Inesperado 13

Fic TOLL de Kasomicu

Capítulo 13

Como ya habían quedado que tendrían que presentarse con sus familias, es que primero fue Tom a la casa de Bill, un domingo, porque el padre de Bill llegaba tarde del trabajo, lo mismo habían quedado con Bill, que cuando iría sería un domingo porque su mamá también trabajaba hasta tarde de lunes a sábado.

Así que cuando sonó el timbre de la casa de Bill, él bajó corriendo emocionado para recibir a Tom, con una sonrisa inmensa en su rostro, abriendo rápidamente la puerta, haciendo que su gesto desapareciera cuando vio quien estaba allí.

—Ah, eras tú, tío —dijo Bill, con expresión fastidiada notando al rubio de cabello largo, barba, piercing en los labios, que sonreía ante el gesto del menor, despeinándole los cabellos al ser más alto.

—Soy tu primo, Billy, no tu tío. Y también me alegra verte —saludó el recién llegado, entrando con su maleta, y el aludido puso los ojos en blanco.

—Me llevas once años, eso te hace un anciano a mi parecer, tío Valentino —acotó Bill—. Y no me digas Billy, que me caga.

—Lenguaje, Billy . Y no me hace anciano tener veintisiete años, estoy en la flor de mi juventud, aparte, sabes bien que nosotros no aparentamos nuestra edad, principalmente los que somos como tú y yo —comentó Valentino guiñándole un ojo, porque su gen cambiaformas al saltarse una generación hacía que su primo se convirtiera en un gato naranja—. ¿Dónde están mis tíos? —inquirió.

Bill bufó. —En la cocina —respondió de mala gana.

—Ok, gracias por tu amable recibimiento, señor Patitas Suaves —dijo Valentino en voz baja, para luego irse riendo hacia la cocina.

Bill se sonrojó y frunció el ceño, maldiciendo que su primo de mierda se hubiera dado cuenta que él era el gato influencer de Instagram, ni siquiera sabía cómo, podría ser cualquier gato azul ruso, pero no, el imbécil lo sabía de alguna manera.

Igualmente Bill se sentó en la sala, en lo que escuchaba cómo Valentino se iba a quedar un mes con ellos porque era un bloggero, pero de una revista virtual, y le habían pedido que realice todo un tour por la ciudad hablando sobre cada sitio, principalmente negocios propios de emprendedores y así, a Bill realmente le daba igual, pero sus padres estuvieron encantados diciéndole que podía usar el cuarto de huéspedes.

Bill bufó, no es que Valentino fuera malo, sólo que era el “señor sonrisas”, encantando a todos con su actitud, y pues eso le daba coraje a Bill, porque lo sentía súper falso. No eran unidos porque se llevaban muchos años, y también porque Valentino amaba a su mamá, y por lo mismo, es que antes de que él naciera, había sido el consentido de su madre, siendo su sobrino favorito, así que había sido una constante en su vida. Cuando Valentino venía y él era más pequeño, pues el mayor ponía lo que le daba la gana en la televisión o no le dejaba usar la laptop que traía para entretenerse. También suponía que por eso le daba coraje su primo.

Y ahora estaría ahí un mes, que había venido en su auto, y todavía sus padres le dijeron que sí, que podía empezar con la floristería dónde trabajaba Bill, es decir, que soportaría su insufrible sonrisa no sólo en casa, sino en lo que dure su entrevista con su jefe enojón, y tome las fotos y demás. Sólo esperaba que Fabian lo mande al diablo como solía hacer con algo que le molestaba, porque su jefe, un hombre de treinta y dos años, con barba, cabello largo castaño, que siempre mantenía amarrado en una coleta baja o un chonguito no soportaba pulgas de nadie, que si bien le había apoyado para que se reconciliara con Tom, cobrándole pero igualmente, pues… No tenía la mayor paciencia del mundo, por eso es que quería que sí o sí le ayudaran en su negocio, que siendo tan quisquilloso como era, había empezado solo, sin embargo, era demandante sin tener quien le apoyara, entre cuidar las flores en el invernadero, hacer los arreglos y demás.

