Fic TOLL de Unicornlitz

Capítulo 21

Han pasado varios días, y hoy vuelven mis padres del crucero. Todos estamos reunidos en el salón. En estos últimos días, mis tías gemelas han contratado a mujeres y hombres para limpiar, cocinar, conducir y cuidar del jardín, «porque el jardín tiene que estar siempre impecable».

La mansión se ha ido llenando; cada rincón está ocupado por jarrones, floreros con plantas artificiales, retratos, cuadros abstractos, muebles y las chicas de la limpieza que van de un lado a otro asegurándose de que no haya ni una mancha en el suelo. Esto me gusta; me despierto y no tengo que preocuparme por hacer la cama porque una de las chicas entra mientras me ducho a organizar mi habitación. La comida lista, todo limpio…

En mi antigua casa, en ese cuchitril, tenía que ayudar a mi madre con la limpieza y siempre acababa estropeándome las uñas que con tanto cuidado me había hecho. Ahora será diferente y mis uñas se mantendrán en buen estado.

Lo que realmente me tiene algo preocupado es lo que pasa entre mi tío Tom y yo. Desde que arregló las cosas con Heidi no he podido dejar de estar de mal humor cada vez que lo recuerdo. Sé que dije que no dejaría que me afectase, pero… ¡es que ella no me cae bien! Entre mi tío y yo no ha pasado nada desde aquel día en que mencionó que había solucionado sus problemas con Heidi. Ahora se pasa más tiempo en el móvil hablando con ella.

Anoche iba a escabullirme a su habitación porque me sentía caliente, demasiado excitado recordando las veces en que nos revolcábamos juntos. Sin embargo, cuando llegué frente a su puerta y estaba a punto de tocarla, escuché risas. Eso me llamó la atención y pegué la oreja a la puerta. Lo escuché hablar tan meloso con ella, diciéndole cosas bonitas, que la quería, que la echaba de menos… Un sentimiento extraño se instaló en mí. Sentí tristeza y mucha, no, muchísimo enfado. Me cabreé tanto que la calentura se fue y me fui a dormir a mi habitación con unas ganas enormes de llorar, aunque no me lo permití.

Ahora estoy sentado en el sofá hablando con Adrianne por mensaje. No hablamos de nada importante, solo nos burlamos de la foto que publicó Jackeline en su Instagram creyéndose modelo.

—Bibi…— me llama mi tía Tamara mientras da un sorbo a su café que una de las mucamas le trajo antes —¿Crees que tu madre se enfadará mucho?— pregunta.

Aparto la mirada del móvil para observarla, ignorando por completo a mi tío Tom, que está sentado a su lado con el móvil. Ush…

—Posiblemente le dé un ataque al corazón al saber cuánto dinero se va en pagar al personal de limpieza y demás— le respondo con una sonrisa burlona al ver cómo se pasa una mano por la frente compartiendo miradas preocupadas con mi tía Nickole —Pero no os preocupéis; hará un escándalo pero luego se le pasará.

—¿Y si no?— interroga mi tía Nickole —Ay joder, ahora me arrepiento de esto.

—Siempre os arrepentís de las cosas cuando ya es muy tarde— comenta mi tío Tom sin apartar la mirada del móvil —Ahora no andéis lloriqueando.

—Joder…— gimotea mi tía Tamara.

En ese preciso instante se escucha el claxon del coche afuera. Me levanto rápidamente y salgo para verlos. Mis tíos me siguen despacio; observo cómo mamá se baja del coche y mira la mansión con el ceño fruncido. Es obvio que no entiende qué hacen ahí y no delante de la pequeña casita donde hemos vivido desde que decidieron casarse cuando supieron que yo venía en camino.

Bajo los escalones de la entrada para saludarles con un beso en la mejilla a cada uno. Mamá me abraza con fuerza y yo ruedo los ojos con una pequeña sonrisa; solo han pasado un par de días, no es para tanto.

—Billie, ¿qué haces aquí en esta casa? ¿Y Tom y las chicas?— pregunta, mientras me relamo los labios y me alejo del abrazo.

