Fic de cynical_terror. Traducido por Khira

Capítulo 3

Bill sigue guardando su pequeño secreto. Sonríe en todas sus apariciones televisivas, sonríe en todos los conciertos, sonríe incluso cuando David les regaña sobre fiestas, emborracharse, follar, lo que sea.

Nada consigue abatirle, y no está seguro de por qué. Ha hecho correrse a un hombre. Se mira a sí mismo en el espejo, están en un hotel, y piensa que ha crecido un poco.

Hasta ahora sólo se había hecho correr a sí mismo. Los breves y confusos encuentros que había tenido con chicas en el pasado jamás fueron tan satisfactorios.

¿Es gay? Lo cierto es que no le importa una mierda.

Vuelve a la cama y recuerda la escena entera en su mente otra vez, algo que ha estado haciendo durante días. Él estuvo realmente tranquilo, puede que incluso un poco sexy.

—Definitivamente sexy —dice. Se acurruca en posición fetal y permite que un estremecimiento le recorra el cuerpo. Está duro de nuevo, le duele el vientre. Con un suave suspiro se coge el paquete, listo para masturbarse. Los orgasmos han sido mucho más intensos con Bushido en su mente. Puede que porque siente que no debería, como si estuviera siendo travieso sólo por pensar en ese hombre.

Recuerda el sabor de Bushido en su boca y sus dedos aprietan.

—Sí… —Está a punto de desabrocharse los pantalones cuando su teléfono móvil empieza a sonar—. ¡Joder!

Probablemente es Tom, siempre es Tom. Su hermano no le quita ojo últimamente y está volviendo loco a Bill. Si sólo Tom supiera…

El teléfono sigue sonando y se rinde, sacándolo del bolsillo de su chaqueta. Bien podría decírselo ahora.

—¿Qué? —dice, contestando el teléfono.

—¿Tienes privilegios telefónicos tan tarde, pequeño?

El estómago de Bill da un vuelco.

—Oh, que te jodan —dice ásperamente al interlocutor—. ¿Qué quieres?

Bushido sólo se ríe y hace que Bill se sonroje.

—¿Y bien?

—Tú sabes lo que quiero —dice finalmente Bushido.

—¿Oh? —Bill lo sabe, realmente lo sabe, pero le gusta jugar—. ¿Y qué es?

Bill cree que Bushido también va a jugar, flirtear con él incluso. Pero Bushido no es lo que Bill espera.

—Quiero follarte —dice Bushido en tono casual.

Bill hace una mueca.

—Qué… directo.

—Déjame venir a por ti —dice Bushido—. Sé dónde estás.

—Ni hablar —dice Bill en respuesta—. Además, no me permiten verte. —Bill se arrepiente al momento.

—No me vengas con esa mierda —dice Bushido. Hay algo oscuro en su voz, algo que Bill recuerda de su primer encuentro, cuando casi se la chupó. Bill tiene la sensación de que Bushido no va de juegos, que es muy serio—. Tienes dieciocho años, nadie puede decirte qué tienes que hacer.

—Tengo que pensar en mi carrera —intenta Bill—. No puedo simplemente…

Bushido se ríe otra vez, esta vez no de forma amable.

—¿Por qué respondiste el teléfono entonces, hm? ¿Si sólo ibas a jugar conmigo?

—Yo… —Esto no va como Bill planeaba, ¿pero realmente esperaba que Bushido llamara sólo para tener una bonita charla?—. Pensé que eras mi hermano, a decir verdad.

—¿Tu hermano? —Ahí está esa risa exasperante otra vez—. ¿Sabe él que te gusta chupar pollas?

Bill arruga la frente.

—¿Saben tus amigos que te gusta que te la chupen chicos de dieciocho años?

—Sólo he hablado de ello delante de una cámara una docena de veces —es la tranquila respuesta de Bushido—. Si no se han enterado aún, es que son idiotas. Pero tú y tu hermano sois muy cercanos, ¿cierto?

