
Fic TOLL de Unicornlitz
Capítulo 29
—¡Mamona, siéntate que esto es fuerte!— grita Adrianne haciéndome reír. Cuando va a contarme algo se comporta así, como si fuera a morirse si no me lo suelta.
—Estoy sentado— respondo riendo, ella suspira como controlándose.
—Vale, vale, escúchame bien. ¿Te acuerdas del novio de Jackeline? Bueno, exnovio, el que te besó en aquella fiesta y luego la dejó porque, según él, estaba enamorado de ti— dice y yo me río con burla. Abraham, ¿cómo olvidar a ese tontito?
—Por supuesto, la mejor historia de su vida.
—Ajá, pues adivina qué— Adrianne se acerca a la cámara con una sonrisa pícara —¡Valerie me contó que Jackeline anda llorando por él otra vez!
—¿Qué?— frunzo el ceño —¿Cómo es posible que no lo supere aún?
—¡Nooo, mamona! Lo peor es que ahora se enteró de que el tipo ha salido con otra y dice que es culpa tuya, que arruinaste su relación y por eso no puede confiar en los hombres.
No aguanto la risa. —¿¡Qué!? ¿Cómo es mi culpa que su novio la dejara por mí y luego se buscara a otra?
—No sé, chiqui, según ella eres una especie de maldición para su vida amorosa.
—¡No me jodas!— exclamo entre risas —Esta tía está más loca de lo que pensaba.
—¡Te lo juro! Y Valerie me dijo que el otro día, en una de sus fiestas, Jackeline estaba diciendo, ebria, que tú eras un «roba hombres profesional» y que seguro coqueteabas con el suyo solo por diversión.
—¿Por diversión?— pongo una mano en el pecho, fingiendo indignación —¡Yo estaba ebrio! Si su pringado no hubiera sido tan fácil, nada de esto habría pasado.
—¡Eso digo yo!— Adrianne se ríe —Pero bueno, la cuestión es que ahora la pobre está toda emo, escribiendo indirectas en sus historias y publicando frases deprimentes en su WhatsApp.
Suelto otra carcajada. —¡Ay no, por favor dime que tienes capturas!
—¡Obvio, tía! ¡Espérate!— Adrianne se mueve rápido en la videollamada y me manda unas imágenes. Las abro y no puedo contener la risa.
«Las personas falsas siempre se salen con la suya.»
«Te lo di todo y aún así me fallaste.»
«Cuando amas a alguien, el karma se encarga de recordarte que no puedes ser feliz.»
Ya estoy llorando de risa. —¡Ay joder, qué vergüenza!— digo sin poder respirar.
—¡Joder, sí! Y hay más. Dicen que se puso a llorar en el baño de la casa de Valerie y ella la escuchó decir que «Bill le había robado al amor de su vida».
—¡¿QUÉ?!— me tapo la boca, ahogado de risa —¡Yo ni siquiera lo busqué! ¡Ese idiota me besó y encima me vino con su discursito de ‘me di cuenta de que siempre te amé’!
—¡Exacto! Pero claro, tú eres el malo.
Me río con ganas mientras Adrianne y yo seguimos criticando sin piedad. Como dije, Jackeline me odia desde aquel día, pero nunca me ha importado. Y después de este chisme… me va a importar menos.
—Resulta que después de su drama en el baño, Jackeline salió a contarle sus penas a Valerie porque se cree la víctima del año y boom, ¡Valerie le preguntó que si tan enamorada estaba, por qué le puso los cuernos al cabrón antes de que él te besara a ti!
Me congelo. —¡No jodas, Adrie!
—¡Sí, manona!— Adrianne se ahoga de risa —¡Que Jackeline también andaba con otro mientras tenía novio!
Mis ojos se abren como platos antes de soltar otra carcajada. —¡No puede ser! O sea, ¿la tía lleva meses diciendo que yo le arruiné la vida y resulta que ella también lo engañó?
—¡Exacto! ¡Es una hipócrita total!
—¡Ay, no, ya no puedo con esto!— digo, sujetándome el estómago mientras intento recuperar el aire.
Los murmullos en la mesa me recuerdan que mi «familia» está escuchando cada risa que suelto, pero sinceramente, me importa un carajo.
—Pero espera, que aquí viene lo mejor— Adrianne jadea, emocionada —Jackeline, después de que Valerie la dejó en evidencia, se puso en modo víctima, claro, y empezó a decir que «su amor por su ex era real» y que lo del otro tipo había sido un error, un momento de debilidad.
