“Mi querido Profesor” Fic Twc / Toll escrito por Medianoche
Capítulo 23: De momentos fríos
— ¿Quién eres? —Volvió a preguntar. El corazón de los dos presentes ahí dolió, pero sin duda el más oprimido era el de Tom, eso debía ser una muy mala broma de parte de su amigo, sí, eso era, era una broma pesada por todas las cosas horribles que le había gritado. Pero no se podía retractar, y aunque pudiera, muy dolorosamente debía aceptar que las sentía reales, por más hondo que le calara.
La mujer con ellos rompió en llanto, ¿qué debía hacer?
— ¿Mamá, puedes dejarnos a solas? —Desconcertada asintió y salió de la sala, ahí solos Andreas volvió a hablar: —Sé cómo te llamas, Tom, te recuerdo, lo que no sé es… cómo eres realmente.
— ¿Andreas, a qué te refieres?
—Yo… No seré la persona indicada para decir esto, pero… te desconozco, desde hace mucho, que no sé quién eres, y tú sabes a qué momento me remonto —el rastudo cerró sus manos en puños, conteniendo la ira que se comenzaba a acumular en él, esa plática le parecía boba.
—No lo metas en esto, Bill no tiene nada que ver.
—Claro que sí, por alguna razón pensaste en él por mis palabras. —Las cosas se mantuvieron serias un momento, el más delgado retomó la plática. —No puedo continuar, Tom, te amo —sorpresa, Tom jamás se hubiera imaginado eso de parte de Andy, es decir, era su mejor amigo, simplemente no podía estar enamorado del, eso era… Negó la cabeza con los ojos increíblemente abiertos. —Te amo desde que era un niño, si continúo de esta forma contigo… yo simplemente enloqueceré. Me iré a vivir a casa de Louis, será lo mejor para todos, te deseo lo mejor, Tom, solo cuídate de Bill, esconde algo, yo lo sé, y ese algo —se giró de costado dándole la espalda, comenzaba a sentir sueño— te puede dañar. No confíes. —y Morfeo terminó victorioso. Tom vio la situación desde su lugar: su relación con Andreas simplemente ya no existía.
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El silbato sonaba odioso en sus oídos, era molesta la forma en cómo cambiaba casi cada tres segundos, indicando los rápidos cambios de actividad: de trotar a sentadillas, luego lagartijas y volvían a trotar, eso hasta que el profesor Listing decidió que era una buena idea correr la pista con unas pequeñas pesas en los tobillos y mientras cargaban en brazos todas las cosas que llevaran en su bolso
Lápices terminaron en el suelo del recinto, haciendo difícil la caminata en cuanto daban la vuelta. Los estudiantes más flojos —como Andreas, quien tenía una semana de haberse reintegrado a clases y que había caído desplomado hace varios minutos— cargaban solo lo indispensable: libretas, libros y objetos de escritura y corrección, además del inseparable móvil. Gustav justo ese día había llevado la mayoría de los aparatos eléctricos que tenía, iba a empezar un proyecto en su laboratorio, y para desdicha suya tuvo que llevar también otros que un compañero le había dejado encargado.
Tom llevaba lo básico, que era una de las dos bolsas que ese día llevó, por supuesto que el Sr. L. era inteligente y le ordenó cargar también con los otros que llevaba, y lo cual no era poco.
—Por esto es que odio pintar —gritaba mentalmente mientras sentía cómo algunas de sus pinturas comenzaba a mancharle.
— ¡Vamos! ¡Más rápido! ¿No tanto alardean que sus posesiones son su más grande amor? ¡Tú! Rubio recién sacado del horno hospitalario, sirve para algo más que calentar el piso con tu enorme culo y saca esas molestas plumas del camino de tus compañeros ¿no ves que batallan por andar? ¡Anda! ¡Y no, no soy malo! ¡Si no les gusta que esté aquí vayan a quejarse con mi princesita!
Repentinamente la fusta de su mano desapareció y terminó golpeándolo en los glúteos, hablando de la princesa de Roma.
—Necesito a Kaulitz Tom.
