
Fic de Unicornlitz. Temporada II
Capítulo 43
Después de todo, nos dimos una ducha larga de cojones, prácticamente no queríamos salir de allí, solo partiéndonos de risa con las chorradas que soltaba Klaus. Pero cuando por fin lo hicimos y salimos después de casi media hora bajo el agua caliente, y con mi piel ya literalmente rojita, nos pusimos el pijama para dormir juntitos hasta mañana.
No le he contado nada sobre ese nombre que se me vino a la cabeza de repente. «Tom». No se lo he mencionado y por ahora no lo haré, porque no me vino ningún recuerdo asociado, solo esas tres letras que mi subconsciente me susurró de forma dulce. Como si fuera un nombre la hostia de importante. Y me acuerdo de las imágenes borrosas que me vinieron a la mente hace ya un tiempo aquí, en este mismo sitio, durante una comida con el resto de la familia de Klaus. Esos nombres… Bill, Travis…
¿Quiénes coño son esos y por qué me suenan tan familiares?
Bueno, supongo que lo iré descubriendo a medida que vaya recordando mi pasado. Ahora mismo estoy con Klaus a mi lado, durmiendo, su respiración es tan tranquila y suave y la noto contra mi cuello… me abraza por la cintura en posición de cucharita. Las mantas nos cubren del frío de la noche y su cuerpo está pegadito al mío. Es algo tan tranquilizante que, en otras circunstancias, habría caído en un sueño profundo, pero por alguna razón rara no puedo dormir. El despertador de la mesilla, con números rojos, marca las dos y tres de la mañana.
No se me ha olvidado tomarme las pastillas, porque lo hice, me tomé dos solo para estar seguro de que no me quedaré preñado en unos meses. Entonces, ¿por qué no puedo dormir? ¿Qué es lo que me preocupa? ¿Qué me intriga? ¿Por qué no puedo cerrar los ojos y simplemente quedarme frito?
Lo intento, trato de cerrar los ojos pero no hay manera de dormir. Es un coñazo. Suelto un bufido mientras aprieto los ojos con fuerza y… una imagen invade mi cabeza. Una imagen súper borrosa.
«¡¿Por qué coño no podías quedarte inconsciente un rato más, cabrón?!»
Aprieto los ojos otra vez ante una punzada en la cabeza. Joder. Otra vez no, ¿por qué no puedo dejar de ver estas imágenes y oír estas voces? Me es imposible pararlas y oigo el sonido de neumáticos derrapando, el coche parece que frena en seco, me doy en la frente contra el salpicadero. Me llevo la mano a la zona que duele, sangre en los dedos.
Otro chirrido de las ruedas, el coche gira y estamos en una autopista.
—Hmm…— gimo de dolor, moviéndome bruscamente. Cosa que hace que Klaus empiece a despertarse…
Oigo en mi cabeza sirenas de alguna patrulla, ¿una patrulla de verdad?
«¡Por favor! ¡Para ya, detente!»
Es mi voz.
«¡Ya me lo has quitado todo!» «¡…que la poli está detrás!»
«¡No pienso pudrirme en una celda por culpa de Brian!»
La voz femenina.
«¡No voy a envejecer en una puta prisión!»
«¡Por favor, para el coche, te lo suplico!»
Imágenes vagas me vienen a la mente. Mis pies bajo el agua, yo sentado en una especie de puentecito de madera de un puerto. El chico de trenzas que ya he visto antes, mi Klaus, está a mi lado. Luego nos estamos besando. Yo en una sala de cine con ese mismo chico. Yo en una especie de pasillo con luces azules fluorescentes. Una puerta se cierra, pero alcanzo a ver cómo Klaus me sonríe con chulería. Yo con una especie de casco en la cabeza, el sonido del motor de una moto…
—¿Benjamín?— oigo la voz de Klaus tan lejana. Las imágenes no paran de llegar a mi cabeza de forma desordenada.
Me veo a mí mismo delante de un espejo, sonriendo a mi reflejo con el pelo negro y sombras negras en los párpados, pintándome los labios. Luego yo en una especie de, no sé, pero tengo al chico de trenzas delante de mí, dejando que le pinte los labios. Un tipo raro delante de una puerta, me mira con algo parecido al asco. «¡Tenemos un puto contrato!» Es lo que me grita ese mismo hombre. Luego estoy yo viendo cómo un anillo se coloca en mi dedo anular. Yo viendo al chico de trenzas sonreírme…
—Benjamín…— Klaus me sacude ahora, se le oye preocupadísimo pero yo estoy en una especie de trance. Atrapado en mi propia cabeza, viendo imágenes al azar mientras siento punzadas dolorosas.