—Lo mejor será que entren. Mi tía Tammy y mi tía Nickole se encargarán de explicarlo— digo —¡Ah! Y no os preocupéis por las maletas, Enxun se encargará de llevarlas dentro— les aviso. Enxun, el conductor, hace una pequeña reverencia con la cabeza y yo tomo a mis padres de las manos para llevarlos dentro de la mansión.

Saludan a mis tías, a mi tío Tom, responden preguntas sobre el viaje en crucero y luego nos encontramos todos sentados en el sofá. Mis padres reciben una taza de café humeante y es ahí cuando mamá parece recordar dónde está. Por lo cual frunce el entrecejo y nos mira a todos. Yo estoy tranquilo, mi tío Tom tiene una sonrisa burlona en el rostro y mis tías son las únicas inquietas.

—¿Qué ocurre?— pregunta mamá sin dejar de mirarnos por turnos —Billie, ¿ya van a decirme qué hacemos aquí y no en mi casa?

Me encojo de hombros y observo a las gemelas; ellas suspiran al unísono.

—¿Recordáis que os dijimos que teníamos otra sorpresa para cuando volvierais del crucero?— pregunta mi tía Tamara, y mamá asiente lentamente —Bueno… esta es esa otra sorpresa— dice en voz baja.

Mamá parpadea confundida —¿A qué te refieres con que esta es la otra sor…?— la pregunta queda en el aire y mamá se lleva una mano a la boca, sorprendida —¡¿Qué carajo?!— exclama, y yo me sorprendo al escucharla decir una mala palabra. No recuerdo cuándo fue la última vez que la escuché así de alterada —¡¿Esta casa es el regalo?!— mis tías asienten —¡¿Qué?!

Lo siguiente era totalmente predecible. En cuanto mamá vio el gesto de mis tías, frunció aún más el ceño y negó con la cabeza.

—No. Ni hablar. Yo no pienso quedarme aquí— dijo con firmeza, cruzándose de brazos —No necesitamos una mansión; estamos bien en nuestra casa.

—Mamá…— intenté intervenir, pero su mirada me dejó claro que no iba a escuchar razones.

Mis tías intercambiaron una mirada, ya esperando esa reacción, y mi tío Tom estaba en su mundo hablando con la bruja de Heidi. Ellas sabían que convencerla no sería fácil, pero no pensaron que se negaría de inmediato.

—Simone, esto es un regalo— dice mi tía Tamara con tono calmado —Queríamos hacer algo especial para ti y para Jhörg.

—Sí, porque os lo merecéis— agregó mi tía Nickole —Trabajáis tanto y siempre os preocupáis por los demás. Es hora de que tengáis algo para vosotros.

Mamá resopló, molesta —No necesito esto— espeta.—Nunca hemos sido de los que despilfarran dinero en cosas innecesarias.

—Pero podemos darnos este lujo— comento yo, intentando razonar con ella —Somos ricos, mamá. Si quisiéramos, podríamos comprarnos cinco mansiones más.

—¡Y precisamente por eso no lo hacemos!— exclamó, mirándome con desaprobación —No quiero que pensemos que el dinero lo es todo.

Las discusiones continuaron varios minutos. Yo intentaba hacerla entrar en razón; mis tías argumentaban que solo querían verla feliz, pero ella se mantenía firme en su decisión. Entonces papá, quien hasta ese momento había estado en silencio, intervino: —Simone, hablemos un momento.

Mamá lo miró con el ceño fruncido, pero asintió. Se apartaron unos metros y hablaron en voz baja. No pude escuchar lo que decían, pero vi cómo el rostro de mamá pasaba de la indignación a la duda y luego a la resignación. Cuando regresaron suspiró pesadamente y nos miró con una mezcla de reproche y aceptación.

—Está bien… nos quedaremos. Pero la próxima vez que queráis hacer algo así, consultádmelo antes— pide.

