Notas: Último capítulo de mi primera (y última, I guess) traducción. Que lo disfruten, y gracias por los comentarios 🙂

Fic de cynical_terror. Traducido por Khira
Capítulo Final
No es la clase de club que atrae a los jóvenes y bellos, sino a los mayores y poderosos.
Bushido es un habitual allí, gasta muchas noches oculto en el humeante club, sorbiendo brandy y jugando a las cartas con sus camaradas, su pandilla. El club es perfecto para los que quieren una tarde agradable y relajada, y un lap dance encima.
Los chicos tienen la mesa en una esquina, y las chicas en el club saben que hay que frecuentar ese lugar para obtener las mayores propinas. Las bailarinas más refinadas, las únicas que apenas se desvisten, permanecen en el escenario, haciendo su magia.
Las más novatas trabajan en el suelo, listas para hacer cualquier cosa por un euro. Bushido puede atraer a una sólo con chasquear los dedos. Ellas son las chicas que gatean de los pies de Bushido hasta su regazo ofreciendo vasos de brandy, champán, lo que sea. Ninguna de esas chicas está a su alrededor esta noche.
—¿Dónde está la pequeña señorita, no viene con nosotros esta noche, eh? —pregunta uno de sus compañeros, y el resto de la mesa ríe con él. Ha sido así toda la noche, los chicos están más que divertidos por el asunto Bill. Ninguno es malicioso, no aún.
—Sí, es pequeño —dice Bushido, tomando un sorbo de su bebida—. Me he metido en esto sólo por ese pequeño culo.
Chakuza, en el asiento de honor a la derecha de Bushido, suelta un bufido.
—Ese calientapollas nunca se va a dejar, tío —dice—. Virgen hasta el final.
Unos cuantos concuerdan. Bushido levanta una ceja.
—¿Virgen? —pregunta, cruzando los brazos—. Ya no.
La mesa estalla en risas, brindis, palmadas en la espalda. Bushido finalmente se ha tirado a la pequeña zorra, ¿no es el mejor? Bushido se reclina en su asiento y acepta los elogios por lo que ha hecho.
Chakuza golpea a Bushido en el brazo, quizá quiere pelear.
—¿Vas a seguir pasando el rato con el pequeño maricón, pues?
Bushido no se toma bien las confrontaciones y no le gusta que le reten. Sus ojos se vuelven oscuros y hay un silencio en la mesa.
—Obtuve lo que quería de él —es su cuidadosa respuesta.
Chakuza se toma un chupito. No está muy convencido.
&
A Bill no le importa que todo el mundo sepa a dónde ha ido. Ni siquiera intenta disimular, simplemente aparece en el estudio y pregunta por Bushido. La recepcionista le dirige hacia el plató de sonido con ojos curiosos, pero Bill está demasiado entusiasmado para notarlo.
Bushido está en su camerino, está cerrado, y Bill golpea tentativamente la puerta.
—Está abierto —se oye una voz ruda. Bill intenta no parecer demasiado frívolo. Empuja la puerta y Bushido está descansando en un gran sofá, viendo la televisión. Ni siquiera mira a Bill.
—Hey —saluda Bill—. ¿Estás… ocupado?
Bushido niega con la cabeza y Bill avanza, tomando asiento en el sofá.
—¿Has grabado ya? —pregunta Bill. Mantiene algo de distancia entre ellos, inseguro de sí mismo.
Bushido parpadea, mira a Bill por un segundo.
—No.
—Oh… —Bill coloca sus pies sobre el sofá—. Es un bonito camerino, más bonito que los nuestros. Ellos normalmente nos sueltan en cualquier sitio y esperan que, no sé, nos las arreglemos. No es que me queje, me gusta trabajar. —Bushido mira a Bill, el hombre parece una estatua. Bill se le acerca un poco—. Aunque sí tenemos un bus bonito —intenta—. ¿Tú tienes un bus bonito?
Los labios de Bushido se curvan un poco.
—Sí, muy bonito.
Las manos de Bill encuentran la muñeca de Bushido, la aprietan con largos y delicados dedos.
—¿Quieres escuchar lo mucho que me voy a meter en problemas por venir aquí?
