
Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 80
By Tom
Nos dirigimos hacía la salida del centro comercial para luego dirigirnos hacia mi Cadillac que se encontraba aparcado en el parking exterior. Caminamos hacia él y abrí a la distancia las puertas. Metimos las bolsas en los asientos traseros del coche, para luego mi hermano ocupar el asiento del copiloto y yo el del conductor. Arranqué el coche, y nos dirigimos hacia casa. Después de unos veinte minutos de trayecto, por fin llegamos. Metí mi automóvil en el interior del garaje para luego acceder a la casa, por la puerta interior que comunicaba el garaje con la casa.
—¿Ya habéis llegado? —dijo nuestra al salir de la cocina al escuchar nuestra voz, ya que veníamos hablando.
—Sí —respondimos ambos.
—¿Qué le habéis comprado a vuestra hermana? —preguntó de nuevo nuestra madre curiosa.
—No seas curiosa, mamá —dijo Bill divertido— Ya lo verás cuando le demos el regalo a Naia.
—Está bien… —susurró nuestra madre apenada.
—Me iré a recostar un poco —informé a mi gemelo y a nuestra madre— Hemos hecho un viaje largo y ahora me encuentro bastante cansado.
—Descansa hijo —escuché decir a mi madre a la vez que caminaba hacia las escaleras, para subir a mi habitación.
Entre en el interior de mi habitación para luego tumbarme en la cama. Cogí mi móvil para luego poner la alarma en este. Tenía que despertarme para la hora de la comida, y así poder darle los regalos de su cumpleaños a nuestra hermana, junto con Bill. Los ojos me pensaban demasiado hasta que finalmente me dejé caer rendido en la cama.
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El sonido intenso de mi móvil hizo que me despertará de repente. La alarma estaba sonando. Estiré los brazos para desperezarme a la vez que bostezaba. Esa noche cuando cogiera mi cama, dormiría como un angelito. Me levanté de la cama, para luego dirigirme hacia la puerta de mi habitación y salir de esta. Pero escuché unos pasos, abrí la puerta con cuidado, y descubrí a mi hermana Naia que se dirigía hacia su habitación con aire decaído y tristón. Cerró la puerta tras de sí. Salí de mi habitación y me situé enfrente de la puerta de la habitación de mi hermanita. Escuché unos sollozos. Abrí la puerta con cuidado para encontrarme con Naia tumbada en la cama. Me acerqué lentamente procurando no hacer ningún ruido, para luego acariciar con mi mano su cabeza. Sentí como enseguida su cuerpo se tensó. Giró su cabeza para luego mirarme. No podía dejarla de mirar. Estaba tan hermosa. Mis labios se curvaron en una sonrisa.
—Tomi… —susurró mi hermana a la vez que se lanzaba a mis brazos, y comenzaba a llorar con más intensidad— Dime que no es un sueño, dime que es real… —me susurró— Dime que no me estoy imaginando que ahora mismo estás conmigo.
—Feliz cumpleaños princesa —le susurré al a vez que la abrazaba fuertemente con mis brazos. Como la había extrañado. El aroma de su cabello, sus labios… Había extrañado todo su cuerpo en sí. Se separó de mí, y pude ver como las lágrimas caían libremente por sus mejillas. Mis manos se apoyaron en sus mejillas para luego ir limpiándole sus lágrimas con los dedos pulgares— No llores… —le susurré con voz calmada.
—Te extrañé tanto… —me confesó— Pensé que te habías olvidado de mi cumpleaños… —dijo apenada— Como en los años anteriores no me habías felicitado —añadió de forma recriminatoria.
—Oh Naia… —hice una mueca— No estropees este momento —fruncí el ceño.
—Lo siento… —susurró bajando la cabeza, sintiéndose apenada.
—Anda dame un beso —le dije a la vez que le levantaba la cabeza para poder verla mejor.
Naia junto sus labios con los míos. Empezamos a besarnos dándonos besos cortos, primeramente, para luego dejar que la pasión se apropiará de nosotros. Atrapé su labio inferior con mis dientes, para luego introducir mi lengua en el interior de su boca. Nuestras lenguas comenzaron a jugar entre ellas. Mi hermano colocó sus manos detrás de mí cuello, para hacerme profundizar más el beso. Se notaba que había estada falta de mis besos, y me necesitaba con urgencia. Nuestro beso se volvió más urgente. Comenzamos a besarnos con más desesperación hasta que finalmente el aire nos faltó de nuestros pulmones.
—Será mejor que bajemos —le dije. Suponía que mamá ya había acabad de preparar la comida, así que deberíamos de bajar para comer— Mamá ya acabó de hacer la comida.
—Está bien —me susurró.
