
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 64
By Bill
Ahora mismo tengo a Brian, Nathalie y Ría delante de mí. Estoy destrozado, llorando como nunca, después del vídeo que me han enseñado hace unos minutos; Ría tiene esa sonrisa de victoria dibujada en la cara, como si disfrutar de mi sufrimiento fuera su premio. Me acaban de enseñar cómo lanzan a mis bebés… a esos que solo pude tener en brazos una maldita semana… por un precipicio lleno de rocas.
Lo que se me quedó grabado no fue solo verlos caer, tan pequeños, tan frágiles, sin despertar ni para entender qué pasaba… sino también el golpe seco de sus cuerpecitos contra las rocas, amplificado por el eco, como si todo el universo quisiera que lo escuchara una y otra vez. Ese sonido me perfora los oídos y me quema el alma.
Siento que algo dentro de mí se ha roto para siempre. Un dolor indescriptible me oprime el pecho, me cuesta respirar, el aire no me entra y la garganta me arde. Quiero gritar hasta desgarrarme, pero apenas puedo sollozar. Estoy tan destrozado que incluso mi llanto parece molestar a Brian; se agacha frente a mí, me agarra fuerte de las mejillas, hundiendo los dedos en mi piel como si quisiera dejarme marcas, y me mira con el ceño fruncido, con esa fría impaciencia que me hiela la sangre.
Quisiera arrancarle las manos de encima, pero no tengo fuerzas. Me siento vacío… porque ellos ya no están, y nada de lo que haga podrá devolverme a mis hijos.
—Ya deja de chillar, joder— gruñe con fastidio —Me estresa escucharte llorar, que es lo único que has hecho desde que llegaste. ¿Crees que lloriqueando vas a conseguir que me apiade de ti y te deje libre? No, chiquillo… eso no va a pasar.
Lo miro a los ojos, la rabia quemándome por dentro —Eres un ser despreciable— escupo apretando los dientes —Cuando Tom te mate, espero que te retuerzas en el infierno como la escoria que eres… maldito infeliz.
Él me sostiene la mirada un segundo, y luego la desvía hacia Nathalie y Ría, que siguen de pie con sonrisas socarronas como si esto fuera un espectáculo privado. Vuelve a mirarme y, para provocarme más, se echa a reír en mi cara. Su risa es tan exagerada que hasta se limpia una lágrima falsa del ojo, como si mi odio le divirtiera. Se relame los labios, respira hondo para calmarse, y yo no me inmuto. Sigo mirándolo serio, con un fuego en los ojos que ni mis lágrimas apagan.
Sé que Tom ya ha visto el vídeo… el mismo que me destrozó, que me quitó hasta las ganas de respirar. Sé que se va a vengar. Lo sé. Recuerdo cuando perdió el control con Marc, golpeándolo hasta casi matarlo solo porque me hizo llorar amenazándome con contarle a mis padres lo nuestro. Eso fue solo por palabras… no puedo ni imaginar lo que hará ahora que no solo nos han lastimado a mí y a él, sino que también han matado a nuestros hijos. Los hijos que él adoraba, que acunó con tanto cuidado como si fueran de cristal.
Todos aquí están condenados.
—¿Tom? ¿Matarme?— se burla con una risa corta, venenosa —No inventes, niño. Ahora mismo, no puede hacerme nada. Así que vete quitando esa fantasía de la cabeza. Tom no va a venir por ti… y mucho menos a matarme. Es demasiado tonto para eso.
Lo miro con un desprecio que me quema por dentro. Él sonríe, disfrutando del odio que le tengo.
—Te lo voy a explicar— continúa, con tono casi didáctico —Ahora mismo él está muy por debajo de mí. Porque mientras él pierde el tiempo buscándote y llorando como un idiota, yo he estado montando mi imperio.
Entrecierro los ojos, intentando captar cada palabra que dice.
