Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 101
By Tom
Los concursantes empezaron a salir uno por uno, cada uno de nosotros comenzó a hacer las valoraciones individuales a cada concursante, después de cada actuación de ellos. Ya así poco a poco la gala fue pasando hasta que llegamos al final, en la cual uno de los concursantes tuvo que abandonar el programa, perdiendo así la oportunidad de conseguir su sueño. Nos levantamos de nuestros asientos para dirigirnos al backstage donde esperaríamos a nuestra hermana y a Amy. Estábamos en nuestro camerino sentados en unos cómodos sillones, descansando y bebiendo un poco de una botella de agua fría que nos habían dejado a cada uno en nuestro camerino. Al poco rato, la puerta se abrió dando paso a Markus, Naia y Amy. Mi hermana y su amiga se acercaron a nosotros un poco eufóricas, Markus ya había abandonado el camerino unos segundos antes.
—No sabía que podías ser tan crítico en tus valoraciones —me dijo mi hermana Naia sentándose encima de mis piernas— Has hecho un gran trabajo —me sonrió angelicalmente.
—Solo he hecho mi trabajo —le dije.
—Tengo hambre… —dijo de nuevo Naia. Parecía que teníamos una conversación solo los dos ignorando por completo a mi hermano gemelo Bill y a Amy.
—Pues en ese caso, será mejor que nos marchemos para el hotel y así poder cenar algo en el restaurante —dijo ahora mi hermano Bill haciéndose notar en el interior del camerino.
—Eso es una buena idea… —dijo ahora Amy un poco cortada.
—Más bien porque así estos dos se podrán ir a follar tranquilamente a la habitación del hotel —dijo Bill mirándonos a Naia y a mí. Al parecer, ambos nos estábamos comiendo con los ojos y eso no pudo pasar desapercibido por Bill.
—Bill… —susurró Naia un poco colorada por el comentario que había hecho mi hermano menor por diez minutos.
—Será mejor que no nos entretengamos más y nos marchemos ya —intervine.
Cogimos nuestras cazadoras para luego ponérnoslas, Naia y Amy también hicieron lo mismo. Salimos del camerino. Caminamos por los pasillos del pabellón, algunos técnicos de sonido o de iluminación estaban recogiendo sus cosas antes de irse al igual que nosotros. Salimos al exterior. Fuimos caminando hasta que llegamos al parking privado, donde habíamos aparcado horas antes el automóvil. Entramos en el interior del coche, ahora Bill había recuperado su asiento al lado mía, mientras que Naia y Amy se sentaban en el asiento trasero. Nos pusimos cada uno el cinturón de seguridad, y metí la llave en el contacto del coche. Pisé el embragué para luego darle un poco a acelerador. Salimos del parking y comencé a conducir por las calles hasta que finalmente después de unos veinte minutos o quizás treinta llegamos al hotel donde nos hospedaríamos esa noche. Durante todo el viaje fuimos en silencio, concentrados en nuestros pensamientos.
—Ya hemos llegado —anuncié a todos los ocupantes de mi coche, sacándolos de sus pensamientos.
Nos desabrochamos los cinturones de seguridad, para luego salir del coche. Bill fue el primero que salió del coche, para luego seguirlo yo. Naia y Amy se quedaron un poco rezagadas. Cuando salieron por fin de este, cerré el coche con la llave automática, y comenzamos a caminar hacia la puerta del hotel. Sentí como uno de los brazos de mi hermana Naia rodeaba mi cintura. Le pasé mi brazo por encima de su hombro para atraerla hacia mí. Ella se sintió reconfortada. Amy adelantó un poco el paso para alcanzar a Bill y así dejarnos a mi hermana y a mí un poco de más intimidad para que pudiéramos hablar.
—Te quiero… —susurró mi hermana una vez que Bill y Amy habían entrado ya en el interior del hotel.
