Muchas gracias por tomarse la molestia de comentar.
Fic TOLL de Monnyca16
Capítulo 1
Desgraciadamente me había olvidado de correr las cortinas para que entraran los rayos del sol. Era demasiado tarde ya, el reloj marcaba las diez de la noche. Había dormido todo el día, algo bastante común, de hecho, pero nada productivo en realidad.
Me tallé los párpados y me toqué la barriga; llevaba veinte minutos soportando las tripas rugir, sin embargo, no deseaba ir a la cocina y prepararme algo. El temor de incendiarla me retenía. Hice una mueca, torciendo los labios en un rictus amargo, y me alcé, dirigiéndome al retrete.
Para no sentirme relativamente encerrado, decidí que saldría a cenar con Georg esa noche. Marqué su número telefónico, escuchando su buzón de voz.
¡Vaya mierda! Cuando no responde, difícilmente lo hace luego. Georg no es del tipo que devuelve las llamadas, mucho menos cuando se encuentra saliendo con una chica a altas horas de la noche, que supongo es lo que ocurre en estos momentos.
Me acerqué al espejo y eché un vistazo a mi vestimenta. Nada mal para ser de noche e ir a comer algo rápido. Me peiné con los dedos y alcancé a delinearme los ojos con mi lápiz negro.
Normalmente me vestiría con unos jeans ceñidos, un cinturón y una camiseta que llevara impreso mi estilo, sin embargo, los pantalones de chandal negros parecían ser acertados para salir esa noche, junto a mis zapatillas deportivas y una playera grisácea de cuello redondo.
Despeiné suavemente la moja que llevaba como corte y me perfumé lo suficiente para oler bien. El celular comenzó a sonar y al detectar a mi padre, desvié la llamada.
No deseaba regaños antes de la cena, mucho menos a mis veinte años.
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Salir a cenar pizza no era la gran cosa para un chico como yo, simplemente pedirla con extra queso y pepperoni no ocasionaba un gran problema. Lo complicado venía cuando intentaba ligar con alguna chica.
Pocas eran las que salían a esas horas y ninguna correspondía a mis miradas. Era cuando me arrepentía de no haberme vestido más decentemente. Incluso de esa manera, no comprendía por qué el chico encargado de la caja continuaba mirándome de esa forma, tan fija e interesada, y tampoco por qué el hombre de la mesa de en frente intentaba acercarse.
No.
No era gay, y tampoco tenía escrito en la frente insinuaciones de serlo, o al menos eso esperaba. El maquillaje y esmalte de uñas no significaban nada, así como tampoco que gran parte de mi tiempo lo invirtiera en mi aspecto físico.
Indignado por lo que acababa de suceder, terminé lo que quedaba de pizza y me fui, deseando dormir, así mi día terminaría de una vez por todas.
Aunque sinceramente no fue de esa manera. Mi padre me esperaba afuera de la casa, con una lista de inconformidades y ese volumen de voz poco amigable que se cargaba, además de su rostro furibundo y arrogante.
Si mamá estuviera viva él no se comportaría como el amargado que ahora era.
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Media hora presenciando y oyendo una letanía de palabras despectivas que buscaban eliminar mi seguridad y hacerme pequeño, fue suficiente para mi padre, quien se retiró sin amabilidad de ahí.
Probablemente mis vecinos habían escuchado sus vociferaciones y ahora planeaban mantener distancia conmigo, como siempre. Por lo general la gente se alejaba debido a mi padre, un hombre que perturba a cualquiera e intimida hasta a los menos pensados. Y ese día no iba a ser la excepción.
Abrí la puerta y me adentré, mirando a duras penas la hora marcada en mi teléfono celular. Tenía poca batería y necesitaba encontrar el cargador lo antes posible. Subí escaleras y rebusqué entre mis bolsos, hallando la caja y el cable del cargador.
Ya con el aparato en mano conectado a ese cable ya bastante maltratado, busqué un enchufe de luz.