Salimos de su habitación, para luego caminar por el largo pasillo que daba a las escaleras, que nos llevarían al piso inferior. A los pocos minutos, mi hermana y yo ya estábamos entrando en el interior de la cocina. Bill se encontraba hablando con mamá, y la mesa ya estaba completamente colocada. Solo faltaba que mamá sirviera la comida.
—¡Bill! —escuché decir a Naia emocionada a nuestro hermano, a la vez que se lanzaba a sus brazos. Se notaba que también lo había extrañado tanto como a mí.
—¡Feliz cumpleaños, enana! —dijo Bill a nuestra hermana de forma cariñosa a la vez que le daba un beso sonoro en su mejilla derecha. Si no fuera Bill mi hermano gemelo, sentiría celos de él. Por estar tocando a mí Naia.
—Gracias, Billy —sonrió nuestra hermanita mientras le abrazaba.
—Sentaron que ya está la comida lista —nos informó nuestra madre— Sino se va a enfriar.
—Siento llegar tarde —dijo Gordon entrando en ese momento por la puerta de la cocina de manera apurada— A última hora me líe con unos papeleos en la academia de música —explicó a la vez que nos miraba con mirada confusa— ¿Y vosotros cuando habéis llegado? —nos preguntó a mi hermano y a mí con curiosidad.
—A media mañana —respondí.
—Pensé que no llegaríais hasta dentro de unos días —nos dijo nuestro padrastro.
—La vedad es que no os dijimos nada de que vendríamos hoy, porque queríamos darle una sorpresa a Naia por su cumpleaños —confesó mi gemelo a la vez que miraba a Naia.
—Oh Billy… —dijo nuestra hermanita emocionada.
Mamá comenzó a servir la comida, que había preparado con tanto esmero. Empezamos a degustar la comida. La verdad es que comimos bastante rápido, porque nuestra hermana tenía que regresar por la tarde a la escuela, y si queríamos que soplara las velas de la tarta y abrir los regalos no le iba a dar tiempo. Mamá puso en la mesa, una gran tarta de fresas y nata decorada con unas cerezas. La verdad es que la tarta tenía muy buena pinta y no podía esperar a probar un trozo de ella. Encima de la tarde, tenía colocadas dos velas grandes, que ponían el número diecisiete.
—Ahora la cumpleañera tiene que soplar las velas —dijo mamá. Nuestra hermana sonrió emocionada. Era su primer cumpleaños después de cuatro años que lo pasábamos todos juntos.
Nuestro padrastro sacó su mechero del bolsillo de su pantalón para luego encender las velas. Todos empezamos a cantarle cumpleaños feliz. Naia cerró los ojos para pedir un deseo, para luego soplar las velas, siendo apagadas a la primera. Mi hermanita tenía unos buenos pulmones, y doy fe de eso porque cuando hacemos el amor no para de gritar escandalosamente.
—Ahora tus regalos —dijo mi gemelo a la vez que sus labios se curvaban en una sonrisa bastante escandalosa. Salió de la cocina. Minutos después regresaba con las bolsas de los regalos que había cogido por la mañana. Nuestra hermana miró ilusionada todos los regalos, cuando vio todos los paquetes que contenía la bolsa.
—¿Eso es todo para mí? —preguntó Naia sonriendo. Me recordó a una niña que esperaba con anhelo un caramelo.
—Venga, ábrelos —le dije. No podía esperar a ver su reacción cuando abriera los regalos y viera lo que Bill y yo le habíamos cogido.
Mi hermana no espero ni un segundo a que le volviera a decir que abriera los regalos. Se abalanzó sobre la bolsa, para luego ir quitando los regalos de una forma cuidadosa. El primero que cogió era el que contenía el vestido que le habíamos comprado. Sentía mucha curiosidad por ver su reacción.
—Es precioso —susurró nuestra hermana a la vez que sacaba el vestido de la caja— Gracias Billy…
—Toma otro regalito —le dije. Le entregué un paquete más pequeño que el anterior. En ese paquete se encontraban los zapatos que le habíamos comprado a juego para el vestido. Naia lo abrió con ansia para luego ver los zapatos— Para que los pongas con el vestido —le dije.
—El viernes los estrenaré junto con el vestido, cuando salga a celebrar mi cumple con Amy —dijo Naia sonriente. No pude evitar mirarla fijamente, la verdad es que me sentía celoso de que mi hermana saliera por ahí por la noche sin que yo pudiera vigilarla y pudiera estar con algún chico que no fuera yo— Si queréis podéis venir —añadió nuestra hermana al darse cuenta de mi mirada intimidatoria.
—No te preocupes, nosotros nos quedaremos en casa o quedarnos con los chicos —dijo Bill apresuradamente sin contar con mi opinión. Claro que quería ir con ella, y así poderla tener vigilada, aunque sabía que no podría estar con ella de la forma que quería, pero me imaginaba que a lo largo de la noche conseguiríamos estar solos— ¿Verdad, Tom? —me preguntó mi gemelo mirándome fijamente. No me gustaba nada la idea de quedarme en casa con él o quedar con los chicos.
