
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 10
Hubo un montón de rondas de cerveza. Admito que al tomar la primera hice una mueca, el sabor era amargo y horrible, tanto que me acordé de por qué no me gustaba. Nunca había entendido por qué a la gente le encantaba beber eso, pero tras unos tragos más, fue como si me fuera acostumbrando al sabor y empezara a dejarme llevar.
No recordaba cuántas rondas fueron, pero seguro que más de cinco. Las ganas de ir al baño me apremiaron y Tom me dijo que me enseñaría dónde estaba. Al empujar la puerta del baño unisex, lo primero que vi, aún en mi estado atontado por toda la bebida que había consumido, fue a una pareja de chicas masturbándose en un rincón. ¡Coño! ¿Para qué estaban los cubículos? Rápidamente cerré la puerta intentando borrar esa imagen de mi cabeza, mientras Tom solo me miraba divertido. Claro, probablemente ya estaba acostumbrado a ver ese tipo de cosas; yo no. Apenas salía a fiestas, y mucho menos a desvelarme como lo hice esa noche. Y nunca había bebido tanto.
—¿Qué es lo gracioso?— pregunté cruzándome de brazos y frunciendo el ceño.
Sentía que no podía mantener los ojos abiertos, pero aún no estaba tan borracho —¿No ibas al baño?
—Se me han quitado las ganas— susurré desviando la mirada de su cara y esa expresión burlona que tenía.
—Venga, entra al baño.
—No…
—Seguro que ya se han corrido— comentó. Puso su mano en la manija y yo puse la mía sobre la suya para impedir que abriera la puerta —¿Qué pasa? A ellas no les va a importar; tú solo entras, haces lo tuyo e ignoras sus gemidos y el sonido de sus dedos jugando con sus coños…
—Tom, no seas imprudente— dije —No voy a entrar ahí con dos chicas haciendo… esas cosas…
—Se llama masturbación y te repito que no les va a importar— negué con la cabeza haciendo un sonido gutural en señal de negación —Billie, ¿crees que somos los únicos que vamos a entrar y las vamos a encontrar así? Seguro que ya ha entrado más gente…
—¿Cómo pueden hacer esas cosas en un lugar donde cualquiera puede verlas?— pregunté horrorizada.
—El alcohol, las drogas… todo eso influye…— me respondió y yo bufé. —Entra. Venga, hazlo…
—No, no lo voy a hacer y no vas a obligarme…
—¿Cómo podría? Me encanta que me lleves la contraria; eso me excita un montón— susurró acercándose a mi cara. La música sonaba un poco más baja, el olor a alcohol ya estaba en el aire y todos en la disco estaban borrachos. Seguro que esas chicas también lo estaban —Eres tan cabezota… si quieres te cubro los ojos y te ayudo allí dentro.
—No, gracias, puedo aguantarme.
La verdad es que no, estaba mintiendo, no podía aguantarme. Eso es lo que pasa cuando bebes mucho líquido, en mi caso, cerveza. Tenía unas ganas inmensas de orinar y Tom lo sabía, por la forma en que me miraba, como si supiera que ya no me aguantaba. Y así era, me movía intentando disimular, pero al no poder más abrí la puerta e ignorando a las chicas entré a un cubículo mientras las escuchaba, gimiendo a todo volumen. ¡Ni siquiera se preocupaban por ser un poco más discretas! Joder, ¿de verdad el alcohol hace eso a la gente?
Escuché unos golpecitos en la puerta del cubículo mientras yo me abotonaba el pantalón. —¿Ya, mi vida?— oí la voz de Tom y puse los ojos en blanco mientras sonreía. Me gustaba que me llamara así aunque no había razón. No éramos nada, aunque ya nos habíamos besado. Dos veces, ¿o fueron tres?
Abrí la puerta. Tom estaba de pie frente a mí con una sonrisa pícara. —Mierda, qué sexy…
Bufé y pasé a su lado para verme en el gran espejo. Las chicas ya no estaban ahí, pero seguía oyendo los ruidos; seguro que Tom había hecho que entraran en algún cubículo. Casi grité al ver mi aspecto. Mi pelo estaba hecho un desastre, la sombra negra en mis párpados un poco corrida y los ojos levemente rojizos. Estaba deplorable; ¿cómo se atrevía Tom a burlarse de mí diciendo que me veía sexy? ¡Parecía un loco!
—Qué horrible, Dios…— susurré. Lo peor era que no había traído nada conmigo para arreglarme: ni toallitas húmedas ni nada.
—No te digas eso— dijo Tom con voz seria. Lo miré a través del espejo; él también me miraba pero como si estuviese enfadado —No te ves mal.
—Claro que sí— respondí —Mira el maquillaje, maldición.
—Si ese es el problema, quítatelo.