—Um, claro que sí. —Bill no quiere hablar de Tom en ese momento.

—¿Qué pensaría?

—La verdad es que no me importa —dice Bill.

—Yo creo que sí —presiona él.

Bill suspira.

—Probablemente te mataría, o me mataría a mí. No lo sé. Dios.

—Hm, ¿está el mocoso celoso?

—No —dice Bill. Hay un pequeño silencio—. ¿Qué?

La risa de Bushido le enfurece por algún motivo.

—Sabes, no necesito que…

—¿Qué necesitas, Bill?

Bill maldice y cierra de golpe el teléfono, una repentina y punzante frustración le recorre entero.

—Que te jodan —murmura.

Su teléfono suena de nuevo y lo mira. Esta vez es Tom. Sin pensar, abre el teléfono, la ira bullendo dentro de él.

—¿Qué?

—Whoa, ¿por qué estás tan mosqueado? —balbucea Tom. Está bebido y Bill estruja el teléfono—. ¿Qué vas a hacer?

—Nada —dice Bill.

—No vas a… escaparte a alguna fiestecita, ¿huh? —Tom está claramente divertido y Bill está al límite de su paciencia.

—Yeah, porque sin ti a mi alrededor no sé qué hacer —dice Bill.

—Aw, ¿quieres que vuelva y te haga compañía? —Su tono es burlón y por un momento Bill puede oírle hablar con otra persona al otro lado—. Sólo es Bill. Yeah, haha, bueno… mmm… Nena, seguro que él lo sabe. ¿Le pregunto? —Tom ríe, una risa más suave y aguda que la de Bushido—. Bill, ¿son mejores los hombres mayores?

La boca de Bill se abre.

—¿Estás bromeando?

—Nena, no voy a beber eso —dice Tom—. ¡No!

Bill frunce el ceño, arrugando las mantas con la mano.

—Tom —dice en voz alta. Tom no responde—. ¡Tom!

—¿Qué?

—No sabes de la misa la mitad y no tienes ni idea de… de… —¿Por qué Bill tiene los ojos llorosos? Esto es estúpido—. Lo que sea. —Corta la llamada y observa la vacía habitación de hotel.

El teléfono suena una vez más y Bill está a punto de lanzarlo por la ventana. Lo coge de todas maneras, viendo un número desconocido, sabiendo inmediatamente que es Bushido. No debería cogerlo, pero…

—¿Sí?

—Ok, así que nada de hablar de la familia, ¿hm?

Bill niega con la cabeza, sonriendo levemente.

—Eres un bastardo, y deja a mi hermano fuera de esto.

—Ok, ok —concuerda Bushido—. ¿De qué hablamos entonces?

—¿Cómo has estado? —prueba Bill.

—Nada de esa mierda educada —dice Bushido—. Déjame venir a por ti y entonces… hablaremos.

—¿Hablar sobre qué? —pregunta Bill. Se sienta sobre sus piernas—. Y no me digas que…

—Puede que, a decir verdad, no seas capaz de hablar. —Bill puede oír la mueca en la voz de Bushido.

La sonrisa de Bill se ensancha, esto es más su especialidad, en realidad.

—¿Oh? ¿Por qué?

—Porque parece ser que no puedes mantener tu boca alejada de mi polla.

Los ojos de Bill se ensanchan a la vez que ríe. Odia estar sonrojándose, sentirse como un inocentón a pesar de que le estaba viendo venir de lejos.

—No fue tan bueno —dice.

—¿Has tenido de mejores?

Bushido se está burlando de él y Bill se retuerce.

—Sí, los he tenido.

—Igual que yo —dice Bushido—. He tenido muchos mejores con un montón y menos calientapollas.

—¡Fue mi primera vez! —grita Bill—. Quiero decir… ¡Que te jodan!

—Mmm, podrías practicar, sabes —dice Bushido—. Te enseñaré algunos trucos.

—Qué amable de tu parte —dice Bill, rodando los ojos.

—Podría enseñarte muchas cosas —continúa Bushido—. Por ejemplo, cómo follar.

