
Fic de Unicornlitz. Temporada II
Capítulo 35
Yo debería estar preparando mi pequeño equipaje porque esta noche viajamos a Brasil. A las once de la noche estaremos en el avión rumbo a ese país. Y son las ocho, aún no estoy listo, y estoy tirado en el sofá con Klaus a mi lado. Viendo una película en mi plasma, que está bien sujeto en la pared de enfrente, justo encima de la chimenea eléctrica que casi nunca uso.
Ayer y hoy pasamos todo el día juntos, sacamos a pasear a Alfia sin levantar sospechas porque no me fío de nadie ahí fuera. Ha sido increíble; además, ayer me compró una caja de pastillas anticonceptivas, de esas que vienen marcadas con flechitas indicando el orden en el que debo tomármelas, y obviamente me tomé una antes de que se pasara el tiempo y todo eso. Todavía me pregunto qué habrá sido de nuestros hijos, esos bebés que aparecen en mis sueños, ¿dónde están? Pero él aún no me dice nada, y creo que es lo mejor… o no lo sé. Tengo un mal presentimiento con ese tema. Y trato de no pensar demasiado en ello.
Mi cabeza está apoyada sobre su pecho, estoy en una postura cómoda, con las piernas dobladas hacia un lado sobre el sofá. La película que estamos viendo es It; ya vimos la primera y ahora estamos con la segunda. Debería darme miedo, pero al final es solo una película, y además está muy bien y es entretenida. Klaus, a mi lado, está con el móvil, escribiéndole a saber quién. Escucho el sonido de las teclas al ser pulsadas y me está poniendo un poco nervioso porque no me deja concentrarme bien en la película. Es desesperante.
Suelto un pequeño suspiro —¿Con quién hablas tanto?— le pregunto en voz baja, porque ni siquiera me apetece hablar. Me siento cansado y me duele el cuerpo a lo grande, todo por «esa» postura durante la intimidad, cuando prácticamente me puso los pies contra las orejas. Joder, solo de recordarlo se me encienden las mejillas y me lleno de vergüenza. Ni yo sabía que era tan flexible hasta ese punto —Odio el sonido de las teclas…
—Con mi hermano— me dice con una ligera risa, la voz muy animada aunque sin exagerar —Le voy a quitar el sonido al teclado, espera…— mientras hace eso, yo me separo un poco para mirarle a la cara, frunciendo ligeramente el ceño.
¿De qué estará hablando con su hermano a estas horas? La idea de que Klaus pudiera sabotearme el operativo la descarté hace rato, así que no es por eso por lo que me pregunto el motivo de esa conversación. Lo hago porque, a ver, ya sé cuáles son sus planes de quedarse con la organización de ese narcotraficante en Brasil, pero no me ha contado cómo piensa hacerlo. Sé que estará en la celebración, igual que sé que sus hombres estarán seguramente cerca del lugar donde se llevará a cabo la fiesta.
Él se da cuenta de mi expresión pensativa al mirarme —¿Qué pasa?— pregunta con un tono burlón —¿Desconfías de mí otra vez?
Me fijo en sus ojos y niego despacio con la cabeza —¿Estás hablando con tu hermano por esa idea tuya de apoderarte de todo lo de Méndez?— le pregunto.
—Sí— responde con un asentimiento casi imperceptible —Mi padre ya lo sabe y nos ha dado su aprobación; estamos hablando de unos últimos detalles para que todo salga bien. ¿Por qué lo preguntas, mmm?— dice, con una pequeña sonrisa en los labios. Yo dudo un poco antes de responder, y acabo relamiéndome el labio inferior sin dejar de mirarle. Él está muy pendiente de cada gesto que hago.
—¿Cuál es tu plan?— le pregunto en un susurro —¿Qué es exactamente lo que piensas hacer, Klaus?
Se me queda mirando durante unos segundos, no dice nada, pero su pequeña sonrisa sigue intacta —No es nada del otro mundo, cariño— dice —Es el plan más fácil que he hecho en toda mi vida, va a ser pan comido.
—Esa respuesta no contesta a mi pregunta— resoplo, frunciendo un poco los labios —Sé que estarás en la celebración, pero necesito saber exactamente cómo piensas quedarte con la organización de Rodrigo cuando yo lo arreste junto a Mateo Salazar.
