Administración: Aquí tenemos otra obra de Kasomicu. Es un one-shot bastante largo, y está publicado en 3 partes, ya está completo, así que ¡a disfrutar la lectura!

«Diópsido» One-Shot Toll
Parte 1
Tom soltó un suspiro, mientras seguía caminando por aquel mar de maleza verde y húmeda.
Sus pies dolían después de haber caminado quién sabe por cuánto tiempo y kilómetros.
—Maldito Georg… No le vuelvo a hacer caso cuando me pida que lo acompañe a uno de estos viajes exóticos —se dijo a sí mismo, ya cansado.
Lo que ocurría era qué, su mejor amigo, Georg, solía hacer viajes a Sudamérica cuando tenía vacaciones en el trabajo, ya que era todo un aventurero apasionado, y esa vez decidió ir al Amazonas, Tom no era mucho de salir de su país de origen, por lo que el castaño invitó al de rastas diciendo que sería bueno que saliera un poco de su ambiente y conociera otras culturas.
Tom lo dudó en un principio, ya que nunca había salido de su zona de confort, pero decidió atreverse, sin imaginar que uno de los primeros lugares que Georg tenía en su lista de destinos para explorar era la propia selva del Amazonas, al principio Tom lo vio como algo emocionante, debía admitir, pero claro que en sus planes no estaba que iba a quedarse atrás en el camino por ir distraído y terminar finalmente perdiéndose.
Ahora, no sabía dónde estaba todo el equipo con el que habían ido, había gritado hasta casi romperse la garganta, sabía que entrar en pánico sólo sería peor, así que decidió caminar por donde él creía que era el camino por dónde habían venido, pero conforme fue caminando se dio cuenta que sólo encontraba lo mismo: vegetación extensa.
Su agua se había finalmente acabado, estaba hambriento pues llevaba horas sin comer, desde que había comido un refrigerio con los demás miembros del equipo de exploración.
A este punto sentía que iba a llorar, pues aunque quería mantener la calma, el sentirse solo y perdido en un lugar como el Amazonas, siendo consciente de sus múltiples peligros lo hacía sentir temeroso.
Caminó un poco más hasta que logró escuchar el agua fluir.
—¡Un río! —exclamó Tom emocionado, corriendo hasta la fuente de aquel sonido de agua, encontrando efectivamente un río, se acercó y se arrodilló frente a éste, no estaba muy seguro de si beber agua directamente de un río sería lo mejor, pero, maldita sea, se encontraba demasiado sediento, así que con ambas manos tomó un poco de aquella cristalina agua y la bebió con desesperación, saciando su sed.
No se percató que mientras bebía agua, un par de ojos brillantes color verde se fijaron en él.
Aquellos ojos escondidos entre la maleza lo vieron de arriba a abajo, examinando si significaba algún tipo de peligro, y luego de estudiarlo por unos minutos se dio cuenta que era un ser humano inofensivo.
Después de saciar su sed y tomar un poco de agua en su botella para llevar durante el camino, se dio cuenta que el cielo comenzaba a oscurecerse, seguido de unos truenos.
Iba a comenzar a llover, las lluvias eran muy comunes en el Amazonas, y lo sabía, en ese momento Tom entró en pánico pues, con lluvia sería más difícil que lograran encontrarlo o él encontrarlo a ellos.
Tom, con su sentido de auto preservación activado, es que pensó en buscar un refugio hasta que parase la lluvia, porque no creía que lo más idóneo era quedarse ahí de pie, o mantenerse preso del pánico debido a que luego no podría encontrar a alguien. Aparte estaba el hecho de que habían relámpagos allí, y… Morir atravesado por un rayo no era la manera en que se le antojaba morir.
Así que apretando la mandíbula, es que se levantó y caminó ahora en búsqueda de alguna cueva o donde protegerse.
Hasta que después de caminar entre el barro por los gotones de agua que mojaban la tierra, es que dio con una cueva…
La cual él entró sin fijarse que ya estaba ocupada por los mismos orbes verdes que estuvieron escaneándolo antes.
Tom se estremeció cuando el cielo brilló por el rayo, metiéndose más dentro de la cueva, aquel sitio era frío y lúgubre, sin embargo, era mejor opción que estar fuera de ella.
Se empezaba a cuestionar a qué Dios pagano le había hecho un daño para que tuviera aquella mala suerte.
Tom se encogió sobre sí mismo, se sentía tan vulnerable en ese punto. Pensando en lo solitario y desolado que sería quedar atrapado en la selva profunda.
ㅡMaldito Georg… ㅡrepitió Tom en voz alta, recordando todos los familiares habidos y por haber de su mejor amigo.
Cuando escuchó un sonido peculiar que lo puso en alerta.
ㅡ¿Quién anda allí? ㅡpreguntó Tom temeroso, girando su rostro para lograr ver algo.
No se había puesto a analizar que quizá aquella cueva no estaba vacía.
Evidentemente si había dentro un animal salvaje no podría responderle.
Escuchó el sonido de cómo algo se acercaba a él, en ese momento su respiración comenzó a entrecortarse, pues Tom no sabía qué hacer.
Debió haberlo pensado antes, revisar si la cueva estaba habitada por algún animal, y ahora no podía dejar de pensar en la cantidad de animales letales que podrían estar en esa cueva y justo ahora, acercándose uno hasta a él.
Su cuerpo se paralizó debido al miedo, pues debido a la oscuridad de la cueva y a que ya no quedaba ni un mínimo de claridad fuera.
Conforme aquello se acercaba, Tom estaba aterrado, sus lágrimas comenzaron a salir sin control alguno, sollozando en silencio, pensando que hasta ahí había llegado su corta existencia de veintiún años.
—¿Por qué lloras? —cuestionó una voz, al mismo tiempo que la persona dueña de esa voz se detenía a unos escasos metros de él.
Tom no respiró por unos segundos. ¿Había una persona ahí con él?
No supo qué responder, pensando en que, no se había percatado que había alguien más. ¿Era del grupo? ¿No era el único que también se había extraviado?
Sin dejar de sollozar, sorbió de su nariz, mirando fijamente a la oscuridad, tratando de divisar al dueño de la voz, porque sí, por el tono de voz, sabía que se trataba de un chico.
—Lo siento, no te había visto —respondió—. Es sólo… Estoy asustado, pensé que eras un animal.
La persona entre la oscuridad se quedó callada por unos momentos.
—¿Tú también estás perdido? —preguntó Tom ante el silencio del contrario.
Sólo hubo silencio, el de rastas frunció el ceño, y su miedo que en un momento se tranquilizó, volvió a activarse ante el silencio tan abrupto de la otra persona.