—Yo también te quiero, princesa —le susurré. No sé porque se me encogió el corazón, como si tuviera el presentimiento de que algo malo pasaría y que al final nos separaría para siempre— Y siempre te querré…
—Vamos adentro —dijo mi hermana agarrándome de la mano para hacer caminar.
Entramos en el hall del hotel donde nuestro hermano y Amy se encontraba hablando de una forma más animada esperando por nosotros. Era muy tarde, y el restaurante del hotel ya no servía cenas, así que nos dispusimos a irnos a nuestras habitaciones, más tarde allí pediríamos algo para cenar por el teléfono, ya que si había un servicio nocturno para servir de comer en las habitaciones. Nos dirigimos hacia donde estaba el ascensor. Bill pulsó el botón del piso y el ascensor cerró por completo sus puertas y comenzó a moverse. Unos segundos después salíamos del ascensor para dirigirnos hacia la habitación de Bill, que es donde cenaríamos todos juntos después yo me iría a mi habitación con Naia. Ordenamos algo para cenar, mientras esperábamos nos pusimos a ver un poco la televisión. Un rato después, llamaron a la puerta de nuestra habitación, un camarero venía con un carrito para dejarnos lo que habíamos pedido.
—Déjelo aquí —le indique al camarero señalando una mesa que había en la pequeña salita que había en la suite. El camarero colocó todos los platos sobre la mesa, para luego yo darle una propina e irse de la habitación dejándonos otra vez solos los cuatro— Será mejor que cenemos porque se va enfriar la cena —le dije a mis hermanos y Amy.
—Tengo un hambre que me muero —dijo Naia desde su sitio en el sillón, saltando de este de un brinco para levantarse y luego dirigirse hacia donde estaba yo sentado— Tom Kaulitz… ¿Después que me darás de postre? —me preguntó mi hermana provocativamente.
—Nada de guarrerías mientras comemos —dijo Bill acercándose con Amy a la mesa— Tengamos la cena tranquilita y después si queréis os vais a la otra habitación…
—Billy… eres un aguafiestas —protestó Naia— Deberías decirle a Amy que te alegre la noche —volvió a decir Naia. Miré a Amy y estaba completamente roja como un tomate, si mi hermana y yo nos íbamos por suerte Bill también tendría una buena noche— ¿Cuánto tiempo haces que no estás con una chica? —preguntó directamente Naia a nuestro hermano.
—Naia… —le dije en modo de advertencia. Sabía que mi hermano en Los Ángeles había tenido alguna relación esporádica pero no precisamente con chicas, y no era plan de que Bill aireara su vida sexual delante de Amy y de nuestra hermana.
—¿Qué pasa, Tom? —me preguntó mi hermana con el ceño fruncido.
—No es el momento de hablar de ese tema —le dije.
—Vamos Bill, respóndeme a lo que te pregunté —insistió Naia.
—Pues hace mucho tiempo que no estoy con una chica —respondió Bill mirando con una mirada matadora a Naia— Contenta…
—No te enfades, Billy… —dijo Naia a la vez que se abrazaba a nuestro hermano Bill— Solo quiero verte feliz… Hace tiempo que no te veo sonreír… y deberías de buscarte a una chica que te alegrará las noches. Quiero que mis dos hermanos estén felices con las personas que quieren.
—No me he enfado, lo que pasa es que estoy harto de que todo el mundo me diga que salga con chicas y por el momento no me siento preparado para ello —respondió Bill a nuestra hermana, en parte lo entendía porque se debía sentir agobiado con todo esto.
—Será mejor que comamos algo —dije cambiando de tema para romper un poco la tensión creada en ese momento— Estoy cansado.
Nos quedamos en silencio, se había vuelto un poco incómodo el ambiente de la habitación, cada uno nos sentamos en una silla y comenzamos a comer el silencio. Media hora más tarde ya habíamos acabado de cenar, y no veía la hora de irme a acostar a mi habitación a pesar de que le había prometido a mi hermana una noche loca, estaba realmente cansado por todo el día de estrés que había vivido.
