Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 43

El aire helado de la noche me da en la cara. He estado en el bar toda la mañana, metido en el alcohol, bebiendo para olvidar, pero no hay manera. La brisa no me ayuda a aclarar las ideas. Me tambaleo un poco y me acerco a la acera para hacer autostop .

—¡Taxi! Necesito un taxi— murmuro con voz arrastrada.

Levanto la vista y veo las luces de un coche que se acerca. Agito la mano torpemente y, para mi suerte, el vehículo se para delante de mí. —¿A dónde, amigo?— pregunta el taxista con tono neutro mientras me subo al asiento de atrás.

Le doy la dirección del edificio con voz cansada y me dejo caer en el asiento, apoyando la cabeza contra la ventanilla. La ciudad de Los Ángeles parpadea ante mis ojos en un paisaje borrón de luces borrosas y ruido lejano. Me paso una mano por la cara, intentando ordenar mis pensamientos, pero solo encuentro el eco de la voz de mi chico en mi cabeza. Joder, ¿qué importa si me hirió con sus palabras?

Lo que quiero ahora es llegar al piso, empotrarlo contra la pared, hacerle el amor y escucharle gemir porque tengo unas ganas tremendas de tenerlo sobre mí ahora.

El taxi se detiene. —Hemos llegado— anuncia.

Abro los ojos con dificultad. Saco unos billetes y se los paso al taxista sin mirar cuánto le doy, y me bajo tambaleándome. Entro al edificio sin prestar atención a la recepcionista, que me saluda cortésmente y yo ni caso. El ascensor sube lento, o puede que sea yo quien siente que el tiempo se ha vuelto pesado, como si el aire mismo quisiera asfixiarme. Apoyo la frente contra la pared metálica y cierro los ojos.

El ascensor llega al antepenúltimo piso y salgo un poco tambaleándome. Camino por el pasillo iluminado con luces frías hasta mi apartamento. Mis pasos resuenan en la moqueta, mi respiración es un eco solitario. Meto la llave en la cerradura, giro y entro. Y ahí lo veo; juro que mi entrepierna palpita al instante, así muestra su felicidad. Está sentado en el sofá con un libro en las manos, pero ni siquiera lo está leyendo; solo lo sostiene como si su mente estuviera en otro sitio. Levanta la vista en cuanto cierro la puerta y su ceño se frunce al momento.

—¿Dónde demonios estabas?— su tono es duro, afilado como una navaja. Se levanta de inmediato, dejando el libro a un lado —¡Te fuiste sin decir nada! ¡Estaba preocupado! Me la pasé toda la mañana llamándote, enviándote mensajes y nada. ¡No atendías mis putas llamadas, Tom! ¡nada!

Lo miro y no puedo responder. Sigue enfadado. Su pecho sube y baja con fuerza, su mandíbula está tensa, pero solo puedo pensar en lo guapo que está. En cuánto lo amo. En cuánto lo necesito. Doy un paso hacia él. Mi chico me mira con el ceño aún más fruncido.

—¡¿Y no me vas a responder Tom Trümper?!— va a soltar otro reproche pero no lo dejo.

Alzo las manos y le agarro el rostro entre ellas. Está tibio. Vivo. El aliento se me atora en la garganta cuando mis pulgares rozan sus mejillas. Él parpadea sorprendido pero no le doy tiempo a decir nada y lo beso. Fuerte. Desesperado. Porque lo único que quiero ahora es aferrarme a él y olvidar esas palabras tan feas que rompieron mi corazón que tanto lo ama con locura.

Necesito sentirlo, saber que aún me quiere.

Pero en cuanto el beso se rompe, su expresión cambia. Veo sorpresa en sus ojos seguida de desprecio silencioso. Me separa bruscamente empujándome suavemente con las manos mientras su rostro se arruga en desdén. —¿Has estado bebiendo, Tom? ¿con quién? Hueles a mujer, ¿estabas con alguien, mmm?— me echa en cara claramente disgustado por el olor a alcohol que seguro me envuelve como una nube junto al seguro perfume de aquella chica que se me subió encima.

