Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 3

Algo acaricia mi frente con delicadeza.

Ahora se siente sobre mi mejilla y se siente como un leve cosquilleo.

Abro los ojos, aunque me siento desorientado por el sueño. Lo primero que capta mi vista es el rostro de Bill con una sonrisa en sus labios, es él quién está acariciando mi rostro y se encuentra inclinado sobre mí. Mi cerebro procesa que me encuentro en mi casa, pero no recuerdo como llegué desde el supermercado.

—¿Un mal día?— preguntó él con su voz gruesa.

Asentí un poco. Mi mente ya despertó, pero mi cuerpo aún no.

—Te llevaré a la cama o te dará dolor de espalda, eso te pondría de mal humor— dijo Bill mientras pasaba sus brazos bajo mi cuerpo y me levantó con un movimiento fluido como si yo fuese un oso de peluche que no pesa nada. Él continuo: —No te preocupes, por la mañana las cosas se verán mejor, hoy te cuidaré.

Bill camina conmigo en brazos, cuando él gira me percato que hace un momento estaba sobre el sofá dormido, no recuerdo eso tampoco. No puedo responder o pensar, estoy tan agotado. Bill entra a mi habitación, mueve las mantas para colocarme dentro de la cama con suavidad, entonces me cubre con el edredón. Él me regala otra de sus hermosas sonrisas mientras toca mi mejilla, y cierro los ojos dentro de un sueño profundo.

&

Algo me molesta en mis labios.

Suelto un manotazo para quitármelo. Se detiene un segundo y otra vez vuelve a molestarme, pero en la punta de la nariz.

Golpeo lo que sea que me esté molestando, entonces escucho un quejido que me hace abrir los ojos. Bill se encuentra a centímetros de mi rostro y tiene una sonrisa de diversión. Me pongo tenso, ¿cómo llegué aquí? ¿cuándo llegué a casa? Trato de recordar y lo primero que se viene a mi mente es que Sarah estuvo en el supermercado y armó una escena un tanto vergonzosa que casi me hace perder el empleo, luego salí de ahí para ir a buscar a alguien y entonces regresé a casa. No recuerdo más.

—Hola, perezoso— dijo Bill con su tono suave y burlón.

Parpadeo incómodo.

—Tú me metiste en la cama— acuso.

Asintió —Cuando llegué de casa de Georg te encontré muerto en el sofá, creí que iba a tener que llamar a mentes criminales, mi mejor amigo llega temprano y aparece dormido en la sala, eso no es común.

¿alguna vez he dicho que Bill se cree divertido?

—Idiota— me quejé.

—Oye, este idiota te cuido anoche, deberías darme las gracias.

—De ninguna manera, conozco tu forma de que te de las gracias, así que no— espeté de inmediato, él siempre hace que me ponga en vergüenza después de hacerlo.

—¡Tom! Yo te cuidé anoche merezco que me agradezcas o un premio— se queja, se apoya en su codo para verme desde arriba. Mierda, él no lleva camisa y su cabello con rastas está atado a un chonguito bajito —Debes hacerlo.

—¡He dicho que no!— alcanzo la manta y me cubro con esta la cabeza. Mis trenzas han de estar hechas una mierda.

—No puedes esconderte, sabes que siempre te encuentro— dijo riéndose, comienza a jalar la manta y así empezamos una pelea por quién tiene más fuerza en jalar la estúpida manta —¡Ríndete!

¿Por qué mi vida se convierte en un estúpido momento de adolescente descerebrado cuando estoy con él? Me siento tan torpe.

—Bill estas siendo infantil, quítate de encima— me quejo cuando se echa sobre mí cuerpo, dejándome indefenso y sin poder salir de la cama.

—No, hasta que me des las gracias como Dios manda…

—¿Y cómo demonios es esa forma?— pregunto sin aliento, la estúpida manta me está quitando el oxígeno y el cuerpo de Bill no ayuda en nada aplastándome.

—Debes decirme “gracias guapísimo y encantador, Bill por cuidarme, eres un ángel, te amo”— dijo suavizando su voz, pero podía escuchar su diversión.

—¡NO!— grité histérico, comencé a retorcerme, sin embargo, mi cuerpo es incapaz de golpear a esta persona que a simple vista se ve frágil y delicado, soy traicionado por mí mismo.

Maldición.

—Anda, Tom. Debes hacerlo, no hay otra manera de que te suelte y sé que te estas ahogando ahí abajo— echó a reír.

—Quieres que me avergüence, ¿no puedo simplemente agradecerte con alguna comida?— pregunté tratando de negociar. Estoy comenzando a tener mucha calor.

—Mmm… está bien, pero debes decir que me amas o no hay trato— dijo al fin.

Maldita sea su necesidad de afecto.

—De acuerdo, ¡solo quítate de encima me estoy ahogando!— trato de empujarlo, pero el muy idiota se encuentra aferrado a mi cuerpo en un abrazo feroz.