Y ahora Tom vendría viendo a la plasta del culo de su primo, o bueno, más le daba cólera porque quería que sus padres estén al pendiente de Tom, de presentarlo como su pareja, y no de Valentino.

Volvió a sonar el timbre, y Bill se paró de nuevo.

—Yo voy, debe ser mi novio —soltó Bill en voz alta.

—Qué encantador será ver qué por fin Billy haya conseguido enamorar a alguien con esa sonrisa tan arrobadora —molestó Valentino porque Bill no era de reírse mucho, le mostró el dedo medio, en lo que iba a abrirle la puerta a Tom.

Bill dejó su expresión malhumorada cuando vio a Tom en su umbral, sosteniendo un refresco y una sonrisa ladeada.

—Hola, tú —masculló Tom, dándole un beso en la mejilla, porque no consideraba adecuado besarlo en los labios, al menos no cuando iban a estar sus suegros ahí.

—Hola, pasa, Tomi —pidió Bill, sonriendo y sonrojándose, en lo que le daba espacio para que pasara su novio—. Mamá, papá, y… Valentino, mi primo, él es Tom Kaulitz, mi novio —presentó el pelinegro.

Tom ofreció la botella de refresco, en lo que Gordon la sujetó, dándole la mano a cada uno, aunque Valentino lo jaló para dejarle un beso sonoro en la mejilla, que hizo que Bill frunciera el ceño, porque sabía que el imbécil de su primo también era gay, entonces no podía ver con buenos ojos que le demostrara ese afecto invasivo, queriendo golpearle así fuera más alto que él para que supiera que su novio era suyo, y que él era un jodido enfermo porque era once años mayor.

—Encantador, hermoso, tan lindo, qué dulzura —halagó Valentino, acariciando las mejillas de Tom, el cual se sonrojó avergonzado frente al halago y demostraciones de afectos, porque sí, el primo de su novio era atractivo, y no ayudaba que él tuviera asuntos paternales sin resolver, pero claro que no pasaba nada más porque Tom estaba ahí por Bill, su novio al cual quería mucho, sólo que sí lo tomó por sorpresa aquello.

—Gracias —respondió Tom en voz baja.

—Pero qué bueno conocerte, Tom, realmente, si bien te he visto antes, Bill está muy encantado contigo, y por ello es que nos mencionó que vendrías hoy —masculló Dunja sonriéndole al menor.

—Sí, hijo, bueno, sí conocemos a tu mamá, también te hemos visto crecer pero no habíamos tenido más interacción que vernos algunas veces en la cuadra y ya —acotó Gordon.

—Espero que te guste la lasaña, Tom —comentó Dunja.

—Sí, me encanta —respondió Tom, sonriendo, pensando que era curioso que la lasaña fuera su plato favorito porque siempre se le antojaba al ver Garfield.

—Pues mi mamá hace la mejor lasaña del mundo —farfulló Bill, poniendo su mano en el hombro de Tom.

—Sí, tía Dunnie es la mejor cocinera, todo le sale bien —cedió Valentino, palmeándole el otro hombro a Tom.

Bill miró con odio a su primo el cual sólo le sonrió de vuelta, antes de que Valentino se pusiera a ayudar a su madre para que pusieran la mesa y servir el almuerzo.

En la mesa es que se pusieron a hablar entre todos, pero más que nada con Valentino siendo un lamesuelas con su madre, y también preguntándole varias cosas a Tom, que a Bill le daba rabia y celos cómo es que se comportaba su primo, queriendo que se largara de su casa.

—¿En serio, cariño? ¿Trabajas en la misma floristería que Billy? Wow, será un encanto verte allí, dulzura. ¿Cómo se llama la persona a cargo? —inquirió Valentino.

—Oh, se llama Fabian Strauss, es nuestro jefe —respondió Tom.

