Fic TWC de Kasomicu

Capítulo 6: 18 años

Estaban de tour y su tenían un bus especialmente para ellos. Gustav y Georg por un lado, Tomie y Bill por el otro. Ella prefería dormir en su cama de hotel, mientras les dejaba a los chicos la incomodidad de compartir cuarto y demás pero era lo que tocaba.

No se habían detenido. Después de haber cruzado la línea habían tenido encuentros casuales, sin besos, sin palabras de por medio. Simple sexo. No hablaban sobre ello y actuaban como si no tuviera la más mínima importancia, gran mentira, ambos solo habían conseguido compenetrarse más y hacer de su relación aún más estrecha de lo que ya era.

Había algo que se había roto, como cuando Tomie se besaba con Andreas, o como cuando Bill comenzó a salir con chicas, ese algo provocaba que ambos no pudiesen salir de su ensimismamiento y no estuviesen con alguien más. Claro, Tomie seguía siendo coqueta pero ya no se acostaba con nadie, y Bill… había preferido mantenerse alejado de las chicas, temiendo a que eso que tenían pudiese destrozarse al él dar un paso en falso.

Y joder, sería mentirse el decir que no le gustaba cómo estaban las cosas, es decir, el preferiría tenerlo todo, besarse con ella, susurrarle palabras que se le desbordaban del pecho mientras la embestía, hacerlo más delicadamente y no de esa forma ruda que Tomie prácticamente exigía, el murmurarle un “te amo” que englobase todo, el hablar de cuánto le había gustado, el detenerse a admirar su cuerpo y recorrerlo por completo con sus labios, pero no sería Tomie si fuese de esa forma. Ya que la rubia insistía en que eso era sexo y nada más. A Bill le dolía, sin embargo, mientras ella no estuviera con alguien más él se mantendría callado y tranquilo.

Tomaría todo democráticamente y con total indiferencia si algo cambiaba, haciéndole una guerra de hielo si Tomie se acostaba con alguien más. O al menos eso creía.

A Bill le dio mala espina desde que Tomie se demoró más de lo usual en vestirse en uno de sus días libres, que para colmo estaban en los tour bus, por lo que no tendrían que salir ni para comer al haber una cocina ahí. Pensó que le había venido su período, o se intentó convencer de ello, ya que con lo que compartían ahora se fijaba más en aquel detalle debido a que no era un imbécil y dejar a su hermana embarazada significaría problemas para la banda y ni qué decir para el feto, no sería normal y tendría problemas de salud. Por eso era precavido y siempre con condón a mano y ella normalmente tomaba pastillas.

Así que aunque Bill quisiera pensar que Tomie iba a comprarse tampones dando por hecho que no tendrían sexo en al menos cinco días (su período era largo), algo dentro de sí le decía que no, que su gemela no era irregular en ese ámbito, no por nada habían nacido juntos y vivido de igual forma. Y cuando le vio ponerse su lencería femenina, es decir, ya no bóxers y sostenes deportivos, sino de encaje (bueno, Tomie no se molestaba en cerrar la puerta al ya haberse visto todo) es que se preocupó aún más.

“Vamos Bill, dijiste que lo tomarías con indiferencia”, se dijo a sí mismo mirando a otro lado para no gemir de dolor ante la vista del perfecto trasero de su hermana en aquella hermosa tanga color amaranto.
Casi sin notarlo Tomie ya estaba con sus ropas anchas encima y una sonrisa enmarcada en sus labios. Y casi Bill no lo creyó cuando ella se colgó de su cuello, como cuando eran críos y Tomie le iba a contar un secreto. ¿Acaso sería posible que ella se hubiese vestido así para él? Su estómago se estremeció placenteramente. Normalmente Tomie se ponía sus interiores deportivos cuando estaba con él, no molestándose más que en bañarse para tener sexo, ni siquiera en perfumarse como ahora o ponerse esa exquisita crema para la piel. Pero ahora…

—A que no adivinas qué… —le susurró la de rastas contra su oído, sintiendo complacido el cepillar de sus labios al hablar.

—Sorpréndeme —contestó también en un susurro Bill, no queriendo arruinar el ambiente.

—Andi está de visita y quiere vernos.