No me aguanto. Suelto una carcajada tan fuerte que incluso siento que me mareo.
—¡Ay, no, qué sinvergüenza!— exclamo entre risas —O sea, ¿lo de ella fue un error, pero lo mío fue pura maldad?
—¡Literal! Y lo mejor de todo es que cuando Valerie le dijo que estaba siendo dos caras, ¡Jackeline se puso a llorar y dijo que la estaban atacando!
—¡Dios, qué ridícula!— río, limpiándome una lágrima de la risa —¡No, en serio, esta tía se merece un premio por payasa del año!
Adrianne asiente con entusiasmo. —Te lo juro, Bill, te odia porque quiere ser tú.
Levanto una ceja con una sonrisa burlona. —Bueno, es que no la culpo. Si yo no fuera yo, también me daría envidia.
Adrianne grita de la risa al otro lado de la pantalla —¡Basta ya, Bill, me ahogo!
—Es la verdad— me hago el digno, acomodándome el cabello con aires de superioridad —Pero bueno, suficiente atención para la sinvergüenza Jackeline. ¿Algo más interesante?
—Mmm… por ahora no, pero estate atento. Valerie siempre me cuenta todo, así que si hay más chismes, serás el primero en enterarte.
—Eso espero— respondo satisfecho.
—Bueno, pesada, me voy, pero luego hablamos. ¡Adiós zorra!
—Que te caigas en el baño, zorra— ella ríe y me saca el dedo del medio.
Cuelgo la llamada con una sonrisa triunfante en los labios. Apago la pantalla del móvil y suspiro, todavía riéndome por dentro. Cuando levanto la mirada, veo a mi familia en la mesa; algunos me miran con cara de ¿qué le pasa a este?, otros fingen que no prestan atención. Mi madre me lanza una mirada de desaprobación, pero como siempre, la ignoro olímpicamente. Mis tías gemelas me observan con una media sonrisa, como si disfrutaran de verme tan relajado. Y mi tío Tom está con el móvil, seguramente hablando con la bruja por mensaje. Bajo la vista a mi móvil.
—Jackeline, querida, un besito donde más te arda.
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La paz es un privilegio que rara vez tengo en esta casa; por eso cuando la encuentro, la agarro con fuerza y no la suelto. Ahora mismo estoy estirado en el sofá con las piernas cruzadas, mi móvil en la mano y la risa malvada de Melissa Gate retumbando en mis auriculares.
—Si no me quieres, no me busques. Si me quieres, búscame. Pero si no me quieres, no me busques porque me estás buscando sin quererme— dice en el vídeo con esa seriedad que solo ella maneja y yo no puedo evitar soltar una carcajada.
Melissa es una crack, de verdad. Su habilidad para soltar frases aleatorias y que tengan sentido es digna de admirar. Estoy tan metido en mi mundo de risas y entretenimiento que no noto la presencia de mi madre hasta que su voz me saca de mi burbuja de golpe. —Bill, necesito que vayas al centro comercial con tus primos.
Mi sonrisa se esfuma al instante. Pauso el vídeo y levanto la mirada, encontrándome con la cara de Simone. —¿Perdona?— pregunto, como si no hubiera escuchado bien.
—Te he dicho que vayas con tus primos al centro comercial— repite ella con ese tono que ya me tiene hasta el moño —Quieren comprar ropa y conocer la ciudad.
Suelto un suspiro, me quito los auriculares y dejo el móvil a un lado. —Mamá, ni loco salgo con ellos.
—Bill, no empieces.
—No es que empiece, es que ya conozco el rollo— respondo, acomodándome en el sofá con fastidio —Van a hablar como si nunca hubieran salido del pueblo y me van a hacer pasar vergüenza.
Simone me lanza una mirada fulminante, pero yo ni me inmuto. —No seas dramático, solo quiero que convivas con ellos.
—¿Y si no quiero?
Ella suspira con paciencia forzada y cruza los brazos. —Si vas con ellos, te dejaré ir a la fiesta del 24.
Abro los ojos sorprendido. —¿Qué?
—Lo que has oído.
Ahora sí que me ha dejado en un aprieto. La fiesta del 24 es LA fiesta. Valerie dice que será mejor que la de Halloween. Todo el mundo va a estar ahí. Música, alcohol, ambiente… Y ahora resulta que tengo la oportunidad de ir, pero con la pequeña condición de exponerme al ridículo con mis primos del pueblo.
