Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 18

—Bien, Tom. Ya está listo— dijo Matthew mientras terminaba de ponerle una nueva venda. —Y por favor, no hagas más movimientos bruscos hasta que descanses un poco.

Estábamos en el piso de Tom, en su habitación, para ser exactos. Después de lo que pasó, llegamos aquí y Matthew ya nos estaba esperando. A Tom se le había abierto la herida; la camiseta negra que llevaba estaba empapada de sangre. Matthew le limpió y le cerró la herida otra vez, y ahora le estaba dando indicaciones que se supone que Tom ya debería saber. ¿El problema? Que Tom es muy cabezota. ¿La solución? Yo.

—Claro, como si fuese fácil para mí quedarme quieto sin hacer nada durante dos jodidos meses— gruñó mi novio con el ceño fruncido.

Rodé los ojos. —No te preocupes, Tom va a hacer el reposo— aseguré mientras miraba a Matthew, quien me sonrió.

—Y te lo agradeceré un montón— dijo él —así no tendré que salir de la uni a toda prisa por este idiota que no sabe cuidarse.

—Eh, eh, cuida cómo me hablas— ordenó Tom mirándolo fijamente. —Yo estoy bien, puedo manejar con una sola mano…

—Tom— le llamé —Tú vas a cumplir con el reposo, vas a descansar durante estos dos meses y si no lo haces me voy a enfadar y créeme… no querrás verme enfadado— le advertí, y él hizo un mohín desviando la mirada hacia algún punto en la cama.

Matthew soltó una risa burlona. —Ya era hora de que buscaras a alguien así, que te mantenga atado— le dio un par de golpecitos en la cabeza. —Mi primer paciente malhumorado, ¿Quieres tu premio?— preguntó mientras sacaba de su bolso una paleta y se la ofrecía. Tom rodó los ojos y le arrebató la paleta de un tirón; Matthew respiró hondo. —Bueno, mi trabajo ha terminado.

Recogió sus cosas metiéndolas en el bolso y luego se acercó a mí poniendo su mano en mi hombro.

—¡Oye! ¿Qué son esas confianzas, eh?— exclamó Tom frunciendo el ceño. —Quítale las manos de encima, Dick.

—Mierda, no me llames así— suspiró Matthew, cerrando los ojos con fuerza. Negó con la cabeza y me miró mientras retiraba su mano. —Todo tuyo— me susurró y luego salió de la habitación.

Georg y el resto se habían ido hace un rato a curarse las heridas por sí mismos, ya que no eran profundas; eran simples golpes y algunas narices rotas. Creo que el que más se jodió fue Tom, pero prefería no decir nada al respecto. Me asusté un montón cuando Matthew le quitó la camiseta; la sangre brotaba de la herida escurriéndose por su brazo y una parte de su pecho. Tom se veía pálido, pero ahora estaba mejor que cuando llegamos.

—¿Qué fue eso?— pregunté, refiriéndome a cómo reaccionó cuando Matthew puso su mano en mi hombro, cabe aclarar: amistosamente.

—¿Él qué?— alzó una ceja, fingiendo no saber.

Me crucé de brazos. —«Eso»— enfaticé —con Matthew…

—Ah, eso… pues que no me gustó cómo se te acercó, nada más.

—Sabes que no fue nada malo, ¿verdad?

Relamió sus labios moviendo la cabeza de un lado a otro con vacilación. —No me interesa si fue algo malo o no; no me gustó que te tocara y ya— respondió. —Ahora, deja de regañarme y ven aquí, necesito un abrazo de mi bonito novio…

Apreté los labios para no sonreír y hice lo que me pidió. Me acerqué subiendo a la cama y gateé hasta estar a su lado. Palmeó sus piernas, queriendo que me sentara en su regazo, y eso hice a regañadientes; la verdad es que tenía miedo de lo que podría pasar porque, conociendo a Tom y cómo conseguía volverme loco, sabía que iba a acabar en algo imposible de evitar. Envolví mis brazos en su cuello, abrazándolo así, enterrando mi cara en la curvatura de su cuello y hombro, por el lado que no estaba lastimado.

Él me correspondió usando solo un brazo, porque el otro le dolía al moverlo. —Me gusta cuando me obedeces— susurró en mi oído, y yo solté un suspiro nasal. Empezó a enterrar sus dedos en mi pelo, dándome suaves masajes. —La próxima vez no permitiré que me acompañes a ninguno de mis trabajos.

