Daddy’s boy 1

Administración: Este es un One-Shot, pero como es largo, lo he dividido en partes, que serán publicadas de inmediato. Disfruten la lectura.

Nota de autora: Se recomienda discreción y nada de lo escrito aquí es con fines de avalar una situación así como algo real. Si no te gusta ignora, pero si te gustó, puedes dejar un comentario al final.

«Daddy’s boy» 

Parte 1

Bill nunca había sabido lo que era tener un hogar, porque lo abandonaron apenas siendo un bebé, así que nunca sintió el abrazo de una madre o padre, sólo el tacto frío de los cuidadores del orfanato, donde uno tenía que aprender desde pequeño a golpear para defenderse de todos allí.

Crecer en un orfanato era algo desolador, por más que todos fueran iguales al no tener padres, suponiendo que tendrían que ser como hermanos entre sí, la realidad era que solían ser crueles, precisamente porque trataban de desquitar su tristeza transmutándola en odio.

Bill mismo había sido un muchacho, que si bien no era de atacar sin razón alguna, sí se defendía, aunque cuando lo atacaron entre dos, es que con apenas ocho años, se quedó en el suelo mientras era pateado, pero se fijó cómo una pulga rubia con rastas y ropas anchas, se lanzaba contra uno de sus compañeros, aferrándose a los hombros del más alto, mientras le mordía con saña el hombro, por lo que Henry, el matón, se removía violentamente para sacarse al mocoso de encima suyo, pero el rubio de rastas seguía mordiéndolo con fuerza, hasta mancharle la camiseta de sangre por lo mismo, con el más alto puñeteándole en la cabeza para que lo soltara, y Bill se fijó cómo la pulga rubia comenzaba a llorar sin dejar de morder, entonces el pelinegro se puso de pie, pateándole en los huevos al matón, con Dereck queriendo defenderlo, pero Bill sacó de su bolsillo una navaja suiza que había robado, y los amenazó mostrándosela para que los dejaran en paz, mientras el rastudo caía al suelo sentado cuando decidieron irse.

Bill ahora que se fijaba de la pequeña pulga, que en sí lucía más pequeño por las ropas, en realidad tenían casi la misma estatura y le ofreció la mano para que se levantara, debía ser un chico nuevo porque no lo había visto antes, aunque era muy lindo, con su rostro redondeado, nariz respingona, e incluso manchado de sangre en los labios, la mano pequeña tomó la suya, haciendo que el de rastas se parara.

—Gracias por ayudarme, aunque te lastimaron en el proceso —mencionó Bill—. Mi nombre es Bill, tengo ocho años, ¿eres nuevo aquí? —inquirió.

El de rastas arrugó la nariz. —Nueva —corrigió—, soy niña, también tengo ocho años, mi nombre es Thomasin, pero llámame Tomi —soltó la pequeña.

Bill boqueó asombrado porque habría jurado que era un niño, que claro, a su edad no es que las niñas tuvieran busto, pero su carita sí era delicada, aunque él mismo tenía rasgos femeninos, así que por lo mismo no juzgaba, pero no, Tomi… Era una linda niñita.

Desde ese momento Bill no se separó de ella, ya que Tomi, o Tom cómo le decía por molestarla a veces, se había convertido en lo más parecido que tuvieron a un hogar.

Con el tiempo es que ambos se volvieron en un refugio el uno para el otro, prometiéndose a sí mismos que nunca se separarían, que de por sí era difícil ser adoptados, y que si por a o b iban a lugares de acogida, harían cualquier travesura para que se arrepintieran de tenerlos, y los devolvieran, todo con tal de que no se dejaran, porque se querían, no, se amaban.

Tanto Bill como Thomasin se protegían entre sí, golpeando a quienes se atrevieran a hacerle daño al otro, y tomándose fotos a escondidas con una cámara polaroid que consiguieron robar en una de las casas de acogida. Así que tanto Bill como Tomi tenían fotos suyas que atesoraban, pensando que algún día cuando crecieran, se casaran y tuvieran hijos, se las mostrarían.

Porque ellos se volvieron novios desde su primer beso, básicamente con Tomi diciéndole que Bill era suyo, cuando apenas tenían once años, y Bill se reía de cómo era Tomi con él, siendo agresiva, pero también tierna, aunque el resto nunca viera esa faceta suya.