Bushido suelta su mano del agarre de Bill, captura su muñeca y retuerce duro. Bill grita y Bushido se alza sobre él, aplastándolo contra el sofá.
—Quiero oír cada puto detalle —gruñe Bushido, y estrella sus bocas juntas.
Bill deja que Bushido se adueñe de él y no le importa ceder el control. De hecho, con Bushido lo prefiere así. Por una vez, no quiere luchar por el control, por poder. Quiere dejarse y sentir.
Bushido abre la boca con labios hambrientos, devora a Bill, le hace sentir como algo delicioso. Bill está listo para dejar que Bushido le folle aquí y ahora. Y Bushido parece determinado a ello.
Tira de los pantalones de Bill hacia abajo, dejándolos por las caderas antes de dejar que Bill desabroche sus holgados pantalones. Bill hunde la mano dentro de los pantalones de Bushido, acariciando su polla, sintiéndola dura en sus manos.
—David va a castigarme —dice Bill, tocando la punta de la erección de Bushido.
—Yo voy a castigarte —replica Bushido. Aparta la mano de Bill y se saca la polla, aún tirando de los pantalones de Bill hacia abajo. Bill chilla cuando su erección es liberada, y chilla más fuerte cuando la ingle desnuda de Bushido se incrusta en él.
—¿Tenemos, eh, tiempo? —jadea Bill.
—Me importa una mierda —gruñe Bushido, y ataca el largo cuello de Bill con su boca.
Bill está seguro de que Bushido va en serio, está seguro de que va a ser follado en ese mismo sofá, pero entonces se escucha un golpe en la puerta y Bushido se tira hacia atrás.
—¡Fuera! —grita Bushido.
—Señor —responde una suave voz de mujer—. Le necesitamos en el set.
Bushido suspira, recorre con una ruda mano el cuerpo tembloroso de Bill.
—¡Está bien!
—Y tenemos a la maquilladora, justo aquí fuera, ¿podemos pasar?
—¡Un momento! —ladra Bushido. Sus hombros se hunden al mirar a Bill—. Luego —dice, muy serio—. ¿Ok?
Bill está hecho un desastre cachondo en el sofá.
—Por supuesto.
Se visten de nuevo, colocándose bien la ropa, y luego Bushido deja entrar a su asistente y a la maquilladora. Bill se siente ridículo, por lo que se acurruca en un rincón del sofá, sin mirar a nadie.
La maquilladora no tiene mucho que hacer, sólo nivelar algunos tatuajes, espolvoreando la cara de Bushido. Bill observa de reojo, sonriendo al ver maquillado al hombre, aunque sólo sea un poco.
Después de la marcha de la maquilladora, su asistente le informa de un par de cosas. Bushido se sienta en el sofá junto a Bill mientras ella habla, y coloca una mano caliente en el muslo de Bill.
Bill jadea mientras Bushido masajea su pierna, sus ojos muy abiertos por cómo Bushido le está sobando abiertamente. A él no parece importarle que los ojos de Bill y su asistente se ensanchen por el movimiento.
Después de unos tensos minutos Bushido se levanta. Mira hacia Bill.
—Volveré, no te preocupes.
Bill asiente, advierte la mirada de la asistente y le ofrece una pequeña sonrisa.
—De acuerdo.
Ellos salen y Bill se queda solo. Permanece sentado en el sofá, mirando a la pared, su ingle doliendo.
—Joder.
¿No pretenderá Bushido que espere todo el día por él?
—Seguro que sí, ese bastardo —murmura Bill. Decide ser travieso y desobedecer. Con una leve sonrisa, sale de la habitación y encuentra el camino hacia el set de vídeo. Se queda en un flanco, viendo a Bushido hablar con el director y después empiezan a grabar parte del vídeo.
“Luce tan bien”, piensa Bill, sintiéndose estúpido por ello. Nunca ha prestado demasiada atención a las actuaciones de Bushido. Quizá porque el rapero le había escandalizado demasiado como para mirar más de cerca. Bill opina que Bushido es muy atractivo, y se ruboriza sólo de pensarlo.
Está ensimismado, mirando a Bushido como un cachorro perdido, y sin sentirse avergonzado por ello, cuando una mano le palmea en la espalda. Se da la vuelta, y abre la boca.
