
Fic TOLL de unicornlitz. Temporada II
Capítulo 27
Me lanzo sobre él y me apodero de su boca sin esperar más, devorándola sin nada de suavidad como hace rato. Choco mis dientes contra los suyos sin importarme nada, lo muerdo y me hundo con la lengua hasta que siento su sabor mezclarse con el mío. Es un beso sucio, desesperado, lleno de saliva que se escurre por la comisura y me resbala hasta el mentón, pero me da igual, hasta me excita más.
Tom me jala del cabello con fuerza, obligándome a abrirme todavía más a él, a aguantar cómo lo exploro sin control. Sus labios se tragan los míos, su lengua me castiga, me empuja y me jala en un vaivén frenético que no tiene nada de delicado. Siento su respiración cortada, su gemido ahogado contra mi boca, y eso solo me prende más. Esta vez no quiero ternura, no quiero calma… quiero que este beso arda, que sea puro fuego y saliva, que me deje sin aliento y con la boca hinchada de tanto chocarnos.
Quiero que me bese como si quisiera arrancarme el alma con la lengua. Y lo está haciendo…
—Tommie…— gimo contra sus labios, tomando sus mejillas con mis manos. Me separo unos centímetros para verlo —Déjame hacer lo que te pedí…
Él asiente lentamente con la cabeza, sonrío mordiendo mi labio inferior y me alejo lo suficiente. Con manos desesperadas desabrocho sus pantalones, y sin necesidad de quitárselos, saco su miembro que aguardaba entre sus boxers, erecto y con algo de presemen en la punta que lamo al instante. Extiendo mi mano y con ella tomo el frasco de Nutella, agarro una buena cantidad en mi mano, las froto y con ellas agarro su pene.
Lo comienzo a acariciar de arriba abajo con precisión para untar todo su falo y la punta con la Nutella, embarro toda su polla y luego me la llevo a los labios inclinándome hacia abajo para meter toda su longitud en mi boca. Procedo a succionar todo lo que puedo, sintiendo el sabor de la Nutella en mi paladar. Con mi lengua lamo su pene, haciendo presión con ella en la punta.
Dejo besos en esa zona antes de volver a meterla toda en mi boca, lo más que puedo. Ligeras lágrimas se derraman por mis mejillas, prácticamente estoy atragantándome con su entrepierna pero eso poco me interesa. Tom jadea, tomando un puñado de mi pelo, guiándome en las mamadas al ritmo que quieres. Hunde mi cabeza una y otra vez haciendo que me trague casi toda su longitud. Siento como su pene palpita, como cada vez está más resbaloso por mi saliva.
El sabor de la Nutella se mezcla con el sabor de su semen y no paro de hacerle las felaciones en ningún momento. Los sonidos húmedos de su pene entrando y saliendo de mi boca hacen que me excite cada vez más, chupo la punta mientras que con mis manos le sigo masturbando. Su cuerpo se tensa y se que está a punto de correrse así que acelero las mamadas hasta que consigo que eyacule en mi boca.
Todas sus gotas de bendiciones las contengo y luego me las trago, saboreando el sabor dulzón de la Nutella con su semen caliente y espeso, cierro mis ojos y suelto un suspiro.
—Yo quisiera saber quien te enseñó a hacer este tipo de cosas— me dice con su voz entrecortada. Abro mis ojos y noto como tiene su cara rojita por el placer que acaba de tener, sudado y jadeando.
Sonrío —Nadie, yo aprendí solito— le respondo antes de acercarme y dejar un beso en sus rojos e hinchados labios —Ahora, por favor, Tommie… cógeme…
Tom suelta una risa demasiado sexy para mis delicados oídos. Se levanta para quitarse toda la ropa, quedando desnudo y con su miembro erecto, duro a simple vista, brillando por mi saliva, venoso y rojo. Se acomoda quedando con la espalda pegada al espaldar de la cama y palmea sus piernas incitándome a sentarme sobre ellas y lo hago.
Me siento a horcajadas con mis piernas a cada lado de su cuerpo. Tom se deshace de mi chaqueta verde, deslizándola por mis hombros con desespero.
—Me gusta cuando me miras así— me dice, pasando sus dedos por mis mejillas.
—¿Así como?— pregunto ahogadamente, ya mi pene me duele de tanta excitación que tengo. Estoy tan, pero tan cachondo, que lo único que quiero es que me la meta ya y acabar con este suplicio.
—Hambriento, sediento de placer… deseoso de que te tome y te folle como lo he hecho en todo este tiempo— me contesta, enterrando su cara en la curvatura de mi cuello. Vuelve a estimular mi piel con su lengua y sus besos húmedos, con sus mordidas cuyo ardor alivia con lametones y vuelvo a inclinar mi cabeza a un lado para dejarle aun más espacio y que haga conmigo con lo quiera.