—Te follas a un montón de chicos jóvenes en tu tiempo libre, ¿eh? —Bill está sorprendido y envalentonado de sus propias palabras.

—Tú no eres un chico —dice Bushido con tono áspero.

Bill bufa.

—Te prometo que lo soy.

—Tendrás que probarlo —dice Bushido—. Pequeña chica.

—Estoy duro ahora mismo —dice Bill, como si eso probara algo a través del teléfono—. Así que soy un chico.

—¿Te has puesto cachonda, pequeña? ¿Estás mojado?

—¡No! —Bill traga saliva. Bushido le hace sentir cosas muy conflictivas. Está excitado, asustado, incluso enfadado, y eso le pone más cachondo todavía.

—Puede que sí —dice Bushido—. Tócate.

—No voy simplemente a…

—Métete un dedo —dice Bushido, su voz es más grave ahora—. Dime lo mojado que estás porque he llamado. Sé que lo estás.

—Eres muy creído. Sólo porque has llamado yo no… ¡Yo no soy una chica! —Bill se tumba de espaldas y se baja los pantalones de pijama, doliéndose de lo duro que está—. No soy una chica. —Se baja los bóxers y gruñe por la excitación. La punta brilla por la humedad en la penumbra de la habitación.

—Sólo un dedo. —Bushido respira al otro lado de la línea.

—Pero yo… —La mano derecha de Bill baja por su pecho hasta sus caderas. Quiere envolver su polla con la mano. Su corazón late tan deprisa, tan frenéticamente; quiere oírlo zumbar en sus oídos mientras se corre—. ¿Un dedo?

—Uno —dice Bushido.

—Quizás… —Bill niega con la cabeza incluso mientras habla, incluso cuando su mano se desliza por delante de su dolorida polla y pasa de largo sus testículos. El nunca se ha tocado allí donde Bushido quiere. Su corazón está golpeando más fuerte, más rápido—. ¿Cómo?

—¿Estás mojado?

Bill se mira la polla.

—Sí.

Bushido respira pesadamente al teléfono.

—Mmm, mójate los dedos.

Bill suspira trémulamente mientras acaricia la punta de su polla, deslizando sus dedos sobre el glande.

—¿Y después?

—Métetelos.

Bill lleva sus dedos a su entrada, la toquetea y se estremece.

—Dijiste sólo uno.

—Por ahora —dice Bushido—. Uno por ahora.

—¿Cuántos piensas…? —Bill empuja su dedo índice dentro y gime. Se siente tan extraño, tan confuso, al igual que toda esta situación.

—Tantos como puedas —dice Bushido. Él deja escapar un gruñido muy similar al que hizo cuando Bill se la chupó.

Bill se imagina a Bushido tocándose a sí mismo y mete su dedo más profundo.

—Duele —murmura.

—Por supuesto que sí —dice Bushido—. Eres muy pequeño.

—No tan pequeño. —Bill respira de nuevo. Mueve su dedo dentro del apretado calor de su cuerpo y gime de verdad. Su polla da una sacudida contra su vientre—. Yo… ¡Oh!

—Cuando te folle va a doler mucho más —dice Bushido—. Mejor que, ugh, estés preparado.

—No voy a dejarte —gime Bill. De alguna manera tiene otro dedo más dentro de su cuerpo, ambos profundizando y curvándose. Ha encontrado algo profundamente escondido dentro de él que le hace sudar y encoger los dedos de los pies. Suelta el teléfono.

—¡Joder! —Golpea con un dedo la tecla del manos libres y se agarra su dolorida polla—. ¡Oh dios mío!

—¿Te gusta? —La voz de Bushido resuena en la habitación de hotel.

—Oh, sí…

—Me dejarás —dice Bushido—. Más te vale que me dejes, joder, o… —Ambos gimen.

—¿O qué? —pregunta Bill, otro dedo encontrando su camino hacia su dolorido y tensado agujero—. ¿Me obligarás?

