Notas de Khira: Hallo! Esta historia que os traigo hoy es la traducción de “Invitation” de cynical_terror, autora y administradora-fundadora de tokiohotelfiction.com, un billshido con algo de twincest. “Invitation” fue el primer billshido que leí y por eso le tengo un afecto especial, y siempre he sabido que si un día me animaba a traducir un fic en inglés, empezaría por este. Y me he animado al fin, así que aquí está.

Allá vamos 🙂

Fic de cynical_terror. Traducido por Khira

Capítulo 1

Bill está solo en su habitación, acurrucado en la cama en pijama, mirando de forma ausente la televisión.

—Estoy solo, genial —murmura, tocando la parte inferior de sus pantalones. Le habían dejado de nuevo, o mejor dicho, se había negado a salir con ellos. Es un aguafiestas, lo sabe, y está harto de los clubes, el alcohol y las niñas que se emperifollan para él.

Habían planeado quedarse esta noche. Necesitaban un descanso del estrés del tour, simplemente algo de calma. Esta noche iba a ser la primera noche en más de una semana en la que no tenían que estar en ninguna otra parte. Y, de verdad, Bill estaba muy emocionado ante la perspectiva de estar aburrido hasta las lágrimas.

Iban a tener una noche de películas, y luego Tom había prometido que se quedaría despierto con Bill y trabajarían en algunas canciones. Bill estaba lleno de ideas, fragmentos de canciones revoloteando en su cabeza, pero él no era nada sin Tom a su lado, tocando los acordes en su guitarra.

Pero por supuesto, las cosas nunca salen como se planean. Tom había conocido a una rubia sorprendentemente guapa después del concierto. La chica lucía como todas las demás, en la mente de Bill, pero Tom clamaba que nunca encontraría a otra como ella. Ella era diferente, maravillosa, y joder, él necesitaba un polvo. Y ella tenía otras tres maravillosas amigas en su apartamento, ¿cómo no iban a ir de clubes esa noche?

David había estado de acuerdo, porque se merecían el descanso.

Bill suspira y zapea a través de los canales, deteniéndose en alguna tonta comedia americana doblada en alemán. Bill observa sus bocas moverse no sincronizadas con las palabras.

Ir de clubes con su borracho hermano y un montón de salidas fangirls no era la idea que tenía Bill de un descanso. Pero tampoco lo era estar a solas en su habitación de hotel, que es lo que está haciendo ahora. Y sólo son las diez, le espera una larga noche por delante.

Normalmente, Bill les habría seguido, sonreído, y se habría emborrachado lo suficiente como para pasar un buen rato. Habría pretendido que le daba igual que a Tom le importara una mierda si estaba allí o no. Bill ha sido siempre un mal compañero de juergas, por lo que Tom usualmente se va con Georg en los clubs, dejando a Bill y Gustav aparte.

—Estoy harto de eso —dice Bill. Le da una patada al pequeño neceser situado a los pies de su cama, sintiendo llamear su frustración al tirarlo al suelo, derramando su contenido. Se arrastra hacia abajo del colchón y mira el desastre. Entre las dispersas botellas de esmalte de uñas y los eyeliners hay un sobre plateado, brillando a la luz de la televisión.

Suspira pesadamente, mirándolo.

“Es esta noche, ¿no?”, piensa, agachándose y cogiendo el sobre. Está dirigido a él, pero sabe muy bien que no es más que una broma. Abre el sobre y extrae de él la invitación.

—17 de Septiembre —murmura—. Esta noche.

Es la fiesta de cumpleaños de Bushido y Bill está invitado.

“Por supuesto que él realmente no me ha invitado”.

La invitación había llegado por correo hacía más de una semana y todos se habían echado unas buenas risas por ello. Bushido había estado molestando a Bill durante mucho tiempo, pero todo era una broma, incluso si Bill no lo encontraba divertido. Tom había abierto la invitación frente a la banda entera, burlándose de la petición escrita a mano de que Bill asistiera al evento.

—Estúpido Tom —dice Bill, frunciendo el ceño. Aunque Tom odia a Bushido, realmente lo odia, se había pasado restregándole el asunto en la cara. Bill se había sentido avergonzado por la invitación, avergonzado aún más porque todo el mundo se había enterado, gracias a Tom.