De pronto, una figura alta fue acercándose y haciéndose ver frente a él.
Tom abrió los ojos en grande.
Era un muchacho alto, más que él, quizás media unos dos metros, con el cabello largo hasta los hombros, color negro tan oscuro como podría serlo la noche, piel pálida y lo más llamativo, unos ojos verdes tan brillantes que parecían irreales.
Tom siguió comiéndoselo … Negó mentalmente ante su propio pensamiento, pero siguió recorriéndolo con la mirada, notando que tenía un taparrabos…
Ese joven no venía con su grupo, y evidentemente no estaba perdido. Ese muchacho de belleza tan arrobadora vivía allí.
¿Serían parte de algún tipo de tribu? ¿Cómo es que se comunicaba con tanta facilidad con él?
ㅡNo estoy perdido. ¿Buscas a los tuyos, cierto? ㅡcuestionó el muchacho.
Tom asintió.
ㅡYo… ¿Cómo te llamas? Mi nombre es Tom ㅡhabló el de rastas.
ㅡBitis ㅡrespondió el muchacho, acortando más la distancia para sentarse al costado del rubio, olisqueándolo al estar a su lado, haciendo que Tom se sonrojase y sintiera su respiración acelerada debido a que sentía el aliento del hombre cerca de su cuelloㅡ. Puedo ayudarte a buscarlos después de la lluvia ㅡofreció el azabache y Tom se giró, arrepintiéndose al hacerlo porque lo tenía a escasos centímetros del rostro.
ㅡEh, sí, te lo agradecería mucho ㅡfarfulló Tom, ofreciendo una sonrisa nerviosa.
Bitis era mucho más intimidante al tenerlo cerca, no quizá luciendo amenazador, o al menos Tom esperaba que el joven no fuera de una tribu caníbal, sin embargo, de todas formas le hacía ponerse muy agitado el tenerlo así de cerca.
ㅡHueles a hembra ㅡmusitó Bitis contra su cuello.
Tom sintió cómo se erizaron sus vellos de ahí y lo miró con reproche, frunciendo el ceño.
ㅡNo soy mujer ㅡcorrigió Tom, ya que si bien le gustaba Bitis, no consideraba amable el que se refiriera así a su persona, porque no por usar ropas anchas o tener el cabello largo en rastas quería decir que era mujer.
Bitis mismo tenía el cabello largo, así que no entendía esa doble moral.
Bitis sabía que no era hembra, pero su olor era innegable, aquel humano no era uno común.
ㅡTermina la lluvia y te llevaré con los tuyos. Pero deberás pagar el precio ㅡdictaminó Bitis con determinación.
Tom lo miró arqueando una ceja.
ㅡ¿Precio? ㅡinquirió el de rastas confundido.
Bitis lo miró con fijeza.
ㅡUn intercambio justo ㅡhabló Bitis.
ㅡ¿De qué clase? No tengo comida. Apenas bebí agua del río que espero no me enferme… Y el poco dinero que tenga no te sirve aquí en medio de la nada ㅡacotó Tom, sintiéndose confuso, ¿qué podría querer aquel muchacho tan peculiar?
Bitis al tener tan cerca al joven de rastas frente a él podía notar todos los rasgos finos, sus pestañas largas, tus labios abultados, sus mejillas rosadas y redondeadas. No era nada similar a lo que había visto en la tribu en la que fue criado como un Dios, de hecho, él mismo no era un indígena como los demás, era un ser que ni él mismo terminaba de comprender mucho sobre su propia existencia, aunque los indígenas que lo criaron trataron de explicarle quién era y su propósito, sus padres eran iguales a él, aunque no los recordaba, según la vieja anciana de la tribu, sus padres habían sido asesinados, junto al resto de sus huevos por otro tipo de especie , siendo él el único superviviente, por lo que sabía, era descendiente de algún tipo de Dios antiguo, que se encargaba de proteger a la tribu y toda la zona en general, sin embargo, habían otro tipo de cosas similares a él o a sus padres, cosas de las que tenía que estar atento en todo momento.
Pero había un detalle, al morir sus padres y con ellos, el resto de sus huevos, no quedaron más descendientes, o sea, similares a él con los cuáles reproducirse, aunque en la tribu habían intentado darle a las jóvenes más hermosas, nunca pudo sentir una atracción por ellas que lo hiciera desear aparearse y sentirse seguro de que serían una buena madre para sus crías.
Pero, el chico frente a él, olía de una manera que le resultaba atrayente, despertando en Bitis sentimientos que en sus desconocidos años de vida había logrado experimentar.
Bitis se acercó de nuevo a Tom, mirándolo con esos diamantes verdes que hacían que el contrario se sintiera atraído por él, por su tipo de rareza que nunca antes había visto.
—Quiero que te aparees conmigo —expresó Bitis.
Tom se quedó inmóvil, ante esa petición, sonrojándose hasta las orejas. Bitis en respuesta, acercó su mano y tocó su mejilla, sintiendo la calidez que emanaba de Tom, y el de rastas cerró su ojo de ese lado de la mejilla al sentir lo frío que estaba el azabache.
—Apa… ¿Aparearme contigo? —pronunció Tom anonadado.
Bitis asintió con naturalidad.
—Sé que para ustedes es algo normal, he leído sobre que no lo hacen necesariamente para procrear, sino también por simple placer, pero yo quiero hacerlo para procrear contigo —al contrario de lo que podrían creer de él, Bitis era alguien culto, sabía leer y hablar a la perfección varios idiomas, pues aunque su existencia y el del resto de las especies fuera desconocida o un mito, habían personas fuera de la tribu que sabían de su existencia y la mantenían oculta, pues sabían que si la existencia de seres híbridos saliera a la luz como algo real y no un mito, habrían miles de personas dispuestas a invadir sus tierras, más de lo que lo habían hecho, sólo para cazar y tener un poco de ellos, aunque en realidad sería más riesgoso para los humanos que para las especies, pues los humanos eran mucho más débiles por mucho a ellos.
Tom agachó su cabeza, sintiendo el toque frío de Bitis en su mejilla, su mano se sentía suave aunque de textura extraña, no era un tipo de piel común.
Tom no entendía por qué Bitis decía procrear si él era hombre. Se notaba que el joven sabía mucho… Pero, a su vez, por más que le había dicho que no era hembra, quería «procrear» con él, lo cual hizo que su interior se retorciera en interés.
No es que Tom fuera virgen, de hecho él ya había estado con chicos antes, y ciertamente Bitis era muy atractivo, y un prospecto de polvo definitivamente sexy, sin embargo, aún sentía el deje de incomodidad de que insistiera que era mujer para procrear con él.
