“Mi querido Profesor” Fic Twc / Toll escrito por Medianoche

Capítulo 14: En la Noche

El rubio de rastas probó con ir por la tarde a asesorías, pero su profesor no acudió tampoco, ni al día siguiente ni al que le seguía, así dos semanas realmente estaba preocupado de haber arruinado su poco progreso, o más bien, que su progreso haya sido un tipo de detonante para que su relación se viera totalmente anulada.

“Imposible, él me besó también”. Aunque sus palabras no eran tan firmes como se hacía creer a sí mismo.

Además de eso, su relación con sus amigos parecía haberse enfriado en picado. Repentinamente Andreas optó por pasar olímpicamente de ellos, aunque parecía no afectar a Gustav, pues realmente fue algo ajeno al platinado, sin embargo Tom sentía que eso recaía en él. Andreas salía muy temprano y llegaba muy tarde, incluso un día no llegó y el rastudo se preocupaba de dónde y con quién andaba.

El de gafas simplemente nunca fue muy comunicativo y al momento de estar con el rastudo las palabras no fluían, al menos como en un momento atrás debió, y como iba a un gimnasio por las tardes ese pequeño momento de contacto no podía suceder.

Sumado a esos “problemas existenciales” de los que sufría el rubio menor eran los martes jueves y domingos, días en que su profesor de deportes iba a supervisarlos.

“—se supone que es Andrej el que debe siempre suplir a mi princesa cuando éste lo necesita, pero el modelito se negó rotundamente a ‘supervisar unos adolescentes locos que no sabe quienes son’ (ya que es algo ‘secreto’) en favor de Trümper, y por eso terminé yo aquí”—fue la explicación que el castaño les dio, eso antes de ponerlos a limpiar el suelo sucio con unos trapos casi inexistentes, siempre en círculos.

Si a alguien se le hace poco, también debe vivir con un Andrej acosándolo constantemente.

—Viernes—

—esto es realmente una mierda -gritó Tom cuando se vio solo a la salida de la escuela, lo peor de todo era que ya estaban en fin de semana y no tendría mucho que hacer, hasta que un repentino pensamiento atacó a su mente:

“—huu… Me quedas en sentido contrario… yo vivo hacia el sur, al otro lado de la ciudad”

¿Qué podía perder? Al fin y al cabo ¿cuántas posibilidades tenía de encontrar a su pelinegro en esa ciudad?

Realmente muy pocas, aunque ¿qué se supone que haría si se llegaba el caso de toparse? Si se llegara el caso ya vería cómo actuar.

Entonces se puso a caminar hacia el sentido contrario a su hogar. Caminó largas y frías calles hacia el sur, conociendo más esa ciudad, era más grande de lo que jampas creyó, unos edificios enormes, muchos de ellos con grandes ventanales que dejaban a la vista algunos de sus productos: Ropa, joyas, accesorios de mascotas, algunos restaurantes muy elegantes, etc.

Iba pasando por un parque muy largo, admirando sus árboles, la mayoría de ellos desnudos, niños corriendo con sus padres, era relajante estar ahí, creía estar en medio del bosque frío, lleno de árboles, tan juntos que parecían formar un laberinto del que de no ser por los senderos que tenía no sabría cómo salir, ni siquiera teniendo un mapa, y es que por estar viendo tantos escaparates se desvió de su idea original de andar en línea recta por las calles se vio alterada debido a tantos escaparates tan llamativos dio vueltas hasta llegar a ese parque.

Iba a probar con regresar sus pasos, pero un fuerte estruendo lo distrajo, eso era lo que le faltaba, una tormenta, y con lo mucho que le gustaban. Un relámpago y un rugido mas lo sobre alertaron y con sus comenzó a palmear sus bolsillos, en busca de dinero para costearse un taxi; al verse con éxito en su búsqueda se dispuso a encontrar alguna salida alterna del parque, y en la acerca un taxi que deambulara por un pasajero al cual llevar, pero la suerte no parecía estar de su lado.

El agua caía acompañada de granizo y él recién se había recuperado de su gripe.