Asiento con la cabeza algo avergonzado, pero el dolor aún arde en mí como una herida abierta. —Sí, he estado bebiendo— admito con una pequeña sonrisa triste —Pero… solo porque me dolió lo que me dijiste antes, Billie bebé. Me rompiste el corazón, eh.

Suspiró pesadamente, su mirada cambiando de enfado a algo más suave, pero aún claramente afectado. —Lo siento por todo lo que te dije— su voz se suaviza —Yo… estaba cegado por el miedo que sentía, no pensé con claridad, y mis cambios de humor tampoco ayudan, ¿sabes? Me arrepiento de todo lo que te dije, no era mi intención hacerte daño con mis palabras. De verdad lo siento, cariño…

—¿Me sigues queriendo, Billie?— pregunto, temeroso de lo que pudiera decir.

Él se altera al instante, sus ojos se abren como si estuviera herido por mi duda. —¿Cómo se te ocurre preguntar eso? ¡Claro que te quiero! Eres el amor de mi vida, Tom.

—¿Sí?— mis labios se contraen en un puchero involuntario, o creo que es el licor que corre por mis venas que me hace actuar así. Él asiente lentamente, suavizando un poco sus bonitos rasgos.

—Yo te quiero, mucho… solo estaba un poco… mejor dicho— suspira —No era yo.

Siento un alivio repentino al escuchar esas palabras, pero la tormenta no ha pasado. Aún hay algo que necesito decirle, algo que no puedo guardar para mí. Me acerco más a él, tocando su rostro, buscando consuelo. —Te quiero, Billie bebé. Eres… mi morenito precioso, mi Rey, mi corazón, mi chiquibaby, mi terroncito, te quiero mucho— susurro en su oído con mi voz arrastrada. —Y al bebé que llevas dentro.

En ese momento acaricio su vientre porque realmente me emociona la idea de tener un hijo y más si es de él. De la persona que más amo en este mundo.

—No estoy listo para ser papá, Tom— su voz tiembla, como si le costara admitirlo. —No sé si podré…

Lo tomo de la mano y lo miro a los ojos, luego le acaricio las mejillas con delicadeza. —No te voy a dejar solo, Billie— mis palabras son firmes como un juramento. —Yo quiero ser padre. Quiero estar a tu lado. Te apoyaré en todo durante este embarazo, lo prometo. Te prepararé toda la comida asquerosa que quieras, te mimaré más y haré el amor contigo las veces que quieras y cuando nazca prometo castigarle por hacerte comer esas mezclas horriblemente asquerosas.

Mi moreno me mira y ríe suavemente; una sonrisa se dibuja en sus labios a pesar de todo. —Hablemos de eso mañana, cuando estés sobrio, ¿vale?

Asiento con la cabeza sintiendo cómo mi pecho se alivia un poco. Lo abrazo sintiendo la calidez de su cuerpo y el latido de su corazón cerca del mío. Sin decir nada más lo beso de nuevo, esta vez más suave, buscando la paz que ambos necesitábamos aunque sabíamos que la tormenta aún no había terminado. Mis manos se deslizan por su espalda hasta sus nalgas y las agarro con ganas.

—Tengo tantas ganas de follarte ahora mismo— le digo y él suspira mientras suelto su boca y empiezo a lamer su cuello —¿Podemos hacerlo ahora, amor?

—Humm… ¿qué estabas haciendo además de beber para estar así? Y no me dijiste si estabas con alguien o no— pregunta contra mis labios cuando rozo mi entrepierna dura con la suya.

—No estaba con nadie…

—No te creo— me dice entre jadeos y yo sonrío.

—En serio, amor. No estaba con nadie— muerdo la piel de su cuello y él se estremece en mis brazos —Mmm… es que cuando pienso en ti mi pene se emociona— le respondo y él ríe contra mis labios. No puedo estar enfadado con esta cosita; es mi todo y le perdono lo que sea. —¿Qué tal si vamos a la habitación y nos reconciliamos oficialmente?— le pregunto separándome para verle a los ojos —Mi polla extraña tu culo, ¿sabes?