Me reí. —¡Ja! Quiero ver si lo intentas— dije mientras me separaba para mirarlo a los ojos sin soltarlo.

Él sonrió con los labios. —En serio… solo evito que te pase algo malo.

—Ay, ajá… mejor procura cuidar de ti, evita que te pase algo malo— respondí usando sus propias palabras en su contra. Él se echó a reír suavemente y yo le tomé las mejillas para darle un beso en los labios. —No vas a hacer más trabajos de esos, al menos no por ahora; realmente tienes que descansar, ¿Mmm?…

—Vale, si tú me lo pides…— suspiró.

—Si lo haces, vendré a visitarte todos los días después de volver del insti, ¿vale?

—Oh, ¿Te tendré un par de horas solo para mí?

Asentí. —Pero solo si guardas reposo, tal y como dijo Matthew, ¿Sí?

—¿Y qué haremos durante los dos meses que vengas a verme?

—No sé, cualquier cosa…

—¿Y podré tenerte así… pero sin ropa?— alzó ambas cejas moviéndolas de arriba abajo.

—Ay, Tom, no empieces…

—¿Pero qué? Si tú me dijiste que haríamos cualquier cosa…

—Sí, cualquier cosa que no implique… esto— dije señalando la intimidad.

—¿Y me acompañarás en las noches también?

—No, no puedo. A menos que les diga alguna mentirijilla a mis padres y les pida ayuda a mis amigos, pero no te emociones…

Mordió su labio inferior. —¿Puedo decirte algo?— asentí. —Anoche soñé que te tenía aquí, desnudo y debajo de mí mientras te hacía mío de todas las maneras posibles y, ¿Adivina qué?— alcé las cejas esperando expectante lo que dijera. —Me desperté y mi pene estaba así…— quitó su mano de mi cintura y la puso en medio con su codo rozando su pelvis levantada y pegada a su pecho, así hizo la referencia. —Me dolía tanto que tuve que usar mi mano para aliviar el dolor cuando quien debía hacerlo eras tú…

—¿Yo?

—Sí, porque eres mi novio y tienes la culpa de esas cosas. Además, tenía un antojo raro de estar contigo a solas— su brazo volvió a abrazarme por la cintura, deslizando los dedos por mi espalda baja de arriba abajo, jugando con el borde de mi pantalón. —¿Jugamos a un juego?

—¿Qué juego? A ver…

—Yo te beso y te toco, y si te pones caliente, pierdes. ¿Aceptas o te da miedo?— preguntó.

—Tom, no empieces, en serio. Aquí no hay nadie y… mejor evitamos que pase algo, ¿no?

Me miró fijamente; por un momento pensé que iba a recapacitar y dejar de hablarme de esa manera tan subida que me dejaba débil y acalorada. Su tono de voz ronco me ponía a mil, y ahora solo me estaba conteniendo de agarrarlo del rostro y besarlo como él hacía normalmente, a lo salvaje.

—No— dijo negando con la cabeza y frunciendo los labios. —¿No quieres que te marque el cuello con mis labios? Estoy seguro de que en esa piel tan bonita y blanca que tienes se verán preciosos unos chupetones. Serían la decoración perfecta. Como la sangre en la nieve…

—No creo que eso sea buena idea…— susurré.

—Pero tú y yo tenemos algo pendiente, ¿o lo has olvidado? La chica esa… Theresa, nos interrumpió cuando estábamos haciendo algo importante— relamí mis labios sabiendo a qué se refería.

Subió la mano para meter un mechón de mi pelo detrás de la oreja, sus dedos rozaron el lóbulo y bajaron por mi mejilla hasta mis labios. Luego me agarró del mentón y me acercó lentamente a él; yo solo me dejé llevar porque, venga, no podía resistirme. Miró mis ojos y luego mis labios, sentía su aliento rozándolos y dejé que me besara. Cerré los ojos y nuestros labios empezaron a moverse despacito, fue tan lento y desesperante. Solo se oía el chasquido de nuestros labios y nuestras respiraciones entrecortadas. Su mano se fue detrás de mi cabeza, enterrando los dedos en mi pelo, haciendo presión y pegando aún más mi cara a la suya.

Cuando nos separamos fue por falta de aire, y mientras nos alejábamos, me mordió suavemente el labio inferior.