ㅡYo no… ㅡiba a corregir al muchacho, explicándole que los hombres no pueden embarazarse, sin embargo, sintió cómo Bitis abrió la boca, mostrando una lengua bífida larga, lo cual explicaba el ceceo que tenía al hablar, y aquello, en vez de asustar a Tom, hizo que se quedara boquiabierto, cuando el azabache le pasó la lengua por los labios.
Notando también los colmillos que tenía dentro…
Bitis no era humano.
Pero el híbrido, tomó el que Tom abriera la boca, como una invitación, una forma tácita de aceptar, por lo que lo sujetó por la nuca, y metió la lengua en su cavidad.
Tom en su corta vida nunca había sido besado de esa forma, era… Extraño sentir esa lengua bífida jugando con la suya, sin embargo, disfrutó de cómo se movía en su boca, siendo que Bitis tomaba el dominio, y el de rastas enredó sus dedos en el cabello oscuro, gimiendo al sentir cómo esa lengua le hacía estremecer, y más cuando sus cuerpos se pegaron por inercia, como un imán magnético.
Las manos de Bitis bajaron de su nuca hacia su talle para finalmente afianzarse en su cintura, consiguiendo que Tom, incluso en medio la lluvia fría sintiera excitación y calor…
No sabía si estaba alucinando pero el bulto del taparrabos lo sentía un poco más grande de lo que debería…
Hasta su mente empezaba a alucinar porque percibía un olor que desprendía de Bill, uno que hiciera que su interior se calentara más y más, hasta sentir cómo si… ¿Estuviera lubricando? ¿Acaso el agua del río lo estaba haciendo delirar?
Tom no podía lubricarse, siempre que tenía relaciones usaba lubricante, porque no tenía una vagina…
No obstante, sintió cómo su interior latiera y líquido escurriéndose por sus nalgas.
Tom jadeó contra su boca cuando se separaron por aire. Viendo cómo los ojos verdes de Bitis brillaban más que hace un momento, y ahora mostrando sus colmillos, que lejos de espantarlo, se quedó a la expectativa…
Cuando Bitis le mordió el labio inferior, Tom gimió, ni siquiera le hizo daño, pero el de rastas encontró aquello sumamente excitante.
Bitis quitó la prenda superior de Tom, pasando sus manos por encima de su pecho, disfrutando de la piel suave del joven, y delineando con sus dedos sus costillas, haciendo que Tom sintiera cómo su piel se ponía de gallina frente al toque frío y diferente, pero no por ello menos candente.
Ahora que miraba con más detalle la piel de Bill, debió darse cuenta desde un principio de que no era humano, pues su piel, aparte de poseer una palidez inhumana, casi rozando en el blanco puro, como si de una hoja de papel de tratara, también podía notarse minúsculas escamas alrededor de toda su piel, con curiosidad acarició el abdomen definido pero delgado del azabache, era suavecito, como el resto de su piel pero muy frío.
Bitis no quería hacerlo ahí, pues consideraba que hacerlo ahí en el suelo, sin nada suave debajo de ellos podía lastimar a Tom, por lo que se puso de rodillas y sin aviso alguno, cargó al de rastas de manera nupcial, que no se negó, y se aferró a su cuello, viéndolo directamente a los ojos, mientras Bitis se ponía de pie y comenzaba a caminar hacia el interior de la cueva, llevándolo hacia lo más oscuro, Tom no lograba ver nada y se aferró con más fuerza a su cuerpo, dejando que el azabache lo llevará adónde sea que lo estuviera llevando.
El más alto no necesitaba iluminación para ver en la oscuridad, pues era algo que su vista ya se lo permitía por naturaleza.
Tom se mordió el labio, curioso y excitado, por saber qué era exactamente Bitis, aunque se hacía una idea…
—Tú… ¿Tú eres una serpiente? —preguntó Tom en un tono bajo, sin soltar su cuello mientras seguía siendo cargado.
—Creo que decirlo de esa manera es la mejor forma para que puedas entenderlo —contestó Bitis, acariciando su espalda, y luego recostó sobre lo que Tom sintió como una textura muy suave, tal vez no parecido a una cama, pero se sentía suave y cómodo al tacto.
Tom lo pensó, tenía sentido, pero se dio cuenta de que había algo que le faltaba a Bitis, su cola, o mejor dicho, toda la apariencia física de una serpiente, claro, además de sus ojos, piel, colmillos, lengua, su alargada y delgada figura, aunque muy fuerte.
—Pero… —y como si Bitis pudiera leer sus pensamientos, le dejó un casto beso sobre sus labios confundidos.
—Sé que es un poco extraño, ya que no me veo como la serpiente convencional que tú conoces… Aunque no quisiera asustarte si te dejará verme de otra manera —con eso Bitis respondía su duda, él tenía la capacidad de verse como un humano normal en lo que cabía, pero también tenía la capacidad de verse como una serpiente común, sólo que más larga y ancha, color blanca.
Tom lo entendió, y decidió no hacer más preguntas, se sentía extraño, confundido y sobre todo muy excitado, sentía aquel líquido caliente deslizarse por su trasero, cosa que nunca antes le había pasado, y ciertamente en ese momento no quería saber a qué se debía que estaba lubricando como si fuera una chica por el trasero.
De pronto sintió que Bitis se alejaba de su cuerpo, y lo soltaba, Tom quiso quejarse, no quería tenerlo lejos , se sintió intranquilo al no verlo ni sentirlo, hasta que escuchó como el contrario encendía una pequeña llama a unos dos metros de él, haciendo que por fin pudiera ver a su alrededor.
Estaba recostado sobre un montón de hojas y lo que parecían ser trozos de tela bordada con símbolos que Tom no entendía, pero intuyó que eran de alguna tribu.
Bitis volvió a acercarse a él.
—No será necesario el fuego para calentarte, pero quiero que me veas —susurró Bitis de una manera que a Tom le pareció tan candente que sintió como su parte inferior se humedecía más sólo por escucharlo hablar.
Tom sintiéndose en confianza volvió a rodear el cuello del contrario, pero esta vez para besarlo, cosa a la que Bitis correspondió más que gustoso.
Ambos se fueron recostando sobre el nido, hasta que Bitis quedó sobre él totalmente, las manos del azabache no se quedaban quietas, y apretaban su cintura, hasta bajar a sus caderas, para acariciarlas y apretarlas sin lastimarlo.
—No eres unas hembra, pero tienes caderas fértiles —masculló Bitis, frunciendo el ceño al querer explorar más su cuerpo pero lo que quedaba de su ropa lo impedía.