Estoy tan caliente que con solo sentir su lengua en cada rincón de la piel sensible en mi cuello, quiero que me folle ya. Su boca me tiene ardiente, me quema por dentro, como si mi piel pidiera más de él sin control. La sangre me hierve y mi cuerpo solo grita por sentir como se hunde en mí. Estoy prendido de su olor, de su saliva, de su piel; estoy tan drogado de su cuerpo que no pienso en nada más.
Estoy tan enardecido que ya no puedo con la desesperación; lo miro con los labios hinchados y mi corazón latiendo desbocado. Estoy hambriento de él, sediento de placer, y cada segundo que pasa sin sentirlo adentro me enloquece más. —Fóllame ya— le gruño, pegado a sus labios —No seas lento… estoy ardiente, encendido, quiero que me revientes de una vez.
Me tiene en llamas, como si su roce fuera gasolina y su lengua una chispa. Alterado de deseo, tanto que hasta la respiración me sale hecha un gemido sucio. Deseoso de él, de su cuerpo, de sentirlo meterse hasta el fondo de mi culo y que me haga chillar solo para él. Me siento tan jodidamente enardecido, con una rabia caliente en la entrepierna que solo se me calma si me rompe a gemidos. Tan alzado que hasta un roce suyo me saca un gruñido, listo para devorarlo sin misericordia.
Me besa los labios hambriento, con la necesidad de comerme cada rincón de mi boca hasta saciarse y eso solo hace que me sienta ansioso de piel. Necesito sentirlo pegado, sudando contra mí, perdiéndose en este desastre sucio que somos. Sedientos de placer, me tomo de la nuca y me chupa los labios entero, como si mi boca fuera mi única agua.
Muerdo con rabia su labio inferior, me arqueo contra su cuerpo y él me jala de la cintura con fuerza.
—Hazme gritar… por favor… necesito sentirte rompiéndome.
Sin que pudiese darme cuenta, me empuja hacia atrás haciendo que mi espalda choque contra las sábanas que cubren el colchón y su boca deja mis labios para dejar un camino de besos húmedos por mi mentón hasta el cuello, donde se detiene y lame con frecuencia y intensidad. Siento los lametones que me hacen estremecer, ladeo la cabeza para darle más espacio y chillo de gusto cuento sus dientes rastrillan mi piel, mordiéndola con ganas.
Sus besos descienden hasta mis clavículas, sus manos firmes toman la pretina de mi top verde y la sube quitándome el top rápidamente. Alcé mis brazos para que saliera más fácil y su boca vuelve a apoderarse de mi piel, de mis pezones, los cuales chupa y muerde constantemente. Causándome dolor, pero un dolor tan placentero y adictivo, hasta dejármelos sensibles.
Su lengua dibuja un camino recto hasta el inicio de mi vientre. Siento el cosquilleo que causan sus besos en esa zona y me encanta, desabrocha mi cinturón y tras hacerlo también desabrocha mi pantalón y los baja, dejándome solo con mis boxers de encaje cubriendo mi entrepierna que por poco grita por liberarse.
—Te daré lo que quieres, bebé bonito— me dice.
Me abro de piernas y él se acomoda entre ellas después de deshacerse de mis boxers dejándome desnudo y a su merced. Mi miembro erecto y empapado de mi presemen rebotó en cuanto salió de entre mi bóxer de encaje. Tom lo tomó con una mano y comenzó a masturbarme de forma ruda. Su mano aprieta mi falo y sacude mi miembro haciéndome desfallecer, echo mi cabeza hacia atrás y gimo de goce, de deleite.
Con su dedo pulgar me acaricia la punta varias veces y muerdo mi labio inferior arqueándome ante lo delicioso que es.
Suelta mi miembro, dejándome jadeante, y alza mis piernas. Siento como su pene roza mi entrada y también como se hunde lenta y agobiantemente en mi culo. Cierro mis ojos, sintiéndome encantado cuando por fin lo tengo dentro de mí y suelto un suspiro fascinado. Porque por más que haya tenido su miembro dentro, la sensación que siento es como si lo experimentara por primera vez y eso solo lo hacía más bueno.
El primer empuje me arranca un gruñido de puro placer, tan fuerte que me muerdo el labio para no gritar demasiado pronto. Siento cómo me abre, cómo me llena, y el deleite me sacude desde la punta de los pies hasta la garganta. No es suave, no es lento, es crudo, y yo lo quiero así: que me destroce el cuerpo con cada embestida, que me dé ese goce sucio que solo él sabe arrancarme.