—Ah, sí, Valen, el “señor Strauss”, entre comillas porque en realidad apenas tiene treinta y tantos años —acotó Dunja, viendo a su sobrino—. Siempre dice que señor Strauss es su padre, no sé mucho de él, más que es hijo único que vino de otra ciudad, y bueno, se nota que no siempre es el más amable, aunque sí el que tiene las mejores flores de aquí —terminó por decir la pelinegra.

—Oh, interesante, un joven emprendedor —mencionó Valentino, en lo que tecleaba en su celular para investigar sobre quién era Fabian Strauss, siempre buscando la información antes de llegar a un sitio con la esperanza de saber qué cosas decirle a la gente que iría a ver, para alabar su ego y hacer que estuvieran más dispuestos a brindarle las entrevistas y así, pero… Nada, no tenía ninguna red social lo cual hizo fruncir el ceño a Valentino, ¿qué clase de adulto de más de treinta años no tenía una red social en pleno siglo XXI? ¿Alguien con alma de abuelo?

Tal vez tendría que acudir a sus contactos del registro nacional de identificación… Teniendo genuina curiosidad por aquel hombre. Pero decidió buscar el nombre de la floristería y ahí sí tenía una red social con fotos y todo, sin embargo, era algo reciente, por lo que vio a su primo y a su novio.

—Veo que la floristería tiene una página en Instagram, ¿la maneja su dueño? —preguntó Valentino.

—No, es que Fabian es… No es muy adepto a la tecnología, y no le entiende bien a las redes sociales. Sin embargo, le sugerí que otra forma de llegar al público es por las redes sociales, y por eso accedió a que le hiciera una página en Instagram —contó Tom.

—Entiendo, cariño —respondió Valentino, pensando qué quizá Fabian Strauss sería un hueso duro de roer, pero ya encontraría la forma de que le diera la entrevista aquel hombre con alma de anciano.

El resto del almuerzo familiar estuvo tranquilo, y Bill le preguntó a sus padres si podía ver una película con Tom en su habitación, por lo que aceptaron, y no quería tener sexo, no con su primo chismoso en el cuarto de al lado, pero sí al menos pasar un momento con Tom.

—Vaya, se siente tan raro estar aquí —farfulló Tom, observando la habitación de su novio, y pensando cómo es que el día en que fue en realidad no la analizó a consciencia por estar enojado, y pensar en largarte.

—Sí, porque mayormente estamos en tu habitación —masculló Bill, sujetándolo por el rostro y besándolo con cariño, con Tom poniéndole las manos en la cintura, sonriendo contra sus labios, en lo que Bill se puso más demandante en el beso, para luego besarle el cuello, haciendo que Tom se mordiera el labio inferior, sintiendo los dientes de Bill ser pasados por su cuello.

—Bill… ¿Estás posesivo por…? —cuestionó Tom, tratando de calmar sus hormonas para no excitarse.

—Detesto a mi primo —susurró Bill contra su cuello, separándose para verlo—. Te besaba, tocaba y hablaba con tanto cariño, maldito hijo de… Ni siquiera me puedo enojar con mi tía Tamara, ella no tiene la culpa de tener un hijo así de imbécil —terminó por decir frustrado, en lo que Tom sonreía, besándole en los labios.

—Ay, Bibi, estás celoso. No… Es decir, sí, tu primo es muy guapo, con su sonrisa sacada de revista, sus tatuajes, piercing, barba, altura y… —empezó a enumerar Tom con mirada soñadora.

—No pues déjame te paso el pañuelo para que te seques la baba —se quejó Bill, interrumpiéndolo.

Tom se sonrojó. —Pero no eres tú, Bibi, yo soy tu novio, ¿entiendes? Aparte es mi mayor —acotó el de rastas.

—Pero, Tom, ¿no te olvidas que también soy Nocte? ¿Qué sé perfectamente de tu gusto por hombres mayores, por tus problemas paternales, empezando con tu crush por, según tú, citándote, Samy “Papito” Deluxe —acotó Bill, arqueando una ceja—. Hasta lo tenías de bloqueo de tu celular y hacías dibujo con él besándote.