Yo y Klaus en un avión.
Yo y Klaus en un coche, respirando agitados.
Yo y Klaus besándonos.
Yo y Klaus hablando por teléfono.
Yo y Klaus sosteniendo a dos bebés. Los gemelos.
Un vídeo de esos mismos bebés siendo lanzados a… ¿a dónde? ¿Qué puta mierda? ¿Por qué estoy viendo a los bebés ser lanzados a un acantilado?
—No…— mascullé entre dientes.
—Mierda, no otra vez— oigo decir a Klaus, completamente desesperado.
Yo y Klaus en un… ¿aparcamiento?
«Encantado, soy Thomas Trümper, el amor de tu vida, futuro marido y padre de tus hijos.»
«Ah, y soy Escorpio.»
Thomas…
Tom…
Tommie…
«Tom, no seas imprudente.» «No voy a entrar ahí con dos chicas haciendo…»
«esas cosas…»
—¡Te digo que está mal y no puedo despertarlo, mierda!— oigo gritar a Klaus con todas sus fuerzas.
«Me llamo Willem Kaulitz, tengo diecisiete…»
¿Willem…? Oh…
Más imágenes vienen a mi cabeza. Donde estoy yo viendo a través de algo raro mientras suenan sonidos como de espadas chocando… mis manos moviéndose sobre un piano. Un señor dejando un beso en mi frente. Una señora sonriéndome suavemente. Otro señor con esos trajes que llevan los chóferes privados de algunas personas con pasta. El mismo hombre que antes me gritó mientras me miraba con asco. Marc. Ese es su nombre. Dos chicas. No, tres chicas. Un chico rubio. Todos nos partimos de risa. Una de esas chicas es la que vi en los primeros recuerdos.
Me llevo las manos a la cabeza ante el dolor tan fuerte que me invade, es horrible, pero no puedo parar las imágenes que llegan cada vez más y más. Sin freno.
Oigo disparos.
Veo a los bebés de nuevo ser lanzados.
Veo a mi chico de trenzas caer al suelo herido.
Sangre a su alrededor.
Yo gritando su nombre.
Alguien sujetándome.
Agua helada en mi cuerpo.
Los bebés siendo lanzados de nuevo.
Klaus prometiéndome que todo va a estar bien.
Klaus cayendo al suelo herido.
Yo gritando.
Y gritando.
Y gritando.
Y gritando.
«¡No voy a ir a la cárcel!» gritaba la chica en ese coche. «¡Prefiero la muerte!»
Yo en un sótano horrible.
Yo compartiendo una cena con… ¿mis padres?
Yo en una boda.
Yo…
«Y tú, Billa… ¡Te vienes conmigo!»
Yo en un coche. El coche volcando. Los cristales rompiéndose. Mi cuerpo sacudiéndose, chocando con el techo del auto.
«Billa, no por nada soy tu mejor amiga»
«Quédate en la barra.»
«Eres mi mejor amigo»
El coche chocando contra un guardarraíl.
«¡Nathalie, no!»
—Nathalie…— susurro antes de que otra punzada fuerte me dé de nuevo. Siento como si me fuese a explotar la cabeza, la presión es horrible. No aguanto. No aguanto. Duele muchísimo. Las imágenes vienen a mi cabeza sin parar, borrosas, rápidas, algunas se repiten, otras pasan volando. Mi cabeza va a explotar… va a…
—¡Bill!— es el grito de Klaus lo que oigo antes de simplemente desvanecerme.
.
By Tom
No. No estoy tranquilo. ¿Cómo coño podría estarlo? Si anoche, mientras dormía, mi moreno tuvo otra vez eso mismo que le pasó hace tiempo en esta misma casa. Por mucho que intenté despertarlo, no lo conseguí. Le pedí que abriera los ojos, pero parecía que no me oía. Al principio pensé que estaba teniendo una pesadilla, por sus gemidos, por cómo se retorcía en la cama. Pero al ver la sangre resbalando de su nariz, me entró el pánico.