—Eres un imbécil— le solté con una voz áspera, respirando con dificultad —Siempre juegas, me hablas y sueltas cosas así para ver hasta dónde soy capaz de aguantar. Y cuando yo cedo a lo que me insinúas, entonces me detienes y dices que esperemos hasta el «momento indicado». Eso es demasiado cruel por tu parte…

Me miraba fijamente a los ojos de esa manera intensa que me envolvía, encendiendo mis deseos más profundos, deseos que ni sabía que tenía hasta que lo conocí a él.

—¿No crees que este ya es el momento indicado?

—¿Contigo mal de un brazo? Obviamente, no— le solté sonriendo.

Él se echó a reír —Yo aguantaría tus sentones, bebé.

Rodé los ojos —Cállate— dije totalmente avergonzado y con las mejillas coloradas.

—Cállame, pero con besos.

—Eres un malo, Tom, muy malo— susurré —Ya deja de provocarme, algún día te haré lo mismo para que veas cómo se siente, idiota.

—¿Entonces no quieres? Podemos empezar con lo que no pudimos terminar en tu casa, ¿eh?— apreté los labios justo en el momento en que él bajó la mano y me agarró una nalga, pero no por encima de la ropa como siempre, no, metió la mano dentro de mis pantalones y boxers —¿Qué dices, cariño?

—Tom— jadeé.

Me besó el cuello y me pegó más a él. No pude aguantarlo más; podía sentir todo su miembro duro entre mis piernas chocando con el mío, con la ropa de por medio. Así que lo cogí del rostro como tanto quería y lo besé con ganas, mostrando mi desesperación. Me sorprendía a mí mismo. Mientras lo besaba como un loco, sentí cómo metió su otra mano y con ambas me apretujó las nalgas. Sin darme cuenta, arqueé la espalda y noté cómo sus labios se curvaban en una sonrisa. Sentía cómo mi miembro empezaba a despertar; se ponía tan duro como el suyo y lo sentía palpitar dentro de mis boxers. La necesidad de tocarme era tanta que empecé a mover las caderas.

—Humm…— gemí al sentir la fricción que yo mismo provocaba. Solté sus labios cuando me sentí ahogado por falta de aire.

Maldición, si no fuera por eso, lo besaría sin soltarlo nunca. Movía las caderas con ganas, de arriba abajo; la fricción se sentía tan deliciosa que ignoraba el dolor de mis piernas por el movimiento constante. No me importaba. Ah, joder, me gustaba tanto esto, sentía una presión terrible en la punta que me ardía un montón. Mis boxers ya estaban bien húmedos y su pene era como una roca. Arqueé las cejas y entreabrí los labios, pegando mi frente con la suya; todo mi cuerpo estaba caliente, como si tuviera fiebre. Esto era tan bueno.

—Ah, joder…— gemí adorando esas malditas estimulaciones. El aliento de Tom rozaba mi mejilla y podía escuchar sus jadeos a la perfección —Mmm, Dios mío… n-no pue-do…

—Oh, sí… cómo te mueves, cariño— susurró en mi oído con voz ronca —Qué delicia, joder.

Movía las piernas sin dejar de impulsarme; el roce entre ellas me hacía desear tener su mano otra vez ahí, dándome placer.

—Me imagino lo rico que debe ser estar dentro de ti; te imagino debajo de mí con tus preciosas piernas abiertas rodeando mis caderas mientras te follo fuerte escuchando cómo gritas mi nombre…

Mierda, ¿cómo podían unas simples palabras excitar tanto? Mantuve el ritmo rápido y, después de unos segundos, vi cómo mi novio cerraba los ojos y murmuraba barbaridades. Mi abdomen se contraía igual que los músculos de sus brazos. Tom dejó escapar un gruñido mezclado con un gemido y susurró mi nombre entre dientes. Ya había llegado al orgasmo igual que yo, que gemí su nombre de una manera erótica que me cuesta describir.

Nuestras respiraciones están aceleradas, el pecho nos sube y nos baja.

—Necesito tocarte, ¿me dejas?

Ni me lo pensé dos veces y asentí. En un abrir y cerrar de ojos, me hizo tumbar en la cama y se puso encima de mí. Me preocupé al instante por la herida, pero me cogió del mentón y me obligó a mirarle a él y no a su hombro vendado.

—Te voy a quitar los boxers con mis dientes— dijo, y yo solo podía mirarle, observando su mirada llena de deseo.