—Tengo contactos… he hecho favores a algunos narcos. Y en este mundo, un favor se paga con otro— su voz suena baja, rasposa, casi como un siseo —Tom cree que puede conmigo, pero yo voy varios pasos por delante.— me clava la mirada —Seguro que Nathalie ya se habrá ido de la lengua, como siempre, contándote lo que pasa. Dejé el cuadro en la sala porque necesito cortarle la cabeza ya. No sé si se habrá dado cuenta de que era uno de los que hacía su madre… pero el punto es que debemos irnos, bonito.
Trago saliva. Veo cómo hace una señal a Ría con la cabeza. Ella asiente, sube las escaleras y vuelve minutos después con dos hombres. Reconozco sus caras… dos de los que me abusaron. Me sonríen, y esa sonrisa me causa náuseas. Instintivamente intento apartarme, pero no sirve de nada: me sujetan los brazos con fuerza, obligándome a ponerme de pie.
Sigo con el maldito traje de muñeca, aunque al menos me quitaron el maquillaje. Me siento expuesto, ridículo, sucio. Quitan la cadena del suelo y se la entregan a Nathalie, como si fuera un trofeo.
—Tenemos todo un plan armado, Bill— continúa Brian con tranquilidad que me enferma —Yo me muevo desde las sombras… y en la oscuridad mando yo. Y recuerda, morenito: mientras yo esté de pie, el camino para ti y para Tom será un infierno sin salida.
Sus palabras se clavan en mi cabeza como púas. Todo da vueltas y no sé ni cuándo me sacan del sótano. De repente ya estoy en la sala, la misma donde me destrozaron antes. Miro al suelo, evitando a todos, mientras Nathalie juega con la cadena, tirando de ella de vez en cuando para hacerme tropezar, caer de rodillas o empujarme como si fuera un animal.
—Richard, encárgate de dejar la nota donde la vea ese imbécil o cualquiera de los suyos. Irá directo a mi trampa solo por buscar a su moreno precioso…— dice Brian, divertido.
Después me sacan de la cabaña. Me suben a un coche negro y me cubren la cabeza con la misma capucha que llevaba el día que me trajeron aquí. No sé cuánto tiempo pasa; podría ser media hora o toda una eternidad. Me bajan del coche y me llevan a un lugar desconocido. Solo sé que Nathalie está a mi lado, sujetando la cadena como si fuera su trofeo. Escucho a Brian dando órdenes: que sus hombres se oculten, que me dejen atado a una columna para que Tom piense que estoy solo. Lo oigo también por el walkie, diciendo a otro grupo que preparen a los francotiradores.
Mi piel se eriza con esa palabra.
«Francotiradores.»
¿Dónde coño estamos?, pienso mientras cada palabra que dicen rebota con eco. No hay aire suficiente para pensar que estamos al aire libre… mierda… ya quiero que esto acabe. ¿Qué más da si muero?
—Ya me encargué de contactar a la DEA, les voy a entregar a los Trümper. Menos a Tom, a ese me lo llevo por delante…— dice con emoción en la voz, cargada de ganas de joder —Necesito todo en orden, si ven algo… me avisais— termina de ordenar al grupo por el walkie —Willem…
Mantengo la cabeza agachada, deseando en silencio que todo esto termine ya. Ni siquiera escucho la voz del maldito de Brian llamándome. No me interesa. Pero eso a ellos no les importa: Ría me arranca la capucha negra de un tirón, y mis mechones cortos se desordenan al instante. Recuerdo cuando me lo cortaron horriblemente, mechón por mechón, con las tijeras como si fuera papel.
Tardo unos segundos en mirar alrededor y darme cuenta de que estamos en un parking. Desvío la mirada al suelo, otra vez con la cabeza gacha. Pero Brian me agarra del mentón con fuerza y me obliga a mirarlo.
—Te estoy llamando, imbécil— gruñe —No creas que porque esto esté a punto de acabar vas a hacer lo que te dé la gana— niega con la cabeza —Me obedeces, ¿entendido? Haces lo que yo diga, cuando y como yo diga. Y si te llamo, me miras. ¿Lo pillas?
—¿Y si no quiero, qué?— respondo, desafiante, a la defensiva.
