Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 9

Correr era una de las cosas que solía hacer para ponerme en forma por las mañanas, con mi típica ropa deportiva gris, desde los pantalones hasta la chaqueta, y unos tenis cómodos. Llevaba el pelo recogido en una coleta alta, con algunos mechones cayendo por la frente, y mis manos estaban cubiertas con unos guantes negros sin dedos. Además, estaba escuchando música con mis auriculares inalámbricos.

Hacía días que no salía a correr; bueno, desde que conocí a Tom, y ya iba siendo hora. Llevaba alrededor de media hora dándole y cuando ya me sentía sediento al punto de no aguantar más, me paré en un puesto de agua y compré una botella. La abrí mientras me sentaba en una de las bancas cercanas justo en el momento en que mi móvil vibró. Lo saqué del bolsillo de mi chaqueta y vi que el nombre de Natalie iluminaba la pantalla. Descolgué la llamada dejando el móvil sobre mis piernas; el Bluetooth seguía conectado, así que la música se paró y la voz de mi amiga empezó a sonar por los auriculares.

—¿Qué tal anoche?— preguntó.

Bufé mientras le daba un sorbo al agua. —Hola Nath, estoy muy bien, gracias por preguntar y preocuparte— dije con un toque de sarcasmo.

Mi amiga suspiró. —Me haces sentir mal, como si fuera una mala amiga chismosa que solo le importa saber cómo te fue con tu chico y no cómo estás o si te ha pasado algo…

—Es que lo eres…

—¡Ah! Qué malo eres, billa— exclamó indignada y yo me eché a reír mientras bebía otro trago de agua. —¿Qué estabas haciendo? Te noto un poco agitado.

—Ya sabes, ejercicio…

—¡¿Por qué no me dijiste que saldrías a correr?!— gritó. Rodé los ojos. —Bueno, ese no es el tema importante. Responde a mi pregunta…

—Buff, me fue bien… súper bien— dije suspirando. —Me llevó a un muelle, estuvimos sentados al final del puente y charlamos un rato… y pasó algo más— vacilé.

—Oh, te conozco. ¿Qué ha pasado?

Cerré la botella. —Nos besamos.

—¡¿Qué?!— exclamó alargando la vocal «e». —¡Bill! ¡Por fin! Ahora solo falta que te quite la virginidad y no solo te dé besitos en la boca…

—Ahg, Natalie, ¿sabes? Tú y Tom sois iguales: tan guarrillos y pervertidos… sin inocencia mental— comenté mientras me ponía de pie. —Además, el sexo aún no está en los planes. Apenas nos estamos conociendo…

—Claaaro— canturreó. —Bill, por favor, seamos sinceros. Ambos sabemos que eso de «conocerse» no es tan importante. ¿Qué mejor que el sexo para conocerse mejor? Cuerpo a cuerpo, respiraciones agitadas y latidos sincronizados. Frotarse uno con otro, gemidos, toqueteos… ya sabes dónde…

—¡Oh, por Dios! Natalie, basta…— pedí completamente roja de vergüenza. —Yo… realmente quiero conocerlo antes de dar ese paso…

—¡Ahg! ¡Qué aburrido!

—No, lo que pasa es que tú eres muy atrevida. Para ti, el chico perfecto es el que te sugiere tener sexo en la primera cita, ya sea en algún cubículo del baño de una cafetería— dije —Y a mí no me van esas cosas…

—Bill, ¿por qué hablas tanta tontería? Yo soy una dama y no ando teniendo sexo en la primera cita… bueno, ha pasado alguna vez, ¡pero pocas! No es lo habitual…

—En fin…— resoplé —¿A que no adivinas qué ha pasado?

—Suéltalo ya…

—Mis padres han vuelto.

—¡¿En serio?! Pero tú me dijiste que regresarían dentro de dos semanas, ¿qué ha pasado?

—Pues encontraron a alguien que se quedaría a cargo en Düsseldorf y les informaría de todo lo que pase y los procesos de la fundación— respondí —El problema es que quedé de verme con Tom otra vez, hoy por la noche.

—Mierda, ¿qué vas a hacer?

—No sé. Tom me dijo que iba a llevarme a «Excelsior», una discoteca que es su favorita. Ya te imaginas por dónde van los tiros.

—Tus padres jamás permitirían que salieras de fiesta y volvieras de madrugada, te tienen como a Cenicienta, queriendo que estés en casa antes de las doce— musitó chasqueando la lengua —Maldita sea, tengo que ayudarte porque tienes que ir sí o sí a verte con tu chico problemático.

Metí mi móvil en el bolsillo y caminé por la acera, con la otra mano sujetando la botella de agua con casi la mitad del contenido. Iba a casa a ducharme porque tenía mis clases de esgrima. —No lo digas así, suena tan… mal— le respondí —Y sobre eso otro, ¿cómo podrías ayudarme? No quiero cancelarle…

—Bueno, te veo en tu casa en quince minutos.