Rápidamente desabrochó mis pantalones y los bajó como si nada, quitándomelos. Me despojó de la camiseta, y yo sabía que esto iba a pasar porque ya no había nada ni nadie que pudiera interrumpirnos. Ya no había excusas. Escuchaba una voz en mi cabeza que me decía que debía parar ahora, pero no le hacía caso. ¿Para qué detenerme ahora? Quería probar algo más…

Gimoteo cuando siento su lengua recorrer mi abdomen hasta la pelvis; sus dientes muerden mi vientre y besan la zona. Contraigo el abdomen por las sensaciones increíbles, especialmente cuando sus dientes toman el elástico de mis boxers y los bajan, liberando mi erección.

Intenté no ver lo que iba a hacer; miraba al techo parpadeando repetidamente hasta que veo su rostro frente a mí. Me besa y luego se acerca a mi oído para susurrar:

—Necesito que abras las piernas— y automáticamente obedecí, abrí las piernas todo lo que pude y él se alejó para verme completamente desnudo mordiendo su labio inferior.

Vi cómo se quitó el pantalón junto con los boxers y se lanzó encima de mí.

—Con saliva y amor todo entra mucho mejor— me susurró, y gemí cuando sentí su mano tomando mi miembro y dándole fuertes sacudidas. —Estás tan duro y mojado…— dijo, y en medio del silencio, donde solo se oían mis gemidos bajitos y su respiración entrecortada, se podían escuchar los chasquidos obscenos de su mano subiendo y bajando por toda mi longitud. Se sentía tan bien. —Quiero escucharte gemir en mi oído, ¿vale? Así que empieza.

Cerré los ojos y entreabrí los labios, haciendo lo que me pidió otra vez. Me encantaba cómo se sentía, y si eso era solo frotarnos o masturbarme, no lograba imaginar cómo sería cuando lo tuviera dentro de mí penetrándome con fuerza. Y esto era una locura porque solo llevábamos un día siendo novios, joder.

—T-tom…— gemí entreabriendo los ojos —Joder, joder, Mmm…

Jadeé cuando soltó mi miembro y se separó un poco para volver a verme: con el pelo revuelto, el cuerpo sudoroso y el pene rojizo. Fue en ese momento cuando recordé que él también estaba desnudo, y no pude evitar desviar la mirada para verlo; joder, su polla era tan grande y se lograban ver las venas marcadas como si estuviesen a punto de explotar, tragué saliva en seco. ¿Cómo podía entrar todo eso en mí, maldición?

—Necesito guardar esta imagen en mi cabeza— le escuché decir —¿Cómo puedes ser tan hermoso hasta el punto de hacerme perder la cabeza, eh?

Sonreí con esfuerzo porque mi cuerpo temblaba por las estimulaciones anteriores. Me cogió de las piernas empujándolas hacia arriba para flexionarlas, me acercó su mano a la boca y metió un dedo en mi cavidad bucal.

—Chupa— me ordenó.

Empecé a succionar su dedo y, con la otra mano, volvió a tomar mi pene para estimularme de nuevo. Cuando el dedo estuvo bien empapado de mi saliva, lo sacó y llevó la mano a mi trasero, separando mis nalgas. Sentí cómo rozaba mi entrada con las yemas. Comenzó a acariciar y, de repente, metió el dedo. Ahogué un grito porque realmente me dolió como nada. Tom aumentó el movimiento de su mano en mi miembro para aliviar el dolor y el ardor que estaba sintiendo; cuando relajé la cara, empezó a embestirme moviendo su dedo dentro. Lo hacía despacio y cada vez dolía menos; cuanto más lo hacía, el dolor iba cediendo.

Metió otro dedo y no fue tan doloroso como el primero. Estimuló tanto hasta que logró meter otro y otro más, haciendo movimientos circulares o abriendo y cerrando como si fueran tijeras, mientras yo me deshacía en gemidos y apretaba la sábana de su cama con las manos. Ay, joder, me sentía en la gloria.

—Ah, ah… oh, joder, sí— mascullaba mordiendo mi labio inferior.

Tom dejó de masturbarme y se cogió su propio miembro dándose placer mientras movía los dedos en mi interior.

—Yo creo que ya estás listo, ¿sabes? Mi polla se muere por entrar en ese lindo culito que tienes— dijo y yo lo miré —¿Ya quieres tener a mini Tommie dentro, cariño?

