenzamos a caminar juntos hasta la puerta del aula. Abrí la puerta. El pasillo estaba silencioso, no había ni un alma. Seguimos caminando hacia la puerta de salida de la escuela. Mientras íbamos caminando por el gran patio de su colegio, estábamos en silencio.
—¿Por qué te han castigado? —le pregunté con cierta extrañeza, ya que mi hermana nunca se metía en problemas.
—No pienso decírtelo —respondió mi hermana mirándome a la vez que fruncía su ceño.
—Venga, dímelo —insistí— Ya sabes que puedo investigar, y preguntarle directamente a Amy —me miró de reojo— Ella si sabrá porque te castigaron. Venga, dímelo…
—No estoy castigada —me respondió— Solo estoy haciendo unos trabajos de apoyo, para subir mis notas.
—¿Enserio? —le pregunté incrédulo. No sé porque me daba que no me estaba diciendo la verdad.
—Sí… —susurró para luego suspirar con frustración— La verdad es que me importa muy poco, que me creas o no. Es tu problema…
Mi hermana aceleró el paso, para adelantarme, y llegar antes hasta mi Cadillac Escalade, que estaba aparcado enfrente. Segundos después, saqué las llaves del coche y abrí las puertas. Mi hermana abrió la puerta del copiloto, para entrar rápidamente en el interior del coche, dejando en la parte de atrás del coche su mochila. Abrí la puerta del conductor, y me senté en mi asiento, para luego cerrar la puerta. Metí las llaves en el contacto, pisé el embrague y arranqué el coche, para luego incorporarme en la carretera y comenzar a conducir. El silencio invadió el interior del automóvil, mi hermana iba mirando por la ventana, callada, se notaba que estaba un poco molesta conmigo por la escenita que habíamos tenido en el aula de castigos. Encendí la radio en una emisora cualquiera, para que fuera amenizando un poco el camino hacia casa. La miré de reojo, estaba tan sensual, tan bonita… Se movió un poco en su asiento, haciendo que su corta falda, se subiera un poco más de la cuenta, mostrándome sus muslos. Enseguida noté como mi entrepierna, quería comenzar a hacerme una mala pasada. Volví a concentrarme en la carretera, pero no podía evitar mirar de reojo las piernas de mi hermana. Sabía que debajo de su falda, no tenía bragas, y eso me estaba poniendo muy burro nuevamente. Moví mi cabeza lentamente, intentando quitarme esos pensamientos calientes de mi cabeza, pero los muy jodidos seguían hay… Y las ganas de volver a tocar a mi hermana, de forma sucia y caliente persistieron en mi cabeza. Las calles estaban oscuras y vacías, eran casi las ocho de la tarde, no había mucha gente por ellas y coches tampoco circulando. Sentía cada vez más presión en mi entrepierna. ¡Dios! Iba a explotar como siguiera así. Di un volantazo, metiéndome en el interior de un callejón sin salida.
—¡Pero qué haces estúpido! —escuché la voz de mi hermana, al ver que metía el coche en el interior de una calle sin salida. No aguantaba más, la miré, a la vez que me miraba con los ojos abiertos, mientras que me desabrochaba el cinturón de seguridad— ¿Qué vas a hacer? —me preguntó confusa.
Me acerqué lentamente a ella, para luego tocar la palanca del asiento y echarlo hacia atrás de todo. Mi hermana me seguía viendo con ojos confusos. Incliné el respaldo de su asiento hacia atrás, para hacer que se tumbará levemente sobre este.
—¡Tom…! —me susurró sintiendo como se iba hacia atrás. Incluso sus manos se intentaron agarrar a mis hombros, para evitar tumbarse por completo en el respaldo.
Metí mis manos por debajo de su falda, notando su piel caliente. Agarré con mis manos, sus nalgas, para luego echarla hacia delante. Levanté la falda hacia arriba, pudiendo ver su pelvis, completamente a la vista. Me mordí el labio inferior, moviendo mi piercing. Le abrí las piernas por completo, pudiendo ver la entrada de su vagina. Se miraba un poco más dilatada que otras veces, a causa de las sucesivas penetraciones mías.
—¡Apártate! —dijo mi hermana al entender mis intenciones, empujándome con sus brazos, pero yo fui más fuerte que ella, y conseguí meterme entre sus piernas. Con mi dedo índice comencé a acariciar su clítoris, notando como poco a poco se iba humedeciendo. Estuve unos segundos, jugando con ella, a la vez que escuchaba los suspiros de mi hermana. Ahora me estaba agarrando mi pelo, con sus dedos, de vez en cuando tiraba de ellos, pero no conseguía hacerme daño. Ahora mis dedos se introdujeron en el interior de su vagina comencé a moverlos en forma de círculos, sintiendo como su flujo comenzaba a empapar mis dedos— Hum… Oohhh… —suspiró respirando entrecortadamente— ¡Dios…! —me reí internamente, estaba consiguiendo que mi hermanita se pusiera demasiado caliente al cien por cien. Le seguí acariciando ahí abajo, mientras que los gemidos y los suspiros se hacían más graves y hondos en el interior del coche, menos mal que la música de la radio estaba amortiguando un poco los gemidos de mi hermana. Quité mis dedos de su interior, para luego comenzar a jugar con mi lengua. La metí y la saqué de la vagina simulando una penetración. Sentí los dedos agarrarse más a mis cabellos. Se comenzaba a sentir la tensión en su cuerpo. Apoyó sus piernas, a cada lado de mi cabeza, dejándolas descansar sobre mis hombros, para dejarme más campo de profundización. Mis labios comenzaron a acariciar sus labios vaginales, sintiendo como poco a poco la humedad, ese dulce néctar que había entre sus piernas, iba saciando mis instintos primitivos y sexuales. Seguí succionando, intentando aspirar la última gota de su interior. La notaba más húmeda, su vagina estaba mucho más hinchada que antes, pronto llegaría al orgasmo. Seguí besándole esa zona— Oh no… —suspiró mi hermana con un gran gemido hondo, a la vez que sentía como sus fluidos vaginales, inundaban completamente mi boca. Me sentía demasiado apretado debajo de mi pantalón, necesitaba descargar de alguna manera— ¡Dios…!
