
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 11
—¡Por fin aparecéis!— exclamó Bach al vernos llegar a la mesa —¿Os habéis divertido?
Me sonrojé al darme cuenta de lo que estaba insinuando y, por cómo estaba, parecía que había pasado «algo» en el baño. Pero Tom se echó a reír, negando con la cabeza, y se sentó en el sofá, tirándome del brazo para que cayera sobre sus piernas. Yo iba a acomodarme para volver a mi sitio, pero Tom no me dejó. Me puso de lado y me abrazó por la cintura.
—¿Por qué habéis tardado tanto en el baño? Vamos, decidme que al menos habéis limpiado el cubículo— bromeó Georg, y yo solo bajé la mirada, completamente avergonzado, mordiendo mi labio inferior.
Obviamente no había pasado nada porque Tom no quiso, o bueno, porque no era el «momento adecuado». Todos se rieron de mi actitud vergonzosa y yo no me atrevía a mirarlos, joder. Menuda situación más incómoda.
—Dejadlo tranquilo— dijo Tom; no podía verlo, pero sabía que también se estaba riendo como los demás —No ha pasado nada, solo que tuve que buscarle un desmaquillante para que se limpiara la cara, ya está.
—¡Oww! Y tú, todo un caballero buscando lo que necesitaba, ¿no?— ironizó Ria.
Después de lo que me dijo Tom sobre lo que había pasado entre él y ella, entendí por qué la chica se comportaba así desde que me vio. Siempre con esa actitud tan borde y cómo me miraba cuando cruzábamos miradas. Le caía mal; me veía como «el enemigo» y realmente no me importaba. No era la única que me veía como rival; en el instituto hay un par de chicas que me odian solo por ser «la causa» de que sus novios las dejen.
—Sí— le respondió Tom —Me hizo un pucherito y no pude resistirme…
Sabía que Tom solo la estaba provocando —Ya veo, haciendo todo lo posible para atrapar a tu presa…— suspiró la chica —Lo que más me sorprende es saber que has pasado de salir con chicas de tu edad o mayores a meterte con un crío, joder.
La miré entrecerrando los ojos —No soy un crío— dije y ella se echó a reír.
—Dijiste que tenías diecisiete…— recordó Ria moviendo su pelo con la mano —Y si este idiota aún no te lo ha dicho, tiene veinticuatro… eres un niño al lado suyo…
—Apenas voy a cumplir veintitrés, Ria— dijo Tom.
—¿Y qué más da? Eso no quita que siga siendo menor de edad y encima hijo padres ricos— comentó ella —Lo he visto en revistas; sus padres son famosos en el mundo de la moda. Es un pijo y tú nunca podrías darle todo lo que quiere… seguro que es tan despilfarrador como cualquier otro niñito rico. Te pedirá un colgante de diamantes reales y tú nunca tendrías para comprarle algo así porque no te gusta recibir dinero de tu padre… así que eso te vuelve prácticamente pobre, ¿verdad, Tom?
Todos miraron a Tom en silencio y él solo la miraba fijamente como si quisiera matarla. Yo solo me levanté apartando la mano de Tom; quería irme de allí cuanto antes.
¿Por qué hablaba de mí así si ni siquiera me conocía?
Me sentí fatal; me trató como si fuera cualquier idiota hijo mimado de mamá y papá, al que le encantan las cosas caras y es capaz de tirar la comida al suelo solo porque no le gusta. ¡¿Por quién me tomaba?! No era así; no era como ella decía y aún así me sentía tan impotente.
Salí de la discoteca haciendo caso omiso a los gritos de Tom detrás de mí, empujando a la gente para que me hicieran hueco. Una vez fuera, solo apreté los labios intentando contener las lágrimas. Odiaba que me llamaran «pijito», joder, sí, tengo pasta, pero no la malgasto. Menuda faena.
—Hey…— sentí a Tom abrazarme por detrás mientras yo me cruzaba de brazos —¿Por qué te has salido así?