– ¡¿Todo tiene que estar cerrado?! –Gritó a la nada cuando sentía que el clima lo golpeaba fieramente, sentía como si estuviera siendo fieramente apedreado, y la realidad era parecida. Entonces a mitad de cuadra más vio una lucecilla que bien podría ser su salvación. Corrió con todas sus fuerzas cubriendo su cabeza con el brazo y al llegar a esa puerta tan elegantemente labrada tocó con todas sus fuerzas-. ¡Abra por favor! –Gritó con tal desespero que bien podría ser tomado como si huyera de algo más que la tormenta.

Golpeó con más fuerza esa puerta que ponía “Roma” y poco tiempo después alguien le abrió y sin esperar a ningún tipo de palabra que le brindara el pase él entró muy agitado, siendo recibido agradablemente por un ambiente cálido y un dulce aroma de café y pan dulce que comenzaba a desaparecer. Después recordó que aún conservaba un poco de modales.

– ¡Oh! ¡Lo siento! –No contuvo el gritar– Buenas –miró a su “salvador” quien estaba sorprendido pero no tanto como el rastudo al verlo–…Tardes. ¿Tú? ¿Qué haces aquí?

– ¿Así saludas a quien e socorrió? –Pregunto irónico alzando una ceja a la vez que bufaba con cierto desprecio.

Estaba cansado, sus últimas semanas habían sido muy pesadas, y no podía creer que se había topado con Tom justamente ahí, quería que ese lugar quedara en ignorancia respecto al menor. Estaba molesto, con Tom, y no sabía por qué–. Pues resulta que llegaste a mi cafetería, lo lamento –El moreno dijo frío y a punto de marcharse por la puerta, sin embargo el rubio lo ignoró completamente.

– ¡Bill! –Corrió y lo abrazó por la cintura sorpresivamente

– ¿Tom? ¿Qué haces tan lejos de casa? –Acarició las rastas pesadas den otro, pero algo ausente, sintiendo que el estrecho cuerpo en sus manos era más bien uno más rechonchito y enano. Sólo entonces se dio cuenta de cómo su niño había cambiado y crecido tanto.- ¡Oh Tom! ¡Joder! Estás tan grande, y, oh Dios, ¿Son músculos? –

Preguntó obviamente apretando los suaves pero duros brazos del otro, perfectos conforme a su edad–. Y ¡Oh!

¡Tu barriguita desapareció! –Exclamó primero palpando sobre su playera y luego alzándola, dejando a la vista un vientre con unos ligeros bordes y líneas marcadas suavemente–. ¿Eres tú? –Las lágrimas lo atacaron y rápidamente lo sujetó en un fuerte abrazo. El otro sin entender ese repentino cambio de actitud le siguió la corriente y regresó el abrazo que le fue dado.

–Bill –Susurró y disfrutó del calor y olor que el otro emanaba, su olor a vainilla combinado con un tenue olor de algún perfume que usaría. Acarició con su fría nariz la piel del cuello del otro y luego besó castamente haciendo ent5rar en razón a su profesor, quien se separó rápidamente y huyó tras una cortina detrás del mostrador, había vuelto a destrozar a su alumno ¡Pero si él no había hecho nada! Había sido el moreno quien repentinamente actuó de forma extraña ¿no? Él no se le había insinuado ni nada para que de pronto lo tratara así ¿verdad? ¿O

sería que el abrazo que le dio como si fuera una nenita lo desequilibró?

Tiritando de frío se recargó contra una mesa, no queriendo mojar las esponjosas sillas que tenía el moreno y acarició sus propios brazos en busca de calor. Al cabo de unos largos minutos apareció el otro rastudo con unos trapos en mano que el menor no logró distinguir. Se acercó al rubio y lo desprendió de sus ropas sin aviso alguno.

– ¿B-Bill? ¿Q-qué ha-ces? –Tartamudeó su pregunta cuando las finas manos del otro le alzaban la playera por sobre su cabeza y la lanzaba lejos, dejando al descubierto su blanco y entumecido pecho. El mayor rápidamente se acercó lo más que pudo y suspiró en el hombro del otro, estremeciéndolo casi cruelmente, y justo cuando el rastudito estaba por activar su imaginación sintió algo cálido y mullido tocarle la espalda, donde su pantalón comenzaba a molestar. La piel de todo su ser se erizó al sentir esa caricia prodigada por medio de una toalla.