Bill cerró fuertemente la mandíbula y alejó con una increíble delicadeza a Tomie de encima suyo. Ella lo miró confundida mientras se coloreaba por la furia y casi botaba humo por las orejas.

“Sé indiferente, Bill, sé indiferente” pensó el moreno mientras arqueaba una ceja sin poderlo evitar y controlaba su rictus.

—Pues qué bien por ti, ojalá la pases bien —soltó con la mayor indiferencia que logró reunir. Pero Tomie no se lo tomó muy bien que digamos.

—¡Hey! No seas patán, Andi vino a vernos a ambos, no solo a mí. Tienes que acompañarme así que báñate y alístate —ordenó la rubia.

—Andreas es TU mejor amigo, no el mío, irás sola y yo bien-gracias me quedaré aquí —respondió Bill con algo más de rudeza en su tono. Tomie frunció el ceño y se cruzó de brazos.

—Andi es nuestro mejor amigo de toda la vida, ¿de qué hablas?

—Él dejó de ser mi mejor amigo cuando se metió con mi hermana, y aparte no quiero estar de violinista así que no —soltó ahora para ir a la cocina y coger un bagel, lo cortó por la mitad y luego sacó queso crema de la nevera. Debía distraerse y no mirarla, pasar de ella. Por un demonio, no contó con que la persona con la cual volviera a acostarse fuera esa molestia rubia platinada.

—Deja esos estúpidos celos y ven conmigo y ya si después pasa algo simplemente te vas y listo —bramó la de rastas. Bill asesinó al bagel con el cuchillo cubierto de queso crema.

—¡No quiero verte con Andreas o lo reventaré a golpes!

—¡Madura por Dios!

Bill se tragó de una sola el mordisco que le había dado a su bagel y lo dejó a un lado para encarar a su gemela.

—¿Qué madure yo? ¿QUÉ MADURE YO? —Le gritó con los ojos por salírsele de las orbitas—. ¿Quién es la que se acuesta con su gemelo y después actúa como si no hubiese tenido un ruidoso orgasmo? ¿Quién es la que dice “solo sexo” como si se tratase de amigos con derecho? ¡Tenemos dieciocho jodidos años pero yo tengo en claro lo que quiero y lo que no me gusta! Y si eso no es madurez, qué mierda de mundo.

Tomie estaba roja y comenzó a darle golpes en el pecho, siendo estos muy débiles al ser ella chica y un poco más baja que él.

—¡Se supone que no debíamos hablar de eso! ¡Eres un tonto! ¡Tonto, tonto, tonto, tonto! —chilló sin querer verlo, Bill sujetó sus manos para después soltarlos y abrazarla.

—Odio a Andreas, desde el momento en que me confesaste que salían y que se besaban y él te tocaba, yo… no podía soportarlo —confesó—. Y no solo con él, sino con todos, pero principalmente con Andreas porque fue con el que demostraste sentir algo más, los demás fueron chicos sin importancia aunque ellos podían tocarte y besarte mientras que a mí me quedaban las migajas de tu amor —dijo esto último contra su cuello, captando su almizcle entremezclado con su perfume y esa deliciosa crema.

—Bill…

—Cállate, todo lo que dirás es que solo soy un morboso obsesivo o un enfermo o qué sé yo, alguna estupidez que se te ocurra, y estarías equivocada, aunque puede que sea un enfermo por fijarme en mi gemela y un obsesivo por haberme enamorado así y no haber podido olvidarte desde hace más de cinco años pero…

—Bill…

La dejó caer sobre el sillón para sujetar sus manos con una de las suyas e ir levantando su camiseta con la otra, dejando besos húmedos sobre su plano vientre y después sobre sus pechos y sugerente corpiño de encaje, para ir bajando de nuevo y quitarte los pantalones junto con su ropa interior, mostrando su rubia pubis. La sentía retorciéndose y chillando, pidiendo que la soltara, diciéndole que eso no estaba bien. Pero Bill estaba harto, estaba enceguecido por los celos, la amaba, por más que estuviera buscando patearle, él comenzó a separar sus piernas y hundir su rostro entre ellas, lamiendo sus labios rosados con dulzura, con cariño, tan distinto a como solían tener sexo, esta vez Bill quería hacerle el amor, era la primera vez que le iba a hacer algo así y no tenía mucha experiencia que digamos, sin embargo lo iría a hacer.