Mi hermana musitó. Estaba completamente acalorada, y su pelo rubio como el trigo, se pegaba completamente a su cara. Me sentía demasiado acalorado y excitado, por la forma en la que estaba mi hermana. Me bajé la cremallera de mi pantalón, para luego dejar liberado mi pene erecto, y sin más preámbulos, me tumbé sobre ella para comenzarla a penetrar de nuevo. Mis labios comenzaron a besar sus labios, dejándoselos rojos e hinchados. Me concentré en su cuello, mordí su piel, mientras que la embestía fuertemente nuevamente. Sus gemidos acariciaban mi oído, a la vez que sus manos se habían puesto en mi espalda. Me agarraba fuertemente de mi camiseta, mientras que yo me movía sobre ella. Volví a acelerar en mis embestidas, hasta que por fin llegó el momento en que me corrí de nuevo dentro de ella. Su pecho subía y bajaba con dificultad, sus pupilas estaban completamente dilatadas a causa de la excitación suprema que tenía.
—¡Dios…! —musitó de nuevo a la vez que intentaba tranquilizar su respiración— Eres insaciable… —me susurró mirándome a los ojos. Yo sonreí retorcidamente, si fuera por mí, estaría todo el día con ella debajo de las sábanas de mi cama. Mi hermana se había vuelto mi adicción, mi droga.
—Si fuera por mí, te secuestraría, y te encerraría en la habitación de mi apartamento, para luego esposarte al cabecero de mi cama, y follarte sin parar —le dije de forma tosca, a la vez que me mordía el labio inferior moviendo sexymente mi piercing.
—Eres un pervertido y sádico sexual —me respondió mi hermana empujándome, haciendo que saliera de su interior.
—Te en cuenta que conmigo aprenderás muchas cosas sucias —le dije sonriendo, a la vez que levantaba mis cejas.
—Será mejor que regresemos a casa —dijo mi hermana— Es tarde… —y lo era. El reloj del coche marcaba las ocho y media de la noche. Como no llegáramos temprano, mamá se pondría histérica.
Me levanté de encima de ella, para luego guardar mi miembro dentro de mis bóxers, me subí la cremallera, abrochando el cinturón de este. Incorporé el asiento de mi hermana, haciendo que quedará nuevamente sentada, y lo eché para delante. Ella se sentó bien en el asiento.
—Espera… —mi hermana me miró con cara confusa— No querrás mancharme la tapicería de mi coche, con tus flujos vaginales… —le dije a la vez que abría un pañuelo de papel, y le hacía levantarse del asiento, para luego ponerlo en el asiento. Mi hermana se sentó encima del pañuelo.
—Si no anduvieras haciéndome esas guarradas, no estaría toda húmeda y completamente corrida… —me respondió mi hermana con cierta molestia.
—No te quejes hermanita, que los mejores polvos se hacen en los coches —le respondí. Tenía mucha experiencia en eso, ya que me había acostado con muchas chicas en mi coche, y todas habían sido unas experiencias muy calientes y sensacionales.
—Deja de hablar, y ponte a conducir de una vez —me dijo mi hermana.
—Está bien… —susurré a la vez que encendía el coche, e intentaba sacarlo de ese callejón sin salida.
Durante todo el trayecto a casa, mi hermana iba mirando por la ventana, a la vez que intentaba tranquilizar su respiración. El sudor aún estaba presente en su piel, al igual que en mi cuerpo. Se cruzó de piernas, a la vez que no dejaba de moverse, sus movimientos eran muy sensuales, y muy calientes.
—No te ha llegado con lo mío, que ahora incluso te intentas masturbar tu misma —le dije mirándola de reojo, a la vez que mantenía mi concentración en la carretera.
—Cállate, imbécil —me increpó.
—Venga mujer, que hoy has tenido dos buenos polvos, para tener cara de estar mal follada —le dije de nuevo. Mi hermana me miró con el ceño fruncido.
—¡Tom…! —escuché su voz alzarse a modo de advertencia.
—Vale tranquila, ya me callo —le dije mientras seguía conduciendo— Pero, ahora no me mates, tenemos que hablar…
—¿De qué? —me preguntó confundida.
—De nuestra relación… —le dije.
—Ya sé que nuestra relación está basada básicamente en el sexo, ya lo sé Tom… —me dijo molesta.
—No es eso, Nai… —le interrumpí.
—¿Entonces qué es? —me preguntó sin entender de que iba la conversación.
Continúa…
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