
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 16
Sonreí al revés con mis labios, conteniendo una risita. —No sé si asustarme o echarme a reír.
—La segunda no es buena idea— dijo, mirando mi cara con esa mirada lasciva que tenía —Aunque si te parece un chiste, puedo demostrarte que hablo en serio. No es un juego; si te portas mal, te voy a castigar, y no a golpes, sino de otra forma.
Tragué saliva. —Vale, entonces prometo ser un niño bueno— respondí —Ahora, bájame antes de que venga alguien y…
—Shh— susurró, apretando mis nalgas y pegándome más a la pared —Yo te bajo cuando me dé la gana, ¿vale?
Tom empezó a moverse un poco, con mis piernas alrededor de sus caderas y mi entrepierna justo enfrente de la suya. Eso no pintaba bien. Y menos aún cuando comenzó a hacer vaivén de arriba abajo, frotando su miembro con el mío. Aunque podría haberlo parado bajando mis piernas, no lo hice. Y vamos, no era culpa mía; Tom era ese fuego que me castigaba.
—Tom— jadeé —Alguien puede venir…
—Silencio, terroncito— susurró, acercándose para atrapar mi labio inferior con sus dientes y chupándolo.
Empecé a respirar por la boca porque me costaba por la nariz. Tom tenía los labios entreabiertos y jadeaba roncamente sin dejar de mirarme a los ojos. Sabía que debía detenerlo, pero había dos problemas: él no quería y yo tampoco colaboraba, así que no había nada que hacer. Quería que siguiera y él parecía leerme la mente porque aceleraba y se frotaba con más ganas. Me estaba volviendo loco y la sensación que sentía… madre mía.
La puerta se movía al ritmo de sus movimientos; se escuchaba cómo chocaba contra el marco una y otra vez. Estaba cerrada sí, pero para cualquiera sería raro ver una puerta moverse así.
El placer que sentía era brutal. Mi cuerpo estaba caliente y mi miembro se ponía erecto y duro dentro de mis boxers. Por un momento, la idea de probarlo sin ropa de por medio era tentadora y una sonrisa se dibujó en mis labios. Cerré los ojos y separé un poco los labios; seguro que mis mejillas estaban coloradas. Mi cara estaba relajada y sin tensión alguna.
—Madre mía, mira cómo te gusta— dijo Tom entre jadeos lentos.
—Cállate, maldita sea— eché la cabeza hacia atrás sintiendo cómo besaba mi barbilla y cuello —Oh, Dios mío…
—Me gusta oírte gemir, pero este no es el momento para eso; estamos cerca de la puerta, cualquiera puede escucharte— mordí mi labio inferior mientras ladeaba la cabeza para que siguiera lamiendo mi piel sensible en el cuello que me estaba poniendo peor que antes.
—Mierda— dije entre dientes —Debemos parar… Tom…— gemí abriendo un poco los ojos —debemos… Mmm…
Estaba a punto de llegar al orgasmo si no fuera por esos malditos golpes en la puerta que me aterrorizaron rápidamente.
Mi respiración se detuvo y ahí sí tuve fuerzas para bajar mis piernas de las caderas de Tom. Empecé a respirar con dificultad por el miedo que me invadió; el pánico se apoderó de mí al pensar que podían haberme escuchado o escuchar a Tom y sentí impotencia porque ahora tenía una erección y la necesidad de eyacular se había quedado a medias.
—Tenían que joder ahora…— refunfuñó Tom.
—No hables— le dije en un susurro mientras empezaba a arreglarme el pelo —Ve a sentarte y haz como si nada.
—Pero…
—Pero nada— le interrumpí señalando hacia los asientos; él me miró a mí y luego hacia donde apuntaba y resopló.
—Ahora me vas a ayudar con mi problemilla— dijo y yo no le entendí en su momento.