Bushido no contesta, sólo gime, y eso es suficiente para Bill. Muchas jodidas imágenes copan su mente, y eso hace que su polla palpite más fuerte. Bushido abrazándole, respirando en su cara, follándole.

Bill no sabe cuándo la idea de la polla de otro hombre se convirtió en algo tan excitante, pero así es.

—Sí, tú puedes… Sí, fóllame —jadea Bill—. Fóllame.

—Sí —gruñe Bushido.

La ingle de Bill tira más y más fuerte y cuando sus dedos se curvan más siente el dolor más intenso en el vientre. Por un segundo, es casi insoportable, pero luego se libera, se traga a Bill entero y se corre manchando todo su vientre.

Nunca se había sentido así, el placer le inunda de nuevo al oír lo que debe ser el orgasmo de Bushido, calmado en comparación con el de Bill. Bill rueda en la cama, pegajoso y agotado, y acaricia con la cara el teléfono.

—¿Bushido? —Se da cuenta de que puede que sea la primera vez que pronuncia su nombre desde que todo empezó.

—Joder —dice Bushido—. ¿Qué?

—Definitivamente soy un chico —dice Bill.

Bushido se ríe y a Bill le empieza a gustar la manera en la que el sonido retumba en su oído.

—Me importa una mierda lo que seas. Voy a follarte.

—¿Sí?

—Sí… —Hay un silencio—. Tengo que irme.

—Mmm, ¿estás seguro?

—No soy mucho de conversaciones triviales —dice un poco bruscamente—. Nos vemos.

Bill frunce el ceño.

—Ok, bueno… —La llamada termina y Bill se queda boquiabierto—. Dios.

Pero es incapaz de enfadarse, no después del orgasmo que acaba de tener. Desliza un dedo curioso dentro de él y deja escapar una risita.

Pase lo que pase o no, esto hará las pajas mucho más interesantes.

&

—¿Qué pasa? —pregunta Bill.

Entra en la oficina de David, sintiéndose como si tuviera otra vez quince años cuando David le indica que se siente. Bill se sienta en uno de las grandes butacas de cuero frente el escritorio de David y éste se sienta al otro lado. La última vez que se sentó frente a David de esta manera fue hace años, cuando todos fueron regañados por actuar de forma obscena en las entrevistas. Bill se había sentado en el mismo reposabrazos y sus pies apenas tocaban el suelo. Ahora es mucho más mayor, más alto, y más confiado.

—Gracias por venir —dice David. Está actuando como un adulto, por lo que Bill supone que la ha cagado—. Quería hablar contigo hoy…

Bill cruza las manos en su regazo, de repente preocupado por no encorvarse, sino por sentarse recto y parecer el adulto que es. Algo le dice que sabe de qué quiere hablar David.

—Bushido —dice David—. Seguro que has oído los rumores.

Bill asiente.

—Dijiste una vez que una mala publicidad es mejor que ninguna publicidad.

—Alguien le vio salir de tu camerino —dice David. No hay humor en su voz—. Esa clase de publicidad no es publicidad. Es la clase de publicidad que acaba contigo, Bill.

—Pero yo no soy… gay —replica Bill—. Y sólo son rumores.

David no está escuchando.

—Esto podría ser malo para el grupo, y si es malo para el grupo, es malo para mí.

—David, es un estúpido rumor —dice Bill, tratando de permanecer calmado.

—El rumor —empieza David— es que le hiciste una mamada en tu camerino.

Bill se ruboriza.

—No irás a creer que yo…

—No importa lo que yo crea, importa lo que el público piense. —David sacude la cabeza—. No te pueden ver con él de nuevo.

—David, tengo dieciocho —dice Bill—. Puedo hacer lo que quiera.

—No mientras estés bajo contrato —es la rápida réplica de David—. ¿Y qué pensaría tu hermano?

—¿Por qué debería importarme lo que Tom piense? —dice Bill, su voz subiendo de volumen. Se inclina hacia delante y deposita una mano en el escritorio de David—. Soy una persona por mí mismo, David.