Tom soltó un suspiro. —Sí, Bill, pero ahora mi bloqueo de celular dice Nocte, y me dibujo besándote contigo, y eso debería bastarte. Vine a conocer a tus padres, no a ver a tu primo que es un papucho —masculló el rubio.

—No ayudas con eso, Tom —musitó Bill, para luego chasquear la lengua.

Tom rió. —Es una broma, pero, siéntete seguro de lo mucho que te quiero, Bibi, si tenemos planes a futuro, es más, luego de que conozcas a mi mamá, con las ganancias que me das como Nocte, es que debo ir al veterinario para conseguirte el certificado como mi animal de soporte emocional para estar juntos en la universidad —le recordó, dándole un beso en la quijada—. Así que deja de ponerte celoso por tu primo, que no me gustan los rubios —musitó arrugando la nariz.

—Se tiñe —soltó funesto Bill, y Tom lo volvió a besar, esta vez en los labios.

—Ya, pero el único pelinegro que me gusta eres tú, Bibi, sólo tú, ¿ok? Y ya sabes que me gustas mucho, y cuando vayas en la noche a mi habitación puedo demostrártelo —exclamó Tom con coquetería, sonriéndole de medio lado.

—Está bien —cedió Bill, besando nuevamente a Tom, con la promesa de que tendría sexo en la noche, o tal una mamada con un entusiasta Tom, y eso no tendría el estúpido de Valentino, a Tom de rodillas para darle placer o poniéndolo en cuatro para metérsela profundo, lo cual consideraba irónico porque era un híbrido de gato haciéndolo de perrito, pero el fastidioso de su primo no tenía un Tom, y nunca podría tenerlo.

&

Bill se había levantado de su cama al día siguiente con una sonrisa grandísima por la deliciosa noche que pasó con Tom, pero su sonrisa se borró cuando salió listo para ir al trabajo, y Valentino lo siguió.

—Vamos juntos, Billy, que mi primer objetivo es la floristería Blossom —comentó Valentino, sonriéndole, con su perfecto cabello planchado, vestido tan extravagante como él solo, y buscando animarlo palmeándole el hombro.

—¿Puedo pedirte algo, Valentino? —inquirió Bill con la nariz fruncida del fastidio.

—¿Qué cosa, Billy? —preguntó Valentino.

—Primero, que dejes decirme Billy, segundo, que si vas a ir a mi trabajo, dejes de coquetear con MI novio, y tercero, que comas mierda —barbotó Bill frunciendo el ceño.

Valentino rió con ganas.

—Ay, Billy, siempre con tu humor tan ácido, por eso eres el sucesor de Grumpy cat. Pero vamos, que el tiempo apremia —instó Valentino, dándole otro empujón, en que Bill le mostraba el dedo medio, de todas formas avanzando, y deteniéndose a esperar a Tom—. Ow, mira qué tierno, ¿lo vienes a recoger a su casa? Qué lindo ver que tengas sentimientos, Billy.

—Come mierda, Valentino —repitió Bill, volviéndole a mostrar el dedo medio a su primo, en lo que Tom venía con la camisa de la floristería, dándole un beso a Bill, y saludando a Valentino con una mano ondeando al viento, pero el mayor acercándolo hacia su cuerpo para abrazarlo, viendo a su primo al hacerlo, es decir, lo hizo de forma intencional.

Tom se rió nervioso cuando lo soltó y se fue al costado de Bill, tomándolo por la mano en lo que iban a su trabajo, conversando uno al costado del otro, con Valentino mirándolos desde atrás, pensando que lucían muy lindos juntos y que en realidad era tierno ver cómo sacaba de quicio a su primito menor.

Cuando llegaron a la floristería, es que Valentino se sorprendió gratamente, porque si bien el lugar no era grande, se notaba finamente decorado, es decir, el dueño tenía muy buen gusto. Notó cómo los muchachos entraron y estaba un hombre alto con el cabello largo castaño en chonguito, con barba, usando un delantal con un spray en la mano, si bien tenía el ceño fruncido, se notaba que era un hombre atractivo con un buen cuerpo que no le hacía justicia aquellas prendas tan… Ordinarias.