—No tengo con qué…
Tom alzó ambas cejas, se acercó a mí y abrió el grifo de uno de los lavabos. —Por si no lo sabías, esto es agua, y el agua ayuda a limpiar esas cosas. Con el agua puedes lavarte la cara y ¡Pum! Estarás como nuevo.
Puse los ojos en blanco. —Ya sé para qué sirve el agua. Lo que pasa es que tengo mis propias cosas para quitarme el maquillaje.
—¿Qué? ¿Toallitas húmedas que brillan en la oscuridad y desmaquillante de marca premium?— dijo con ironía.
—Me gusta cuidarme la piel. Tengo cremas y aceites, ¿entiendes? También suelo ponerme mascarilla para refrescarme la cara y evitar irritaciones; es normal…
—El agua es mejor que todas esas tonterías.
—Tom, es que no entiendes nada— dije viendo cómo se acercaba a mí, cogiéndome de la cintura y rozando la punta de su nariz con la mía —No me gusta estar así— gimoteé.
—Mmm, claro— me miraba fijamente y yo solo podía quedarme hipnotizado por sus ojos marrones. Es que me dejaba tonto, más tonto de lo que ya estaba —Le pediré a Chantelle algún desmaquillante, ¿vale?— asentí lentamente, disfrutando de las caricias que dejaba en mi mejilla —Pero antes, quiero un beso…
—Tommie, por favor…
—Un besito. Uno pequeñito, así…— juntó su dedo índice con el pulgar dejando solo una pequeña línea de espacio —Quiero comerte la boquita, déjame, ¿sí?
—¿Y si digo que no?
—Entonces tendrás que lavarte con agua…
Hice un puchero sin darme cuenta, mismo puchero que Tom besó brevemente. Lo miré —Quiero quitarme el maquillaje…
—Y yo quiero un beso— dijo volviendo a besar mis labios de forma fugaz.
—Ya me has dado dos.
—Bésame entonces…
Lo abracé rodeando con mis brazos su cuello. Él no estaba tan borracho como yo; al contrario, había bebido poco y seguramente era porque tenía que conducir y llevarme a casa de Natalie. Lo miré unos segundos y luego a sus labios; oh, qué apuesto era. Lentamente me acerqué hasta presionar mis labios con los suyos; un chasquido fue el sonido cuando me separé. Había sido pequeñito como él había dicho.
—O me besas bien o me besas bien— dijo frunciendo el ceño.
Iba a decir algo pero no pude, ya que me atrajo hacia él y volvió a unir nuestros labios. Esta vez moviéndolos. Gemí involuntariamente cuando sentí su lengua en mi boca, lamiendo mi labio inferior. Lo besé de igual forma, tan desesperada, como si estuviéramos necesitados y eso era extraño. Bueno, al menos para mí.
Sus manos bajaron acariciando mi rostro para luego deslizarse por los costados de mi pecho hasta mi cintura y acariciar mi espalda baja. Me empujó contra el borde del lavabo; me besaba con tanta brusquedad, mordiendo mi labio inferior cada vez que se separaba unos centímetros. En una logró atrapar mi lengua con sus labios, chupándola y volviendo a pegar su boca a la mía. Me gustaba; empezaba a encantarme que me besara así.
—Me encantas, Willem— susurró contra mis labios —Y me encanta besarte pero debo parar ahora o no podré contenerme…
Con los ojos cerrados solo lo escuchaba y los abrí en cuanto sentí que besaba mi barbilla y bajaba a mi cuello justo cuando sus manos cogían mis nalgas apretándolas a su antojo. ¡Maldición! Era momento de empujarlo por lo que estaba haciendo. Pero es que yo no quería que se detuviera. Yo quería que me besara mucho, por horas si era posible. No me importaba si mis labios acababan adoloridos y yo sin poder respirar por la falta de aire.
—No quiero que te contengas— susurré buscando su mirada. Él abrió los ojos, separándose de mi cuello, y me miró fijamente.
—No sabes lo que dices.
—Quiero que me beses, Tom. Bésame, por favor, por favor— suplicaba mientras le cogía las mejillas con mis manos, rozando mis labios con los suyos —Bésame, ¿vale?
—¿No querías quitarte el maquillaje?
—Eso puede esperar— dije, besando sus labios —Ahora haz lo que te pido sin rechistar— le ordené.
Él se echó a reír y volvió a besarme, pero no tan brusco como antes; era más suave, y yo lo quería rudo. Quería que me chupara los labios, que jugara con su lengua en mi boca. Quería un beso descontrolado, pero él no cooperaba o se estaba haciendo el difícil.
—Tranquilo, terroncito. Pareces desesperado— no le respondí, solo lo miré durante unos segundos y volví a besarlo —Entiende que no puedo…
—¿Por qué no?
—Ya te lo dije, no podré contenerme.
