
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 12
Lo escucho dar un par de pasos y de reojo lo veo ponerse a mi lado. Está muy serio, con las manos en los bolsillos de los vaqueros oscuros que lleva puestos. Sus zapatos son negros, lleva su reloj de siempre en la muñeca derecha. Una camisa de seda de manga larga, negra, que se le pega a los brazos fuertes, con los primeros cuatro botones desabrochados dejando ver el vello de su pecho y algo que parece un colgante.
No logro distinguir bien qué es, pero parece una cuerda delgada negra. Así es la cuerda que sostiene el cuarzo… ¿todavía lleva el colgante? Hmm, no, no lo creo. Sigo mirándolo lo poco que puedo; encima de la camisa tiene un saco dorado. Simplemente impresionante… o sea, me refiero a la ropa. No a él, aunque él también se ve bien, pero ahora hablo de su ropa, nada más, ¿vale?
Sus rastas negras y gruesas están recogidas en un moño bajo y flojo. Su barba sigue escasa, como siempre, y lo veo relamerse los labios justo cuando paso a mirar su rostro.
—Hagamos esto rápido, ¿vale?— dice de repente, sacando del bolsillo de sus pantalones una cajetilla de cigarrillos y acercándose aún más a la cocina para buscar un mechero.
Entrecierro los ojos. ¿Acaso cree que me mola tener que hacer esto a su lado? Si fuera por mí, ya me habría metido bajo una piedra para evitarlo. —Tampoco es como si me gustara tenerte cerca— escupo, con el mismo tono suyo, impaciente. Justo en el momento en que él tiene un cigarro entre los labios, encendiéndolo con el mechero y dando una calada. Ese gesto ha sido… muy sexy por su parte.
Digo, ¿qué?
Toma el cigarro entre el índice y el medio, lo aparta de sus labios y exhala el humo, mirándome. —Tampoco pensaba eso— me dice, apoyando la espalda en el borde de la encimera —Sé que no me quieres cerca, que me detestas…— lleva el cigarro de nuevo a los labios y da una calada profunda —Eso lo has dejado más que claro estos días al ignorarme por completo— el humo sale con cada palabra.
Ay no… mi cuerpo empieza a reaccionar por lo que hace. Pero no voy a dejar que me domine…
Sonrío forzado. —Yo te dije que nada volvería a ser como antes— le recuerdo con la voz más fría que puedo —Tú dijiste que querías que hiciera como si nada hubiera pasado entre tú y yo— nos señalo vagamente a ambos —Yo te dije que así sería, y eso es lo que estoy haciendo.
—Por esa mierda ahora tanto Nickole como Támara me hacen preguntas al respecto— alza la mano con el cigarro entre los dedos —»¿Por qué Bibi parece estar enfadado contigo?»— repite y vuelve a inhalar del cigarro con calma —Si vas a ignorarme, al menos hazlo bien. No levantes sospechas, que a quien le hacen las preguntas es a mí. Sé más precavido esta vez.
Sé a qué se refiere el muy cabrón.
—Ah, ¿sí?— me cruzo de brazos —Dímelo mañana, a ver si me importa.
—Te lo digo de buena manera.
—Ah, mira…— alzo las cejas, asintiendo despacio —Pues no lo hagas— espeto —Yo te voy a ignorar a mi puto modo, y ese modo, Tom, es hacer como si no existieras. No vengas a decirme cómo debo hacerlo porque sinceramente, me pasaré tus «consejos» por aquí— deslizo la mano derecha entre mis piernas sin tocar nada, solo en el aire —No me jodas…
Él suelta una risita nasal. —No seas grosero, recuerda que soy tu tío…
—¿Mi tío?— ahora me toca reírme y no lo desaprovecho —Ya no te considero uno— le aclaro, poniéndome serio de repente —Para mí eres…— lo miro de pies a cabeza —Un completo imbécil. Un cabrón en toda la extensión de la palabra— él arquea las cejas, como si le hicieran gracia mis palabras. A ver si le sigue haciendo gracia lo que voy a decir —No tienes ni idea de la magnitud en la que puedo llegar a detestar a alguien, Tom.
—Quizás quieras decírmela— musita, sonriendo con chulería mientras mueve la mano frente a los labios, ligeramente, antes de atrapar el cigarro con los labios y llenar los pulmones de humo.