Tengo un dilema moral aquí.
Estoy a punto de inventar alguna excusa para rechazar la oferta de mi madre sin perder la oportunidad de ir a la fiesta, cuando escucho pasos acercándose.
—Simone, ¿has visto mi bolso? No lo encuentro por ninguna parte— pregunta mi tía Tamara, entrando en la sala con el ceño fruncido mientras revisa su móvil.
Mamá se gira hacia ella y, antes de que mi tía pueda seguir buscando, le lanza una mirada suplicante. —Tamara, necesito que acompañes a Bill y a sus primos al centro comercial.
Mi tía levanta una ceja, dejando su móvil a un lado para mirarnos. —¿Qué dices?
—No quiere ir con ellos, pero si lo hace, lo dejaré ir a la fiesta del 24— explica Simone, con una evidente nota de desesperación en su voz.
Ella se cruza de brazos y me observa divertida —Ay, Billie. Parece que estás entre la espada y la pared.
Pongo los ojos en blanco. —¿Que te puedo decir?
Tamara suelta una risita y luego suspira mirando a mi madre. —Bueno, puedo ir. No tengo nada mejor que hacer.
Simone sonríe satisfecha y me mira con esa expresión de «ahora no tienes excusa». —Entonces ya está decidido.
Suspiro resignado, pero al menos con Tamara ahí no estaré solo con los del pueblo. —Está bien, está bien— me levanto del sofá cogiendo mi móvil. Mi tía me revuelve el pelo sonriendo.
—Vamos, pequeño divo, no será tan malo.
No estoy tan seguro de eso. Pero al menos tengo mi pase asegurado para la fiesta del 24.
Treinta minutos después, estoy en el asiento trasero del coche de mi padre que conduce mi tía Tamara con «On the floor» sonando a bajo volumen; estoy con los brazos cruzados y los auriculares puestos intentando bloquear el parloteo incesante de mis primos. —Y entonces le dije al jefe: «Jefe, si la vaca no quiere moverse es porque está enamorada del toro de la otra finca»— suelta Gustav riéndose como si fuera el chiste del siglo.
—Nooo, primo, qué cosas dices— responde Stuart, dándose una palmada en la rodilla mientras yo me esfuerzo por no poner los ojos en blanco. Mi tía Tamara me lanza una mirada por el retrovisor, claramente disfrutando de mi sufrimiento. Traidora.
—Bibi, no seas tan amargado, quítate esos cascos y socializa un poco— dice con un tono despreocupado.
Me los bajo solo lo justo para mirarla con incredulidad. —Tía, ¿de verdad esperas que me meta en una conversación sobre vacas enamoradas?
Ella se ríe. —Solo intenta no parecer un emo deprimido, ¿vale?
Resoplo y miro por la ventana. El centro comercial ya se ve a lo lejos, lo que significa que mi pesadilla está a punto de comenzar. Cuando llegamos, mis primos prácticamente saltan del coche, fascinados con las luces y la cantidad de tiendas. —¡Mira eso! ¿Habéis visto unas escaleras que se mueven solas?— pregunta Chantelle.
Cierro los ojos con frustración. Esto va a ser un infierno. —Se llaman escaleras mecánicas y sí, son bastante comunes— digo con evidente fastidio.
Pero ellos no me escuchan. Están demasiado ocupados grabándolo todo con sus móviles como si estuvieran en otro planeta. Mi tía Tamara me da un codazo. —Relájate, Bibi, al menos conseguirás ropa nueva.
Bufo. —Como si eso compensara el trauma— digo en un pucherito.
Mi tía solo se ríe y nos guía hacia una de las tiendas de ropa. Y ahí es cuando todo se complica. Mis primos entran emocionados, tocando todo como si nunca hubieran visto prendas de diseñador en su vida. —¡Ay, mira este abrigo! Se siente como la piel de un conejo bebé— dice Nathalie.
—¿Y esto? ¿Por qué estos pantalones tienen huecos? ¿Los vendieron dañados?— pregunta Shermine.
El vendedor nos mira con una mezcla de horror y lástima. Yo hago como que no los conozco y me alejo hacia la sección de chaquetas, intentando encontrar algo decente. Estoy revisando un abrigo negro bastante bonito cuando alguien choca contra mí de golpe, haciéndome tambalear. —¡Mierda!— mascullo, girándome con molestia.