Y sin más me colgó. Fruncí levemente el ceño porque no sabía qué iba a hacer. La música volvió a sonar y crucé la calle. Cuando llegué a casa encontré a mi madre sentada en el sofá tecleando algo en su portátil. Al verme sonrió.

—Oh, cariño. Estás empapado en sudor— dijo —Ve a ducharte y luego bajas a desayunar. ¿Irás a tus clases de esgrima?

—Sabes que no falto a ninguna, mamá— dije devolviéndole la sonrisa —¿Qué haces?

—Oh, revisando los correos— contestó suspirando —Sewelo será una gran fundación de ayuda social, cielo— comentó asintiendo y yo ensanché mi sonrisa —Tu padre tuvo que ir a la empresa por una reunión con Jonathan Eggers, ya sabes… Por cierto, ¿qué es de la vida de Marc?

—Mmm, no lo sé… llevo varios días sin saber de él— respondí —Pero bueno…— suspiré y bajé la cremallera de mi chaqueta —Iré a ducharme, estoy hambriento. Ah, Natalie dijo que vendría; ¿la haces pasar a mi habitación, sí?— pedí antes de irme y mi madre asintió riendo suavemente; seguramente pensaba que intentaba evitar hablar sobre Marc. Pero realmente no sabía nada de él y esperaba que siguiera así. Ya no me molesta como antes con tantos mensajes; era, en cierta forma, un descanso tanto para mí como para mi móvil.

Subí a mi habitación y rápidamente entré al baño. Me quité la ropa quedando completamente desnudo y entré en la ducha; abrí el grifo y en segundos el agua caliente comenzó a caer empapando mi pelo y cuerpo. El vaho se veía por todas partes y el baño antes fresco ahora estaba calentito y eso me agradaba. Lavé mi cabello con el champú de coco y puse jabón en mi cuerpo; esto era demasiado relajante. Más aún si hubiera preparado la bañera, pero eso me hubiera llevado más tiempo. Quité todo rastro de jabón y champú con el agua y cerré el grifo.

Cogí el albornoz y me lo puse atando las cintas mientras salía del baño. Mi pelo goteaba y no me sorprendí al ver a Natalie sentada en mi cama, mirándose en mi espejo de mano mientras se pintaba los labios con mi gloss.

—Tengo una súper – increíble – mega idea— musitó sin verme.

—Sorpréndeme— le contesté, abrí la puerta y entré en mi armario. Era del tamaño de una habitación pequeña, así que empecé a buscar algo que ponerme entre tanta ropa.

—Quédate a dormir en mi casa…— escuché que dijo.

Solté un resoplido mientras cogía un perchero con una camisa de manga larga transparente y con pequeños agujeros que le daban ese toque rockero que tanto me gustaba.

—No sé si mamá lo permitirá, sabes que han vuelto del viaje y seguro querrán pasar tiempo conmigo.

—¡Solo estuvieron fuera una semana!

—Lo sé, pero conoces a mamá.

—Ah, sí, sí— recordó ella algo irritada —Tenemos que convencerla, ¿o prefieres llamar a Tom y decirle que no se pueden ver como habían planeado?

—Claro que no— respondí —Quiero verlo, pero no quiero volver a mentirles a mis padres para hacerlo.

—Espera…— busqué entre la sección de chaquetas y cogí una de cuero negra brillante; luego fui a la sección de pantalones y saqué unos arrugados y rasgados. De repente, Natalie apareció en el umbral de la puerta —¿He oído bien? ¿Cómo es eso de «no quiero volver a mentirles»?

La miré y suspiré —Mi padre me ha visto llegar con Tom en la moto. Le dije que era un amigo tuyo que se ofreció a traerme— ella sonrió, le hacía mucha gracia lo que le estaba contando —Me han hecho muchas preguntas y entre ellas, les dije que conociste a Tom en un Starbucks porque es el camarero— se echó a reír cubriendo su boca con ambas manos —No te burles…

—Lo siento, es que es gracioso. No solo por lo que te has inventado, sino porque le has mentido a tus padres, ¡por primera vez! Oh Dios, mira en lo que ese chico te está convirtiendo. ¡Ahora me agrada más!

Rodé los ojos haciendo una mueca, salí del armario con los percheros y volví a entrar en busca de las botas negras de plataforma alta y ancha que combinarían perfectamente con el resto de la ropa que había elegido. Pasé junto a Natalie, que seguía en la puerta. En los cajones de mi cómoda busqué un boxers y un par de medias. Empezaría a vestirme así que miré a Natalie entrecerrando los ojos; ella entendió y, resoplando, se dio la vuelta.