—¿Lo prometes?

—¡Que sí!

En cuanto me suelta, ruedo y caigo de la cama en un desastroso mar de mantas que no querían dejarme ir. Me pongo de pie finalmente y tiro con molestia el trapo maldito. Bill se encuentra en la cama partiéndose de risa, sujeta su estómago tratando de aguantarse. Él se acaba de despertar, pero aún luce como un jodido súper modelo, ¿qué genes tan poderosos tenían sus padres? Odio tener esta imagen en mi cabeza.

Entonces la realidad me golpea, miro el reloj de mi despertador anunciando que son las 10 de la mañana y estoy retrasado para el trabajo. Es fin de semana y debía terminarlo con las horas extras que pedí solo para no estar cerca de Bill.

—¿Por qué no me despertaste antes? Voy tarde— me quejo de mal humor, esto nunca me había pasado antes. Me apresuro al armario buscando que ponerme.

—Porque no irás a trabajar— respondió Bill neutral.

Bufé.

—¿Quién eres? ¿mi jefe? Por supuesto que debo trabajar.

—En realidad…— Bill rascó su cabeza y sus pupilas se movieron por toda la habitación, me impacientaba su vacilación —…llamé está mañana y dije que no irías porque habías cogido un resfriado— dijo al fin, se colocó en la orilla de la cama solo para mirarme desde ahí. Con nervios.

—¿Qué?

Me di la vuelta, ¿En que momento…? ¿Por qué…?

—Anoche llegaste muerto, Tom. Toda la semana has llegado tarde, no quiero perderte por culpa de exceso de cansancio.

—No debes preocuparte.

—Escucha, sé que no te la he puesto fácil estos días, solo déjame compensarte por ser un dolor de cabeza.

—No debes hacerlo.

—Lo sé, eres un ser envidiable. De todos modos, ambos hemos estado sobre cargados, yo con la facultad y tú con tu trabajo. Deberíamos salir, no te niegues es solo un día. Nadie morirá en el supermercado solo porque te ausentes…

—¿En verdad quieres solo ir por ahí?

—Sí, eso quiero.

El rostro de Bill era de súplica. Y desde un principio que sus labios pronunciaron la sugerencia sabía que era un caso perdido, no hay forma de que pueda negarme. Soy débil ante una persona que solo quiere mi compañía. No, en realidad soy débil ante Bill y no tengo la menor idea cómo hacer para comenzar mi plan de dejarlo ir. Tal vez sea buena idea el salir, tomar esto como un cierre y quedar como el amigo que frecuenta una vez al año.

Eso sonaba mejor.

—Esta bien— acepté poniendo los ojos en blanco.

Bill sonrió ampliamente.

—Como en los viejos tiempos, solo tú y yo disfrutando el mundo— dijo poniéndose de pie, atravesó la habitación y se acercó a mí para abrazarme efusivamente.

—No puedo creer que todavía quieras tener ese tipo de salidas cuándo ahora somos “adultos” y podemos permitirnos muchas cosas.

Bill echó el rostro atrás para mirarme. Está tan jodidamente cerca y sus labios son tan tentadores…

—Eso no importa. Puedo tener todo el dinero del mundo, pero prefiero ir a comer hotdogs al puesto de la esquina, solo para estar contigo— maldición, odiaba que fuese tan cursi en estas circunstancias. Bill era tan empalagoso, pero en lugar de molestarme solo… me cautivaba aún más por su preciosa personalidad.

no es mi culpa ser débil ante él.

—Lo que tú digas— replico tosco.

Bill de repente sonríe como un gato travieso.

—No creas que me olvidé, dilo.

A la mierda.

—Dilo.

—Ya acepté tomarme el día contigo, ¿no es suficiente?— pregunté a la defensiva.

—Un trato es un trato, Maus.

Sus ojos severos me perforan. El abrazo se aprieta diciéndome con su cuerpo que no piensa dejarme ir hasta que cumpla con el trato.

Silencio.

Silencio.

Tomo un profundo respiro —Te amo, Bill Trümper— digo por fin en un tono tranquilo, tratando de no delatarme a mi mismo.

La sonrisa que me regala él es lo suficiente brillante para que mi vergüenza se reduzca. Mi corazón late tan fuerte que puedo sentirlo en mis oídos y como sube por mi garganta, espero no se dé cuenta. No puedo controlar nada cuando estoy con él. Mi vida se convierte en un completo desastre de emociones que me eran desconocidas hasta que apareció. No tengo la menor idea de cómo dejarlo ir porque una cosa es segura; ahora que estoy mirando su sonrisa radiante, su cuerpo cálido que me mantiene cerca y la felicidad que irradia, sé que me va a costar dolor físico estar lejos de él.

¿Quién me mandó a enamorarme de mi mejor amigo? ¡Maldición!

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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