Precisamente por la falta de docilidad en ellos, y que nunca los quisieran adoptar juntos, es que Bill y Tomi se quedaron en el orfanato, hasta los catorce años, ¿por qué? Porque ahí fue cuando Tomi fue llevada a una casa de acogida donde casi intentaron abusar de ella, que terminó escapando de la casa de acogida, con las manos ensangrentadas por haberle roto una botella de vidrio en la cabeza del hombre que tenía que cuidarla e intentó violarla, regresando al orfanato pero no de forma oficial, sólo para ver a Bill, quien la abrazó para después curarle las heridas, prometiéndole que todo estaría bien, que él la cuidaría siempre y volvería a pasar por ello.

Bill decidió que tenían que huir, guardando todas sus cosas, y las pocas que pudo rescatar Tomi, al menos sus fotos sí estaban bien resguardadas, para escapar juntos del orfanato, haciendo una parada en la casa de acogida de Tomi, donde Bill se metió por la ventana luego de romperla con un ladrillo, observando al hombre dormir con la cabeza vendada por haber regresado del hospital, sacando su navaja de su bolsillo…

Cuando la rubia de rastas vio salir a su novio del lugar con el pene cercenado de su abusador, le miró con preocupación.

—Pero, Bill… ¿Y si llama a la policía? —preguntó Tomi, sintiéndose preocupada porque alejaran a Bill de ella.

—No podrá hacerlo porque le rompí el ladrillo en la cabeza —soltó Bill con una sonrisa.

Tomi le correspondió a la sonrisa, y lo besó, botando el pene del violador al suelo, ambos sabían que no era lo más saludable y que castrar y asesinar a alguien era un delito, pero se regían bajo las leyes de supervivencia del orfanato, donde sólo el más fuerte vivía, y que nadie vería por ti, por lo que debían tomar justicia por mano propia, así que Tomi consideraba esto un acto de amor, y Bill lo había hecho para demostrarle que la protegería siempre, porque la amaba y era capaz de asesinar a quien quisiera hacerle daño alguno.

Luego de ello es que se mantuvieron juntos, buscando trabajo de lo que se pudiera, cualquier sitio que aceptara a menores de edad trabajando para ellos, pero nunca separados, ya lo tenían bien en claro, que jamás podrían separarse. Bill amaba a Tomi, y viceversa.

Por lo mismo de ser menores de edad con dinero por estar trabajando, no tenían la mejor administración monetaria, por ello es que se solían gastar el dinero en tatuajes o piercings, comiendo porquerías o durmiendo en asilos para vagabundos, para no lidiar con el alquiler que sí o sí pedían que uno fuera mayor de edad con una identificación que lo probara, por lo que ellos o dormían en parques, en asilos para vagabundos o debajo de un puente.

Ambos empezaron a tener sexo en toda regla, en algo que no fueran jugueteos con sus manos o frotarse, a sus quince años, sólo que no siempre podían costear los condones, así que Bill se corría fuera para evitar que Tomi se embarazara, y ellos en su ignorancia creían que con ello se garantizaba el que la muchacha no quedara embarazada.

Sin embargo, a sus dieciséis años es que lo supieron, cuando Tomi engordaba y no paraba de vomitar, que la rubia estaba embarazada.

Ambos tuvieron miedo, y decidieron ahorrar, dejando de lado todos sus gustos adolescentes, que no querían abortar, por más que sabían que sería lo más sensato. Porque el abortar, implicaría de algún modo rechazar el amor que se tenían, la unión de ambos en ese pequeño ser… Y pensar en abandonarlo, tal cual hicieron con ellos pues no era una opción. Así que tendrían a su bebé, pensando que sea como sea querían darle lo mejor a su hijo, que nacería cuando ambos tendrían diecisiete años.

Bill no quería que Tomi trabajara embarazada, así que decidió inscribirla en una escuela con cursos acelerados, para que se entretuviera en ello, mientras que él tenía tres trabajos con tal de conseguir más dinero para su hijo y ella.

Sólo que ambos no sabían lo que hacían, ni sobre cuidados prenatales, ecografías ni nada, por lo que Tomi no llevó un control sobre su embarazo, más que el cuidado que le daba Bill dándole comida, y acariciándole la barriga mientras la besaba antes de dormir.