—¡Lo prometemos!— dijeron mis tías al unísono, sonriendo con satisfacción; por supuesto, mi regaño vino después. Mamá no iba a dejarme fuera de esto, así que también me llevé mi parte.

—Y tú, Bill, no te hagas el inocente— dice mirándome fijamente —Sabías de esto y no me dijiste nada.

Bajé la cabeza fingiendo arrepentimiento —Lo siento, mamá… Pero valió la pena, ¿no?

Ella bufó, sin poder ocultar una pequeña sonrisa —Venga, vamos a comer todos y dejemos el tema, no vaya a ser que me arrepienta.

&

El sol de la tarde me da en la piel mientras camino hacia la piscina con un paso relajado. Hace un rato habíamos comido y mis padres están durmiendo por el cansancio del viaje, y mis tías, como siempre, han salido.

Llevo un albornoz blanco, suelto, dejando ver de vez en cuando los destellos de mi bañador: un conjunto negro con detalles brillantes, ajustado a mi cuerpo, resaltando cada curva sutil de mi figura. Me sentía atractivo, provocativo, y estaba dispuesto a que alguien lo notara. Y ese alguien, por supuesto, era él. Mi tío Tom estaba sentado en una de las tumbonas, con el móvil en la mano y una sonrisa en los labios. Hablaba bajo, en ese tono meloso que últimamente solo le pertenecía a ella. A la bruja.

—Sí, cariño… Yo también te echo de menos— decía, con la mirada fija en la pantalla del teléfono —Ya quiero verte, falta poco para que sea Navidad y podré estar allí de nuevo…

Rodé los ojos y apreté los labios, conteniendo el enfado que amenazaba con arruinar mi humor. No iba a darle el gusto de verme afectado. Pasé de largo, haciendo como si no lo escuchara, aunque cada palabra suya me calaba hondo. Me detuve junto a la piscina y deslicé el albornoz por mis hombros despacio, dejándolo caer al suelo. Me estiré ligeramente, arqueando la espalda y sacudiendo mi pelo negro con un movimiento estudiado, permitiendo que las puntas húmedas rozaran mi piel.

El agua cristalina reflejaba el sol, creando un contraste perfecto con el negro de mi bañador. Me mordí el labio; a lo lejos sentía su mirada intensa puesta en mí y sonreí disfrutando de la sensación de ser observado por él otra vez. Como si volviese a tener su atención y eso me hacía sentir bien.

Sin prisa, caminé hasta el borde de la piscina y sumergí un pie, jugando con el agua antes de meterme por completo. Mi cuerpo se deslizó con gracia en la superficie, nadando unos metros antes de salir a flote empapado, con gotas recorriendo mi piel mientras pasaba las manos por mi pelo, echándolo hacia atrás con un movimiento deliberadamente sensual.

El agua fría recorría mi cuerpo mientras me apoyaba en el borde de la piscina, descansando mis brazos en la orilla. Sentía su mirada en mí, quemándome más que el sol.

—Hmm… Sí, luego hablamos, ¿vale?— escuché decir a Tom, con la voz un poco más grave y menos melosa que antes.

Hubo una breve pausa antes de que añadiera un apresurado «te quiero», y luego el sonido seco de la llamada finalizando. Sonreí para mí mismo. Bingo. No tuve que esperar mucho antes de notar su sombra acercándose. Tom se agachó en cuclillas frente a mí, con los antebrazos apoyados en sus rodillas. Desde esa posición podía ver el ceño apenas fruncido en su rostro, su forma de analizarme con esos ojos astutos que siempre parecían descubrirme.

—¿Vas a decirme qué te pasa?— preguntó directamente.

Le sostuve la mirada, fingiendo indiferencia. —¿A qué te refieres, tío?

—Has estado… raro últimamente— dijo inclinándose un poco más hacia mí —Distante.

Me encogí de hombros, apartando la vista y haciendo un puchero sutil antes de bajar la mirada al agua. —No quería interrumpir. Te veía tan concentrado con Heidi…

Mi voz salió más suave de lo que esperaba, con un tono que intenté disimular, pero que él, claro, pilló al instante. Mi tío Tom soltó una risa baja y ladeó la cabeza. —¿Eso es un reclamo?