—Estas no son horas de tener sexo, princesita, además también lo necesito, es de los pocos que aguantan mi infierno… Todos los días sueño con que se quejen con mis superiores, me denuncien y metan a la cárcel por abuso y explotación, así me libraría de este horrendo lugar, pero creo que me temen demasiado como para hacer eso. Habrá que meterles presión.
— ¡¿Acaso son los materiales que le regalé por navidad los que están siendo maltratados de esa forma?! —Georg sabía que estaba en problemas, cuando se trataba de las pasiones de Bill las cosas terminaban siendo de alto precio.
— ¡Thomas trapeador Kaulitz! Te llama mi princesita, jamás hagas esperar a una dama —la fusta volvió a parar en su trasero. Un tiempo después Georg volvió a hablar—. Bill, Gustav me contó respecto a tu relación con Tom…
—Estas no son horas de hablar de relación es —quiso dar por zanjada la conversación, por supuesto que no podía, Georg era su mejor amigo y sabía cómo presionarlo—, los alumnos también sabían esa extrema habilidad suya.
— ¿por qué lo piensas tanto? Conoces tus sentimientos, antes dijiste que lo darías todo, ¿qué pasó con esa decisión?
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—La realidad, Georg, me duele, pero no puedo simplemente dejar de pensar que…
—Mereces vivir, ella lo entenderá. No es correcto pero ¿qué es de la vida sin un poco de peligro? —Tomó su rostro fino entre sus grandes manos y se vieron a los ojos por un tiempo indefinido, alrededor todo se congeló… en verdad se congeló, los chicos no podía creer ese momento, todos sabían que aquellos dos eran muy cercanos, pero jamás pensaron llegar a ser testigos del lado humano del Sr. Listing quien en cuanto se dio cuenta de la situación sintió su rostro enrojecer de vergüenza — ¡¿Quién les dijo que dejaran de correr?! Tú, carga a uno de tus compañeros caídos, y tú el de allá, toma también a otro… ¡Una hora más les será asignada!
—Ya estoy listo —habló tosco Tom en cuanto se acercó a su profesor, se dio la ducha más rápida de su vida, pero al volver lo vio en esa situación con su amigo castaño. Le ardía pensar que ellos hubieran vuelto a andar. Recordó la cantidad de veces que miró haciéndolo en el sofá, quizás, su relación era así, por eso Bill se reusaba a tocarlo, ¿por qué tocarlo a él mientras tenía de pareja al cuerpo perfecto de Georg? Grande, musculoso….
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Llegaron hasta el jardín japonés y se ubicaron en el puente. Ya era tarde para estar en la escuela, sin embargo el grupo de deportes de Tom fue castigado y obligado a volver más tarde, ahora a él le tocaban asesorías. Para gusto suyo ya estaban dispuestos los caballetes, y el modelo a pintar, un frutero con unos apetecibles contenidos.
— ¿Qué fue lo que hicieron para que Ele les pusiera a correr de tal manera? —preguntó burlón a su pequeño, por hoy se centraría en corregirle todo lo posible, aunque las pinturas que hacía eran simplemente preciosas y exquisitas.
—Dos sujetos terminaron empapándolo en las duchas al terminar la clase cuando fue a repasar la asistencia y comprobar que tuviéramos sudor en el cuerpo —respondió a su vez el menor con un tono seco.
—Así que por eso estaba mojado… —lo miró, no le gustaba la posición que estaba tomando ¿por qué su pequeño trapeador estaría molesto? —Cuando termines tu cuadro podrás coger la fruta que quieras —intento animar, no era la gran cosa, pero era un estímulo que sabía muy bien a Tom le encantaban, sin embargo solo recibió un encogimiento de hombros. Exasperado lo tomó por los hombros y estampó contra la baranda del puente, reclamando sus labios exigentemente. Fue furiosamente apartado y eso lo desconcertó.
— ¿Qué sucede Tom? ¿Por qué estás así? ¿Es que he hecho algo? —preguntó y Tom le respondió con lágrimas en los ojos.
— ¡Dímelo tú! ¿Qué es lo que escondes? Andreas tenía razón, me ocultas algo, ¿qué es? ¿Has vuelto con Georg? Es eso, ¿verdad? Sino, por qué estarían así cuando llegué hasta ustedes.