Asentí repetidas veces; sí, joder, ¿para qué voy a mentir si le tengo unas ganas terribles? Tom sonrió y lentamente sacó sus dedos de mi entrada para luego alinear la punta de su miembro allí. Ronroneé como un gatito buscando cariño o caricias y él me las dio; se inclinó un poco para atrapar mis labios en un beso intenso pero breve. Y me miró fijamente a los ojos, observando cada detalle de mi rostro como si fuera la primera vez que lo veía.

—Necesito que relajes tu cuerpo y respires profundamente…

—¿Va a doler mucho?— pregunté con la voz un poco agitada.

—Si no haces lo que te digo, sí, dolerá y eso es lo que no quiero, ¿vale? Ahora obedece, terroncito.

Inhalé y exhalé para relajarme como me pidió, aspirando aire por la boca y conteniendo la respiración. Él susurró un «uno, dos… tres» y cerré los ojos con fuerza al sentir cómo entraba; dolía, y mucho.

—Oh, joder…— gruñó Tom.

No importaba si relajaba mi cuerpo, era horrible. Un par de lágrimas se me escaparon y se perdieron en mi cabello. Sentí los labios de Tom dejando pequeños besos por mi pecho, subiendo por mi cuello, mordiendo mi mentón y besando mis labios.

—Respira— me susurró —Apenas ha entrado la mitad.

Respiré profundamente varias veces y, tras relajarme otra vez y acostumbrarme a lo que estaba pasando, Tom volvió a besarme. Esta vez no dejó de hacerlo y comenzó a moverse lentamente. Cada embestida suave ardía como mil demonios, pero después de tantas el dolor dejaba de ser solo eso y empezaba a sentir placer.

—Ahm, Dios mío… aprietas tan rico que mi polla ya no quiere salir nunca de tu culo…

Me agarré a las sábanas mientras empezaban los vaivenes. Tom lo hacía despacito, se notaba que se estaba conteniendo, y gemí ahogadamente cuando embistió con fuerza, haciendo que todo su miembro entrara de golpe y tocara, así, sin más, una parte que me hizo ver las estrellas. Las penetraciones se aceleraron conforme pasaba el tiempo y yo me iba acostumbrando a tener algo tan grande dentro de mí. Y ahora que lo pensaba, esta sería mi primera vez; estaba dejando de ser virgen, joder.

—Ah, Tom…— jadeé abrazándolo por el cuello —M-mierda, uhm…

—Grita, bebé, que quiero escucharte…

Me relamí los labios sintiéndome realmente extasiado. Tom me miraba fijamente; no se perdía ninguna de mis expresiones y me encantaba saber que me estaba mirando mientras yo gemía por el placer que estaba sintiendo y que él me provocaba.

—Oh, moreno… me matas— gimió ronco sobre mis labios, besándolos fugazmente mientras aceleraba las embestidas.

Yo gemía sin parar, ahogadamente, en susurros, ronroneos y jadeos. La cama rechinaba por los movimientos; su pelvis chocando con mi piel hacía ese típico sonido como si alguien estuviese aplaudiendo. Me encantaba; esto era aún mejor que una simple masturbación o tener solo los dedos dentro. Esto era más y me sentía a punto de explotar. Tom empezó a masturbar mi miembro al ritmo de las penetraciones y ya gritaba de placer sin poderlo evitar.

—¡Oh, Dios mío!— exclamé cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás —¡Tom! Me v-voy a… ¡Mmm!

—¡Ah, sí, joder!— gritó en cuanto contraje mi entrada al llegar al puto orgasmo. Sentí cómo su semen llenaba todo dentro de mí; ni siquiera habíamos pensado en el condón y, la verdad, en esos momentos era lo que menos me importaba.

Nuestras respiraciones volvían a ser agitadas, exhalábamos por la boca. Tom pegó su frente a la mía, manteniendo los ojos cerrados mientras yo lo miraba con los míos entreabiertos. Su cuerpo estaba empapado en sudor, igual que el mío; ligeras gotitas resbalaban por mi frente. Me sentía flotar, mis piernas temblaban tanto como todo mi cuerpo. Mierda, qué bien se había sentido todo. Y yo que pensé que no tendría intimidad hasta después del matrimonio, como debía ser, como me habían enseñado mis padres. Joder, este había sido el mejor día de mi vida.

Señoras y señores, ya no solo tengo novio, ¡sino que he dejado de ser virgen oficialmente!

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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