—No, para nada— respondí rápido, demasiado rápido.

Él sonrió, divertido, y sus dedos tocaron el borde de la piscina, justo al lado de los míos, sin llegar a rozarlos. —Suena como si lo fuera.

Hice un gesto de desprecio, apartando una gota de agua de mi mejilla con los dedos. —Ah, solo digo que no quería molestarte. Como ahora eres tan romántico y cariñoso con ella…

Mi tono era ácido, sarcástico, pero también había algo más. Algo que él captó sin esfuerzo. —Oh… Ya veo.

Lo miré de reojo, sintiendo mi pecho arder de frustración. —¿Qué ves?

Tom no respondió enseguida. Se limitó a observarme con esa expresión que ponía cuando se ponía a analizar algo en serio. Y entonces sonrió. Una sonrisa lenta. Peligrosa. —Nada… Solo que, por un momento, parecías celoso.

Mi mandíbula se tensó. —Pues ya ves que no es así— rodé los ojos y salí del agua con un movimiento ágil, ignorando cómo el agua goteaba por mi cuerpo. Me agaché para recoger el albornoz y me lo puse de un tirón, cubriéndome como si necesitara una barrera entre nosotros.

Estoy muy, muy cabreado y mi tío lo sabe.

Cuando pasé junto a él, Tom se levantó con calma y soltó una risa baja, como si le hiciera gracia mi actitud, antes de decir: —Por cierto, ese bañador te queda increíble.

Me detuve un segundo, sintiendo el calor subir a mi cara. Pero no iba a darle la satisfacción de verme afectado, así que me giré apenas, con la barbilla en alto. —Ya lo sé— respondí con indiferencia fingida.

Sin esperar su reacción, caminé directo hacia la mansión, subiendo las escaleras con pasos apresurados hasta mi habitación. Al entrar, cerré la puerta de un portazo y me apoyé contra ella, soltando un resoplido.

—Maldita sea…

Odiaba esto.

Odiaba que tuviera toda su atención en esa bruja de Heidi y no en mí. Odiaba cómo me hacía sentir, como si estuviera compitiendo por algo que hasta hace poco había sido mío sin esfuerzo. Me pasé las manos por el pelo mojado, tratando de calmarme cuando escuché un ruido detrás de mí. La puerta de mi habitación se abría. Mi estómago se contrajo al verlo entrar sin preguntar, cerrando la puerta detrás de él y echando el pestillo.

—¿Qué haces aquí?— pregunté, fingiendo desinterés mientras me apartaba de la puerta.

Tom no respondió enseguida. En su lugar, avanzó lentamente hacia mí con esa mirada entre traviesa y depredadora que siempre lograba ponerme nervioso. —Estás enfadado y no entiendo por qué; ¿tiene que ver con Heidi?— preguntó finalmente con un tono casual que no engañaba a nadie —Si es así, dímelo.

Me crucé de brazos. —No estoy enfadado, ¿vale?

—¿Seguro? Porque juraría que sí y sé que es por mi novia aunque no comprenda por qué.

Su sonrisa era burlona, pero yo no iba a caer en su juego. —Me da igual Heidi— respondí con falso desdén —No estoy molesto y solo eres tú quien piensa mal.

Tom soltó una risa baja y sin previo aviso tomó mi cara entre sus manos. —Me tienes ganas, ¿verdad?

Mi corazón se aceleró pero mantuve la calma —No…

—¿No? Qué raro… porque yo a ti sí.

Abrí la boca para responder pero antes de que pudiera decir algo inclinó su rostro hacia el mío acortando peligrosamente la distancia.

Y entonces por primera vez fui yo el que se quedó sin palabras.

Continúa…

Gracias por leer. Te invitamos a comentar.

por unicornlitz

Escritora del Fandom

2 comentario en “Touch me 21”

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