Separó los pliegues y buscó su clítoris con la lengua, repasándolo una y otra vez hasta que sus partes no estaban solamente lubricadas por su saliva. Las piernas de Tomie comenzaron a temblarle y él bajó su lengua hasta aquella hendidura en la que se había sentido tan seguro. Y empezó a penetrarla con ella, escuchando sus gemidos y cómo se resistía a soltarlos. Sabía bien, sabía a Tomie y eso nunca podría ser desagradable. Subió la mirada y observó sus ojos llorosos.

Detuvo el movimiento y se acercó a su rostro.

—¿Por qué lloras?

—Tú… lo que haces es… contra mi voluntad y —esnifó y giró el rostro sonrosado—. Tú no eres así, bueno, así de dulce sí, pero… nunca harías nada para lastimarme.

Bill sintió su pecho doler. ¿La había lastimado? Pero si ella se había excitado… sin embargo lo había hecho a la fuerza, la soltó y se abrazó a Tomie.

—Perdón, perdóname Tomie, no quería… me desesperé. Termina con esto de una vez, dime que no me quieres como yo te quiero, ya no me busques para hacerlo porque me confundes. No quiero compartirte, y lo mejor será si me dejas, si… —Tomie le chistó poniéndole un dedo sobre sus labios, Bill la miró y vio que ella sonreía de lado, a pesar de lo que él había hecho, Tomie le sonreía.

—Nunca te voy a dejar, ¿sabes? Eres mi hermanito, mi hermanito menor, el que chillaba porque le quitaba sus dulces y se enojaba por arruinarle su maquillaje de vampiro. Eres mi Bibi. —Bill no se refería a que
Tomie lo dejara en ese sentido, pero al parecer ella se refería a algo más—. Ya no iré donde Andreas, ¿ok? Me quedaré contigo, para siempre.

El pecho de Bill vibró porque esas palabras querían decir tener algo serio y no simplemente tener algo.

—¿Por qué justo ahora?

Tomie sabía qué era lo que su hermano estaba preguntando a pesar de que no fue explícito.

—Porque yo también tenía celos y recién me lo hiciste ver con claridad, o al menos quise verlo de esta forma ahora.

—¿Qué? —preguntó Bill confundido.

—A los trece años, cuando ibas a salir con chicas, yo sentí celos y supe desde ese instante iría a estar atada a ti, como un parásito, quisieses o no pero quise negármelo, diciendo que estaba mal, incluso negándotelo a ti, a pesar de que era recíproco. Pensé que mis celos obsesivos eran malos y sí que lo eran, te los contagié a ti y acabó por cavarnos las tumbas. ¿Aceptas ser mío Bill Kaulitz? ¿Para siempre? Aunque de todas formas lo serás —dijo Tomie segura de sí misma y con esa sonrisa característica. Bill bufó y la situación le pareció bizarra, muy al estilo Tomie, y le encantaba, para qué negarlo.

—Sí, acepto, ¿y tú aceptas ser mía Tomie Kaulitz, para toda nuestra existencia más allá incluso de nuestras vidas? —interrogó Bill aún sobre ella a medio vestir y sobre el sillón.

—Sí, acepto, y ahora, puedes seguir comiéndome el coño si luego me dejas cabalgarte como la primera vez —farfulló Tomie y Bill quiso darse contra la mesa como un elfo doméstico.

—Siempre tan fina.

—Siempre tan marica.

—¿Puedes ponerte más seguido estas ropas interiores? —cuestionó mientras iba bajando el rostro.

—Si quieres puedo pasearme en ellas por todo el tour bus e incluso modelarte en las tiendas.

—Oh joder, ya calla o te follaré aquí mismo sin importarme nada más —soltó Bill excitándose a sobre manera con la sola idea de lo que le decía Tomie.

—Despacio, vaquero, despacio —mencionó Tomie mientras abría más las piernas para dejarle más espacio a su hermano. Bill asintió y siguió en lo suyo.

Habían sellado un pacto. A su manera. Y todo por los celos.

F I N

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por Kasomicu

Escritora del Fandom

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