
Fic TOLL de Unicornlitz
Capítulo 19
Y como mi tío lo había dicho, nada más aparcó el coche y entramos a mi nueva casa me tomó del rostro juntando su boca con la mía. Nuestros labios se mueven sobre los contrarios con mucha pasión y desespero, devorándolos con voracidad y ganas. Suspiro en medio del beso cuando siento sus manos sujetarme de las piernas para alzarme entre sus brazos y subir escaleras arriba, justo a mi habitación.
Creí que al estar dentro me tumbaría en la cama, me quitaría la ropa y me follaría rudo. Pero no fue así, al contrario, entramos al baño y me separo de su boca para mirarlo sin comprender.
—Vamos a ducharnos juntos, bebé— dice y yo sonrío bajándome de su cuerpo para comenzar a quitarme la ropa yo mismo y él me imita.
Entramos a la ducha entre risitas cómplices, y abrí el grifo haciendo que el agua caliente comenzara a caer. Tendríamos toda la puta tarde para los dos porque mis tías estarían fuera. Sin embargo, no podíamos bajar la guardia; bien podían llegar antes, así que obviamente cerramos bien la puerta del baño y nos sumergimos en ese momento espectacular, uno más a la lista. No sé qué fue lo que hice para tener a mi tío a mi completa merced, ¿donde quedó el «eres mi sobrino»? Porque pareció haberlo olvidado. Y es fantástico, al menos está tan loco como yo…
—Quiero que me digas que fue lo que dijiste en tu exposición— pide mientras me arrima contra su cuerpo, pegando mi espalda contra su pecho y siento su pene semi duro contra mis nalgas.
—¿Para que?— pregunto entre suspiros gustándome como se mueve frotando su miembro con mis nalgas —No tiene importancia.
—Obedece, joder. Te estoy diciendo que me digas— espeta con voz demandante y sonrío nuevamente —Dime que fue lo que dijiste del tema.
—Que es ridículo— confieso echando mi cabeza hacía atrás cuando siento sus manos recorrer mi abdomen acariciando con sus dedos —Que nos hace tomar las peores decisiones de nuestra vida, y… humm… nos hace perder la dignidad, porque la gente no sabe amar, solo necesitar… pero que es importante… oh…— vuelvo a suspirar en el momento en que sus dedos recorren todo mi falo suavemente haciendo que mi entrepierna comience a despertar cada vez más.
—¿Por qué es importante, Billie?— pregunta ronco en mi oído.
—Porque entonces… muchos poetas hubiesen quedado sin trabajo y… ¡Mmhm!— me pongo de puntitas ante la pura excitación y placer que estaba sintiendo, mi tío había comenzado a masturbarme de una manera lenta y tortuosa que me pone a temblar —Oh, joder…
—¿No crees en el amor?— me pregunta mientras aparta su mano de mi miembro, me acomoda dejándome con la espalda contra la pared y se acuclilla frente a mí acariciando mis muslos relamiéndose los labios al ver mi pene rojizo y con la punta chorreando presemen —¿Mmm?
—Es ab-absurdo— respondo.
Entonces, veo como acerca su rostro a mi sexo para sacar su lengua y lamer constantes veces el glande de arriba abajo usando solo la punta de su lengua. Abrí mi boca queriendo gritar pero, lo único que salió en su momento fue un gemido tembloroso por como se siente; luego, lo mete todo en su boca y así comienza a darme placer haciéndome una buena mamada que, en serio, hace que mis piernas flaqueen y contraiga los dedos de mis pies mientras busco con mis manos algo en lo cuál sostenerme. Pero solo me encontraba con los azulejos húmedos por el vaho del agua.
Me siento perdido en las sensaciones, y cierro mis ojos apretando fuerte de ellos mientras comienzo a jadear estando a punto de explotar…
—¡Ohm!— exclamo ahogadamente abriendo mis ojos al instante en que me corro en la boca de mi tío. Y él se lo traga todo subiendo nuevamente para volver a besarme haciendo que pruebe mi propia esencia y sabor en sus labios —Humm…
—Date la vuelta— gruñe y rápidamente obedezco.