Es Chakuza, y está sonriendo a Bill. Bill quiere devolverle la sonrisa, en serio, pero Chakuza está de pronto en su cara y Bill da un paso atrás, asustado.
—Tú, maldito maricón —dice Chakuza—. ¿Por qué estás aquí? Deja de joder con Bushido. —Hace retroceder a Bill hasta una pared, y le mete un fuerte empujón en el hombro.
—Yo no… —A Bill no le salen las palabras y Chakuza le da otro empujón—. ¡No!
—¿Eso es lo que le decías mientras te follaba? —escupe Chakuza—. ¿Huh? ¿Qué le decías?
Bill siente lágrimas agolparse en sus ojos, intenta empujar de vuelta a Chakuza, pero el hombre es más fuerte que él y le sujeta contra la pared.
—¿Suplicaste por más, pequeña puta?
—Que te jodan —logra sisear Bill. Chakuza gruñe, sus ojos arden. Golpea su hombro contra el de Bill y la rabia estalla en el estómago del cantante. Está tan cansado de la gente que le ningunea. Como un reflejo, le da un furioso rodillazo a Chakuza en la entrepierna.
Chakuza se encorva y es la oportunidad de Bill para escapar. Pero decide que no va a escapar, no va a ser ninguneado.
—Nunca más te atrevas a tocarme —dice, jadeando. Golpea a Chakuza en la espinilla, y el hombre grita de dolor, hincándose en el suelo—. ¿Me has oído, bastardo? —Chakuza asiente, pero alarga una mano, tratando de coger las piernas de Bill. El corazón de Bill salta hasta su garganta y se aleja del hombre, quien se está poniendo de pie lleno de furia.
Es miedo, comprende Billl, lo que recorre sus venas y se precipita fuera del set antes de que pueda meterse en más problemas. Está a mitad de camino fuera del estudio cuando se tropieza con Bushido. No quiere verle, no quiere ver a nadie en ese momento.
—¿A dónde vas? —pregunta Bushido, cogiendo las manos de Bill.
Bill se suelta, empujando a Bushido lejos de él.
—Dios, sólo no me toques —dice.
—¿Qué coño? —Bushido da un paso hacia él.
—Vete a la mierda, ¿vale? No me llames nunca más. —Bill da media vuelta, sabiendo que Bushido nunca le seguiría, y saca su móvil del bolso. Marca el número de Saki y espera por ayuda.
“Porque soy un bebé”, piensa, temblando.
&
Por enésima vez, Bill le asegura a Saki que está bien.
—Solamente quiero estar solo —dice, de pie junto a la puerta de su habitación—. Nadie… me hizo nada. Sólo quería volver, ¿de acuerdo?
—¿Estás seguro? —pregunta Saki. Parece listo para matar a alguien, y Bill no quiere eso.
—Sí, estoy agotado —dice Bill—. Te llamaré si lo reconsidero.
Saki asiente, hace esa pequeña media reverencia que siempre incomoda a Bill y se marcha. Bill se sienta en la cama, intentando poner en orden su cabeza.
Sólo ha conseguido unos pocos minutos de paz antes de que la puerta que conecta su habitación y la de Tom se abra.
—¿Bill?
Bill se inclina hacia delante, la cabeza entre las manos.
—¿Qué, Tom?
Tom se adentra en la habitación y Bill está seguro de que está a punto de sermonearle.
—¿Estás bien? —La voz de Tom es suave, gentil.
Bill levanta la mirada.
—Um. —Siente lágrimas en los ojos otra vez—. Sí. —Se estremece y Tom se sienta a su lado, colocando un brazo en su hombro—. No —suspira Bill—. No lo estoy. —Un sollozo escapa de su garganta y Tom le da un apretón.
—Cuéntame —dice Tom.
Bill se seca la cara, niega con la cabeza.
—Te enfadarás y te… reirás de mí.
—Te prometo que no lo haré —dice Tom—. Sé que he sido un capullo.
—Lo has sido —dice Bill—. Un capullo enorme, Tom. Dios… peor que Bushido. —Otra lágrima cae—. Él no me gusta, no es así. Yo sólo…
—Dime. —El agarre de Tom se vuelve más fuerte, casi de forma dolorosa—. Prometo escuchar.
Bill le cree de verdad, y por primera vez en mucho tiempo siente que a su hermano le importa.