—Creo que me voy a ir a dormir… —dije levantándome de la silla donde estaba sentado.
—Te acompaño —dijo Naia sonriente.
—Voy a dormir… —le advertí. Ella me miró con el ceño fruncido.
Caminé hacia la puerta de la habitación de mi hermano para luego abrir la puerta y cerrarla. Minutos después salió mi hermana Naia al encuentro.
—Tom espera… —me llamó. Me paré— ¿Qué te pasa? —me preguntó toda confundida— ¿Por qué ese cambio de actitud?
—No he cambiado de actitud —le respondí— Solo que ahora me siento muy cansado y tengo sueño… Lo siento por haberte prometido que tendríamos una noche fantástica solos tú y yo, pero es que realmente estoy muy cansado… Ha sido un día bastante agotador… Si quieres puedes quedarte con Bill y con Amy.
—No importa… me iré igualmente contigo —me respondió cabizbaja.
Nos dirigimos hacia nuestra habitación, para luego colgar el cartelito de no molestar. Cerré la puerta y caminé hacia el interior de lo que era mi habitación, ya que al entrar en la suite del hotel pues tenía un recibidor con un pequeño salón. Me quité la camiseta dejando mi torso desnudo y mis brazos musculados. Mi hermana se quedó de pie observándome desde el marco de la puerta, la miré.
—¿Qué pasa? —le pregunté de manera divertida.
—Cómo puedes ser tan jodidamente sexy —me respondió con ojos brillosos a causa de la lujuria que le estaba provocando.
—Creo que nací así… —le respondí con aire chulesco.
Acabé de quitarme los pantalones para luego quedarme solo con mi ropa interior y los calcetines, que después quité. Me dirigí hacia la cama para luego apartar las sabanas y me metí en el interior de esta. Mi hermana seguía mirándome desde el marco de la puerta.
—¿No tienes pensado acostarte? —no me respondió solo se acercó lentamente hacia la cama para luego quitarse su ropa y quedarse en ropa interior. Abrí las sábanas para hacerle un hueco y ella se metió rápidamente en la cama. Sus brazos abrazaron mi torso, sintiendo el calor de su piel.
—Te quiero… —me susurró mirándome a los ojos.
—Yo también te quiero… —le respondí a la vez que jugueteaba con mis dedos con su cabello, fino y sedoso.
—Tom… bésame —me suplicó.
—Está bien… —me acerqué más a ella para luego depositar un beso en sus labios. Mi hermana apoyó sus manos sobre mi cuello para evitar que deshiciera el contacto pronto. Mi lengua acarició su lengua profundizando más el beso, mientras que mis manos comenzaban a acariciar sus caderas. Por un momento, a pesar del cansancio que sentía, tuve ganas de poseerla, de hacerla mía en ese momento. La temperatura de nuestros cuerpos iba aumentando por segundos. Los besos se volvieron más desesperados y más bruscos a medida que yo comenzaba a acariciar su ingle sintiendo como su piel se erizaba a causa del placer que estaba sintiendo ella. Un suspiró salió de su garganta cuando introduje uno de mis dedos en el interior de su sexo, a la vez que comenzaba a jugar dentro de él. Sentí como mi pequeño gran amigo se empezaba a poner algo duro, me estaba excitando demasiado.
—Tom… —gimió mi nombre— No pares… —mis manos fueron al broche de su sostén para luego desabrocharlo. Enseguida sus pequeños pechos y tersos quedaron al descubierto. Mi boca comenzó a jugar con uno de sus pechos, sintiendo como el pezón se iba poniendo más duro al contacto con mi lengua— Oh dios mío… Tomi… —su mano comenzó a acariciar mis bóxers por arriba sintiendo como con cada caricia mi miembro se ponía más contento— Hazme tuya… de nuevo Tomi —me suplicó.