Maldije al recibir una descarga eléctrica, pero supe que todo estaba bien al percatarme de que evidentemente mi teléfono se alimentaba de luz.
Sin entusiasmo de ducharme, me sumergí entre las sábanas e intenté dormir, sabiendo que no lo lograría. Cuando papá discutía parecía arrastrar con todo, derribar y dejar marca.
Definitivamente a mí me había dejado marca, una más, que sumadas parecía un conteo infinito de heridas abiertas que desgraciadamente estaban tardando en sanar debido a mi carente inteligencia emocional.
Esa era mi justificación y mi padre la conocía al pie de la letra, y sin embargo continuaba hiriéndome a profundidad como si nuestra sangre no fuera la misma.
«Mamá» nombrarla en pensamientos era un ruego cotidiano. La extrañaba mucho.
Sin poder evitarlo, las lágrimas resbalaron y supe que el llanto estaba consumiéndome como tantas veces. Hundí la cabeza en el almohadón, buscando ocultarme pese a que nadie estaba ahí para presenciar. Respiré hondo, resonante y lento, deseando que el malestar cesara.
Pero no fue así. El ardor en la garganta demandaba más nostalgia y lo único que fui capaz de hacer fue llorar sin parar. Ella decía que no estaba mal llorar, que podía hacerlo sin temor a ser señalado, pero si ella supiera que estaba llorando por su ausencia seguramente se hubiese quedado sin palabras y aturdida.
No soy tan fuerte como papá quería que fuera, no soy bueno a sus ojos, y de nada sirve que diariamente me jacte diciendo que no me interesa porque es bastante obvio que sí me afecta.
—¡Maldita sea! —Grité—. ¡Mamá, tienes que decirle a papá que tiene que cambiar!
Y como si ella me hubiera escuchado, la puerta de la habitación se abrió, rechinando.
Me volví sobre la cama inmediatamente, con el corazón acelerado golpeteando sin delicadeza mi pecho. Las sienes me punzaron y el latido de mi corazón subió hasta mi garganta en cuestión de segundos, dejándome expuesto e incapacitado para respirar con normalidad.
Abrí la boca, de ella salió vahó. La piel se me erizó, y lo único que pude hacer fue cerrar los ojos. Apreté la sábana con las uñas y volví a abrirlos cuando escuché que la puerta era cerrada con fuerzas. Pasmado, me quedé sobre la cama, echándome hacia atrás con lentitud. Miré hacia todos lados sin mover el rostro, verificando si alguien estaba cerca, pero no había nadie.
Me alcé de la cama lo más rápido que pude, deseando investigar qué era lo que sucedía pese al miedo que me producía, y al estar ya parado recto, respiré hondo y agudicé mi oído.
—¿Quién anda ahí? —Inquirí, dando un paso hacia adelante. La puerta se abrió de nueva cuenta por sí sola, sin aire de por medio, rechinando como antes —. ¿Quién demonios anda ahí? —Chillé desesperado, dando dos pasos hacia atrás.
Visualicé la puerta y el oscuro pasillo, entonces contuve la respiración al escuchar ruidos provenientes de la planta baja, retumbantes pisadas acompañadas de una voz ininteligible.
Al oír las pisadas más próximas, inflé el pecho, respirando con más énfasis, abriendo incluso la boca y los ojos. Tragué saliva, sintiendo la boca seca.
—¡No trates de asustarme, papá! ¡Por favor! —Imploré, imaginando que todo era por obra de él —. Mamá, por favor…no lo dejes…
La puerta rechinó una vez más, moviéndose pero no cerrándose por completo. Entorné los párpados, con los ojos húmedos y rojos. Un gélido viento me hizo trastabillar hasta caer al suelo, sentí los pasos en la habitación, un gruñido queriendo consumirme y posteriormente el golpe de la puerta al cerrarse con fuerza frente a mis ojos.
Continuará…
Avíseme si van a querer actu puntual el otro domingo <3 Saluditos y gracias.