—Sé que odias a Bushido, pero él no es tan mano. Nosotros somos sólo… conocidos… Y tú y, joder, todo el mundo se volvió loco por eso y pensé que me odiabas.
—Está bien —dice Tom—. No te odio.
—Él no es tan malo. Sólo es que no creo que podamos ser… amigos —dice Bill—. Somos demasiado diferentes, y joder, no sé.
Tom asiente, frota la espalda de Bill y le dice que todo estará bien de nuevo. Bill descansa la cabeza en el hombro de Tom, se acurruca contra él, y le agradece por escuchar. Las manos de Tom se pasean por la espalda de Bill, acarician su cuello y luego toman su cara.
Bill se incomoda bajo el toque, sus ojos ensanchándose cuando Tom acaricia más intensamente. Es tan íntimo, tan cuidadoso, Bill siente su estómago revolverse.
—Tom…
Los labios de Tom rozan los suyos y Bill jadea en la boca de su hermano. Intenta echarse atrás en el colchón, deja escapar una corta y asustada risita, y entonces los labios de Tom están sobre los suyos de nuevo. El beso es hambriento, profundo, y Bill empuja a Tom lo más fuerte que puede. Los ojos de Tom son oscuros e inclina la cabeza otra vez, buscando otro beso, pero Bill le abofetea en la cara, conmocionándolos a ambos.
La mano de Bill pica y sus ojos arden.
—¡Joder, Bill! —Tom se agarra la mejilla.
—¿Qué coño está mal contigo, Tom?
Ambos están jadeando y Bill puede ver claramente el dolor en los ojos de Tom. Bill alarga la mano, toca la cara de Tom y entonces los ojos del guitarrista se encienden. Aparta la mano de Bill de un golpe.
—¿Cómo pudiste hacer esto? —grita Tom.
Bill se sorprende.
—¿Qué? Tom, tú…
—¡Vas a joder al grupo entero! ¿Y para qué? ¿Qué te ha hecho?
La cara de Bill se sonroja con vergüenza y furia.
—¡Cállate, Tom! Tú, estúpido gilipollas. ¿Por qué coño me has besado?
Tom niega con la cabeza, sus rastas azotando sus mejillas.
—¿Te ha follado? —demanda Tom—. ¿Lo ha hecho?
Bill aprieta la mandíbula.
—¿Por qué me has besado?
La cara de Tom se vuelve roja y no mira a Bill a los ojos.
—No lo sé… ¡Joder, no lo sé! No quiero que te tenga.
—Tú no puedes tenerme, Tom —dice Bill—. Soy tu hermano.
Tom cierra de golpe la mano en la cama, agarrando las mantas y tirando hacia fuera de allí donde están metidas bajo del colchón.
—No quiero tenerte, yo sólo… sólo…
—¿No quieres que nadie más me tenga? —pregunta Bill.
Tom asiente lentamente.
—¿Te folló? —Bill no dice nada y Tom le sacude fuertemente de los hombros—. ¿Lo hizo, cierto? ¿Tú… le dejaste?
—Lo siento… —Bill no sabe por qué lo dice, porque no lo siente y no le debe nada a Tom.
—A él no le importas una mierda —dice Tom—. No se preocupa por ti… ¡No lo hace!
Bill suspira, viendo a su hermano revelarse justo delante de él.
—Cállate, Tom. Tú no lo sabes y a mí no me importa si lo hace o no. No se trata de eso.
—Sí te importa. Sientes algo por él. Lo he sabido desde que fuiste a esa maldita fiesta. ¿Por qué fuiste, Bill, por qué? —Tom está tirando de las sábanas otra vez y Bill coloca una mano suave sobre la suya.
—Dios, Tom, ponte tranquilo.
Tom niega con la cabeza y agarra fuertemente la mano de Bill.
—¿Por qué me has hecho esto?
Bill deja que Tom le apriete, que le haga daño. No sabe qué hacer por su hermano.
—No te he hecho nada —susurra.
Tom abraza fuerte a Bill, y Bill le deja hacer también eso, a pesar de cómo hace doler su tripa. Deja que Tom frote sus manos desesperadamente por su espalda y sólo cuando esas manos se trasladan a lugares más íntimos Bill se retuerce y dice:
—No, Tomi, por favor no…
—No estoy haciendo nada. —Tom besa a Bill en la frente y Bill frunce el ceño, se quita de encima las manos de Tom, se levanta y trata de recuperar el aliento.