Klaus ladea la cabeza, analizándome con esa mirada intensa que me deja claro que está evaluando cada variable de la situación —Es sencillo, bebé. Muy sencillo, en realidad. Viktor estará conmigo en la celebración, mezclado entre la gente, igual que yo. Nuestros hombres estarán colocados estratégicamente fuera de la mansión, en puntos clave alrededor del perímetro.
—¿Fuera?— frunzo el ceño, intrigado —¿No dentro?
—No pueden estar dentro, Ben— confirma —Porque tú vas a arrestar a todos los que estén ahí, ¿verdad? Y si mis hombres están mezclados entre los invitados, no te quedará otra que arrestarlos también. No puedo arriesgarme a eso.
Asiento despacio, porque tiene razón. Durante el operativo, mi plan es detener a todas las personas presentes en esa celebración. Nadie va a salir de allí sin ser interrogado, sin ser fichado, sin pasar por el procedimiento correspondiente. Es la única forma de asegurarnos de que no se escape ningún miembro importante de Los Lobos del Sur o del cártel de Sinaloa. —Entonces, ¿cómo exactamente planeas tomar el control de su organización si tus hombres están fuera, mmm?— pregunto con auténtica curiosidad.
Él sonríe, esa sonrisa ladina que me indica que ya lo tiene todo calculado al milímetro —Cuando tú y tus agentes hayáis asegurado a Rodrigo y a Mateo, cuando estén esposados y sacándolos de la mansión, ahí será cuando actuemos. La DEA se quedará para desmantelar todo, ¿no? Incautar documentos, ordenadores, dinero, armas… todo lo que encuentren.
—Correcto— afirmo con un gesto de cabeza —Nos quedaremos hasta haber revisado cada centímetro de esa mansión y de los alrededores. Es el procedimiento estándar.
—Lo sé, cariño— responde con media sonrisa —Y precisamente por eso tendrá que haber un enfrentamiento.
El corazón me da un vuelco incómodo en el pecho —¿Un enfrentamiento? ¿Entre tu clan y la DEA?
—Sí— responde con una sencillez que me hiela la sangre —Es la única manera, Ben. Mis hombres atacarán a los agentes que queden después del operativo inicial. Los pillarán por sorpresa, cuando estén centrados en recopilar pruebas, cuando crean que ya todo ha terminado.
Me levanto de golpe y empiezo a caminar de un lado a otro delante del sofá. Las manos se me mueven nerviosas, frotándose, abriéndose y cerrándose en puños —Eso es demasiado arriesgado, Klaus— le digo, deteniéndome y mirándole fijamente —Jodidamente arriesgado. Cualquiera de los dos bandos podría salir herido en ese enfrentamiento— le aclaro —Y no solo eso, también mis compañeros, mis colegas. Gente que conozco, que respeto, que no se merece morir solo por estar haciendo su trabajo.
Klaus también se pone en pie y se acerca a mí con pasos lentos, muy medidos. Yo no me muevo, solo lo miro con una preocupación enorme —No puedes pensar en los agentes ahora mismo, cariño.
—¡¿Cómo que no puedo?!— mi voz sale más alta de lo que pretendía —Son personas, Klaus. Tienen familias, vidas…
—Son peones en este juego— me interrumpe; su voz es firme, pero no cruel, simplemente objetiva —Y los peones tienen que caer para que los jugadores importantes avancen. Así funciona este mundo, lo sabes tan bien como yo. No puedes salvarlos a todos, cariño.
—Pero puedo intentarlo… tiene que haber otra forma…
—No— se acerca aún más a mí; su rostro queda a centímetros del mío y su mirada intensa se clava en la mía, llena de pánico —No esta vez. Necesito que pienses con la cabeza fría, que entiendas que va a haber sacrificios. Porque si no los hay, si intento proteger a cada uno de tus compañeros agentes, entonces mi plan fracasa, bebé. Y si mi plan fracasa, no consigo lo que necesito de Rodrigo. Y todo esto, toda esta alianza nuestra, habrá sido en vano.
Trago saliva, sintiendo cómo se me cierra la garganta de forma incómoda —Sigue siendo…
—Y además— continúa, interrumpiéndome de nuevo. Su voz baja un poco, volviéndose más íntima, más vulnerable —Necesito que tú no salgas herido, ¿vale? Ese es mi objetivo principal, Ben. No me importa a cuántos agentes tenga que enfrentarme, cuántas balas tenga que disparar, cuánta sangre tenga que derramar. Pero jamás me lo perdonaría si tuviera que dispararte en el intento de conseguir lo que necesito. No podría vivir con eso.