—¡Esto es inaudito! Tanto tiempo siendo amigos, tantos años y aún no hay suficiente confianza.

—Bastante tengo con aguantar tus comentarios pervertidos.

—Humm, ¿acaso la tienes pequeña y te da vergüenza?— oh Dios, tenía que ser ella. La escuché reírse burlonamente —Es broma, tío. ¿Ya has acabado?

Terminé por ponerme el boxers y me senté en la cama —Sí— ella se dio la vuelta para verme.

—Mierda, qué cinturita…

Rodé los ojos —Mejor dime qué puedo hacer para ver a Tom.

—Ya te he dicho. Quédate a dormir en mi casa; le diremos a tu madre que vamos a hacer una pijamada con las chicas y Gustav— dijo en voz baja por si acaso —Así podrías verte con tu chico sin problemas, ir a esa discoteca y volver cuando queráis…

La miré —No suena mal.

—Oh, soy increíble, lo sé…

—Tú y Tom fuisteis separados al nacer, ¡Sois iguales en personalidad! Locos y un poco pervertidos.

Ella se rió. —Bueno, solo falta convencer a tu madre…

Cuando acabé de vestirme, salimos de mi habitación. Bajamos las escaleras despacito y nos acercamos a mi madre. Aún estaba sentada en el sofá, esta vez con las piernas cruzadas y la laptop en mano; Natalie aclaró su garganta.

—Señora Simone— la llamó y mi madre levantó la mirada rápidamente, primero a mí y luego a Natalie. —Quería decirle algo…

—¿Qué, cariño?

—Bueno, con los chicos hemos planeado una pijamada en mi casa… me preguntaba si podría dejar que Bill viniese con nosotros también.

—Claro, ¿por qué no?

—¿En serio?— pregunté sorprendido.

—Sí, corazón. Ve con tus amigos, ¿por qué te sorprendes tanto?

—Es que… pensé que quizás querrías que me quedara. Ya sabes, tú y papá estuvisteis una semana fuera de casa y creí… bueno, me entiendes, ¿verdad?

Mamá se rió. —Bueno, tampoco puedo prohibirte que salgas con tus amigos. Eso sí, te quiero aquí mañana a primera hora porque necesito que me acompañes al centro comercial.

—¡Claro que sí!— exclamó Natalie. —Ahora Bill, ve a preparar una mochila con tu pijama y lo que necesites. Te espero en el coche.

Hice lo que me pidió para hacer más creíble la mentira y cuando salí de casa entré en el coche de Natalie. Condujo hasta su casa donde dejamos mi mochila y luego me llevó al Salles. Tuve mi clase de esgrima y después la de piano; pasé toda la tarde así y cuando volví a casa de Natalie lo hice para arreglarme lo antes posible. En la mochila había metido mi pijama junto con un conjunto que usaría para ver a Tom. Me duché otra vez y ella me ayudó a esponjar un poco mi pelo con laca, me maquilló utilizando una sombra azul oscura y me prestó un pañuelo que até detrás de la cabeza cubriendo mi frente. Así como solía llevarlo Tom a veces. Me veía increíble, incluso con aquel conjunto: una camisa blanca, una chaqueta blanca de cuero que se ajustaba a mi cintura marcándola más y unos vaqueros negros. Las converse blancas y un par de anillos.

Estaba listo para ver a Tom; incluso le había enviado la dirección de la casa de Natalie para que pasara a por mí y no perdiera tiempo yendo a mi casa.

—¿Cómo me veo?— pregunté dando una vuelta frente a mi mejor amiga.

—Follable— me respondió y yo puse los ojos en blanco riendo.

—Me lo tomaré como un halago, ¿qué hora es?

—Las siete y cinco…

—¡¿Qué?! Joder, yo exigiéndole a Tom que sea puntual y mira, ¡me he retrasado!

—Solo han sido cinco minutos; Tom debe entender que necesitas tiempo ilimitado para verte espectacular.

—Él me dijo que era guapo aunque no me arreglara…

—Sí es verdad, pero parece como si ya te hubiera visto sin arreglarte ni con maquillaje. Quiero decir, las veces que os habéis visto has estado muy, muy arreglado…

Ella tenía razón; aunque Tom seguro lo había dicho por halagarme. O porque realmente pensaba que era guapo sin arreglarme aunque… ¿cómo sabía que lo era si nunca me había visto así?

—Bueno, ¡anda ya! Que seguro que te está esperando.

Asentí sin darle muchas vueltas y salí de su casa. Al salir, encontré a Tom frente a la mansión de mi mejor amiga, con su moto y su ropa cómoda. Llevaba unos vaqueros que casi le cubrían los zapatos, una camisa azul, muñequeras y guantes sin dedos. Esa vez no llevaba el pañuelo en la cabeza y se veía tan… atractivo.