Llamé a Matthew aunque fueran casi las tres de la mañana, o menos, no me acuerdo. No pude hacer nada para evitar que siguiese recordando. Mi moreno sufría y yo… yo no podía hacer una mierda para sacarlo del trance en el que estaba metido. Lo peor fue oír cómo susurraba el nombre de esa zorra que se hacía llamar su «amiga» saliendo de sus labios. ¿Qué coño recordó? No lo sé, ¿está bien ahora? Tampoco lo sé. Tuve que sacarlo de la casa, cargándolo en brazos, subirlo al coche y dejar que uno de mis hombres condujera hasta el hospital donde Matthew trabaja y tiene el turno de noche.
Ahora son las seis de la mañana, no he pegado ojo. Estoy demasiado desesperado. No he avisado a nadie porque no traje el móvil conmigo, solo pensé en Billie… joder. Solo en él.
No quiero que le pase nada malo. Hostia, no quiero.
¿Qué fue lo que pasó? ¿Acaso dije algo mientras dormía? No, eso es poco probable pero, entonces… ¿cómo fue que empezó a recordar? ¿No era que solo pasaba cuando oía algo o veía algo que le recordaba a su pasado? ¿Por qué mientras dormía? ¿De verdad estaba durmiendo? Mierda, no lo sé. Estoy desesperado. Impaciente. No sé qué hacer y Matthew no suelta prenda.
—Klaus…— como si el universo me hubiese visto sufrir lo suficiente, oigo a Matthew y levanto la mirada rapidísimo. Apartando las manos que me tapaban la cara. Me pongo de pie en cuanto lo veo, él… ¿cómo coño describo su expresión?
—¿Qué? ¿Cómo está?— pregunto de golpe.
Él suspira —Estable por ahora— me dice y yo, cerrando los ojos, suelto un suspiro de alivio. Mi corazón empieza a latir más tranquilo y no tan loco como antes —Por suerte no ha pasado nada grave como un derrame cerebral, Tom— dice mi nombre en un murmullo —Pero sí está inconsciente y no sé si va a despertar pronto o…
—¿Puede volver a quedar en coma?— pregunto muerto de miedo.
Matthew se pasa la lengua por los labios —No lo sé, pero no descarto la opción— me responde y yo resoplo cabreado. Que mi moreno quede en coma otra vez es… es una putada. ¿Y si vuelve a perder la memoria? Joder, no. —Sé que quieres verlo, así que me saltaré el protocolo y te dejaré entrar en la habitación donde lo tenemos. Yo me encargo de avisar a todos, ¿vale?— asiento con la cabeza y dejo que me lleve a la habitación de mi bello morenito.
Al entrar, lo primero que veo es esa camilla asquerosa donde está tumbado. Con sus ojitos cerrados, la piel pálida, el pelo rubio desperdigado por la almohada. Paso olímpicamente del olor de la habitación y me centro solo en él, en nadie más. En lo frágil que parece, lo tranquilo que tiene el gesto a pesar de llevar esa máscara de oxígeno que le tapa la nariz y la boca. Matthew se larga, susurrándome que puedo quedarme a su lado todo el tiempo que me dé la gana. Se lo agradezco en silencio.
Mis manos tiemblan mientras me acerco. Le acaricio la frente, el pelo. Me aseguro de ver que su pecho sube y baja, que respira aunque el monitor de los latidos me lo deja clarísimo. Siento que se me asoman las lágrimas, parpadeo rápido para espantarlas.
—¿Por qué coño me tienes que asustar así, eh?— le pregunto bajito, aunque igual ni me oye —Casi me muero del pánico pensando que te podías morir tú. Dios… ¿Por qué tienen que pasar estas putadas? Sé que estás bien, pero la preocupación no se va. ¿Qué hago para que se largue? Solo se irá cuando te vea abrir los ojos y Matthew me jure que todo va a estar bien. Mierda…— bufo, empezando a respirar por la boca —No quiero perderte, así que por favor… despierta, ¿vale?
No sé cuánto tiempo ha pasado, pero no me he separado de mi moreno ni un segundo. No he quitado los ojos de encima en ningún momento. Ni siquiera me di cuenta cuando entró mi madre en la habitación, se sentó a mi lado y me susurró «debes descansar un poco, cariño», pero mi respuesta fue un no rotundo y automático. Las enfermeras han venido a hacer lo de siempre de su curro, Billie no abre los ojos en ningún momento.
Vuelvo a hablarle pero ni por esas parece funcionar. Joder. ¿Qué coño debo hacer?