—Solo han pasado tres días desde la última vez…

—¡Por eso! ya lo echa de menos.

—Bueno…— suelto sus nalgas y lo tomo de las piernas para alzarlo. Él me besa y así, conociendo ya el camino a la habitación, entramos a ella y lo tumbo en la cama con cuidado; no sé si sea bueno tener sexo con él embarazado pero, estoy cachondo joder, necesito calmar mis ganas —¿Vas a hacerme gritar como aquella noche en el restaurante?

—Como todas las veces que te hago el amor querrás decir— él ríe ligeramente —Eso significa que te gusta como te lo hago, ¿mmm?— me inclino para subirle la sudadera blanca y holgada que lleva puesta y que, obviamente, es mía. Le llega a los muslos y mierda, que precioso se ve con sus piernas largas al descubierto.

—Nunca he dicho lo contrario.

Alza sus brazos para que pueda quitarle la sudadera y cuando queda sin ella continuo con los boxers, lo dejo desnudo ante mí con su miembro semi duro y sonrío. Yo nunca me cansaré de verlo, es que su cuerpo es tan… Dios, ¿como lo explico? —¿Quieres que está noche te haga llorar del placer?

—Oh, por favor, sí…

Ante su respuesta mi pene se endurece más, —Abre más las piernas, mi amor— él me obedece y con la vista que tengo, me levanto y comienzo a quitarme la ropa torpemente porque aún sigo atontado por el alcohol consumido. Me sitúo entre sus piernas y tomo mi miembro en mi mano —Tócate junto conmigo— él vuelve a obedecer.

Veo como agarra su miembro y comienza a jalarlo ante mis ojos como igualmente lo hacía yo, sus labios se entreabren ligeramente y sus ojitos se achinan. Me encantan sus expresiones de placer, me gusta ver en su rostro las reacciones de la excitación que siente, de las sensaciones, ver como sus piernas tiemblan ligeramente, como los deditos de sus pies se contraen. Sus expresiones eróticas solo me vuelven loco y al no poder controlarme, suelto mi pene para dedicarme a hacerle sentir bien a él.

Me levanto y sin dejar de verlo saco del cajón de la mesita de noche un bote de lubricante con sabor a cereza, tiene un olor exquisito y lo compramos hace menos de una semana. Otras cosas que compramos o mejor dicho, «compré» «porque mi moreno no supo que los tenía sino hasta que llegamos a casa» fue un vibrador anal. Aún no lo usamos porque a él le parece innecesario, pero está noche no lo dejaré pasar.

Me dirigí al clóset y saqué la caja de cartón dónde venían un par de zapatos antes, saqué el vibrador y el pequeño mando. Billie me mira expectante.

—¿Vas a usar eso? ¿es en serio?

—Cállate, ¿en que momento te dije que podías dejar se tocarte, mmm?— él relame sus labios y sigue con lo que dejó a medias mientras yo me acerco a él —¿Sabes de qué me dí cuenta en estos días, mi amor?— le pregunto y él niega con la cabeza —de que te encanta cuando te hablo así mientras te penetro fuerte. Te fascina, te pone cachondo y eso me encanta a mí…

—Mhgmm…

Muerdo mi labio inferior y unto algo de lubricante en el vibrador de silicona negro, tiene forma de cuentas y una base en forma de ancla. Viene con un control remoto pequeño y negro con el botón de encendido, y otros dos para la velocidad. Al tenerlo listo dejo el lubricante a un lado, aparto la mano de mi moreno de su entrepierna con suavidad mientras meto el vibrador en su ano, el cuál entra con facilidad y resbaladizo por el lubricante.

—¿Qué se supone que hace esa cosa?— me pregunta mi chico con la respiración agitada, su pene está rojito por la estimulación y brilloso.

—Vibra— es lo único que le respondo.