—Y luego están esos rumores sobre tú y tu hermano…

Bill ha tenido suficiente. Se levanta y dice:

—Eso es enfermo, ¿a qué viene?

David se reclina en su silla.

—Él no está muy feliz con lo de Bushido, ¿sabes?

—Joder si lo sé —dice Bill—. Le odia.

—¿No crees que esta especie de triángulo amoroso debería permanecer oculto de los medios? —David está obviamente bromeando, incluso está sonriendo como un idiota mientras lo dice, pero agota la paciencia de Bill.

—No te metas en mis asuntos —le dice a David—. Veré a quien quiera, follaré con quien quiera y nadie tiene por qué decir nada.

La réplica de David está saliendo de su boca, pero Bill no está escuchando. Sale a toda prisa de la estancia, sintiéndose casi al borde de las lágrimas, y da un portazo tras él. El tremendo ruido hace eco en sus oídos, pero sigue adelante. Recorre el pasillo del apartamento, pasando de largo el estudio donde la banda está ensayando. No está para trabajar ahora.

Sólo quiere meterse en su habitación, poner una estúpida película y relajarse. Al girar la esquina se choca con su hermano, casi cayendo de culo al suelo.

—Dios, ¿qué está mal contigo? —pregunta Tom, ajustando la correa de la guitarra en su hombro—. ¿Hay un fuego o algo?

Bill contiene la respiración, mirando a su hermano.

—No. David me ha echado la bulla.

—¿Por lo de Bushido? —pregunta Tom distraídamente.

—Um, sí. ¿Lo sabías?

—¿Los rumores? No estoy ciego Bill, están por todas partes —dice Tom—. De todas maneras, no vas a verle más, ¿no?

Bill se cruza de brazos.

—¿Y si quiero hacerlo?

—Joder, Bill, ¿de verdad tienes algo con él? —pregunta Tom, conmoción en su cara.

—No —dice Bill—. Pero yo… puedo hacer lo que quiera, ¿no?

—¡Vas a joder el grupo, Bill! —replica Tom. Su voz plena de apasionada ira, y algo más que Bill no puede imaginar—. ¡Eres tan jodidamente… estúpido a veces!

Las palabras golpean a Bill en el corazón.

—Cállate, Tom.

—No —dice Tom—. Ya no sé ni quién eres.

—Eso es una gilipollez —dice Bill—. Ni siquiera he hecho nada. —Tom le echa una dura mirada y Bill agita las manos en el aire—. Eres mi hermano, Tom. Se supone que debes entenderme.

—Lo haría, si no te estuvieras comportando como un… No sé.

—¿Qué? —pregunta Bill—. ¿Como un qué? —Tom no quiere decirlo, pero Bill sabe qué quería decir. Como un maricón. Como una puta. Como un estúpido—. De acuerdo, me voy a otra parte.

Empuja a Tom y corre hacia las escaleras. En el fondo espera que Tom le siga para hacer las paces.

Ellos no se habían distanciado así en años, y Bill tiene miedo de que vaya a peor.

Pero Tom no va tras él, ni siquiera se le oye en las escaleras. Bill gruñe y mantiene la puerta abierta, de pie en la calle. ¿Por qué nadie nunca corre tras él?

—Joder, joder, joder —dice entre dientes. Mete la mano en el bolso, buscando un cigarrillo. Sus dedos golpean su móvil, está vibrando.

Lo saca de golpe y lo abre.

—Hey. Oh, sí. Um… seguro. Sí, está bien. Estaré fuera.

Cuelga el teléfono y encuentra un cigarrillo. Sus manos tiemblan un poco cuando lo enciende, chupando rápidamente. Al cabo de un tiempo las luces de un coche le iluminan fuera del apartamento.

La ventanilla baja y se asoma Bushido.

—Métete en el coche, pequeño, tengo caramelos.

Bill se lame los labios, está hambriento.

Continúa…

Gracias por la visita. No olvides dejar un comentario 😉

por Khira

Escritora del fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!