Brian me mira, luego gira la cabeza observando a sus hombres y se ríe con ironía. De repente, sin que pueda reaccionar, me da un puñetazo en la mejilla. Ladeo la cabeza con el impacto, que duele, pero joder… nada duele más que lo que he pasado estos días de mierda. Me agarra del pelo cortito con precisión y me empuja la cabeza para que lo mire. —Si vuelves a contestarme así, te voy a dar una puta paliza, idiota. No eres más que el cebo para que el perro de Tom venga aquí…
—¡Vete a la mierda!— grito con rabia.
Él me da una bofetada con el dorso de la mano y caigo al suelo. Siento el sabor metálico de la sangre en la boca, escupo y paso la mano por el labio inferior partido para limpiar el líquido rojo.
—Aprende a respetar— me dice, mirándome como un depredador a su presa —No quiero matarte aún, menos a golpes, putita.
Tenso la mandíbula. Nunca en mi vida he sentido algo así. Este odio inmenso, estas ganas de borrarle la sonrisa con mis propias manos… Joder, ¿por qué no me mata ya y punto? Estoy seguro de que Tom sabría vivir sin mí si sobreviviera. Yo no puedo más. Solo quiero cerrar los ojos para siempre y soltar mi último aliento. Morir ya. Eso quiero.
—Así me gusta— musita, sacándome de mis pensamientos —Ahora todos a trabajar, el idiota de Trümper no tarda en llegar… y le tenemos preparada una gran sorpresa— me mira al decirlo —Déjalo bien atado, no sea que intente escapar. Aunque dudo que seas tan inútil y pendejo para hacerlo…
Algunos de los hombres que me abusaron se acercan, Nathalie les entrega la cadena. Me hacen sentar al pie de la columna y me atan rodeando la columna y a mí, cerrando el candado para que no pueda moverme. Me vuelven a poner la capucha negra encima.
—¡Andando!— grita Brian. Y acto seguido escucho cómo todos corren a esconderse. Seguro entre los coches.
Me quedo ahí, con los brazos doloridos por lo fuerte que me aprietan las cadenas. Pero no hago más que sorber por la nariz, intentando no venirme abajo. Pienso en mis bebés… Dios, mis bebés… mi princesa Aida y mi príncipe Aiden… mis gemelos preciosos que, cuando nacieron, dejaron de llorar al ponerlos en mi pecho y hablarles. Mis gemelos que, al sonreírme, me hacían sentir tan pleno y feliz junto a su otro papá, Tom.
Todo se ha ido a la mierda. Todo. Absolutamente todo lo que creí hermoso se ha destruido por completo.
.
By Tom
Hace tiempo que no la usaba, pero ahora necesito mi moto. Conduzco a toda pastilla hacia Münster; por suerte, el viaje es corto. Sé exactamente dónde está la cabaña donde solíamos ir de vacaciones…
Después de lo que me contó mi hermano, no dudé en salir corriendo de la habitación. Hablamos con mi padre, armamos varios grupos de hombres que me siguen en coches distintos. Sabemos que Brian también está armado con sus secuaces, pero me da igual. Quiero a mi moreno de vuelta, pedirle perdón de rodillas por no haber podido evitar que le hicieran ese daño horrible. Recordar cómo lo abusaron me llena de rabia y culpa.
No tengo plan. En momentos como este solo me queda actuar y dejarme llevar por el instinto. Si me quedo armando planes, perdería el tiempo, porque no sé cuál será la próxima jugada de Brian. Poco tiempo después, llego a Münster. Travis, que va con mi padre en un coche solo, me indica por dónde debo ir. Su coche va a la misma velocidad que mi moto.
Giro por el camino que me señala, entrando en un sendero de pasto recortado… había olvidado que la cabaña está bien escondida. Mi padre no se deja ver por nadie en estas zonas, y mucho menos ahora; pero nos arriesgamos, yo y mi hermano, y poco me importa.
Si logro que mi moreno esté bien, yo estaré bien.