Bill tuvo que alquilar un cuarto pequeño para este punto, consiguiendo una identificación falsa porque no podían dormir en la calle como antes.

Conforme pasaban los meses, la panza de Tomi se hacía más grande, con ella jugando con sus dedos por encima, sonriéndole a Bill.

—Si es una niña que se llame Nicole, y si es varón Fabian —soltó Thomasin feliz, en lo que Bill salía de la ducha cansado luego de un día arduo de trabajar en tres sitios para tener más ingresos para su amada.

—Suena hermoso, Tomi —cedió Bill, dándole un beso antes de ponerse la pijama y acurrucarse a su lado, haciéndole cucharita para caer rendido, de todas formas aferrado al vientre de su novia, soñando con la familia que tendrían los tres, tal cual habían pensado cuando eran más niños, y cómo es que se casarían cuando fueran mayores de edad.

Soñaba con ello, incluso con el agotamiento del trabajo, esperando que su bebé se pareciera a Thomasin, que fuera tan hermoso como ella.

Entre los muchos problemas que podrían tener al ser padres adolescentes, y sin ningún adulto que los apoyara, ni familia ni nada. Era que no contaban con un seguro, por lo que cuando Thomasin empezó a sangrar de madrugada, y Bill la llevó de emergencia al hospital más cercano, en la motocicleta que había conseguido de segunda para poder movilizarse, es que… No quisieron darle atención prioritaria por no tener seguro y ser muy jóvenes.

Cuando Thomasin dio a luz a un bebé varón, terminó muriendo desangrada en el parto por la poca consideración que tenían con gente como ellos.

Bill no lo supo, sólo que le dieron a su bebé, que era idéntico a su novia, y diciéndole que había muerto al dar a luz, pero que tenía que firmar a su hijo e irse, porque con lo que tenían no les alcanzaba ni para atenciones para su recién nacido.

Bill entre lágrimas firmó el certificado de su hijo, pensando que Thomasin quería que se llamara Fabian, pero su Tomi ya no estaba con él, ni siquiera le dejaban despedirse de su cuerpo ni nada, cuando se prometió protegerla por siempre, y ahora… No volvería a ver a su amada jamás, Thomasin siempre tendría diecisiete años, y Bill tendría que hacerse cargo solo de su pequeño, el cual era rubio y con las facciones de su mujer, así que decidió que no se llamaría Fabian, sino Thomas, Tom, Tomi, tal cual su mamá.

Besó a su pequeño Tom en la frente.

—Yo a ti siempre te amaré y cuidaré, te lo juro, Tomi, siempre, siempre lo haré —le prometió Bill a su hijo, quien bostezó, ajeno a la tristeza de su padre.

Bill no podía amenazarlos con la navaja para que al menos le dieran el cuerpo de su novia, no con Tomi entre sus brazos, así que decidió obedecer e irse, a sabiendas de que siendo menor de edad Thomasin, sería usada para donación de órganos porque también era huérfana y nadie vería por ella.

Bill afianzó la manta de su hijo contra su pecho, y se fue con él en su motocicleta, decidiendo que él le hablaría siempre a Tom sobre su mamá, lo genial y grandiosa que había sido, le mostraría todas las fotos que tenía con ella, y le diría a Tom que siempre fue amado.

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Tener que ser padre soltero era duro, los primeros meses, tuvo que vivir a base de sus ahorros, porque no podía dejar a Tomi solo, necesitaba darle su fórmula, cambiarle los pañales, sin embargo, el dinero se iba agotando, así que luego tuvo que buscar trabajos donde lo aceptaran con él, pero Bill se las arregló, decidiendo que no volvería a robar, ni hacer nada ilegal, porque tenía que encaminar su vida por su pequeño Tom.

Tom conforme iba creciendo, aprendiendo a hablar y todo, teniendo como primera palabra “papá”, no siendo algo sorpresivo ya que sólo tenía a Bill, es que era un niño muy amado por el pelinegro, quien lo consentía con lo que podía, y bueno, no les alcanzaba para que Tom tuviera su propio cuarto, ya que en sí estaban en un monoambiente con sólo una cama, así que Tom siempre dormía con su papi, desde bebé, hasta niño.

Bill terminó la escuela a distancia, ya que necesitaba tener un trabajo más estable, y no podía conseguirlo sin haber terminado la escuela al menos.