—Uhm… ¿Gracias? —Tom se sonrojó de nuevo, sabía que tenía caderas un tanto prominentes para ser un chico, pero nunca le habían dicho tal cosa.
Bitis terminó por retirar el short, ropa interior, calcetines y zapatos de Tom, para dejarlo completamente desnudo antes sus ojos.
Sus ojos verdes brillaron en deseo al ver con detalle el cuerpo del de rastas.
Tom apretaba las piernas, al sentirse excitado y como la lubricación que soltaba su cuerpo lo estaba mojando totalmente. Bitis se acercó de nuevo, olfateando su piel desnuda, bajando por su cuello y luego hasta llegar a su pecho, no eran voluptuosos como los de las mujeres de su tribu, pero eso no significaba una molestia ya que en sí, su especie no necesitaba ser amamantada, y sabía que sus crías no pasarían hambre si Tom no tuviera alimento en sus pechos, pero aún así, decidió pasar su larga y áspera lengua por sobre uno de sus botones rosáceos, que debido a la excitación estaban erectos.
Tom se arqueó cuando Bitis le pasó la lengua por su pezón erecto, sintiendo cómo sus piernas temblaban por el deseo.
Bitis pasó con cadencia sus colmillos por el resto de su talle… Disfrutando de cómo Tom se deshacía en gemidos frente al descubrimiento de sus manos, lengua y dientes sobre su piel, después pasó su lengua por su ombligo, hundiéndola para delinear el vientre del de rastas, siendo consciente de que sus crías tendrían un buen espacio.
Tom pensó que Bitis iba a hacerle una mamada o algo, sin embargo, se equivocó, porque el híbrido pasó a un extremo de su cadera, lamiéndolo, chupándolo y, aunque no fuera su pene, hizo que Tom gritara por la excitación, ya que no le habían tocado de esa forma en sus caderas antes, casi sin notarlo, el rubio estaba abriendo espacio entre sus piernas y vio cómo Bitis se apoyó en sus rodillas, observándolo desde arriba.
Tom estaba con el rostro sonrojado, las rastas sueltas, mirando perplejo al azabache.
ㅡ¿Por qué paraste? ㅡcuestionó Tom, que estaba muy ansioso por seguir disfrutando de sus lamidas, y roces.
Bitis sujetó un extremo de su taparrabos, desamarrándolo, por lo que se cayó, haciendo que Tom sintiera que sus ojos iban a salírsele de las cuencas.
Bitis tenía dos… Tenía dos penes grandes, uno debajo del otro.
Tom quiso cerrar sus piernas del temor, porque jamás había estado con más de un chico a la vez, y no quería morir desgarrado analmente en la selva por ceder ante su lujuria con un chico sexy.
ㅡYo… No puedo con dos ㅡse sinceró Tom.
ㅡTu interior se acoplará a mis dos miembros. Está preparándose para recibirlos. La cópula es más efectiva al tener dos penes. Vas a poder con ellos ㅡbuscó tranquilizar Bitis, mientras acariciaba las rodillas de Tom, el cual estaba excitado pero aterrado, mientras que su interior traicionero se lubricaba más y más.
Bitis bajó una mano hacia el trasero del de rastas, abriendo los dedos, por lo que Tom se asustó, ya que no le dolió el movimiento intempestivo, era como si realmente estuviera dilatándose solo…
Bill alzó los dedos que lucían con un líquido viscoso frente a la vista de Tom, para después lamerlos con su lengua bífida, haciendo que el de rastas sintiera su pene dar un tirón, por más que ni siquiera se había tocado allí.
Aunque el objetivo de Bitis era únicamente reproducirse, no quería lastimar a Tom, no sólo porque sería quien cargaría a sus crías hasta que se formen, sino porque también había leído que para una relación sexual funcionara debía haber consentimiento y confianza, y el de rastas estaba visiblemente aterrado, podía sentirlo.
Tom no dejaba de ver ambos miembros que aunque en más de una ocasión había tenido la fantasía de estar con dos a la vez, nunca pensó que sería capaz de hacerlo alguna vez, aunque ahora su cuerpo se estaba adaptando a la situación, Tom no lo entendía.
Bitis acarició sus muslos, lo que menos quería era que la madre de sus crías sintiera miedo de él o de su presencia, pero de igual forma nunca antes había tenido la necesidad de demostrar afecto o cariño, pues en la tribu aunque lo adoraban y podría decirse que hasta querían porque los protegía, pues no se comparaba con un amor de este tipo…
Así que recordando lo que había visto en libros y algunas escasas veces en películas antiguas, en blanco y negro, acarició sus muslos con suavidad, sin ser brusco, al igual que se inclinó sobre Tom, después de posicionarse entre sus piernas, pero sin tocarlo con sus miembros hasta que Tom se lo permitiera, luego se inclinó sobre él y dejó que el de rastas escuchará como latía su corazón tanto como el suyo.
Era un poco irónico para Tom, que probablemente teniendo más experiencia sexual que Bitis, se encontrara tan aterrado como si fuera un jovencito virgen, en cambio Bitis sabía que hacer, probablemente porque su naturaleza ya le indicaba dónde tocar y qué hacer.
Sintió los brazos de Bitis rodearlo, nunca antes había estado con un hombre tan fuerte, y ciertamente le gustaba, ese sentimiento de protección que tenía entre sus brazos, incluso si Bitis no le brindaba ningún calor humano.
Después de un rato de esa manera, Tom pudo asimilarlo mejor, e instintivamente se removió, buscando sentir a los miembros de Bitis, de rozarse con ellos.
Ante eso, Bitis no supo si es que Tom estaba dejando de consentir y quería soltarse de su agarre o qué, y se alejó, pero en ese momento Tom lo envolvió con sus piernas, aprentándolo contra él y haciendo contacto con sus miembros que ya estaban bañados en preseminal denso.
—Sólo… Sé suave, por favor —pidió Tom con timidez, dejando que Bitis pudiera continuar con lo que quería.
Bitis sonrió, mostrando sus brillantes y filosos colmillos, y tomó uno de sus miembros, siendo consciente, sólo introdujo uno con lentitud.
Tom soltó un gemido que hizo eco en toda la cueva al sentir como su interior abrazaba su longitud y grosor, que rápidamente consideró como el más grande con el que había estado, y eso que todavía faltaba uno más del mismo tamaño, forma y longitud, pero su interior había recibido bien al primer miembro, sintiéndose más que lleno, pero su interior pedía más, él también quería sentir más de Bitis.