Entonces, enciendo el vibrador y este comienza a vibrar en su configuración predeterminada, que es la más baja. Mi novio frunce ligeramente el ceño y, oprimo el botón de la intensidad para subirla al nivel medio, él cierra sus ojos y echa su cabeza hacia atrás mientras el vibrador hace lo suyo. Finalmente lo dejo en la intensidad más alta que es la más rápida y potente.

—Ay, joder…— gime con embeleso —Hugmn…

Manejo el vibrador de adentro hacia afuera, penetrándolo mientras lo siento vibrar en mi mano. Mi novio se retuerce y sus cejas se fruncen mientras hago movimientos circulares con el vibrador dentro de él.

—Tss… T-tom, joder…— entreabre sus ojos y me mira —Me estás matando, humm.

—Me dijiste que no querías tener un hijo de un delincuente— comento y él muerde su labio inferior —Me echaste en cara lo mierda que soy y eso no me gustó, ¿sabes? Me enojé y me entristecí mucho, mucho, mucho y sin embargo, aquí estoy porque no soy capaz de estar molesto contigo. Pero…— saco el vibrador al darme cuenta que está por correrse para evitarlo —…ahorita quiero que me pidas perdón.

—Me disculpé, ¡Mhmmm!— exclama cuando meto mi pene en su agujero sin previo aviso, su espalda se arquea mientras comienzo a moverme dentro suyo.

—Quiero que lo hagas de nuevo. Conténtame, morenito, porque me heriste horriblemente.

—¡Oh, dios! ¡Lo siento! ¡perdóname por las cosas feas que te dije, amor!

—¿Fueron verdad?

—¡Mmmm, no! Sabes que te amo, nunca me importó esa parte de tu vida, mucho menos que seas un criminal, lo sabes, lo sabes— gime desesperadamente por la forma en que arremeto con fuerza dentro suyo —Sí quiero tener hijos contigo, sí quiero formar una familia contigo solo que… mierda, ¡ohgm..! no estoy listo para tener un bebé ahora…

Un hilito de saliva se escurre por la comisura de sus labios y sus ojos acuosos, un par lagrimitas resbalan por sus sienes, está tan perdido en su placer y yo no me quedo atrás. Me encanta la forma deliciosa en la que mi pene es apretado por su estrechez, jadeo incontables veces mientras lo embisto con desespero. Es tan exquisito, me encanta como todo se acumula en la punta de mi polla y me hace estremecer. Mi moreno abre más sus piernas, mi miembro toca su punto dulce varias veces y eso le hace sobresaltarse de vez en cuanto por los espasmos.

Rápidamente salgo de él y lo acomodo en una posición que le hará ver las putas estrellas. Como está acostado boca arriba le elevo las piernas y las flexiono contra su pecho. Me posiciono mejor de rodillas entre sus piernas, sujetando las suyas para ponerlas en mis hombros y mantenerlas en esa posición mientras me inclino ligeramente hacia adelante.

—Déjame ver cómo te entregas a mí…— susurro contra sus labios, perdido en el éxtasis por las ansias que tengo de enterrarme dentro suyo de nuevo —Pídelo, dímelo con esas ganas…

Él suspira —Tómame como quieras, papi… soy todo tuyo— me dice.

Sus palabras me enloquecen y sin aviso alguno me hundo en su interior sintiendo la calidez de sus paredes internas abrazando y estrechando a mi polla, expulso todo el aire en mis pulmones y comienzo el vaivén de forma rápida, intensa, llegando profundo en él. Su boca se abre y su ceño se frunce, aturdido porque toqué su punto G al instante; tiene esas expresiones que me matan «literalmente.»

—¡Dios sí! ¡Oh, madre mía! ¡mierda! ¡Ufff!

—¿Te gusta mi amor? Dime qué te encanta, ¿sí?

—¡Mmmm! ¡me encanta, joder, no te detengas!— exclama entre jadeos. Esbozo una sonrisa lánguida, siento escalofríos en todo mi cuerpo, los espasmos que me impulsan a acelerar las penetraciones para correrme de una vez, nuestros cuerpos están bañados en sudor, chocan y ese sonido junto a nuestros gemidos se oyen en toda la habitación.