Rodé los ojos y solté un suspiro, cuando volvieron a tocar a la puerta me apresuré a abrir, esbozando una sonrisa tensa que reflejaba todo mi pánico. Una de las cocineras, Theresa, me miraba sonriendo cálidamente mientras sostenía en sus brazos una bandeja con todo lo que le había pedido a Celeste.
—Aquí está lo que pidió, joven Willem— dijo —Espero no haber interrumpido.
En cuanto esas palabras salieron de su boca, me tensé aún más, ¿a qué se refería con eso? ¿Acaso había escuchado algo? ¡Oh, joder! Maldita sea.
—¿A qué te refieres?— pregunté.
Ella se encogió de hombros —Pues como están viendo una película, pensé que los había interrumpido— respondió y yo suspiré aliviado volviendo a sonreír.
—No te preocupes, aún no la he puesto— dije y extendí mis brazos para recibir la bandeja. Había muchas cosas, pero lo que no vi fue nada para beber. ¿Se les olvidó hacer algo? —Eh, no hay nada para beber— dije suavemente —¿Podrías traer algo?
—Oh, claro que sí, joven. Disculpe, seguramente a Celeste se le olvidó poner las bebidas. Enseguida le traigo algo para usted y el invitado— dijo inclinando un poco la cabeza y yo sonreí.
—Vale, yo espero— dije. Ella se retiró y yo entré a la mini sala.
Como tenía los brazos ocupados no pude cerrar bien la puerta; la dejé entreabierta y fue algo estúpido de mi parte. ¿Para qué tenía las piernas? Me acerqué a Tom, él se puso de pie y cogió la bandeja dejándola en el asiento de al lado.
—Voy a poner la peli y…— ni siquiera me dio tiempo de hablar; me agarró del rostro y comenzó a besarme.
Yo volví a dejarme llevar, poniendo mis manos detrás de su cabeza. Se sentó acomodándome en su regazo; sus manos apretaron mis muslos y sentí el bulto entre sus piernas.
—Te dije que me ayudarías con mi problema— me recordó y ahí fue cuando lo entendí. El «problema» del que hablaba era la erección que tenía, peor que la mía —y vas a hacerlo.
—Tom…
—Joven Willem, se me olvidó preguntarle qué…
Me separé de la boca de Tom en cuanto escuché la voz de Theresa. La chica estaba de pie en el umbral de la puerta con los ojos como platos y una expresión de terror como si hubiese visto un demonio. ¿Y cómo no? Me había visto a mí sentado en el regazo «del invitado» mientras nos comíamos la boca como dos locos sedientos del otro. ¡Pero ella no tenía por qué verlo! ¡Maldición! ¡¿Por qué no cerré la puerta con el pie?!
Theresa reaccionó en cuestión de segundos y salió de la mini sala cerrando la puerta. Yo, aún en shock, desvié mi mirada de la puerta a Tom, quien tenía una pequeña sonrisa en los labios.
—Esto es terrible— jadeé con la voz ahogada.
—Ay, no es para tanto, cariño…
Tom amplió su sonrisa y yo, todo cabreado, le pegué un golpecito en el pecho. —¡Eres un idiota! ¿No te das cuenta de que puede decírselo a mis padres? Estoy perdido, se van a enfadar y no volverán a confiar en mí.
—¿Por qué dices eso?— preguntó frotándose la parte donde le di el pequeño puñetazo; tampoco había sido para tanto. —¡Ah! ¿Es por el artículo de nosotros que salió en una de esas revistas de cotilleos?
—¿Has visto la revista?
Tom sonrió. —Yo veo todo lo que tenga que ver contigo— dijo, y yo lo miré con cara de sorpresa. Luego añadió: —Además, era tu cara la que salía en la portada. La compré y la leí… ¡menuda habilidad tienen para sacar conclusiones, ¿eh?! Me quedé flipando…
Asentí. —Mi padre recibió un correo con la revista virtual— dije —Vieron y leyeron el artículo, también les mandaron fotos de nosotros en el centro comercial.