Sus palabras me golpean con una fuerza inesperada. Hay algo en la forma en que lo dice, en la intensidad de su mirada, que me hace creerle cada palabra. Bueno, ya le creo todo lo que me dice. Pero aun así, todo esto es extremadamente peligroso —Klaus…
—El Clan Geist se enfrentará a la DEA— dice con una determinación absoluta, sin dejarme siquiera hablar —O, más concretamente, a los que sobrevivan al operativo inicial contra Los Lobos del Sur. Será rápido, será brutal, pero será necesario. Y cuando todo termine, cuando el humo se disipe y los cuerpos sean contados, yo habré tomado el control de las tierras de Rodrigo, de sus rutas, de sus contactos, de todo su imperio en Brasil.
Me alejo de él, necesitando espacio para asimilar todo esto. Le doy la espalda, me relamo los labios tras soltar una exhalación suave y breve. Cierro los ojos un momento, apretándolos con fuerza. Hay muchas probabilidades de que esto no acabe bien, y eso me aterra. Me gustaría sentir esa preocupación por mis compañeros, esa preocupación que antes tenía por ellos, pero no está. Solo queda una pequeña fracción que no se compara ni de lejos con la angustia enorme que siento ante la posibilidad de que a Klaus le pase algo. O a su hermano. Tengo miedo… de que no salga bien.
—Hay dos opciones aquí— digo por fin, sin darme la vuelta todavía. Abro los ojos y los fijo en la pantalla encendida, que aún muestra la película que estábamos viendo —La buena, en la que tú logras tu objetivo y consigues quedarte con todo lo de Rodrigo sin mayores complicaciones. En la que tus hombres son lo bastante rápidos y letales como para neutralizar a los agentes antes de que puedan pedir refuerzos o defenderse como es debido…
Con pasos lentos, me doy la vuelta para mirarle esta vez a los ojos. Tiene esa expresión imperturbable en el rostro; parece tranquilo, la verdad, como si el tema fuera algo trivial. De verdad no ve la gravedad del asunto… o simplemente se hace el tonto.
—Y la otra opción— continúo —La mala. En la que los refuerzos lleguen a tiempo porque alguien consiga activar una señal de emergencia; puede que incluso tenga que hacerlo yo, porque seré el líder de ese operativo, Klaus— tomo aire antes de seguir —En la que acabes detenido, esposado, llevado a prisión. O peor aún…— la voz se me quiebra ligeramente, pero intento controlarme —En la que haya fuego cruzado y acabes muerto por una bala perdida, un francotirador, cualquier cosa. Y entonces todo esto, todo lo que tenemos ahora, la alianza, la «relación» que dijimos tener… se acabaría de la peor manera posible.
Klaus da dos pasos hacia mí, cerrando la distancia entre nosotros. Levanta una mano y me acaricia la mejilla con una ternura que contrasta de forma brutal con la violencia que acabamos de describir. Me sonríe de nuevo, suave —Eso no va a pasar, bebé.
—No puedes saberlo…
—Sí que puedo— insiste; su pulgar dibuja pequeños círculos en mi pómulo —Porque yo no fallo, Ben. Todo lo que planeo sale bien… al menos así ha sido durante estos diez años. Fallé una vez, no te protegí como debía— su sonrisa se vuelve triste —Y no voy a perdonármelo nunca— dice con firmeza —Llevo más de diez años en este negocio; he sobrevivido a traiciones, emboscadas, operativos policiales, guerras territoriales con otros cárteles. Ganaré esto, no te preocupes.
—Pero esto es diferente…— protesto con poca fuerza.
—No lo es— su otra mano se posa en mi cintura, sujetándome con firmeza —Es solo otra batalla, otro obstáculo que superar, y lo superaré como he superado todos los demás. Porque ahora te tengo a ti conmigo otra vez, y nada me importa más que eso— dice con seguridad, reforzando sus palabras con un leve asentimiento de cabeza —Además…— sonríe con descaro —Tú prometiste ir contra el Clan Geist, ¿lo has olvidado? Me declaraste la guerra. Cumple tu palabra, mi amor.
Sin poder evitarlo, suelto una pequeña risa —¿Te dejarás atrapar por mí?
—¿No lo has hecho ya?— sonrío, sintiendo cómo roza la punta de su nariz con la mía, de forma juguetona. Pero sigo preocupado —Necesito que confíes en mí, cariño— continúa Klaus; su frente se apoya contra la mía —Sé que es mucho pedir, teniendo en cuenta quién soy, teniendo en cuenta a qué me dedico. Pero te prometo, Benjamín, te lo juro por todo lo que alguna vez significó algo para mí, que saldré de esta con vida y tú también. Los dos lo haremos.