Bitis cerró los ojos un momento, sintiendo cómo aquella cavidad lo envolvía de forma deliciosa. Él nunca sintió esta atracción ni interés por nadie, sin embargo, aquel calor abrasador nunca antes sentido estaba aturdiéndolo, por ello es que tuvo que tener un momento para procesarlo.
Sin embargo, Tom empujó su trasero contra la pelvis de Bitis, haciendo que el otro pene de la serpiente se frotara contra las nalgas de Tom, el cual quería que Bitis se moviera dentro suyo. Y ansiaba más…
Bitis abrió los ojos, abriendo sus fosas nasales ante ese deseo que podía olisquear en la futura madre de sus crías… Todo su cuerpo iba reaccionando a ello.
Bitis apretó el muslo de Tom y lo miró con fijeza.
ㅡ¿Puedes resistir más? ㅡinquirió Bitis, con la mente clara para detenerse en caso le provocase un daño a Tom, pero el humano estaba asintiendo con efusividad y moviendo sus caderas fértiles en búsqueda de que Bitis no sólo se quedara así.
Bitis se pasó la lengua por encima de sus propios labios, y guió su otro miembro dentro del interior de su receptor.
Tom se arqueó al sentir cómo Bitis introducía su otro pene… No le dolía, sorprendentemente, pero hacía que su interior se sintiera más apretado, y Bitis estaba procesando cómo era hundirse dentro de Tom, y friccionar sus erecciones al mismo tiempo.
ㅡ¿Duele? ㅡinterrogó Bitis.
ㅡNo… Por favor… Muévete ㅡrogó Tom, apretando más sus piernas alrededor de Bitis.
Bitis siseó y comenzó a empujarse más profundo, para luego sacar sus penes casi por completo, y volverlos a meter…
Tom boqueaba por aquella sensación tan grande… No sabía que su interior podría albergar dos penes grandes y gruesos al mismo tiempo, ni mucho menos que disfrutara tanto al hacerlo, pero se iba arqueando, aferrando sus manos en los hombros fríos de su amante, que contrastaba de forma abismal entre lo frío de su piel con lo caliente que se sentía por dentro.
Era una sensación tan extraña como electrizante y excitante, podía sentir como Bitis se deslizaba con tanta facilidad en su interior debido a su lubricante natural y el propio preseminal del azabache. Tom nunca hubiera imaginado que su cuerpo sería capaz de soportar eso, sobre todo considerando de que los miembros de Bitis superaban un pene normal, al menos los tamaños que él había experimentado., y eso que consideraba que había estado con prospectos muy bien dotados, porque sí, debía admitirlo, le gustan de tamaños grandes pero nunca había imaginado algo como eso, claro, nunca había imaginado que terminaría teniendo sexo con una serpiente que pareciera un muchacho tan guapo que lucía como un sueño húmedo en persona.
Bitis era directo y preciso, dándole justo donde tenía que dar, moviéndose con cadencia, provocando que un sonido húmedo saliera de la unión de sus dos cuerpos cada vez que él entraba y salía.
Tom estaba habituado al sonido de humedad al tener lubricante para cuando se la metieran, porque el rol activo no era algo que él prefiriese, sin embargo, aquí el sonido era más marcado, no tan… Seco, porque si bien lo preparaban muy bien, en esta oportunidad su interior era el que botaba este líquido similar a la lubricación vaginal.
«La cantidad industrial de lubricante que me habría ahorrado», pensó Tom, pero luego siguió enfocado en su presente dónde los penes de Bitis seguían presionando su punto dulce…
No podía comparar este encuentro con ninguno, debido a que normalmente Tom era un chico que disfrutaba el juego previo, en este caso mayormente para ver cómo el activo de turno lo preparase abriéndolo con los dedos, sin embargo, aquel muchacho serpiente lo había preparado como si fuera con su mente, porque con sus besos, olor y cercanía había aturdido sus sentidos y despertado este instinto oculto, haciendo que su interior se preparase solo, estando listo para recibir esos dos miembros grandes…
Sabía que se sentía un goloso en ese instante, porque realmente Tom empujaba más con sus pies para que Bitis se metiera más profundo. Sólo esperaba que no le quedara doliendo después…
Aunque ciertamente el dolor habría valido la pena.
Se daba cuenta de que Bitis se mantenía callado, quizás porque en sí, las serpientes comunes sólo emitían un siseo, no eran como otros animales, pero de igual forma, podía notar como sus ojos brillaban con más intensidad que antes y lo miraban de una manera que… Nunca antes lo habían visto, y eso hacía sentir su corazón agitarse más que el acto en sí que estaban haciendo.
No hablaba, no sabía si estaba examinándolo o simplemente estaba ahogado en su placer sólo que no podía expresarlo, como él, que Tom gimoteaba a veces con suavidad y otras en alto.
Normalmente Tom se frustraría por tener un amante que no hacía ruido, más que nada porque los hombres son así con su masculinidad frágil, incluso siendo gays, solían acallar sus gemidos o sonidos por considerarlos sólo propios del pasivo. Sin embargo, en este caso en particular, Tom no podía sentir que Bitis era así por ello, porque se notaba que estaba disfrutándolo, incluso sin hacer ruido, le hacía sentir muy deseado.
Bitis lo tomó de su cintura, haciendo que él también se moviera cada vez que Bitis también se movía. Las piernas de Tom temblaron alrededor de su cuerpo.
Bitis sentía que esta experiencia mundana era algo de lo cual no podría prescindir a partir de ahora, incluso sin tener el fin de procrear, empezaba a comprender con exactitud por qué los humanos sólo lo tenían por el sentido del placer… Nada de lo que hubiera experimentado antes podía compararse a estar dentro de Tom, era como si él hubiera nacido para ser no sólo receptor de sus crías, sino también para él mismo.
Sabía que no podía detenerse todavía, incluso si era complejo por la intensidad del momento, pero para asegurar que se cumpliera la cópula debía tener una sesión larga y por ello trataba de aguantar todo lo posible para fecundar muy bien a Tom.
Bitis movía sus caderas profundizando, teniendo movimientos coordinados, incluso si no lo había hecho antes, porque su propio instinto buscaba complacer a su pareja, y se sentía tan natural estar dentro suyo, su estrechez apretándole, haciendo que sus dos penes chocaran entre sí, sintiéndose tan sensibles, mientras latía el canal anal de Tom…
Y las expresiones de su compañero…
Alimentaban el deseo que refulgía en el interior de la serpiente, porque los sonidos que emitía, la manera en que distorsionaba el rostro por el placer, estaban haciendo que Bitis perdiera el control.
Bitis siguió con las estocadas, a sabiendas de que en este punto no habría vuelta atrás, no lastimaba al receptor de sus crías, y sólo quería asegurarse de dejarlo muy lleno de él mismo.