—¡¿Qué?! No me digas que vieron cómo me pintabas…
Rodé los ojos. —Ojalá hubiera sido eso, pero no— me bajé de su regazo con los nervios a mil —Fotos de nosotros besándonos… muy comprometedoras…
—Como las que salían en la revista— apuntó él, y volví a asentir.
—Sí, pero logré solucionarlo y esto lo ha jodido todo, si es que Theresa habla.
—¿Cómo que «lograste» solucionarlo?
—Les dije que eran montajes— respondí suspirando —Y me creyeron.
—¿Por qué no simplemente les dijiste que estábamos saliendo y ya? ¿Acaso te van a castigar si les dices que tienes novio, Mmm?
—No, harían algo peor— dije —Buscarían toda la información sobre ti, Tom, y me dijiste que tenías antecedentes penales. Si mis padres se enteran de eso… de cómo es tu vida, harán todo lo posible para separarnos, ¿entiendes?
—¿Y tú crees que yo permitiría eso?— se puso de pie frente a mí —Moreno, eres mi puto oxígeno… ¿Crees que podría vivir sin ti?— me tomó del rostro —Movería cielo y tierra si intentan alejarte de mí. Te buscaría hasta debajo de las piedras si hace falta…
—No quiero que nada malo pase y arruine lo poquito que tenemos…
—¿Poquito?— repitió frunciendo el ceño —Tú eres mi novio, mío.
—Aún no me lo has pedido— le recordé bajando la mirada.
—¡Ah! Es verdad, los malditos protocolos…— chasqueó la lengua y metió las manos en los bolsillos del pantalón —Iba a traerte un ramo de flores, pero esas se marchitarían en una semana así que pensé en algo mejor y me pasé por una joyería…— sacó del bolsillo izquierdo algo que ocultaba en su puño; cuando separó los dedos pude ver dos bonitos anillos de plata.
Uno tenía un diseño de ala de ángel con un pequeño cristal brillante en el centro, mientras que el otro tenía un diseño de ala de demonio con una piedra negra en el centro. Tenían grabada una frase que decía «Loving you is my need». Ambos anillos estaban interconectados.
—Son esos anillos de promesa; estos sí duran, ah, y no los robé— me dijo con una risita y luego aclaró su garganta. Tomó el anillo de ala de ángel y luego agarró mi mano, mirándome intensamente —Estos anillos representan la promesa de un futuro juntos; el simple hecho de habernos conocido me hace muy feliz y seré feliz el tiempo que tenga el placer de tu compañía. Así sean diez minutos, dos años o treinta años… eres mi primer amor y serás el último porque voy a luchar para que así sea.
Puso el anillo en mi dedo anular; joder, esto era demasiado para mí, sentía que iba a desmayarme de pura emoción.
—Con este anillo sello el amor a una vida larga a tu lado, fidelidad, respeto y mucho, mucho sexo— reí levemente —Con la promesa de que el siguiente será el de compromiso, ¿Me dejas ser la leche condensada de tus fresas?— preguntó.
Ay Dios mío.
—Claro que sí— respondí con la voz temblorosa por los nervios que me tenían hasta temblando. El chico de trenzas sonrió y lo besé brevemente en los labios —Prometo que no me lo quitaré nunca.
Me abrazó —Pues eso espero, porque si lo llegas a hacer será porque ya no quieres tener nada conmigo. Estarías rompiendo nuestra relación y la promesa…
Él se puso el otro anillo con alas de ángel y yo suspiré con una sonrisa —Ahora sí somos novios… pero mis padres no se pueden enterar… al menos no todavía…
—No te preocupes, tendremos nuestro romance clandestino…
Sonreí enternecido. Después de aquella escena tan bonita que no olvidaré nunca, ni siquiera la fecha, nos acomodamos para ver la peli. Cuando empezó, Tom se echó a reír…
—¿No se suponía que íbamos a ver My Little Pony?— preguntó ladeando la cabeza para mirarme.
—Estaba jugando, tonto. Quería escuchar qué me dirías al respecto— dije.