—Así que es eso —sonrió con cierto tono de burla y tomó con delicadeza el rostro ante él. —No seas tonto, ¿salir con Georg? ¿Acaso lo has visto? —hizo un mohín de asco que hizo reír al menor.
—Lo has hecho antes.
—No me recuerdes mis tiempos de estupidez.
—En tus tiempos de estupidez es cuando me conociste.
—Estupidez… recuerda que quería a tu madre —lo besó— y me encontré con algo mejor.
— ¡Hey! Que estás hablando de mi madre.
—En ese entonces la odiabas.
—Estaba celoso —confesó. Se miraron a los ojos varios segundos, estaban perdidamente concentrados en ellos, las palabras en ese momento no eran importantes, y la asesoría quedó relegada a un segundo plano. —Bill, ¿me quieres?
— ¿Aún lo dudas? —acarició su mejilla con devoción, era tan suave. Pasó su pulgar por esos apetecibles cojines rosas y los miró.
— ¿Aún dudas en besarme? —preguntó harto de tener que esperar, le sonrieron de vuelta y se le juntó más a su cuerpo para por fin unir sus labios necesitadamente. Se movieron con/sin parsimonia recargándose cada vez más contra la madera con el fin de sentir más sus cuerpos juntos.
—Te amo, Tom, en verdad lo hago —sus bocas se comían con ansias, les encantaba sentir el sabor y calor del otro, pero su magia se vio interrumpida por un crujir de las maderas en la espalda de Tom y un segundo después se vieron nadando en el lago artificial bajo ellos, entre aguas heladas que les calaban hasta los huesos.
—Y es así como una burbuja de magia se puede romper, alumno mío —dijo una gruesa voz con tono de burla. Asustados giraron a ver, ahí estaban Georg y Gustav estallando en carcajadas ante su sosa situación.
— ¿Están bien? —Gustav extendió una mano a su amigo para sacarlo de ahí, temblando de frío la recibió y fue sacado, a su vez el pelinegro fue ayudado por su amigo ex militar.
—Si hubieran visto lo patético que se vieron al caer, estaban tan distraídos comiéndose que la caída fue ridículamente cómica ¡aaah! —el moreno decidió que callarlo jalándolo al agua era mejor. Pronto las risas del rubio de gafas invadieron el lugar hasta que de un rápido movimiento Tom lo despojó de sus anteojos y lo aventó también al agua. Ahora había tres personas temblando ahí dentro.
— ¡Si serás desgraciado Tom! —pero Tom únicamente podía reír ante la situación, hasta donde el temblor de su cuerpo se lo permitía.
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Cuando las tres personas por fin lograron salir del agua —la primera vez que Bill había logrado salir fue arrastrado nuevamente hacia atrás por su supuesto mejor amigo, no pudiendo evitarlo por los temblores de su cuerpo y el resbaladizo barro, la segunda vez, que fue cuando Tom lo ayudó, fue separado abruptamente y enviado nuevamente a las frías garras del líquido— Bill estaba furioso y no paraba de temblar.
— ¡Jo-jo-jodi-do! ¿Qué-que-rías que-e murie-murie-ra de hipo-po-potermi-mia-a?
—Fue en venganza-za de mi querido To-Tom, ¿recuerdas lo que, lo que le hiciste de ni-niño?
— ¡y-yo no le hi-hice nada! ¡e-e-él de-e i-i…!
—Cre-cre-o que me-mejor nos ca-calenta-tamos y-y-y lu-luego-go di-discuti-timos —sugirió Gustav. Sentía que moriría del frío que lo abrazaba, pero sin duda el más afectado fue el rastudo de cabello bicolor. Tras una larga batalla de lengua Georg dictó que lo mejor sería que él manejara, ¿y qué mejor lugar para calentarse que la cafetería del moreno?
Salieron hasta el vehículo rojo y subieron desesperados por poner la calefacción e irse a cambiar de mudas con algo que Bill pudiera ofrecer.
Nadie se dio cuenta del rubio que los espió todo ese tiempo sacando pruebas fotográficas.
—Pronto serás mío, Tom Kaulitz.
& Continuará &