—¿Y todavía preguntas?— me aparté de él de un empujón. Ahora mismo no quería consuelo de nadie.
—Si es por lo que ha dicho Ria… cariño, no le hagas caso…
—Es fácil para ti decirlo. No eres tú el que queda en ridículo delante de todos…— dije intentando que mi voz no temblara. —Me ha humillado prácticamente frente a tus amigos, ¿te parece poco?— No esperé a que respondiera, simplemente me di la vuelta para verlo a la cara y coger mi casco, que llevaba colgando en su antebrazo junto al suyo. Empecé a ponérmelo —Llévame a casa— le pedí mientras abrochaba los pequeños cinturones.
Él asintió en silencio, se alejó para acercarse a la moto y se subió en ella metiendo la llave para encenderla. Se puso su casco y cuando estuvo todo listo, me subí yo sin decir nada.
Arrancó sin acelerar mucho y durante todo el viaje a casa me sentí incómodo. Solo quería encerrarme en mi habitación, cubrirme con las mantas hasta la cabeza y llorar si era posible; estaba enfadado, frustrado y quería huir. Estar solo a unos momentos y pensar, porque eso era lo único que podía hacer, pensar…
Cuando llegamos a casa de Nathalie, Tom paró enfrente y apagó la moto para bajar los pies de los estribos. Yo me bajé completamente y me quité el casco dándoselo, y sin siquiera mirarlo me di la vuelta para irme, pero Tom me interrumpió agarrándome de la mano y atrayéndome hacia él. Fue breve el instante en que conectamos miradas; yo la desvié. No quería verlo porque ni siquiera dijo nada ante lo que me había dicho Ria, lo que significaba que él también pensaba lo mismo.
—¿No te vas a despedir?— preguntó. Sabía a qué se refería pero, obviamente no lo haría.
—Adiós— dije y traté de librarme de su agarre, pero él fue más rápido y me jaló hacia él —Tom, quiero irme…
—¿Estás enfadado conmigo?— preguntó ignorando por completo lo que había dicho antes. Esta vez lo miré a los ojos.
—No— traté de nuevo de jalar mi mano para que me soltara y él solo apretó el agarre sin hacerme daño —Suéltame, Tom…
—No, hasta que me respondas…
—Ya te he dicho que no, no estoy enfadado, ¿vale?
—Sí lo estás…
—¿Por qué no simplemente me sueltas, te vas y si puedes te olvidas de mí?— Tom solo me miraba —Suéltame ahora mismo o gritaré hasta que salgan los seguratas de Nathalie…
—¿En serio? ¿Te vas a poner así?
—Pues yo me pongo como se me de la gana— dije sin dejar de forcejear para que me soltara.
—Oye, Bill… no hagas caso a lo que ha dicho Ria; solo quería molestarte.
—¡Pues lo logró!— exclamé —No sabes lo mal que se sintió escuchar todo lo que dijo y tú no hiciste nada; ¡también piensas igual que ella! Y si es así…— respiré hondo —No sé por qué te empeñas en querer tener algo con un «pijito» como yo…
Aproveché que aflojó el agarre en mi mano y logré zafarme. —Bill, no vengas con esto ahora…
—Vete, Tom…
Me di la vuelta otra vez —¡Bill!— al escuchar cómo gritó mi nombre. Solo pude echarme a correr, la reja se abrió sola y pude entrar por el pequeño hueco. —¡Bill, joder! ¡Vuelve aquí ya!
Me paré para verlo mientras le enseñaba el dedo del medio. Estaba haciendo un berrinche, sí, pero tenía mis razones y además, el alcohol que llevaba encima no ayudaba en nada, solo me hacía sentir peor. Tom iba a entrar, pero la reja se cerró justo a un paso de él y la golpeó con las manos.
—¡Bill!