—¡Oh, lo siento! No te vi— responde una voz masculina; al alzar la mirada, me encuentro con un chico. Es alto, con el pelo oscuro y desordenado, mandíbula marcada y unos ojos azules que destacan. Está bien, aunque eso no cambia el hecho de que casi me tira al suelo.
—¿Siempre atropellas a la gente cuando compras ropa o solo tienes mala suerte?— suelto con sarcasmo.
Él sonríe de lado sin inmutarse. —Depende. ¿Siempre eres tan dramático cuando alguien choca contigo o solo es hoy?
Entreabro la boca sorprendido por su atrevimiento —Para tu información, estoy teniendo un mal día.
—Vaya, lo noté— responde divertido; luego extiende la mano casualmente —Soy Evan, por cierto— lo miro con desconfianza pero acabo estrechando su mano.
—Bill.
—Un placer, Bill— dice; luego baja la mirada a la chaqueta que tengo en las manos —Buena elección. Aunque creo que el cuero te quedaría mejor.
Frunzo el ceño. —¿Me estás dando consejos de moda? A mí que sé más que tú— espeto mirándolo de arriba a abajo.
Evan se ríe. —Solo digo que podrías aprovechar más tu estilo. Me gustan las personas que saben destacar— levanto una ceja sin saber muy bien cómo tomarlo; pero antes de poder responder, la voz de mi tía Tamara me interrumpe.
—¡Bill!— la escucho llamar desde el otro lado de la tienda —Tus primos quieren que les ayudes a elegir algo.
Cierro los ojos con fastidio. ¿Por qué Dios me odia?
Evan nota mi expresión y sonríe. —Bueno, Bill, parece que tu trabajo como asesor de moda te llama. Nos vemos por ahí.
Me guiña un ojo antes de girarse y desaparecer entre los pasillos de ropa. Yo me quedo parado ahí sin saber exactamente qué acaba de pasar. Sigo mirando el pasillo donde Evan desapareció, algo desconcertado. No es común que alguien me hable así con esa confianza ni que me guiñen un ojo como si fuera parte de su rutina diaria. Sacudo la cabeza y suelto un suspiro. No tengo tiempo para pensar en desconocidos con aires de modelo de revista, especialmente porque mis primos siguen haciendo el ridículo.
Me acerco a la sección donde mi tía Tamara está intentando (sin éxito) que mis primos elijan algo decente. —Bibi, por favor, dime que puedes hacer algo con esto— dice ella, señalando a Eloy, que lleva una camisa con estampado de flamencos y unos pantalones de mezclilla tan ajustados que parecen pintados en su piel.
—Eso no puede ser real— digo, entre horrorizado y fascinado por el desastre. La ropa ajustada y su cuerpo no van bien, joder. ¡se le marcan los michelines!
—¡Es que me gusta el color!— se defiende él, posando frente al espejo como si fuera un influencer de moda.
Mi tía y yo nos miramos. No hace falta decir nada más. —Mira, Eloy— empiezo, tratando de sonar paciente —Si lo que quieres es llamar la atención, lo estás consiguiendo. Pero si no quieres que te arresten por crímenes contra la moda, tal vez deberías probar algo más… normal.
Él me lanza una mirada ofendida, pero al final accede a probar otra cosa. Yo respiro aliviado y me alejo para buscar algo más aceptable. Mientras reviso unas camisas, noto una figura familiar a unos metros de distancia. Evan está ahí, mirando una chaqueta de cuero negro con una expresión pensativa. Por alguna razón, mis ojos se quedan fijos en él más tiempo del que debería. Hay algo en su postura relajada, en cómo tamborilea los dedos contra la percha, que me resulta intrigante.
Como si sintiera mi mirada, levanta la cabeza y me pilla espiándolo.
Mierda.
Antes de que pueda hacer como que estaba mirando otra cosa, él sonríe y se acerca con esa confianza que ya empieza a irritarme.
—¿Nos volvemos a encontrar? No me digas que estás siguiéndome— dice con burla.
Ruedo los ojos. —Sí, claro. Te acabo de conocer y estoy tan obsesionado contigo que he decidido dejar mi vida para convertirme en tu sombra.
Evan suelta una risa baja. —Me alegra saberlo.
Lo miro con incredulidad. —Era sarcasmo.
—Lo sé— responde con una sonrisa ladeada —Pero prefiero mi versión.
Por alguna razón, no tengo respuesta para eso. Mi tía aparece a mi lado antes de que pueda decir algo más, observando a Evan con curiosidad.