Me doy la vuelta colocando mis manos abiertas en la pared apegando mi mejilla a los azulejos mientras siento como entra en mí y comienza a penetrarme con fuerza. Su pene al salir y entrar me quemaba por dentro, pero no me desagradaba, al contrario. Gimoteo reiteradas veces, él se hunde dentro y toca mi próstata al instante, con varías estocadas hace que eyacule nuevamente y debido a la sensación por lo débil que me sentía ante el anterior orgasmo, contraigo mi esfínter ahogando y apretando a su polla dentro.
Mi tío lo introduce un par de veces más y luego simplemente se corre, pero no dentro, sino en mis nalgas. Jadeo tratando de recuperar la respiración, esto fue tan rápido y bueno a la vez, pero yo quiero más. Simplemente, no me siento completamente satisfecho.
Acabamos de ducharnos y al salir me doy cuenta de que en mi habitación hay un sillón tantra negro y un taburete acolchado al frente con una libreta de hojas blancas y un lápiz un poco desgastado. Obviamente supe para qué era todo eso; mi tío ya lo tenía todo preparado. Así que me quedo de pie con el albornoz cubriendo mi cuerpo, mientras mi pelo mojado va dejando gotitas de agua que forman un charco en el suelo. Él se pone ropa cómoda y deja sus trenzas sueltas.
—¿Qué tengo que hacer?
—Tienes cinco segundos para quitarte el albornoz y acomodarte— dice mi tío, directo y sin rodeos.
Arqueo una ceja, divertido por cómo ha cambiado su expresión y actitud a la de un profesional.
—¿Siempre eres así de amable con tus modelos?— pregunto, y él suelta una risa suave mientras se sienta en el taburete, cogiendo la libreta y el lápiz.
—Solo con los que me inspiran— responde.
Muerdo mi labio inferior para ocultar una sonrisa, sin responder. Mis dedos van al borde de la abertura de mi albornoz, deslizándolos con calma, sintiendo la intensidad de su mirada. Deshago el nudo y dejo que resbale por mis brazos. Quedando así, nuevamente desnudo, camino hasta el sillón tantra, de cuero oscuro y curvas provocativas.
—¿Cómo quieres que pose?— pregunto, apoyando un brazo sobre el respaldo.
Mi tío se acerca, inclinándose un poco para ajustar la iluminación. —Recuéstate con una pierna doblada y la otra estirada… así, eso es. Apoya un brazo detrás de tu cabeza y deja el otro caer sobre tu abdomen— sigo las instrucciones, acomodándome en una postura sensual pero natural —como si quisieras seducirme— susurra.
—¿Así está bien?— mi tío inclina la cabeza, inspeccionándome con la mirada crítica de un artista.
—Casi— se levanta y se acerca nuevamente, deteniéndose junto al sillón —Relaja un poco el cuello… sí, así. Ahora gira un poco la cadera— obedezco, sintiendo mi piel arder bajo la atención de mi tío.
—¿Y ahora?
—Perfecto. No te muevas.
Empieza a dibujarme con movimientos fluidos mientras su mirada va del lienzo a mí y viceversa, recorriendo cada curva, cada sombra. Tras un rato exhala lentamente, observando cada línea de mi cuerpo, cada curva sutil, cada sombra perfecta creada por la luz tenue en mi habitación.
—Eres difícil de dibujar…— murmura, casi para sí mismo.
—¿Eso es bueno o malo?
Mi tío abre la boca para responder, pero se queda en silencio. Sus dedos aprietan el lápiz mientras intenta encontrar las palabras adecuadas.
—Es que tu cuerpo es…— se detiene, su mirada perdida en mi piel, en cómo la luz acaricia mi clavícula, en la tensión elegante de mis músculos. Traga saliva, seguramente incómodo con su propia falta de palabras.
Yo sonrío de lado, notando su dilema —¿Inexplicable? ¿Irreal? ¿Tallado por los dioses?
Mi tío desvía su mirada hacia el dibujo, intentando ocultar la chispa de deseo en sus ojos. Sabe perfectamente que no podemos perder el control en este momento pero yo quedé con ganas y estoy dispuesto a hacerlo otra vez —Digamos que la perfección es difícil de plasmar en papel.
Suelto una risita baja disfrutando del momento —Bonita forma de decir que te gusta mi cuerpo…
Mi tío Tom entrecierra los ojos, sosteniendo mi mirada con diversión —Bonita forma de decir que sabes lo que provocas.