“Debería ir sólo para fastidiarle”, piensa Bill. Pero a Bill le han prohibido ir, por supuesto. Como si se lo hubiera planteado, como si…

—Necesito que me digan lo que tengo que hacer —gruñe Bill. De repente siente ira, y se levanta, hurgando en su maleta, desordenando la habitación mientras lanza su ropa alrededor. Por último, coge un par de pantalones vaqueros y un jersey grueso estriado negro. Todo muy normal.

Se viste, sin pensar en nada mientras se aplica algo de maquillaje; un poco de sombra de ojos y brillo de labios. Se pone un nuevo par de enormes gafas de sol, ridículas por la noche, pero imprescindibles, y un gorro de punto por encima de su pelo alisado. Se mira a sí mismo en el espejo y decide que se ve jodidamente fabuloso, incluso vestido tan normal.

Sin pensar qué está haciendo, dónde está yendo, llama por un coche y se desliza detrás de Saki en el lobby. Saki ni siquiera repara en él, tan ocupado flirteando con la chica tras el mostrador de recepción.

Bill enciende un cigarrillo justo cuando el BMW negro se detiene frente al hotel. Permite al conductor abrirle la puerta, y le entrega la pequeña invitación.

—Llévame allí —dice Bill, y se mete en el coche. Dentro, el humo le hace toser, atrapado en el lujoso asiento trasero. A través de la ventana tintada que le separa del conductor, sólo puede ver la plateada invitación, alzada para comprobar la dirección. «No pienses», se dice a sí mismo, y eso hace.

&

El coche se detiene frente al club. Hay una cola frente a la puerta que baja toda la calle, y Bill traga saliva.

“Voy a entrar ahí, saldré en algunas fotos, evitaré a Bushido, y actuaré como si me lo estuviera pasando en grande”, piensa. El conductor baja la ventanilla.

—Yo llamaré —dice Bill—. Puede que me quede hasta el final.

Empuja la puerta y trata de respirar. Va por su cuenta y realmente no debería sentirse así de nervioso. Sin Tom, sin David, sin sus putos controladores para controlarle.

¿Qué hacer ahora? Está invitado, y fuera una broma o no, sabe que está en la lista. Agacha la cabeza, nervioso por si alguien le reconoce, y camina hacia el inicio de la cola.

El portero le mira.

—¿Invitación? —brama el hombre.

Bill sonríe, dándose cuenta de que le ha dejado su invitación al conductor.

—Bill Kaulitz —dice.

El portero levanta una ceja y Bill levanta un poco sus gafas de sol. Los ojos del portero se ensanchan y abre la cuerda de terciopelo para Bill.

—Por aquí, señor —dice el hombre y Bill entra en el oscuro club, riendo para sus adentros. Todo ha sido tan fácil y se siente, de alguna manera, travieso. Si tan sólo los chicos supieran lo que estaba haciendo. Si sólo Tom supiera.

Dentro del club Bill se siente casi como en casa. Es como cualquier otro club en el que haya estado recientemente, oscuro, ensordecedor, lleno de cuerpos que bailan. No reconoce a nadie en la multitud y una especie de nerviosa excitación le recorre. Realmente va por su cuenta.

“Hora de socializar”, piensa. Socializar es parte de su trabajo, él es un profesional en ello. Serpentea entre la multitud, dejándose hacer fotos, charlando con chicas. Se siente ridículo, apretando la cintura de una chica, riendo animadamente con ella cuando ella se da cuenta de quién es él.

Firma unos cuantos autógrafos, picotea allí y allá, y no le preocupa que cada vez más gente note su presencia. Los fotógrafos que hay dentro del club, contratados para documentar el evento, están muy complacidos de que pose para ellos. Él lo hace, quitándose las gafas de sol y el gorro, guardándolos en su gran bolso.

Lo último que esperaba era pasárselo realmente bien en la fiesta, pero así es. Al principio vio a Bushido y su pandilla en una esquina de la habitación, y piensa que mientras se mantenga alejado de ellos, va a seguir así.

Bill decide, después de su último encuentro con una risueña fangirl, que necesita una copa. Camina hacia el bar, atravesando la multitud y finalmente llega al camarero para pedir un cosmopolitan. Mientras se apoya en la barra, esperando a su bebida, alguien le da unos golpecitos en el hombro.

Se da la vuelta y sus ojos se ensanchan un poco. Reconoce al hombre inmediatamente. Es Chakuza, un amigo de Bushido; compañero de sello, incluso.

—Joder, no me lo puedo creer —dice Chakuza.

Bill sonríe.

—Um… Hola.