—¿Amigo tuyo?— pregunta, arqueando una ceja.
Evan se adelanta antes de que pueda responder —Nos conocimos hace un rato. Yo choqué con él y sobrevivió milagrosamente.
Mi tía Tamara me lanza una mirada divertida. —Ay Bibi, ¿ya estás haciendo nuevos amigos?— dice guiñándome un ojo. Veo el doble sentido en sus palabras y al parecer Evan también porque suelta una risita que me hace entrecerrar los ojos.
—No es mi amigo— digo de inmediato, pero Evan solo sonríe, como si mi negación no tuviera importancia.
—Eso suena como algo que diría alguien que sí considera a alguien su amigo— comenta con tono casual.
Abro la boca para refutarlo, pero mi tía me interrumpe dándome un codazo. —Bueno, Bibi necesita socializar más, así que me alegro de que hayan chocado— dice con una sonrisa burlona.
Resoplo. —Por supuesto, porque claramente este es el mejor día de mi vida.
Evan ríe suavemente. —No sé, Bill. Puede que aún mejore.
—Lo dudo mucho— respondo cruzándome de brazos.
Él me mira con diversión, como si le hiciera gracia mi actitud. Es un poco molesto. Nadie debería estar tan tranquilo cuando yo claramente no quiero estar aquí. —Ya veremos— dice con una media sonrisa antes de mirar a Tamara —¿Tú también estás de niñera hoy?
Mi tía Tamara suelta una risa. —Básicamente. Estoy intentando evitar que Bill se tire por un balcón.
—No exageres— resoplo.
—Oh, no. No lo hago— responde con falsa inocencia —Pero ahora que tienes compañía, tal vez el martirio sea más llevadero, ¿conseguiste algo para Eloy?— asiento y me doy la vuelta para tomar el perchero con una bonita chaqueta blanca de cuero y se la entrego.
—¿Desde cuándo él, que es un desconocido, es compañía?— pregunto mientras ella me lo recibe.
Evan ignora mi tono poco amigable y se apoya en un estante, completamente a gusto. —Desde que el destino nos juntó en el mismo sitio dos veces en menos de una hora— dice con obvia diversión.
Ruedo los ojos. —Si el destino tuviera tan mal gusto, me preocuparía.
—O tal vez tiene un gusto excelente— replica sin inmutarse.
Mi tía nos observa como si estuviera viendo una comedia. No entiendo por qué se divierte tanto a mi costa. —Bueno, yo os dejo solos. Tengo que seguir con mi deber de asesora de moda para estos chicos— dice, señalando a mis primos antes de darme una palmada en la espalda —No seas tan amargado, Billie.
La fulmino con la mirada mientras se aleja, dejándome a solas con Evan, que sigue ahí, como si realmente no tuviera nada mejor que hacer. Suspiro resignado. —¿No tienes amigos con los que molestar en otro lado?
—Tal vez— responde encogiéndose de hombros —Pero tú me pareces más entretenido… y guapo.
Alzo una ceja. —¿Eso es un cumplido o una forma bonita de decir que soy un payaso?
—Ambas— admite sin vergüenza.
No puedo evitar sonreír un poco. Evan me cae bien, aunque no lo admitiré en voz alta. Es atractivo, eso también lo reconozco. No es el típico «wow, me ha dejado sin aliento», pero sí lo suficiente para que cualquiera lo mire dos veces. Pero no es él. No es Tom. No tiene esa presencia arrolladora, esa mirada que me desarma sin esfuerzo. Evan es atractivo, sí, pero no me revuelve el estómago con solo mirarlo como lo hace mi tío Tom.
Y eso es algo bueno.
Menos complicaciones.
—Bueno, Billie— dice Evan de repente, sacando su móvil del bolsillo —¿Me das tu número?
Lo miro, sorprendido por su falta de rodeos. —¿Para qué?— pregunto.
—Para que me bloquees después, si quieres— responde sonriendo.
Pongo los ojos en blanco, pero al final le quito el móvil de la mano y escribo mi número. —Si me acosas, te arrepentirás— le advierto al devolvérselo.
—Uy, qué miedo— dice con dramatismo, pero guarda el contacto.
—Debería darte miedo— replico.
Evan sonríe como si todo esto fuera un juego para él —Nos vemos luego, Billie. Estoy seguro de que el destino nos reunirá otra vez.
Y sin más, se aleja, dejándome nuevamente preguntándome qué demonios acaba de pasar.
Continúa…
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