Me echo a reír mordiendo mi labio inferior mientras veo cómo desliza el lápiz sobre el papel, ahora con una intensidad diferente, como si intentara capturar no solo mi imagen sino también el efecto que tengo sobre él.
—¿Cómo va?
Mi tío no responde enseguida, está demasiado concentrado en plasmar cada detalle. Se ve tan bien así —Bien, mocoso. Debes confiar en él proceso, ¿sabías?
—Buah— ruedo los ojos divertido.
Como no voy a detenerme en provocarlo, trazo un plan en mi mente que sé que va a funcionar. Lentamente, flexiono la pierna que tenía estirada, arqueando apenas la espalda, lo suficiente para que mi cuerpo se viera aún más provocativo. Mi tío nota el cambio de inmediato y gruñe mirándome seriamente.
—No te muevas— espeta.
—Solo me acomodé— respondo con inocencia fingida. Mi tío no responde pero puedo ver su mandíbula tensa y sonrío de lado —Debe ser difícil concentrarse cuando tienes a alguien desnudo frente a ti, ¿no, Tom?
Él exhala con fuerza siguiendo con el dibujo, sé que se está conteniendo de venir aquí y volver a follarme como hace unos momentos en el baño —No es la primera vez que dibujo un cuerpo desnudo, Billie…
—¿Pero la primera vez que alguien te lo pone tan difícil?
Mi tío levanta la mirada y la clava en mi.
—¿Por qué no dejas de ser tan provocador por el momento? Si sigues así no podré continuar, Billie.
Me encojo de hombros —Solo quiero algo…
Entrecierra los ojos, pero, simplemente vuelve a centrarse en el dibujo. Rápidamente decido ir un paso más allá y dejo que un suspiro escape de mis labios. Mi tío presiona el lápiz con más fuerza —Deja de jugar, Bill.
—¿Quién está jugando? Yo solo poso, como me pediste— deslizo una mano por mi piel, trazando una línea desde mi pecho hasta el abdomen de manera distraída. Entonces, mi tío de golpe suelta el lápiz.
—Joder, Bill…— en un par de pasos, cruza la distancia entre ambos. Ni siquiera me inmuté cuando mi tío se inclina sobre mi, con el ceño fruncido y la respiración alterada. —Te encanta provocarme, ¿verdad?— susurra, su voz más ronca de lo habitual.
Esbozo una pequeña sonrisa —Solo si funciona.
Me observa por unos segundos más, como si estuviera librando una batalla interna. Pero yo sé que he ganado. Con un movimiento repentino, mi tío toma mi rostro entre las manos y me besa. Intensamente, lleno de frustración y deseo contenido. Me aferro a su cuello profundizando el beso sin dudarlo. Siento como desliza su mano por mi costado, como si quisiese trazar con sus dedos el mismo camino que había intentado capturar en el dibujo que no le dejé continuar. Pero, venga, aún queda tiempo para eso…
El beso se vuelve más hambriento, más desesperado. Me separo apenas para respirar, nuestros labios hinchados y la mirada oscurecida de mi tío por el deseo.
—¿Y ahora qué?— susurro con una sonrisa traviesa.
Mi tío traga saliva, sus manos aún aferradas a mi cintura —Ahora… vas a abrir esas piernas porque te voy a follar por provocarme, niño malo…
—¿Me vas a castigar? Entonces hazlo…— sin darle tiempo a responder, tiro de él para besarlo de nuevo, haciéndolo caer sobre el sillón encima de mí. Mi tío suelta un gruñido contra mi boca, pero no se resiste. Su mano desciende por mi espalda.
—Eres jodidamente perfecto, ¿sabes?— murmura contra mi piel, deslizando sus labios por mi cuello.
Río suavemente, arqueándome bajo su tacto —¿Eso lo dice el artista o el hombre que no puede dejar de tocarme?— muerde la piel sensible de mi cuello con suavidad arrancándome un jadeo
—Ambos.
El aire en mi habitación se vuelve espeso, cargado de electricidad. Las luces tenues proyectan sombras danzantes en las paredes blancas. Las caricias se volvieron más urgentes, las respiraciones más entrecortadas. Mi tío deja que sus manos exploren cada rincón de mi cuerpo, como si fuese la primera vez provocándome escalofríos.
Continúa…
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