Sus manos bajaron mi ropa interior liberando por completo mi miembro que ya empezaba a estar tieso. Sin esperar a ponerme protección la penetré hasta el fondo, y comencé a moverme entre sus piernas. Enseguida por su boca comenzó a salir unos cuantos gemidos, que conseguían dejarme sordo de tanto que gritaba. Y me estaba poniendo todavía más cachondo. Quería llegar a tocar el cielo con ella, quería inundarla con mi esencia. Un gemido salió de boca cuando un gran escalofrío recorrió toda mi columna vertebral para después explotar en su interior. Nuestros cuerpos estaban completamente sudados y nuestras respiraciones estaban entrecortadas.
—Te quiero… —me susurró mi hermana con una gran sonrisa de oreja a oreja a la vez que sus manos dejaban de tocar mi espalda, en la cual había clavado sus uñas. Le di un beso en el frente, para luego acomodarme a su lado. La abracé y su cuerpo se amoldó al mío mientras que nuestras respiraciones volvían a estar más tranquilas, más acompasadas. Cerramos los ojos y nos fuimos quedando dormidos. Al fin y al cabo, había sido una noche perfecta.
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Las semanas fueron pasando. Los programas en directo del DSDS se habían acabado siendo ganadora Beatrice Egli. Ahora tocaba volver a preparar el equipaje para regresar a nuestro hogar de los últimos años, Los Ángeles para seguir viviendo nuestra vida lejos de las cámaras. Pero mi corazón me decía que debía de permanecer aquí, en vez de escaparme de nuevo para quedarme con mi hermana. Las cosas en Alemania se habían calmado bastante, y casi podíamos salir sin ser conocidos a la calle, aunque a veces siempre encontrábamos algunas fans acérrimas a nosotros que siempre conseguían distinguirnos, aunque fuéramos completamente camuflados. Me encontraba en mi habitación sentado en mi cama, mientras tocaba una melodía al azar con mi guitarra acústica. Bill había quedado con Natalie a tomar algo, aprovechando que ella había viajado a Hamburgo unos días por motivos de trabajo. Hacía tiempo que no la veíamos porque ahora se encargaba de llevar su propio negocio.
—Pasa —dije al escuchar que llamaban a la puerta de mi habitación. Naia se asomó por la puerta— Hola enana…
—¿Qué haces? —me preguntó a la vez que se sentaba al lado mía en la cama.
—Estoy tocando un poco notas sin sentido —le respondí— ¿Y tú no ibas a salir con Amy por ahí?
—Al final me ha llamado diciéndome que no podía quedar —me respondió— Mamá ha salido porque la llamaron de la galería de pintura.
—¿Ósea que estamos solos en casa? —le pregunté indirectamente.
—Sí —me asintió con sonrisa traviesa— Podríamos aprovechar para… —dejó la frase en el aire mientras que juguetonamente pasaba su mano por mi pierna hasta llegar a mi entrepierna.
—¿Quieres jugar? —le dije mientras movía mi piercing del labio.
—Un poco… —me susurró casi contra mis labios.
Como podía ponerme tan cachondo con un simple susurro, con el contorneo de sus caderas. Naia era una diosa, mi ninfa, mi hermana deseada. Apartó mi guitarra de entre mis brazos para luego ponerla a un lado de mi cama, junto al pie para apoyarla. Se acercó más y besó mis labios profundizando el beso. Mis manos agarraron sus caderas, mientras que nos besábamos con lujuria. Haciendo que nuestros instintos más fieros salieran de nuestros cuerpos. Su piel desnuda contra mía, mientras nos restregamos intentando alcanzar el placer que nos llevaría al éxtasis. Sus pechos rozando los míos y su sexo contra mi sexo. Olvidando todos los lazos que nos unían, nuestra propia sangre. La embestí con más furia, hasta que me corrí dentro ella. Un gemido salió de su garganta. Sus cabellos se le habían pegado a la cara a causa del sudor de su cuerpo.