En un abrir y cerrar de ojos, llegamos a la cabaña. El terreno pasa de pasto a tierra, y se ven marcas de ruedas recientes que hacen que frunza el ceño. Me detengo, estaciono la moto, tiro el casco al suelo y corro hacia allí sin mirar atrás. Ignoro los gritos de mi padre y mi hermano, que corren detrás de mí.
Desenfundo el arma y avanzo alerta hacia la entrada. La puerta está entreabierta, no me paro a pensarlo y la empujo con el pie… no hay nadie. Entro del todo, observando el cuadro en la pared de la sala, y mis ojos bajan al suelo. La imagen de mi moreno siendo violado me invade, como si lo estuviera viendo en persona.
Su cuerpo inerte, su mirada perdida llena de lágrimas mientras esos hombres hacían con él lo que querían. No sé cuánto tiempo pasa hasta que uno de mis hombres aparece corriendo con una nota en la mano.
No entiendo cuándo registraron toda la cabaña, pero no pregunto nada y paso a lo siguiente.
—¿Qué es eso?— señalo la nota.
Dominic me la extiende —Mejor que lo lea usted mismo, jefe— me dice.
Arrugo la frente y cojo la nota. —¿Dónde la pillaste?— pregunto mientras la doy la vuelta para leerla.
—En el sótano, donde tenían a tu pareja, jefe. Justo en un colchón…— responde con cara de asco.
—¿Qué dice?— pregunta Travis.
Leo rápido:
«Tarde, imbécil. La próxima sé más rápido e inteligente… al igual que tú, quiero terminar esto cuanto antes, matarte y quedarme con todo lo tuyo. Dejaré a tu moreno en el parking público de Münster. Sé que sabrás cuál, solo hay uno. Después, saldaremos cuentas tú y yo.»
—Tom…— me advierte Travis. Sabe que voy a salir corriendo ya mismo —Debes pensarlo mejor.
—No hay tiempo para pensar— respondo.
—Debe ser una trampa— interviene mi padre —Es demasiado fácil, ¿cómo va a soltar a Willem así, como si nada? Tom, escucha a tu hermano y planeemos algo…
Niego con la cabeza —¡Entendedlo! ¡Es mi pareja la que está en peligro!
—¡Si actúas por impulso, el que acabará en peligro no solo será él, sino tú también!— grita Travis otra vez.
—¡¿A quién le importa eso?!— exclamo, furioso.
—¡Pues a mí, imbécil!— grita, empujándome hacia atrás mientras lo dice —¡A papá, a nuestra madre! Si te pasa algo, ¿cómo vas a asegurarte de que Willem esté bien? ¿Por qué eres tan tonto, joder? Siempre, desde que eres un puto adolescente, haces todo por impulso. Por eso un día te dispararon en una pierna, ¡en tu cumpleaños! No seas obstinado y ponte a pensar… Brian sabe que vas a ir por Willem pase lo que pase… y el plan tiene que salirle mal.
Trago saliva y asiento despacio. —Hagamos un plan entonces…
Mi hermano sonríe. Salimos de la cabaña por si había algún micrófono dentro que nos estuviera grabando. Con los coches, armamos un plan A y uno B por si algo fallaba. Todos nuestros hombres estaban al tanto, al igual que mis amigos. Íbamos con chalecos antibalas, armas cargadas y todo listo. Cojo el casco que sigue en el suelo, lleno de arena, me lo pongo, me subo a la moto y la enciendo. Espero a que mi padre arranque el coche y le sigo a la par.
Conducimos por calles distintas para no llamar la atención. Algunos coches toman un camino, otros otro, pero todos llegamos al mismo sitio: el parking público.
Al llegar, entro yo primero. Travis tenía razón: seguramente habría hombres escondidos entre los coches… Brian no es muy original. Aparco la moto y me bajo, sujetando el casco. Doy unos pasos cortos hacia delante. Una de las partes principales del plan es actuar, y sé que Brian está ahí; Travis me explicó por qué. Así que simplemente sigo adelante.