—Si claro… hace tiempo que no vemos a Andreas —respondí en un susurro. Pero en el fondo me sentía demasiado molesto.
—Disfruta de tu fiesta de cumpleaños seguro que no querréis estar con unos chicos mayores, que os fastidié la fiesta —añadió mi gemelo sonriendo.
—No digas tonterías Bill —dijo nuestra hermana frunciendo el ceño— A Amy no le importará que vengáis de fiesta con nosotros, sobre todo si sabe que vas tú… —insistió Naia.
—¿Por qué? —preguntó mamá metiéndose en nuestra conversación. Su cara tenía expresión de que se había perdido algo de la vida de nuestro hermano Bill— ¿Qué le pasa a Amy con Bill?
—No es obvio mamá —dije a nuestra madre. La verdad es que para ser nuestra madre el sentido de la intuición lo tenía un poco atrofiado— Esa chica está colada por Bill desde que iba al jardín de infancia.
—¿Es cierto? —preguntó mamá sorprendida— No sabía que a Amy le gustaba Bill.
—Dejemos de hablar de Amy… —dijo Naia interrumpiendo la conversación que teníamos— Como sigamos así no podré probar la tarta antes de ir a clase de nuevo.
—Está bien… —susurré— Pero te falta el último regalo —le dije a la vez que señalaba la bolsa que había contenido los demás paquetes.
Naia miró en el interior de la bolsa, y descubrió que quedaba un último regalo por abrir, aunque este era más pequeño que los anteriores. Lo cogió entre sus manos, y se dispuso a abrirlo. Ante ella se mostró una caja pequeña. Por la cara que puso mi hermana, no se imaginaba que le fuéramos a regalar algo de joyería. Abrió la pequeña cajita para luego sacar la pulsera que habíamos comprado.
—Es preciosa… —susurró mirándonos con ojos brillosos— Gracias, muchas gracias —se abrazó a nosotros— Sois los mejores hermanos de mundos —dijo emocionada.
—Tú siempre serás nuestra enana —dijo mi gemelo con una sonrisa en los labios. La verdad es que era increíble que aquella mocosa que no paraba de estar detrás de nosotros cuando era pequeña, ahora se había convertido en una mujercita de encantos muy ardientes.
—Vais a hacerme llorar con tanto regalo tan bonito —dijo nuestra hermana todavía emocionada.
—Venga vamos a tomar el pastel, antes de que te tengas que ir a clase —dijo nuestra madre a la vez que cogía un cuchillo para empezar a cortar las porciones.
Nos sentamos de nuevo en las sillas, a la vez que nuestra madre comenzaba a repartir las porciones que había cortado en cada uno de los platos. Empezamos a comer la tarta una vez que nos acabó de servir.
—Está muy rica la tarta, mamá —comentó Naia.
—Sí —sonrió— La compré en la pastelería de siempre.
—Pues está de vicio —volvió a decir nuestra hermana a la vez que veíamos como comenzaba a comer a pasos agigantados su trozo de tarta.
—Como sigas así comiendo tu pedazo de tarta, te vas a atragantar —le dije a mi hermana molestándola un poco— Después no me pidas que te haga el boca a boca —le dije de forma morbosa.
—Eres un estúpido —me respondió mi hermana a la vez que me enseñaba su lengua, fingiendo enfado.
—Chicos no peleéis —dijo nuestra madre intentando poner algo de orden— Con lo bien que estábamos sin que discutierais.
—Es Tom que busca molestarme siempre —dijo mi hermana con indignación.
—Serás acusona —le dije en plan bromista a la vez que le pegaba en el hombro con un pequeño golpe.
—Mamá… me está maltratando —se quejó Naia de nuevo— Es mi cumpleaños… se supone que hoy tengo inmunidad…
—Acaba de comerte tu trozo de tarta, que se te hará tarde para ir a la escuela —dijo nuestra madre a la vez que miraba el reloj que estaba colgado en la pared de la cocina.
—Está bien… —susurró Naia asintiendo.
—¿Qué tal en Curaçao? —preguntó nuestro padrastro.
—Bien —respondió Bill— Había bastante competencia entre los participantes en el casting, pero al final hemos elegido a los mejores. A principios de año se empezará a emitir lo que hemos grabado en estos meses —siguió explicando mi gemelo— Y en marzo comenzaremos con los programas en directo.
—Bueno… mami —dijo nuestra hermana interrumpiendo la conversación— Me voy a la escuela.
—Espero que te llevo —le dije a la vez que me levantaba de la silla donde estaba sentado. No podía esperar a darle el pequeño regalo que le había comprado.
—Está bien… —susurró mi hermana— Voy a por mí mochila a mi habitación.
Continúa…
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