¿Por qué siento que ya me ha dicho esto antes?
Cierro los ojos, dejando que sus palabras me envuelvan, dejando que la seguridad en su voz calme parcialmente el caos que tengo en la cabeza —Tienes que prometerme algo más.
—Lo que sea.
—Si en algún momento durante ese enfrentamiento ves que las cosas se están torciendo, que los refuerzos están llegando o que hay demasiados agentes para manejar…— abro los ojos y me aparto solo un poco para mirarle con intensidad —Te retiras— suelto —No te quedas a pelear una batalla perdida, Klaus. Te vas, te escondes, sobrevives para luchar otro día. ¿Entendido?
Él sonríe, una sonrisa pequeña que no sé si interpretar como dulce o burlona. Probablemente ambas cosas —¿Me estás dando una orden?
—Sí, hazme caso…
—Yo siempre te he hecho caso— me dice —Hacías y deshacías conmigo a tu manera. Yo solo era tu humilde esclavo, siguiendo tus órdenes sin rechistar… y, en realidad, sigue siendo así.
—Bueno…— sonrío de nuevo, de forma sutil —Entonces harás lo que te digo.
—¿Tanto te preocupas por mí, agente Keller?
—No seas idiota— murmuro, pero no niego lo que dice. Solo sonrío aún más y le doy un golpecito suave en el pecho —Solo… solo promételo.
—Te lo prometo— dice, y luego me besa, despacio y con suavidad, como si estuviera sellando un pacto entre los dos.
Cuando nos separamos, me rodea con los brazos y me atrae hacia su pecho. Puedo oír los latidos constantes de su corazón, un recordatorio de que está vivo, aquí, conmigo en este momento. No quiero que eso cambie. Klaus es, sin duda, el amor de mi vida. Lo sé, lo siento en lo más profundo de mi alma; no necesito recuperar la memoria para saberlo cuando lo siento así. No quiero que esto se acabe.
—Mañana empieza todo esto…
Mañana es la maldita celebración…
—Cuando todo termine, cuando Rodrigo esté arrestado y su organización sea mía, cuando Brian por fin sea capturado y deje de ser una amenaza…— hace una pausa y besa la parte superior de mi cabeza —Podremos pensar en nosotros sin todas estas complicaciones.
Quiero creerle. Dios, cómo quiero creerle.
Pero hay una parte de mí, esa parte entrenada para ver todos los ángulos, para anticipar todos los posibles escenarios, que no puede evitar preocuparse por lo que podría salir mal. Porque en este mundo, en este juego peligroso en el que ambos estamos metidos, nada está garantizado.
Y nunca antes las apuestas habían sido tan altas.
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Cierro el bolso cuando termino de guardar las cosas importantes; ya estoy vestido y listo para viajar. Mentalmente estoy preparado, como siempre. Esta vez viajaremos en transportes de la DEA. No hay necesidad de ir encubiertos.
Klaus me ha dicho que se encontrará con su hermano mañana muy temprano en el aeropuerto. Yo tendré que salir en una hora, por suerte ya lo tengo todo más que preparado. Iba a dejar a Alfia en una guardería, pero ya es tardísimo y se me olvidó ir durante el día para dejarla allí antes, así que Klaus se ha ofrecido a hacerlo. Esta vez me ha asegurado que esperará a que le den la «tarjeta» y que se grabará a fuego el nombre de la guardería. No como Sophia, que perdió a mi mascota y le dio absolutamente igual a la muy tonta.
Llevo puesto el uniforme, una camiseta negra de manga larga, ajustada, con un pequeño parche en el pecho donde pone «Agente B. Keller» y el escudo discreto de la agencia. El pantalón es táctico, negro, tipo cargo, con bolsillos laterales y tejido flexible para moverme sin problema. Llevo el cinturón de dotación con la placa, el porta-radio, los guantes y una linterna compacta. Las botas son tácticas negras, con un tacón bajo, pensadas para aguantar turnos largos. El conjunto entero es totalmente negro, práctico y sobrio, tal y como lo usamos dentro de la sede.
El pelo rubio lo llevo recogido en una coleta alta, pulida y bien sujeta. A los lados de la frente dejo dos mechones sueltos, parte del flequillo, ligeramente ondulados, que enmarcan el rostro. El peinado es limpio y funcional, mantiene el pelo fuera de en medio, pero aun así se ve ordenado y elegante con el uniforme.