—¿Y qué peli es entonces?
—Culpa tuya— respondí sonriendo un poco —Salió hace poco y la verdad es que tengo miedo de verla porque ya me leí el libro…
—¿Y para qué ves la peli si ya sabes cómo acaba?— preguntó divertido.
Rodé los ojos —Porque es una adaptación, Tommie. A veces le cambian muchas cosas…
Él asintió y luego frunció los labios en una mueca, como un puchero, se veía jodidamente bien —Y yo que pensaba que sí te enterraría la magia de la amistad.
—¡Tom! Joder, no.
—¿Qué?— dijo con voz inocente pero su sonrisa delataba su lado picarón —Yo quería verte jugar con mi calamar.
Resoplé apretando con mi dedo pulgar y el índice el puente de mi nariz —Dios mío— murmuré.
—Sé que eres vegetariano pero estoy seguro de que amarías mi longaniza.
Lo miré alzando la mirada —Tom— gimoteé para que parara, pero no lo hizo.
—Tú haces que se me pare el corazón— me dijo y volví a ocultar mi rostro con mis manos —y la polla también…
Yo solito me busqué esto, ya no puedo quejarme.
&
Cuando la peli acabó, mis padres ya habían llegado. Tom estaba en el salón y esperaba que no dijera nada imprudente. Yo lo dejé solo porque necesitaba hablar con Theresa, así que me acerqué a la cocina, mirándolas a todas trabajar hasta que Jimena se dio cuenta de que estaba allí.
—Joven Willem, ¿necesitas algo?— preguntó, y yo le sonreí.
—¿Podríais dejarme a solas con Theresa, porfa?— todas asintieron y salieron de la cocina, dejándome a solas con la chica que parecía temblar. —Oye, There… quería hablar sobre lo que…
—Yo no vi nada, joven— me interrumpió, mirándome con dificultad, casi avergonzada. —Te juro que de mi boca no va a salir ni una palabra porque eso nunca pasó…
Sonreí agradecido. —Gracias, Theresa…— susurré acercándome para abrazarla. —Si mis padres se enteran no sé qué podría pasar, gracias, gracias…
—No se preocupes, joven. Puedes estar tranquilo…
Salí de la cocina más que aliviado; mientras ella no dijera nada, todo estaría bien. Cuando llegué al salón, mis padres estaban teniendo una charla con Tom; lo estaban bombardeando a preguntas y él respondía con toda la tranquilidad del mundo.
—¿Y cómo haces para mantenerlo contento?— escuché a mi padre preguntar. —Willem es un poco amargado, ¿sabes?
—Oh, pues veréis… solo necesito mover bien los dedos y lo tendré alegre.
Me horroricé en ese instante. ¡¿Pero cómo se le ocurría decir eso?! Mis padres intercambiaron miradas, confusos por su respuesta y yo fulminé a Tom con la mirada en cuanto sus ojos se posaron en los míos.
Aclaré mi garganta. —Ya traerán la cena— dije para desviar el tema. Me senté al lado de Tom y le di un pisotón con el tacón de mis botas en su pie; él ahogó un gemido. —¿De qué hablabais?
—De ti, por supuesto, cariño— respondió mi madre. —Tom dijo que te invitó a comer de su longaniza y que tú aceptaste— se echó a reír y yo me tensé en el asiento. —Lo cual es imposible porque eres vegetariano…
—Sí…— reí nervioso y miré al chico de trenzas. —Solo lo dije en broma; no me gusta la longaniza…
—¿Y el pepino?— preguntó Tom y volví a darle un pisotón; lo bueno es que mis padres no se daban cuenta. Ahogó un grito apretando los labios.
—Oh, el pepino quizás, pero en una buena ensalada y picado en rodajas— respondió mi madre encantada y yo sonreí con esfuerzo.
Ellos no se daban cuenta del doble sentido en las palabras de Tom. Mierda, no volvería a dejarlo solo con ellos jamás.
Continúa…
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