Chakuza no le devuelve la sonrisa y la de Bill decae. Él es más alto que el hombre, pero se siente muy pequeño mientras Chakuza le hace una mueca.

—¿Qué coño estás haciendo aquí? —pregunta.

—Yo… —Bill se sonroja—. ¿Fui invitado?

—Eso fue una broma enfermiza —dice Chakuza. Está poniendo a Bill nervioso, acercándose a su cara mientras habla—. ¿Sabes? ¿Y tú… realmente apareces?

—Bueno, tenía una invitación —dice Bill.

Chakuza va a decir algo más, algo hiriente, Bill lo sabe, pero entonces de repente Bushido está tras él, empujando a Chakuza hacia un lado. Bill mira boquiabierto a Bushido, sintiéndose atrapado. Debería haber sabido que no sería capaz de esquivar a Bushido toda la noche. Debería haber sabido que al menos tendría que haber ido a hablar con él.

Bill habría preferido tratar con Chakuza.

—Largo, tío —Bushido le dice a Chakuza en un tono bajo, profundo. Mira a Bill y levanta una ceja, claramente divertido con su presencia—. ¿No ha pasado ya tu hora de acostarse?

—No tengo hora de acostarme —escupe Bill, inmediatamente molesto por el tono condescendiente de Bushido.

Bushido se ríe en respuesta.

—¿No me trajiste un regalo? —Chakuza gruñe de fondo y Bushido se acerca más a Bill—. ¿Hm?

Bill se encoge de hombros, rechazando retroceder mientras Bushido se adelanta.

—Te compraré una bebida.

—Barra libre —dice Bushido—. ¿Qué te parece obsequiarme con tu compañía?

La sugerencia provoca que las mejillas de Bill ardan, su estómago retorciéndose de una manera extraña. Bushido huele a cigarrillo, alcohol y almizcle. Bill intenta no parecer tan intimidado como en realidad lo está.

—Um —es su respuesta.

En verdad Bill no tiene opción. Bushido se alza sobre su hombro, cogiendo la bebida recién preparada de Bill, y le dirige hacia su cabina. Bill no puede escapar, Bushido tiene un pesado brazo sobre su hombro, y Chakuza está al otro lado, atrapándolo.

Bill quiere darse la vuelta y correr en cuanto llegan a la mesa y Bushido ordena que se levanten de modo que Bill pueda deslizarse dentro de la cabina. Bill agacha la cabeza y se desliza hasta el medio, capturando las penetrantes miradas procedentes de esos hombres.

Bushido le sigue, sentándose cerca. Le devuelve su bebida a Bill y éste se sonroja fuertemente, de repente muy consciente de su femenina bebida entre las cervezas. Chakuza entra en la cabina por el otro lado de Bill, y Bill ya no piensa más en bebidas. Puede sentir el aliento de Chakuza en su cuello, con todo el mundo metido en la cabina de forma tan apretada.

—Escuchad —dice Bushido—. Bill ha decidido honrarnos con su presencia.

Él extiende sus enormes brazos y apoya uno en los hombros de Bill. Bill se tensa y Bushido le da un apretón.

—Obviamente no sabe reconocer una broma —estalla Chakuza.

Los demás ríen y Bill sólo puede retorcerse y bajar la mirada hacia la mesa. La mesa está llena de colillas, teléfonos móviles, y, Bill advierte, unos cuantos condones sin abrir. Traga saliva, ¿por qué tuvo que comportarse como un mocoso y escaparse?

—¿Te lo pasas bien? —pregunta Chakuza.

Bill levanta la barbilla.

—Muy bien —consigue decir.

—Rodeado de hombres, seguro que sí —dice Chakuza.

Esto provoca que la mesa entera estalle en risas y Bill sólo quiere que le trague la tierra y morir. Bushido gruñe a su lado, no parece muy alegre y todo el mundo calla de inmediato.

—Sé amable con mi invitado —dice seriamente.

Bill sacude la cabeza, intentando sonreír.

—Estoy bien.

—Seguro que sí —dice Bushido, finalmente soltando los hombros de Bill.

Chakuza golpea con su vaso la mesa, mirando a Bill con obvio disgusto en sus ojos.

—Maricón —escupe, su cigarrillo siendo agitado un poco demasiado cerca de la cara de Bill. Bill sólo aparta la cabeza.

—Vete con tu ‘maricón’ a otra parte —dice Bushido, golpeando el cigarrillo fuera de la mano de Chakuza. Chakuza mira a Bushido por encima de la cabeza de Bill, y allí hay tensión, Bill puede sentirlo. Bushido asiente secamente y Chakuza frunce el ceño, la tensión rompiéndose. Se pone de pie y empuja a la gente fuera de su camino al salir de la cabina.