Camino por el parking, mirando a mi alrededor, y me detengo al escuchar sollozos suaves… Mi padre me dijo que quizá mi moreno no estaría ahí y que todo sería un montaje de Brian… pero esos gimoteos… esa forma de llorar que siempre me hace sentir mal… es la de Willem.
—¿Bill?— murmuro su nombre, no muy alto, pero suficiente para que el eco haga lo suyo.
Los sollozos se paran y, en una de las columnas con cadenas, noto una cabeza asomándose… cubierta por una capucha. Mi corazón late a mil… es él… es el vestido de muñeca que esos cabrones le pusieron para hacerle daño.
Sin pensarlo corro hacia él.
—¡Bill!— exclamo al instante.
—¿Tom…?— su voz bajita, rasposa y débil. Me arrodillo ante él y le quito la capucha, desordenando algunos mechones de su pelo azabache. Mis ojos se llenan de lágrimas al ver los suyos. Su piel pálida, los labios partidos y secos, demacrado. Mierda… lo han destrozado, y es mi culpa.
—Oh, Dios mío…— poso mis manos temblorosas en sus mejillas —Perdóname, bonito. Lo siento, lo siento mucho…
—Tom, no…
—Me odio por no haberte protegido, por no venir a por ti antes de que te hicieran tanto daño— mis palabras tropiezan —Perdóname, mi amor, perdóname…— pego mi frente a la suya, y él empieza a llorar. Lo necesito, necesito decírselo —Todo esto es culpa mía, te metí en esto y voy a sacarte, ¿sí?
—Tommie, no…— solloza, negando con la cabeza —Todo se ha ido a la mierda…
—No es así, moreno…— lo tengo frente a mí, tan cerca que siento el temblor de su respiración. Su labio inferior está partido, un poco hinchado, tiene un moretón en el pómulo… un hematoma que me dice que lo han golpeado —¿Quién fue?
Parece entenderlo, sobre todo cuando rozo mis dedos por el moretón. —B-Brian— me responde —Tom… tienes que irte, por favor, vete.
—No voy a dejarte aquí…
Sus labios se contraen hacia abajo. —Él está aquí— me susurra tan bajito que solo yo puedo oírlo. Asiento.
—Lo sé, mi amor…— le respondo igual de bajito —Tengo un plan.
—¿Eh?
—Voy a sacarte de aquí— hablo más alto —No me va a alcanzar la vida para pedirte perdón por todo. Mi morenito precioso, haré lo que tenga que hacer para que olvides todo esto, te lo prometo.
—Yo… empecé a creer que ya no vendrías— lo miro sonriendo con tristeza. Las lágrimas se le escapan por las mejillas, las mismas que todavía sostengo entre mis manos —Él va a matarte…
—No lo hará…
—Sí, sí lo hará… igual que hizo con nuestros bebés— siento un pinchazo en el pecho —Va a… a matarme a mí y luego a ti. Tom… ha llamado a la DEA.
Mierda.
A pesar de todo lo que me dice, me fijo en sus labios. Tengo un plan B. Por eso, solo por eso, me concentro en ellos. Joder, nunca había tenido tantas ganas de besarlo. No son solo días sin tocarlo, son días sin saber si estaba vivo, si respiraba, si alguna vez volvería a verlo.
Me acerco despacio, como si pudiera romperse con un roce… y en parte es así. Él me mira, y en sus ojos hay tanto dolor que me atraviesa el pecho. No merezco este momento… no después de no haber podido protegerlo. No después de que lo tocaran, de que lo lastimaran así. La culpa me quema y me susurra que no tengo derecho, pero mi corazón no entiende de razones.
Cuando por fin mis labios rozan los suyos, un sabor metálico me recuerda que sigue herido. Lo beso con cuidado, como si pudiera borrar con mis labios cada una de las heridas que le dejaron. Mis dedos acarician su mejilla y siento la tensión en su mandíbula, como si contuviera un sollozo. Quisiera decirle que ya está a salvo, que nunca más lo van a tocar… pero sé que esas promesas son de aire.
No tengo forma de asegurárselo…
Continúa…
Gracias por la visita. Vamos a darle ánimo a la autora con los comentarios 😉