—Aaah…— parpadeo frenéticamente y trato de respirar con normalidad pero me es imposible. —Dios… mmm…
Se me escapa un chillido ahogado que se convierte en risa rota; el disfrute es tan obsceno que hasta me da vergüenza lo mucho que me hace temblar. Cada centímetro dentro de mí me arranca un nuevo gemido, un deleite ardiente que me quema por dentro y me hace rogar por más.
—Mmmh… sí, sí, sí— repito varias veces.
El choque contante de su cadera contra la mía es brutal, y en esa brutalidad encuentro mi mayor satisfacción. Gimo su nombre con la voz rota, sintiendo cómo cada embestida me llena de un placer maldito, uno que me enloquece hasta las lágrimas. No hay nada más delicioso que su dureza partiéndome en dos, dándome esa satisfacción salvaje que solo me enciende más.
Y aunque me duela, aunque me queme, la delicia cochambrosa de tenerlo dentro me hace pedir que no pare nunca.
—Aaah… aaah… Mierda… qué rico…— mi voz sale estrangulada, como farfullos inentendibles. Abrazo con mi piernas sus caderas para que se hunda más en mí, más, más y más —Nghh… dentro… todo dentro…
Me arqueo bajo su cuerpo, clavando las uñas en su espalda, y lo siento entrar de nuevo, fuerte, profundo, arrancándome un gemido ahogado. El placer bestial me sacude con cada movimiento, me hace perder la cabeza y olvidar quién soy. Estoy borracho de él, perdido en ese deseo carnal que me revienta por dentro y me arranca súplicas desesperadas. No quiero otra cosa más que este disfrute cerdo, el que me deja sin voz, con la garganta ardiendo de tanto gritar.
Mi cuerpo tiembla, los jadeos se mezclan con mis gritos desgarrados, y cada golpe de su cadera contra la mía me arranca más quejas.
—Aaaah… Tom… más… más fuerte…— gimo con la voz quebrada, apretando los ojos. —Mmmh, joder…
—Billie…
—Aaahhh… me rompes… sí, así… aaahhh…— chillo arqueándome bajo su peso.
—Dios… me encanta como tu culito se traga todo mi pene entero… ughhh…— gruñe, con la respiración agitada, empapándome de sudor.
Sonrío, —No pares, no pares… mierda… —suplico, con la voz hecha gemido desesperado.
El choque de nuestros cuerpos suena sucio, húmedo, acompañado de mis gemidos rotos y sus gruñidos ardientes, cada vez más rápidos, más descontrolados, como si los dos estuviéramos al borde del abismo.
Sus embestidas se vuelven frenéticas, rápidas, cada vez más fuertes, y siento cómo el calor me sube hasta la cabeza. No aguanto más, el cuerpo me tiembla entero y la garganta solo escupe gritos ahogados. —Aaaahhh… Tommi… me vengo… ¡ahhh, ahhh!— grito con la voz rota, apretándolo con todas mis fuerzas. —Oh… sí, que delicia— mi gemido se convierte en un chillido quebrado cuando el orgasmo me revienta por dentro.
Tom gruñe con la voz ronca, temblando, hundiéndose hasta el fondo una última vez antes de correrse con un jadeo animal.
El cuarto se llena de gemidos descompuestos, de jadeos húmedos, de nuestros cuerpos convulsionando juntos hasta quedar pegados, empapados en sudor, respirando como si acabáramos de sobrevivir a un incendio. Antes de que caiga completamente sobre mí sin poner todo su peso, deja un beso en mi frente apartando los mechones pegados a la piel por el sudor.
El aire todavía arde en mis pulmones, mis gemidos se apagan en jadeos rotos y mi cuerpo tiembla bajo el suyo. Estoy empapado en sudor, con la garganta seca y las piernas entumidas, pero lo único que quiero es más de él. Lo jalo del cuello, pegándolo a mi boca, y lo beso sin fuerzas pero con toda la necesidad que aún me quema por dentro.
Nuestros labios se chocan torpes, húmedos, mezclados con la saliva que se escurre y el sabor metálico de las mordidas. Siento como su ligera barba me hace cosquillas, nuestros labios se mueven desordenados, arrastrados, con lenguas perezosas pero desesperadas por seguir.
—Mmmhh…— gimo contra su boca, tragándome su respiración caliente —No me sueltes…
El beso es el último incendio después de habernos roto en el orgasmo, sucio y adictivo, como si necesitáramos asegurarnos de que el desastre que acabamos de provocar nos pertenece solo a los dos.
La he pasado tan bien que no escuché el vibrar de mi móvil, Evan me había estado llamando y no había escuchado porque tenia el móvil en silencio.
Joder.
Continúa…
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