—Es tan grande que no tengo los cálculos precisos— le digo —Ahora estás en el primer lugar de mi lista negra, donde tengo a Sabine, a David y a Lilianne junto a los idiotas que tengo por primos. Pasaste de ser mi tío favorito a ser un completo don nadie ante mis ojos— él sigue tranquilo, fumando —Te detesto como no tienes ni puta idea.
—No me digas…— dice —¿Solo por lo que te dije en Los Ángeles y lo mismo que hizo que acabaras huyendo ahí?
Aprieto los puños a cada lado del cuerpo. —Primero, no es solo por eso. Segundo, no huí, solo quería venir aquí para buscar a un buen tipo con el que acostarme— le digo, con la mejor expresión de autosuficiencia que puedo —Por ejemplo, los que cuidan a los caballos… son tan… lindos— su sonrisa se tensa al instante —Evan también podría, pero está lejitos…
Entrecierra los ojos y expulsa el humo por la nariz. Lo sé, me está analizando.
—Y tercero, no te tomes a chiste lo que te estoy diciendo— le espeto —Porque hablo muy en serio. Te voy a hacer pagar por las cosas tan feas que me dijiste. Dicen que la venganza es dulce y la mía será un buen postre… de limón, como te gusta— ríe suavemente —Voy a hacer que te arrepientas, vas a lamer el suelo por donde camino— me acerco un poco a él, dando pasos lentos hacia adelante.
Él solo me mira, sin moverse. Ni siquiera pestañea; sabe que hablo en serio. Sabe que no bromeo para joderlo, que realmente voy a hacerlo sufrir.
—A mí nadie me humilla, ¿entiendes?— le digo entre dientes —Nadie va a venir a hacerme sentir menos, porque yo soy mucho más de lo que merecen. Por eso estás con Heidi, ella es para tipos como tú— me mira como si no creyera lo que le estoy diciendo —Yo soy demasiado para cualquiera, incluso para personas tan sencillas como tú, tío Tommie…
—Me estás cabreando— dice con voz dura —Así que, por tu bien, cierra la maldita boca.
—¿Por mi bien?— repito burlándome —¿Qué me vas a hacer? ¿Me vas a pegar?— pregunto, arqueando una ceja —Atrévete a ponerme una mano encima y te juro que te destruyo la vida por completo.
Él, en un movimiento rápido y rudo, aplasta el cigarro contra la encimera y se acerca a mí dando tres pasos fuertes. Por su expresión sé que está cabreado, pero yo me quedo inmóvil. Con sus manos me agarra los brazos con fuerza; jadeo de dolor porque aprieta de verdad. Que se atreva a hacerme algo, que lo haga, y juro por lo que más quiero que acabo con su puta vida. No me importa cuánto lo ame. No voy a poner a nadie por encima de mí.
—¿Destruirme?— repite él gruñendo —¿Destruirme tú a mí? Eres un idiota, Bill. ¿Crees que te tengo miedo?— pregunta —¿Crees que con tus amenazas vas a hacer que me aparte y acabe temblando de terror, eh? ¿Eso crees?— sus palabras salen entre dientes mientras aprieta aún más mis brazos. Gruño de dolor —Tu papá no puede hacer nada contra mí; primero le jodo yo toda su vida antes de que pueda hacer algo en mi contra.
—¿Crees que necesito a mi padre?
—Tú apenas puedes plancharte el pelo solo— me dice —Porque eres un niño mimado, que irá a llorarle a papi y a manipularlo como siempre has hecho, para que haga algo en mi contra. Tú eres así, Bill— su rostro está muy cerca del mío, puedo sentir su respiración tensa —Siempre logras que todo salga como quieres, para quedar tú como el bueno. Giras las cosas a tu favor, te aprovechas de que tu padre te lo da todo…
—Cállate…
—¿Por qué?— pregunta con cara de falsa confusión —¿Acaso no es verdad, Billie?
—Eres un…
—No te atrevas a insultarme— dice interrumpiéndome —No sabes nada. No sabes por qué hago las cosas, ni por qué tomo las decisiones que tomo. ¿Crees que quise lastimarte con lo que te dije? Pues crees mal— gruñe, zarandeando un poco mi cuerpo. Eso solo hace que mis brazos duelan —Pero no lo vas a entender, porque eres un niño inmaduro que solo piensa en sí mismo y no es capaz de usar el cerebro para analizar la situación…
Mis ojos empiezan a llenarse de lágrimas.