—¿Alguien más tiene un problema? —pregunta Bushido. Nadie dice nada y Bill rápidamente coge su bebida, necesitando algo que hacer.

—El chico necesita otra bebida —dice el hombre sentado ahora al lado de Bill—. ¿Qué estás tomando? —Ya está en posición de servirle, por lo que Bill no puede decir que no.

—Um. Un Cosmo —murmura.

—¿Un qué?

Por alguna razón, se siente más avergonzado que en toda la noche.

—Sírvele un chupito —dice Bushido—. Sírvenos a todos, dile al camarero que venga.

El hombre asiente y Bill se aclara la garganta.

—No sé si… —empieza, apartándose un poco de Bushido. Le asusta el calor que proviene de ese cuerpo—. Quizás debería irme…

—No puedes irte, no hemos cortado el pastel —dice otro.

Bushido sonríe.

—Un chupito.

Bill siente una sonrisa extendiéndose por su rostro y suspira.

—Ok, pero sólo uno.

&

Una hora más tarde Bill está completamente ido, ebrio. Pero todos lo están y a Bill ha dejado de preocuparle lo que piensen de él. Además, todos han sido tan jodidamente amables desde que Chakuza se fue.

Bill ríe por nada y se inclina sobre Bushido, cogiendo un chupito de uno de sus nuevos amigos y casi se cae en el regazo de Bushido mientras traga el alcohol. Ni siquiera sabe lo que acaba de tomarse.

Bushido saca a Bill fuera de su regazo y Bill se reacomoda en la cabina, sonriendo.

—El chico aguanta —dice uno de los nuevos amigos de Bill. Bill le da un tirón sin venir a cuento y todo el mundo ríe.

—Os está dejando a todos por los suelos —dice Bushido, fumando su cigarro.

Bill se siente orgulloso, con aire de autosuficiencia.

—Todos vosotros… me chupáis los cojones.

Esto provoca la respuesta más fuerte de la noche y Bill siente unas cuantas manos palmeándole la espalda. Aguanta estoicamente, les tiene a todos cogidos por las pelotas, eso es seguro. Sabe que es un encanto y sabe cómo batir las pestañas y poner morritos. Siempre ha funcionado con las fans en sus conciertos y le excita saber que también le funciona con hombres mayores e intimidantes.

Se sienta recto, mira a Bushido.

—Ey —dice extendiendo una mano—. Dame. —Quiere el cigarro de Bushido.

Bushido se quita el cigarro de la boca.

—Quieres chupar esto, ¿eh?

Bill se da cuenta de la indirecta sexual, lo que hace sentir sus extremidades calientes, más caliente de lo que haría el alcohol. Asiente, aún con la mano extendida, y Bushido la aparta para poner él mismo el cigarro en la boca de Bill.

Al principio el cigarrillo choca con los labios de Bill.

—Abre —dice Bushido.

Bill ríe y el cigarrillo penetra en su boca. Toma una larga calada, respirando profundamente, y entonces se dobla en dos, tosiendo fuertemente.

Los chicos se ríen y Bushido toma el cigarro de vuelta.

—Se supone que no debes tragar —le reprende.

Los ojos de Bill se aguan y se pasa una mano por la boca. Mira hacia arriba, más allá de Bushido y ve que Chakuza está de vuelta, con el ceño fruncido en una esquina.

—Es hora del pastel —anuncia Chakuza. Está mirando a Bill, pero a Bill le importa una mierda. Se apoya en el hombro de Bushido.

—Trae esa mierda para acá, estamos a gusto aquí —dice Bushido. Chakuza se marcha, y unos pocos minutos después, casi todo el mundo en el club viene a su oscura esquina, quitando las bebidas para poner el pastel.

Bill recuerda por qué está allí. Es el cumpleaños de Bushido. Está en un club con Bushido y ha sido cosa suya.

Todo se está convirtiendo en una mancha borrosa para Bill, ve las velitas, observa cómo las pequeñas llamas emborronan aún más su visión. Quiere tocarlas. Pronto se oye una canción, y Bill levanta la cabeza del hombro de Bushido y se une. Él es el que canta más alto, y observa a Bushido soplar cada una de las velitas.

Bushido sopla en el cuello de Bill y su mano aprieta uno de sus muslos. Algo parecido a un fuego se extiende desde el muslo de Bill hasta la boca misma de su estómago.