Volví a correr, entrando en la mansión de mi mejor amiga. Sabía que estaría en su habitación y subí ignorando el zumbido de mi móvil en el bolsillo de la chaqueta. Entré en su habitación, que estaba completamente oscura, y encendí la luz; el interruptor estaba justo al lado de la puerta. Nathalie tenía su antifaz rosa puesto y dormía como un tronco en su gran cama. La miré durante unos segundos y luego me fui al asiento junto a la ventana. Me quité las botas y luego la chaqueta.
En eso, empezó a sonar la música que usaba como tono de llamada; saqué el móvil del bolsillo de la chaqueta y vi que el nombre de Tom iluminaba la pantalla. Lo ignoré apagándolo; no quería hablar con él. Busqué en mi mochila, que estaba sobre la silla giratoria frente al ordenador de Nathalie, y saqué mi pijama.
Esa noche me acosté al lado de mi amiga, completamente indignado, enfadado y culpable por haber dejado a Tom prácticamente tirado. Él no tenía la culpa, pero la idea de que pensara igual que Ria me ponía triste. Si realmente creía que yo era un niño, ¿para qué quería estar conmigo? Ya era mayor de edad, ¿no? ¿Para qué querría estar con un crío como yo si podría tener a cualquier chica sin mucho esfuerzo?
Otra desventaja más.
&
—Entonces lo dejaste solo.
Nathalie asintió lentamente con la cabeza tras decir eso. Parecía comprensiva, pero realmente solo intentaba contenerse para no darme una bofetada por ser tan ridículo. Cuando me miró supe lo que iba a decirme, así que la paré bajando un poco la cabeza.
—Sé lo que me vas a decir y sí, fui un imbécil por reaccionar así, pero es que…— suspiré —Estaba borracho, bueno, «medio borracho» y cabreado.
—Eso no es excusa— resopló ella —Lo has mandado a tomar por saco solo por las tonterías que dijo esa arpía de Ria…
Le había contado todo con pelos y señales y ahora me arrepentía; Nathalie era muy impulsiva y seguramente ya tenía a Ria en el punto de mira. Estaba seguro de que le haría algo.
—No lo he mandado a tomar por saco; solo le pedí que se fuera… no sería capaz de pedirle que se aleje de mí…
Nathalie puso los ojos en blanco mientras salíamos de su casa. Se subió las gafas a la cabeza y su conductor personal le entregó las llaves de su descapotable; el mismo coche que me hizo recordar aquella noche en que ella me llevó a aquel pub clandestino donde conocí a Tom. Joder…
—Escucha Bill, no puedes reaccionar así solo porque una dolida te diga cosas feas…
—Me trató fatal…
—Sí, ¿y crees que va a ser la única vez? ¡Vaya tela, chico! Te odia porque tú has conseguido con Tom lo que ella no pudo, le duele, y por eso te soltó esas cosas… solo quería fastidiarte la noche, no debiste permitirlo…
—¿Y qué se supone que debía hacer entonces?— pregunté mientras subía a su coche —¿Ignorarla?
—Sí, y si podías, darle un beso a Tom en su cara y decirle que a pesar de todo, él te sigue prefiriendo— me dijo —debiste marcar tu territorio, Billa.
Bufé —Tom y yo no somos nada, ¿por qué haría eso?
—¡Porque aunque no seáis nada, él te pertenece!— me gritó —la próxima vez no te quedes callado y mucho menos huyas así cuando pase de nuevo, ¿vale? Si puedes, humíllala también; las palabras pueden ser dagas, Bill… tanto tiempo siendo amigos y aún no has aprendido de mí…
—¿Hablas de hacerla sentir mal si me trata mal?
—Sí. Recuerda que es una «ex» del que será tu novio; si ella no entiende por las buenas que Tom te ha elegido a ti, entonces haz que lo entienda… por las malas…
Lo pensé bastante. No soy de las personas que resuelven las cosas así; siempre he sido tranquilo y nunca he tenido problemas. Bueno, con las chicas en el instituto sí los tenía, pero no les prestaba atención porque sus «ex parejas» no me interesaban. Con Tom es diferente.