—Tú mismo nos pusiste en esto, Bill— me dice, y me suelta de un empujón que me hace tropezar. Por poco caigo al suelo —Lo nuestro iba bien, oculto, en secreto, pero lo arruinaste porque sin querer hiciste que Heidi se enterara. Eres así. Eres tan impulsivo, te encanta controlar las cosas, te fascina restregar a los demás lo que tienes y que ellos no podrían tener— me dice —Así eres, un niño caprichoso, egoísta y engreído. Tanta es tu ansia de hacer sufrir a los demás que esas ansias te controlan sin que te des cuenta y haces cosas que no deberías…
—¿Qué puta mierda dices?— mi voz sale temblorosa.
Tom me observa ahora con una calma que me resulta insoportable. No hay rastro de remordimiento en sus ojos, ni culpa, ni ternura. Solo esa mirada suya que siempre me ha desarmado, porque parece ver todo, incluso lo que yo no digo con palabras.
—Mírate, Bill— suelta al fin, con una voz tan tranquila que suena cruel —Sigues reaccionando igual que cuando tenías quince años. Te enfadas, te cierras, te haces el fuerte… pero bastan dos palabras mías y ya estás temblando.
Frunzo el ceño, intentando mantener la compostura, pero mi cuerpo me traiciona. Sé que Tom me está provocando, que quiere que pierda el control. —No sabes nada de mí— replico con la voz tensa, apretando aún más los puños —No tienes ni idea de lo que soy ahora.
Tom da un paso hacia mí, despacio. —Ah, ¿no?— susurra, inclinándose un poco hacia adelante —Te conozco mejor que tú mismo. Sé cuándo finges, cuándo te duele, cuándo estás a punto de llorar. Sé que puedes odiarme todo lo que quieras, pero en el fondo sigues buscando que te mire como antes.
Trago saliva. —No te atrevas…
—¿Que no me atreva a qué?— me interrumpe, con un tono entre burla y autoridad —¿A recordarte quién te enseñó a no tener miedo? ¿A quién le rogabas que no te dejara solo cuando todos los demás te dieron la espalda?
El silencio que sigue a sus palabras es insoportable. Quiero gritarle, empujarle, hacer cualquier cosa para romper esta tensión, pero no puedo. Hay algo en la voz de Tom, en su presencia, que me arrastra de nuevo a ese punto débil de siempre, ese lugar donde ni siquiera puedo odiarle, por mucho que lo intente.
—Deja de manipularme— murmuro, más como un ruego que como una orden.
Tom sonríe apenas, sin apartar la mirada de mí. —No te manipulo, Billie. Solo te recuerdo la verdad. Puedes intentar olvidarme, acostarte con otros, fingir que has madurado… pero en cuanto me ves, todo eso se derrumba. Porque al final sigues siendo ese chico que me miraba como si el mundo se acabara sin mí.— suelta una risa baja, seca, y niega despacio con la cabeza —Ya madura, Bill.— su voz suena grave —Tienes dieciocho, en nada cumples los diecinueve… ¿y sigues actuando como un crío? Usa el cerebro, por una vez.
Intento seguir sosteniéndole la mirada, pero Tom ya ha dado otro paso hacia mí, reduciendo la distancia entre los dos. Empieza a caminar en círculos, con pasos lentos y las manos entrelazadas a la espalda, rodeándome.
—¿Quieres hacerme sufrir?— continúa, mirándome en todo momento —Pues deja de pensar que acostándote con otros lo vas a conseguir. No funciona así, cielo, no te va a servir.— su tono no es de reproche, sino de certeza. Esa clase de certeza que también me desarma.
—¿De verdad crees que me importa?— pregunto, con la voz rota entre la rabia y el orgullo.
Tom sonríe apenas, ladeando la cabeza. —No, no te importa a ti… pero sí te duele.— pasa por mi lado y levanta la mano, rozándome el mentón con un gesto casi imperceptible de sus dedos —Porque en el fondo sabes que ninguno va a hacerte sentir lo que yo te hice sentir. Que puedes intentar repetirlo, imitarlo, fingirlo… pero no va a pasar, cariño.