Bill se inclina más cerca de Bushido, incapaz de detenerse. La línea entre el bien y el mal se ha ido, arrastrada por el alcohol. Siempre se han molestado entre sí, siempre hubo un flirteo extraño. Siempre ha estado ahí. Siempre hizo sentir incómodo a Bill, le hizo sudar las manos, pero también…

Se inclina y susurra con voz ronca ‘Feliz Cumpleaños’ justo en el oído de Bushido.

&

Es tan tarde. Bill mira con ojos empañados su teléfono móvil, apenas capaz de procesar la información que le está dando. Tom le ha enviado diez o más mensajes de texto y le ha dejado un mensaje de voz. El teléfono pita al checar el mensaje.

Bill pone el teléfono en su bolso.

Sacude la cabeza, enfocando sus ojos. Está en una habitación de hotel, en una pequeña zona de estar. Se echa atrás en el sofá; la gente está en la puerta. Se están marchando, diciendo adiós, abrazando, algunos besando. Bill no recuerda cómo ha acabado allí, pero no le preocupa demasiado.

Su mente revolotea y se siente como si pudiera dormir, puede sentirse cayendo profundamente en algo tan pesado y tentador. Pero entonces algo toca su cara y abre los ojos. Es Bushido.

—¿No tienes una casa?

Bill se ríe.

—Nadie me quiere en casa.

Bushido se cierne sobre él y por un momento de Bill piensa que va a retroceder y marcharse. Pero él se sienta al lado de Bill, demasiado cerca.

—¿Ah, sí? ¿Y crees que alguien te quiere aquí? —Bill se permite descansar la cabeza en el hombro de Bushido—. ¿Hm?

Bill ríe de nuevo, esta vez contra el cuello de Bushido.

—Tengo un regalo —balbucea.

—¿Estás jugando conmigo, pequeño? —La voz de Bushido es a medias divertida, a medias oscura y demandante.

Bill estalla y empuja a Bushido, repentinamente lleno de energía y emoción.

—¡No soy pequeño! —casi grita. Bushido parece demasiado aturdido para moverse. Él se cierne sobre el hombre mayor, con las manos sobre sus hombros—. Yo no soy pequeño. Vete a la mierda. —Recibe una buena ráfaga de la colonia de Bushido y no puede evitarlo, aprieta su nariz contra el cuello de Bushido e inhala.

Bushido gruñe y fuerza a Bill a sentarse de nuevo.

—Pequeño —sisea, enunciando las palabras. Se arrastra sobre Bill, y Bill puede sentir lo grande que es Bushido. No sólo de altura, también su cuerpo es fuerte y musculoso. El peso de Bushido se siente serio. Esto ya no es coqueteo, no es una broma. ¿Quién llega más lejos?

Bill se estremece y dice ‘No’, tan suave como un soplo.

—¿No? —pregunta Bushido. Se está burlando de Bill, le divierte presionarlo.

—¿Cuál es mi regalo, huh? ¿Es…? —Presiona una mano fuerte en la ingle de Bill y la retuerce. Bill está duro—. ¿…esto?

Bill chilla y cierra los ojos.

—No…

—No me van los juegos —dice Bushido.

Bill se siente enfermo, su estómago duele, y aún puede oler a Bushido, puede sentir su calor. Está excitado y disgustado mientras Bushido se aprieta contra él y se frota con fuerza contra su pecho y estómago. Todo ese peso se siente tan jodidamente dominante.

Bushido le agarra la cadera, y Bill gime, tratando de apartarlo. Nunca ha tenido a alguien así sobre él, nunca.

—Eres todo palabras —dice Bushido justo en su cara. Su aliento apesta a tequila.

—Tú me deseas —susurra Bill. El agarre de Bushido en su cadera se agrava, y Bill jadea. Se retuerce debajo de Bushido, necesitando recuperar el aire y escapar de ese calor. Pero Bushido tiene otros planes. Agarra a Bill, le coge de las muñecas y estira hacia él. Bill acaba sentado en el regazo de Bushido, y se aferra a sus hombros.

Su cuerpo entero se sonroja al sentir la erección de Bushido contra su trasero. Sin pensar, se mueve contra el bulto sólo un poco y Bushido le estira hacia delante, apretando sus muñecas, haciéndole daño, y, finalmente, besándole.