Para mi puto desgracia, Matthew consiguió sacarme de la habitación muy a pesar mío. No quería dejar a mi bebé solo. Yo debería estar con él ahora y no sentado en una de las mesas de la cafetería del hospital con Matthew delante y una taza de café en la mesa que ni he catado. Solo miro el vaho que se va disipando en el aire.
—Has pasado todo el día y toda la noche ahí dentro— dice Matthew —No has comido nada y tu madre ha estado preocupada. Han venido todos los días, incluso Travis, pero parecías en trance, hermano. Tienes que tranquilizarte, Willem está bien.
—No lo está— susurro, frunciendo un poco el ceño —Si lo estuviera ya habría despertado.
—Está inconsciente…
—¿Y cómo sabes que eso no es malo?
—Porque soy médico y ya le he hecho todas las pruebas que tocaban, ¿vale?— me dice y yo bufo. Obvio, él es médico, sabe lo que se dice y lo que hace pero aun así no puedo estar tranquilo —¿Cómo fue que acabó teniendo otra crisis?
—No lo sé… creo que empezó a soñar… no lo pillo.— le contesto —Yo estaba dormido, cuando me desperté pensé que estaba teniendo una pesadilla pero, luego vi la sangre y…— suspiro —De verdad que no sé cómo acabó así otra vez, y me preocupa que no despierte. No quiero que vuelva a caer en coma, ¿eh?
—No lo hará…— me asegura. —Deberías irte a descansar, yo cuidaré de él.
—No me voy a mover de aquí.
—Al menos para cambiarte, Thomas.
—Solo a eso, pero volveré corriendo.
—No estoy diciendo lo contrario, joder— se ríe un poco —Venga, ve a ducharte y luego vuelves y te quedas una semana entera si te apetece, sin bañarte ni nada, guarro.
—Jódete— me levanto.
Nos despedimos rápido, porque nos vamos a ver las caras otra vez en un rato. Cuando salí del hospital pedí un Uber que me dejó delante de mi bar. Le encargué a uno de mis hombres que vigilaban la entrada que le pagaran al conductor mientras yo entraba dentro. Ignorando a la peña borracha, colocada, o en las dos cosas. Besándose. Echando un polvo en uno de los sofás.
No estoy para ponerme a pedir los informes semanales de las… «movidas». Ni siquiera paré mientes en Catalina, que estaba tirada en la barra hablando con el camarero mientras miraba alrededor con un martini en la mano y sus ojos se cruzaron conmigo. Pasé de largo. Ya casi llegaba al ascensor que me subiría a mi piso cuando noto que me agarran del brazo y me paran.
—¡Klaus!— giro la cabeza al oír mi nombre y me encuentro a Catalina sonriéndome con el ceño un poco fruncido. Me suelta el brazo al momento —Me alegro de verte por aquí. ¿Dónde has estado? Quería darte las gracias por ayudarme a escapar de Rodrigo.
—Sí, ehm…— me aclaro la garganta —Si no te molesta, tengo un poco de prisa y me tengo que ir.
—¿Qué? ¿Por qué? ¿Ha pasado algo?— pregunta, preocupada y confundida a partes iguales.
—Mi novio está en el hospital, he venido a cambiarme, tengo que volver cuanto antes…
Su expresión cambia un poco —Ah… tienes novio— murmura —No sabía que fueses gay— dice, pero no de mala manera, sino confundida. Hasta cómo arruga la nariz me recuerda a mi moreno cuando se cabreaba.
—No lo soy— respondo —Él es el único.
—Oh…— asiente despacio con la cabeza —¿Y qué le pasó?
No le voy a contar una mierda al respecto, todavía es una desconocida para mí y estos temas son muy personales que prefiero mantener en secreto por ahora —No lo sé, todavía lo están revisando. Por eso tengo que volver, no voy a dejarlo solo— le digo, mintiendo en algunas cosas. Ella asiente otra vez, pasándose la lengua por los labios.
—Bueno… yo solo quería darte las gracias, ¿te contó tu amigo que estoy ocupando el lugar de…?
—Eh, ¿Catalina, no?— pregunto.
—Sí, ese es mi nombre— dice.