Luego es que estudió una carrera técnica que costeaba el Estado, siendo técnico electricista, con lo que si bien no era una carrera universitaria, sí le servía para poder trabajar, aunque igualmente tenía otro trabajo también, como tatuador, con el que también ganaba más ingresos.

Igualmente llevaba siempre a Tomi consigo, el cual a sus seis años estaba sumamente feliz de que su papi lo llevara a todos lados.

—No es un buen ambiente para tu hijo que lo tengas aquí, donde la gente fuma, bebe, se tatúa o hace piercing —comentó uno de sus clientes.

—O lo traigo conmigo o se queda solo en casa. Mi prioridad es cuidarlo siempre, así que por favor, le pido que no se meta —respondió tajante Bill.

Tomi observó cómo es que el cliente de su papi se callaba, y continuó coloreando su dibujo mientras su papi terminaba de tatuarlo.

Tomi siempre había sido un niño muy observador y atento a todo en su ambiente, y siendo el niño más feliz del mundo, incluso si no tenía las cosas materiales que poseía el resto. Él consideraba que tenía lo más valioso del mundo: el amor de su papá.

Tomi era el centro del mundo para Bill, cantándole, jugando con él, preparándole comidas que incluso no sabían tan bien porque recién Bill iba buscando las recetas para cumplirle sus antojos, o engreirlo.

Por más que para este punto, ya estaban en un departamento que no fuera un monoambiente, en un mejor sitio, con su propia habitación, Tom igualmente iba a dormir con su papi, aunque a veces Bill le pedía que Tom durmiera en su cuarto, haciendo que Tom pusiera un puchero.

—Es que, Tomi, tienes que entender que a veces papi necesita dormir solo. ¿No te gusta tu habitación? ¿Hay algo que te moleste, algún monstruo que tenga que espantar? —inquirió Bill, acariciándole los cabellos largos y rubios de su pequeño, y Tom negó.

—No me gusta porque no estás ahí, papi. Yo quiero dormir siempre contigo —dijo Tom con expresión triste, porque él muchas veces inventaba que tenía monstruos en su cuarto para que su papi fuera arroparlo, asustándolos, y contándole cuentos o canciones, a veces Bill quedándose dormido al hacerlo, sin embargo, Tom quería sentir a su papi, su olor lo calmaba, y se sentía muy protegido al ser abrazado por su progenitor.

Bill acarició las mejillas de su hijo, y le besó con cariño la frente.

—Yo sé, Tomi. Pero estás creciendo, ratoncito, así que también tienes que dormir solo, porque soy tu papá que te ama, sin embargo, debes tener tu propio espacio como un niño grande que eres, ya vas a la escuela, Tomi. ¿O acaso tus compañeritos también duermen con sus padres? No lo creo, ratoncito —comentó Bill, sin dejar de acariciar las mejillas de su pequeño.

—Sus padres duermen con su madres —farfulló Tom, que era consciente de que él no tenía madre porque había muerto con su nacimiento, ya que su papi siempre le decía que ella lo amaba donde fuera que esté, que era la mejor mujer del mundo, la más hermosa, y que la adoraba incluso ahora.

Bill lo miró con expresión dolida. —Mami te cuida desde donde sea que esté, Tomi. Y ella siempre será la mujer de mi vida, sólo que la muerte me la arrebató, y por eso duermo solo.

—¿Por qué no puedo tomar el lugar de mamá y dormir contigo? —inquirió Tom, haciendo un puchero.—Si siempre me dices que me parezco a ella, papi, entonces puedo ser mamá y dormir a diario contigo.

Bill parpadeó confundido. —No, Tomi, no es así como lo dices —corrigió el mayor—. Tu mami era mi novia, iba a casarme con ella, era mi mujer, y claro, eres igual a ella porque eres nuestro hijo y saliste como tu mami, pero no significa que puedas tomar su lugar, Tomi. Yo te amo más que a nadie, pero eres mi hijo, mi bebé, mi niño, y yo soy tu papá, los papás no pueden estar con sus hijos como están con las mamás.

—¿Por qué no? —preguntó Tom, frunciendo el ceño y haciendo más notorio su puchero.