—¡Aah! —gimió Tom, cerrando sus ojos con fuerza, aferrándose a Bitis con sus escasas uñas, que no provocaron ningún daño a la piel pálida del azabache.
Abrió sus ojos encontrándose nuevamente con esos diamantes verdes que lo miraban tanto que lo hacían desear besar a Bitis, pero parecía tan distraído en moverse que no quiso hacerlo, Bitis se percató de la mirada de Tom y como si pudiera leer sus deseos se acercó a los labios de la madre de sus crías , y lo besó con suavidad, ya no siendo brusco y deseoso como antes, y es que era así, podía leer a Tom en ese instante, como si se conectaran sus mentes en esa unión de pieles, y… Si bien no era humano, entendía que las necesidades de Tom eran diferentes, y que el afecto era algo primordial muchas veces en actos de aquella clase para los humanos, no podía negar que disfrutaba de complacer al de rastas con besarlo, porque sus labios eran exquisitos, y de algún modo le sumaban más puntos el compartir aquel gesto en plena faena.
Tom correspondió pasando sus manos de sus hombros hasta su cuello, pasándola por sus cabellos, jalándolo mientras besaba a Bitis, y traviesamente introdujo su lengua entre los labios de la serpiente, sintiendo cómo ésta hacía lo mismo y envolvía su lengua con facilidad debido a que la de Bitis era más larga y habilidosa, por lo que la mente de Tom un momento divagó imaginando aquella lengua en otra cavidad .
Se sentían demasiado conectados y unidos en ese momento, Bitis y Tom se acoplaban demasiado bien al otro, por lo que no dolía incluso si Tom apretaba más su interior y Bitis comenzara a hincharse dentro suyo.
Bitis disfrutaba mucho el contraste entre su piel fría y la caliente de Tom, y cómo esa tibieza bajo sus dedos y contra su propia piel era tan… Adecuada, lo mismo con la suavidad de Tom, era como si su cuerpo gritara que era un receptor, aunque no fuera de su misma especie, al menos no del todo.
Bitis bajó sus manos de su cintura hasta su cadera, elevando un poco esta parte mientras comenzaba a llenar a Tom con sus crías.
El de rastas sentía cómo Bitis iba deteniéndose poco a poco, al mismo tiempo que sentía como los miembros del azabache se hinchaban un poco y lo llenaban, siendo una mezcla de semen y sus huevos, que hicieron que el vientre bajo de Tom dejara de ser plano para abultarse conforme Bitis iba depositando su semilla adentro.
Bitis se separó de sus labios, viendo con una expresión de orgullo como el vientre del de rastas había crecido, Tom igualmente bajó su mirada observando que su vientre había crecido y ahora parecía como si tuviera tres meses de gestación.
Tom parpadeó un par de veces, sin comprender muy bien qué acababa de pasar, sólo sabía que se sentía extraño y placentero ser llenado, no dolía.
Una vez Bitis terminó de depositar todas sus crías en el vientre de su madre, volvió a retomar sus movimientos, para asegurarse de que sus crías quedarán muy en el interior de su madre.
Sabía que era fundamental el dejar bien lleno a su receptor, incluso con sólo semen, para asegurar tener un nido caliente y húmedo dónde sus crías pudieran desarrollarse, y que esto no le dolía a Tom, porque tanto su canal, como el útero que poseía, estaban listos para él, podía olerlo, estaba en su madurez sexual, y así hubiera mantenido cópula con otros machos, ningún humano habría podido hacer que él gestase, porque sólo Bitis podía despertar el llamado en el cuerpo de Tom.
Por ello, si bien no era lo más prudente, consideraba que estuvo bien cortejar a Tom con mentiras para tenerlo aquí… Bajo su cuerpo, dónde Bitis seguía penetrándolo con fuerza, a sabiendas de que no lo dejaría ir jamás, no que ahora su longeva vida había cobrado un sentido más grande al hallarlo, no sólo cómo receptor de sus crías sino también como una compañía.
Tom gimió fuertemente pues ahora se sentía aún mejor ser penetrado con lo que sea que Bitis hubiera hecho segundos antes, haciendo que se viniera sobre ambos, manchando a Bitis y a él mismo.
—Lo siento —se disculpó jadeante Tom, al ver cómo su propia esencia habla manchado al azabache.
Bitis negó, manteniendo su gesto parecido a una sonrisa y lo besó con profundidad, demostrando que estaba muy feliz por haberle encontrado una madre a sus crías. Tom le correspondió de igual forma, por alguna razón la felicidad del contrario lo ponía alegre de igual manera.
El azabache se separó de sus labios para lamer su rostro y deslizarse por su cuello, donde acercó su boca y rozó sus colmillos con la piel caliente de Tom, provocando que este se estremeciera bajo él al sentir las agujas rozar su piel.
Sentía que debía morderlo, ya que aunque su veneno era letal y podía matar a cualquiera, durante el apareamiento podía morder a su pareja para asegurarse de que ésta estaría sana y tendría sus defensas altas para poder incubar a sus crías sin mayor problema, sobre todo, podía hacer que su cuerpo dejara de envejecer, Bitis era un ser que había vivido demasiadas décadas, ya que los que eran como él, eran casi inmortales, pero sabía que Tom no lo era, y ciertamente ahora no estaba dispuesto a perder a la madre de sus crías y pareja .
Así que con lentitud se acercó a su cuello, respirando su sudor y ahora que le resultaba casi afrodisíaco e incrustó sus colmillos en la tersa piel de Tom.
—¡Augh! —gimió Tom, removiéndose ante el dolor de sentir su piel ser perforada, Bitis lo había mordido y no sabía si alarmarse o dejarse hacer, pues claro, dolía pero su interior sólo apretó más los dos penes de Bitis, sin sentir que peligraba.
Bitis dejó fluir su veneno por el sistema del de rastas, y luego sacó sus colmillos para lamer aquella zona de la mordida para también depositar besos, cauterizando la herida para evitar que siguiera sangrando. Con el apretón que le dio Tom, terminó por eyacular, llenando al contrario con litros de su simiente caliente y espesa, era tanto que incluso un poco rebalsó de su interior, y su vientre creció un poco más, pero ya no era por los huevos que había depositado Bitis, sino por su semen.
Tom cerró sus ojos, sintiendo todavía su interior totalmente lleno. El contrario no se movió, en cambio se quedó expectante viendo al de rastas, observándolo en busca de una señal, pues ahora era un hecho de que había dejado sus crías en su interior.