—Vale, Catalina… de verdad que voy pillado de tiempo, ¿eh? Hablamos luego— no me paro a esperar que me conteste, simplemente me doy la vuelta y sigo mi camino hasta llegar a mi piso. Hago lo que tengo que hacer. Ducharme, arreglarme un poco mejor, y bajo otra vez. Procurando no cruzarme con Catalina de nuevo, porque de verdad que tengo prisa.
Al volver al hospital, esta vez un poco más tranquilo. Entro en la habitación de mi moreno, donde me quedo un par de horas a su lado, mirándolo, hablándole, hasta que dieron las tres de la tarde y Matthew me obligó a salir a comer algo. Obviamente no me resistí, lo último que quiero es dar por culo así que solo lo seguí y comimos algo ligerísimo. Mientras volvíamos a la habitación él me iba contando lo de las pruebas que le hizo a mi moreno, me aseguró por segunda vez que no caería en coma.
Estábamos ya cerca de la habitación, de donde salió una enfermera con una cara de pánico que me hizo pensar lo peor.
—Doctor…— dice al ver a Matthew —El paciente no está…
—¡¿Qué?!— soltamos los dos a la vez.
Corro dentro de la habitación, viendo con mis propios ojos que mi moreno ya no está ahí mientras oigo a Matthew dando órdenes a la enfermera para que revise las cámaras de seguridad. Un paciente no se puede perder así como así y menos uno que había estado inconsciente. No os creáis, obviamente se me pasó por la cabeza que alguien se lo había llevado, pero luego recordé que nadie, aparte de mi familia y mis amigos, sabe que mi moreno está vivo. Así que solo pude pensar en una cosa.
Despertó, estuvo fingiendo que dormía y cuando se vio solo decidió largarse. Conociendo la cabeza de Billie como agente de la DEA sé que pudo encontrar la forma de escapar sin que lo pillaran, pero ahora la pregunta es… ¿qué coño recuerda? Y ¿dónde puede estar ahora? En su estado no debería estar fuera de esa camilla, al contrario, debería estar siendo examinado.
Entonces, ¿dónde coño está mi moreno? Joder, qué puta mierda.
¿Y si ha perdido la memoria otra vez?
No, no lo creo…
.
By Bill
El señor del taxi para justo donde le pido que me deje, no ha dejado de mirarme ni un segundo por el retrovisor. Seguramente porque mi aspecto demacrado no da buena espina, hostia.
He despertado en una camilla, mis recuerdos están hechos un lío, hay cosas que parecen irreales dando vueltas en mi cabeza. Estoy súper confundido y mi primer pensamiento fue largarme de ese sitio, no sé por qué. He tenido un sueño horriblemente cruel, la vida es demasiado cabrona conmigo, ¿cómo coño voy a soñar que mi adorado Tommie está vivo? ¿Que hemos estado juntitos otra vez? No, no es real. Todo ha sido una jugada chunga de mi mente y estoy tristísimo, porque no paro de pensar en mis bebés.
Mis pequeños bebés que fueron asesinados. Mi bello Tommie cayendo al suelo, herido.
¿Cuánto tiempo ha pasado desde que Nathalie decidió provocar aquel accidente? ¿Sobrevivió ella? ¿Cómo acabamos en ese hospital? No lo sé. Pero incluso en mis sueños, oía la voz de mi Tom hablándome. Maldita cabeza. No puede torturarme más la vida, no puede. Ya no aguanto esta mierda. He pasado por demasiadas cosas que habría preferido olvidar.
El sueño que tuve fue tan raro, ¿cuánto tiempo estuve dormido tras el accidente como para soñar que era una especie de poli, joder?
—Joven, ¿de verdad se encuentra bien?— me pregunta el conductor de repente, sacándome de mis pensamientos.
Parpadeo un poco atontado y asiento. Estoy sentado en los asientos de atrás del taxi, mirando al frente la empresa de mi padre. El edificio alto donde seguramente está en su oficina haciendo sus cosas. Necesito ir a verlo, seguro que no se ha enterado del accidente. Seguro que no sabe nada de lo que ha pasado y es normal, no tiene forma de saberlo. Siento que me arden los ojos de las lágrimas.
—Voy a…— cojo aire —¿Puede aparcar más cerca? Le hablaré a mi padre y él le pagará, ¿vale?
El señor asiente y aparca más cerca del edificio. Me paso la lengua por los labios nervioso, debe odiarme, sí, por haberme fugado con mi Tom.
Necesito contarle a mi padre… necesito que me abrace otra vez.
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a comentar 😉