—Y yo te dije que no quiero que te contengas— en ningún momento separé mi boca de la suya, así que al hablar no se entendía muy bien y respirábamos agitados. Pero al darme cuenta de que él movía los labios casi sin ganas, me separé de golpe —¿No quieres?— pregunté en voz baja.
Él soltó mis nalgas y subió una mano para acariciar de nuevo mi mejilla —Yo quiero, claro que quiero. Si fuese por mí te besaría como si no hubiese un mañana, no soltaría tu boca ni un segundo, pero…
—Pero…
—Solo no quiero acabar follándote— dijo —Sé que si sigo besándote no podré controlarme y acabaré empotrándote contra la pared, embistiéndote con fuerza hasta hacerte llorar de dolor y placer al mismo tiempo. Y no quiero eso; contigo quiero hacer las cosas bien, es todo…
No sabía si sentirme bien o mal. Bien por lo que me había dicho: «hacer las cosas bien», eso me gustaba. Quería decir que realmente iba en serio conmigo y todo eso. Mal por verme rechazado. Además, me hacía sentir como un idiota, como si no tuviese juicio ni dignidad. Como si me estuviese arrastrando o rogándole; prácticamente le había rogado que me besara. No sabía cómo sentirme; ¿qué se supone que debía hacer?
—Hey— acunó mi rostro con sus manos sin dejar de mirarme, obligándome a conectar mi mirada con la suya —no te pongas así. Esto es aún más difícil para mí porque, como ya te había dicho, eres una tentación, un vicio; y créeme que estoy haciendo lo posible por no lanzarme ahora mismo a meterte en uno de esos cubículos y hacerte mío de la manera más guarra y salvaje posible. Con mi semen empapando este bonito rostro que tienes, con tu boca tragándose toda mi polla… conmigo dándote placer solo con mi lengua. No quiero pensar con la cabeza de abajo, ¿entiendes? Quiero ir despacio y que cuando llegue el momento de hacerte mío sea especial… ¿vale?
Me quedé en silencio asimilando sus palabras; en su lenguaje me había dicho que quería esperar hasta el momento indicado. Sí, eso había querido decir y por eso sonreí levemente.
—Dime que lo entiendes, terroncito…
—Hujum…
—¿Sí?
—Sí.
Él también sonrió, me plantó un pequeño beso en los labios, rápido y breve, y luego me miró a los ojos otra vez. —Voy a ver qué tiene Chantelle en su neceser, espérame aquí…
Asentí y lo vi salir del baño. Había estado tan metido en mi mundo que dejé de escuchar los gemidos de las chicas, que ahora sonaban más como jadeos. Como el grifo que Tom había abierto seguía goteando, mojé mis manos justo cuando la puerta del cubículo se abría y salían las dos chicas. Sudadas, con el pelo hecho un lío y el labio pintado por todos lados, ¡ni siquiera se habían arreglado la ropa! Dios mío. Las miré disimuladamente a través del espejo mientras salían como si nada. Mierda, no tenían vergüenza.
Me lavé las manos y me enjuagué la boca; mis labios estaban hinchados y rojos. Me recogí el pelo en una coleta alta con el pañuelo y me quité la chaqueta, dejándola encima de la encimera del lavabo.
La puerta del baño se abrió y pensé que era Tom, pero no; al mirar por el espejo vi que eran dos tipos de la misma altura que Tom y algo pasados de copas. Me miraron con una sonrisa rara en la cara.
—¡Pero si es la nueva perrita de Tom!— exclamó el primero, que tenía el pelo fucsia, haciendo que el otro se partiera de risa; era calvo, ni un solo pelo le quedaba en la cabeza.
Fruncí el ceño por cómo me había llamado —Perdona, ¿a quién le llamas «perrita»?
—¿Qué? ¿No eres la nueva puta del monstruo?— preguntó el otro, el calvo —¡Pero si todos los días está con una diferente! Ese cabrón trata a las chicas como si fueran juguetes…
—¿Qué?
—¡Incluso mi hermana sigue llorando por ese hijo de puta!— exclamó.
—¿Dónde está?— preguntó el de pelo fucsia —¿Estás solito?
—No— dije rápidamente.
Se echaron a reír —¿Cuál es el miedo, guapo? Déjanos divertirnos contigo; así Tom aprenderá una lección. Estoy seguro de que te va a encantar; ¡mi polla es más grande que la suya! A las putitas les encantan las pollas grandes, esas que no les caben en la boca…
—Vuelve a llamarlo así y te juro que te arranco la lengua, kiros— el miedo que había sentido se evaporó en cuanto escuché la voz de Tom.
El calvo se dio la vuelta —¡Mirad al monstruo! Me vas a pagar por hacer llorar a mi hermana.
—¿Tu hermana? ¿Quién narices es tu hermana?