—No puedo estar contigo ahora —dice Bill. Tom le mira con ojos grandes y húmedos—. No puedo estar contigo… nunca… No podemos, no importa si yo…
Bill no puede hacer esto. Se da la vuelta y se marcha. Tom no le sigue, y a estas alturas Bill ya se está acostumbrando a eso.
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Bill está sorprendido de lo estúpido que puede llegar a ser. De alguna manera se encuentra de vuelta en el camerino de Bushido, de vuelta al principio, y sólo quiere golpear algo cuando abre la puerta y ve a Bushido tendido en el sofá, la guapa maquilladora entre sus piernas, haciéndole una mamada.
La maquilladora succiona dos veces la polla hasta que repara en Bill de pie en el umbral. Bushido le mira con ojos oscuros y maldice.
—Lo siento —dice Bill, emoción en sus ojos, y se va rápidamente por donde ha venido. No corre, no huye, sólo camina a través de los platós y se detiene bajo un falso árbol. Se sorprende al mirar atrás y ver a Bushido aproximándose.
—¿Qué coño? —pregunta Bushido—. Yo no corro detrás de la jodida gente, Bill.
—No, um, yo sólo… —Bill agacha la cabeza. Se da cuenta de que en verdad es un crío. Ni siquiera puede pronunciar palabra y Bushido le está escrutando, juzgándole. Se siente tan jodidamente estúpido—. Tú y ella…
—¿Por qué has vuelto aquí?
Bill sorbe por la nariz, odiándose por ello. Tiene que saberlo.
—¿Yo te gusto?
El rostro de Bushido se endurece, y al instante Bill comprende que ha cometido un error, muchos errores.
—Esto no era nada —dice Bushido—. Eras sólo un buen polvo. Un muy buen polvo.
—Pero yo…
Bushido le coge por los hombros, le atrae hacia adelante y le besa fuertemente en la boca. No es la clase de beso que a Bill le gusta, pero lo acepta. De todas maneras, es un beso de despedida. Bushido frota los brazos de Bill y le empuja contra el árbol de plástico.
—El mejor polvo —dice—. Pero sabes, eso es todo. —Observa a Bill, y Bill traga saliva—. Qué más podría yo… Nada. —Sacude la cabeza y luego tiene el descaro de sonreír—. Nos vemos.
Bill le ve darse la vuelta, le ve caminar alejándose, y Bill no puede con ello. De repente es suficiente para hacerle gritar:
—¿Eso es todo?
Bushido no se da la vuelta y Bill se da cuenta de algo, que hace que sus lágrimas se sequen. Él tampoco corre detrás de la gente.
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Bushido gira la esquina y Chakuza está allí, esperando.
—¿Lo hiciste? —pregunta Chakuza. Bushido asiente, no dice una palabra—. Bien. La pequeña zorra me dio en los huevos.
Bushido asiente otra vez, pero sus labios se curvan hacia abajo, sus manos convertidas en puños en sus bolsillos, temblando.
Tal vez no era nada, pero tan seguro como el infierno que se sentía como algo.
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Cuando Bill está de vuelta en su habitación de hotel, Tom está sentado en la cama, viendo la televisión con ojos pesados.
—¿Qué estás…? —Tom levanta la mirada y las piernas de Bill se sientes débiles. Está tan cansado y sólo quiere dormir—. Tom, por favor, sólo vete…
Los sollozos sacuden su cuerpo, y casi se dobla hacia adelante, pero Tom está en sus rodillas, manteniéndole de pie. La cabeza de Tom presiona en el vientre de Bill, y ambos se están desmoronando juntos.
—Lo siento, lo siento… —dice Tom en su vientre—. Bill. Por favor.
Las manos de Bill se entierran en el cabello de Tom, sosteniéndole aunque su cuerpo entero quiere apartarle de él. Se siente enfermo y su hermano le quiere tanto.
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Notas de cynical terror: Quizás no es el final que mucha gente quería, pero es lo que es y esto es todo lo que puede ser. Gracias por leer 🙂