“Mi querido Profesor” Fic Twc / Toll escrito por Medianoche

Capítulo 6: Decisión

Se miraron fijamente unos instantes y el blondo optó por que ya debería bajar del vehículo, estaba buscando la manecilla para abrir la puerta cuando una mano grande y suave se cernió sobre su muñeca, y la otra mano volteó su rostro con delicadeza. Al verse a los ojos se acercó casi rozando sus labios, por segunda vez del día.

—Descansa —después de largos minutos (o quizá segundos) susurró el moreno descansando sus labios sobre la mejilla del menor, muy cerca de la comisura de sus labios. Se retiró rápidamente y esperó a que el otro bajara.

Cuando el menor hubo entrado al edificio volvió a arrancar, con rumbo a su “infierno personal” como a veces llamaba a ese sitio.

Por su parte el rubio subía los escalones hasta su piso con una pesadez inimaginable golpeándose mentalmente por ser tan estúpido, ¿cómo había podido creer que el moreno iba a besarlo? Debía comenzar a aceptar el hecho de que ya nada iba a ser como en el pasado.

Al llegar a su puerta se recargó contra ella y comenzó a golpear su cabeza contra ella.

—Tonto, tonto, tonto —se regañaba. Mientras, dentro del departamento, Gustav se encontraba en la cocina bebiendo un poco de leche caliente, quien al escuchar los golpecitos en la puerta se acercó extrañado a ver quién era.

— ¡Ahhh! —gritó el rastudo cuando se sintió caer contra el piso al haber sido abierta la puerta repentinamente

—Lo siento, creí que tocaban —respondió sonrojado el rubio de gafas

—No te preocupes —respondió el otro levantándose al momento que sobaba la parte trasera de su cabeza debido al golpe que recibió—. ¿Qué haces en pijama tan temprano? —Preguntó esta vez al percatarse de la vestimenta que el otro mostraba— recién son las ocho…

—hombre, son las 10:30, deja el mundo Bill Trümper y pisa tierra por favor, ahora deja me marcho que Rico tiene que interrumpir una boda para hacerle ver a Amanda que es con él con quien debe estar, en el horno hay pasta

—Claro mamá, gracias —respondió burlón. Habiéndose ido el otro él se dirigió a la cocina pero lejos de comer pasta simplemente tomó una manzana del frutero y se fue a su habitación. Se aventó a la cama y comenzó a jugar con la manzana, lanzándola al aire y atrapándola antes de que le golpeara.

—Comienzo a pensar que fue mala idea haber venido, mejor hubiera aceptado irme con mi mamá a Francia…

—lanzó lo más alto que pudo la manzana justo cuando la puerta de su habitación se abría estrepitosamente

—¡¡Tom!! —gritó el platinado entrando corriendo, el rastudo se levantó en ese momento tan rápido y repentino que olvido la manzana al aire hasta que esta cayó sobre su cabeza con dureza.

—Joder —murmuró sobándose pero el platinado no pareció percatarse de eso y simplemente corrió a abrazarlo

— ¿estás bien?

—claro que sí idiota, ¿qué podría haberme pasado? ¿Por qué de pronto actúas tan extraño?

—Pasa que me preocupo por ti, no confío nada en Bill, tú tan idiota —y se retiró de la pieza tal como hubo llegado

&

—muevan esas piernas señoritas, enséñenme que saben usarlas —gritaba fuerte el señor L mientras golpeaba su cuarta contra el suelo del gimnasio, haciendo que todos los chicos del grupo en turno aceleraran lo más que podían, al frente de la clase Louis y Tom que se disputaban el primer puesto, el moreno teniendo una pequeña ventaja sobre el de rastas— ¿a eso le llaman correr?