Bitis apreciaba la fina capa de sudor que cubría a Tom por todo su cuerpo, sus rastas desordenadas y su pecho subiendo y bajando con rapidez, tratando de recuperar su aliento, aunque ciertamente el azabache no se sentía ni un poco agotado, podía seguir por horas, como era que lo pensaba, seguir hasta asegurarse de que Tom quedará demasiado impregnado de él y sus crías, pero se daba cuenta de que el contrario necesitaba un descanso.
Agachó su cabeza y besó su mandíbula, luego pasando su lengua por su cuello, en un gesto cariñoso mientras siseaba contra su piel. Tom acarició su cabellera oscura con cuidado.
Pensaba en que ahí había terminado el asunto, aunque Bitis no salía de su interior, pero no era como si eso le molestara, tenía muchas dudas y preguntas, sobre todo, qué era lo que el azabache había depositado en su interior, pues sabía que había algo en su interior pero no sabía exactamente qué.
Tom volvió a cuestionarse si todo aquello era algo real y no sólo una alucinación extrañaba y húmeda por su parte, quizás probablemente sólo se había desmayado por el cansancio y estaba imaginando todo eso, pero la textura de la lengua húmeda y áspera de Bitis le hacía caer en cuenta de la realidad, esta era su realidad.
A pesar de todo sentirse extraño, no se sentía como algo malo… O probablemente sólo había perdido la cabeza por la desesperación de estar perdido, no estaba seguro, pero la frialdad de Bitis era reconfortante de algún modo.
Bajó una de sus manos y acarició su propio vientre bajo, sintiendo el bulto en su interior.
«Es como si estuviera embarazado…» pensó Tom, todavía sin abrir sus ojos. Hasta que cayó en cuenta de que, si eso era real, y se había apareado con una serpiente significaba que efectivamente estaba preñado de un animal o un hombre mitad animal, no estaba seguro.
Tom casi al instante de notarlo intentó quitarse al contrario de encima.
—¿¡Acabas de embarazarme!? —preguntó Tom alterado, pues no esperaba que eso genuinamente ocurriera, era un hombre… Un hombre que lubricaba solo y al parecer tenía útero. ¿Qué diablos era él? Y sobre todo, ¿qué era con lo que acaba de acostarse?
Miró fijamente a esos preciosos ojos verdes en busca de una respuesta que calmara su incertidumbre de todo lo que estaba pasando.
Bitis observó de vuelta al humano, si bien no había sido del todo sincero, en realidad esa parte no la había omitido, siendo fundamental que contara con el consentimiento para poder realizar la cópula con Tom, y también para que cargue con sus crías, ya que en sí el tiempo de incubación de sus huevos eran cinco meses, por ello requería un nivel de compromiso y aceptación de ambas partes.
Pero el de rastas lucía espantado en este punto, y se separó de él, por lo que Bitis observaba cómo su semen se escapaba del trasero de Tom.
—Te lo mencioné desde un inicio, quise aparearme contigo con el fin de procrear —aclaró Bitis, y luego acarició el vientre abultado del de rastas—. Ahora tienes mis huevos dentro tuyo.
Tom boqueó y se sentó de golpe encima del nido.
—¡Pensé que era tu forma peculiar de pedirme que me acostara contigo, no que genuinamente ibas a…! ¡¿Dijiste huevos?! —inquirió Tom, sintiendo que se le iba a reventar la vena aneurísmica por aquella declaración de la sexy serpiente. ¿Cómo que tenía huevos dentro suyo?
—Podría tener cópula contigo sin intenciones reproductivas. Ciertamente es muy gratificante y satisfactorio estar dentro tuyo. Me hace entender el lado humano de sólo tener cópula por la búsqueda del placer. Sin embargo, fui claro contigo con mi intención de procrear para poder tener crías —acotó Bitis.
—¡No puedo estar embarazado! ¡Soy hombre, y yo nunca me embaracé antes! Si fuera cierto, cuando tuve sexo sin protección un par de veces, ya habría tenido algún hijo —empezó a decir Tom, esperando que alguien lo despertara de esta pesadilla.
—Un humano no habría podido preñarte. Tu útero, lubricación y capacidad para procrear sólo se activa por el llamado de apareamiento de uno de nuestra especie. Vienes de una línea de receptores, y si bien posees sangre humana. Aún reaccionas a tu naturaleza receptora —explicó Bitis.
Las características de Tom, desde su rostro, su aroma, cintura, caderas y muslos era una gran señal de que era buen ejemplar para llevar sus huevos, su anatomía lo decía. Así que Bitis se consideraba afortunado.
—…¿Qué? —preguntó Tom, procesando lo dicho por el hombre serpiente.
Tom se ensimismó, agachando su mirada y tratando de asimilar todo, Bitis ya no estaba en su interior y podía sentir cómo el semen se deslizaba por su trasero y muslos, empapándolo todo.
Bitis se quedó quieto, todavía erecto pues quería probar más del de rastas, pero no quería hacer nada que lo ahuyentara más de él.
Tom acarició su vientre de nuevo, no pudiendo asimilar que ahí habían huevos… ¿Eso quería decir que también eran sus hijos? ¡Iba a tener hijos!
Había pensado antes en la idea de algún día tenerlos cuando tuviera una pareja estable, y quizás adoptarlos o tener un vientre de alquiler pero nunca imaginó esto. Hizo un ligero mohín con sus labios mientras seguía pensando, estaba asustado por todo lo que eso significaba, estaba embarazado y no era algo para lo que se había preparado con antelación, la serpiente se lo había dicho pero realmente no pensó que fuera a pasar nada pues era un chico, o bueno, ya no lo sabía ahora.
Dejó de tocar su vientre y se tocó la cabeza para voltear a ver hacia donde venía el sonido de la lluvia, la salida, y miró de reojo al azabache que seguía viéndolo directamente.
—¡No me mires! —exclamó Tom, buscando su ropa para cubrirse, pues ahora se sentía diferente con todo eso, necesitaba procesarlo muy bien y por un buen rato, además de que comenzaba a tener frío con ese bajón de excitación que había tenido.
Bitis se mantuvo quieto en lo que Tom se vestía, no entendía por qué le pedía que no lo viera si literalmente había estado dentro suyo con sus dos penes.
Cuando Tom estuvo totalmente vestido, se sentó en la cueva, no pudiendo salir aún porque seguía la lluvia incesante.
Bitis se volvió a poner el taparrabos, incluso cuando era incómodo tenerlo puesto en su estado de excitación, pero entendía que tal vez su desnudez le incomodase también a Tom. Volvió a acercarse a él, poniéndose a su altura.
ㅡNo me toques ㅡordenó Tom, viendo cómo Bitis lo miraba.