—Da igual… no creo que después de la escena que monté Tom quiera volver a verme. Estará pensando que soy un niño inmaduro…
—No lo creo —dijo Nathalie.
Durante el trayecto de su casa a la mía me mantuve en silencio mirando por la ventana. En realidad, la diferencia de edad no era mucha; él tenía veintidós y yo diecisiete. Solo eran cinco años, bueno… sí, se nota la diferencia pero no es tan exagerada. Cinco años no son nada, ¿verdad?
El caso es que mis padres siempre me han dicho que soy muy maduro para mi edad. Incluso mis amigos me lo recordaban siempre. Soy mucho más maduro que Tom, y Nathalie tenía razón; no debí permitir que las palabras de Ria me hicieran sentir mal.
La culpa era del alcohol que había tomado y por el cual me desperté con una resaca horrible. Gracias a la pastilla que me dio Nathalie se me pasó.
Cuando aparcó frente a mi casa, Nathalie se inclinó hacia mí para despedirse y salí de su coche después de escucharla decirme que llamara a Tom y le pidiera vernos para hablar del tema. Le haría caso porque realmente necesitaba disculparme por mi actitud.
Entré a casa; mi padre estaba allí junto a mi madre desayunando juntos y yo me uní después de darles un beso en la mejilla. Después de eso, salí con mi madre al centro comercial como habíamos quedado el día anterior y pasamos toda la tarde de boutique en boutique. Compramos muchas cosas tanto para ella como para mí e incluso adornos antiguos para la sala de estar de nuestra casa. Cuando regresamos solo pude tumbarme en la cama completamente exhausto.
Vi mi móvil sobre la mesita de noche; lo había dejado cargando mientras estaba con mi madre en el centro comercial. Iba a cogerlo y encenderlo para escribirle a Tom, pero me sentía tan avergonzado… ¿Y si no me respondía? ¿Y si me había bloqueado?
Mierda, necesitaba sí o sí empezar a escribir mis pensamientos en un diario como me sugirió la psico el otro día.
Bufé cansado sin saber qué hacer justo en el momento en que tocaron a la puerta.
—Joven Willem…— la voz de Jennie se escuchó al otro lado de la puerta, una de las chicas de limpieza —tiene visita.
—Pasa, pasa— dije, ignorando el hecho de que cuando se trataba de mis amigos, nadie se molestaba en avisarme. Ellos entraban en mi habitación porque ya todos en casa los conocían.
La puerta de mi habitación se abrió y yo seguía tumbado en la cama, boca abajo.
—Vaya, tu habitación es casi del tamaño de mi piso…
Al escuchar esa voz, no pude evitar abrir los ojos y levantarme de un salto de la cama. El chico de las trenzas estaba apoyado en la puerta, con los brazos cruzados y una sonrisa de chulería mientras yo lo miraba sin poder creer que estuviese ahí…
—Tom…— susurré su nombre casi sin voz, sintiendo cómo mi corazón empezaba a latir desbocado.
Tom se separó de la puerta y comenzó a acercarse a mí —Tenemos que hablar, terroncito— me dijo.
Se detuvo cuando estuvo muy pero que muy cerca de mi cara, tanto que juro que podía sentir su aliento cálido rozar mis labios.
Iba a decirme algo más, pero no se lo permití. Presioné mis labios contra los suyos. Lo besé porque me dio la gana, ¿qué iba a hacer Tom al respecto? Nada, solo agarrarme de la cintura y acercarme más a él para profundizar el beso. Esa era una buena manera de arreglar los problemas, ¿no?
Me abracé a su cuello y al separarnos un poco relamí mis labios —Perdón…— susurré.
—Ya ha pasado, pero…
Él me abrazó pegando su frente a la mía, respiró profundamente sin dejar de mirarme a los ojos. Me encantaba cuando me miraba así, como si yo fuese su mundo.
—…vas a compensarme por haberme dejado tirado delante de la casa de tu amiga y también por ignorar cada una de mis llamadas y mensajes…
Continúa…
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