A Bill no le han besado en más de dos años y todo lo que puede hacer es caer hacia delante y gemir. Es duro y húmedo y doloroso. Es todo lo que Bill no quiere pero le hace retorcerse en el regazo de Bushido como una puta.

Bushido le empuja de vuelta y gruñe:

—Quiero follarte.

Bill sacude la cabeza y Bushido le besa otra vez, de forma hambrienta. Bill está asustado, pero todo lo que hace es frotarse contra la polla de Bushido, sintiéndola golpear entre las piernas. Jadea y las manos de Bushido descienden de la espalda de Bill hasta su trasero.

—¿Estás asustado? —pregunta Bushido, apretando el culo de Bill.

Bill niega con la cabeza, sus labios brillantes.

Bushido aprieta otra vez, un dedo trazando el pliegue, siguiendo la costura de los vaqueros de Bill.

—Mmm. Estás temblando. ¿Lo has hecho alguna vez?

Bill niega con la cabeza de nuevo, hecho un manojo de nervios en el regazo de Bushido.

Bushido ríe.

—Estás borracho, ¿verdad? Por supuesto que lo estás. ¿Debería aprovecharme de eso, pequeño?

—Que te jodan —balbucea Bill.

Bushido responde con una mueca. Bill suspira, de repente un pensamiento cruza en su cabeza. Se deshace del agarre de Bushido y se va al suelo. Se balancea y luego coge las rodillas de Bushido, apartándolas. Bushido no se resiste demasiado. Él deja a Bill entre sus piernas. Bill se inclina hacia delante y apoya su mejilla en la ingle de Bushido. Vuelve la cabeza y acaricia con cariño, le gusta el calor y la dureza. No piensa en lo que va a hacer. Ha pasado de tener miedo a estar decidido. Va a demostrar a Bushido lo adulto que es, lo capaz que puede ser.

—Joder —sisea Bushido. Bill jala la cremallera, todo está borroso y Bushido le acaricia una mejilla. No puede bajar la cremallera y bufa.

—Tú quieres esto —dice Bill—. Dijiste que lo querías.

Bushido se ríe, pero es una risa estrangulada. Su mano agarra mechones de pelo de Bill, sólo sujetándolos.

—Era una broma.

—No te creo —dice Bill. Estira de la cremallera, forzándola a descender y presiona su cara en la entrepierna de Bushido. Puede sentir la caliente polla de Bushido, está dura y la pellizca a través de la tela. Bushido maldice, sus manos tirando demasiado fuerte del pelo de Bill, pero Bill está demasiado ebrio para notarlo.

—¿Quieres?

Bill frota en el muslo a Bushido y permite que su boca toque el bulto en los bóxers de Bushido.

—Puedo hacerlo —dice Bill—. Si quieres que lo haga.

Él aspira descuidadamente a Bushido a través de los bóxers y gime. Nunca ni siquiera había pensado en hacer esto antes y hace que todo su cuerpo tiemble. Le da demasiado miedo sacar la polla de Bushido, chupársela en verdad. De alguna manera, sigue esperando a que esto realmente sea una broma, que Bushido no tome en serio su farol.

Bushido le empuja hacia atrás un poco y suelta el pelo de Bill. Sus ojos son peligrosos y se mete las manos en los bóxers, sacándose la polla justo frente a la cara de Bill. La cosa luce enorme a ojos de Bill y hace una mueca. Bushido sólo se ríe, sujetando su polla y dirigiéndola hacia Bill.

Bill se contrae, viendo la piel del prepucio estirándose hacia atrás, el glande húmedo y brillante. No puede hacerlo. No puede.

—Chúpala —demanda Bushido—. ¿O es demasiado grande? ¿No estás acostumbrado a este tamaño? ¿No has chupado nunca antes una polla, pequeño Bill? ¿Hmm?

Bill cierra los ojos y se inclina hacia delante, con los labios rozando la punta.

—No —dice, moviendo los labios sobre el glande.

Bushido resopla y pone dos dedos contra la frente de Bill. Bill los siente allí, siente como lo están marcando. Bushido empuja suavemente y Bill chilla, su mente ebria, y se sienta en su trasero. Rueda a un lado, abrazándose a sí mismo, y todo se vuelve oscuro y tranquilo.

Bushido se escurre a su lado y recoge su cuerpo inerte. Bill no se despierta y Bushido le coloca de vuelta en el sofá.

—Estúpido chico —dice, y sale de la habitación.

Continuará…

Los comentarios serán más que bienvenidos 🙂

por Khira

Escritora del fandom

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