Bitis no entendía el por qué la madre de sus crías no quería que lo toque. Si era necesario llenarlo con semen al menos un par de veces a la semana para mantener el calor necesario para sus huevos. No podría hacerlo sin tocarlo.
ㅡTom, no hice nada contra tu voluntad ㅡdeclaró Bitis.
Tom sabía que era verdad. Bitis se lo dijo, sólo que por caliente no le tomó importancia.
ㅡMataron a mi especie, y pensé que era el único que quedaba hasta que te encontré aquí. Es necesario preservar mi especie. Por ello te llené con mis crías. Tienes buenos genes, saldrán serpientes saludables en cinco meses ㅡhalagó Bitis.
Tom se estremeció al pensar en que le saldrían serpientes del culo. ¿Cómo podría sentir amor por unas serpientes? Ni siquiera podría abrazarlas y besarlas como a un bebé. Aunque igualmente suavizó la expresión al darse cuenta que Bitis en realidad no era malo, también había sufrido al perder a los suyos, aquel hombre serpiente que lo hipnotizó era solitario.
ㅡEsta no fue la idea que tuve de tener hijos… Pensé que algún día sería padre, y podría tocar o abrazar a mi bebé, no simplemente tener serpientes ㅡsoltó Tom, sintiéndose vulnerable.
ㅡNuestras crías podrán tomar forma humana conforme vayan creciendo al salir de tu interior. Primero nacerán de los huevos, buscarán su alimento, y después es que adoptarán su forma humana, aunque su comportamiento sea igual que una serpiente y no sean tan dependientes como las crías humanas. Pero si te refieres al afecto, sí lo sienten. Si bien somos seres de sangre fría, no por ello no sentimos apego por los nuestros. Ellos te verán como su madre y a mí como su padre. Podrás tocarlos y abrazarlos cuando gustes. Incluso en su forma de serpiente pueden sentir el mismo afecto, buscándote. Si bien no lactan, de todos modos sí necesitan a sus progenitores ㅡmasculló Bitis, y Tom lo miró, buscando algún atisbo de mentira en la faz del hombre serpiente.
ㅡ¿Y por qué dijiste que me sacarías de aquí si todo indica a qué al menos cinco meses, o quizá más, me quedaré aquí? ㅡcuestionó Tom, increpándole a Bitis su mentira.
ㅡLo lamento, mi búsqueda por preservar mi especie hizo que mintiera. Sin embargo, no fue mi intención lastimarte en ningún momento, Tom. Sería peligroso que tengas a nuestras crías lejos de aquí. Ellos necesitan que te llene dos veces por semana para mantener el calor necesario para su incubación ㅡfarfulló Bitis.
Tom se sonrojó al entender a qué se refería con que lo «llenasen» dos veces por semana.
ㅡYo tengo padres, mi familia está lejos de aquí. Mi mejor amigo está en esta selva, probablemente buscándome ㅡreclamó Tom.
El de rastas se encontraba inseguro, esto significaba un gran cambio radical para toda su vida, ahora estaba embarazado y ni siquiera era un embarazo normal, todo eso era agobiante hasta cierto punto, ya que si él en sí no era alguien que salía de su zona de confort por una vez que lo intentaba terminaba en esta situación.
Comenzaba a dolerle la cabeza de sólo pensar en todo lo que había hecho a sus cortos veintiún años, como toda persona quería vivir muchas cosas, apenas había terminado la universidad y empezado a trabajar en el trabajo que él pensaba que era el de sus sueños, aunque igual se daba cuenta que no era como lo había idealizado.
—Pero no puedes irte, necesitas tenerme a tu lado —dijo Bitis, notando que Tom estaba visiblemente más que aturdido con todo.
—Pero… Yo tengo una vida fuera de aquí, este ni siquiera es mi país de nacimiento, y encima estoy en una selva, no es ni siquiera la ciudad, nunca me hubiera imaginado que iba a terminar aquí, lejos de la ciudad, de las personas que amo, de lo que he conocido toda mi vida… No es que quiera ser malo contigo, es sólo que… —Tom se abrazó a sí mismo, para reconfortase e igualmente por el frío que comenzaba a sentir, ya que no era que una cueva fuera precisamente cálida—. No era para nada lo que tenía en mente para mi vida.
Bitis agachó la mirada, analizando mejor la situación pero desde el punto de vista de la madre de sus crías, sinceramente nunca antes se había visto en la situación de estar en la perspectiva de otro ser, pues sólo había sido él y su propio mundo, pero era claro que Tom no era alguien acostumbrado a lo que a él sí, Tom sí tenía una familia a la cual volver, un hogar ya establecido más que lejos de ahí.
Tom se sentó sobre el suelo, pegando su espalda a una de las paredes.
—Georg ha de estar preocupado… —masculló Tom, llevando sus piernas a su pecho, ni siquiera le había preguntado a Bitis dónde estaban en sí, aunque de nada serviría pues su celular no tenía señal ahí donde estaban, además de que había muerto debido a que se había quedado sin batería pues en todo el recorrido Tom se la había pasado tomando fotos y vídeos para mostrárselos a su familia cuando volviera.
Aunque Tom no lo supiera en ese momento, Georg por su parte estaba en una comisaría de policías diciendo qué era lo que había pasado, y era un poco difícil la comunicación debido a que pues no compartían el mismo idioma y quien servía como traductor de toda la situación era el mismo guía.
Georg estaba preocupado de que algo se hubiera comido a su amigo, un animal o unos caníbales, aunque el guía le hubiera explicado que por la zona no habían muchos peligros, pero de igual forma eso no dejaba tranquilo al castaño, que miraba la hora en el reloj de la comisaría en repetidas veces, ya habían pasado horas desde que el de rastas había desaparecido y lo peor era que por la lluvia no podían iniciar a buscarlo, ya que sería imposible y al parecer las lluvias seguirían por un par de días más, al menos una semana, según la policía.
A ese punto Georg había considerado llamar a la familia de su amigo y decirles la situación, aunque no quería alarmarlos ya que tanto Simone, pero sobre todo Gordon, eran sobreprotectores con su único hijo, y saber que se había perdido en una selva tan grande y extensa como podía ser el Amazonas, eran capaces de tomar un avión en ese momento para ir al país sudamericano en ese instante y comenzar a buscarlo por ellos mismos.
El guía decía que tenía que estar tranquilo, que sólo habían pasado máximo unas nueve horas desde la última vez que lo vieron, y que probablemente se había quedado debajo de un árbol y si tenía más suerte, había llegado a una de las tribus que tenían más conexión con la sociedad, tanto que algunos incluso manejaban las dos lenguas.
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