—Bill y Tom, están llegando tarde, ¿qué les sucede? Los tulipanes y claveles necesitan agua desde temprano, ya se las eché pero les correspondía a ustedes hacerlo —regañó el mayor a los adolescentes.

—Sí, señor Strauss, perdón es mi culpa, no de Tom, porque mi primo me retrasó —masculló Bill señalando detrás suyo.

Fabian se fijó que había alguien más en su tienda, esperando ver otro adolescente, cuando notó que no, había un hombre guapo allí, delgado, rubio de cabello largo, barba corta con piercings y tatuajes. El castaño se aclaró la garganta.

—Buenos días, disculpe el exabrupto con mis trabajadores. ¿Qué se le ofrece? ¿Busca un arreglo para una ocasión especial? —inquirió Fabian, no poniendo una sonrisa porque era consciente que no se le daba fingirlas, en lo que Bill y Tom se metían a la trastienda.

Valentino le ofreció una de sus encantadoras sonrisas. —Buenos días, ¿Fabian Strauss, cierto? Tienes una bonita floristería aquí, hay mucho que apreciar en este lugar —comentó el rubio pero mirándolo directamente al mayor, el cual se aclaró la garganta, sintiendo cómo esos ojos de apariencia… ¿Felina? Lo miraban con hambre, es decir, sí, ese hombre se le hacía atractivo, principalmente cuando Fabian era gay, y estaba soltero desde hace mucho, pero debía concentrarse, ¿era primo de Bill? ¿Qué edad tenía? ¿Y por qué no le decía qué hacía allí?

A Fabian no le gustaban esas técnicas de atención al público brindando todo sonrisas o lamiéndoles el culo a la gente para que le compraran, no, él prefería que su trabajo, en este caso, todo el esfuerzo que había puesto en sus plantas, los materiales de decorado, incluso las técnicas que les instruyó a Bill y Tom para los lazos y demás, hablaran por él mismo.

—¿Cuál es su nombre disculpe? —cuestionó Fabian siendo directo.

Valentino se relamió los labios, para sonreírle de medio lado. —Valentino Kaiser, es un placer —musitó el rubio, extendiéndole la mano, el castaño le sujetó la mano, sintiendo el apretón fuerte del joven de delicada apariencia.

—¿Y qué es lo busca, señor Kaiser? —interrogó Fabian, notando cómo el rubio se demoró el soltarle mano, y rió.

—No, señor Kaiser es mi padre —acotó Valentino, usando la misma frase que Fabian repetía, exceptuando a Bill y Tom que ya se cansó de corregirlos porque siempre hacían lo que querían, pero sí, su padre William Strauss era el señor Strauss, al igual que su madre Hana, la señora Strauss, y él era sólo Fabian, aunque tuviera treinta y dos años, le hacía mierda el ego que lo vieran como un señor mayor—. Llámame Valentino o Valen si prefieres —terminó de decir el rubio guiñándole un ojo.

El primo de Bill le estaba coqueteando descaradamente.

—¿Y qué busca en mi floristería, Valentino? —repitió la pregunta Fabian, empezando a impacientarse, y más porque le ponía nervioso ese hombre tan sonriente y coqueto.

—Pues mi trabajo consiste en venir a ciudades a realizarle entrevistas y tomar fotografías a lugares, y en esta oportunidad quiero que me permitas una entrevista, Fabian —masculló Valentino con la misma sonrisa en el rostro.

Fabian soltó un suspiro. —¿Y qué gano yo con eso?

—¿Aparte de mi eterna gratitud? Publicidad, trabajo para Humboldt – Magazin —contestó Valentino, y Fabian parpadeó por la sorpresa, porque sabía que era una revista famosa, pensando que quizá aquello podría significar más ganancias para su floristería, también sería más trabajo pero, ¿estaría bien, no?

Fabian asintió. —Está bien, Valentino. Te dejaré entrevistarme.