¡Cuánto deseaba que mejor lo secara con sus besos y caricias!

Su piel era frotada con suaves caricias pero frío silencio, después de eso prosiguió a deshacerse de las prendas inferiores y como si tener a un alumno totalmente desnudo en medio de su cafetería fuera algo común lo seco con sumo cuidado y atención sus piernas, muslos, pies, y por supuesto su trasero y miembro, ignorando muy bien las súplicas que le decían que parara, los sonrojos y los gemidos y jadeos que le soltaban.

Cuando terminó le tendió una tela negra muy fina y él se dirigió a secar también sus rastas. Ese trozo de tela terminó siendo un bóxer que sin dudar el otro se colocó “¡Tengo puesto un bóxer de Bill!”, pensó inmediatamente. En la mesa Bill le mostró un par de piezas más de ropa junto a unos calcetines y un calzado deportivo, respecto a las cual tenía dudas que le quedaran.

–Ven, te prepararé una sopita –susurró el moreno besando con suavidad el cabello de su pequeño, quien sintió su corazón encogerse de la emoción que sentía en su ser

– ¿Vives aquí? –Fue lo primero que murmuró mientras afianzaba el agarre de su mano y miraba con adoración a su moreno

–no realmente, pero mi padre me regaló este local para mi propia cafetería y adjuntó este departamento en la planta de arriba.

Debe tener dinero

–No le va mal en su firma… supongo que es una de las razones por la que lo odio

– ¿Por qué? Se nota que te quiere –intentaba decir pero fue interrumpido por un nuevamente pelinegro de mal humor

– ¿Y por eso nos abandonó? ¿Para protegernos? –golpeó los trastos contra la mesa e intentó contener su demás rabia, sentía sus dientes castañear y todo su cuerpo convulsionarse, en verdad despreciaba a ese señor que hacía llamarse su padre y jamás lo demostró–. ¿Podemos olvidarlo ahora?

–Claro que sí .rindió ante el potente tono de irritación que el otro usaba. Se sentó en la mesa mirándolo moverse en busca de los ingredientes y poniéndolos para la sopa.

– ¿Por qué no has asistido a la escuela? –Preguntó sin darse cuenta de lo que eso pudiera ocasionar en el otro– El moreno dejó sus manos en paz y se tensó, eso era lo que menos necesitaba, recordar su situación

–Hay algo así llamado “Vida privada” –Gruñó con aspereza y cierto odio hacia algo que el rubio no conocía–. Y

en su puerta tiene bien marcada la leyenda “Aléjate, no te interesa”–. Necesito usar el baño –dijo yéndose pero unos delgados brazos lo detuvieron por la cintura.

–Lo siento, no quería molestarte, no lo haré más

–No, Tom, no lo sientes –se soltó del agarre, haciendo sentir mal Tom en el proceso, pero en su lugar el otro le tomó el rostro entre sus manos–. Pero gracias, trapeador –y le besó en la frente como antes solía hacer. Tom sonrió ampliamente y lo tomo de nuevo entre sus brazos.

– ¡Tú también tienes rastas!

– ¡Pero la burla va para ti! –Se separó y sonrió–. Cuando vuelva tú y yo hablaremos mucho tiempo –enfatizó la palabra “mucho” y se giró para ir al W.C. el rastudo rubio se sentó en la mesa y suspiró con ensoñación.

Más tarde ambos rastudos conversaban animadamente de todo lo relevantemente acontecido en esos largos siete años –omitiendo ciertas cosas que consideraban humillante contar a su “ex”–, mientras compartían la deliciosa sopa caliente que el mayor preparó con empeño a su “niño”.

El reloj terminó marcando las 2:30 de la madrugada cuando el moreno decidió que era suficiente y debían marcharse a dormir. Esa noche se quedarían juntos en la noche.

& Continuará &

por Medianoche

Escritora del Fandom

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