—Jennie…
—¿Jennie? No recuerdo ninguna Jennie…
—¡Claro! ¿Cómo vas a acordarte si todos los días tienes a una nueva en la cama? ¿Quién es ella? ¿Otra perrita más?
Fue entonces cuando vi cómo Tom daba dos grandes pasos y estampaba su puño en la sien del calvo —¡He dicho que no le llamen así!— gruñó y, como el otro estaba en el suelo, le dio una patada en las costillas —Yo no tengo la culpa de que tu hermanita se haya ilusionado solo por un polvo; en ese caso, la perra es ella.
—Hijo de puta— gruñó el calvo aún en el suelo.
—Mejor vete a jugar con las pelucas, imbécil— dijo Tom —y agradece que no te arranco los ojos por haber visto lo que es mío, ¡Par de capullos!
El de pelo fucsia salió pitando del baño dejando al otro solo. El calvo se puso en pie y salió, no sin antes amenazar a Tom.
—Me las vas a pagar…
—Sí, mira cómo tiemblo, idiota.
El tipo salió del baño gruñendo y yo suspiré aliviado. Tom se acercó a mí —¿Cuánto llevaban aquí? ¿Te hicieron algo? ¿Te tocaron? Porque si fue así les voy a cortar las manos y se las daré de comer a Bambi.
—¿Bambi? ¿Quién es Bambi?
—Un cocodrilo…
—Ugh, Tom… no me hicieron nada, solo me llamaron «la perrita de Tom».
—Capullos.
—¿Por qué dicen que tratas a las chicas como si fuesen juguetes? La chica está… Ria, también dijo algo al respecto, ¿por qué?
—Porque antes de que tú aparecieras me gustaba follar, Bill. Por eso. Y como no me tomaba nada en serio porque con todas solo buscaba sexo, entonces pasan estas cosas… Ria está dolida porque fue una del montón.
—¿Y yo?
—Joder, ¿no escuchaste cuando te dije que quería hacer las cosas bien contigo?— sonrió levemente —Bill, contigo no quiero solo sexo, ¿vale? Te quiero conmigo… y no me importaría tener que obligarte…
—Mmm… ¿vas a seguir follando con cualquiera mientras intentas algo conmigo?
—Si tú no quieres…— arqueé una ceja y él se echó a reír —Obvio que no, terroncito. No se me para con cualquiera desde que te vi…
—¿Se supone que debo tomármelo como un halago?
—Sip.
—¿Okay?— ¿De verdad debía tomármelo como un halago? O sea, no se le para con nadie… ¿Qué quiso decir realmente? Ah, odio descifrar sus palabras y los códigos ocultos —¿Chantelle tenía algo?
—Mmm, sí. Agua micelar— dijo alzando un pequeño tarrito.
—¡Oh, genial!
—¿Te sirve?
—Claro que sí— dije y le quité el tarrito.
—Dijo que con esto podrías quitarte el maquillaje mejor— sacó del bolsillo de su pantalón unas toallitas en forma circular y me las tendió. Rápidamente me di la vuelta para comenzar a quitarme el maquillaje; mojaba las toallitas con un poco de agua micelar y en un abrir y cerrar de ojos ya no había sombra negra en mi rostro ni nada más —¿Necesitas algo más? Puedo ir a comprarlo en la tienda de al lado; venden puros cosméticos.
—No, no. Así está bien— dije.
Eché las toallitas en el cubo que había debajo del lavabo y cerré el tarrito, dándome la vuelta para ver a Tom, que solo me miraba fijamente, con una expresión rara en la cara.
Mira, no tengo inseguridades sobre mi aspecto. Sé que soy guapo con o sin maquillaje; mis padres, amigos y algunos chicos que se sienten atraídos por mí me lo han dicho. Pero que Tom me mirara así me hacía sentir un poco incómodo. Como si me importara lo que él pensara, y es que era así, después de todo, era la primera vez que me veía sin maquillaje, ¿no?
—Tom, ¿por qué me miras tanto?— le pregunté.
—Es que en persona te ves mucho más guapo sin maquillaje.
Fruncí el ceño levemente, confundido —¿En persona? ¿De qué hablas, Tom?
En ese momento pareció salir de su trance porque sacudió la cabeza —¿Eh?
—Dijiste que en persona me veía mejor sin maquillaje.
—Oh, ¿ves? Me pones tan idiota que no soy consciente de lo que digo. Quería decir que… que te ves precioso sin maquillaje.
Reí —Claro, siempre que salgo uso maquillaje y solo me lo quito cuando voy a dormir. No es como si me hubieses visto.
Él también rió, pero sonaba casi falso o quizás era yo quien lo veía así —Sí, eso sería imposible— dijo, con un poco de nervios en su voz.
Continúa…
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