Cuando se dio cuenta de que estaba allí, me miró de arriba abajo y sonrió con picardía —Joder, estás increíble…

Sonreí y, al acercarme, tomé la iniciativa de besarlo y cogí el casco que estaba entre sus piernas. Él me miraba con esa expresión tonta mientras me lo ponía —¿Qué miras tanto?

—Me has puesto la polla dura, Billie…

Rodé los ojos sin poder evitar sonreír. Subí en la moto, poniendo los pies en los estribos y agarrándome a su cintura.

—¿Ya nos vamos?— pregunté.

Él se rió y bajó el casco cubriéndose la cara, empujó la moto y la encendió. Aceleró y creo que íbamos más rápido que la primera y segunda vez. Sinceramente, no estaba tan acojonado como esas veces. Cuando llegamos a la discoteca, estacionó la moto junto a otras que había allí. Yo me bajé, me quité el casco y me arreglé el pelo. Tom también se bajó y me agarró de la mano para guiarme.

Había un letrero en letras cursivas que decía «excelsior». Tom empujó la puerta y, al entrar, la música electrónica empezó a sonar fuerte.

Había un montón de gente allí, bailando al ritmo con vasos en las manos que seguramente llevaban alcohol. Pasamos entre todos con los cascos en las manos. Estaba siendo empujado por un montón de gente, así que Tom se detuvo y me puso frente a él, sujetándome por los hombros para evitar cualquier tropiezo. En un abrir y cerrar de ojos salimos del tumulto y me encontré frente a una mesa donde estaban sentados varios chicos y un par de chicas hablando entre ellos.

—¡Eh, cabrones!— exclamó Tom poniéndose a mi lado y volviendo a cogerme de la mano —¿Bebiendo sin mí?

—¡Tom, tío!— gritó un chico castaño —¡Pensé que no vendrías!

—¡Eh! ¿Y esta maravilla de dónde la has sacado?— preguntó un pelirrojo.

—Chicos, él es Willem… el amor de mi vida y dueño de mis pensamientos— me presentó mientras besaba mis nudillos; sonreí tímidamente —Willem, él es Scar— dijo señalando al pelirrojo —Georg— al castaño —Karl— al chico con el pelo negro y mechones rubios —Andreas— al rubio de ojos azules que me sonaba —Harry Potter— a uno con pelo marrón oscuro que llevaba un parche negro cubriendo su ojo izquierdo —Chantelle, novia de Karl y… Ria— mencionó el último nombre con cierto desdén.

Sonreí a cada uno —Mucho gusto…

—Oww, Tom… ¡Pero qué mono es!— exclamó Chantelle, una chica rubia de ojos azules. Muy guapa —Ya tenía ganas de conocerte.

—Tom no deja de hablar del chico que conoció «casualmente» en aquel pub clandestino— comentó el chico llamado Georg, cuyos ojos eran verdes; me sonrió levemente. Hizo énfasis en «casualmente», pero no sabía por qué.

Tom carraspeó —Ven aquí, cariño…— empujó sin mucha suavidad a Ria para que se apartara contra la pared. Se sentó él primero y luego me atrajo hacia él para que me sentara a su lado.

La chica Ria estaba incómoda, y lo sabía, y a mi lado quedaba un hueco. Intenté hacerme un poco más al borde para que ella estuviera a gusto, pero Tom me lo impidió poniendo su brazo en mi cintura y apretándome contra él. No entendí por qué hizo eso, pero a simple vista se notaba que la chica le había puesto de mal humor. ¿Qué habría pasado?

—¿Otro juguete más, Trümper?— preguntó ella, y yo me encogí en mi asiento.

¿Juguete? ¿A qué se refería con eso?

—¿Podrías cerrar la puta boca, Riri?— pidió Tom con un tono enfadado —¿Qué quieres tomar, guapo?— me preguntó sonriendo.

—Ah, yo… no sé…

—¿Cerveza?— sugirió Chantelle.

—No creo que sea adecuado que un menor de edad chupe alcohol.

—¿Qué edad tienes?— preguntó.

—Diecisiete— respondí sonriendo un poco.

—¡Oh! Bueno, eso no es problema porque Tom es el dueño de la disco…

El chico de trenzas a mi lado se puso tenso y yo fruncí el ceño levemente. Miré a Tom —¿Eres el dueño?

Él se rascó la sien —¿Sorpresa..?

—Me dijiste que era tu favorita, no que eras el dueño…— susurré.

—No creí que fuera importante. Tampoco pensé que Chantelle abriría la boca— dijo esa última frase entre dientes mientras miraba a la chica con los ojos entrecerrados.

—Lo siento— murmuró Chantelle.

—¡Bueno! ¿Qué tal si empezamos con la celebración, eh?— dijo Karl mientras frotaba las manos —¡Que venga la primera ronda de cervezas!

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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