—Porque eres mi sangre, vienes de mí, ratoncito. Mira, sólo… Ponte el pijama y vamos a dormir, ¿está bien? No será diario, Tomi —cortó Bill, no queriendo ahondar en el tema del incesto porque su hijo sólo necesitase cariño al dormir acompañado, Bill sabía que Tom había crecido con carencias, aparte de las económicas, en el sentido de que sólo eran los dos, y que no tenía una mamá, así que vio al pequeño sonreír e irse corriendo a ponerse su ropa para dormir.

Tom sólo estaba siendo inocente al hablar así, ¿verdad? Bill no tenía que preocuparse por ello.

Así que cuando se fueron a dormir, con Tom abrazado al pecho su papá, es que durmieron plácidamente. Bill no podía negar que si bien había muerto el amor de su vida, aunque siempre la tenía presente en su corazón, el dormir abrazado a Tomi lo reconfortaba bastante, porque su hijo era su adoración, era su todo, la razón por la cual seguir, su motor y motivo, ya que si bien no pudo vivir un luto como tal para Thomasin, sin ni siquiera tener un cuerpo qué enterrar, y con un recién nacido del cual hacerse cargo, pues igualmente Bill no se arrepentía de ello, es decir, había sido duro ser padre adolescente sin familia, aquello era más que claro, pero también el tener a su hijo le daba fuerzas, ya que no le permitió que se dejara vencer por pensar que ya no tenía a su Thomasin.

Tomi era la extensión del amor que tuvo con su otra Tomi, y ver sonreír a ese bebé incluso con sólo encías desde tan pequeño, o el que ese ser lo necesitara tanto que él no podía tener tiempo para analizar lo miserable que era, Bill tenía que luchar por él, y por su bebé, y jamás pensar en abandonarlo tal cual hicieron con él, o con Thomasin, no. Bill no quería que su hijo pasara lo que él nunca.

Así que fue difícil, frustrante también, no sólo por no tener ni idea de nada de lo que significaba ser padre y no contar con alguien que lo guiara o algo, eso sin mencionar que cuando Thomasin murió, con ella también su vida como hombre, sólo podía ser papá, porque si bien tenía muchachas, e incluso chicos, que se le habían insinuado, era difícil porque antes no tenía ni el espacio ni tiempo, porque vivía y dormía con Tom, por lo mismo no podía exponerlo a llevar a alguien a follar en la misma cama donde dormía con su hijo.

Ahora Tom estaba más grande, sí, seis años y en la escuela, con un lugar más grande, y con más espacio… Pero sí le daba un poco de inseguridad el pensar en acostarse con alguien, ya que su primer todo fue Thomasin, y no creyó tener que tener sexo con alguien más, porque Bill quería casarse con ella, tener hijos, y nunca separarse. Sin embargo, bien decía la frase que uno no debía hacer planes porque el Diablo se reía de ellos, y así era cómo Bill había dejado de ser hombre para sólo ser papá.

No obstante, a veces sí necesitaba desfogar, por lo mismo quería que su pequeño Tom le diera noches libres para poder masturbarse al menos. Sólo que no podía explicarle eso a su hijo de seis años. Bill era muy cuidadoso con eso, cuando conseguía que Tom se durmiera en su cuarto, se iba al suyo, donde veía fotos de Thomasin mientras se la jalaba, o a veces un poco de porno con audífonos, lo que sirviera para liberar aquella tensión que ya eran seis años sin tener sexo, porque con su mujer tuvieron sexo hasta antes de que naciera Tom.

Bill se ponía a pensar que tal vez ya era momento de empezar a salir con alguna persona. Incluso quizá alguna mujer que estuviera dispuesta a aceptarlo con todo y su hijo, porque no quería negar a Tomi, era su prioridad, quien se fijara en él tenía que aceptarlos a ambos. ¿Tal vez sería la oportunidad de ver si podía darle una madrastra a su hijo? Aunque Bill sabía que nadie podría ocupar el lugar de Thomasin jamás, porque ella era y seguiría siendo el amor de su vida, la madre de su hijo, y… Nunca podría superarla, aunque ya tuviera veintitrés años, y su Thomasin siempre tendría diecisiete, Bill no podría olvidarla, la hermosa rubia salvaje de rastas jamás se saldría de su mente ni corazón, Thomasin siempre sería su hogar, y al menos agradecía que le quedaba parte de su hermosa novia en su pequeño Tomi.

Continúa…

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por Kasomicu

Escritora del Fandom

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