—n… Ah… No… Ah… Puedo… —e iba Gustav siendo el cuarto en caer totalmente exhausto al suelo, sobre la pista de tartán con la que contaban, en las gradas, Andreas y dos chicos más intentando recuperar la respiración y tomando cuánta agua pudieran, Georg sonó su silbato

— ¡cuatro! —y apenas decirlo muchos más cayeron, solo quedaban los dos primeros, Elliot y otros dos chicos más también miembros de la banda de Louis, quien miraba como el otro en momentos lo llegaba a sobrepasar, eso no podía permitirlo, el profesor le había dado una oportunidad más de mantener su uniforme y no iba a desaprovecharla perdiendo contra ese “niño bonito”. El profesor volvió a sonar su silbato— si aguantan vuelta y media todos ustedes quedan exentos del próximo examen

— ¿examen? —gimieron muertos los rubios que se encontraban sentados en las gradas observando cómo su otro amigo tenía buen aguante, comenzaban a envidiarlo de nuevo. El castaño profesor volteó a verlos y preguntarles si había algún problema, sin embargo cuando sus ojos se cruzaron con el chico de gafas sintió un estremecimiento en su pecho que lo hizo callar, estaba a punto de sentarse “casualmente” junto a él cuando una varonil pero aguda voz le llamó molesta por su apellido, impidiéndole ir más que con la “princesa” a ver qué necesitaba.

Papeleo sobre su parte en la organización de la fiesta que habría el próximo mes –que debía confesar no había hecho nada– en conmemoración al vigésimo quinto aniversario de la escuela. Georg ni con su entrenamiento militar logró corregir la toda su irresponsabilidad, impuntualidad y burla, aunque más que esos “pequeños e inocentes defectos” –como los hacía ver– era que ciertamente no le interesaba en lo más mínimo esa celebración.

—oh, vamos princesa ya me conoces, tardo pero siempre hago mi parte de la mejor manera.

—L, en serio hazlo, ya vez lo que sucedió el año pasado

—Bill, si estoy en esta maldita escuela es por ti, la supervisora no mi importa —se silenció mirando a los ojos a su amigo, era verdad que ganaba muy bien en esa escuela de prestigio, pero tener que aguantar a la supervisora lo sobrepasaba, si estaba ahí era porque tiempo atrás su mejor amigo se lo había sugerido, más bien pedido, para no tener que soportar él solo a Pejic, el moreno se arrepintió al ver como su mejor amigo lo “cambiaba” por ese rubio oxigenado que tanto odiaba, sentimiento mutuo a su ver.

El silencio se prolongó hasta que el mayor decidió contestar un “lo haré” resignado, bien sabía que contra su princesa no se podía, mucho menos cuando ponía su mirada de “fiera”. Le palmeó la espalda en un gesto amistoso pero en cambio recibió una queja dolorida.

— ¡Tom! —Gritó fuerte Andreas al ver a su amigo caer inconsciente sobre el cuerpo de un asustado moreno de rizos, los dos profesores voltearon rápidamente y se alarmaron al ver el cuerpo del pequeño rastudo. Corrieron en su dirección y comenzaron a revisarlo.

—Joder, mira lo que provocas con tus exagerados ejercicios —gruñó molesto el moreno al ver que su niño no se movía— maldita escuela militar de mierda

— ¿por qué no cierras tu sucio hocico y lo llevamos a la enfermería? —Se puso en pie con el flácido cuerpo en sus brazos, dispuesto a llevarlo a revisar–. Encárgate del grupo –e indicando esto último se marchó, dejando a un acomplejado moreno con la palabra en la boca. Se volteó y miró a todos, Andreas tenía una clara muestra de preocupación y horror en el rostro mientras Gustav intentaba contener esos sentimientos en su interior y consolar a su amigo, asegurándole que el otro estaba bien, más tarde estarían sobre él gruñéndole por haberlos asustado.

Suspiró, su estómago era un completo nudo, estaba preocupado por su pequeño rubio, moriría si algo grave estuviera pasándole. Las lágrimas golpeaban sus ojos, ¿cómo podía estar diciendo eso cuando antes no se preocupó por cómo estaría sin él? Siempre supuso que si se volvieran a ver el otro lo miraría con desprecio, sin embargo sólo encontraba admiración y cariño.

Sentía que retrocedía en el tiempo, en el momento en que él no hacía más que hacer sufrir su pequeño y joven corazón con acciones sin razonamiento, era algo que no debía volver a permitir, ya era una persona, supuestamente, madura y debía ver más allá de sí mismo, había terceros.

Estaba decidido, repararía el daño que le había hecho a su pequeño ángel y velaría por él, el problema era ¿y los sentimientos?

& Continuará &

por Medianoche

Escritora del Fandom

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