—Ah, ahm… amo esto, amo hacerlo solo contigo— ¿que necesidad había de contarle sobre aquella mujer, si no fue ella la que me puso cachondo, sino haberlo imaginado a él en su lugar? Willem es el amor de mi vida, no quiero hacerle el amor a nadie más que no sea a él —Me encantas, moreno.

—Me encantas aún más, no pares, ¡Ngh!

Sus gemidos, sus suspiros, sus susurros. Amo cada sonido que sale de sus labios, es música para mis oídos, la mejor melodía que he escuchado nunca. La segunda que amo es cuando lo escucho tararear en la ducha, solo puedo decir que su voz es preciosa, la amo, así como lo amo a él y a su trasero.

Mis labios se encuentran con los suyos con una fuerza que ni siquiera puedo controlar. El beso es urgente, como si no tuviera tiempo para nada más. Su aliento se mezcla con el mío, caliente y entrecortado, y el roce de nuestras lenguas es un juego al borde de la locura.

Siento cómo se entrega a mí con cada movimiento, cómo su boca responde a la mía con hambre, con esa misma necesidad que siento quemándome por dentro. No quiero solo besarle, quiero algo más. Mis dientes rozan su labio inferior, mordiendo suavemente, sintiendo cómo su cuerpo se tensa al instante, como si me deseara más. Un suspiro se escapa de su boca, y eso me impulsa a ser más atrevido.

Succiono sus labios sintiendo el sabor metálico de la sangre que resbala de una pequeña fisura que quedó gracias a la mordida que le di, y su reacción es inmediata. Un gemido bajo sale de su garganta, tan sensual que casi pierdo el control. Mis labios no se separan de los suyos, pero ahora quiero marcarlo, quiero que sepa que es mío, que no puede escapar de mi nunca.

Le muerdo nuevamente, más fuerte, sintiendo cómo su piel reacciona, cómo su respiración se vuelve más irregular. Se aparta ligeramente de mí, pero solo para mirarme con esos ojos brillantes, desbordados de deseo. No puedo evitar sonreír mientras lo vuelvo a besar, más profundo esta vez, sabiendo que no hay marcha atrás. Este beso es todo lo que somos, todo lo que deseamos, y cada mordisco y succión que doy a sus labios es una declaración de lo que quiero, de que me pertenece.

—Tom…— suspira —Humm…

—Te amo— le susurro mirándole a los ojos —No vuelvas a echarme en cara la vida de mierda que tengo, ¿entendido?

—Hujum…— jadea asintiendo con la cabeza, pero no me es suficiente.

—Dilo, dime qué no lo volverás a hacer…

—Ahm, Tommie… no lo vuelvo a hacer, te lo juro— responde cerrando sus ojos, de su boca sale un gemido y acto seguido siento como su semen salpica mi abdomen, él ha conseguido llegar al orgasmo y siento como contrae su esfínter por los espasmos y solo con eso logro correrme dentro suyo, como siempre he hecho y me encanta hacer. Me gusta la idea de llenar todo su culo de mi esperma, mierda. ¿Qué si soy irresponsable? No tengo cabeza para pensar en eso mientras estoy al borde de la locura y placer.

—Mhmm…

—Uoh…— jadea abriendo un poco sus ojos llorosos mientras salgo de él lentamente y dejo un beso en su frente, nos acomodamos al instante en la cama cubriendo nuestros cuerpos con las sábanas. Se acurruca en mi cuerpo poniendo su cabeza en mi pecho —¿Sabes, Tom? Siempre he tenido una manía con esas chicas que se quedan embarazadas por ser irresponsables y terminan abortando. Siempre las he visto como las malas, ¿por qué no se cuidaban?, ¿por qué hacían tal barbaridad? Eran y son tan crueles— me quedo en silencio, escuchándolo.

No sé a qué se refiere con lo que quiere contarme, pero sé que es por lo que ha pasado esta mañana.