Klaus me está mirando fijamente mientras está tumbado en mi cama, en una postura totalmente deliberada, sonriendo con mucha picardía mientras mueve el piercing de su labio inferior. Intento no prestarle demasiada atención; no quiero acabar otra vez entre sus brazos porque tengo que irme.
—¿Quieres que te lleve?— me pregunta.
—Eso levantaría demasiadas sospechas— le respondo, levantando la vista un momento para mirarle —¿Qué diría si alguno me ve llegar en un coche que no es el mío y, encima, no soy yo quien conduce?
—Que es un Uber…
Le miro con cara de póker —No me vas a llevar, Klaus.
—Ay, vale, vale… como quieras— dice, rindiéndose al oír mi tono firme y seco —¿Al menos te despedirás de mí como se debe? Quiero un beso de mi futuro esposo antes de que se vaya, ven— me hace un gesto con la mano; yo me cruzo de brazos y alzo una ceja —¿No lo vas a hacer?
—¿Y por qué tengo que hacerlo yo? Hazlo tú…
—Ah…— dice, de una forma como si ya supiera lo que pasa. O lo que ocurre. Pero yo no veo que esté pasando algo —Olvidé que no te gusta que te diga que hacer— vaya, qué inteligente. Él se pone de pie y camina hacia mí, el problema con Klaus es que es brusco a su manera. Cuando está cerca de mi, me toma por la cintura con una posesividad y fuerza que hace que mi pecho impacte suavemente con el suyo y yo suelte una ligera exhalación ante eso. —Algún día te haré mío mientras vistes como todo un agente…
—Ni en sueños…
—Que sí— insiste. Sin darme tiempo de rechistar, me agarra la cara con las dos manos y me estrella su boca contra la mía.
Joder.
Es como si me estuviese metiendo la lengua hasta la garganta de una sola embestida. Nuestros dientes chocaron suavemente, me chupa la lengua con fuerza, como si quisiera arrancármela, y yo solo pude abrir más la boca y dejar que me folle con ella. Sus manos se deslizan de mi cintura a mis nalgas, y yo envuelvo mis brazos en su cuello. Le muerdo el labio inferior hasta que gruñe dentro de mi boca, y él responde metiendo más hondo, lamiendo el paladar, chupando mis labios hasta dejarme sin aire. Es sucio, rápido, desesperado.
Cuando nos falta el aire, Klaus se separa un centímetro. Tiene los labios rojos, hinchados, brillantes por la saliva.
—Te vez demasiado sexy— me susurra contra los labios con la voz ligeramente rota. —Nos vemos mañana, bebé.
Antes de que pueda contestarle, me da un último lametón corto y guarro, como quien pone punto final, en mis labios. Aún así, le sonrío con todo el desastre que llevo dentro —Espero que cumplas lo que me prometiste, ¿eh? Porque si no es así, y te quedas a pesar de saber que saldrá mal, te arrestaré yo mismo, ¿haz comprendido?
—Claro que sí, me ha quedado más claro que el agua— me dice —Ahora, menos palabras y más besos.
—No, Klaus… me tengo que ir— pero él no escucha mis reproches, me empuja de nuevo contra su cuerpo y atrapa de nuevo mis labios, su boca se abre despacio contra la mía, su lengua rozando apenas el borde de mis labios, pidiendo permiso que yo le doy al instante abriendo más. Entra invadiendo mi boca, enredándose con la mia, saboreándome como si quisiera aprenderme de memoria antes de que me vaya.
Gimo bajito porque no pude evitarlo y él contesta con un suspiro.
Nuestros labios hinchados se chupan despacio, con calma sucia. Me lame el labio, suave, casi pidiendo perdón, y después vuelve a entrar profundo pero sin violencia, como quien dice «te quiero» sin palabras. Sus pulgares me acarician las mejillas, me mantienen quieto mientras me besa como si tuviéramos toda la vida y no noventa segundos. Cuando se separa, lo hace milímetro a milímetro, hasta que solo queda un hilo de saliva entre nosotros que rompe con un último besito pequeño y obsceno en la comisura de mi boca.
—Ahora sí— susurra —Ahora vete.
Y yo lo hice, salí de mi apartamento con la boca ardiendo, el corazón lento y la certeza absoluta de que este hombre me vuelve completamente loco.
Continúa…
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