Mi corazón late tan fuerte que puedo oírlo en mis propios oídos. Quiero apartarme, pero mi cuerpo no responde. Tom baja la voz hasta convertirla en un susurro que solo existe entre nosotros.
—Así que no me vengas con juegos de celos baratos, porque los dos sabemos que al final quien termina perdiendo eres tú. Tu orgullo…— se pone frente a mí y me dedica una media sonrisa arrogante —Le besa los pies al mío.
—Es al revés…
Se ríe en una exhalación, me mira de arriba abajo, despacio, como si leyera cada pensamiento que intento esconder.
—Siempre intentas hacerte el fuerte, ¿eh?— dice —Ahora finges que ya no te importo, que me superaste… pero dime, ¿a quién quieres engañar? Si cada vez que te hablo te tiemblan las manos.— su voz baja de tono, más grave, más suave, más peligrosa. Siento cómo acaricia mi mejilla y lleva un mechón de mi pelo detrás de la oreja —No eres capaz de odiarme, por mucho que lo repitas. No puedes.
Mi pecho sube y baja deprisa, intentando procesar cada palabra, pero él no se detiene.
—Y no pasa nada, Billie. No te culpo— sonríe con una ternura fingida —Es normal que me necesites, siempre lo hiciste, desde que eras un crío. Yo fui quien te cuidó, quien te enseñó, quien estuvo ahí cuando nadie más lo hizo— su mirada se endurece —Todo lo que he hecho ha sido por tu bien, nada más. Y lo seguiré haciendo, seguiré estando para ti, aunque me insultes, aunque digas que me odias, aunque intentes «reemplazarme».
Da un paso atrás, mirándome con una calma que solo aumenta mi rabia.
—Así que no intentes demostrarme nada, mi amor. No puedes ganar este juego, porque lo inventé yo.
Trago saliva al sentir un nudo fuerte apretándome la garganta. No puedo creer que esto esté pasando, por primera vez no sé qué decir ante sus palabras. No tengo respuestas, me he quedado mudo, pero no le voy a dar el lujo de que se crea importante. Claro que no. Lo voy a hacer sufrir, lo juro, lo juro maldita sea. Vendrá a pedirme perdón de rodillas…
—¿Chicos?— la voz de mi madre se oye por el pasillo, al igual que sus pasos. Tom se apresura a acomodarse la camisa y sonríe despreocupado. Yo, en cambio, trato de relajar la expresión y de no parecer rabioso —Oh, Dios, aquí estáis— dice ella al llegar —¿Qué tanto hacéis? Pensé que ya tendríais todo listo para sacar afuera, ya han llegado todos los invitados y no hay bocadillos.
Yo le doy la espalda a mi madre; Tom es quien responde —Perdón, Simone… es que Billie y yo nos pusimos a hablar— dice como si nada —Se nos pasó el tiempo, pero ya nos ponemos en ello.
—Bueno, pero dejad la conversación para después y salid— dice mi madre —Ah, Bill… tu amiga estaba preguntando por ti y vino a buscarte hace un rato.— Tom me mira en ese instante, entrecierra los ojos al verme. Joder, ya sabe que yo sé que Adrianne sabe lo que pasó entre nosotros. —¿No llegó?
—No, mamá…— digo, con la voz algo tensa y la mirada fija en Tom —Pero cuando acabe aquí, la buscaré.
—Vale, entonces os dejo…— dice y tras eso escucho sus pasos alejándose.
—¿Ella sabe, no?— me pregunta él en un susurro.
—No…
—No mientas— espeta con dureza —Debí imaginar que tu amiguita estaría al tanto de todo; no hay nada de ti que no sepa— comenta.
—¿Qué te importa si sabe o no?— le pregunto yo —Mejor pongámonos a hacer lo que vinimos a hacer y ya…
—Claro, continuaremos con esta conversación después…
Es un imbécil, un gran y jodido imbécil.
Continúa…
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Tom, que cruel se ha vuelto. Ya no sé si me siento enojada o muy triste con como están yendo las cosas entre ellos dos 😡💔😔. Sueño con el momento en el que ambos se digan que se aman, que el tío Tom ya no suelte a su sobri Bill por nada del mundo. Pero estoy tan enojada con él ahora mismo.
Te odio Tom 💔😭