—Espero que finalmente me des un teléfono de contacto, sólo en caso necesite avisarte cuando salga el artículo —musitó Valentino con fingida inocencia.

Fabian arqueó una ceja. —¿Me estás coqueteando? —preguntó directamente.

Valentino rió. —Sí, estaré un mes aquí, y me vendría una buena compañía como tú.

—¿Qué te hace creer que estoy interesado? Ni siquiera me conoces, y te demuestras tan pagado de sí mismo —acotó Fabian, un tanto mosqueado, porque si bien agradecía la publicidad gratis, se sentía… Fuera de su control por el reportero o lo que fuera ese hombre guapo.

—Pues permíteme conocerte, fuera de ser el dueño de floristería Blossom, déjame ver qué esconde esa expresión amarga, y ver si puedo hacerte sonreír, o llorar de placer cuando grites mi nombre al tenerme entre tus piernas —masculló Valentino directo nuevamente y Fabian se quedó sorprendido, por lo que terminó por reír, porque nunca había conocido a un hombre así de directo, que no se fue por las ramas ni nada—. ¿Ves? Ya te hice sonreír. Y el sonido es magnífico, Fabian. Seguro debes gemir muy rico también.

—¿Qué edad tienes, Valentino? —preguntó Fabian, limpiándose las lágrimas por las cosas que le decía este hombre, que sí, lo ponía nervioso pero también le daba risa.

—Veintisiete años —mencionó Valentino, apoyándose contra el mostrador.

—Tengo treinta y dos, ¿no te molesta estar coqueteándole descaradamente a alguien que es cinco años mayor que tú? —inquirió Fabian.

—¿Por qué sería un problema? Son sólo cinco años, Fabian, números más, números menos, el único número que me importa es el de tu teléfono —respondió Valentino con la misma sonrisa pícara.

—¿Te han dicho que tienes la sonrisa del gato de Cheshire de Alicia en el país de las Maravillas? —preguntó Fabian.

Valentino acentuó más su sonrisa, considerándolo irónico. —Sí, muchas veces de hecho.

Bill y Tom se sorprendieron cuando escucharon a alguien reír, fijándose cómo es que Valentino estaba haciendo reír a su jefe, ¿Fabian podía reír?

—Mierda, mi primo se quiere coger a nuestro jefe —masculló Bill, sin saber si aquello era bueno o malo.

—Bueno, si pone de mejor humor a Fabian, sería un plus —comentó Tom.

—¿Pero y Valentino le hace algo y Fabian se desquita conmigo? —inquirió Bill a su novio.

—Ay, no pienses negativo, mira qué bonitos se ven ahí juntos, hasta Fabian tiene bonita cara cuando no frunce el ceño perennemente —arguyó Tom.

Después del almuerzo, Fabian le pidió a Tom que él se quedara en recepción y Bill haciendo los arreglos en la trastienda, haciendo que el pelinegro se quisiera reír cuando vio cómo su jefe se encerraba en su oficina con su primo, escuchando a Fabian gemir sonoramente en lo que parecía ser la mejor cogida de su vida, pensando en cuando les dijo que el trabajo no era el hotel Kunst… Pues igualmente tuvo sexo en él, pero suponía Bill que Fabian podía todo por ser el dueño.

Fue chistoso ver a su primo salir de la oficina de su jefe, despeinado con la ropa desarreglada y sonriendo nuevamente, en lo que Fabian salía detrás suyo, con apariencia similar al rubio pero con chupones en el cuello y cojeando levemente pero… También sonriendo.

Continúa…

Espero les haya gustado la participación del primo de Bill, Valentino Kaiser 😉 y cómo es que ahora le está poniendo alegría a la vida de Fabian, el jefe gruñón 😉 jajajaja aunque claro, fue motivo de celos de Bill jajajajaja en fin, pero todo bien, fuera de que los primos se llevan como el culo. Y sí, Valentino es menor por cinco años de Fabian. No olviden apoyar con un comentario, gracias :3

por Kasomicu

Escritora del Fandom

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