—Nunca me ha gustado eso del «aborto» y es irónico, porque ahora soy yo el cruel— dice —Ahora soy yo el irresponsable que no quiere hacerse cargo del bebé que crece en mí, y es que tengo tanto miedo…

—Lo sé, cariño— le respondo finalmente al escuchar cómo su voz se quiebra poco a poco —Pero… no deberías, ¿quieres saber por qué?

—¿Por qué…?— esnifa.

—Porque yo estaré contigo, mi vida.

Mi moreno solloza un poco más fuerte, y yo lo abrazo con cuidado, acariciando su espalda. Se aferra a mi camisa como si en cualquier momento fuera a desaparecer. —Lo siento… de verdad lo siento, Tommie. No sé en qué estaba pensando al querer deshacerme del bebé, pero estaba tan desesperado.

—Lo sé, amor, lo sé. Y no tienes que disculparte— susurro para consolarle —Es normal que sientas miedo, pero nunca estarás solo en esto. Además, voy a consentirte en todo lo que quieras.

Mi chico asiente contra mi pecho, y yo beso su cabeza, sintiendo su respiración entrecortada. Después de un momento, levanta la cabeza y me mira con esos ojos hermosos hinchados y yo le sonrío —Tommie…

—¿Sí?

—¿Qué quieres que sea? ¿Niño o niña?

Mi corazón da un brinco. Hace apenas unas horas, mi moreno hablaba de deshacerse del bebé y ahora está considerando el futuro. No puedo evitar sonreír como un idiota. —Oh… un niño— respondo con seguridad.

—¿Por qué?— pregunta con curiosidad.

—Para que cuando crezca pueda enseñarle a ligar y ser tan irresistible como su padre.

Mi morenito pone los ojos en blanco y me da un golpecito en el hombro. —No, en serio, amor.

—Vale, vale… también me gustaría que fuera niña. Así heredaría tu belleza y rompería corazones por donde pase. Sería tan guapa, igual que tú…

—Genial, una rompecorazones y un ligón en potencia, justo lo que el mundo necesita— bromea mi hombrecito rodando los ojos con una sonrisa.

—Así es, moreno— le digo —Aunque tendré que regañarlo o regañarla por hacerte tener esos antojos raros que podrían matarte; todas esas combinaciones no son normales, bebé.

—Exageras…

—Eso dices ahora, pero cuando me hagas salir a las tres de la mañana a buscar helado de un sabor que ni siquiera existe, sabrás que tengo razón— él ríe y yo lo atraigo de nuevo a mí para abrazarlo. —Pero espera… ¿esto significa que lo vas a tener?— mi moreno asiente lentamente —Entonces déjame celebrar como se debe. Vamos, dime que estás embarazado…

Me mira con diversión y suelta un suspiro dramático, como si estuviera cediendo ante mi petición absurda. Luego se lleva las manos al vientre con una expresión fingidamente solemne. —Tommie… me he hecho una prueba y… estoy embarazado.

Pongo cara de sorpresa exagerada, llevándome las manos a la boca como si acabara de recibir la noticia más impactante del mundo. —¡¿En serio?!— exclamo, abriendo los ojos como platos.

Mi moreno asiente con una sonrisita traviesa. —Sí, voy a tener un bebé; seremos papis— dice poniéndose en plan dramático.

—¡Oh Dios mío!— grito llevándome las manos a la cabeza como si apenas estuviera procesando la noticia —¡Voy a ser papá! ¡No puedo creerlo!

Mi hombrecito suelta una carcajada y me da un golpecito en el pecho. —Idiota, ya lo sabías; ¿por qué todo esto?

—Porque ahora sí puedo celebrarlo como se debe— le digo antes de envolverlo en un abrazo fuerte y besarlo en los labios. Su risa llena la habitación y no puedo evitar besarle la frente con puro amor. —Te amo, morenito— murmuro contra sus labios.

Él se aferra a mi cuello y suspira. —Yo también te amo, tontito.

Y en este momento sé que todo estará bien. Porque todo estará bien, ¿verdad? Oh claro que sí…

¿Sí?

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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