—Te quiero… —me susurró atrapando de nuestros mis labios.
Nos volvimos a tumbar mientras nos tocábamos, sintiendo el tacto de nuestra piel pegajosa. Estaba ansioso de probar otras posturas con mi hermana, que antes no me había atrevido a probar. La giré dejándola bocabajo. Para luego acariciar sus glúteos, separando sus piernas. Metí un dedo a la vez que lo movía.
—Tom… por ahí no… —me susurró a la vez que se encogía un poco apretando su trasero.
—Enana, tenemos que experimentar cosas nuevas —le dije.
—Pero yo no estoy preparada para eso… —me volvió a decir. No hice caso a sus palabras, metiendo más mi dedo en el interior de su ano, luego introduje otro hasta que fui sintiendo como se iba ensanchando— ¡¡Tooom…!! —gimió mi nombre.
Quité mis dedos de su interior, para luego cambiarlo por mi pene. Su cuerpo empezó a temblequear debajo de mí a la vez que la embestía. Al poco rato empezó a gemir de placer, ya se había acostumbrado a mi intromisión. Mis gemidos se mezclaban con los de ella, a la vez que nuestros cuerpos volvían a ponerse perlados. Hasta que finalmente ambos llegamos al orgasmo.
—Ooohh… —gimió mi hermana al sentir como se venía, al igual que yo. Nuestras respiraciones estaban completamente agitadas, nos faltaba el aire— ¿Qué ha sido eso? —preguntó de repente mi hermana algo inquieta.
—¿Lo qué? —pregunté confuso.
—Ese ruido… —susurró mirando inquieta la puerta.
—No ha habido ningún ruido —le dije quitando importancia a lo que había dicho. No había escuchado nada, estábamos completamente solos en casa.
—Yo escuché algo… —me volvió a insistir.
—Seguro que te lo imaginaste o simplemente confundiste el ruido de los muelles de la cama mezclados con nuestros gemidos —le respondí.
—Está bien… —susurró— Tengo que dejar de ser paranoica…
—Te quiero… —susurré contra sus labios para luego robarle un beso furtivamente.
—Yo también te quiero —me respondió.
Entrelazamos nuestros dedos a la vez que la abrazaba agarrándola con mi otra mano por la cintura. Apoyé mis labios en su hombro izquierdo y deposité un beso. Lentamente fuimos cerrando los ojos. Nuestros cuerpos se encontraban pesados, una pequeña siesta no nos vendría mal.
—¡Tom…! ¡Tom…! —la voz de mi hermana me hizo despertar de mi sueño.
—¿Qué pasa? —pregunté con voz ronca a la vez que frotaba mis ojos con ambas manos.
—Nos hemos dormido —le dijo mi hermana asustada— Mamá llegará en cualquier momento —me dijo levantándose estrepitosamente de la cama— Tenemos que ducharnos, olemos a sexo.
—Tranquilízate, mamá todavía tardará en regresar —le dije para luego abrazarla y volver a tumbarla sobre la cama. Besé sus labios de nuevo, me había vuelto adicto al dulce néctar que emanaba de sus labios.
—Tom no… —me dijo apartándome— No podemos arriesgarnos a que nos pillen.
—Está bien —me aparté de ella, recogí mis bóxers que estaban en el suelo para ponérmelos— Me voy a dar una ducha —informé.
Salí de mi habitación todo estaba en completo silencio, así que entré en el interior de baño para luego abrir el grifo de la ducha. Dejé que el agua templada mojada mi cuerpo y cabello para después enjabonarlo y quitar todo resto de indicios de una tarde de lujuria y pasión prohibida. Cuando acabé de ducharme, me sequé con una toalla y salí rumbo a mi habitación. Mi hermana salía de su habitación con su ropa interior en la mano, y una camiseta de andar por casa. Cruzamos miradas, ella entró en el baño y yo me fui a mi habitación.
Continúa…
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